Mis Nenas hermosas... Como les comenté en Facebook, comienza la cuenta regresiva, sacando cuentas en mi cabeza, creo que nos quedan por ahí unos cinco capítulos nada mas (incluyendo el epílogo... Sí va a haber epílogo)

Así que léanlo con calma y vayan haciéndose a la idea, el siguiente ya está por la mitad, así que no esperaran mucho...

Entre mi beta y yo decidimos que era mejor dejar este así de corto/largo por que era demasiado continuarlo, cuando lleguen al final entenderán de que hablo.

Está de mas indicar que los personajes de Twilight pertenecen a Meyer y que la trama y los originales, son míos.

Besos infinitos a Cony, Te amo Amiga...

¡Listo!

¡A leer!

Capítulo 35.

Tú y yo.

Todo el mundo en casa dormía, se había cerciorado de eso al revisar las habitaciones antes de dirigirse a la sala en ropa deportiva. La corredora de segunda mano que tenía estaba guardada en la parte superior del armario de Nicole, se dijo que la sacaría para tenerla más a la mano.

Viendo a sus alrededores encontró el iPod de Nicole, anoche lo había dejado allí después de la cena. Lo tomó ajustándose los audífonos y, antes de tomar las llaves, garabateó una nota indicando su préstamo y a donde iba, para luego silenciosamente abrir la puerta, dejando a las dos chicas de su vida dormidas mientras iba a correr un rato.

La ciudad aún estaba dormida, eran quizás un poco antes de la seis de la mañana, estiró un poco sus músculos en la entrada de su pequeño edificio, colocó modo aleatorio en el iPod y empezó a correr calle abajo, debía aprovechar que el sol aun no estaba tan fuerte.

Corrió varios kilómetros sintiéndose distraído, la música en sus oídos era sorprendentemente agradable para ser la lista de reproducción de una adolescente, ésta misma la ayudó a relajarse lo que necesitaba.

Hoy en la tarde Jessica Stanley iría a una visita rutinaria y a pesar de que la relación con la trabajadora social había cambiado del cielo a la tierra, aún se sentía algo ansioso por su decisión, no quería fallarle a Andrea, pero a la que realmente no le quería fallar era a Nicole.

La chica y él no habían sido los mejores amigos, sobre todo después de la muerte de Andrea, pero las cosas habían ido cambiando poco a poco entre ellos, habían vuelto a hacer amigos y hablaban un poco más. Claro, nunca habían mantenido una conversación muy larga, pero por lo menos ahora no se sentían incómodos al hacerlo.

Suspiró mientras veía a ambos lados de la calle para poder cruzar, su celular vibró en su bolsillo y aprovechó para chequearlo.

Sonrió al ver un texto de Nicole.

N: Tráeme panecillos dulces, considéralo el pago por el alquiler de mi iPod.

Sacudió la cabeza y tipió una rápida respuesta:

E: Okay, estaré de regreso en quince minutos. Si Isabella está dormida, no le hagas ruido, necesita descansar.

N: Señor, sí, señor.

Su respuesta lo hizo reír, tenía mucho tiempo que no escuchaba la respuesta militar predilecta.

E: Compórtate, ya voy para allá.

Emprendió su camino de regreso a casa. Como le había prometido a Nicole, se detuvo en una pastelería camino a casa y compró desayuno para los tres, no quería preocupar a Nicole con el asunto del trabajo, por lo que se dijo a sí mismo que unos pares de dólares menos, no importarían.

Cuando llegó a casa Nicole veía la televisión de la sala, sonrió al descubrir que estaba en mute, lo que quería decir que Bella aún no había despertado.

—Buenos días —dijo al entrar. La chica colocó pausa y Edward se fijó que veía alguna película de DVD.

—Buenos días —saludó la chica poniéndose de pie—. Muero de hambre, ¿trajiste panecillos?

—Glaseados y salados, puedes elegir lo que quieras.

—Glaseados, glaseados… —canturreó la chica caminando hacia la bolsa de papel.

—También traje café. —La chica arrugó el ceño—. Son cafés helados, el tuyo es con topping de caramelo. —La sonrisa volvió a aparecer.

—Súper. —Tomó uno de los panecillos, su café helado y regresó a su película. Al fijarse que Edward no la acompañaba frunció los labios luego de dar un mordisco a su comida.

—¿No comes? —Él negó.

—Esperaré por Isabella y quiero darme una ducha primero. —Esperaría a que despertara antes de entrar al cuarto.

—¿Y hoy qué haremos? —preguntó la chica viendo a la muda pantalla—. ¿A dónde iremos? —Edward tomó su café y se sentó al otro extremo del sofá.

—No tenemos planeado nada. —La chica frunció la boca llena de glaseado blanco.

—Aburrido —susurró dando otra probada a su panecillo. Edward sacudió la cabeza.

—No creas que venir aquí significa estar de vacaciones, no todos los fines de semana tendremos planes para divertirte.

La chica rodó lo ojos y repitió: —Aburrido. —Sin embargo lo decía ciertamente no molesta.

Edward rió sacudiendo la cabeza. —Ésta será pronto tu casa Nicole, tienes que acostumbrarte a pasar tiempo en ella.

