Don't you remember

Capítulo 34

Cuando Sebastian llegó a casa, encontró a Kurt sentado en el sofá, con el rostro enrojecido y riéndose, sus manos cubrían la mayoría de su rostro. Sebastian reconoció instantáneamente la competición de baile que ellos estaban teniendo en la pantalla; había sido después de que todas las formalidades se habían llevado a cabo en su banquete de bodas y sus amigos los había empujado a la pista de baile para hacer algo "loco". Kurt siempre había insistido en que él había ganado pero Sebastian siempre se había asegurado a sí mismo, que él había sido un mejor bailarín, incluso si algunos de sus movimientos había causado que los miembros más mayores de la audiencia, se ruborizaran y apartaran la vista. No le importaba… no cuando los ojos de Kurt si habían iluminado juguetonamente y le había respondido de la misma manera.

Dejando caer sus llaves y bolsa, Sebastian se sentó junto a Kurt. Este no le miró, estaba viendo el resto del baile por ente sus dedos, sus hombros moviéndose en un intento de aguantarse la risa. No fue hasta que la canción terminó y se vio a sí mismo en la pantalla abrazar a Sebastian, acompañado de los silbidos y palmas de sus amigos, que Kurt apartó sus ojos de la pantalla y bajó su mano.

-Hola – dijo cuando finalmente se volvió a mirar a Sebastian.

-Hola – contestó Sebastian.

Se inclinó para darle un beso que Kurt aceptó mucho más fácilmente que esa mañana. Él incluso levantó su mano para acariciar la mandíbula de Sebastian durante los segundos que sus labios permanecieron conectados antes de alejarse. El beso había sido corto pero había conseguido hacer exactamente lo que los besos tras volver de trabajar suponían… drenar la tensión del día del cuerpo de Sebastian incluso si era solo por un momento.

-Así que veo que finalmente te decidiste a mirar nuestra boda – dijo después de reclinarse contra el sofá.

-Sí – dijo Kurt, girando sus ojos hacia la pantalla donde Rachel y Blaine estaban cantando una canción que habían compuesto para Sebastian y Kurt.

-¿Es esa…? ¿La escribieron ellos? – preguntó Kurt cuando oyó la letra.

Sebastian asintió.

-Blaine compuso la música y Rachel escribió la letra.

-Wow – suspiró Kurt.

-Lo sé – dijo Sebastian, sus ojos se posaron en el rostro de Kurt, donde la sorpresa se mostraba en sus rasgos.

Permanecieron en silencio por un momento mientras la cámara se movía hasta enfocar a Kurt y a Sebastian que estaban viendo la interpretación con ojos acuosos. Una vez que se acabó, Sebastian cogió el mando y pausó el video.

-Yo estaba viendo eso, ¿sabes? – dijo Kurt.

-Lo sé. ¿Por qué mirar mi versión digital cuando tienes al real aquí mismo? – preguntó Sebastian con un guiño.

-Lo siento por explotar tu burbuja pero no estaba exactamente centrado en ti.

-¿Estás diciendo que no estabas centrado en mí cuando veías el video de nuestra boda?

Kurt sonrió y negó con la cabeza.

-Había cosas mucho más interesantes que ver.

-¿Cómo cual?

-Como la hija de Finn y esa canción original y los centros de mesa…

-¿Has preferido mirar a los centros de mesa antes que a tu magnífico marido? – preguntó Sebastian, medio ofendido medio en broma.

-¿Magnífico? – dijo Kurt alzando una ceja. – Los centros de mesa eran magníficos.

Movió la mano hasta el regazo de Sebastian para coger el mando.

-Ahora, si has terminado pinchándome para conseguir inyecciones para tu ego, quiero volver al video e intentar recordar más cosas.

-Buena suerte con eso – dijo Sebastian, levantándose en el momento en que el video empezó de nuevo – Si necesitas ayuda recordando cualquier cosa, estoy seguro de que los centros de mesa contestarán todas tus preguntas.

