ESTA HISTORIA ESTA PUBLICADA ORIGINALMENTE EN FANFIC . ES POR SU AUTORA MISFITS Y ELLA ME HIZO EL FAVOR DE PRESTÁRMELA PARA PUBLICARLA AQUÍ
Nota de Arika Yuy Uchiha: Disculpen si los nombres de los cap están muy chafas los puse yo, no misfits aunque claro con su permiso.
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Quitando obstáculos/la llegada del Raikage
La mañana sorprendió agotados a los tres hermanos Sabuko. Incluso Gaara quien no acostumbraba dormir se sintió cansado y apoyando su tasa llena de café en el escritorio de la oficina, levantó la mirada para encontrarse con los rostros exhaustos de sus hermanos. No solo sus expresiones faciales denotaban falta de sueño sino su aspecto lucía desalineado. Las cuatro coletas de Temari carecían de la precisión con la que frecuentemente se encontraban sujetas y parecía que un niño pequeño había abotonado la camisa de Kankuro esa mañana. Gaara no se quedaba atrás, su saco rojizo oscuro llevaba desabrochado los dos primeros botones y los tres últimos, clara de señal de la prisa que llevaba al momento de vestirse.
-No sé qué asuntos los mantuvieron ocupados anoche y tampoco está en mí la voluntad de interrogarlos, pero debemos recuperarnos para recibir al Raikage –enunció Gaara al inspeccionar sutilmente a sus hermanos.
Kankuro le dirigió una mirada acusadora a Temari. Él no había estado en el Palacio del Kazekage en toda la noche así que no sabía si realmente había ocurrido algo ente ella y el Nara pero suponía lo peor. Decidió tranquilizarse para ocuparse de los asuntos que en ese momento eran urgentes. De todas maneras, no podía intervenir entre ellos, lo había prometido.
-Concuerdo contigo, ya envié un ave mensajera a la frontera así que nos avisaran tan pronto como lleguen los ninjas de la Aldea de la Nube –informó Kankuro entrando en el tema.
Temari, por su parte, posó su atención sobre la agenda dándole poca importancia a la forma en la que Kankuro la miraba. Según el último mensaje que recibieron el Raikage llegaría esa misma mañana y, conociéndolo, de seguro querría que la reunión se efectuara lo más pronto posible.
-Lo cual será dentro de muy poco, quizás deberíamos notificar a la Hokage –sugirió Temari mientras la puerta se estremecía por el golpe.
-Pase –ordenó el Kazekage esperando, al igual que sus hermanos, que se tratase de novedades correspondientes al tema que se discutía– tienes razón Temari, lo haremos cuanto antes.
-Buenos días –saludaba alegre y despreocupada Matsuri mientras ingresaba al lugar algo sonrojada.
-¿Buenos días? –Repitió Kankuro molesto para luego interrogar sarcásticamente– ¡¿Qué no ves que tenemos una junta importante aquí, rata?
-Matsuri, ya que estas aquí necesitamos que vayas a decirle a Tsunade-sama que el Raikage llegará esta mañana –ordenó la dama de la Arena antes de la chunnin pudiese responder a la ofensa del marionetista. No había tiempo para las discusiones infantiles de esos dos.
-En seguida Temari-sama –accedió la castaña notando la tensión en el ambiente y dejando rápidamente el lugar.
Cuando la kunoichi estaba por abandonar el área administrativa se encontró con Kenji hablando animadamente con grupo de ninjas y aunque llevaba prisa uno de ellos le hizo señas para que se acercara.
-¿Qué sucede? –preguntó ella intrigada por la congregación.
-Kenji-sama nos está contando de cuando él solo derroto a siete jounin de la Niebla –comunicó orgulloso uno de los genins que escuchaba atentamente la historia del Nagano.
-¿Cuando fue eso? –inquirió un tanto extrañada ella al desconocer el episodio.
-Es natural que no lo recuerdes –indicó Kenji con superioridad– fue en mis días de chunnin, tú ni siquiera eras una genin, mi querida Matsuri.
La castaña no le creyó una sola palabra pero, de cualquier forma, no pudo evitar enfurecerse por la forma en la que el pelirrojo alardeaba de sus misiones pasadas como si fuese el shinobi más poderoso de toda la Aldea. Por otra parte, observó a los genins que escuchaban atentamente todo lo que él decía y sin vacilar tomaban sus proezas como un ejemplo a seguir, solo brillo en sus ojos y palabras alentadoras salían de sus bocas y esto parecía inflar más y más el ya enorme ego de Kenji quien no dejaba de contar historia tras historia.