Los ojos de la chica se iluminaron. —Eso es malditamente genial.

—No maldigas —la reprendió señalándola con un dedo. La chica frunció la boca callándose—. Además, ¿no deberías estudiar? ¿Cómo va la escuela de todos modos?

La chica resopló dejando de prestarle atención a la película. Edward se puso un poco alerta, se reprendió mentalmente de no haberle preguntado antes por sus estudios, se suponía que un padre hacía eso.

—Ya no voy mal, si lo fuera lo sabrías. —Respiró—. Créeme, Anna es bastante exigente con eso. Además, se supone que no debo fallar, ya sabes, para hacer mi parte en el asunto de la adopción.

Edward alzó sus cejas asombrado, hacía un tiempo, más específicamente cuando empezó a trabajar en Los Cisnes, Nicole había tenido problemas en sus calificaciones, también había sido cuando nombraron a Jessica Stanley como trabajadora social, sabía que no estaba reprobando, pero tampoco sabía que había mejorado sus calificaciones y ciertamente no estaba al tanto de que ahora, Nicole hacía su parte en la adopción. Él era la mejor opción de la chica, ambos lo sabían, pero no tenía idea de que la chica estuviera ayudando con lo que pudiera para no darle problemas al proceso.

No la interrumpió ya que no sabía que agregar, sin embargo Nicole empezó a morderse el labio y a desviarle la mirada a propósito.

Su piel era más morena que la propia, aunque en realidad, él era tan blanco que cualquiera le ganaba en color de piel, sus ojos eran lo más extraño y exquisito que tenía, un iris azul y otro verde, hace unos años cuando aun Andrea vivía, habían bromeado acerca de las "mutaciones" que compartían madre e hija, Nicole se había sentido muy frustrada al no contar con los poderes del profesor X.

Tenían mucho tiempo que no hablaban de eso, a pesar de que cada vez que se veían, Edward recordaba con detalle los intercambios de los tres.

—¿Sucede algo? —preguntó con cautela, sus años en el ejército le habían enseñado a leer bien a las personas.

—Hummm, nope —contestó la chica. Edward rodó los ojos.

—Nicole…

—Es una tontería.

—Tontería o no, puedes contarme.

—Después —dijo la chica volviendo a prestarle atención a la televisión.

Edward suspiró, cada vez que creía dar un paso adelante con Nicole, retrocedía dos, era un camino cansón y ciertamente frustrante.

—Voy a darme un baño —dijo mientras se colocaba de pie.

—Pensé que esperarías a que Bella se despertara. —Ni siquiera lo miro cuando habló.

—Cambié de opinión.

.

.

Entró a su cuarto aún con el café en mano, cuando cerró la puerta tras él, resopló frustrado.

—Umm, ese sonido es sexy.

Se giró de inmediato hacia la cama y no pudo evitar la sonrisa que se extendió en su rostro al verla estirarse como un gatito entre las sábanas.

Bella le sonrió de vuelta. —¿Te vas a quedar ahí mirándome?

Edward asintió. —Es ciertamente una oferta tentadora.

Bella siguió sonriendo y se ajustó lo necesario para estar recostada del cabezal de la cama, estiró su mano hasta él, Edward dio tres pasos estirando la propia, cuando casi sus dedos se encontraron, Bella se alzó lo suficiente para robar su café.

—¡Oye! —reclamó, pero su risa y encanto reflejaba todo lo contrario.

Bella, en recompensa, lo tiró de la mano haciendo que se sentara a su lado, probó su café e hizo una mueca. —No tiene chocolate. —Edward rió.

—Afuera hay uno con chocolate, solo para ti. —Se adelantó un poco y besó sus labios.

—Gracias —susurró—. ¿Saliste?

—Fui a correr un rato —declaró—. Nicole me escribió pidiéndome panecillos, también están afuera, ella ya comió, yo estaba esperándote.

Bella se adelantó un poco y depositó otro corto beso.

—Ahora salgo, ¿pero, tú? ¿Estás bien? —Acarició su rostro áspero de la barba sin afeitar.

—Lo estoy, lo estoy. Solo que…

—¿Solo que, qué? —Edward suspiró.

—Nicole —soltó—. A veces siento que no avanzo con ella, es tan frustrante. —Bella frunció un poco sus labios.

—Es una adolescente, amor, siempre va a ser difícil tratar con ella.

Suspiró de nuevo.

—Supongo.

—¿Sabes? Sé que no es mi asunto, pero no es un gran secreto que ustedes no son muy comunicativos. —Edward alzó sus cejas—. Pero tienes que hacerlo, tienes que hablar con ella, conocerla, hacerte su amigo. —La expresión de Edward era un tanto asustada—. No va a ser algo de la noche a la mañana, esto tomará tiempo, pero tienes que hacerlo. Vas a ser su tutor, Edward, tienes que convertirte en alguien en quien pueda confiar.

—Lo intentaré.

Ella asintió.

—Hazlo, pero tampoco la presiones, no puedes ser su papá, pero empieza por ser su amigo.

Él frunció el ceño.

—Yo no tengo amigos.

