CAPÍTULO 35

LOS CAMBIOS DEL REGRESO AL PASADO

Ya había pasado cerca de un mes desde que habían regresado al pasado, al poco de haber aparecido White Light y X.A.N.A no había dado señales de vida. No es que no les importase, porque así habían tenido tiempo para descansar en mucho tiempo, y desde luego lo estaban disfrutando.

Como ocurrió, Max llegó a la Academia, pero las cosas cambiaron. Estando seguro de que el joven no tenía nada que ver con White Light, Ulrich hizo lo posible por hacerse su amigo y pasaban mucho tiempo juntos; estudiando, jugando al fútbol, entrenando combate cuerpo a cuerpo… tenía mucho que aprender de él. A veces se lo decía y este no entendía a que venía todo lo que le estaba diciendo. También haber hecho amistad con él había ayudado mucho a Jeremy a adelantar con el anti-virus de Aelita, teniendo ya casi un 69% del programa que la curaría de X.A.N.A para siempre terminado.

Su relación con Yumi, Odd y Aelita seguía siendo tan buena como lo era antes. Aunque la joven asiática aún no se fiaba del todo de Max. Bien que las cosas no eran como al principio, que no podía ni verse con Ulrich, pero cosas que ella recordaba que habían pasado y ahora eran distintas. Se lo había dicho a Jeremy y este simplemente le respondió: "Ahora Max y Ulrich se llevan bien, no existe rivalidad entre ellos. Es normal que las cosas cambien. Eso puede pasar".

Se acordaba de situaciones donde las cosas habían cambiado pero, ¿tanto? Eran muchas las cosas que habían dando un giro inesperado con esa gigantesca vuelta al pasado que los devolvió meses atrás. Y para empezar, era la relación de Max con Milly.

En el campo de fútbol, Yumi observaba como Ulrich le hacía un pase a Odd y este a su vez a Max, que no logró detener el balón a tiempo porque el pase de su compañero había sido demasiado largo y no pudo llegar a tiempo. Rebotando el balón salió fuera del campo, llegando hasta donde Milly y Tamiya estaban sentadas.

La pequeña pelirroja agarró el balón y se preparó para dárselo a Max cuando fue a buscarlo.

- Vaya, ¿ya estás haciendo reportajes otra vez?

- Pues si, ¿tienes algún problema, Steward? – Saltó Tamiya ante el tono de voz de borderia que había puesto Max cuando cogió el balón.

- Yo ninguno, pero si no los hacéis más emocionantes nunca tendréis un lector.

- ¡Ble! – Le sacó la lengua – Métete en tus asuntos.

Max las dejó solas para volver al partido y las niñas se sentaron de nuevo en el césped. Tamiya arrancó un poco de hierba, furiosa.

- ¡Dios, como le odio! Puede llegar a ser más insoportable que Sissi.

- No digas eso, Tamiya… no es tan malo.

- En serio Milly, si siempre es un borde con nosotras. No entiendo que le ves.

Milly observó como corría de un lado al otro, haciendo pases con Ulrich y Odd, terminando la jugada con un gol suyo. Sonriendo, se ruborizó al verlo como celebraba feliz el gol con sus amigos. Eran esos momentos en los que podía verlo como realmente era.

- Que asco me da…

- Te he dicho que no es tan malo, Tamiya…

- Pero, ¿has olvidado como nos trató cuando le conocimos? ¡Trato nuestro periódico como una basura!

- Lo sé, pero…

Milly lo recordaba. Estaba subida al árbol para sacarle la foto para cuando llegara y la rama se rompió. Sino llega a ser porque apareció para recogerla, la pequeña ahora podría estar ingresada en el hospital o peor, muerta o en coma.

Tras rescatarla le pidieron una entrevista pero rechazó de mala manera diciendo que no le interesaban las noticias de periódicos de mala muerte. Ya estaban acostumbradas a ser tratadas así, pero Milly no sabía porque pensaba que iba a ser de otra manera. Luego fue a verlo a su habitación, para ayudarle con la mudanza, y a pesar de que no paraba de decirle que se largara que lo único que iba a hacer era molestar, cuando se cayó una caja de encima de la estantería se puso enseguida encima para protegerla.

Si, no era tan mala persona como lo pintaba su amiga. Igual era un poco borde con ellas, como la mayoría de los de la Academia, pero sabía que en el fondo no era así. Algo en su interior se lo decía. Cuando pensaba en él, se le disparaba el pulso del corazón y parecía que bailase, se ponía nerviosa y no podía articular palabra. Si, le costó reconocerlo, pero estaba enamorada de ese chico, por muchas cosas malas que dijera de él su amiga, le daba igual. Le gustaba.

