Tres semanas después.
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POV. Christian Grey.
Ya hoy es el juicio de Carla sólo espero que pague por todo lo que ha hecho. Ana tiene que ir a testificar, yo no quería que fuera pero mi padre digo que tiene que ir para que puedan encarcelar a Carla y hacer justicia.
Sé que esto será difícil para Ana por eso estaré siempre a su lado, y bueno tendrá a mi padre también ya que él la representará como abogado, y confió a ojos cerrados en mi padre, bueno por algo es uno de los mejores abogados del país.
La graduación es el viernes y hoy estamos a martes. Mi madre me regaló un traje de «Giorgio Armani», que es muy bonito, no le he dicho nada a Ana porque quiero ver su cara cuando me vea en traje, la verdad es que nunca lo ha hecho y espero que le guste.
Ella tampoco ha querido decirme que se pondrá ese día solamente sé que se va a poner un vestido, pero no importa con cualquier cosa que se ponga se verá hermosa.
Me remuevo para ver a mi novia dormir plácidamente, se ve tan hermosa así, veo la hora y son las siete y media de la mañana, aún es temprano así que decido despertar a Ana como se lo merece.
Comienzo a darle besos por su cuello, barbilla y por todo su rostro, veo como lentamente va abriendo sus preciosos ojos y me sonríe.
—Buenos días, preciosa —le digo mientras le beso sus dulces labios.
—Buenos días, cariño —me sonríe.
—¿Cómo amaneciste? —le pregunto mientras la vuelvo a besar pero esta vez con más pasión.
—Muy bien —dice y esta vez es ella la que me besa—. ¿Y tú? —murmura en mis labios mientras se monta encima de mí.
—De maravilla —le digo y nos seguimos besando, siento como las manos de Ana acarician mi torso y van bajando suavemente hacia el sur, pero la detengo rápidamente, si sigue así no podré parar—. Ana, nena, no hagas eso, mira que no seré consciente de lo que haga después —digo con voz ronca.
—Christian, quiero que me hagas tuya —dice Ana mirándome directamente a los ojos.
Puedo ver el deseo en sus ojos azules.
—¿Estás segura? —le pregunto.
—Segurísima —me responde para luego volverme a besar intensamente.
—En ese caso —murmuro y ruedo en la cama quedando arriba de ella.
Comienzo a besarle el cuello lentamente para luego pasar mi lengua y siento como se estremece ante mi tacto y su respiración se dificulta, subo por el lóbulo de su oreja y se lo muerdo levemente haciendo que suelte un pequeño gemido.
—Eres hermosa, Anastasia, y eres toda mía —le susurro y veo como se le erizan sus vellos.
Beso delicadamente sus labios, muerdo su labio inferior haciendo que gima y así abrirle paso a mi lengua, el beso es cada vez más intenso y apasionado, la sigo penetrando con mi lengua mientas mis manos recorren todo su hermoso cuerpo.
—Solamente yo te haré gritar de éxtasis —susurro y ella me responde con un jadeo.
Saco lentamente su blusa de pijama y sus grandes pechos quedan a mi vista ya que no llevaba sujetador, con tan solo verlos mi miembro se endurece más si es que es posible.
Vuelvo a besar su cuello y doy pequeños mordiscos, voy bajando lentamente sin dejarla de besar hasta llegar a sus senos, meto un pezón a mi boca mientras que con mis dedos le doy leves pellizcos al otro.
Rodeo con mi lengua su pezón y comienzo a chuparlo y besarlo, Ana gime incontrolablemente, ese sonido llega directo a mi pene que está a punto de estallar, cambio de pecho y comienzo a besar el otro dejando sus pezones completamente erectos y rosados.
Voy bajando por su vientre dejando pequeños besos hasta llegar a su feminidad, quito lentamente sus shorts y meto mi cabeza en su entrepierna, lo huelo y ¡joder! Esta mujer me matara, suelta un fuerte gemido.
—Oh, nena, que bien hueles, tu olor me vuelve completamente loco, loco por ti —susurro sin apartar mi cabeza de su entrepierna.
—Tú también me estas volviendo loca —gime Ana haciendo que sonría.
Lamo su clítoris y ella se retuerce bajo mi cuerpo, comienzo a devorar su sexo mientras que hundo dos dedos dentro de ella.
—Ahh, Christian —gime.
—Oh, sí, nena, eres una delicia —le gruño.
Sigo devorando su sexo mientras que mis dedos entran y salen de ella lentamente, cuando sé que está a punto de llegar a su orgasmo me detengo, me bajo de la cama y quito rápidamente mis pantalones de pijama, vuelo a la cama y me posiciono entre sus piernas, alargo mi brazo hacia la mesita, tomo un condón y me lo pongo rápidamente.