—¡Eso no es cierto! Tienes a Emmett. —Él rodó los ojos, Emmett no catalogaba precisamente en "amigos"—. También tienes a Rose. —Eso le sorprendió, hasta ahora no lo había meditado así, pero era cierto, él y Rose eran amigos, bastante buenos la verdad. Sonrió enormemente y miró a su esposa.

—Como siempre, tienes razón. —Bella alzó las cejas coquetamente—. Debo ducharme, ¿me esperas para desayunar, o quieres usar la ducha primero?

—Ve, me duché anoche, me visto y te espero afuera, así le hago compañía a Nicky. —Edward se inclinó lo suficiente para poder besarla con más propiedad en los labios.

—Adoro que te deje llamarla Nicky. —Bella palmeó su mejilla.

—Y yo te adoro a ti. Ahora ve, tengo hambre y si te demoras mucho no prometo esperarte.

.

.

Para cuando salió, ambas chicas reían de alguna tontería, Edward se quedó recostado contra el marco de la puerta viéndolas encantado.

Entre las risas, Bella lo descubrió espiándolas, le sonrió igualmente de encantadora. —Amor —dijo interrumpiendo su risa—, trae los panecillos, ¿si? Muero de hambre y el café ya se evaporó de mí estómago.

¡Dios, en verdad la amaba!

Sin sorprenderse realmente de sus pensamientos, fue por la bolsa y se sentó frente a las chicas que seguían parloteando mientras le extendía un panecillo de pasas, y mientras tomaba una de canela para él. Bella le dio un mordisco mientras seguía escuchando a Nicole, pero hizo una mueca al probarlo, se volteó de regreso a él y le quitó el panecillo, dándole el mordido, Edward alzó una ceja y ella le guiñó coqueta, no tuvo más opción que reír y comerse entonces el de pasas.

—Entonces, ¿quieres ir a este concierto?

Prestó atención por primera vez a las voces de las chicas y frunció el ceño. Isabella pellizcaba el panecillo prestándole atención a Nicole, a la chica se le enrojecieron las mejillas.

—Ehhh, bueno, toda la escuela va. —Se encogió de hombros—, tampoco es la gran cosa.

Edward interrumpió. —¿Concierto? ¿Qué concierto?

—Una banda de moda, ¿cómo me dijiste que se llaman? ¿Dragones?

Nicole rió. —Imagine Dragons. —Bella rió asintiendo.

—Esos —le dijo a Edward—. Hay un concierto que coincide con el final de las clases, sus amigas de la escuela van y ella quiere ir.

Edward alzó las cejas sorprendido.

—Wow —dijo—. ¿Eso era lo que querías decirme antes? —preguntó a la adolescente, estaba muy roja.

—Nope —contestó—. Esto simplemente salió en la conversación.

—Entonces… —continuó Bella—. ¿Cuándo compramos tu boleto? —La chica sonrió enormemente, pero Edward alzó sus manos deteniendo cualquier emoción.

—Wow… esperen un segundo. —Bella lo vio interrogante y Nicole lo observó sin ninguna expresión, más bien expectante—. No sé si puedas ir. —La chica frunció el ceño casi de inmediato. Edward respiró profundo—. Los conciertos no son lugares para chicas de 14 años y mucho menos solas. —Nicole le apartó la mirada y se sintió terrible, sin saber que decir.

Bella como siempre salió al rescate. —Hagamos algo —dijo entusiasta—. Edward y yo averiguaremos los detalles del concierto y si es seguro que puedas ir. —Edward empezó a negar, no iba a haber manera de que la dejara ir sola a un espectáculo tan grande, Bella le alzó las cejas amenazadoramente por lo que cerró el pico. —Además, aún falta tiempo para que las clases acaben. ¿Por qué no hablamos de esto luego? Cuando la idea no parezca tan descabellada.

—Lo que sea. —Fue la respuesta de la chica.

Bella tronó sus dedos mortificada, había lanzado a Edward a los leones, él la observó y negó cortamente viendo sus manos, dejó de tronarse los nudillos, él le lanzó un beso silencioso intentando tranquilizarla.

—Será mejor que nos alistemos para la llegada de Jessica Stanley, prefiero que no nos tome por sorpresa.

La chica asintió y se levantó para darse una ducha y cambiarse, Bella lo vio a los ojos.

—Lo siento. —Parecía una nena chiquita. Edward sonrió torcido y la abrazó por la cintura baja.

—No tienes nada de que disculparte, si me lo hubiera dicho ella habría contestado lo mismo, me da miedo mandarla sola a un concierto, no sabemos si obtendremos la custodia para ese momento, así que dudo que Jessica apruebe una excursión así.

—Edward, ni que fueran a Woodstock, es solo un concierto.

—¿Dragones? ¿Qué clase de grupo tiene ese nombre?

—Imagine Dragons —lo corrigió. Edward rodó los ojos y la apretó un poco más—. Son bastante buenos, me dejó escuchar alguna de sus canciones de su iPod. —Edward se preguntó si las habría oído mientras corría, porque de hecho todas las que escuchó eran bastante decentes. Negó lentamente.

—No sé. —Frunció el ceño. Bella dio un beso rápido en sus labios.

