CAPÍTULO 037
Richard se desperezó en aquel incómodo sillón y su mirada se desvió hasta la figura de Kate que había sido capaz de pasar toda la noche pegada a su hija sin poder cerrar sus ojos. Horas antes habían tomado la decisión de permanecer los dos juntos para hablar con Alexis según se despertase. Así que Richard acercó a Clive y a Anne hasta casa y les prometió ir a por ellos en cuanto hubiesen aclarado las pautas a seguir tanto con paciente como con el cuerpo médico.
Su móvil vibró y sin decir nada salió de la habitación.
- Rick... - Lanie, al verlo, se acercó hasta él estrechándolo en un abrazo.
- De vuelta a la ciudad.
- Como te prometí. Solo necesitaba unas semanas para volver renovada.
- Eso es bueno.
- ¿Y tú? Desaparezco y te conviertes en padre de familia.
- Creo que nos tendremos que tomar un café y ponerte al día.
- ¿Y por qué me has citado aquí? ¿Os ha pasado algo?
- Mi hija ha sido ingresada.
- ¿Alexis?
- Padece aplasia medular.
- Lo siento mucho, Rick. - apretó su brazo para darle fuerzas.
- El médico nos ha invitado a que viajemos hasta Chicago para...
- Un hijo a medida.
- Solo así nos asegura el éxito del trasplante.
- No puedo contradecirle.
Richard se sentó en una de las sillas del pasillo.
- Me has contado todo por mensajes y me has citado aquí esperando que ya estuviese en la ciudad. Y eso solo pasa cuando algo te ronda por la cabeza. - Lanie se sentó a su lado.
- La prensa.
- ¿Qué tiene que ver la prensa en todo esto?
- Ya ha estado haciendo de las suyas.
- ¿Por qué? Sabemos cómo es la prensa pero, hasta ahora, siempre te ha respetado bastante, menos cuando no te lo has merecido.
- Una ex pareja de Kate está jugando con esa baza para perjudicarnos.
- ¿Lo dejó por ti?
- Más o menos.
- Vamos, Rick, que soy tu mejor amiga.
- ¿No has leído todos mis mensajes?
- ¿Dices el centenar que me enviaste? - lo miró frunciendo el entrecejo - Sinceramente, algunos me lo salté.
- Ahí está el error. Ahora estás con la información a medias.
- Entonces, lo dejó por ti.
- Parece que no lo entiende.
- No le quedará más remedio que hacerlo.
- No quiero que la prensa utilice esta información.
- Tendremos cuidado.
- Sabes que algunos sectores son muy conservadores y lo que menos me apetece es que nuestra vida se convierta en debate.
- Si eso ocurriese, dedícate a cuidar y a ayudar a tu hija. Olvídate del resto. Y si se creen con la carga moral suficiente para juzgarte, entonces, que analicen, sinceramente, que harían en tu misma situación.
- Esto de la prensa deja de ser divertido cuanto te tomas la vida en serio. - intentó sonreír.
- Ya era hora, ¿no? Además que has intentado mantenerte en mi estado de forma pero era obvio que terminaría ganando yo.
- ¿De verdad?
- ¡Mírame! - se señaló así misma - Soy el Rey y la Reina de la fiesta de esta ciudad. Tú eres un simple aficionado. - ambos rieron.
Kate acarició la frente de su hija y dejó un tierno beso en ella. Acarició su mano y la observó detenidamente, deseando que abriese sus ojos.
- Hola. - susurró Alexis tras parpadear varias veces y ver a su madre, con la mirada perdida en el horizonte.
- Cariño... - acarició su cara - ¿Estás bien? ¿Te sientes bien? ¿Quieres algo? - preguntó estrepitosamente, cargada de nervios.
- Sí. - sonrió - ¿Qué me pasó? No... No recuerdo muy bien.
- Saliste con Clive y tuviste una hemorragia nasal. Te desmayaste.
- Yo... - cerró sus ojos instintivamente.
- Lo sabemos. - besó su frente - Lo sabemos todo.
- Quería deciros pero no sabía cómo y los días pasaban y cada vez se volvía más complicado.
- Todo está bien. No tienes que preocuparte por eso ahora.
- ¿Qué os han dicho?
- El tratamiento ha dejado de funcionar.
- Otra vez... - escondió su mirada.
- Ahora no te puedes rendir. Esto es solo un obstáculo más que salvaremos.
- No sé si tengo más fuerzas.
- Claro que las tienes. - volvió a besar su frente - Solo que tienes que recuperarte, que pasen los días y poder ver todo desde fuera de esta habitación.
- Siempre es lo mismo. Un tratamiento que falla.