Acerco mi pene a su entrada y juego con ella, ¡joder! Siento lo húmeda que está, y me alegra saber que está así es por mí, porque yo le doy placer. Me hundo lentamente en ella sintiendo como sus paredes vaginales se amoldan perfectamente a mi pene, ¡joder esto es el paraíso!
—Oh, nena, esto es la gloria —gimo.
—Síí, Christian, como extrañaba esto —gime Ana.
Me acomodo mejor sobre su cuerpo apoyándome con mis antebrazos y ella rodea mi cintura con sus piernas haciendo nuestro contacto más profundo, comienzo a moverme lentamente fuera y dentro, fuera y dentro, gimiendo en el oído de Ana, no puedo controlarme, ella me hace perder el control.
—Ahh, Christian, muévete más rápido, por favor —gime Ana fuertemente y yo sigo embistiéndola.
—Síí, nena, como tú quieras. Ahh te amo tanto —gruño mientras me muevo más rápido, penetrándola fuertemente.
Sigo moviéndome encima de ella hasta que siento que las paredes de su vagina se contraen avisándome que está a punto de llegar a su orgasmo y yo tampoco duraré mucho.
—Vamos, mi amor, dámelo —digo con la respiración agitada, moviéndome rápidamente esperando llegar al momento de éxtasis.
—Ahh, Christian —susurra Ana llegando a su liberación y yo la sigo.
—Oh, sí, nena —susurro cayendo encima de ella, hundiendo mi cabeza en su cuello.
Los dos tenemos la respiración dificultosa, levanto mi cabeza para verla y tiene los ojos cerrados así que me acerco y la beso suavemente para luego salir de ella haciendo que se estremezca.
—Oh Dios, eso fue maravilloso —susurra Ana.
—Claro que sí, nena, siempre será maravilloso si es contigo —le digo, la beso para levantarme e ir al baño para botar el condón.
—Voy a darme una ducha —dice Ana entrando al baño—. El juicio es al medio día y estoy muy nerviosa.
—Tranquila, nena, todo estará bien, yo estaré contigo —le digo.
Ya cuando estamos listos bajamos a la cocina y ahí están todos hablando animadamente, oh dios espero que no nos hayan escuchado, miro de reojo a Ana y está roja creo que está pensando lo mismo que yo.
—Buenos días, —Saludo a todos.
—Buenos días, cariño, el desayuno ya está listo —dice mi madre con una sonrisa a la que yo le correspondo.
Ana y yo nos sentamos en el comedor donde se encuentran todos.
—¿Ana cómo te encuentras? —pregunta mi padre refiriéndose al juicio.
—Nerviosa —contesta Ana.
—Tranquila eso es normal, además Carla no tiene escape, nos enteramos que ella y su esposo están metidos en negocios ilícitos, además de que él traficaba droga en España, en estos momentos él está detenido allá, y bueno Carla no saldrá de la cárcel ya que tiene muchos cargos en su contra —dice Carrick con una sonrisa.
—No entiendo cómo puede estar metida en cosas ilegales, y todo por el dinero —dice Ana negando con la cabeza.
—Sí —dice Carrick.
—Esa mujer es una perra —murmura Mia que estaba callada.
—El vocabulario —dice Elliot a Mia.
—Que vas a hablar tu si eres peor —le dice Mia sacándole la lengua haciéndonos reír a todos.
Al rato llega mi mamá con Gretchen y nos traen el desayuno.
—La señora Carla May Adams, es acusada de intento de homicidio, maltrato infantil, por ser cómplice de negocios ilícitos y traficación de droga, su sentencia será de treinta y cinco años en la cárcel, sin derecho a una fianza —dice el juez Richards.
—¡No! —grita Carla—. ¡Todo por la culpa de esa zorra! —grita e intenta zafarse de los policías pero estos son más fuertes.
—Damos por terminado el juicio —dice el juez levantándose y yo corro hacia Ana mientras que las personas salen de la sala. Cuando llego a Ana ella me abraza fuertemente.
—Ves, nena, ya todo pasó, ya no te volverá a molestar —le susurro mientras le doy un suave beso en sus labios.
—Sí, le debo mucho a tu padre —dice Ana abrazándome de nuevo.
—Tú no le debes nada, ahora vamos a celebrar —le digo sonriendo y ella me responde con su hermosa sonrisa.
—Te amo —me dice.
—Yo te amo más —le digo y la vuelvo a besar.
