Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de pattyrose, yo solo la traduzco
Canción recomendada por la autora: Lucky de Jason Mraz y Colbie Caillat
Bueno, siento deciros, con muchísima pena, que este es el último capítulo, luego quedan ya los 3 epílogos que tiene la historia :(
Capítulo 35 -Ese es quién soy
EPOV
Caía la tarde cuando llegamos a Hoquiam. La lluvia, que había estado cayendo cada vez más fuerte a medida que transcurría el día, ahora caía en forma de hojas, difuminando los edificios, los árboles y los coches que pasábamos con tonos irreconocibles de verdes y grises.
Me incliné hacia delante en el asiento del conductor, acercando el cuello al parabrisas para tratar de leer los carteles de la calle, pero Charlie y Jake estaban más familiarizados con el área que yo, y me aseguraron que estábamos casi allí. Cuando el letrero de neón de color rojo, el ladrillo rojo y el edifico cuadrado de hormigón - oscuro por el fuerte aguacero - aparecieron de repente a través de la cortina de lluvia, puse el coche de alquiler en el montón de grava. Las rocas pequeñas crujían cuando se lanzaban contra los neumáticos y la parte inferior del coche. Aparqué en la parte de atrás antes de apagar el motor. En el silencio, el sonido de la lluvia golpeaba contra el coche mezclándose con la algarabía ruidosa de la música del interior del bar, haciendo un ruido sólo audible para nosotros tres.
"Ahora, Edward, como un hombre, entiendo por qué tienes que hacer esto, pero le prometí a mi hija que me aseguraría de que te quedaras tan tranquilo como fuera posible. Y Jake está aquí en el caso de que Paul tenga alguna idea acerca de golpearte o algo".
"Charlie, la solicitud de Bella era bastante general", señaló Jake desde el asiento del copiloto. Se volvió hacia el jefe en el asiento trasero.
"Quiero decir, tú y yo no conocemos a Edward durante tanto tiempo, por lo que es un poco difícil para nosotros saber lo que es la calma para él. Podría ser cualquier cosa como apretar sus manos a los costados, o golpear a Paul aunque fuera una vez en su vida". Se encogió de hombros. "¿Quiénes somos nosotros para juzgarlo?"
Pude ver cómo Jake y yo - ahora que había puesto sus intereses románticos en otros lugares - algún día podríamos ser amigos.
Charlie frunció el ceño, sonriendo, y levantó una mano, con la palma hacia afuera. "Venga, vamos muchachos. No estamos aquí para pelear con Paul". Nuestras bajas quejas se nivelaron con nuestras miradas severas. "Paul tiene que saber que Bella y Maddie ahora tienen a Edawrd para cuidar de ellas, para que así nunca trate de sacar su mierda de nuevo-"
"Exactamente".
"Eso es lo que estoy diciendo".
"Pero", dijo Charlie sobre nosotros en voz alta, haciendo una pausa para sacar una bocanada de aire. Sus ojos eran oscuros, y sus fosas nasales estaban abiertas, por lo que su bigote se contrajo. Sin embargo, cuando volvió a hablar, su voz era tranquila. En cierto modo, me recordó a Carlisle. "Mientras yo esté aquí, no habrá ningún puño volando. ¿Queda claro?"
Ni Jake ni yo contestamos de inmediato.
"Lo repito, ¿queda claro?", preguntó de nuevo, levantando una ceja.
"Sí, jefe", suspiré. "Lo tenemos claro".
Jake se chupó los dientes. "Sí, claro, Charlie. Lo tenemos claro", le puso mala cara.
"Bien entonces", dijo Charlie, poniendo una mano en la manija de la puerta y abriéndola. "Vamos a por ese espectáculo".
El bar estaba oscuro y lleno de humo. Una banda de rock enfadada se lamentaba en voz alta por los altavoces cuando entramos. Demetri me había dicho exactamente dónde encontrarlo. Al parecer, Paul tenía una rutina de pasar sus últimos días con el alcohol barato y las mujeres, incluso más baratas, antes de ir a trabajar al casino, donde acababa de jugarse todo el dinero que no se había quemado en el bar.
Cuando Jake me tocó en el hombro y señaló hacia la barra del bar, vi a un hombre alto, de anchos hombros y de pelo oscuro, que pudo haber sido casi Jake desde atrás, y me permití por una fracción de segundo tener piedad. Sacudiendo la cabeza, me pregunté qué clase de mierda de cerebro tenía para haber tomado una decisión sin pensar en los riesgos de Bella y de Maddie. Había tenido todo, una bella esposa, una niña adorable, y lo había tirado todo por la borda en lugar de agradecer su buena suerte cada maldito día y cada maldita noche.
Pero en el segundo siguiente, una mujer delgada, de pelo oscuro, con un top negro y unos margaritas se acercó a su lado y puso su brazo alrededor de su cuello. Ella le dijo algo al oído y le rodeó con sus brazos, tirándole hacia ella y poniendo su rostro en su pecho. Ella gritaba de alegría, y se reía a carcajadas.
Toda compasión desapareció. Mi labio superior se torció y mi sangre empezó a hervir en mis venas.
Hacía sólo unos días que le había dicho a Bella -mi Bella- que la quería de vuelta. Mis puños se cerraron herméticamente dentro de los bolsillos de mi abrigo, donde los había metido para tratar de mantener mi promesa a Bella y al Jefe.
Sin embargo, allí estaba él, empujando su cara contra un par de tetas flacas. Nunca había merecido a Bella, y la verdad es que tampoco estaba seguro de si yo lo había hecho bien, pero de una cosa estaba seguro, querría a Bella y a Maddie hasta el día que diera mi último aliento, y en el tiempo que pasara entre ahora y entonces haría todo lo posible para hacerlas felices.
Y mantenerlas seguras.
Me dirigí hacia donde Paul estaba sentado sujetando una bebida con una mano, y el culo de Daisy Duke con la otra.
"Mantente tranquilo, hijo", murmuró Charlie detrás de mí, donde él y Jake estaban esperando.
Paul tardó unos segundos en darse cuenta de que había alguien de pie justo detrás de ellos. La chica se dio la vuelta en primer lugar, y aunque yo mantuve mis ojos en la parte posterior de la cabeza de Paul, vi cómo sus ojos muy maquillados se abrieron como platos. Ella me miró de arriba abajo sin pudor alguno y sus labios rojos y grandes se convirtieron en una sonrisa.
