Hello everybody! '^.~'

Espero que la estén pasando bien en estos días. Y sin más que agregar, les dejo el capítulo 36. Espero que lo disfruten.


Desenterrando el Pasado Season II - Chapter 36

Las blancas cortinas se mecen al compás de la fresca brisa que escapa a través de la ventana, al igual que se mecen las flores depositadas en el florero situado sobre el alféizar de la ventana; asimismo, se escucha el canto esplendoroso de las aves y, a la vez, se aprecia un ligero y cómodo silencio. Silencio que atrapa la habitación donde Anko se encuentra instalada y sumergida en un profundo sueño, con los pálidos dedos de sus manos reposando en ambos costados del cuerpo. No obstante, el dedo índice de su mano izquierda empieza a moverse levemente, luego le siguieron los dedos corazón y meñique, y entonces su mano izquierda agarró la sábana al momento de cerrar la mano en puño.

En el corredor…

Kakashi conversa con Tsunade-sama frente a la puerta de la recámara donde Anko permanece sin reaccionar a cualquier movimiento físico muscular. Tsunade suspira con ligereza. – Ha pasado una semana desde que ella reaccionó a los movimientos en sus dedos. – susurra, tratando de no alterar al Hatake. Entrecierra sus ojos ambarinos, analizando la reacción del shinobi frente a ella. – Ella aún sigue en estado vegetal, su tiempo se ha detenido, pero tengamos fe de que volverá a avanzar.

Derrotado, Kakashi agacha la mirada. – Mientras los días transcurren sin obtener alguna buena noticia de su estado, siento que voy perdiendo las esperanzas de verla reaccionar. – desliza despreocupadamente sus manos en los bolsillos de su pantalón. – Mis hijos han perdido toda esperanza de volver a ver a su madre como antes. Creen que se quedará así para siempre.

Asumi puede ser testaruda e impaciente, pero piensa igual que tú. – sisea Tsunade, notando el poco entusiasmo en el ninja copia. – Kakashi, recuerda que yo estaré supervisando la situación de tu esposa. – él le mira sorprendido. – Haré cuanto esté en mis manos para traerla de vuelta.

Agradezco su ayuda y apoyo. – suspira y esquiva la mirada de la rubia.

¿Pero? – levanta ceja interrogante.

Asumi tiene razón. Todo esto nos afecta de una manera que perjudica a Kiyoshi. Ciertamente, Anko no querría esto. – levanta la mirada insegura. – Asumi finge estar bien, y ya explotó. – sonrisa triste. – Me lo vi venir. Kiyoshi no deja de preguntar por su madre y cuándo regresará a casa. – Mientras tenían dicha conversación, eran ajenos a lo que sucedía dentro de la habitación.

Anko frunce el entrecejo intentando abrir sus ojos y mueve los dedos con la esperanza de que alguien la tocara. Entonces entreabre sus labios, haciendo que su respirar empañara la mascarilla y poco a poco sus ojos color miel se abren, pero vuelven a cerrar, no sintiéndose segura de saber dónde se encuentra. Otro intento y vuelve a abrirlos, y éstos inspeccionan, estudian el alrededor, no identificando el lugar.

Mueve sus labios haciendo un llamado en auxilio, pero la garganta no emite sonido alguno, no es escuchada y la angustia se apodera de ella al no haber alguien que le brinde ayuda, entonces levanta su mano con esfuerzo en dirección a su boca con el propósito de retirar la mascarilla. Objetivo alcanzado. Además, siente su cuerpo pesado y un dolor en la muñeca derecha, la cual ve en ella un pequeño tubo plástico inyectado, lo agarra con su otra mano y de un halón se lo arranca sin importar manchar las sábanas de sangre gracias a su arrebato. Enseguida, recuerda un dato sumamente importante.

Ka…– en susurros, su garganta empieza emitir los sonidos deseados. – Ka…kashi…– intenta sentarse sobre la cama, pero las fuerzas no les eran suficientes y su cuerpo no responde al llamado. Insiste en levantarse, pero al momento de ver su plano vientre sus ojos horrorizaron como si hubieran visto al mismo demonio y las pocas fuerzas la abandonaron por completo dejándose caer en la cama bruscamente hacia atrás.

