-No puede ser verdad…-repetía Zelda una y otra vez con los ojos como platos y mirando a Midna, anonadada.
Midna se encogió de hombros.
-Créeme, he llegado a estas conclusiones yo solita.
-Te creo-repuso Zelda, llevándose una mano a la frente para apartarse el pelo de la cara-. ¿Qué voy a hacer ahora? No puedo dejar a Link allí solo…
-Dudo mucho que siga en el templo-intervino Vaati, caminando hacia ellas y mirando a Zelda con seriedad-. Si es como me parece que es, habrá ido a buscar al príncipe Zant.
Zelda se volvió hacia él con el ceño fruncido.
-¿Estás seguro?
Vaati hizo una mueca.
-Completamente. Además-fijó sus ojos por encima del hombro de Zelda-, ya no se ven sombras sobre el techo del templo. Escucha-hizo una pausa; todos se quedaron en silencio-. No se oyen gritos. Ya no hay ruido.
Zelda suspiró.
-Han tomado la ciudad-Vaati asintió-. Muy bien-sentenció Zelda, resolutiva, mientras se ponía bien la ropa y se arreglaba el pelo para recogérselo en una coleta alta-. Si quieren guerra, la van a tener. Prometí defender a mi pueblo y eso haré.
No dejó que ni Vaati ni Midna dijeran nada. Se adelantó a ellos en dirección al lago Hylia, dejando a ambos atrás. Midna y Vaati intercambiaron una mirada.
-¿Y cómo te parece que es Link?-inquirió Midna con una media sonrisa malvada.
Vaati le devolvió el gesto.
-No quieras saberlo.
Midna se echó a reír, pero siguió al momento a Zelda. Vaati se acomodó al ritmo de ellas dos y juntos los tres enfilaron la colina que llevaba a la zona del lago.
… … … …
Link esquivó el primer ataque con una finta defensiva. Giró la cadera a la derecha y atacó la espada flotante de Zant por la retaguardia. Sin embargo, Zant fue rápido y movió su arma con su magia a tiempo. Ambas armas chocaron. El sonido del golpe retumbó en las paredes del pasillo. A espaldas de Link, las dos mujeres gerudo dejaban un charco de sangre a su alrededor, sangre que corría pasillo abajo poco a poco. Sin embargo, Link necesitaba moverse también por aquella zona. Por desgracia, el suelo resbalaba demasiado y eso ralentizaba sus golpes y su defensa. Con una patada, echó el cuerpo de una de las dos gerudo hacia un lado, al tiempo que esquivaba un golpe que le rozó el hombro izquierdo. Link apretó los dientes al sentir el filo de la espada negra hundirse levemente en su carne, pero no protestó. No dejaría que Zant viera su dolor.
Aprovechando que el príncipe necesitaba un momento para redirigir la espada, le dio una patada al otro cuerpo, enviándolo a la pared contraria a la de su hermana. Ya tenía el pasillo libre, aunque el suelo resbalara un poco por culpa de la sangre. Zant sonrió.
-Te noto cansado, Link-Zant movió las manos y atacó de nuevo-. Ten cuidado, no te vayas a caer.
Link esquivó el golpe y se apoyó con una mano en la pared, evitando así rodar por el suelo. Link clavó sus ojos azules, fieros, en la figura del príncipe, que no se había movido ni un centímetro.
-Tranquilo-rio Link, escupiendo a un lado-, no me pasará nada. Tendrás Link para rato.
Acto seguido, realizó una serie de movimientos de ataque en cadena que hizo retroceder la espada negra de Zant hasta el punto de chocar la empuñadura con el pecho del príncipe. A medida que Link se iba acercando, Zant farfullaba el hechizo con más nerviosismo. No obstante, pudo defenderse del último ataque de Link, que dio dos pasos hacia atrás para calcular su acción siguiente. Zant le dirigió una mirada llena de odio.