"Bien, bien, ¿qué tenemos aquí?", ronroneó ella.
Esto hizo que Paul finalmente se moviera del taburete. Él me vio y frunció el ceño.
"¿Quién demonios…?", sus ojos brillaron detrás de mí, al ver a Jake y a Charlie.
Él sonrió, haciendo caso omiso de mí por el momento. "Bueno, mira lo que el viento ha traído hasta aquí. Si son mi hermanito y mi suegro favoritos".
Charlie y Jacob dijeron algo en respuesta, pero yo no tenía ni idea de lo que fue, porque al mismo tiempo que estaban hablando, miré de manera uniforme a Paul y le dije con los dientes apretados:
"Él. No. Es. Tu. Suegro".
Eso atrajo la atención de Paul hacia mí. Me estudió con cuidado antes de que un destello de reconocimiento cruzara su rostro, sus ojos se ampliaron.
Él soltó un bufido. "Edward Cullen".
No le dije nada.
"Parece que esa esposa mía no perdió el tiempo para correr hasta su novio rico".
"¿Tu esposa?", Daisy le preguntó, alejándose de él. Ninguno de nosotros se salvó de un vistazo de ella. Cabreada, Daisy se marchó con un exagerado 'Huff'.
"Piensa con cuidado antes de llamar a Bella 'tu esposa' otra vez", dije con frialdad, lo suficientemente fuerte como para asegurarme de que me oía sobre la batería y las guitarras eléctricas del fondo.
Su labio se curvó hacia arriba. "¿Qué coño quieres, Cullen? ¿Tú y tu comitiva venís en busca de carne?". Sus ojos se posaron de nuevo en donde estaban Jake y Charlie. "¿Qué te pasa? ¿Eres demasiado marica" – espetó - "para venir a buscarme por tu cuenta?"
Mis manos se apretaron con más fuerza dentro de mi bolsillo. Mis dedos se movieron en mis pantalones y la sangre caliente corrió lentamente por mis manos.
Solté un bufido. "Ellos están aquí para tu bienestar, no para el mío".
Se rió entre dientes. "¿En serio?"
Hablé con los dientes apretados. "Estoy aquí para dejarte una cosa clara. ¿Esa mierda que lanzaste hace unos días? Eso no volverá a ocurrir otra vez. No vas a llamar a Bella, no te acercaras a menos de unos mil pies de ella o de Madisen, y ni siquiera comprobaras su estado en Facebook a partir de ahora".
Paul volvió a reír y bajó la cabeza, rascándose la nariz con su dedo corazón. Miró hacia atrás y levantó su vaso. Por el color rojo de sus ojos, no era el primero de la tarde.
"¿O qué?"
Lo miré fijamente. "O me aseguraré de que ese viaje a Nueva York acabará costándote de tres a cinco años. Y por lo que he oído, ya tienes bastantes problemas en tu plato". Me encogí de hombros. "Depende de ti si deseas agregar otro".
Una de las esquinas de su boca se levantó en una sonrisa sesgada. Levantó el vaso a sus labios y lo dejó de nuevo con facilidad, limpiándose la boca con el dorso de su mano y golpeando el vaso sobre el mostrador antes de pedir otro.
"Ya sabes, todo los niños ricos sois la misma mierda", dijo manteniendo la mirada fija en la barra del bar. "Siempre pensando que podéis conseguir lo que queréis, amenazando con demandas judiciales, con tribunales y con abogados retorcidos para combatir todas las batallas por vosotros". Él me miró de arriba abajo con sorna y resopló. "Sí, eres exactamente el tipo de persona con el que hubiera esperado que mi mu-", sonrió, "con el que hubiera esperado que…Bella terminara, alguien tan jodidamente listo y dispuesto a luchar por su honor".
Sus ojos brillaron hasta detrás de mí otra vez. "Mira a mi hermano pequeño, por ejemplo. ¿Sabías que se ha estado muriendo por ser uno de los defensores del honor de Bells desde hace años?"
"Tú, maldito hijo de-", Jake gruñó desde unos pocos metros detrás de mí. Oí arrastrarse unos pies, y la voz de Charlie tratando de calmarlo.
Le sonreí y cerré los ojos un momento, pero no me di la vuelta.
Paul se rió y tomó un nuevo trago. Se movió un poco en torno a mí antes de beberse el vaso de un solo trago. El camarero nos miró con recelo mientras limpiaba el mostrador al lado de Paul.
"No estoy aquí para hablar de tu rivalidad de mierda o de tu inferioridad obsesiva con tu hermano. Como he dicho, sólo estoy aquí para una cosa, para que sepas que ahora estoy aquí..." – saqué una mano en forma de puño fuera de mi bolsillo y apunté a mi pecho - "para Bella y para Maddie, y si alguna vez te acercas de nuevo", le gruñí, " vas a tener que lidiar con eso de una forma u otra. En el tribunal, o fuera. ¿Entiendes?".
Sus fosas nasales se abrieron, sus labios se curvaron en una mueca, y sus ojos negros brillaron a través de la bruma de humo gris que nos rodeaba. Me di cuenta de que su respiración era pesada al mismo tiempo que me di cuenta de que mi pecho subía y bajaba igual de pesado.
Pero Paul no estaba en condiciones de comprenderlo.
"¿Has escuchado eso, hermano pequeño?", gritó, manteniendo sus ojos en mí.
El desafío en su expresión hizo que una ola de adrenalina pasara frenéticamente por mis venas.
La verdad es que ese momento había sido inevitable desde el día en que había encontrado a Bella llorando en la escalera trasera de nuestras oficinas, cuando él había presentado los papeles de la custodia. Y la mirada de sus ojos me dejó claro que no tenía intención de tratar de corregir todo el dolor que le había causado a Bella desde el momento en que había entrado en su vida.
"Parece que los dos estáis de suerte esta vez, hermano", le dijo a Jake, sin dejar de mirarme. "Oh, bueno". Él se rió y se levantó. "Bella todavía es joven. Aún puedes tener tu oportunidad. Y entonces los tres podríamos reunirnos e intercambiar notas. ¿Qué pensáis?", sonrió ampliamente.
Por supuesto que sabía que me estaba incitando.
En realidad me contuve bastante bien. Yo realmente tenía la intención de hacer mi mejor esfuerzo para evitar llegar a algo físico. Paul cruzó la línea al minuto de haber cogido un avión a Nueva York. Cada palabra que le permití pronunciar entre entonces y ahora fue un testimonio de mi amor y respeto por Bella.