Con los labios temblorosos y ojos horrorizados, cierra los ojos esperando descartar la cruel realidad que la golpea tan brusca y sin tacto. – M-Mi…– lágrimas escapan de sus ojos, las cuales se perdieron en las orejas. No aguantando el dolor que al despertar sintió encontrándose con una dolorosa verdad, grita con todas sus fuerzas. – ¡Kakashi! – nadie llega a su ayuda. – ¡¿Kakashi, dónde estás?! – sus manos agarraron las sábanas, pensando que así obtendría las fuerzas para gritar más alto. – ¡Kakashi, ven! ¡Kakashi, ayúdame! ¡Te necesito ahora! – intensifica la fuerza de los puños. – ¡KAKASHI!

Tsunade-sama y Kakashi continuaban conversando en el pasillo. Él parecía haber perdido la confianza en sí mismo y ella intentaba que esa confianza se fortaleciera por sus hijos y esposa que, aunque yace en una cama de hospital, lo necesitaba. Es entonces cuando escucharon un grito provenir dentro de la recámara. Imposible, Anko no podía ser; ella estaba desfallecida en esa cama. Quizás era alguien jugándole una mala pasada. No obstante, en el último grito escuchó claramente su nombre y, ambos, rápidamente arribaron a la habitación como locos. Allí vieron a una llorosa Anko acariciando su vientre.

Kakashi quería correr hacia ella, abrazarla y besarla, pero al ver sus ojos asustados, más bien horrorizados, sabía que algo no andaba bien y no sabía qué reacción tener en dicho momento, pero Tsunade le indicó con la mirada, sin necesidad de mencionar palabra, que se acercara a ella. Por lo que, a cortos e inseguros pasos, caminaba hacia ella y mientras ella murmuraba su nombre hasta el cansancio con lágrimas desbordando de sus ojos. – ¿Anko? – toma asiento en una esquina de la cama y coloca ambas manos sobre las de ella que se ubican acariciando el vientre, procurando que ella le prestara la debida atención. – ¿Anko, me escuchas? – no obtiene respuestas. Espira, retirando sus manos, pero ella detiene una de las manos del shinobi, sorprendiéndolo sobremanera.

Kakashi, ¿dónde está? ¿Qué hicieron con él? – el silencio y la confusión de su esposo, aclararon sus dudas, según la deducción de ella. – ¿Dónde? – voz entrecortada. – Necesito saberlo. – más confusión para él. – No te hagas el inocente conmigo.

Kakashi mira a Tsunade, quien le incita a responder. – ¿De qué o quién hablas, Anko? – deposita una suave caricia en la mejilla de Anko.

La furia se apodera de ella. – ¡No te hagas el tonto conmigo! – exclama agresiva. – ¿Dónde está? ¡Quiero una respuesta, ahora! – exige mientras intenta levantarse de la cama, sabiendo que sería inútil.

Kakashi sostiene las féminas manos entre las suyas. – Cálmate. – le incita. – Hablemos con calma.

Anko le mira directamente a los ojos en modo suplicante. – Por favor, quiero saber de él. – estupefacción en el rostro de Kakashi. – Deseaba abrazarlo. – su voz se rompe. – ¿Qué pasó esa noche? – ante el silencio de Kakashi, el enojo invade su cuerpo, entonces se encorva y toma del cuello del chaleco a Kakashi. – ¿Dónde demonios está mi bebé, Kakashi? – ahora todo tenía sentido para él. – ¿Por qué no está en mi vientre? ¿Dónde está? ¿Qué le hicieron a mi bebé? ¿Lo perdí? ¡Contesta! – un fuerte dolor asalta su cabeza, más no le importó.

Kakashi agarra las manos de ella y, sin presionarlas, las retira de su cuello. – Escúchame. – los ojos cristalinos de Anko se clavaron en su cabeza. – Nuestro bebé…– no sabía si decirle la verdad a escasos minutos de despertar o dejarla descansar, pero la insistencia de la morena le decía que debía decirle la verdad fuera dolorosa o no. Así que, toma una bocanada de aire. – Nuestro hijo nació bien, sano y salvo. – ella se relaja. – Está en nuestra casa esperando por ti.

Una leve sonrisa se dibuja en los labios de ella, pero sin previo aviso su cabeza empezó a dar vueltas y un fuerte mareo le hizo apoyarse del Hatake, quien le colocó una mano en la espalda y la atrajo hacia él, dándole confianza e intentando que no perdiera la consciencia y se concentrara en él. – ¿Qué pasó esa noche, Kakashi? – susurra contra su pecho. En un momento de fortalecerse él mismo, la abraza, más deposita un beso en la coronilla de la cabeza de su esposa. Sospechando un mal augurio, coloca sus manos en los pectorales de él y se aparta un poco, lo suficiente para verle el rostro. Sin embargo, inesperadamente Kakashi intensificó el abrazo. – ¿Qué pasó con Asumi? ¿Dónde está Koishi? – él no responde. – Si dices que Kiyoshi está en casa, ellos también lo están, ¿cierto?