- Esta vez será diferente.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque tendrás un trasplante de médula.
- Pero siempre me han dicho que es complicado a no ser que...
- No es eso. - la cortó de inmediato - Nos han dado otra alternativa. No estaremos pendientes de una lista de espera.
- ¿Otra alternativa? - pensó en voz alta - No... No puede ser.
- Sí. - Kate asintió incapaz de procesar toda aquella emoción que estaba inundando su interior - Lo haremos así.
- No... No... No... - negó con la cabeza.
- Estarás bien. Te lo prometo. - abrazó a su hija.
- No puedo pediros eso.
- Tú no nos lo pides. Lo hacemos nosotros porque queremos.
- No será justo para mi hermano o mi hermana. - susurró.
- Tu hermano o tu hermana será un héroe y cuando crezca se lo contaremos y lo entenderá. - la estrechó contra ella, con cuidado de no lastimarla.
- Pero...
- Te perdí una vez cariño, lo hice porque me dejé vencer por el miedo pero esta vez no voy a permitirlo.
- Yo...
- Eres lo más importante que tengo en mi vida. Tú padre, Anne... Os habéis convertido en mi eje.
- Pero un bebé cambiará vuestra vida.
- Sí, a mejor. - agarró su rostro entre sus manos - ¿Te imaginas lo divertido que va a ser con tu padre y tu hermanita Anne contándole fantasías al bebé?
- Seguro que intentan que caiga a su bando. - sonrió.
- Eso, no lo dudéis. - susurró Richard apoyado en la puerta de la habitación - Tengo intención de crear el batallón de la fantasía. - guiñó un ojo a Alexis.
- ¿Batallón?
- ¿No te ha contado tu madre todavía? - caminó hasta ellas.
- No. - lo miró con curiosidad.
- El bebé superhéroe no entraba en nuestros planes, eso es cierto, pero me gusta mucho la idea porque tenemos que ir ensayando para cuando lleguen los gemelos.
- ¿Gemelos? - Alexis miró a Kate.
- Eso es la imaginación de tu padre. No tengo nada que ver.
- Se hace la dura, pero en el fondo está deseando. - Richard.
- Sí, en el fondo. - sonrió Alexis.
- Oye, me toca tener gemelos por temas de generación. - les anunció convencido.
- Creo que esto va a ser divertido. - Alexis.
- Sí, lo va a ser. - Kate asintió acariciando su frente - Así que tienes que recuperarte, estar fuerte y en unos meses todo esto solo será un mal recuerdo.
Horas más tarde Richard fue en busca de Clive y Anne.
- ¿No hay nadie por aquí? - preguntó al entrar en el salón.
- Rick, Rick, Rick... - corrió Anne hacia él con sus bracitos estirados.
- ¡Vaya! ¡Qué alegría poder abrazarte! - la alzó y la estrechó contra él.
- ¿Lex?
- Ya está despierta y deseando ver a su enana.
- ¿Sí?
- ¡Claro! ¿Tú tienes ganas de verla?
- ¡Muchisisisimo!
- ¿Le vas a dar un abrazo muy grande?
- ¡Síiiii!
Clive, con el rostro contrariado, se acercó a ellos con un periódico en la mano.
- Cada vez que me miras así, tengo que echarme a temblar, Clive. - Richard.
- No lo has visto.
- ¿El qué?
- La prensa. Esta mañana.
- No. ¿Por qué? - dejó a Anne en el suelo y cogió el periódico.
- Alguien ha vuelto a irse de la lengua. - Clive.
- Cleo.
- ¿Lo crees en serio?
- ¿Quién sino? No hay otra persona.
- ¿Quién demonios será esa tal Cleo?
- No lo sé, pero lo voy a averiguar hoy mismo. - sentenció Richard tirando el periódico contra una de las cajas de la mudanza.
Richard subió y bajó de forma rápida, con una mochila con algo de recambio en ropa para Kate.
- Os dejo en el hospital y le decis a Kate que he tenido que ir a resolver un problemilla.
- Si pregunta.
- Se lo dices por encima para que no se preocupe demasiado. - Richard notó vibrar su móvil y miró la llamada entrante - ¡Mierda! La que faltaba. - observó el nombre de Paula.
- Si necesitas que te ayude en algo, solo tienes que decírmelo.
- Ya lo estás haciendo Clive. - le indicó hacia Anne que estaba entretenida con uno de sus juegos.
Richard caminó por aquellos pasillos tan conocidos para él. No tuvo que hacer mención a su nombre, ni sacar su documentación. Con un simple gesto de saludo fue atravesando cada una de las áreas, secretarias y agentes de la seguridad. Se detuvo en seco cuando se plantó ante Susan que lo recibió con una sonrisa y una mirada de cierto reproche.