—Solo piénsalo, eres o fuiste militar y escolta, estoy segura que se te ocurrirá algo para mantenerla a salvo.

Edward lo meditó un segundo. —Ya veremos. —Asintió.

Bella sonrió enormemente y entonces lo besó con todas sus ganas.

Por la esquina de su ojo observó un pequeño movimiento, la ráfaga de frío le indicó de quien se trataba, tomó fuerzas y se separó de Edward abruptamente, éste en vez de quejarse se rió.

—¿Algún día me vas a contar por qué te niegas con tanta pasión a que hagamos algo en la sala?

Bella metió el cabello tras su oreja, ignoró a Esme para no darle una pista a Edward de que veía a alguien más.

—Supongo que soy una chica de cuartos.

Edward rió dándole una pequeña palmadita en el culo, ella lo vio horrorizada.

—¡Edward!

Él lo único que hizo fue reír.

—Nadie nos está viendo, nena. Deja de apenarte.

Ella negó con la cabeza y volvió a observar a Esme con el rabillo del ojo. A pesar de sentirse apenada, se dio cuenta de que su suegra estaba sonriendo.

Hubo un toque en la puerta y ambos se extrañaron.

—¿Esperas a alguien? —preguntó Edward, Bella negó mientras él iba a abrir.

—Supongo que una visita sorpresa no vendría mal verdad.

Jessica Stanley en toda su gloria con pantalones de tela, blusa holgada, zapatos chatos, cola baja de cabello y gafas de montura gruesa, con su mejor amiga e inseparable carpeta abrazada a su pecho, hizo su gran aparición.

Edward la vio asombrado mientras la dejaba pasar. Bella vio hacia abajo a sus pantalones cortos y franela avejentada, no había cambiado su atuendo de dormir, un nudo se atragantó en su garganta sintiéndose desaliñada.

Jessica Stanley en cambio sonrió. —Veo que ya consiguió su propia ropa, Sra. Cullen.

Ella la vio extrañada y recordó que la última vez que había ido allá aun no tenía su equipaje con ella, se forzó a sonreírle.

—Sí, hemos tenido un poco más de tiempo para aclimatarnos. —Jessica sonrió—. ¿Quiere un poco de café? —Le señaló el sofá para que se sentara.

—Solo agua estará bien. —La peli teñida caminó hasta el sofá despegando la inseparable carpeta de su pecho—. ¿Comenzamos?

.

.

—¡JASPER!

A pesar de que había empezado a pagar sus deudas y que sus acreedores habían dejado de llamarlo, estaba casi extrañando a las trabajadoras del banco. Llevaba días llenos de trabajo y noches llenas de Alice, le chica se colaba en su habitación entrada la noche y aunque había veces en que la rechazaba o le pedía que lo dejara dormir, ella insistía con ahínco haciéndole imposible que durmiera temprano. Luego, antes de inclusive del amanecer, Charlie golpeaba con fuerza su puerta gritándole que lo esperaba abajo. Ya se estaba cansando de esta doble explotación.

—¿Dime Charlie? —preguntó entrando al despacho de su jefe en la hacienda, últimamente no salían de allí.

—¿Hablaste con el ingeniero especialista? —Jasper asintió—. ¿¡Y bien?!

Respiró hondo antes de hablar, últimamente el modo de comunicarse de Charlie, era gritar.

—Dice que debemos clausurar el pozo hasta que llegue la maquinaria adecuada. Hablé con Mike de tu oficina, el único país que la tiene disponible y está dispuesto a venderla es Arabia Saudí, pero demorará dos meses en llegar. —Charlie se paseaba de un lado a otro en su despacho.

—Eso es inaceptable, tengo contratos que cumplir, ese pozo era completamente operativo, me iba a dar la mitad de la producción, ¿qué se supone que haga?

—Charlie —comenzó Jasper—, solo te estoy trasmitiendo lo que me investigué. Hay riesgo de una explosión o de un derrame, debemos esperar que llegue la maquinaria. Puedo hablar con los árabes, estoy seguro que nos darán más tiempo o podrán ayudarnos a que la maquinaria llegue más rápido.

—¡No vas a hablar con los árabes! ¡No vamos a echar el contrato para atrás! ¡Va a arruinarme!

—No va a arruinarte, habrá una multa, eso es cierto, pero podemos pagarla, tenemos seguro contra estas cosas. Además, aun estaremos en el plazo de entrega de los barriles, podemos estirar estos dos meses las entregas, luego cuando tengamos operativo el segundo pozo, le haremos las entregas restantes. No tienen porqué darse cuenta siquiera.

—¡Yo cumplo mi palabra!

Jasper cerró los ojos respirando profundo.

—La vas a cumplir, Charlie, solo jugaremos con las fechas de entrega del contrato. Estoy en constante contacto con los abogados y demás ingenieros de la petrolera, podemos escurrirnos por las grietas del contrato, estaremos bien.

—¿Estaremos bien? ¡¿Estaremos jodidamente bien?!

—Charlie. —Levantó sus palmas—. Escúchame, esto sucede todo el tiempo, es normal que haya fallas en maquinarias tan grandes y complejas, estiraremos el tiempo a nuestro favor, solo ten un poco de confianza.