-Eres bueno, lo reconozco-dijo Zant, marcando la espada negra con una mano mientras que, con la otra, dibujaba algo invisible que hizo temblar el aire-. Pero, ¿qué tal llevas el combate en pareja?
De la mano izquierda de Zant surgió una nube de humo negro, idéntica a la que había formado la espada. La nube fue condensándose y tomando la forma de un soldado de dos metros de altura, cubierto por una dura armadura de alabastro negro. No tenía brazos, sino huesos. Sus piernas también eran de hueso y sus manos, sin ningún tipo de piel ni ligamentos, empuñaban un arma que parecía sacada de los libros antiguos que Link adoraba leer. Una espada con el doble de ancho que la otra, con el filo en V y la empuñadura de hierro forjado.
Link dio otros dos pasos hacia atrás, algo nervioso. No había previsto aquello. Había creído que el conjuro de la espada mágica sería suficiente para debilitar a Zant. Sabía que todos los magos y brujas tenían un límite; si sobrepasaban ese límite, la magia se agotaba y les consumía, matándoles. Le había dejado atacar constantemente para agotar su energía y creía haberlo conseguido al ver que no era capaz de defenderse apenas de los ataques directos y rápidos de su espada. Ahora, viendo cómo el extraño ser de hueso y hierro andaba hacia él, con esa especie de espada doble en una mano y un escudo en la otra, no supo qué hacer.
La criatura dio una zancada y cernió su espada sobre la cabeza de Link, al tiempo que la espada negra cortaba el aire en horizontal para alcanzarle el estómago. Link dio un salto hacia atrás, esquivando los dos ataques por poco.
-Mierda-farfulló, corriendo en dirección contraria para poder mantenerse en alguna zona que no estuviese empapada en sangre.
Se ocultó tras una columna para poder recuperar el aliento y mirarse la herida del hombro. Escuchó la voz de Zant reírse con ganas a pocos metros de él.
-Oh, no me digas que tienes miedo…
Link apretó los dientes, enfadado.
-El miedo está hecho para los cobardes como tú-repuso en un grito.
-Eres tan poco original como estúpido.
Link se asomó por detrás de una columna. La criatura se había detenido a dos metros y medio de él, buscándole. Link frunció el ceño. ¿Por qué no le seguía? Link se mordió el labio inferior y cogió el último cuchillo de su cinturón. Tragó saliva y golpeó con fuerza el cuchillo contra la pared de la columna. Como si hubieran pulsado un botón, la cabeza del ser de hueso y hierro se giró hacia el origen del sonido. La criatura se puso en guardia, pero no se movió. Era como si hubiera escuchado volar una mosca pero no supiera ubicarla en el espacio. Tampoco había dado un paso adelante, lo que significaba que no podía andar más. En definitiva, no podía alejarse más de su amo.
Link rio por lo bajo.
-Te pillé-murmuró, saliendo de detrás de la columna con el cuchillo en una mano y la espada en la otra.
La criatura de hueso le vio. Alzó la espada por encima de su cabeza, pero no atacó. Link se mantuvo, vigilando por el rabillo del ojo la primera espada de Zant. Ni el extraño autómata de hueso ni la espada se acercaban a él. Link casi podía dibujar con su mente una línea invisible que le separaba de ellos dos. Estudió a la criatura. Estaba completamente pertrechada, no había ni un solo hueco que no estuviese cubierto por la armadura. Sin embargo, algo había en ella que le resultaba extraño. Miró el cuchillo en su mano izquierda y frunció el ceño. Solo tendría un tiro, uno solo. No podía desaprovecharlo.
Agarró la empuñadura del cuchillo con fuerza y fijó un blanco alejado de la criatura. El cuchillo tendría que golpear contra la pared para darse la vuelta y tratar de acertar en algún punto en el costado del ser. Era una absoluta locura, pero no le quedaba otro remedio y sentía que podía hacerlo. Pasó la palma de la mano de la empuñadura a la hoja y dejó el lado romo sobre su palma. Respiró hondo y trató de ignorar los siniestros ojos rojos del autómata y la espada negra esperándole. Entrecerró los y aguantó las respiración dos segundos.