Pero ese tonto de mierda… obviamente necesitaba que le trazara la línea con claridad, por lo que nunca más olvidaría dónde está. Por el bien de todos.
Por respeto a Charlie, me di la vuelta para darle el aviso.
Charlie ya estaba detrás de mí. Me palmeó el hombro dos veces y dio una mirada firme.
"Edward, como el jefe de la policía tengo que recordarte que si empiezas a pelear aquí, llamaran a la policía". Me miró con atención. "Como el padre de Bella, voy a estar fuera, sin ver nada, y poniéndome al día con el jefe de la policía de Hoquiam cuando él llegue. Que sea rápido".
Asentí con la cabeza una vez y me volví. Con una crisis de satisfacción, mi puño se estrelló en la mandíbula de Paul y lo echó hacia atrás. Sacudió su cabeza directamente sobre la barra del bar cuando se tambaleó hacia atrás, pero cuando se recuperó, sus puños volaron por el aire, aterrizando de un golpe contra mi costilla izquierda. Yo le di un golpe directo contra su estómago, doblándole.
Fuera de mi periferia, era consciente del camarero hablando animadamente por teléfono, de la multitud a nuestro alrededor, de la música a todo volumen todavía en el fondo, Charlie saliendo y Jake - de pie en medio de la barra con los pies firmemente plantados sobre el sucio suelo y los brazos cruzados sobre su pecho rígidamente - asegurándose de que esto se quedaba entre Paul y yo.
Porque habían enlaces más fuertes que la sangre.
Como que el axioma indiscutible de que Maddie era mi hija, tanto como lo era de Bella. De alguna manera, a través del tiempo y del espacio, la habíamos creado juntos, y al final del día, había tanto de mí en ella como lo había de Bella.
Como el hecho de que el jefe era parte de mi familia, aunque aún no estuviera puesto en un papel. Eso era algo que me gustaría corregir tan pronto como llegara a Nueva York.
Y como el hecho de que, a pesar de que Jake ya no tenía sentimientos románticos hacia Bella, siempre la amaría. Ella era su familia de una manera que Paul, su propia sangre, nunca lo sería.
Ese era el vínculo que nos unía a todos, porque no importaba qué pasara, todos protegíamos a nuestra familia.
Oooooooooo
Estaba oscuro cuando aparqué el coche de alquiler en el aeropuerto. La lluvia había amainado en algún lugar entre Hoquiam y aquí, dejando una noche fría, con niebla a su paso.
"Mírate esa costilla cuando vuelvas a Nueva York, ¿eh?". Charlie dijo solemnemente desde el asiento del pasajero.
Me reí. "Está sólo magullada, Charlie, va a estar bien".
"Mmm", murmuró, alisándose su bigote con un dedo.
Jake se rió desde el asiento trasero. Había estado en un estado de ánimo muy optimista desde que salimos de Hoquiam, a pesar de la pequeña fuerza policial que había estado esperando fuera cuando por fin salimos del bar. Pero ellos nos dejaron pasar sin una palabra, los ojos rebotaron por todo el lugar, pero nunca aterrizaron en nosotros.
Maldita sea, era bueno tener un jefe de policía de tu lado.
"Sí", Jake se rió. "Estoy seguro de que la costilla molida de Edward sanará mucho más rápido que la nariz de Paul. Eso nunca se pondrá de la manera correcta de nuevo. Totalmente va a deshacer su cara". Se rió de nuevo.
"Mmm", murmuró Charlie nuevamente, frotándose la barbilla, pensativo. "Bella va a cortarme la cabeza por esto. Tal vez no deberías decirle nada".
"Charlie, he aprendido la lección sobre ocultarle las cosas a su hija. No vale la pena". Me encogí de hombros. "Ella me pidió que lo intentara, y lo hice, pero soy humano".
"Mmm", murmuró Charlie.
Jake se rió entre dientes. "Escuchad muchachos, ha sido genial, pero Leah me está esperando en casa, y no puedo esperar para contarle cómo han ido las cosas hoy. A ella le encantará una buena historia de peleas".
Le sonreí.
Jake me había respaldado hoy, incluso más de lo que yo honestamente esperaba que hiciera. Todavía me sentía un poco extraño al pensar en él como algo más que un rival. Pero era obvio que él estaba loco por Leah, y me di cuenta de que lo que Bella había dicho acerca de él y de mí era cierto, podríamos llegar a ser buenos amigos un día.
"Jake", dije volviéndome hacia él. "Gracias por lo de hoy, hombre. Quiero que sepas que yo... realmente agradezco que hayas mantenido a raya a la multitud del bar".
Él soltó un bufido. . "Sí claro, claro, pero tengo que ser honesto contigo, yo no estaba seguro de que ganaras. Quiero decir, tú no eres exactamente débil ni nada, pero joder - lo siento Charlie, quiero decir mierda - Paul es más grande que yo".
Charlie y yo le sonreímos.
"Sí, bueno, ya sabes lo que dicen, cuanto más grandes son...", uno de los lados de mi boca se acurrucó en una sonrisa.
"¡Él cayó fuerte!", Jake se echó a reír a carcajadas. "¡Le has golpeado el culo aunque seas un niño rico!".
Rodé los ojos.
Jake se echó a reír. "Es broma. ¿Hemos estado geniales, no?", añadió a través de las cejas levantadas.
Yo sabía que él lo decía no solo por el día de hoy.
"Sí. Sí hemos estado geniales".
Él sonrió y se inclinó en su asiento para acariciar mi hombro una vez. "Ves con cuidado, hombre. Saluda a Bella de mi parte y dale un beso a mi sobrina de parte de su tío".
"Lo haré".
Abrí la puerta del coche y me dirigí a Charlie.
Charlie comenzó a abrir la puerta y yo me aclaré la garganta. "Jefe, ¿puedo hablar con usted un minuto?". Por primera vez hoy, mi voz temblaba por los nervios.
El bigote de Charlie se movió. "Claro", respondió con cautela, cerrando la puerta otra vez y mirando hacia adelante. "¿Qué hay en tu mente?"
Tragué saliva. "Señor, quiero decir, jefe, quiero decir, Charlie", tartamudeé nervioso, mirando hacia adelante. Di una respiración profunda. "Charlie, usted sabe que amo a su hija y a su nieta más que a mi propia vida".
Sopló fuerte. "Sí, me he dado cuenta de eso".