El pie de Kurt chocó con su espinilla, solo lo suficientemente fuerte como para que una ola de dolor recorriera su pierna. Cuando Sebastian le lanzó una mirada de muerte por encima de su hombro, Kurt le sonrió.

-Eso es por lo de esta mañana.

-Tal vez, los centros de mesa te harán la cena también – gritó Sebastian mientras se dirigía al dormitorio.

-Así que – dijo Kurt, poniéndose la servilleta en su regazo, después de que ellos se sentaran a cenar - ¿Cómo te ha ido el día?

Sebastian detuvo el tenedor lleno de pasta a mitad de camino de su boca. La expresión del rostro de Kurt era formal, su postura torpe y rígida mientras esperaba la contestación de Sebastian.

-Kurt – dijo Sebastian, intentando ocultar una sonrisa - ¿Qué estás haciendo?

-Preguntándote como te ha ido el día – dijo Kurt con la misma formalidad rígida.

-Como un mayordomo preguntándome si quiero que me sirva más vino.

Kurt apartó la mirada, sus mejillas enrojeciéndose.

-Supuse que era algo que hacíamos. Sentarnos a cenar y hablar de nuestro día como…

-¿Una pareja casada? – terminó Sebastian por él.

No pudo evitar la sonrisa que se extendió por su rostro al pensamiento de cómo Kurt estaba intentando usar como base para su matrimonio las películas románticas que había visto.

-Esto no es definitivamente como hablamos de nuestro día – dijo Sebastian, señalando hacia la mesa – No somos tan civilizados. Lo intentamos pero nuestros horarios locos no nos suelen dar el lujo de tener una cena "adecuada".

-¿Cómo suele suceder entonces? – preguntó Kurt.

-Nosotros hablamos mientras cepillamos nuestros dientes y tiramos la basura.

Por supuesto Sebastian no estaba diciendo exactamente la verdad, pero valía la pena con tal de ver el rostro de Kurt contraerse con asco.

-¡Egg! – Sebastian se echó a reír – Eres asqueroso. Estamos cenando por Dios.

-Lo siento, ¿Sigues en nuestra fase de luna de miel? – Dijo Sebastian con una sonrisa - ¿Rompí el romance de nuestra boda con la vida real?

Kurt le miró, sus mejillas rojas ya sea por enfado o vergüenza. Sebastian masticó un poco de su pasta y tuvo misericordia por las imágenes que deberían haber estado atormentando a Kurt en ese momento.

-Estoy bromeado – dijo, poniendo los ojos en blanco cuando la intensidad de la mirada de Kurt se incrementó.

-Recuérdame no preguntarte nada más – dijo Kurt, volviendo a su plato.

Sebastian le miró por un momento, recordando los consejos que uno de los artículos que había encontrado en su búsqueda de manera de tratar la amnesia. Decía algo así como que había que repetir rutinas para agilizar las memorias. Kurt y él no tenía un patrón fijo sobre como cenaban o hablaban sobre su día. Raramente, era tal y como estaba ahora, sentados en la mesa y hablando entre bocados de comida. A veces, cuando uno de ellos prepararía un baño para el otro, ellos hablarían entre sorbos de vino y empapándose en agua caliente y aceites de baño. En una ocasión, ellos estaban teniendo una conversación sobre lo frustrantes que eran sus jefes mientras hacían el amor hasta que Sebastian comprendió que Kurt estaba hablando sobre su madre mientras intentaba quitarle la camisa, y eso acabó rápidamente con la conversación… y con su erección.

Ese no era un escenario que Sebastian pudiera repetir por el momento pero todavía había una gran cantidad de noches para elegir. Incluso si no conseguían que Kurt recordara nada explicito, eso sería mejor que acrecentar esas fantasías sobre su día a día.

-¿Qué estás haciendo? – preguntó Kurt mientras Sebastian retiraba la silla y se levantaba.