El cuchillo salió volando de su mano. Dio contra la pared de mármol y piedra gris del pasillo y rebotó, incrustándose en algún punto de la espalda del autómata. La criatura gruñó y echó la cabeza hacia atrás. Link sonrió y aprovechó ese momento para, con un par de zancadas, ponerse a su altura. La criatura le vio e intentó estamparle la espada ancha en la cabeza, pero él se movió a tiempo hacia el mismo lado por el que le había acuchillado. Link vio al instante el cuchillo. Casi toda la zona posterior del cuerpo de la criatura estaba descubierta.
-¡NO!-gritó entonces Zant, al ver cómo Link sacaba el cuchillo y metía de lleno su espada en el mismo hueco.
El autómata bramó e intentó deshacerse de Link. Soltó el enorme escudo, que provocó un gran estruendo en el pasillo al chocar contra el suelo, y echó la mano enguantada hacia atrás. Agarró a Link por la cintura y él gritó al sentir el extraño material de los guantes desgarrarle la piel desnuda del costado derecho. La criatura dejó caer a Link al suelo y se cernió sobre él al instante. Link abrió mucho los ojos y rodó a un lado para esquivarle. El autómata le siguió por todo el pasillo hasta que Link pudo gatear hasta la línea invisible que él no traspasaba.
Sin embargo, Link sabía que no tenía mucho tiempo. Su espada se había quedado clavada en el cuerpo de la criatura. Tendría que acercarse de nuevo hacia ella y removerla para rematarle. Apenas se dio cuenta de que la espada negra se había mantenido quieta, sin perseguirle ni tratar de evitar las heridas del ser de hueso. Así que, sin pararse a pensar en si volvería a mantenerse en su posición, cogió impulso y se deslizó por el suelo, entre las piernas de la criatura, que casi estuvo a punto de atraparle de nuevo. Link dio un salto y se puso en pie. Se pegó a la espalda de hueso del autómata y arrancó la espada. La criatura se quejó de nuevo, pero apenas le dio tiempo a recuperarse cuando Link volvió a clavar una y otra vez su espada en distintos puntos.
Al recibir el tercer golpe, el ser cayó de rodillas al suelo, boqueando e intentando luchar contra Link. Sin embargo, el soldado fue más rápido. Se puso frente por frente al rostro de la criatura y, alzando la espada, la hundió de lleno en el centro de su cráneo. En cuanto la empuñadura tocó hueso, la criatura se desintegró y volvió a convertirse en humo negro. Link cayó por inercia hacia adelante, pero se apoyó en la espada para no darse con la boca en el suelo.
Zant comenzó a proferir todo tipo de insultos y de palabras incomprensibles. Link apenas tuvo un segundo de sosiego antes de ver cómo la espada negra se cernía sobre él sin remedio. Link no pudo hacer nada más que apoyarse sobre una rodilla y alzar la espada por encima de su cabeza para protegerse del golpe.
Entonces, hubo un destello, un destello de luz blanca y pura tan fuerte que hizo que la espada negra de Zant rebotara y estuviera a punto de matar a su creador. Link quedó tumbado en el suelo con la espada en la mano. Aturdido, parpadeó varias veces y miró su arma, allí donde el extraño destello había caído.
Link no podía ver lo que creía. La hoja de la espada resplandecía como un diamante expuesto al sol. Abrió la boca, anonadado.
-¿Qué está pasando…?-murmuró, impresionado, mientras se ponía en pie y estudiaba su espada con nuevos ojos- ¿Qué…?
«Link», dijo entonces la voz del Héroe dentro de él. «Es Hylia».