-Kenji-sama es genial –exclamó uno de los shinobis.
-Es muy poderoso e inteligente –alabó el más pequeño de ellos.
-Es natural que sea la mano derecha del Kazekage –opinó otro con total seguridad.
¿La mano derecha de Gaara? –Pensó Matsuri– pero si esos son Kankuro y Temari. De ninguna manera él tendría como mano derecha a un shinobi petulante y sobrevino como este.
-Como quisiera que fuese mi sensei –dijo uno de ellos entre suspiros.
-Kenji-sama no tiene tiempo para eso… de seguro será nombrado miembro del concejo muy pronto –anticipó otro de ellos.
-Esa es una de las razones por la cual todas las mujeres de la Aldea hablan de él –dedujo un chunnin.
-De seguro se casará con una poderosa kunoichi como Temari-sama –imaginó otro.
-De hecho Temari esta locamente enamorada de mí –comentó el Nagano.
Los ojos de Matsuri se abrieron de par en par. De todas las mentiras a decir esa era la más escandalosa y absurda que se le podría haber ocurrido. La irritación en el rostro de la dama fue notoria para Kenji pero no por eso empequeñeció su relato.
-Oh… Ni siquiera Temari-sama pudo resistirse a usted ¿verdad Kenji-sama? –indagó uno de los ninjas con picardía.
-Es cierto. Lamentablemente tuve que decirle que mi corazón pertenece solo a la Aldea de Arena y que no hay lugar en mi vida para una relación seria –confesó con aires de patriota el desvergonzado shinobi.
-Kenji-sama se preocupa tanto por todos nosotros –exclamó uno de los genins fascinado.
-Pero Temari-sama es tan bonita –dijo otro un poco avergonzado.
-Sí, espero que este bien –expreso uno de ellos.
-Lo estará –le contestó otro– Temari-sama es la kunoichi mas fuerte que tenemos y ella ama nuestra Aldea tanto como Kenji-sama así que sabrá entender.
-No se preocupen, un día corresponderé sus sentimientos. Ella necesita un hombre de verdad a su lado aunque últimamente ese ninja de Hoja parece estarla acosando –acusó el Nagano dejando perplejos a todos los presentes.
-¡No puede ser! ¿Se refiere al que tiene cara de aburrido y usa el cabello recogido en una coleta? –inquirió un joven chunnin.
-Ese mismo –asintió el pelirrojo.
¡No puedo creer que este tipo este hablando así de Shikamaru, él ni siquiera lo conoce! –Pensó exaltada Matsuri– además nunca había visto a Temari-sama tan feliz como estos días que paso junto él.
-¡Ja! Ese no llega ni a los talones de Kenji-sama –exageró un genin convencido de sus palabras.
-¡¿Y si se quiere llevar a Temari-sama a su Aldea? –inquirió preocupado otro de ellos.
-Kenji-sama no va a dejar que eso pase ¿verdad?
-Claro que no… ella no irá a ningún lado –determinó con autoritarismo el Nagano.
Matsuri quería volarle la cara de una bofetada. Como se atrevía ese ególatra a blasfemar de esa manera sobre la familia del Kazekage. Una cosa era exaltar sus habilidades personales y otra muy distinta era involucrar a otras personas en sus mentiras, Kenji Nagano se había pasado de la línea. Sin embargo, Matsuri tenía una misión que cumplir y era en ese momento donde tenía que demostrar su compromiso como ninja de la Aldea de la Arena al hacer a un lado los comentarios escuchados y seguir adelante.
-Disculpen, tengo ordenes que seguir, me tengo que retirar –anunció la chunnin antes de abandonar el lugar.
Aunque dudo que alguien aparte de Kenji Nagano la hubiese escuchado. La mayoría de los presentes se encontraban muy ocupados profundizando sobre el tema.
En otro lugar del palacio del Kazekage, el equipo diez estaba hablando de cosas triviales mientras la Godaime tomaba una taza de té. Shikamaru la observaba con detenimiento, aun no podía creer que ella se hubiese retractado de sus palabras.
-Tsunade-sama, me imagino que después de esto nos dará vacaciones ¿verdad? –sugirió Ino. Chouji y Shikamaru prácticamente se escondieron detrás del sofá donde estaban sentados, la osadía de la Yamanaka de seguro sería castigada muy pronto.