-¡Woa! – dijo, dejando caer su tenedor cuando Sebastian se quitó la camiseta con un único movimientos - ¿Qué estás…?

-Vamos – dijo Sebastian, cogiendo su plato y moviéndose hacia el sofá. Kurt no le siguió inmediatamente pero en el momento en que Sebastian había finalmente encontrado la lista de reproducción que buscaba en el Ipod, Kurt estaba de pie al lado del sofá con su plato en las manos, dubitativo.

-¿Qué estamos haciendo? – preguntó cuando Sebastian se sentó.

-Lo que hacemos normalmente – contestó Sebastian, señalando con la cabeza hacia el sofá.

-¿Normalmente tú cenas sin camiseta?

-Sí – dijo Sebastian, comiendo un bocado de pasta y dándole una enorme sonrisa a Kurt. En el segundo en que este se había sentado, Sebastian levantó las piernas y posó sus pies en el regazo de Kurt, reclinándose contra el brazo del sofá.

-¿Sabes que Rick the Dick (el capullo) me ha gritado dos veces hoy? – dijo sorprendiendo a Kurt – Gracias a Dios por Jon o habría perdido los papeles y renunciado en el momento. No podemos realmente permitirnos que pierda mi trabajo pero Jesús a veces solo quiero darle una patada en las pelotas. Algo así como ¿qué más quieres de mí? He hecho todo lo que me ha pedido, fui a trabajar incluso mientras mi marido estaba en el hospital y simplemente pido cinco días libres para cuidar de él y mi jefe actúa como si hubiera estado de vacaciones todo este tiempo.

Kurt estaba mirándole, simplemente mirándole como si fuera una criatura del espacio exterior.

-¿Puedes recoger la ropa de la lavandería mañana? – continuó Sebastian – Lo haría yo pero no voy a tener tiempo. Voy a ir directo al gimnasio después de trabajar porque si Rick the Dick sigue así voy a necesitar soltar algo de tensión y ya que tengo que ir a hacer la compra…

Volvió a su comida y comió un par de bocados más mientras Kurt continuó mirándole. Su expresión había pasado de totalmente confuso a sospechoso pero tras un momento, él sonrió.

-Veo – dijo.

-Ves ¿qué? – preguntó Sebastian entre bocados de pasta.

-A parte de tus horribles modales en la mesa…

-No estamos en la mesa más…

-… veo lo que estás haciendo.

-¿Y eso es?

Kurt comió un bocado de su propio plato y al contrario que Sebastian, tragó antes de hablar:

-Esos artículos lo hicieron sonar mucho más fácil de lo que realmente es ¿sabes?

Las cejas de Sebastian se elevaron mostrando su sorpresa.

-Has mirado mi portátil.

No fue una pregunta; no había ninguna por la que Kurt pudiera haberlo sabido.

Kurt asintió, dudando por primera vez.

-¿Debo disculparme? Supuse que estaba bien echar un vistazo viendo como tú conocías perfectamente el contenido de mi portátil.

-Está bien – dijo Sebastian - Simplemente no quería que te enteraras de esos artículos pero de cualquier manera, no son un secreto que esté intentando ayudarte.

-Y yo lo aprecio – dijo Kurt – Pero no te dejes llevar por falsas esperanzas porque eso no funciona así.

-Lo sé – dijo Sebastian – Pero ha funcionado un par de veces por el momento. Tiene que haber algo de veracidad en sus métodos.

-Tal vez, pero no confío en ellos completamente. Eso solo nos conducirá a frustrarnos más cuando no funcionen.

-¿Pero tú confías en mí, verdad?

Kurt levantó la vista y sonrió.

-Supongo.

-Bien – dijo Sebastian, llevándose más pasta a la boca – Entonces confía en mis métodos.

-¿Métodos que implican quitarte la camisa? ¿Qué es lo que esperas conseguir exactamente con eso?