Mi corazón golpeaba con fuerza en mi pecho. "Bueno, a pesar de que ha pasado poco tiempo…quiero decir, aunque puede parecer que sólo ha pasado…me refiero a que eso ha sido el tiempo suficiente para mí, lo que estoy tratando de decir es que ya sé-"
"Sólo escúpelo, hijo". Dijo cuando me detuve, respirando con exasperación. Por el rabillo del ojo vi que la mitad de su bigote se movía hacia arriba. "Mira, yo sé lo que estás tratando de hacer, y te lo agradezco hijo, pero no necesitas mi permiso, y si lo que estas pidiéndome es mi bendición, la tienes desde hace un tiempo, incluso antes de la pelea en el Bruce Banner esta tarde", se rió entre dientes. "Sí, es apresurado", confirmó. Luego suspiró pensativamente, probablemente recordando su propia carrera en su primer matrimonio. "Y en otras circunstancias, me gustaría estar en el teléfono manteniendo a mi hija a raya por un tiempo, pero... mira, te has probado ante mí, Edward, a pesar de que nunca me hayas tenido que demostrar lo que vales. Pero veo que no eres como todos los tabloides decían que eras, y te encomiendo a mi familia, porque sé que son tu tesoro como son el mío".
"Yo, señor…Charlie", prometí con total convicción. "Cuidaré de ellas".
Los dos nos miramos fijamente por unos momentos.
"Bien entonces", dijo finalmente. Luego se volvió y abrió la puerta, marchándose hacia la niebla, y dejando claro que esas iban a ser sus últimas palabras por esta noche.
Oooooooooo
Un mes más tarde:
La gran chimenea de piedra lisa en el centro de la habitación nos calentaba, iluminando toda la habitación con un brillo incandescente y proporcionando sólo el calor suficiente para que Bella y yo estuviéramos cómodos y calientes debajo del edredón en la cama con dosel. Fuera de la ventana, en la bahía, la fuerte nevada caía encendiendo la noche oscura, haciendo que pareciera por la tarde en lugar de por la noche. La nieve de las montañas de Vermont se mantenía de pie y orgullosa, con sus picos blancos brillantes.
Bella estaba apoyada en mi lado, acurrucada en mí con la cabeza sobre mi pecho. Poco a poco su respiración volvió a la normalidad, pero aún podía sentir su corazón martilleando fuerte, de la misma manera que el mío, como siempre hacía cuando estaba en mis brazos, sobre todo después de una sesión alucinante de hacer el amor.
Aspiré en gran medida. "Creo que hemos conseguido un buen trabajo este fin de semana al quedarnos en esta cabaña en vez de esquiar por esas montañas".
"Te lo dije", murmuró ella, corriendo la mano lánguidamente hacia arriba y hacia abajo por mi pecho. La luz del fuego se veía en el anillo de su mano izquierda, y cada vez que se movía creaba un prisma de múltiples colores que bailaban alrededor de la habitación. Le sonreí y llevé su mano a mis labios, besando la punta de sus dedos.
"De una forma u otra, voy a subirte a esa montaña otra vez".
Ella se rió en mi pecho, moviendo los pelos finos sobre él. "No lo creo. ¡Casi me rompo el cuello, Edward!".
"Nunca dejaría que eso sucediera", le aseguré con un beso en la parte superior de su cabeza.
Nuestros ojos se encontraron de repente, anchos y conscientes. "¿Las Montañas Olímpicas?". Le pregunté.
Ella sonrió ampliamente en respuesta. "Las Montañas Olímpicas".
La agarré por los hombros y la arrastré suavemente hacia arriba para que se encontrara con mi boca, tirando de su labio superior entre los míos antes de pasar mi lengua a lo largo de su labio inferior. Abrió la boca con avidez y dejó que su propia lengua saliera a jugar.
Después de un par de minutos la alejé lo suficiente para que me mirara a los ojos.
"Está bien. Así que ya tenemos la lista de invitados, sólo familiares y amigos cercanos. Ahora tenemos el lugar, las Montañas Olímpicas. Todo lo que necesitamos es una fecha, amor".
Bella movió las manos en alto, jugando con mi pelo. Abrí y cerré los ojos, tarareando en voz baja por la alegría.
Esperó un rato antes de hablar. "¿Cuándo dijo Jenks que era la próxima audiencia?"
"La última semana de febrero".
Miró más allá de mí, a los vidrios polarizados, pensativa.
"No te preocupes, amor", le dije. "Incluso si Paul no apareciera, Jenks y Demetri serán capaces de reunir la suficiente información para presentar en la corte, por lo que estará claro que Paul no está en condiciones de compartir la custodia de Maddie".
Ella asintió, sin dejar de mirar por la ventana. La besé en la línea de la mandíbula suavemente. "Y entonces podremos comenzar el proceso de adopción", le susurré.
Ella sonrió y asintió con la cabeza una vez más, suspirando profundamente. Finalmente se encontró con mis ojos. "Sólo desearía que no tuviera que ser así. Me gustaría… que él no luchara contra ella, y que no pusiera todo feo. ¿Entiendes que es la única razón por la que no puedo elegir una fecha todavía, verdad?". Levanté una mano y la pasé por su pelo largo y grueso, sonriéndole para hacerle saber que la entendía.
Sabía que Bella estaba tan ansiosa de unirse a mí en todo lo posible como yo. Pero cuando nos casáramos, ella querría que los tres iniciáramos nuestra nueva vida juntos. No estando metidos en un procedimiento judicial y en batallas legales.
No siempre estábamos de acuerdo con las decisiones que tomábamos - como cuando yo había ido a ver a Paul el mes pasado, o cuando Bella había insistido en estar ahí cuando nos habíamos enfrentado a Tanya - pero siempre lo discutíamos y siempre llegábamos a una decisión que los dos pudiéramos aceptar. Mientras tanto, ella llevaba el anillo en su mano izquierda con orgullo, nunca se despegaba de él, nunca lo escondía, ni siquiera de la prensa.
Por supuesto, hubo revuelo cuando se dieron cuenta de que Bella y yo nos habíamos prometido, pero en las últimas semanas, la fascinación por la nueva novia de América y por mí había comenzado por fin a apagarse. Creo que el hecho de que esos vampiros tenían una nueva película tenía algo que ver con eso.