-Pues que gran imaginación tienes –respondió tranquila la Hokage sorprendiendo a todos los presentes. ¿Tsunade estaba de buen humor?
-Vamos Tsunade… Shikamaru va a necesitar tiempo libre para venir aquí de vez en cuando –argumentó pícaramente la rubia de la Hoja. Shikamaru desvió la mirada completamente ruborizado.
-¿Y eso que tiene que ver contigo y con Chouji? –preguntó la máxima autoridad en la Aldea de la Hoja sin siquiera mirar a la Yamanaka.
-Bueno es que nosotros también hicimos un largo viaje pero con que el de vacaciones solo a Shikamaru para que vuelva pronto nos conformamos ¿verdad Chouji? –Negociaba la rubia de la Hoja mientras se daba vuelta para mirar a su amigo y descubrir que tanto él como Shikamaru ya no se encontraban sentados a su lado –¿eh? ¿A dónde fueron? –murmuró sorprendida.
¿Por qué me mete en esto? Tsunade va a matarme o lo que es peor… me hará trabajar durante la hora del almuerzo –dedujo Chouji quien al igual que Shikamaru seguía escondido– Ino… ¡necesitas dejar de buscar mi apoyo cada vez que pides algo! No siempre estoy de acuerdo contigo, aunque en este caso…
-Ya veremos –respondió secamente Tsunade recordando que no se había comportado adecuadamente cuando descubrió lo de Temari y Shikamaru.
-¿Oíste eso Shikamaru? Tsunade-sama quizás te de vacaciones para venir a visitar a Temari –gritaba entusiasta la Yamanaka. Sin embargo, el rostro del Nara se mostraba serio. No es que él no quisiera volver a la Aldea de Arena a visitar a Temari, él no quería apartarse de ella ni por un segundo.
-¿Qué pasa Shikamaru? No te ves muy alegre –acotó Chouji quien casi podía leer los sentimientos de su amigo atreves de su rostro.
-Si me dices que ya no te gusta te golpearé –amenazo Ino determinante una vez que los shinobis se reicorporaron en el sofá.
-¡Tsk! Por supuesto que me gusta… ¿crees que estoy loco mujer? –respondió algo intolerante por lo absurdo de la acusación.
En medio de esa conversación llegó Matsuri; quien, a pesar de que su irritación no disminuía, puso buena cara para comunicar las novedades.
-Buenos días –saludo cortésmente la chunnin.
-Buenos días –respondieron los miembros de la Aldea de la Hoja al unísono.
-Lady Hokage, tengo órdenes de informarle que la llegada de Lord Raikage está próxima –informó con perfecta rectitud.
El rostro de Shikamaru se tornó pálido. Después de la famosa reunión la misión terminaría y deberían regresar a la Aldea de la Hoja, lo cual significaba dejar a Temari.
-Gracias, iré a prepararme –anunció la Godaime abandonando el lugar al entender que debería estar lista para recibir al Kage de la Aldea de Nube.
-Parece ser que nuestra misión está próxima a iniciar –dijo el Akimichi notando la expresión en el rostro de su amigo.
-Oye Matsuri, tengo que enviar un mensaje a la Aldea de la Hoja… ¿me puedes decir a dónde debo ir? –solicitó Ino con amabilidad al advertir que Chouji quería hablar a solas con Shikamaru.
-Por supuesto, yo te acompaño –se ofreció la castaña y pronto ambas se retiraron de la habitación.
Unos minutos en silencio fueron interrumpidos por la voz de Chouji, casi al mismo tiempo que un jounin se contuvo de entrar a la habitación para lograr escuchar la conversación que tenía lugar allí.
-Sé que es lo que te preocupa en este momento, eso es obvio pero... ¿no quieres decirlo para desahogarte al menos? –incitó con cautela.
-Nunca pensé que me costaría tanto esfuerzo volver a la Aldea –confesó con voz apesadumbrada.
-Y pensar que tu no querías venir –recordó el Akimichi como si le estuviera hablando al hijo de Asuma.
-Es verdad –concordó Shikamaru casi riéndose– me hubiese arrepentido el resto de mi vida… pero ahora la situación es problemática.
-¿Por qué no le pides que venga con nosotros? –sugirió inocentemente.
-No podría pedirle eso. No sería justo, ella tiene su familia, amigos una vida entera aquí –razonó un tanto angustiado.