—¡¿Confianza?! ¿Quieres que tenga siquiera un poco de confianza en ti? —Jasper abrió sus ojos de más—. ¡Te dejé a cargo de los pozos y uno se daña!

—Estas cosas suceden, son riesgos, no es culpa de nadie.

—¡Te dije que cuidaras a mis hijas en Las Vegas y permitiste que mi Bella se casara con ese infeliz!

Había durado en reclamarle. Jasper cerró los ojos de nuevo. —Bella es una chica grande, se me escapó de la vista a propósito, la vigilara o no igualmente iba a hacerlo. —Siempre que hablaba de Bella y el imbécil Cullen una punzada de celos atacaba su pecho, pero se había vuelto un experto en ignorarla.

—Pero de igual forma no la vigilaste como te ordené. —Jasper se controló apretando los puños, odiaba la palabrita "ordenar"—. Estabas demasiado ocupado con mi otra hija.

Para Jasper esto era más que suficiente, entendía que entrar a la familia Swan iba a ser complicado, pero jamás pensó que iba a serlo tanto.

—Te recuerdo que fuiste tú quien me permitió salir con Alice, creí que tú y Charlotte estaban de acuerdo con nuestro noviazgo. —Charlie gruñó.

—No sé como accedí a esto. No eres mejor que Cullen, un vago de mierda. —Jasper cerró las manos en puños, diciéndose mentalmente una y otra vez que no debía contestar a eso.

—Iré a los pozos a verificar los trabajos —dijo en cambio, necesitaba alejarse de allí ahora mismo.

—No, con tu pésima suerte, seguro terminas dañando la producción de éste. —Tomó su sombrero de la mesa y salió—. ¡SAM! —gritó a su escolta del día y se marchó.

Jasper esperó que se fuera al fin del mundo.

—¿Puedo pasar?

Cerró los ojos, maldiciendo su mala suerte.

—Ahora no estoy de humor, Alice —murmuró dejándose caer en el sofá de cuero, cubrió con una mano sus ojos. Ignorando sus palabras, sintió como el sofá se hundía a su lado, cerró los ojos con más fuerza.

—Te escuché pelear con papá.

—Ujum.

—¿Qué sucedió? —Jasper ahogó una risa irónica.

—¿De verdad quieres que te lo explique? —Esta vez Alice rió.

—No, no quiero. No entiendo ni me agrada nada de esa sustancia pegajosa y negra que absurdamente vale tanto. —Jasper negó despacio—. Prefiero hablar de vestidos y zapatos. —Jasper volvió a negar.

—Eso si no, peque, no creo que soportaría una conversación de esas ahora.

Alice lo vio con ojos entrecerrados.

—No me llames peque. —Jasper incorporó la mirada tan solo para rodarle los ojos y volverse a recostar del espaldar.

—Es la costumbre, siempre serás peque para mí.

—No soy tan pequeña cuando metes tu pene en mi boca —susurró.

Jasper se incorporó, sentándose más derecho mientras la veía con asombro, y debía de admitirlo, con algo de rabia.

—Esas cosas no se dicen así, Alice, cualquiera pudiera oírte. —Ella se encogió de hombros.

—Es mi casa, digo y hago lo que quiero.

—Entonces hazlo por respeto a mí, tu novio. —Alice soltó una carcajada.

—Parece que te estuviera obligando a esto, ¿debo recordarte todo lo que me hiciste anoche? Porque esta vez no estabas borracho para decir que se te olvidó.

—Alice, por favor. —Se puso de pie—. Ahora no, estoy bastante preocupado con tu padre y el trabajo, no tengo tiempo para discutir contigo, ni siquiera sé por qué quieres discutir. —La chica se levantó seductoramente, Jasper retrocedió levantando sus palmas mientras negaba—. Alice, no.

—Yo no estoy discutiendo contigo, solo estoy recordándote lo que me hiciste anoche.

—Recuerdo perfectamente anoche y las noches anteriores, Alice, no hay necesidad de que me lo recuerdes. Además, lo dices como si yo hiciera todo, cuando ambos sabemos que eso no es verdad, tienes demasiada experiencia para tu edad.

Alice torció la cabeza a un lado. —¿Te molesta que sepa lo que hago?

—No —contestó ganándose una sonrisa y un paso delante de la chica hacia él—. Lo que me molesta es que hayas armado todo aquel revuelo por nuestra noche en Las Vegas.

Alice se detuvo de inmediato poniendo los brazos en sus caderas. —También te gustó lo que hice allá. —Jasper se encogió de hombros.

—No lo recuerdo y lo sabes. —La sonrisilla seductora volvió a su menudo rostro.

—¿Quieres que te lo recuerde? O podemos revivirlo jugada a jugada. —Se relamió los labios. Jasper negó retrocediendo un poco.

—Hoy no Alice, no estoy de humor y no creo siquiera que se me pare. —Tomó su sombrero negro y sopesó antes de ponérselo. Alice se cruzó de brazos furiosa.

—No me trates como si fuera una enferma. ¡Bastante te gusta que te chupe la polla! —gritó—. Te encantaba meterla en mi boca una y otra vez.