A veces miraba a Bella acostada en la cama, o en el fregadero, o simplemente sentada leyendo un libro, y de repente sus ojos se iban a su mano izquierda, y ella la levantaba cerca de su cara, mirando el anillo con un respeto y una cordialidad que me dejaban sin aliento. Y luego daba la vuelta a la mano de lado a lado, mirando como el bonito diamante azul atrapaba toda la luz que estaba en la habitación y explotaba en una mezcla de colores, al igual que las miles y miles de partículas de brillo que Maddie había tirado estratégicamente en el apartamento ese mismo día el mes pasado.
A veces ella me pillaba mirándola, y su rostro se rompía con la sonrisa más gloriosa y sus ojos bailaban, compartiendo todos sus secretos conmigo, todos los secretos que me había estado muriendo por saber desde ese último día de agosto, cuando puse por primera vez los ojos en ella.
Dejó que mis manos recorrieran su cara, trazando sus ojos oscuros, corriendo por su nariz pequeña y pasando alrededor de sus labios gruesos.
"Bella, siempre que os tenga a ti y a Maddie, sé que todo lo demás se arreglará".
Ella me besó los dedos, y luego tomó mi mano entre las suyas y la colocó en su pecho antes de bajar la cabeza sobre mi pecho de nuevo y suspirar suavemente.
Regresamos a la ciudad después de pasar el fin de semana en Vermont –el regalo de Navidad de Bella para mí - y recogimos a nuestra hija de la casa de mi madre. Aunque nosotros la habíamos echado mucho de menos, Maddie había estado demasiado ocupada con su abuela y su abuelo como para echarnos de menos.
En estas últimas semanas - desde que Bella y yo habíamos aclarado todo, sobre todo con la prensa, y finalmente estábamos solos, y Tanya y Paul se habían puesto en su sitio - habíamos estado los tres mucho más relajados. Éramos por fin libres de hacer lo que quisiéramos, y así lo hicimos.
Llevábamos a Maddie al parque, al zoológico, a los museos. Íbamos a comer pizza, comíamos perritos calientes en un puesto de una esquina mientras dábamos un paseo por el Central Park. Llevábamos a Maddie a Serendipity al menos una vez al mes para que se comiera su postre favorito. Y también le dábamos tiempo con el resto de su ansiosa y dispuesta familia, por lo que Bella y yo podíamos pasar un tiempo a solas. Cenas agradables (sin mariscos crudos), paseos tranquilos y privados a través del Central Park, largas noches sólo delante de la chimenea…
Continuábamos alternando entre el apartamento de Bella y el mío. Siempre había amado la ciudad, pero Bella se había acostumbrado a Brooklyn, era una vida más tranquila y estaba más próximo a la casa de la niñera de Maddie, e incluso de mi molesta hermana. Sería otra decisión a la que tendríamos que enfrentarnos en los próximos meses, pero nos gustaría enfrentarnos juntos.
Los Premios CLIO fueron el tercer sábado de febrero. Bella y yo llegamos con una enorme y embarazada Rosalie y su orgulloso marido, y con Alice y su novio. Incluso ese bastardo de James también asistió. Tenía que admitirlo, él había desempeñado un papel importante en la campaña del culito del bebé el año anterior, y de todos modos su presencia ya no me molestaba. Yo ya era más confiado en el hecho de que Bella era mía. Y James podría poner sus ojos en ella a escondidas - o lo que él pensaba que era a escondidas, tonto bastardo - tanto como él quisiera, pero ella siempre se iría conmigo a casa.
De todos modos no podía culparlo por mirarla, pobre hijo de puta. Bella se veía increíblemente gloriosa esa noche. Llevaba un vestido de fiesta azul oscuro hasta los pies que abrazaba sus curvas antes ser más suelto en la parte inferior. En el cuello estaba su collar de zafiros, y en sus orejas estaban los pendientes de zafiro a juego. Y como siempre, su anillo de compromiso era la única pieza de joyería en sus dedos. Una vez más, los paparazzi se volvieron locos esa noche después de hacernos fotos y más fotos a los dos, y sobre todo a ella después de ganar el Premio de Oro a La Diseñadora Grafica más Innovadora. Mi corazón estaba a punto de estallar de orgullo, tanto que ni siquiera presté atención al premio de CCW, que por primera vez desde que se abrió, tuvo que conformarse con un CLIO de Plata. Félix Vega del Grupo Twilight consiguió el oro.
No se puede ganar todo.
Pero yo gané el más importante, y eso era todo lo que me importaba.
Unos días más tarde, en la audiencia que Jay Jenks había creado para resolver la custodia de Maddie, Paul, por desgracia pero como era de esperar, no se presentó. Por lo tanto Jenks inició un proceso para despojarle a Paul, a la fuerza, su patria potestad, algo que habíamos estado tratando de evitar. Miré a Bella a través de la pequeña mesa donde había estado sentada más de una hora con Jenks, esperando a que Paul y su consejero aparecieran. Suspiró y metió su mano bajo la mesa para coger la mía, apretándola entre la suya.
Sí, todavía habría momentos difíciles. Sin embargo, iríamos a través de ellos, juntos.
Unos días más tarde, llegué a casa después de una noche larga corriendo en el Central Park. Correr era todavía una parte muy importante de mi vida, y probablemente siempre lo sería. Me ayudaba a aclarar mi mente, a estar a solas con mis pensamientos, a poner las cosas en perspectiva, incluso las cosas más estúpidas como el día agotador en el trabajo. Rosalie entregándonos más trabajo a Bella y a mi ya que su vientre iba creciendo, mi hermana Alice pretendiendo que le prometiera mantener mi cabello bajo control durante el día de su boda. 'Distrae demasiado', lo llamó ella, cualquiera que fuera la mierda que eso significaba.
Y la custodia de mi hija. Siempre la custodia de mi hija.
Así que salí corriendo, kilómetro tras kilómetro, sintiendo el estiramiento de mis miembros, el endurecimiento de mis abdominales y la claridad en mi mente. El viento soplaba en contra de mi mandíbula, al mismo tiempo que el sudor corría por el lado de mi cara y contra mis costillas.
Bella leía para aliviar su estrés, yo corría. El resto lo llevábamos de forma conjunta.
El apartamento estaba tranquilo cuando llegué después de mi carrera. Ya habíamos llevado a Maddie a la cama esa noche, a una cama con un dosel muy blanco que nos habían traído hacía unos días. Algunos de sus juguetes y sus libros estaban en su habitación también, pero mantuvimos la misma pintura y decoración hasta que tomáramos una decisión acerca de dónde viviríamos.