-Pero tú la quieres... ¿verdad? –Inquirió confundido al no entender porque la dejaba ir tan fácilmente– ella te entenderá.
-¿Quererla? Yo la amo –manifestó sin vacilar provocando que el misterioso espía vestido de negro se paralizara y concentrara aun más para no perder detalle– pero ella… ella es como la luna. Yo podría pasar todas mis noches contemplándola hasta ser viejo, ella es más hermosa y radiante que ninguna pero siempre tan lejos.
-¿Entonces que harás? ¿Te resignaras como un cobarde? –exclamó como un reproche en lugar de una pregunta.
-Suenas como Ino –acotó el Nara sorprendido.
-Quizás coincido con ella en este momento –respondió severamente el Akimichi.
-Chouji –pronunció como explicándole algo a un niño pequeño– yo solo quiero un minuto más a su lado.
¡Lo sabía! Era demasiado bueno para ser verdad… ¡Ella en realidad no le interesa! –Pensó indignado el shinobi que escuchaba la conversación– va a arrepentirse de lastimarla de este modo, ella solo es un juego para él y...
-¡¿Con eso te contentas? –Preguntó atónito Chouji– ¿Qué harás en un minuto?
-La abrazaré una vez más, memorizando el momento para que acompañe el resto de mi vida –señaló el pelinegro con una sonrisa amarga en su rostro.
-Shikamaru… –pronunció como vencido el castaño e intento exclamar con entusiasmo– porque no…
-También le pediré –interrumpió con una sonrisa pícara para desvanecer la tristeza que le estaba contagiando a su amigo– un enojo más, se ve muy linda cuando se enoja aunque asimismo da miedo.
Meiko llego puntual al palacio del Kazekage y para su sorpresa sus compañeros y amigos seguían con la misma conversación que habían tenido enfrente de Matsuri. La pelinegro quiso pasar de ser percibida y presentarse lo más rápido posible ante Baki, la verdad es que inmiscuirse en asuntos tan insignificantes como los que podía llegar a debatir el Nagano realmente no le llamaba mucho la atención. Caminó unos pasos más para encontrarse con la verdadera sorpresa. Kenji estaba hablando con Temari de una forma muy extraña.
Mientras el rostro de la dama de la arena se veía cansado y fastidiado, parecía ser que Nagano se mostraba triste y desolado. Rápidamente, la dama de ojos grises pudo advertir otras dos presencias. Desde la puerta del cuarto de comunicaciones Matsuri e Ino escuchaban lo que sucedía y le hacían señas a Meiko para que dejara que la charla prosiga. Sin perder tiempo, la pelinegro se ocultó hábilmente detrás de una columna que le permitía escuchar la situación sin ser vista.
-¿Por qué sigues rechazándome? –Preguntaba Kenji con vos tenue– ya te he dicho lo mucho que me gustas e importas.
-Ya te lo dije, no puedes obligar a alguien a que corresponda tus sentimientos –decía Temari como repitiendo un viejo discurso.
-Si tan solo Temari-sama supiera todo lo que él dijo de ella, de seguro no sería tan piadosa –le murmuró Matsuri a Ino quien se mostró confundida e interesada al mismo tiempo.
-Pero si tan solo me dieras una oportunidad yo me encargaría de que tu felicidad fuera mi prioridad –exageraba el Nagano casi como si de una súplica se tratara.
¡Si será descarado! Después de que dijo que ella era como una gatita con garras –recordaba Meiko con rabia.
-Me gusta otra persona –soltó Temari para intentar detener el abrumador discurso.
¡Ese es mi amigo! –celebró Ino para sí misma.
-No me digas que se trata de ese estúpido ninja de la Hoja –desmereció el pelirrojo con soberbia.
¿Es-tú-pi-do? –resonó en la mente de las cuatro damas presentes como si de la mayor ofensa posible se tratara.
En ese momento no solo Temari sino que también las tres kunoichis que observaban la situación desde las sombras se enfurecieron y un leve quejido proveniente de los labios de Ino le informó a Temari que nos estaban solos. La Yamanaka no podía contenerse era de su amigo de quien este impetuoso shinobi estaba hablando.
-¡Ja! ¿Y qué si es él? –Inquirió desafiante y molesta al mismo tiempo– oh claro… -exclamó con sarcasmo– sería mejor que estuviese con alguien como tú ¿verdad?
-¡Por supuesto! Yo soy uno de los mejores ninjas de la Aldea –se auto alabó el pelirrojo.
