Disclaimer: Harry Potter y sus personajes son propiedad de J.K.R.


Esa mañana el comedor estaba bastante silencioso. Hugo y los demás apenas habían conseguido alcanzar ayer la primera fase para ser animagos. Pero al parecer eso había sido demasiado para sus cabezas, así que ninguno de ellos estaba de humor para hablar. Incluso esa mañana Lily había pasado de ponerse sus lentillas y ahora lucía una cara somnolienta con unas pequeñas gafas blancas encima de su nariz.

El repentino bateo de unas alas les llamó la atención.

—Las cartas de Hogwarts —anunció Lisa con voz monótona, viendo entrar al grupo de lechuzas con sobres amarillentos en sus patas y deteniéndose enfrente de cada uno de ellos.

Nadie se movió.

—Creo que quieren que las cojamos —dijo Colin, viendo como las lechuzas empezaban a impacientarse.

—Ya... —Hugo miró fijamente su lechuza—. ¿Podéis volver esta tarde? O mejor mañana.

La lechuza ululó con aire indignada y picoteó el dedo del pelirrojo.

—¡Ay! ¡Vale! Ya lo entiendo. —Con una mueca Hugo desató la carta y la lechuza, después de golpear la cabeza de Hugo con sus alas, se marchó volando junto al resto de la bandada—. Estúpido pájaro.

Quejándose el chico abrió su carta y sacó la lista del material escolar de ese año. Fue entonces cuando se dio cuenta de que su carta parecía ligeramente más abultada. Extrañado, Hugo dio la vuelta a la carta y sobre su mano extendida cayó una pequeña insignia de color verde con la serpiente de Slytherin y una P plateada. Hugo la reconoció al instante: era una insignia de prefecto.

Estaba tan pendiente de la insignia que no se fijo que alguien se acercaba a él por detrás.

—¡Vaya! ¡Prefecto! —exclamó Theo, sobresaltando al pelirrojo.

—¿Tú también, Hugo? —preguntó Lisa.

—¿Cómo qué "tú también"? —preguntó Hugo de vuelta. Sonriendo, Lisa levantó su mano y le mostró una insignia igual a la de Hugo—. ¿Los dos somos los prefectos de Slytherin?

—Eso parece —respondió Lisa felizmente.

—Genial. Mis dos mejores amigos son los prefectos. Podré hacer lo que quiera... ¡Muajaja...! ¡Agh!

—Idiota —bufó Marina mientras bajaba la cuchara que había usado como catapulta para mandar parte de sus huevos revueltos a la garganta del rubio.

—Tampoco hace falta que os lo creáis tanto —dijo en ese momento Colin—. No sois los únicos que habéis sido escogidos como prefectos de vuestras casas.

—¿Tú también eres prefecto? —preguntó Serena sorprendida—. El mundo se va a la mierda.

—¡Eh!

—¿Y tú, Lily? —preguntó Anne a su novia con una sonrisa—. ¿Lily? —Anne frunció el ceño al ver que ella no respondía—. ¿Qué ocu... ¡¿Capitana del equipo de quidditch y prefecta?!

Lily simplemente asintió, mostrándoles las dos insignias a sus amigos.


Ron cerró la puerta de su nuevo despacho con un golpe seco. Varias personas que estaban trabajando por allí cerca levantaron sus cabezas, pero inmediatamente las volvieron a bajar ante la mirada del hombre.

Abriéndose paso entre ellas, Ron pudo entrar en unos de los ascensores casi vacíos del Ministerio de Magia. Un par de minutos más tarde el pelirrojo se hallaba reunido en una de las mesas de la cafetería con su hermana y su esposa.

—¿Cómo lo está llevando Harry, Ginny? —preguntó Ron, mientras tomaba un sorbo de su café.

—No lo lleva mal del todo —respondió Ginny, tras meditarlo un poco—. A veces se siente un poco deprimido por lo del despido, pero la mayor parte del tiempo está alegre. Dice que cuando los chicos vuelvan a Hogwarts, él buscara otro trabajo. George dice que estará encantado de tenerlo trabajando en la tienda. Según él las ventas de dispararán si el Elegido está atendiendo detrás del mostrador.