Jasper se regresó caminando hacia ella, tan cerca que la chica se vio en la obligación de retroceder. —Por si no lo recuerdas, eres tú la que entra en mi habitación, noche, tras noche, tras noche y eres tú solita la que me baja los calzones y se la mete en la boca. Soy hombre Alice, con una aspiradora chupándome hasta los sesos cualquiera se folla a cualquiera, es pura naturaleza humana, nada más. —Se giró para irse.

—No niegues que te gusta.

—No lo hago —respondió por encima de su hombro, giró un poco la cabeza para verla a los ojos—. Lo que me impresiona es que sabes demasiado para haber sido supuestamente virgen en Las Vegas, y no me digas que ves porno, nada puede ser tan… educativo.

Justo al cerrar la puerta sintió como algo se estrellaba con la madera, se caló el sombrero y salió, tenía que respirar aire puro o se volvería loco.

Alice en cambio salió como un pequeño toro furioso del despacho de su padre, resopló hasta llegar a la cocina. —¡Tú! —le gritó a Sara que dio un ligero temblor—. ¡Anda a limpiar el despacho de mi padre! ¡Ya!

—Señorita —la voz de Khloe llegó a sus oídos haciéndola girar sin disminuir siquiera un poco su rabia.

—¡¿Qué?!

Khloe trató de ignorar el maltrato de la chica, aunque no fue muy eficaz en hacerlo. —Lo haré yo, señorita. —Amarró su delantal—. Sarita no se ha sentido bien últimamente, solo salió de su habitación para traerme mi delantal que lo había dejado secando.

Alice vio a la chica que en efecto tenía el rostro verde. —¿Qué demonios te pasa? —Sara no contestó—. Dije, ¡¿qué demonios te pasa?! —Como siempre las personas atacan a sus seres inferiores.

Sara balbuceó. —Na…na… nada importante, señorita. —Alice alzó una ceja amenazadoramente—. Solo… solo me duele el estómago.

—Ja —se burló—. ¡Esto es sencillamente ridículo! ¡Ve a limpiar el despacho de mi padre!

—Señorita —Khloe volvió a intervenir—, si me dejara…

—¡Cállate! —gritó Alice y un grito/sollozo llenó el ambiente.

Khloe no pudo terminar de hablar dado que la mano de Alice se quedó suspendida en el aire, luego de darle una cachetada. Hubo tres reacciones inmediatas, Khloe por supuesto tomó su herida mejilla entre sus manos peleando con sus ojos llorosos, Sara cubrió su rostro con sus manos para luego alzarse hacia adelante y vomitar sobre sus pies, Alice apretó su mano contra su pecho sintiendo como le picaba la palma.

—Lo… —empezó sintiendo como se llenaba de pánico palabra a palabra.

—Alice. —Todo se quedó en silencio cuando Charlotte hizo su entrada magistral a la cocina, las tres se quedaron por completo estáticas.

Charlotte, como un buitre pretencioso igual que los que salen en la película Blanca Nieves, caminó hasta encontrarse más cerca del altercado, Seth la flaqueaba muy de cerca, los ojos del escolta volaron a Sara y al desastre que la rodeaba, quiso dar un paso adelante, pero se contuvo, Sara en cambio bajó la mirada sintiéndose incapaz de siquiera moverse.

—¿Qué es todo esto?

—Mamá —la chica comenzó—, le pedía Sara que limpiara el despacho de papá… Khloe dijo… —Charlotte levantó la mano.

—Demasiado aburrido Alice, cállate un segundo. —La chica apretó las manos en puños—. No me interesa que sucede, se acaba en este instante. Khloe —llamó haciéndola subir la mirada—, no desafíes a mi hija, recuerda que es tu jefe y le debes obediencia te guste o no. Sara… —La vio con desprecio—, haz lo que sea que Alice te ordenó, pero primero limpia este desastre. ¿Qué eres? ¿Un animal enfermo? Que asco. —Y emprendió su camino de regreso a la sala—. Ven Alice.

La chica corrió tras su madre, sus orejas aún rojas de la vergüenza.

Seth se quedó en la cocina, miró por encima de su hombro como la señora de la casa se alejaba, regresó su mirada a la chica frágil que empezaba a arrodillarse en el suelo con un trapo en sus manos, lágrimas rodaban libremente por sus ojos, deslizándose con libertad sobre sus mejillas.

—Sarita —llamó en voz baja. Ella ahogó un llanto más fuerte contra el reverso de su mano.

—Joven —Khloe intervino, su mejilla se veía marcada—, será mejor que vaya con la señora, no querrá meterse en problemas usted también.

Seth no vio al ama de llaves, solo veía a la chica que le costaba cada vez mas mantener firmes sus manos, suspiró sacudiendo la cabeza. —Lo siento —murmuró para luego irse. Sara reventó en llanto, lamentos fuertes que alertaron a Khloe.

—¿Sara? —La chica se levantó como pudo mientras cubría sus sollozos contra la palma de su mano y corrió a la habitación, ésta vez le dio tiempo de llegar al inodoro.

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—¿Qué demonios fue todo eso? —Alice empezó a balbucear, Charlotte rodó los ojos exasperada—. ¿No puedes hablar? Después te quejas de la inepta de ahí adentro.