-Escuchen esto chicas es todo un profesional, con habilidad y él tienen la fórmula para triunfar –comenzó a calificar la dama de la arena de manera sarcástica.
-¿Chicas? –repitió estupefacto el Nagano.
-Él no le vio la cara al fracaso en toda su vida –agregó Meiko irónicamente mostrándose frente a Temari y Kenji.
-Su especialidad esta en criticar y juzgar a los demás –añadió Ino aun molesta por la ofensa hacia el Nara.
-¿Pero de dónde salieron…? –preguntó el pelirrojo incrédulo de lo que acontecía.
-Y nunca haces nada para respaldar a tus pobres palabras –complementó Matsuri secamente dirigiéndose al Nagano.
El rostro del Nagano se empalideció. El desconocía por completo la presencia de las kunoichis en ese lugar.
-Vives lo mejor, vives lo peor... todo es más extremo si te paso a ti –enunció la Sabuko satíricamente y luego decretó– No digas pavadas, cuentas siempre historias que a nadie le pasan…
-¡Un momento…! –intentó defenderse el shinobi pero las kunoichis no se lo permitieron.
-Te he visto rogar y sé mucho más, honras, exaltas y glorificas al concejo para progresar –comentó la pelinegro dedicándole una de sus más frías miradas.
-Vives engañando… ¿crees que no soy consciente de que lloras en mi rostro y ries a un costado? –inquirió la Sabuko burlonamente.
-¡Eso no es así…! –intentó explicar inútilmente.
-Vives hablando de más… -criticó Matsuri con ferocidad.
-Te acuestas con diez, te enfrentas a un millón –siguió la dama de ojos grises– solo los más chicos prestan atención a tus historias.
-Piensa antes que nada que nunca hay testigos para tus hazañas –evidenció la castaña.
-Y siempre termina en el mismo rincón, creyendo las cosas que el mismo inventó –acotó la rubia de la arena- lamento que no te des cuenta que triste es tu vida…
-¿Ustedes piensan que las necesito? ¡Ja! No me hagan reír –se defendió nervioso y como pudo ante las acusaciones de las damas– ¡no necesito nada de ustedes! yo podría valerme de mi mismo incluso si no viviera en esta mugrosa Aldea…
Inmediatamente, Meiko, Matsuri y Temari reaccionaron. La Sabuko lo tomo del cuello y lo aprisiono contra la pared mientras que tanto la castaña como la pelinegro empuñaban un kunai.
-¡¿Cómo te atreves a hablar así de mi Aldea? –reprendió severamente la rubia de la Arena mientras casi cortaba por completo el ingreso de oxigeno al cuerpo del Nagano.
-Espera… -alcanzó a suplicar el pelirrojo quien se encontraba en graves aprietos en tanto forcejeaba para zafarse del agarre.
-Esas palabras pueden ser consideradas como alta traición –advirtió la dama de ojos grises quien rápidamente se ubico en el lateral derecho de Temari para ayudarla a inmovilizarlo.
-Esta vez fue demasiado, tendrás que enfrentar esta situación –avisó la chunnin quien al colocarse en el lateral izquierdo de la hermana del Kazekage completo la maniobra sometiendo al shinobi.
Ino estaba petrificada. No sabía cómo reaccionar, de seguro entendía perfectamente la situación y hasta le indignaba pero jamás pensó que los ninjas de la Aldea de la Arena fueran tan patriotas y mucho menos que operarían tan rápido sobre el shinobi.
-Temari-sama… –pronunció Meiko al ver que el color del rostro del shinobi iba desapareciendo.
-Solo te daré una advertencia ahora, pero la próxima vez te meteré en un calabozo y dejare que Gaara decida que hacer contigo –anunció la rubia dejando respirar nuevamente a Kenji quien creyó desmayarse.
En la frontera, uno de los vigías vislumbró a lo lejos tres personas que se acercaban. Rápidamente tomó un catalejo para precisar la imagen. Ya no había dudas, era del Raikage de quien se trataba. Sin perder tiempo, su compañero escribió un corto mensaje y lo envió mediante un ave al Palacio del Kazekage.
La sala de comunicaciones aun estaba alborotada por los sucesos ocurridos cerca de ella. No era normal que la hermana del Kazekage y dos kunoichis apresaran a un shinobi de su propia aldea y mucho menos en plena área administrativa. No obstante, prontamente una de las decodificadoras notó la llegada del ave mensajera y sin perder tiempo se dirigió a la oficina de Kankuro, sin embargo, al no encontrarlo en el lugar acudió a la oficina del Kazekage, la noticia no podía hacerse esperar.