- Vámonos, ya no tenemos nada que hacer aquí, Milly.

- ¿No vamos a esperar a que termine el partido?

- ¿Para qué? Ya sabemos que el equipo de Ulrich va a ganar, como siempre. Luego les preguntamos el resultado y ya está.

- Está bien…

Las dos se levantaron y se fueron para su cuarto. Mientras se marchaban, no se percataron que Max las miraba fijamente, sobre todo a Milly. Le dolía en el alma cada vez que se la cruzaba y se veía obligado a tratarla mal, pero, no tenía otra elección. Cuánto más lejos estará a salvo, se decía siempre así mismo.

Aelita también las vio marcharse. Le ponía triste que la vuelta al pasado y la integración de Max en el grupo hubiera estropeado la bonita relación que esos dos tenían. Aunque las cosas no habían cambiando en cierto sentido: Milly seguía enamorado de Max, y se le notaba mucho. Quizás la pequeña volviera a tener una oportunidad. Le daba pena que hubiera olvidado todo lo que pasaron juntos, pero, quizás pudieran revivirlo todo. Pasado mañana era la fiesta de disfraces anual de la Academia y poco después se quedarían solos como la otra vez. Allí actuaría Aelita. Sin embargo, había un gran problema…

- ¡Vamos, Max! ¡Tú puedes!

No muy lejos de donde estaba ella, una chica con su mismo físico que tan solo las diferencia el diferente tono del color de pelo, pues ella era pelirroja en lugar de rosa, animaba animadamente al joven que ya tenía el balón en sus pies y corría dirección a la portería. Taelia Loppizzin y Max Steward llevan, según las fuentes, más de tres semanas siendo pareja.

Nadie sabía como había empezado esa relación; unos decían que había sido Max quien se lo había pedido, otros que había sido la propia Taelia quien se le había declarado y este había aceptado. Y así, habían pasado tres meses. Aún recordaba la guerrera de Lyoko la cara de Milly cuando los vio juntos, cogidos de la mano camino a la cafetería, se le cayó el alma a los pies y se marchó llorando a su cuarto.

A veces las cosas no cambiaban a como a algunos les gustaría. Aelita estaba convencida, Max hacía buena pareja con Milly, ¿qué había pasado para que las cosas cambiasen así? Pensaba averiguarlo.

Por su parte Yumi estaba centrada en la otra chica que estaba armando un gran alboroto en el campo. Vestida de animadora, Sissi no paraba de vitorear el nombre de Ulrich, siguiéndole el juego sus dos lacayos favoritos. Cuando término su último numerito, lanzó un beso al aire y Ulrich se lo devolvió, lo que puso nerviosa a la japonesa, que apretó los puños.

No conocía todos los detalles, porque ni Odd ni Jeremy le habían querido contar nada, pero Aelita le había confesado que algo había pasado con ellos durante el ataque de X.A.N.A al mundo real. Y ahora, era para mirarlos, tan felices y contentos juntos, como una feliz pareja. La enfermaba verlos juntos y más aún cuando Sissi se les acoplaba como una lapa y no había forma de hablar de sus cosas íntimas. Y la cuestión era que a Ulrich ni le importaba. Parecía que para él solo existiera ahora Sissi.

- ¡Dame una U, dame una V… Uuuuuuuuuriclh Victory! – Vitoreo levantando los pompones en alto.

Cansada de oír tonterías, Yumi se marchó para irse a casa. Le revolvía el estómago cada vez que la escuchaba. Al menos allí estaría tranquila, si es que su hermano la dejaba, claro.

El partido terminó minutos después, con la victoria del equipo de Ulrich por siete a cero. Una nueva victoria para el trío de oro de la Academia Cady. Sabiendo que no pintaba nada allí, Odd se marchó con Aelita, ya que Ulrich se iría a tomar algo con Sissi y seguramente Max haría lo mismo con Taelia, así que lo mejor era dejarlos solos.

Jeremy volvió a probar y de nuevo había logrado llegar al setenta por ciento del proceso. Feliz, se felicitó así mismo. Aunque no todo el mérito era suyo claro, pero estaba tan contento que no cabía en si mismo de alegría.

Si todo marchaba como tenía previsto, a su regreso de la semana en la que se marcharían de campamento, Aelita podría librarse del virus de X.A.N.A y finalmente podrían desconectarla. Finalmente, su sueño se haría realidad, pudiendo tener a Aelita en el mundo real sin ningún problema.

Dejó volar su imaginación, pero la bombilla pronto se apagó cuando llamaron a la puerta.