Sebastian sonrió ampliamente, curvando sus pies por lo que estos rozaran el muslo de Kurt.

-¿Estoy haciéndote incómodo?

Kurt empujó los pies de Sebastian de su regazo, haciéndole perder el equilibrio repentinamente y consiguiendo que Sebastian tuviera que hacer extraños movimientos para no caerse del sofá.

-No tanto como te gustaría – dijo Kurt suavemente, dejando su plato sobre sus piernas donde Sebastian había puesto antes sus piernas – Simplemente no entiendo lo que intentas conseguir.

-Quien sabe tal vez mi pecho desnudo y este sofá pueden despertarte algunas memorias más – dijo Sebastian, sentándose erguido.

Pensó que oyó a Kurt decir que podía vivir sin más recuerdo de esos, gracias pero no estaba seguro. De lo que estaba seguro es que cuando Kurt señaló con su tenedor a su plato y dijo:

-Esto está realmente bueno.

Lo que quería decir era que estaba jodidamente fantástico. Le recordó a Sebastian las primeras veces que había cocinado para Kurt, cuando este seguía dudando sobre hacerle cumplidos.

- No te cortes con los cumplidos – dijo con una gran sonrisa – Se que secretamente intentas adivinar lo que he puesto en la salsa. Simplemente ríndete, no voy a decírtelo.

Kurt entrecerró sus ojos por un segundo antes de sacudir la cabeza y volverse hacia su plato.

-Así que ¿supongo que Rick the Dick es tu jefe?

-Sip. Me odia.

-¿Por qué?

-¿Por qué crees?

-¿Porque eres irrespetuoso, odioso y demasiado listo por tu propio bien?

Sebastian sonrió en respuesta.

-Me conoces demasiado bien… incluso sin tus recuerdos. Pero en mi defensa, no soy directamente irrespetuoso. Incluso podría decirse, que le doy más respeto del que merece pero simplemente no me gusta y cuando alguien no me gusta… bueno, sabes cómo tiendo a ser.

Kurt se rió.

-Oh, lo sé.

-Así que ¿cómo ha sido tu día, cariño? –preguntó Sebastian en un tono demasiado alegre que hizo que la mandíbula de Kurt se apretara con enfado.

-Fue informativo – contestó.

-Pensaba que ibas a concentrarte en cosas relacionadas con el trabajo. ¿Cómo pasas de marcas de moda y los diseños de Kurt Hummel a husmear en los portátiles de otras personas y de nuestra boda?

Kurt se encogió de hombros.

-Estaba de humor.

-¿No podías haber esperado para verlo conmigo?

-Quería verlo por mi mismo – dijo Kurt y hubo algo en su tono de voz que le dijo a Sebastian que había una razón más profunda para eso que simplemente no querer los comentarios de Sebastian arruinarlo todo.

-¿Has visto la versión no oficial de Blaine?

El rostro de Kurt se iluminó con una sonrisa.

-Lo vi el primero. Me encantó.

-¿Sí? – preguntó Sebastian esperanzado - ¿Qué piensas de la ceremonia?

Hubo una pausa durante la cual Kurt terminó el resto de su cena y se inclinó para dejar su plato en la mesa de café.

-No fue exactamente la boda de ensueño que tenía en mente a los dieciocho años – dijo, inconsciente de cómo el corazón de Sebastian se aceleró con sus palabras – Pero los cambios fueron una placentera sorpresa. Me parece que lo mismo se puede decir del resto de mi vida también.

Cuando Sebastian comprendió sus palabras, su rostro se iluminó con una sonrisa.

-¿Escucho un cumplido oculto en esa frase? – dijo - ¿Estás diciendo que haberte casado conmigo es una placentera sorpresa?

Kurt le ignoró, pese a que no pudo suprimir su sonrisa. Hizo que el cuerpo de Sebastian se inundara con calidez.

-Bueno, ciertamente has cambiado de opinión – dijo.