Encendí la luz de la sala de estar mientras entraba en la vivienda. Bella estaría probablemente en la ducha, preparándose para la cama. Corrí a la cocina a por una botella de agua, deseoso de unirme a Bella en una corriente de agua bien caliente. Levanté mi camiseta por encima de mi cabeza, y me quedé inmóvil con ella sobre mis brazos cuando vi a Bella de pie junto a la ventana con su bata blanca, mirando fijamente a los rascacielos de la ciudad iluminada, tenía el teléfono agarrado con fuerza en una mano.
"¿Bella?". Tiré la camiseta a un lado.
Se dio la vuelta y me miró, sorprendida, como si hubiera estado tan absorta en sus pensamientos que no me había oído entrar. En dos pasos rápidos estuve a su lado.
"¿Estás bien, amor?"
Ella asintió con la cabeza lentamente, con la plena expresión de shock.
Miré el teléfono y lo cogí de su mano. Sus ojos siguieron mis movimientos.
"¿Qué ha pasado?"
Sus ojos volvieron a los míos. Parpadeó dos veces. "Era Jenks".
Mi corazón se detuvo. "¿Qué ha dicho?"
"Ha dicho...", empezó lentamente, como si todavía estuviera demasiado sorprendida como para hablar. Ella respiró hondo y continuó con una voz temblorosa. "Ha dicho que el abogado de Paul se ha puesto en contacto con él esta tarde".
Mis manos se hicieron puños a mis costados. Por una fracción de segundo, contemplé la idea de hacer un segundo viaje a Washington en los próximos días.
"Ha dicho que... Paul... que Paul ha firmado los papeles de renuncia de la custodia de Maddie".
"¿Qué?"
Su boca se convirtió en una pequeña y segura sonrisa. "Sí. Ellos se los dieron a Jenks esta tarde, y tenemos que comparecer ante el tribunal el viernes, pero... pero está firmado", dijo lentamente, como si estuviera teniendo un momento difícil al creer las palabras que estaba hablando. "Jenks los ha mirado y ha dicho que todo está en orden".
La miré fijamente, demasiado atónito como para decir nada.
"Dijo que Paul había puesto un post-it en uno de los papeles. Decía: 'Yo no puedo darle nada, pero tampoco puedo quitarle lo que tiene'.
Fruncí el ceño. "¿Sabes lo que eso significa?"
Ella miró por encima de mí, como si recordara algo. "Sí, creo que lo sé".
Por segunda vez en un mes, Bella y yo nos presentamos en la corte. Estábamos sentados en la mesa de caoba, esta vez más pequeña, mientras ella aferraba mi mano con fuerza sobre la mesa, sólo aflojando su apretón cuando el juez confirmó que todos los papeles estaban en orden y que Paul tenía sesenta días para rescindir el papeleo, después, la custodia total de Madisen Grace Swan se concedería a su madre.
Jenks se puso de pie, ajustándose los botones de su traje caro antes de aclararse la garganta.
"Tenemos una petición más, señoría. A mis clientes les gustaría iniciar un proceso para que el señor Edward Cullen, el prometido de la Srta. Swan, pudiera adoptar oficialmente la Srta. Madisen Swan una vez que el período de sesenta días de espera haya caducado".
Tragué nerviosamente. Ahora era mi turno de tomar la mano de Bella en un agarre fuerte.
El juez echó un vistazo a la documentación adicional que Jenks había colocado delante de él, levantando la mirada hacia mí y mirándome con atención.
"¿Sr. Cullen?"
Me puse de pie. "Sí, señoría".
"¿Se da cuenta de la enormidad de este procedimiento? Esto no es una decisión que debe ser hecha por un capricho".
Asentí con la cabeza respetuosamente. "Se lo aseguro, señoría, esto no es un capricho". Me di la vuelta rápidamente y miré a Bella. Ella me dio una sonrisa de apoyo, y sus ojos chocolate estaban llenos de amor y confianza. Me volví hacia la cara del juez.
"Con todo el respeto, Sr. Cullen", continuó. "En los últimos años, usted y sus…aventuras han sido muy visibles para todo el mundo. Ese no es el tipo de vida en la que querría poner a un niño".
"Yo ya no soy ese hombre".
"Muy bien", dijo lentamente. "Pero si en verdad ya no es más ese hombre, necesito cierta seguridad de que usted sabe quién es. Un niño necesita dos padres que lo guíen a través de la vida, y no puede ser una guía si usted no sabe quién es usted mismo".
"Yo sé quién soy, señoría", dije por primera vez en mi vida, completamente seguro de ello.
"Yo no soy infalible, y sí, he tomado algunas malas decisiones. Sin embargo, las malas decisiones no me definen, señoría. Estoy definido por mi dedicación a mi familia, un rasgo que fue inculcado en mí por mis propios padres cuando era un niño. Estoy definido por mi capacidad de dedicarme a aquellos a quienes amo. Y si nos concediera esta petición, me definiría por mi papel como padre de Maddie…Madisen", me corregí. "Porque, ¿quién soy yo, señoría?, soy el hombre que no quiere nada más que tenerla a ella como mi hija, y a su madre como mi esposa".
Durante mucho tiempo el juez me estudió a través de sus ojos mientras yo contenía la respiración, ansioso. Finalmente me había encontrado a mí mismo, y se lo debía todo a mi hija y a mi futura esposa.
Una semana más tarde, Bella, Maddie y yo estábamos disfrutando de un día de primavera en el Central Park. Era principios de marzo, y los árboles estaban empezando a mostrar signos de vida, los brotes verdes alcanzaban su punto máximo en cada rama, la hierba que se había marchitado y secado durante el invierno estaba transformándose en hojas de color verde, exuberantes y suaves debajo de la manta que habíamos extendido. Una docena de otras mantas estaban extendidas sobre el gran césped esta mañana, los habitantes de la ciudad - pálidos por los meses de invierno- así como todos los turistas, aprovecharon el día de calor poco común, tomando el sol sobre las mantas, pasándose balones de fútbol, lanzando Frisbees el uno al otro y volando cometas sobre los árboles y entre los edificios grises de antes de la guerra, las estatuas de las gárgolas brillaban bajo el sol de la primavera.
El sonido de las risas de Maddie flotaba en la brisa cálida, y abrí los ojos, levantando la cabeza de donde había estado descansando sobre la manta. La cabeza de Bella estaba en mi estómago, añadiendo una capa extra de calor.