Link contuvo el aliento. Zelda…
… … …
La princesa llegó al lago Hylia segundos antes que Midna y Vaati. Estaba cansada por el esfuerzo, pero no pensaba dudar ni un segundo más. Echó un vistazo a su alrededor para asegurarse de que el lugar era seguro. El lago Hylia estaba escondido en medio de una serie de colinas y pequeñas montañas que ocultaban sus aguas de los ojos más curiosos. En el centro del lago había una pequeña plataforma sobre la que se aguantaba una casita de madera. Allí vivía el guardián del lago, un hombre bastante mayor que había heredado el cargo de su padre, de su abuelo y de su bisabuelo. Y así, durante generaciones. Junto al lado, en un pequeño saliente, había una torre que hacía las veces de faro y de monumento. Las escaleras que subían hacia la parte superior se habían perdido siglos atrás, por lo que la única manera de acceder a la terraza era entrando en la construcción de piedra.
Alrededor del lado, en las paredes de las colinas, se abrían cuevas poco profundas que servían de pozos del lago. El agua se filtraba de manera natural por conductos subterráneos y llenaba parte de las cuevas, convirtiéndolas en piscinas naturales. Zelda siempre había querido bañarse allí, pero nunca había podido por culpa del protocolo.
El agua del lago y el santuario submarino que había en el centro del mismo estaba custodiado por los Zora. Zelda sabía que tendría poco tiempo antes de que los guardianes del Santuario del Lago Hylia se percataran de su presencia y trataran de ocultarla de los ataques, impidiendo así que cumpliera su cometido. El Santuario era búnker por dentro. No se podía acceder sin ayuda de un zora. Zelda sabía que allí estaría a salvo, pero no serviría de nada. No podría convocar de nuevo el espíritu de Hylia.
Así pues, y sin esperar a que Vaati y Midna llegaran hasta ella, se acercó a la orilla más cercana. Inspiró con fuerza y metió un pie en el agua. Estaba templada. Era agradable al tacto. Zelda continuó metiéndose dentro del agua.
-¡Eh!-escuchó que protestaba Midna a su espalda- ¿Se puede saber qué haces?
Zelda se giró hacia ella y le hizo un gesto para que bajar la voz.
-Confía en mí. Sé lo que hago-dijo Zelda en voz baja. «O eso espero», pensó, aunque no se lo comentó a Midna.
Zelda se volvió de nuevo hacia el lago y continuó andando hasta que llegó al punto en que, si daba un paso más, dejaría de dar pie en el fondo.
-Bien-susurro, elevando la vista al cielo-. Volvamos a intentarlo.
Zelda repitió el mismo proceso de las veces anteriores. Esta vez, Hyia no tardó en manifestarse. No obstante, la bolita de luz que surgió de su pecho se alargó y se convirtió en una fina línea cálida de luz blanca, casi etérea, que se mantuvo frente a ella por encima del agua. Zelda abrió los ojos al máximo al ver que su luz tomaba forma de una mujer.
-No puede ser…-oyó que decía Vaati en tierra- Es imposible…
-Pues créetelo-comentó Midna a su lado-. Es Zelda.
La princesa sintió que el aire se le escapaba de los pulmones al ver que la luz era ella misma, el mismo reflejo que podía ver en un espejo cualquiera, solo que más resplandeciente y con demasiados detalles. Y sus ojos eran más impactantes de lo que creía posible. Era Hylia, sin duda, pero al mismo tiempo, era su reflejo…
-No lo entiendo…-musitó Zelda sin darse cuenta.
Hylia sonrió y le tendió la mano.
-Ya te lo dije. Tú y yo somos una-Hylia levantó esa misma mano hacia el cielo con la palma bocarriba.
Entonces, Zelda pudo ver que se formaba una especie de nube de polvo dorado. Hylia movió un poco la mano y comenzaron a aparecer formas en la nube. Zelda pudo distinguir Hyrule y tres puntos de luz (rojo, verde y azul, respectivamente), que cruzaban el cielo y llenaban la tierra de vida.