-¿Quién dice que estaba hablando de nuestro matrimonio? – dijo Kurt, levantándose y moviéndose hacia la mesa del comedor.

-No me digas que la placentera sorpresa es algo ridículo como el colorido jarrón junto a la puerta – gritó Sebastian a su espalda.

Kurt se sirvió un vaso de agua y se recostó contra la silla, sus ojos juguetones tal y como habían estado al ver su concurso de baile.

-Bueno, es un jarrón muy bonito.

Si Sebastian no hubiera sido tan jodidamente feliz de tener a Kurt en frente de él bromeando fácilmente, coqueteando de una manera que seguía siendo nueva para él pero familiar para Sebastian, este podría hacer respondido con otra pulla. Pero todo lo que pudo hacer fue inclinar su cabeza y besar la esquina de su boca.

-He extrañado volver al hogar, a ti – dijo con voz suave, acariciando la mejilla de Kurt.

La expresión se Kurt se suavizó con comprensión. Pero Sebastian estaba seguro de que él no podía hacerse a la idea de lo horrible que había sido para él volver a casa a un apartamento vacío en las pocas noches en las que Burt o Blaine habían conseguido que se fuera a casa y descansar en lugar de quedarse en el hospital. Kurt nunca podría saber cómo se sentía cuando él abrió la puerta de entrada y encontró su apartamento en silencio, desprovisto del zumbido que siempre parecía aparecer donde fuera que Kurt estaba, como él había usado el gel de baño de Kurt para envolverse en el aroma de su marido, como había dormido en el lado de la cama de Kurt llevando sus pijamas, y abrazando la almohada de Kurt… cualquier cosa con tal de sentir que estaba físicamente junto a él.

Acunó el rostro de Kurt con su mano, corriendo su pulgar contra su pómulo antes de inclinarse y besarle una vez más. Pero al igual que esa mañana, Kurt giró la cabeza en el último segundo excepto que esta vez, estaba presionando sus labios juntos e intentado no sonreír.

-Ajá – dijo cuando el volvió a girar su cabeza para encontrarse con la mirada de Sebastian - ¿Podemos hacer esto cuando no estés sin camisa?

Sebastian miró a su pecho desnudo, habiendo olvidado que no estaba llevando una camisa. Una carcajada escapó de sus labios al comprenderlo, y dio un paso atrás, buscando la camiseta que había descartado en la silla junto a él.

-¿Está esto bien? – preguntó una vez que se había puesto la camiseta de nuevo.

Kurt dio un paso adelante en un obvio sí a esa pregunta, su mano elevándose hasta reposar en la nuca de Sebastian. Sus labios estaban mojados y resbaladizos del agua que había estado bebiendo pero ellos casaban a la perfección con los de Sebastian, maleables bajo los suyos. La cálida y sólida presión de su cuerpo contra el de Sebastian, recordándole a este como había pensado durante un momento que había perdido la oportunidad de volverlo a hacer. La ola de gratitud que le recorrió al pensarlo hizo que se acercara aún más a Kurt, pasando su brazo por detrás de su cintura y elevando la otra mano hasta su mejilla. Kurt se inclinó contra él, ladeando la cabeza y dejado su aliento escapar en contra de los labios de Sebastian, cuando estos se separaron para permitir a su lengua entrar en ellos. Había un sabor a salsa de tomate en ellos pero bajo este aún era capaz de identificar un sabor que era completamente Kurt.

No se dio cuenta de que había empezado a mover a Kurt hacia la mesa hasta que el repentino sonido de algo rompiéndose llenado el silencio, seguido de "yep" de Kurt quien se lanzó hacia el pecho de Sebastian.

-¿Qué? – preguntó Sebastian, confundido en porque el rostro de Kurt estaba contraído incómodo.

Kurt dio un paso a un lado para dejarle ver el vaso que había tumbado. El agua resbalaba por el borde de la mesa y se acumulaba en un parche en la espalda de la camiseta de Kurt.