Ginny sacudió la cabeza, ocultando una sonrisa divertida. Bebió un poco de café y continuo hablando:

—¿A Rose también le ha llegado hoy la carta de Hogwarts?

Nada más oír esa pregunta tanto a Ron como a Hermione se les dibujaron la misma sonrisa tonta en la cara. Ginny los observó con una cara divertida.

—Me tomaré eso como un sí. Y dejadme adivinar, ella es la nueva Premio Anual del curso.

—¿Cómo lo has sabido? —preguntó Hermione, luciendo sorprendida.

—Era lógico suponerlo. —Ginny rió ligeramente—. Además, Albus también es el nuevo Premio Anual, aparte de que lo han escogido como capitán del equipo de quidditch.

—¡Vaya! —exclamó Ron, sonriendo—. Pues tendremos que celebrarlo pronto.

—Cuando Hugo y Lily vuelvan. Solamente quedan dos semanas —dijo Hermione mientras se ponía de pie—. Tengo que irme para acabar unos informes.

—Voy contigo. Tengo que acabar el artículo sobre el Wigtown Wanderers para la edición de esta noche.

Así que las dos mujeres se levantaron para regresar a su puesto de trabajo, dejando a Ron a solas.


Sin dudas, Harry había estado más veces de las que hubiese querido en el despacho del director de Hogwarts. Pero aquella era la primera vez que lo hacían venir en pleno verano.

Había ido, preguntándose para que lo habían convocado allí. Tal vez James había dejado suelto a un león salvaje en medio de la escuela para celebrar su graduación, y éste se había comido a los elfos domésticos de la cocina. Cosas más raras había hecho su hijo.

Pero lo que nunca se espero fue aquello:

—¿Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras? ¿Yo? —Harry se quitó las gafas y las limpió con un pañuelo. Como si aquello afectase a su oído—. ¿De verdad?

—Por supuesto que sí, señor Potter. —La directora McGonagall sonrió levemente—. La señora Macmillan está embarazada, así que Ernest ha decidido quedarse con ella lo que dure el embarazo. Pero antes me sugirió su nombre para el puesto de profesor.

—Ya veo. Pero... ¿está segura de que quiere que sea yo?

—Por supuesto. Usted, señor Potter, es un mago cualificado para el trabajo. Al fin y al cabo fue el jefe de la Oficina de Aurores hasta hace relativamente poco. Por si fuera poco, la gran mayoría le admira y/o sienten respeto hacia su figura.—La directora le miró con diversión brillándole en los ojos—. Además, ¿no fue en su quinto año donde estuvo enseñando a compañeros suyos Defensa Contra las Artes Oscuras?

—Igualmente pienso que sería mejor alguien que hubiese estudiado para ser profesor —dijo Harry, ganándose un suspiro por parte de la profesora.

—Veo que sigue igual de terco que siempre. Mire, piénselo y ya me dirá si acepta o no.

Harry asintió en silencio y, tras despedirse, regresó a su casa.

Esa misma noche, mientras Harry y Ginny estaban en su dormitorio a punto de meterse en la cama para dormir, Harry le comunicó la noticia de su nueva oferta de trabajo a su esposa.

—Eso es genial. Deberías de aceptarla —dijo Ginny al instante en que Harry terminó de hablar.

—¿Estás segura? No creo que sirva para el puesto. Además de que están Arthur y Ariana... —comentó Harry mientras la pelirroja ponía los ojos en blanco.

—Claro que sirves para ese trabajo —replicó Ginny, tomando el rostro del hombre entre sus manos—. Y no te preocupes por los niños, que yo puedo encargarme perfectamente. Además, ¿Neville no vuelve a su casa casi todos los fines de semana? Seguramente tú también puedas hacerlo.

Harry permaneció en silencio por un pequeño corto espacio de tiempo, antes de asentir lentamente.

—Creo que aceptare ese trabajo —respondió al final.