Anko, yo…– esconde su rostro entre el largo cabello de la kunoichi.

Apretando los dientes con impotencia, empieza a sollozar sin poder evitarlo mientras un nudo se le formaba en la garganta. – ¿Qué…? – abre sus ojos impactada, sus pupilas se contrajeron y todo lo que éstos observaban se volvió gris, pues los recuerdos sobre esa noche cargando a un bulto envuelto en una manta blanca invadieron sus pensamientos.

~ Flash Back ~

Escapaba de un fuerte enemigo sin conocer su identidad, pero necesitaba huir porque la vida de su pequeño peligraría. El niño se removía entre sus brazos y atrapaba en su pequeña manita el dedo de ella. Sus ojos se encontraron y él empezó a reír. Una suave y hermosa risa transmitente de paz. Satisfecha de poder apreciar esa felicidad en esos momentos, depositó un tierno beso en la suave mejilla de Kiyoshi. Por su parte, él la miraba con esos ojos curiosos de conocer el mundo exterior el cual le rodea y con ganas de vivir. Ojos llenos de sueños, de esperanzas, de ver más allá del horizonte y saber qué puede descubrir. – Si nosalimos de ésta, yo…– sacudió la cabeza. – ¡Qué estoy diciendo! Te protegeré con mi vida y te salvaré, no importa si tengo que ensuciarme las manos. – sonriente, bajó la voz poco a poco hasta quedar en susurros. – Eliminaré a ese bastardo e iremos a casa, juntos.

Su oponente apareció detrás de ella, quien abrió los ojos atónita por el desempeño realizado al encontrarla con suma rapidez. – Se acabó el juego Mitarashi. – Voz seria y grave. Ella no podía moverse por la impresión causada por las habilidades de rastreo del enemigo y el miedo de perder a Kiyoshi, miedo fundado en su cabeza.

El enemigo hizo firme el agarre de la guarnición de la espada y con ésta estuvo a un paso de golpear su nuca y dejarla inconsciente, pero un par de kunais salieron de entre las sombras, haciéndole retroceder y alejarse de Anko. – ¡Aléjate de mi madre! – gritó una vocecilla entre las sombras.

Mirada sorprendida. El labio inferior de Anko empezó a temblar, nerviosa porque la situación se había complicado y sus hijos ya estaban involucrados. No. susurra. Voz apenas audible. – No. Por favor, ellos no. – cerró los ojos aplastando las lágrimas que deseaban escapar, pero lo permitió. – ¡Koishi, huye! – gritó con todas sus fuerzas. – ¡Aléjate de aquí, lo más rápido que puedas! ¡Ahora!

Sin entender, Koishi aterrizó sobre la hierba y confundido miró a su madre. El enemigo había huido, ya no había peligro. – ¡Okā-san! – caminó poco a poco donde se encontraba ella. – Okā…– Anko lo buscaba con la mirada y las lágrimas brotaron de sus ojos inconscientemente al ver que el shinobi le propinó un fuerte rodillazo en el estómago a Koishi, robándole el aliento. –…san. – cayó de rodillas abrazando su estómago.

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Una enorme serpiente salió desde el suelo apresurándose para así atraparla. Anko lanzó un par de shurikens directo a sus ojos, pero ésta la golpeó con la cola mandando a la kunoichi a volar y golpearse terriblemente fuerte contra un árbol. En pocos segundos, ella se puso de pie débilmente mientras su frente sangraba, su cuerpo estaba totalmente lesionado, apenas podía levantarse y de repente la marca de maldición comenzó a impulsar y Anko cayó de rodillas, congelándose debido al dolor trasiego atravesando su cuerpo. Pero, sin importarle mucho el pulsante dolor proveniente del cuello, se levantó y aunque le incomodara admitirlo, el sello era su única salida.