-Está helado – dijo Kurt, pellizcando la camiseta y alejándola de su piel.

-Ve y cámbiate – dijo Sebastian, poniendo el vaso en vertical de nuevo – Yo limpiaré esto.

Cuando Kurt volvió, Sebastian había limpiado la mesa y estaba empezando a lavar los platos.

-¿Necesitas ayuda? – preguntó, reclinándose contra la encimera al lado de la pila.

-En realidad – dijo Sebastian – Desde que yo he hecho la cena, tú puedes hacer los honores.

Kurt miró la jabonosa esponja que Sebastian le ofrecía, mirando medio sorprendido pero se lo sacudió rápidamente.

-Seguro –dijo, ocupando su lugar cuando Sebastian se apartó.

Sebastian cogió una cerveza de la nevera y miró a Kurt trabajar en silencio durante un par de minutos, la música llenaba el apartamento hasta que Kurt preguntó:

-Así que, ¿cómo conseguimos encontrar arreglos alternativos para las quince personas extra?

-¿Qué? – preguntó Sebastian frunciendo el ceño.

-En el video de Blaine hubo una parte sobre alguien llamado Cameron…

-¡Oh! Oh, sí. No era un problema tan grande como quisiste hacerlo.

-Estoy seguro de que sí fue – dijo Kurt pareciendo escéptico.

-Naaa. Con un poco de dinero extra lo arreglamos – dijo Sebastian encogiéndose de hombros, tomando otro sorbo de la botella.

-¿Quiénes eran?

-¿Los extras? Primos sin invitación – dijo Sebastian poniendo los ojos en blanco – Estuviste enfadado con ellos hasta que ellos llegaron y te enamoraste de ellos.

-Tú tienes muchos primos – comentó Kurt.

-Una gran familia – dijo Sebastian encogiéndose de hombros – Mis padres fueron los únicos con un hijo único.

-¿Querías un hermano? – preguntó Kurt, mirándole como si intentara leer la respuesta en su rostro.

-No realmente – dijo Sebastian – No estaba exactamente celoso de las snobs hermanas mayores y hermanos menores quejicas que todo el mundo parecía tener.

-¿No te hubiera gustado tener un niño pequeño al que mangonear?

-Ella me hubiera adorado ¿vale? – dijo Sebastian un poco a la defensiva – Cualquiera hubiera sido afortunado de tenerme cuidando de ellos.

-Una rara expresión cruzó el rostro de Kurt; una mirada de diversión se tornó en algo mucho más suave, algo ilegible.

-Así que habría sido una ella – dijo, sonriendo - ¿Querías una hermanita pequeña?

-Si hubiera sucedido, sí, hubiera preferido que fuera una chica.

-¿Nadie que compitiera por el estatus de hijito perfecto de papá? – dijo Kurt con una mirada de comprensión.

Ambos se sorprendieron por esto e hizo a Sebastian inexplicablemente feliz la manera en la que Kurt conseguía captar todos los pequeños detalles sobre él. No había manera de que estuviera suponiendo cosas. Sebastian eligió creer que esas observaciones eran una prueba de que Kurt estaba recordando más cosas, de una manera silenciosa e inconsciente. Él tal vez no recordaba la conversación exacta en la que Sebastian le revelaba esas partes de sí mismo, pero seguía recordando… y eso era suficiente.

-Sí – dijo Sebastian sonriendo – Supongo que no me hubiera importado dejar de ser hijo único mientras siguiera siendo el único hijo varón. Pero obviamente, no tuve que pasar por eso desde que Maman nunca pudo quedarse embarazada de nuevo.

-Lo siento – dijo Kurt, cerrando el grifo y secando sus manos con el pequeño trapo junto a la pila.

-No fue nada – dijo Sebastian encogiéndose de hombros de nuevo – Toda la atención extra se enfocó en mí. Además, siempre tuve muchos otros niños alrededor a los que mangonear.

-¿Estabas cerca de tus primos? – preguntó Kurt.