Maddie estaba corriendo con otras dos niñas pequeñas de su edad, Emma y Julie. En el último par de semanas, con este tiempo caluroso, nos habíamos reunido con ellas y sus padres un par de veces mientras estábamos en el parque. Las tres niñas se habían convertido rápidamente en buenas amigas, compartiendo su amor por las princesas, por Dora y por el chocolate.
Me reí cuando vi a mi hija gritar de alegría al ver a una ardilla llevarse una bellota. Puse mi cabeza de nuevo en la manta y cerré los ojos un momento. Los rayos del sol estaban sobre mis ojos, dejándome una impresión en tonos de oro de la cara sonriente de Maddie detrás de mis párpados.
"Ella realmente se divierte con esas niñas, ¿no?". Murmuré en voz baja, apoyando mi cabeza sobre una mano y pasando la otra a través del suave pelo de Bella.
"Mmhm", respondió Bella.
"Prefiero que juegue con ellas que con esos dolores de culo de niños de Brooklyn", murmuré, haciendo muecas cuando me acordé de sus patéticas madres.
Bella se rió, moviendo su cabeza por encima de mi estómago. "No puedes mantenerla alejada de los chicos para siempre, Edward".
Le sonreí, con los ojos todavía cerrados. "Mírame".
Bella se rió de nuevo. Su cabeza se alejó de mi estómago, y de repente, los rayos dorados del sol en mis ojos cerrados desaparecieron y la oscuridad total bailó sobre mis ojos. Cuando los abrí otra vez, Bella tenía la parte superior de su cuerpo sobre mí, apoyando su peso con un brazo a cada lado de mí.
Se mordió el labio, y tenía una expresión pensativa en su rostro. "En realidad, el otro día hablé con la madre de Julie".
"¿Sobre qué?"
"Bueno... Maddie empezará primaria en septiembre... la mamá de Julie me estuvo hablando acerca de la escuela a la que Julie y Emma van. Se supone que es realmente buena, pero la lista de espera por lo general se inicia tan pronto como te enteras de que estás embarazada, y ya ha sido cerrado el registro para este mes de septiembre". Ella rodó los ojos.
Negué con la cabeza. Bella bajó la mirada a mi pecho. "Yo, uh, hablé con Esme ayer".
Todo esto iba a alguna parte.
"¿Y?"
"Ella es una buena amiga de uno de los miembros de la junta de la escuela". Se mordió el labio otra vez. "Ella, eh... ella dijo que si queríamos, probablemente podría conseguir que Maddie estuviera registrada allí en septiembre".
Fruncí el ceño con curiosidad. "¿Dónde está la escuela?"
"No está demasiado lejos. A pocas manzanas de aquí".
"¿Desde nuestro apartamento de aquí?"
Ella asintió con la cabeza, con una sonrisa lenta arrastrándose sobre su boca.
Le sonreí ampliamente. "Bien, bien, bien", me reí. "¿Está la señorita Isabella Swan preguntando algo y aceptando un favor de su futura suegra?"
Ella se sonrojó y me golpeó en el estómago con su brazo. La agarré de los brazos y aterrizó en la parte superior de mí, riéndose. Yo le acaricié la cabeza con mis manos y acerqué su boca a la mía, besándola con suavidad.
"¿Así que vamos a mantener nuestra dirección de Central Park West?". Le pregunté cuando ella se apartó.
Ella asintió con la cabeza con una sonrisa. "Mantendremos la dirección de Central Park West". Ella levantó la vista y examinó el gran jardín, Maddie seguía jugando con sus amigas, los pájaros de la primavera volaban de árbol en árbol y se oía a la gente riéndose y jugando con amigos y familiares.
Ella suspiró. "Creo que me puedo acostumbrar a tener el Central Park como mi patio trasero".
Le sonreí, porque era una de las cosas que siempre me había gustado de donde yo vivía.
Los ojos de Bella se reunieron de nuevo con los míos, y esta vez le brillaban de emoción.
"Y yo estaba pensando que-", se agachó y trazó mis ojos con su dedo. "Para el segundo sábado de julio deberíamos haber tenido tiempo suficiente para tenerlo todo en orden, el traslado, los papeles de adopción, Rose habrá tenido al bebé, habrá pasado suficiente tiempo después de la boda de Alice y Jasper... así que...", terminó con una voz temblorosa.
Mi corazón se disparó.
"¿Así que el segundo sábado de julio?". Le pregunté, frotándole en círculos la nuca.
Ella sonrió feliz. "El segundo sábado de julio".
Nos miramos el uno al otro por unos maravillosos segundos, y entonces ella echó sus brazos alrededor de mí. Me reí con ganas y ella chilló de alegría.
oooooooooo
Unas semanas más tarde, Maddie y yo estábamos teniendo una tarde de primavera de padre e hija, paseando por el parque. El día anterior habíamos trasladado todas las cosas de Bella y de Maddie. La pintura se había secado en la nueva habitación de Maddie, llena de murales con princesas y castillos en medio de un frondoso y verde parque, todo ello rodeado por altos rascacielos de color rosa y puentes púrpura que brillaban en la luz del sol. Cuando Bella le mostró a Maddie su habitación terminada, ella saltó arriba y abajo, aplaudiendo con sus manitas juntas por su aprobación.
Ahora, mientras mi madre, Bella, Alice y Rose estaban con algunos preparativos finales para la boda de Alice, Maddie y yo pasábamos un tiempo juntos. A pesar de que estaba nervioso por lo que yo quería hablar con ella hoy.
Nos detuvimos frente al gran estanque en el centro del parque. Los rayos de color oro caían sobre él, haciendo que brillara como miles de diamantes incrustados en el agua. Me agaché y cogí unas cuantas piedras pequeñas y lisas, y le entregué la mitad a Maddie.
Tiré una al estanque, donde aterrizó con un pequeño golpe, dispersando gotas de agua sobre él. Ella me miró con atención y luego escogió una de las suyas, echó el brazo hacia atrás, se movió rápidamente hacia delante y soltó la piedra. Ella se rió cuando aterrizó un poco más fuerte que la mía.
Nos alternamos para lanzar las piedras en el agua.
"Entonces, ¿te gusta tu nueva habitación, princesa?". Le pregunté.
"¡Es muuuy bonita, papá! Mamá dice que me va a conseguí un cuado pa que pueda pintá un dibujo de mí, de ti y de ella. Así lo colgaé sobe mi bonita cama".