El enemigo descubrió su plan e invocó varias serpientes, las cuales la atraparon antes de desatar el sello. Eso la tomó desprevenida e intentó liberarse, pero éstas apretaban cada vez más. El shinobi sonrió feliz de atraparla al fin, por lo que caminó satisfecho en dirección donde yacía la Mitarashi. – Al fin colaborarás conmigo, Mitarashi Anko. – dijo mientras se acercaba al oído de la kunoichi. – Cuando termine contigo, mataré a tus adorados hijos.

~ Flash Back ~

Anko no reacciona. Angustiado, Kakashi la aparta tomándola por los hombros para obligarla despertar de su estado. – Anko, mírame. – Tsunade se acercó a estudiarla e intentar despertarla, pero no resultó. – ¡Anko! – vuelve a llamarla, resultando inútil.

La mente de Anko se había concentrado en recordar todos los sucesos posibles. Las imágenes pasaban por su cabeza como si viera una película. No sentía su fuerza, el cuerpo estaba pesado mientras perdía la razón y la voluntad. No obstante, sus recuerdos prosiguieron, aclarando lo ocurrido esa noche. En especial la discusión que tuvo con su esposo por tener opiniones contrarias de arriesgar su vida por Konoha.

~ Flash Back ~

Parte de mi chakra está dentro de esa cosa. Si puedo absorberlo será más sencillo destruir esa puerta. – Anko insistía mientras ambos intercambiaban miradas retadoras. – Déjame hacerlo, por favor. Déjame salvar a nuestros hijos para que puedan vivir tranquilos. Quiero verlos sonreír.

No puedo dejarte, ¿entiendes? – Kakashi la mantenía agarrada firmemente de los hombros. – Una vez creí perderte y me sentí desfallecer, ahora no me pidas que te deje ir allí. – le susurró especialmente a ella.

Entiendo cómo te sientes, pero…– sus palabras fueron ahogadas en un repentino beso. Kakashi la había atraído súbitamente hacia él tomándola de la nuca y forzando un profundo beso delante de todos los presentes. Al romper el beso, Kakashi sonreía con su ojo visible cerrado. – Siempre obtienes de mí lo que deseas. – una leve sonrisa se evidenció en los labios de ella entretanto él levantaba la banda ninja, descubriendo su ojo sharingan. – Iré contigo.

¡Otō-san! ¡Okā-san! – los llamó Asumi, con cierta timidez, acercándose a ellos.

Cariño, ven aquí. – pidió Anko. Su hija corrió hacia ella y la abrazó. – Cuida de tus hermanos, ¿sí? – ella asintió sin comprender en aquel momento a qué se refería su madre. Kakashi le alborotó el cabello a su hija, más le sonrió cerrando ambos ojos. – Tsunade-sama, cuide de mis hijos, es lo único que le pido. – la Quinta afirmó ante la súplica de la Mitarashi. – Asumi…– no sabía qué más decirle a su pequeña niña.

Hija, volveremos pronto. – dijo Kakashi, llamando la atención de ambas mujeres, tanto la de Anko como de Asumi. – Lo prometo.

Así, ambos shinobis se alejaron y velozmente llegaron a donde estaba la puerta, aterrizando sobre ésta. De inmediato empezaron a realizar posiciones de manos y al terminar posicionaron ambas manos sobre la puerta. No obstante, vieron que ésta tenía papeles bomba y, junto a Kakashi, Anko retrocedió. Inevitablemente llegó la explosión ocasionando que la polvareda se levantara de la tierra, por lo que los presentes se cubrieron los ojos. Entonces una desequilibrada cantidad de chakra expulsada de una manera brutal le hizo retroceder. Fue entonces que vio a Asumi estar en peligro, pero su esposo intervino protegiéndola de aquel ataque.

Sin embargo, Koishi era el objetivo principal ya que Kurenai cargaba al recién nacido Kiyoshi y ella podía protegerlo porque Asuma estaba a su lado. No quiso perder tiempo, y protegió a su hijo con su cuerpo, quedando la katana atravesada en su vientre. Por su parte, Kakashi había implementado su técnica especial, el chidori, y entonces ella aprovechó la oportunidad que le brindaba su esposo y con el poco chakra que le restaba, lo usó para hacer desaparecer la puerta y recuperar su chakra. No obstante, todo salió mal. El enemigo apareció frente a ellos y usó unos jutsus extraños e irreconocibles. Anko miró de soslayo a su esposo, y al parecer, Kakashi logró entender de qué se trataba porque la abrazó por la cintura e intentó escapar con ella. Pero no fueron lo suficientemente rápidos y el jutsu los succionó.