Seth salió en ese momento de la cocina, deteniéndose en seco, Charlotte era una arpía, pero no tenía derecho de tratar así a los habitantes de esta casa y menos a Sarita.

—Señora —dijo y de inmediato de acobardó cuando Charlotte posó su mirada en él.

—Espérame en el auto, ahora voy. —Sin decir una palabra más, bajó la cabeza y asintió.

—Sí, señora. —Una vez fuera del alcance, se dirigió de nuevo a su hija.

—Sea lo que sea que sucedió, tienes que controlarte, ¿entiendes?

—Mamá, es que...

—No me importa, ¿cómo se te ocurre ponerte de tú a tú con el personal de servicio? ¿Qué bicho te picó para hacer eso? Y no solo eso, sino que te rebajas a su mismo nivel, ¿yo te eduqué así? ¿Una señorita de clase repartiendo cachetadas a sirvientas?

Alice mordió su mejilla interna, así que su mamá había visto todo el espectáculo.

—No fue mi intención hacerlo, yo solo di una orden y ellas no quisieron hacerme caso, había peleado con Jasper, estaba alterada, no debí pegarle, lo siento. —Levantó la mirada y su cara se giró violentamente gracias a la cachetada de su madre, voló su mano a la mejilla y la vio con enormes ojos abiertos y aterrados—. ¿Qué hice? —preguntó temblorosamente.

—Asume tus actos, jovencita. Si Khloe se merecía o no la bofetada es indiferente, eres más, eres dueña, hagas lo que hagas no te arrepientes, ¿entiendes? —Que mejor o peor manera de recordarle a Alice que Charlotte era realmente superior y que jamás se disculparía por su comportamiento con ella.

—¿Qué fue lo que pasó con Jasper? —preguntó como si la cachetada no hubiera siquiera ocurrido.

—Peleamos. —Charlotte rodó los ojos.

—¿Por fin te emparejo con el novio que querías y eres incapaz de retenerlo? —Negó con decepción—. De verdad no sé cómo eres mi hija. —Eso le dolió más que la cachetada misma.

—Mamá. —Charlotte levantó su mano con desprecio de nuevo.

—No quiero saberlo. Vamos… —Caminó haciéndola parpadear asombrada.

—Mamá… —Maléfica no se detuvo, Alice se vio en la necesidad de correr—. ¿A dónde vamos? —Seth que las vio venir se bajó de la camioneta y se apresuró a abrirle la puerta—. ¡Mamá!

Finalmente se dignó a voltear a verla. —Vamos donde Sofía. —Alice abrió los ojos sorprendida, negó rápidamente—. Sí —siseó Charlotte—. No vas a terminar esa relación así quieras jovencita, no tienes idea de lo que tuve que hacer con tu padre para que permitiera este caprichito tuyo, así que si me toca enseñarte como mantener a un hombre a tu lado pues que así sea. —La tomó dolorosamente por el brazo—. ¡Súbete! —Alice no se atrevió a hacer nada más que obedecerla.

La misma historia del clavo y el martillo, solo que frente a Charlotte, ella era clavo.

Seth las vio por el espejo retrovisor antes de arrancar, Alice trabajaba muy duro en no derramar ninguna lágrima, él apretó el volante lo más fuerte que pudo, había entrado a un juego de ruleta rusa, donde la única manera de salirse era permitir que la bala te pegara.

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—¿Así que consiguió empleo, Sra. Cullen? —Bella asintió cruzando sus piernas, ya se había colocado ropa más decente.

—Sí, como veterinaria —se aclaró la garganta—. En la hacienda Bosque Verde, el dueño es Quil Ateara —dijo algunos detalles para que no le preguntara cuando iba a cobrar, dado que no tenía idea alguna.

—¿Y el Sr. Cullen no? —Edward apretó los puños. Bella se adelantó.

—Aún no —empezó—. Bueno, de hecho había conseguido uno como vigilante en el banco del centro, pero, si me deja decirlo, la paga era bastante mala, por lo que lo convencí de que buscara algo mejor, algo más parecido a él. —Lo vio y no supo como describir su mirada—. Por ahora estaremos bien con nuestros ahorros y con mi trabajo.

—No existe algo así como el trabajo perfecto. —Bella le sonrió.

—De hecho yo sí creo que existe, ¿usted no ama lo que hace? —la cuestionó—. Yo amo los animales, y sé que Edward amaba protegerme, ¿cierto amor? —Su sonrisa era simplemente hermosa, Edward se estiró un poco tomando su mano.

—Amo estar cerca de ti, no importa donde ni como. —La sonrisa de Bella se ensanchó y Nicole, que estaba sentada en los bancos altos del mesón de la cocina carraspeó, la pareja rió en reacción.

—Lo sentimos —dijeron al unísono, entonces los cuatro rieron.

—Bueno —dijo Jessica cerrando finalmente la carpeta—, la visita se puede dar por terminada ya. —Se colocó de pie—. Llevaré el informe a Servicios Sociales, de ahora en adelante solo quedará el proceso legal del asunto. —Los tres se pusieron de pie de inmediato.

—¿Entonces se acabó? —preguntó Edward—. ¿Me dará la custodia?