Ese primero de septiembre había amanecido con una tormenta. Mientras Hugo y su hermana cruzaban la barrera que separaba en andén nueve y tres cuartos del mundo muggle, el chico no dejaba de pensar en sus clases de animagia.

A decir verdad no habían avanzado como a Hugo le hubiese gustado que lo hiciesen. Solamente podían transformar sus orejas y sus manos (aunque Hugo había ido un poco más allá y también era capaz de hacer que le creciese el hocico de un zorro). Según el señor K aquello era un avance fabuloso para chicos de quince años y que no tenían nada de que preocuparse.

Dado que aún faltaba casi una hora para que el tren partiese, no habían muchas familias en el andén. Hugo miró a su alrededor, en busca de sus amigos, pero no encontró a nadie. A los que si vio fue a los Dursley. Los señores Dursley estaban hablando con otra pareja mientras la pequeña Trucy se mantenía detrás de ellos. Un poco más apartada se encontraba Nicole, hablando con un chico de cabello negro y ojos castaños.

—Hola, Hugo —saludó Nicole en cuanto vio como el pelirrojo se acercaba a ellos. Hugo le devolvió el saludo y estaba a punto de saludar al chico, pero se quedó vacilando—. ¡Oh! Perdona. Hugo, él es Simon Finch-Fletchley. Va a Hufflepuff y es de mi curso. Simon, él es Hugo Weasley. El primo de mi prima. Su padre es el hermano de mi tía —le explicó rápidamente.

—Ya veo. —Simon sonrió—. Encantado de conocerte, Hugo.

—Lo mismo digo —correspondió Hugo al saludo.

Los tres se quedaron en silencio, hasta que Nicole le lanzó una mirada a Simon. Éste rodó los ojos y dijo:

—Creo que he visto a unos conocidos por ahí. Nos vemos después, Nicole. —Y dicho eso se marchó como alma que lleva el diablo.

—Idiota —murmuró Nicole.

—¿Decías algo? —le preguntó Hugo con curiosidad.

—Nada. Esto... ¿cómo te han ido las vacaciones? —preguntó Nicole, poniéndose el pelo detrás de la oreja.

—Bastante bien —respondió Hugo—. Soy el nuevo prefecto de Slytherin.

—¿En serio? Vaya. ¡Felicidades! —Nicole le sonrió abiertamente.

—Gracias —le agradeció Hugo, quien también sonrió. Ambos permanecieron así unos momentos, hasta que Nicole apartó la mirada mientras se sonrojaba.

Antes de que alguien pudiese hablar, Hugo sintió como alguien le abrazaba del brazo.

—Hola, Marina. —Hugo sonrió ante el gesto de su novia.

—Hola. —Marina se separó ligeramente de él, con una sonrisa en sus labios.

Nicole, que por algún extraño motivo se encontraba de repente malhumorada, carraspeó sonoramente.

—Ya nos veremos en otra ocasión —se despidió Nicole alejándose de la pareja.

—¿Qué le ocurre? —preguntó Hugo con el ceño fruncido. Marina suspiró a su lado.

—Nada, Hugo. Nada. —Por el tono de su voz, Hugo adivino que Marina si sabía que le ocurría a Nicole, pero prefirió no hurgar en el tema. A veces su hermana, cuando estaba en esos días del mes, se enojaba por nada. Tal vez a Nicole le ocurría lo mismo.

El tiempo pasó y por fin llegó las once en punto. Hugo y sus amigos, tras despedirse de sus familias, abordaron el tren para dar comienzo a un nuevo curso en Hogwarts.


Hola gente.

Trigésimo sexto episodio con vosotros.

Sé que dije que explicaría la historia de Stan y Karen en este capítulo. Pero al final se me ha pasado, así que ya la explicaré. También se ha descubierto uno de los secretos de Lily. La chica necesita llevar gafas, pero usa lentillas.

Bueno, en el siguiente curso empezará oficialmente el quinto año, donde veremos a los chicos sufriendo por los TIMO y el desempeño de Harry como profesor de Hogwarts.

Espero que os haya gustado.

Se despide,

Grytherin18-Friki