- ¿Cuándo fue la última vez que apareciste por aquí, Richard?
- ¿Cuatro meses? - preguntó algo indeciso.
- ¡Exactamente! - se levantó de la silla - ¿Quién te ha dado permiso para olvidarte de la familia? - se acercó hasta él, dándole varios golpes, en el pecho, con sus dedos.
- Susan, ha sido complicado.
- ¿Sí? Pues mi enfado no es comparable al que tiene Robert. - se acercó hasta su escritorio, abrió uno de sus cajones y sacó los últimos titulares destinados a Richard y su familia - Después de todo, merecemos conocer a tu familia, ¿no crees?
- Lo siento mucho, Susan, en serio. No tengo justificación. Lo sé.
- Robert te está esperando y en cuanto tu hija salga de ese hospital, comeremos todos juntos.
- Prometido. - se acercó hasta ella y le dio un abrazo - ¿Crees que tu sobrino estará esperándome con el lanzallamas?
- Dalo por hecho. - le guiñó un ojo.
Kate subió a Anne junto a Alexis y buscó a Clive en una de las áreas de descanso del hospital.
- ¿Quieres uno? - le ofreció un café a la agente cuando la vio aparecer.
- Gracias. - asintió dando un pequeño sorbo - ¿Richard?
- Ha tenido que ir a resolver un problemilla. - susurró concentrado en la máquina expendedora.
- ¿Clive? - lo miró contrariada.
- ¿No has visto la prensa?
- No. - negó con cautela y preocupación.
- Alguien ha hablado con ellos sobre Alexis y la posible decisión de concebir un hijo a medida.
- ¿Cómo? ¡No es posible! - se sentó en una de las sillas - ¡Si no hemos hablado con nadie!
- Con Cleo o alguna filtración del hospital. Ya sabes que la prensa tiene amigos en todas partes. - se sentó a su lado.
- ¿Ha dónde ha ido Richard?
- No me lo ha dicho.
- ¿Por qué no ha subido aquí antes de tomar cualquier decisión? - pensó en voz alta.
- Porque se siente culpable.
- ¿Culpable?
- Él es el famoso frívolo, viviendo de fiesta en fiesta que termina junto a una agente condecorada y una nueva familia.
- Es una de las perlas de hoy.
- Más o menos. - asintió Clive - Pero estaba calmado, Kate. Enfadado pero calmado.
- ¿Y tú? ¿Cómo estás?
- Tengo que volver a casa, a los estudios... Me encuentro mejor pero tampoco quiero estar lejos de Alexis.
- Clive, ¿nunca te has planteado dejar tu casa?
- No tendría a donde ir.
- Podrías venirte con nosotros. Eso sí, respetando ciertas normas. - sonrió.
- No podría aceptar algo así. Ya habéis hecho mucho por mí.
- Es una oferta seria. Piénsatelo antes de tomar una decisión definitiva. Sabes que en casa hay suficiente sitio.
Richard se sentó frente a Robert con una media sonrisa. Un tanto culpable. Observando como su amigo, y alcalde de la ciudad, tenía, a lo largo y ancho del escritorio, la prensa diaria.
- Pase lo que pase en tu vida, hermano, seguirás siendo portada para todos ellos. - le señaló cada uno de los periódicos.
- Necesito que me ayudes.
- Lo que necesites. - asintió comprometido en ayudar a su amigo.
- El debate solo acaba de comenzar. Y mi hija necesita ese trasplante. Así que me da igual lo que digan. Pero lo que necesito es que mi fama y mi pasado, en el que alenté toda esta mierda, no perjudiquen a mi familia.
- No puedo controlar a todos pero podemos hacerlo con los más importantes.
- Siento tener que pedirte esto.
- Habrá prensa que no podremos controlar. Debes preparar a todos. Sabes lo que gustan este tipo de debates si el protagonista es alguien conocido.
- Solo necesito que...
- Cuentas conmigo. En todo.
- Susan me ha dicho que os debo una comida familiar.
- Por lo menos. Sabes que eres como mi hermano, Rick. Estaré apoyándoos. Y Susan hará lo que sea para cuidarte.
- Como siempre.
- Sois los hijos que nunca tuve. - Susan cerró la puerta del despacho, acercándose hasta ambos - No podré agradecer a la vida lo suficiente por haberos convertido en amigos.
- Esto es el destino. - Richard.
- Y, ahora, antes de que te vayas, ¿nos cuentas cómo volvió ella a tu vida? ¿Y por qué no la conocemos todavía? - Susan.
- ¿Algo más? - Richard.
- Y qué es lo que necesitas para ayudar a Alexis. - Robert.