-Desde los comienzos de Hyrule, Din, Farore y Nayru han custodiado y protegido el mundo. Sin embargo, comenzaron las peleas entre ellas y de ese rencor surgieron las sombras que pueblan el reino del Crepúsculo-Zelda vio que parte del polvo dorado se oscurecía hasta tornarse ocre y tomar la forma de las criaturas que habían invadido la capital esa mañana-. Las sombras intentaron conquistar Hyrule y las diosas me enviaron a mí para impedirlo. Pero no estuve sola. Gracias al Héroe del Tiempo, Hyrule se salvó…-Zelda vio que Hylia sonreía cuando se formaba la imagen de un joven en el polvo dorado, un joven que era exactamente igual a Link; Zelda contuvo el aliento, embelesada- Y yo me enamoré. Las diosas me permitieron reencarnarme cada dos generaciones para encontrarme de nuevo con mi amor y así vivir lo que el Crepúsculo me arrebató una vez: una vida junto a él.
El polvo dorado se desvaneció en cuanto Hylia bajó la mano y encaró de nuevo a Zelda. La princesa se había quedado muda. Conocía la historia, pero contada por la diosa resultaba mucho más interesante, caótica y dolorosa. Sintió que su pecho se contraía al pensar en Link muerto. No, no. No podía siquiera imaginarlo.
-Tranquila-dijo Hylia, como si hubiera pensado en voz alta-. Link sigue vivo, pero necesita nuestra ayuda.
Zelda asintió automáticamente.
-¿Qué puedo hacer?
Hylia le puso una mano sobre el pecho, allí donde palpitaba su corazón a cien por hora. Zelda dio un respingo al notar la calidez de la mano de la diosa.
-Tú eres yo-le recordó Hylia-. Y yo tengo a alguien que puede hacer que su espada nunca se quiebre y que le mantenga fuerte hasta nuestra llegada. Link está luchando ahora mismo contra Zant, pero nunca le derrotará sin nuestro poder.
Hylia alzó la mirada azul al cielo de nuevo y comenzó a cantar. Zelda estuvo a punto de dejarse caer en el agua. Estaban en medio de una guerra, ¿y a Hylia se le ocurría ponerse a cantar? No obstante, cuando estaba a punto de pararla, se dio cuenta de qué canción era. El Cantar de la Diosa, la misma canción que le había dado el sobresaliente en la clase de Música semanas atrás. Zelda pensó que aquello no podía ser coincidencia y se unió al canto de Hylia.
De inmediato, algo cruzó el cielo y se estrelló contra el agua del lago. Zelda se cubrió los ojos con las manos, pero no dejó de cantar hasta que lo hizo Hylia. Cuando por fin se atrevió a mirar, después de varios segundos de dudas, se encontró a una nueva figura flotando al lado de Hylia. Una extraña mujer, con el pelo corto y la piel y la ropa en tonos azules y morados. La figura se inclinó ante ella.
-Es un honor estar ante vos, mi señora-saludó la criatura azul con una extraña voz.
Zelda frunció el ceño y miró a Hylia, interrogante. La diosa solo sonreía.
-Levanta la cabeza, Fay. Hay mucho que hacer-la criatura obedeció y encaró a la diosa-. Debes fortalecer a Link. Tu cometido fue ese en el pasado y lo es ahora de nuevo. Ve y protégele hasta que lleguemos. Necesitamos que mate a Zant antes de que sea demasiado tarde.
Fay inclinó de nuevo la cabeza.
-Sí, mi señora.
No dijo nada más. Se convirtió en una especie de estrella azul y salió flechada en dirección a la ciudad. Zelda se la quedó mirando hasta que la perdió de vista. Solo entonces se atrevió a girarse hacia Hylia.
-¿Puedes explicarme quién es ella y qué acaba de pasar?
Hylia sonrió.
-Sí que eres impaciente.
Zelda se encogió de hombros y se dispuso a escuchar el origen de Fay mientras que, en tierra, Vaati y Midna no dejaban de alucinar.