Cuando despertó, vio a Kakashi tirado en el suelo a su lado. Inspeccionó el área sin siquiera moverse y, para su desconcierto, estaban en un bosque, pero ¿cómo? No lo sabía. Al final, perdió el sentido cuando sintió un golpe en su cabeza.

~ Flash Back ~

Lo último que recuerda es que había despertado en un laboratorio atada de pies a cabeza, un shinobi enmascarado se le había acercado y sintió un pinchazo debajo de su mandíbula. Le había inyectado un extraño líquido. Después vagos recuerdos vividos por sus clones inundaron su cabeza. Recuerdos que le transfirieron al estar conectados debido a la conexión que le permitía el cristal Azura. Recuerdos sobre su familia. – ¡No! – exclama Anko llorando. – No lo creo. – Kakashi la vuelve a abrazar fuerte. – ¿Cuánto tiempo estuve dormida? – él no responde. Al parecer, se le hizo costumbre permanecer callado durante más tiempo de lo posible. – Kakashi, por favor. – con sus manos apoyadas en los pectorales de él, lo empuja. – No es momento de ocultar a estas alturas.

Perdóname. – apenas logra musitar. – Ahora debes descansar, cuando estés mejor te contaré todo, pero por favor ya no preguntes. – se pone de pie, dándose vuelta para evitar mirarla a los ojos.

¡Mírame! – grita enojada. Se percata de un detalle. – ¿Ah? – los flequillos y su cabello se encuentran largos. – Así que es cierto. – Kakashi se gira para verla. Ella intenta mover sus piernas para poder levantarse, pero algo no anda bien. Rápidamente se lleva las manos a los muslos. – No siento mis piernas. – Tsunade que se había abstenido de intervenir y Kakashi, abrieron sus ojos. – No las siento. ¿Qué pasa? ¡No las siento! ¿Por qué no siento mis piernas?

Tsunade corre hacia ella mientras el ninja copia estaba en shock por la noticia. – Tranquilízate, Anko. Es normal, no las habías movido durante un tiempo. Con terapia, podrás caminar. – Anko baja la cabeza, enojada consigo misma. – Anko, no te sientas culpable. – Tsunade toma asiento a su lado. – Han sucedido incontables situaciones y, aunque desees que te contemos, es difícil. – coloca su mano sobre la cabeza de ella. – Debes tener un poco más de paciencia.

¿Cuánto tiempo? – interroga Anko, mirándolos con reproche. – Estoy en todo mi derecho de querer saber el tiempo que ha transcurrido desde entonces. – Tsunade intercambia miradas con Kakashi. – Si no me dicen, alguien más lo hará y…– un fuerte dolor impulsa en su cabeza. Frunce el entrecejo. – Díganme. Prometo no preguntar nada más. Sólo quiero saber.

Tsunade se levanta de la cama. Ninguno de los dos quería decir la verdad o, más bien, no se atrevían a decirla, por la creencia de que quizás ella no comprenda o pierda los estribos. No obstante, la puerta se abre, dejando entrever a Asumi. – Otō-san…– musita, dando la espalda, permitiendo que Kiyoshi arribe a la habitación. – Traje a Kiyoshi de visita, él quería ver a…– da vuelta, sus ojos se desconciertan y sus labios tiemblan al ver a Anko sentada, mirándola con evidente confusión. –…okā-san. – termina la frase en un hilo de voz.

¡Mami! – exclama Kiyoshi feliz soltándose de la mano de su hermana y corrió hacia Anko, entonces agarra la mano de Anko entre las suyas. – ¿Mama, ahora jugaremos? – interroga entusiasmado. Anko parece confundida. – Papa dijo que cuando abrieras los ojos iríamos a comer dulces, ¿es cierto Mama? – ella aparta su mano de las del pequeño. Él, mientras sonríe feliz. – Mama, ¿qué dices? – él apoya sus brazos en la cama intentando subir a la misma. Asumi se acerca y lo aleja. – ¿Onee-sama?

No es el momento, Kiyoshi. – le sonríe. – Okā-san acaba de despertar de un profundo sueño y debes dejarla descansar. – la mirada del pequeño entristece y hace un puchero. – Vamos a buscar a Koishi, ¿sí?

¡No! – exclama, soltándose de Asumi. – ¡Quiero quedarme con mi mami! – corre hacia el otro lado de la cama y se esconde en un rincón.

Kiyoshi, no es el momento. – Asumi camina donde se esconde el niño. – Ella no necesita que la molestes. – él se esconde debajo de la cama. – Maldición. – susurra en voz apenas audible.

