CAPÍTULO 38
- Mmm, ángel, tienes los pechos más grandes – susurré pasando mi lengua por el duro pezón de Caroline
- Nik, por favor… - suplicó
- Qué sucede, cariño? – pregunté burlón
Hacía más de una hora que nos habíamos metido en la cama y me había dedicado a atormentar a mi dulce mujercita teniéndola al filo del orgasmo, sin dejarla caer en él. Acostado entre sus piernas, sostenía sus manos por sus muñecas mientras mi lengua y mi respiración recorrían su cuerpo con lujuria.
- Te necesito ahora…
- Estás segura? – pregunté bajando hacia su centro y soplando sobre él mientras Caroline se retorcía
- Por favor… - rogaba y me excitaba más si podía
Solté sus manos y me concentré en su sexo chorreante. Sólo con mi lengua me dediqué a darle placer, la lamía, la chupaba y soplaba dentro suyo respirando el olor a sexo que se desprendía de su cuerpo. Me alejaba cuando la sentía acercarse al orgasmo viéndola retorcerse.
Estaba tan duro y excitado que sabía que no tardaría más de cinco embestidas en correrme cuando la penetrara y quería que para ella fuera igual.
- Nik, por favor, te necesito – me pedía con frustración
Con mis dedos separé sus labios íntimos y me dediqué a soplar aire caliente sobre su clítoris. Caroline se retorcía mientras yo sostenía sus piernas completamente abiertas impidiendo que las juntara para calmar su ardor.
- Nik! – gemía desesperada
- Estás lista, nena?
- Sí! Por favor…
Sin siquiera pensarlo la empalé de una estocada enterrándome en ella cuan largo era. Gimió y enredó sus piernas en mi cintura moviéndose contra mí. Me salí casi completamente de su cuerpo para volver a penetrarla esta vez más lentamente.
- Nik, voy a correrme muy pronto – dijo entre gemidos
- Y yo, cariño – expliqué volviendo a moverme fuera y dentro de ella
La acometí una, dos y hasta diez veces cuando con sus talones sobre mis glúteos me apretó contra ella retorciéndose de placer. Sin permitir disminuir la profundidad de la penetración comenzó a moverse en círculos sobre mis ingles y me obligó a derramarme sin poder detenerme, a la vez que profería un grito prueba de su orgasmo. Los espasmos la recorrieron hasta que finalmente se desplomó sobre el colchón llevándome con ella.
Estábamos tumbados recuperándonos de un orgasmo agotador cuando el timbre sonó insistente, sacándome lentamente del sueño en el que me estaba sumergiendo.
- Yo voy – me susurró Caroline separándose de mí para ponerse rápidamente el pijama que había quedado esparcido por la habitación
No me sentía con fuerzas para moverme aunque sabía que debería ir a ver quién había venido. Confiaba que fueran visitas para Caroline, ya fuera Katherine, Hayley o Rebeca de modo que yo no tuviera que levantarme.
El grito estridente de Amara me sacó de mi letargo
- Quién te crees que eres tú para preguntarme qué hago aquí?
- No grites en mi casa – escuché la suave respuesta de Caroline y me sentí orgulloso y feliz de que por fin se pusiera al mando dándose a sí misma el lugar que le correspondía.
Sin embargo no pude dejar de preocuparme. Una desquiciada como Amara podría hacerle daño o golpearla poniendo en riesgo su salud o la de nuestro bebé, por lo que rápidamente me puse mi bóxer y salí al salón.
- Qué quieres ahora, Amara? – bufé acercándome a ellas que estaban en la puerta de entrada
- Tenemos que hablar – espetó esquivando a Caroline para entrar en la casa
- Es que no lo entiendes? No tenemos nada de qué hablar. Quiero que te vayas de nuestra casa ahora mismo – dije pasando mi brazo sobre los hombros de Caroline y acercándola a mí
- Klaus, por favor – dijo amenazante – Es que no te has dado cuenta todavía que no estaba bromeando?
Rodé los ojos y apreté a Caroline contra mí
- Creo que deberemos irnos a vivir a otro sitio, cariño – dije contra su pelo y sus brazos rodearon mi torso – Un sitio donde no nos encuentre nadie y nos dejen en paz
- No te burles de mí, Klaus – gritó Amara al sentirse ignorada
- Ya está bien, Amara – grité hastiado – Qué quieres? Dilo de una vez, márchate y no vuelvas a aparecerte frente a mí o a mi mujer o te pondré una denuncia por acoso, y puedes estar segura que lo haré y eso sí manchará tu imagen frente a tu círculo de amigos.
- Que hablara con Bonnie no te ha dejado claro que cumpliré todas mis amenazas?
- Si lo que quieres decir es que hablarás con Grayson sobre sus acciones en la clínica de Michael, déjame decirte que no me importa en absoluto. Mi padre está muerto para mí.- ella no sabía cuán cierto era esto. Mi padre había muerto para mí en el mismo momento que sugirió hacerle daño a mi hijo.
- No es verdad, sólo lo dices para que no cumpla mi amenaza. Sé cuánto te importa tu familia.
- Mi familia está de pie junto a mí. Tenlo en cuenta.
- No me dejas opción – dijo con una sonrisa petulante
Fastidiado la cogí del brazo y la dirigí hacia la puerta dejándola del otro lado.
- Tendrás noticias mías! – gritó furiosa cuando ya la puerta se había cerrado con un golpe
- Cuándo acabará esto, Nik? – susurró Caroline enterrando su rostro en mi pecho desnudo
- Ya ha acabado, ángel. Si vuelvo a verla la haré detener por la policía.
