Cuatro semanas más tarde.


Cuando las puertas del ascensor que llevaba a su estudio se abrieron no mostraron la imagen a la que todos debían de estar acostumbrados de la directora de todo aquello. Apenas saludó a la gente de la que pasaba, yendo directa hacia su despacho personal, teniendo que recoger unas carpetas, con paso rápido.

No se dio cuenta de que Haru la seguía hasta que cerró la puerta tras ella, teniendo que girarse para ver quién era la que había entrado.

- No quiero sonar repetitiva… Pero me empiezas a preocupar – le dijo a modo de introducción antes de volver a abrir la boca para decir algo más. No llegó a hacerlo ya que Sora le hizo un gesto con la mano.

- Luego, vamos tarde… - se acercó a un pequeño espejo que había en uno de los laterales y que solía usar para trabajar observando el aspecto que tenía.

Resopló, sin poder evitarlo. No le había dado tiempo a arreglarse demasiado, habiendo sido capaz de ponerse rápidamente unos pantalones y un fino jersey. No había tenido tampoco tiempo de arreglarse y estaba segura de que aquel no era el mejor aspecto que podía presentar para una reunión como la que tenía aquel día.

- ¿No tengo nada por ahí que me valga? – prefería llegar tarde a con el peor de sus aspectos.

- Supongo… dame un par de minutos – la observó con ojo crítico unos segundos antes de salir de la sala.

Resopló. Aquella, mañana, como todas las de la última semana se había levantado con tiempo suficiente de arreglarse y prepararse con calma. Otro asunto diferente era que su cuerpo hubiera decidido odiarla y que le hubiera dado una mañana completita como el resto de días. Para cuando se había querido dar cuenta, gran parte del tiempo que tendría que haber usado para tener el aspecto que una diseñadora famosa que debía de atender una de las reuniones más importantes del año se había esfumado con ella sentada en el suelo del baño intentando encontrar fuerza para levantarse tras haber tenido que vomitar un par de veces.

Llevaba en ese plan toda la semana y aquel día, sin duda había sido el peor de todos ellos. Se reflejaba perfectamente en el aspecto que tenía, especialmente pálida.

- Aquí, toma – Haru volvió a entrar.

- Gracias – había aprovechado el tiempo que ella había tardado en volver en recogerse el pelo y ahora, sin muchos miramientos de puso a cambiarse de ropa.

- Te lo advierto, como sigas así te voy a llevar al médico de la oreja, no es ni medio normal que todos los días por la mañana te levantes así – se cruzó de brazos observándola.

- Estoy perfectamente – se colocó bien la falda viendo de repente por el reflejo del espejo la cara de su amiga escéptica-. Ya me entiendes. No estoy enferma si es lo que te preocupa…

- Bueno, tú di lo que quieras… - la observó unos segundos más antes de negar con la cabeza y dejarla terminar de cambiarse para luego tirarse su neceser-. No me los asustes estando más blanca que una muerta. Vamos bien de tiempo… Tranquila.

Pasados quince minutos, volvieron a salir ambas del despacho. Un aspecto totalmente serio fue lo que pudieron el resto de directivos que habían acudido a la reunión cuando Sora atravesó la puerta. Había ganado en práctica con los años para arreglarse en cuestión de minutos, tampoco había necesitado nunca horas para ello.

Un par de horas más tarde sus ojos se quedaron clavados con confianza en la firma que acababa de dejar sobre el papel. Llevaba detrás de aquel acuerdo meses, ahora por fin se hacía realidad delante de sus ojos. Cruzó una mirada cómplice con Haru antes de volver a poner su mejor cara seria y profesional.

- Creo que a todos nos va a ir mucho mejor de ahora en adelante gracias a este acuerdo – sentenció poniéndose en pie para estrechar la mano de los presentes-. Ahora, si me disculpan, todavía tengo trabajo atrasado del tiempo que estuve fuera.

Habiendo cumplido con sus labores de aquel día salió de la sala de reuniones con una nueva expresión en la cara. En aquel momento, estaba contenta y satisfecha consigo misma. El nuevo proyecto estaba en marcha y todo lo que se había matado a trabajar meses atrás que le había impedido hacer gran parte de las cosas que hubiera querido hacer por fin tenía su recompensa.

No tenía intención alguna de volver a trabajar aquella mañana, simplemente era una excusa que se había buscado para poder salir y que Haru la siguiera, como siempre.

- Necesito desayunar – le dijo nada más que la alcanzó.

- ¿Todavía no has desayunado? ¡Si son las once de la mañana!

- Oh, sí, pero al desayuno no le gusté demasiado y decidió huir de mi compañía – dejó la carpeta y cogió su bolso-. Invito yo, venga, circula…

- Tengo mucho trabajo pendiente… Pero casi que prefiero hacerte de niñera porque no me fío de que no te me vayas a acabar muriendo por alguna esquina… - cogió del brazo a su amiga antes de salir de allí ambas.