-Ya está aquí –pronunció como en susurro el Kazekage al terminar de leer el mensaje.
-Perdón Lord Kazekage ¿qué ha dicho? –preguntó la dama al no escuchar con claridad las palabras de Gaara.
-Nada, solo ve a buscar a la Hokage, Kankuro y Temari y diles que se presenten en la entrada lo antes posible –ordenó acomodándose la ropa y abandonando la habitación.
Hoy si que será un día agitado –pensó Gaara con pereza.
Y tú perdiendo el tiempo toda la noche con la mocosa –agregó el Biju regañando el comportamiento del Kazekage.
No tengo ganas de aguantarte hoy Shukaku –exclamó el pelirrojo como en una súplica.
¡Qué coincidencia! Yo no tengo ganas de aguantarte nunca –acotó el demonio.
Solo colabora… por hoy ¿quieres? –solicitó el menor de los Sabuko.
¡Ja! Shukaku no acepta órdenes de nadie y mucho de un mocoso como tú –determinó soberbio el Biju de una cola.
¡Suficiente! No más libros de terror para ti –castigó el Kazekage.
¡¿Qué? ¡No puedes hacer eso! ¡¿De donde sacaré ideas sangrientas y nuevos métodos de tortura? ¡Me desactualizaré! –se quejaba ruidosa y exageradamente Shukaku.
Ya cállate que casi llegamos a la entrada –anunció Gaara al ver a un grupo de guardias esperándolo.
-Lord Kazekage, hemos corroborado que Lord Raikage llegará a la entrada en unos quince minutos aproximadamente –informó el líder del escuadrón.
-Parece ser que hoy solucionaremos el problema –acotó la Hokage quien llegaba al lugar detrás del menor de los Sabuko.
-Eso sí que fue rápido, Tsunade –comentó el pelirrojo sorprendido.
-No deberías subestimar a un sannin, Gaara –sugirió con una sonrisa triunfante la Godaime.
-Jamás haría eso –respondió en señal de respeto.
-Me pregunto donde están los que se supone son mis guardaespaldas –murmuró molesta por la espera.
-Ya fueron informados, no deberían tardar en llegar –respondió Temari quien llegaba junto con Kankuro.
-Más les vale o les bajaré el sueldo –amenazó Tsunade.
Solo está buscando una escusa para no pagarles –pensó Kankuro un tanto sorprendido.
-Perdón por la espera –dijo Ino al presentarse junto con el equipo diez completo.
-Ya era hora –reprocho la Godaime.
Y yo que creí que hoy estaba de buen humor –pensó Chouji temiendo por el castigo.
-Lord Kazekage, ya casi están aquí –anunció el guardia mientras veía como la silueta del Raikage y sus acompañantes se acercaban.
-Lamento la espera –fue lo primero que dijo el Raikage quien estaba acompañado de Shuii y Darui.
-Es extraño que el ninja más rápido del mundo llegue tarde –comentó la Godaime.
-Eso se debe a que en el camino nos encontramos con Mursk el Carnicero –informó Shuii.
-Y cómo es natural tuve que ir a cobrar la recompensa –exclamó victorioso el Yondaime.
No es justo… yo lo quería –lloraba el Biju de una cola.
Y yo quería la recompensa –contestó el Kazekage casi llorando a la par del demonio– pero ya es tarde para eso.
Es tu culpa enano –acusó Shukaku molesto.
-En cualquier caso, siéntanse libres de descansar en el Palacio –invitó Gaara.
-Por lo general me gusta terminar con las misiones diplomáticas lo antes posible, pero creo que esta vez haremos una excepción –decidió A.
-Gracias a Dios, casi muero en el viaje –exageró Darui.
-Déjate de tonterías, solo descansaremos porque el Raikage lo ordena pero deberías ser capaz de soportar este tipo de viajes, eres un shinobi después de todo –reprochó Shuii sin delicadeza alguna.
-Sí, si lo que digas –respondió quitándole importancia para luego dirigirse a Kankuro– ¿dónde podemos descansar?
Kankuro miró a su hermano y eso bastó para que comprendiera que debía ser anfitrión de los ninjas de la Nube.
-Por aquí por favor, los guiaré hasta sus habitaciones –exclamó el titiritero mientras era seguido por el Raikage y sus acompañantes
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