-¿El hecho de que ellos se colaron en mi boda no fue un indicativo suficiente? – preguntó Sebastian, siguiendo a Kurt al sofá.

-Eso no quiere decir que estuvieseis en buenos términos. Tal vez ellos solo querían gastarle una broma sobre Sebastian Smythe siendo atando.

Los ojos de Sebastian se abrieron a más no poder con la cercanía de sus afirmaciones a la verdad. Kurt se estaba riendo pero cuando Sebastian no contestó, se giró a mirarle y frunció el ceño ante la expresión de su rostro.

-¿Qué?

-Kurt, tú no tienes… no tienes ni idea, ¿verdad? – preguntó Sebastian en voz baja.

Kurt parecía confuso.

-¿Sobre qué?

-Tú estás diciendo todas esas increíblemente acertadas frases sin ni siquiera darte cuenta – dijo Sebastian con una pequeña carcajada.

-¿Estoy?

-¿Cómo supiste que algunos de esos idiotas solo querían burlarse de mí? – preguntó Sebastian.

-No lo sé. Simplemente supuse…

-No puedes simplemente suponer…

-Sí, puedo – dijo Kurt bruscamente, la sonrisa desapareciendo de su rostro – Me dijiste que tu primera relación seria fue conmigo y que parte de tu familia encontró el hecho de que te fueras a casar pese a no haberlo considerado nunca, muy divertido.

-¿Por qué estás siendo tan cortante sobre esto? – preguntó Sebastian, frunciendo el ceño.

-No quiero convencerme de que las cosas están mejorando cuando no lo están haciendo – contestó Kurt con voz exasperada.

-Pero eso no es verdad…

-Mira, aprecio tu ayuda y sí, estoy encantado de que haya empezado a recordar más cosas pero no quiero ir por ahí confundiendo información que he juntado por otras fuentes por recuerdos reales.

Hubo una tensa pausa tras sus palabras, donde Kurt miraba a la pared enfrente suya y Sebastian miraba a Kurt. Tomó una profunda respiración antes de acercarse y posar una mano en la rodilla de Kurt.

-Hey – dijo suavemente pero Kurt no le miró a los ojos – Vale, tal vez algunas de esas ideas son suposiciones brillantes pero eso no cambia el hecho de que sabes cosas sobre mí que la mayoría no conoce y que definitivamente no te he contado tras el accidente.

Kurt le miró finalmente a los ojos.

-¿Cómo qué?

-Pequeñas cosas – dijo – Como no querer un hermano que compitiera por el premio de hijo del año.

-Eso no es realmente…

-Sí que es – dijo Sebastian enérgicamente, interrumpiéndole – No lo entiendes, Kurt. Soy una persona extremadamente privada cuando quiero ser. He tenido relaciones sexuales con gente en baños sucios sin ni siquiera parpadear pero no te conté cual era mi color favorito hasta que llevábamos tres meses saliendo porque sentía que era muy personal.

-Eso es una locura – dijo Kurt, dándole una pequeña sonrisilla.

-¿No es cierto? – dijo Sebastian con una amplia sonrisa – El punto es… podrías haber supuesto un millón de razones de por qué quería una hermana en lugar de un hermano pero la conseguiste a la primera. No me importa si tienes suerte, te diste cuenta de ese pequeño detalle sin siquiera parpadear.

Kurt asintió y se reclinó contra el sofá, cerrando sus ojos.

-Sé que quieres ser práctico y no ser demasiado optimista – dijo Sebastian – pero date algo de crédito cuando te lo mereces.

Kurt no dijo nada durante unos segundos hasta que finalmente abrió sus ojos y giró su cabeza para mirar a Sebastian.

-Eso fue una cosa mezquina que hacer – dijo – Colarse en la boda solo para reírse de ti. ¿No arruinaron todos nuestros preparativos?

Sebastian se rió, alegrándose de que la tensión se hubiera disuelto.