Nicole y Bella estaban con ojos muy abiertos, sin poder decir nada.

Jessica sonrió sacudiendo la cabeza. —No tan rápido Sr. Cullen. —El ánimo de la sala decayó de inmediato. Jessica levantó su mano libre de la carpeta—. Estamos casi allí, no puedo decirles que Nicole pasó a ser Cullen —hizo una pausa—. Bueno. —Miró a la chica—, si ella quiere tomar el apellido —suspiró—, pero estamos casi allí. Por mi parte está todo hecho, solo le comunicaré mi decisión a la junta y habrá que esperar a que se dicte la sentencia.

Bella asintió, al igual que Nicole, que tenía sus manos juntas no dejaba de mover nerviosamente sus dedos. Jessica inclinó la cabeza en saludo y se dirigió a la puerta, Edward la siguió.

—Srta. Stanley —la interrumpió, ella se dio la vuelta—, ¿quiere decir que es mía? —preguntó y sacudió la cabeza—. Quiero decir, ¿Nicole se quedará conmigo? Tiene que decírmelo.

Jessica sonrió. —Extraoficialmente —dijo en advertencia. Edward asintió, entonces Jessica suspiró, observó a las dos féminas antes de regresar a Edward, suspiró de nuevo y entonces asintió—. Sí, Sr. Cullen, usted es el tutor legal de la joven Nicole.

Edward la escoltó hasta la puerta y no fue hasta que la cerró que se recostó contra ella cerrando los ojos, dio dos golpes de cráneo contra la madera y finalmente abrió los ojos. Bella tenía las manos en el pecho, sus ojos llenos pero aún no se desbordaban, en cambio por las mejillas de Nicole las lágrimas corrían libremente. Edward se adelantó hacia ella, la tomó de las mejillas haciéndola bajar del banco, se vieron a los ojos por varios segundos, las lágrimas de la chica corrían ahora por las manos de Edward.

—¿Esto es lo que quieres? ¿Es lo que deseas? ¿Vivir conmigo y con Bella? —su voz era ronca y llena de emoción. La chica asintió despacio sin quitarle los ojos de encima. Edward respiró profundo—. Te prometo, no, te juro que haré mi mayor esfuerzo por ser digno de ti. No sé muy bien lo que debo hacer pero trataré de ser un padre, un amigo, un hermano, lo que sea que necesites. Nunca tuve mucha familia hasta ahora. —Bella apretó más su corazón, ya no podía contener las lágrimas—, pero ahora tú serás mi familia, tú y Bella serán lo más importante de mi vida ¿entiendes? —La chica asintió, Edward respiró profundo—. Te quiero, Nicole.

La chica sin poder aguantar más soltó un quejido seguido de un ruidoso sollozo, Edward la atrajo entre sus brazos y la apretó en un abrazo. Bella sonrió desde la distancia, Edward la localizó y estiró su mano hacia ella. Bella negó con lágrimas en los ojos, este momento era de él y Nicole, se lo merecían y lo necesitaban, ella era simplemente feliz siendo partícipe lejana. Edward estiró de nuevo su mano, agitándola un poco.

—Bella tiene pena de unírsenos —dijo contra el cabello de la chica.

Nicole levantó su lloroso rostro, que no coincidía con su enorme risa, repitió la seña de Edward, agitando su mano.

—¡Ven! —gritó.

Bella soltó una carcajada y se unió entonces al abrazo. Edward pasó su brazo por su cintura y Nicole por sus hombros, luego la chica soltó un grito de júbilo que rápidamente siguió Edward, haciendo reír más fuerte a Bella.

Estaba tan emocional que no sintió el frío característico, cuando los tres volvieron a abrazarse y saltar en el mismo sitio. Bella desvió la mirada sobre el hombro de Edward, Esme los miraba extasiada y podía jurar que ahora sí estaba llorando, aunque los observaba a los tres, sus ojos permanecían más tiempo sobre Edward, entonces escuchó solo en su cabeza.

Por favor.

Bella cerró los ojos, iba a contestar cuando una voz familiar y real sonó cerquita de su oído.

—Sé que dijimos que esperaríamos un tiempo, si aún no puedes decirlo lo entiendo, pero necesito sacar esto de mi pecho. —Bella levantó la mano hacia la cabellera de Edward, él respiró profundo—. Te amo Bella —susurró contra su oído, apretó un poco más su brazo y levantó la mirada a la de ella—. Te amo —repitió.

Nicole seguía pegada a su otro costado, abrazada a su pecho, Bella lo vio a los ojos, su rostro era realmente hermoso, levantó un poco la barbilla y lo besó en los labios, Edward volvió a enterrar la cara en su cuello, sin pedirle que lo dijera de vuelta.

Ella lo amaba, con todo el corazón, pero la mirada de Esme era penetrante y dolida frente a ella, cerró los ojos y le asintió a su suegra, lo haré, articuló solo para ella, Esme le sonrió y empezó a desvanecerse, el eco característico llenó su cabeza.

Sí.

Siempre.

Todos los días.

Cerró los ojos con fuerza y se aferró a Edward, se lo diría, le contaría todo y luego le diría que lo amaba más que a nada ni a nadie.