Un rato más tarde estaban ambas sentadas en una de las terrazas no demasiado lejanas a su edificio. La primera había llegado del todo a Tokio y había una temperatura agradable para estar en la calle por la mañana.

- No sé con qué pregunta me arriesgo más a que me tires el servilletero a la cabeza, pero…

- No, no he hablado con él porque no le ha dado la gana de contestarme al teléfono anoche tampoco – empezó ella antes de ser atacada con el interrogatorio-. Y sí, estoy bien.

- ¿Otra vez?

- Es lo que pasa cada vez que lo intento – se encogió de hombros. Su atención se vio desviada por el camarero que por fin les traía lo que habían pedido. A aquella hora de la mañana y con el estómago claramente vacío, empezaba a tener en la cima de su lista de prioridades la comida.

- ¿Y qué vas a hacer? Porque está claro que tú no puedes seguir así… - dijo cuando de nuevo se quedaron solas.

- Sé perfectamente lo que tengo que hacer, Haru… Lo he sabido todo este tiempo, simplemente no he podido hacerlo antes – se encogió de hombros antes de coger una de las tostadas entre sus dedos.

- ¿Y…? Vale, sé que ahora sí que me vas a tirar algo a la cabeza, pero… Tú ten en cuenta que solo lo digo porque me preocupo por ti…

- ¿Qué? – arqueó una ceja observándola.

- Pues... llámame malpensada si quieres pero…

- ¿Pero qué? Oye, ni que no me tuvieras confianza suficiente como para que podamos hablar claro – dicho aquello dio un mordisco por fin.

- Pues… ¿No te parece raro que lleves toda una semana levantándote por la mañana vomitando?

- ¿Y qué? – contestó al cabo de un rato tras conseguir tragar, no entendiendo por dónde podía venir la preocupación de su amiga.

- Sora… es un claro síntoma de…

- ¡Sora! – Haru guardó silencio de repente al ver a una mujer que no conocía pero que le resultaba muy familiar aparecer de repente al lado de la mesa que estaban ocupando.

La atención de la pelirroja se vio totalmente desviada de su amiga al reconocer automáticamente la voz y girar la cabeza hacia ella, terminando de tragar.

- Natsuko – saludó cuando por fin pudo hacerlo, poniéndose en pie para saludarla mejor.

- Lamento si os he importunado a ti y a tu amiga – lanzó una mirada hacia ambas de disculpa.

- Claro que no – señaló hacia su compañera-. Trabajamos juntas, acabamos de escaparnos de una reunión de trabajo para desayunar que ya iba siendo hora. ¿Quieres acompañarnos?

Haru lanzó una mirada hacia la pelirroja, pensando en que si realmente se estaba haciendo la loca con lo que había estado a punto de decirle o estaba aprovechando que se había encontrado con alguien que merecía aquel trato.

- No quiero molestaros…

- Claro que no molestas – sonrió amablemente antes de girarse, finalmente hacia su amiga-. Haru, esta es Natsuko – hizo una pausa, simplemente para lanzarle una mirada significativa a la otra chica, la cual seguía sin entender nada. Al menos hasta que escuchó las siguientes palabras-. Es la madre de Takeru y Yamato.

Y de repente la pieza que faltaba en la cabeza de la castaña encajo en el puzle. Por eso le resultaba tan familiar… Ya sabía de dónde le venían los rasgos tan llamativos a esos dos hermanos.

- Encantada – saludó cambiando totalmente la expresión de confusión de la cara.

- Os veo de muy buen humor, ¿todo bien en la reunión?

- Más que bien, hemos cerrado un acuerdo muy bueno detrás del que hemos estado unos cuantos meses. Ahora seguro que vamos a poder relajarnos un poco más por fin – mantuvo total normalidad con ella. Estaba completamente segura de que Takeru se lo habría contado a su madre, no podía ser de otra forma, pero prefirió no hacer ninguna referencia.

- Me alegro mucho – se sentó con ellas finalmente-. Le he dicho a Takeru que mientras que Hikari estaba dando clase podía venir a buscarme y así me dejaba consentir a mi nieto un rato. Puedo decirle que venga a buscarnos hasta aquí si no os parece mal.

- No, claro que no… Ya lo tenemos más que visto – la que contestó aquella vez fue Haru.


AnnaBolena04: Antes de que diga nada, sí, el calendario está perfectamente y en su proceso perfecto xDDDD

Y por fin se acabó la estancia en Londres quedándose atrás tu nuevo mejor amigo del alma. ¿Ves como cumplo lo que digo? Para que no te fies de mí y pienses que me voy a acabar cargando a Koemi de un disgusto. Han vuelto todos en perfecto estado, tranquila que aunque no diga nada de ellos nadie ha sufrido un infarto en los días anteriores.

Y mira quién aparece por aquí... ¿recuerdas que te dije que se habían encontrado con alguien en concreto? Pues tenía yo razón y no era tu amigo Ryo xDDD