-No eran mezquinos, y ellos estaban dispuesto a no asistir a cualquier evento en el que no fuera posible acomodarlos en el último minuto. Acabaron gustándote.

-Mm – murmuró Kurt, moviendo sus ojos hasta el techo – Hay tantas cosas que quiero preguntarte.

-¿Los centros de mesa no te han dado respuestas satisfactorias? – bromeó Sebastian.

-Tristemente, no.

-Eso pensé.

Kurt sonrió, moviendo la cabeza para dejar que el brazo de Sebastian rodeara sus hombros antes de recostarse contra él.

-¿Qué hiciste con la tarta que hizo que me enfadara contigo? – preguntó tras un momento.

-¡Lo dejaste pasar! – dijo Sebastian.

-Estoy seguro de que dije que no lo olvidaría ni perdonaría excepto que lo he olvidado así que… ¿Qué hiciste? Tú te comportaste en el momento de hacer el primer corte de la tarta así que debió haber sido mientras no grababan.

-Me aseguré de ello – dijo Sebastian.

-¿Qué hiciste? – presionó, sonando impaciente.

Sebastian levantó dos dedos de su mano libre en frente de ellos y pasó a través del aire sobre una tarta invisible. Los labios de Kurt se separaron, abriendo sus ojos con horror.

-Por favor dime que tu no… Oh Dios mío – dijo cuando Sebastian pasó sus dedos por el lado de su rostro – Oh Dios mío, tu no manchaste mi rostro con el glaseado de la tarde en mi boda.

-Y eso no fue el final – dijo Sebastian antes de inclinarse y limpiar el patrón que había realizado con los dedos.

-¡Asqueroso! –dijo Kurt, intentado separarse pero Sebastian le tenía atrapado en su lugar con una mano en su hombro. Besó suavemente a lo largo de la piel de la mejilla de Kurt, mordiéndola, solo para aliviar el dolor con pequeños lengüetazos. Kurt dejó de intentar alejarse pero seguía haciendo sonidos de disgusto excepto cuando salían pequeños suspiros que sonaban de todo menos horrorizados. Una vez que Sebastian estuvo satisfecho de que el invisible glaseado había desaparecido, se alejó.

La mejilla de Kurt estaba mojada y con un brillante tono de rojo. La parte divertida fue que el resto de su rostro era del mismo color exacto. Sebastian sonrió pero Kurt lo ignoró, limpiando su rostro con su mano antes de hacerlo con las babas que habían caído en los pantalones de Sebastian.

-¡Eres asqueroso! –dijo – ¡Y no puedo creer que hiciste eso en frente de todos nuestros invitados!

-Nadie estaba mirando excepto nuestros amigos – dijo Sebastian poniendo los ojos en blanco – Bueno, ellos y tu papá pero hey, al menos te ayudé a limpiar.

-Era nuestra boda Sebastian, no una fiesta de cumpleaños.

Sebastian sonrió salvajemente.

-Eso es exactamente lo me que dijiste entonces.

-Y también dije que iba a vengarme – dijo Kurt – Y que iba a ser diez veces peor.

-A mí no me importa si quieres chuparme la cara – dijo Sebastian.

Kurt se separó de sus brazos y se movió hacia la esquina del sofá, mirando irritado pero no enfadado.

-Vale, no. Me siento asqueroso – dijo un segundo después y se puso de pie – Voy a lavarme la cara. No me sigas.

-Estás actuando como si te hubiera dado piojos – bromeó Sebastian.

-Has lamido mi cara.

-No ha sido la primera vez.

Su risa seguía revotando en el apartamento cuando Kurt dio un portazo tras él.

CONTINUARÁ.


Nota de la traductora: Lo siento, este capítulo debía haber sido publicado ayer pero pasé la semana bloqueada (4 páginas traducidas en 2 horas es un ritmo catastrófico para mí) Pero bueno aquí está… Cuenta atrás 8 capítulos.