- No lo harías – sonrió
- Vaya que sí lo haré, puedes estar segura
Me agaché y pasé mi brazo por la parte trasera de sus piernas enganchándola y levantándola en brazos para llevarla al dormitorio.
- Sigamos con lo nuestro – susurré riendo contra ella
Estaba preparando el desayuno mientras Caroline seguía en la cama durmiendo cuando el teléfono sonó en mitad de la siguiente semana.
- Diga? – contesté apretando el teléfono entre el hombro y la oreja, con las manos ocupadas en poner sirope sobre las tortitas
- Nik. Hola, cariño. Te he despertado? – la voz de Esther sonaba preocupada
- No, mamá, estaba preparando el desayuno.
- Cómo está Caroline, cielo?
- Bien, mucho mejor, la verdad. Ya casi no tiene náuseas, sólo algunas veces por la mañana. Aunque ahora le está dando mucho sueño y duerme todo el tiempo – sonreí con ternura
- Me alegro que lo esté pasando mejor. Lo del sueño también pasará, ya verás. Luego no podrá dormir bien así que mejor que lo haga ahora – dijo mi madre e intuí una sonrisa en su voz
- Tú estás bien, mamá?
- Ay, Nik, no quisiera preocuparte pero debes saber lo que sucedió…
- Qué es? – pregunté temiéndome más problemas, mientras me sentaba en la isla de la cocina preparándome para escuchar las malas noticias
- Es tu padre. Tiene problemas con la clínica.
- No me digas más. Grayson. – intuí
- Sí. Le dijo a Michael que va a vender sus acciones, tu padre no las puede comprar ahora, ya sabes, es mucho dinero y ahora ha estado invirtiendo en instrumental y los nuevos consultorios. Grayson dijo que si él no las compra las ofrecerá al mejor postor y nos tememos que serán los Avery…
Mi padre debía estar desesperado de solo imaginar que los Avery comprasen las acciones de Grayson. Silas Avery y su hijo Tom tenían ya una participación en la clínica, pero si adquirieran las acciones de Grayson, se convertirían en los socios mayoritarios. Silas odiaba a Michael, siempre habían competido en sus carreras. Estaba claro, Silas no dudaría en dejar a mi padre fuera de su propia clínica.
- Dijo Grayson por qué quería dejar la clínica?
- Algo así – dijo mi madre en un susurro y esperé que continuara – Dice que los Mikaelson no nos habíamos portado con los Petrova como deberíamos. Que no podía dejar de lado la humillación que le estábamos haciendo vivir a Amara…
- Entiendo – suspiré – Michael debe estar furioso conmigo otra vez
- No es tu fan número uno ahora mismo – confesó
- Mamá, puedo arreglar las cosas para Michael. Tengo algunas inversiones que me darían un muy buen rédito si las vendiera. No tengo intenciones de permitir que Michael pierda la clínica, no soy un desgraciado…
- Lo sé, cariño, lo sé. No estoy segura de que tu padre quiera pedirte ayuda, pero tal vez si pudieras decirle algo… - sugirió mi madre
- Quédate tranquila, mamá, lo haré. Le ofreceré mi ayuda y no es porque se la merezca en realidad. Estos últimos días se ha comportado como un cabrón conmigo…
- Debes disculparlo, cariño, ha estado muy nervioso. Y tu decisión de romper con Amara y casarte con Caroline lo tomó desprevenido
- También fue una sorpresa para ti y no por eso me sugeriste que obligara a Caroline a abortar…
- Dime que no ha hecho eso…
- Eso es exactamente lo que hizo – aseguré – pero no te agobies, mamá, veré qué puedo hacer para ayudarle
- Gracias, hijo, sabía que tú me ayudarías. Saluda a Caroline de mi parte y recuerda que te quiero mucho, cariño.
- Y yo a ti, mamá
Colgué y me volteé para coger la bandeja del desayuno, cuando vi a Caroline bajo el quicio de la puerta mirándome pálida con los ojos llorosos.
- Cuánto has escuchado? – pregunté temeroso
- Tu padre quiere que aborte? – preguntó en un susurro
- Ángel – dije acercándome a ella y envolviéndola en mis brazos – No quería que supieras nada de esto…
- Por qué? Por qué quiere eso? No quiere que su nieto sea hijo mío
- No hagas caso, nena. No voy a defenderlo porque sé que está enfermo, pero en realidad creo que sólo está dando palos de ciego. Teme las acciones de los Petrova y dice lo primero que pasa por su mente
- No dejaré que se acerque a mi hijo – dijo enérgica – Si es capaz de sugerir que le haga daño, nunca dejaré que le vea. Lo siento porque es tu familia, pero no permitiré que tu padre tenga un nieto mío
- Estoy de acuerdo contigo – sonreí – Pero quiero que me prometas que no dedicarás ni un solo pensamiento a mi padre ni a sus estúpidas ideas
Asintió y dejamos el tema atrás intentando hacer lo mismo con la angustia. Brevemente le expliqué a Caroline lo sucedido con Grayson y mi oferta de ayuda a mi padre y lo aceptó tan rápidamente que supe que no era verdad que alejaría a mi padre de su nieto si éste algún día buscaba acercarse. Ella era mucho mejor que eso.
Mi ángel seguía siendo un ángel sin importar lo cruel que la gente y la vida pudieran ser con ella.
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