Kakashi observa de soslayo que Anko mantiene sus ojos desconcertados mientras ayuda a su hija a sacar al pequeño. Ella intenta adaptar en su cabeza lo que sucede en la habitación. – ¡Okā-sama! – exclama el pequeño debajo de la cama, despertándola de sus indagaciones. – ¡No me quiero ir! ¡Déjame! ¡No! ¡Quiero quedarme con mi mami! – Anko reacciona y mira como Asumi saca a Kiyoshi debajo de la cama y lo carga para marcharse. – ¡No! ¡Mami, daisuki! – Asumi abre la puerta. Kiyoshi llora.

Asumi, llévaselo un rato a Kurenai para que se calme. – dice Kakashi, a lo cual la aludida asintió.

Anko siente una repentina opresión en el pecho. – No se lo lleven, por favor. – Tsunade asiente y Asumi deposita a su pequeño hermano en el suelo. – Kiyoshi, cariño, ven aquí. – Kiyoshi sonríe ante el llamado. – Ven con mami. – extiende los brazos. Asumi mira a Kakashi buscando respuesta y él afirma con la cabeza, por lo que no tuvo más opción que dejarlo ir. El pequeño corrió hacia Anko y se subió solo en la cama. – Has crecido mucho. – acaricia las mejillas del pequeño con la esperanza de no ser un sueño. – Eres un hermoso niño. – sonríe. – Dame un abrazo. – asintiendo la abraza fuertemente mientras ella acaricia el plateado cabello del niño con ternura. – Kiyoshi, dime. –él se aparta un poco y la mira. – ¿Cuántos años tienes? – tanto Kakashi como Tsunade y Asumi abrieron sus ojos como platos.

Cinco. – responde, feliz de estar con su madre.

¿Cinco años? – el labio inferior de Anko empieza a temblar. Separa los labios con intención de decir algunas palabras mientras Kakashi, Asumi y Tsunade permanecían atentos a cada uno de sus movimientos. – Ki-Kiyoshi. – cierra los ojos sonriendo maternalmente. – Eres un niño muy inteligente.

Okā-san...– Asumi avanza un par de pasos hacia ella.

Pero Kakashi se interpone en su camino. – Llévate a Kiyoshi de aquí cuanto antes. – le ordena.

Mama, ¿Por qué tienes el cabello más largo? – interroga Kiyoshi, inocentemente. – Hace poco, lo tenías más corto. – le toca el cabello lila. Anko no contesta, pues la impresión de saber el tiempo transcurrido le afectó. – ¿Mama? – el pequeño la ve confundido. Le habían dicho que ella tuvo un accidente y por eso la hospitalizaron. Recuerda que, antes de perder el conocimiento, jugaba con ella en el jardín de la casa y ahora su mirada es distinta. Pues le hicieron creer que el clon era su madre para que cuando apareciera la verdadera la noticia no le afectara. – ¿Mama?

Kakashi posa sus manos en los hombros de él. – Ha pasado un mes y, pues, transcurrido ese tiempo es normal. – le contesta, dudando de sus propias palabras. – Ve con tu hermana. Ella te llevará a comer helado. – después del pequeño asentir, Kakashi lo deposita al suelo.

Asumi se acerca a él. – Vamos. – le toma de la mano y salen de la recámara.

Les he hecho tanto daño. – sisea Anko, mirando con los ojos desbordantes de lágrimas a Kakashi, quien toma asiento a su lado para intentar tranquilizarla, lo cual es inútil en dichos momentos. – Cinco años, Kakashi. ¡CINCO AÑOS! – ella agarra el cuello del chaleco del ninja copia. – ¡Oh, Kami! – sus sollozos invadieron la habitación. – ¿Cómo pasó todo esto? – Kakashi la abraza tan fuerte que ella sólo podía desahogar sus penas y frustraciones, en lágrimas.

Sin embargo, detrás de la puerta en el corredor, Asumi escuchaba atenta mientras mantenía sus manos cubriendo los oídos de su hermano, para que no escuchara la conversación ni los gritos. – Anko, debes reponerte. Hazlo por los niños, por nuestros hijos. – escucha decir a Kakashi. Carga al niño, y se marcha a comprarle el helado que le había prometido.


^.~' Lo sé, ha sido bastante corto. Pero ya quedan dos capítulos más. Nos seguimos leyendo!