"Esa es una buena idea", me reí. "Estoy seguro de que va a ser el cuadro más bonito de todos".
Ella se puso un dedo en su barbilla, pensativa. "Tal vez. Aunque las pintuas de mamá son muy bonitas también", dijo con un encogimiento de hombros.
Me eché a reír y luego me aclaré la garganta.
"Maddie princesa, ¿te acuerdas de cómo mamá y yo te explicamos que vamos a casarnos en un par de semanas?"
"Uh huh. Y yo voy a sé la niña de las floes. Como lo seé cuando la tía Ally se case", se rió alegremente.
"Correcto", estuve de acuerdo con nerviosismo. "Bueno, eh, cuando mamá y yo nos casemos, su apellido va a cambiar. Ya no va a ser más Bella Swan. Será Bella Cullen".
Ella dejó de lanzar sus piedras y se volvió hacia mí con el ceño fruncido. "¿Peo todavía va a sé la misma mamá, no?"
Me arrodillé ante ella y le puse una mano en su hombro. "Sí, princesa. Ella será la misma mamá, solo que tendrá un apellido diferente".
Sus cejas se arrugaron un poco mientras pensaba, sus ojos oscuros nunca dejaron los míos.
"¿Y yo qué, papá?"
Tragué saliva espesa, apretando un poco mi agarre en su hombro.
"Bueno, princesa, mami y yo queríamos que tu apellido fuera Cullen también, pero no tienes que cambiarlo de inmediato", me apresuré a decir. "Todavía te puedes llamar Maddie Swan por un poco más de tiempo si quieres. Pero cuando empieces la escuela-"
De repente sus brazos calientes se pusieron alrededor de mi cuello. Ella me abrazó con fuerza antes de regresar su mirada a mis ojos.
"¿Quiees decí que ahoa soy Maddie Gwace Cullen?", respiró.
Asentí con la cabeza lentamente. "Ahora eres Maddie Grace Cullen".
"¿Ahoa?", preguntó de nuevo.
"Sí, princesa, ahora". El juez había firmado los papeles hacía dos días.
"Pero está bien si se te olvida a veces, o si a veces todavía quieres llamarte Maddie Swan".
Ella envolvió sus brazos alrededor de mi cuello.
"¡Oh, papá, ahoa soy Cullen como tú y como la tía Ally, y como la abuela y el abuelo, como el tío Emmett y la tía Rose y ponto mamá seá una Cullen como nosotos!".
Miré a mi hija, tan dulce e inocente, y cerré los ojos por dos segundos, agradeciendo a quien estuviera allí arriba por el día en que ella me lo dio todo, por el día en que me dio la oportunidad de demostrar que yo era digno de ella y de su madre.
Después de arrojar piedras un poco más, me llevé su pequeña mano a la mía, y juntos caminamos de regreso a casa, su pequeña y brillante pulsera de plata colgaba de su brazo y sonaba entre nosotros mientras paseábamos y hablábamos en nuestro camino a través del parque. Le añadimos un par de piezas desde el invierno, un pingüino - su animal favorito cada vez que íbamos al zoo - y un corazón. Pero a pesar de que todavía no podía leer, ella siempre decía que la pieza que ponía 'niña de papá' era su favorita, porque su padre se la dio ese día especial cuando su madre también consiguió ese anillo especial.
Miré a mi princesa, y por instinto, sus ojos se acercaron a los míos. Ella sonrió ampliamente y se abrazó a mi muslo. "Te quieo, papá".
Hacía unas semanas, el juez Riley me preguntó si sabía quién era yo.
Lo sé.
Soy Edward Cullen, hijo de Esme Cullen, madre, abuela y filántropa, y de Carlisle Cullen, cirujano del corazón, devoto esposo, padre y abuelo.
Soy un ejecutivo de una agencia exitosa. Soy un ávido atleta. Soy un hombre que ama la vida en la ciudad. Que ama el aire libre. Que ha aprendido a valorar a la familia por encima de la superficialidad.
Pero más que eso, pronto sería el marido más fiel posible de Isabella Cullen, y el padre de Madisen Cullen.
Yo soy el hombre que va a estar ahí para ellas, siempre.
Ese es quién soy.
FIN
... ...
Tengo que agradecerle a la autora, pattyrose, el que haya escrito esta increible historia que nos has he hecho llorar, reir, enfadarnos... y que por lo menos a mi me ha encantado muchísimo, de verdad. Espero poder traducir pronto otra historia de las suyas, porque merece la pena el esfuerzo de traducir si es una historia tan bonita ;) Nos vemos en los epílogos :)
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Muchas gracias por comentarme:
Ludgardita, lizco2, beakis, Nurysh, Cullen Vigo, akako cullen, Sayuri1980, Agui, vivi SR, Bite Me Sr. Cullen, nany87, pamelita, montse, Marchu, Rosa Masen Cullen, joli cullen, robsten-pattinson, almassofi, lunaisabella, MaxiPau, liduvina, Pamrodriguez, Arixa, est cullen, Nora Bells, pam, EdithCullen71283, Seiya-Moon, mei-cullen-clan, brigitte, MillaPattzn, Sweet Angel186, DeniGranger, nina, mpgm, Lucero Hale, AlinPattz, deandramari, Ingriid, Tnad3a29, janalez, Agustina Griego, Andrewy, Fran Ktrin Black, Mary de cullen, Andrea, lizzycullenswan,roxcio, Marianixcr, Molly M94, anamart05, gpattz, pillyna, inyourskins, rakelluvre, paaholiitha´Gg, Lourense, madaswan, andrea22, elena robsten, Andrea D, supattinsondecullen, Johis U, Tutzy Cullen, Alblurs, Yuri, Luz CC, Hikari Strife 10, yasmin-cullen, kmi, ari, mariana, Ely Cullen M, Angie J Menkaure, Kisara Mansen, Black, fantwilight1, nitzuki, Cindel23, anita cullen, IOren Cullen, MCullenMustang, Fran Cullen Masen, Gaby, CrissYmell, Angie Masen, janalez, RoxCM, yyamile, FS-Twilight, AnithaPattzCullenPacker, ariadna25, Mamitakaren, Isita Maria, Si-Lolita-Si, Mamitakaren, Leonorguerrero, kelia cullen, rarosy, chusrobissocute, Nessa610, si me dejo a alguien mandadme un privado, gracias ;)