- Adelante.

Odd y Aelita entraron, y se acomodaron en la cama. Jeremy no se extrañó de no ver a Ulrich y Yumi.

- ¿Otra vez?

- Ya lo sabes, Einstein: Ulrich con Sissi y Yumi celosa.

El joven cerebrito del grupo suspiró. Esa vuelta al pasado había cambiado muchas cosas, y la relación entre esos dos era una de ellas. Con Ulrich saliendo con Sissi como pareja "oficial", Yumi se estaba distanciando cada vez más del grupo. Vale que no estaban siendo atacados por X.A.N.A ni nada parecido, pero no era bueno que una amistad se perdiera por una tontería como esa. Por mucho que para Yumi no fuera una tontería.

Aelita se puso en pie y se preparó para irse, ante dos amigos sorprendidos por sus movimientos.

- ¿A dónde vas? – Le preguntó Jeremy, intrigado, pues era raro que a esas horas lo dejará solo en la habitación.

- He recordado que tengo que hacer una cosa. No tardaré – y se marchó.

Jeremy y Odd se quedaron en silencio, sin saber que decir. Hasta que al final Odd soltó una de sus famosas bromas.

- Vaya, igual ella también ha encontrado su caballero de brillante armadura.

- ¡N-No digas tonterías! – Protestó Jeremy sonrojado dándose la vuelta para volver a trabajar en el ordenador – A Aelita no le interesan esas cosas.

- ¿Y cómo estás tan seguro? – Le picó con una sonrisa burlona.

Para que se callara, Jeremy le tiró el almohadón. Siempre que se quedaban solos, Odd aprovechaba para burlarse de él en base a como habían ido las cosas con la vuelta al pasado. No, Jeremy sabía que Aelita jamás se interesaría en ningún chico, no era esa clase de chicas. Aunque claro, pronto haría un año, sin contar la de veces que habían tenido que volver al pasado, que había llegado al mundo digital… ¿Era posible algo así?

Comenzó a tirarse de los pelos ante un Odd que comenzó a reírse a carcajadas. Le encantaba cuando lograba sacar de sus casillas a su amigo.

Max estaba tirado en la cama leyendo un libro sobre piratas informáticos cuando alguien llamó a la puerta. Sin levantar mucho la voz, a quien quisiera que fuese, lo invitó a pasar. En la habitación entro Taelia, que cerró la puerta con cuidado para que nadie la oyese.

- ¿Qué haces aquí? Como te vea Jim te matará.

- Está haciendo la ronda por el piso de las chicas, no hay problema.

La pelirroja se lanzó sobre su novio, haciéndole un poco de daño porque no se lo esperaba, lo que provocó la risita de su novia por la mueca de dolor que puso. Sin comerlo ni beberlo, intentó besarle pero Max le detuvo los labios entre sus dos dedos antes de que pudieran conectarse sus labios.

- Te tengo dicho que aún es demasiado pronto.

- Fueru fi fio fuifo fucho

Le quitó los dos de los morros para que pudiera hablar con normalidad, porque no había entendido ni papa.

- ¿De qué me sirve tener novio sino puedo darle ni un besito?

- Pues… para fardar de él ante las amigas, para ir con él al cine, para desayuna-comer-cenar juntos…

- Para eso me compró un perro.

- ¿A un perro lo puedes llevar al cine?

- Si es pequeñito lo escondes en el bolso y punto.

- Vayas ideas tienes – le dijo dándole un pequeño capón.

Taelia se acomodó en su pecho y cerró los ojos. Le encantaba poder oír los latidos de su corazón cuando estaba encima.

- Max, yo…

Alguien golpeó la puerta bruscamente, lo que los asustó a los dos. Nervioso, Max preguntó quien era.

- ¡Steward, ¿está Taelia dentro?

Jim abrió la puerta de golpe y lo único que vio fue a Max tumbando en la cama, tapado con la sábana y leyendo un libre.

- ¿No tienes calor? – Le preguntó atónito al ver que estando a 36º C estuviera tapado con la sábana.

- Es que me he enfriado un poco corriendo en el campo… ¿qué decías de Taelia Jim?

- ¡Ah, sí! Le tocaba ayudar en la cocina y no estaba en su habitación, ¿no la habrás visto verdad?

- Pues la verdad… es que…

Debajo de la sábana, Taelia estaba lo más encogida posible, para no hacer bulto en la sábana y que Jim lo notase. Se estaba asando ahí debajo, pero como los llegase a pillar a los dos les hubiera caído una buena.

- ¿Si? ¿Sabes dónde está?

- Pues… - su cara cambió a una mueca de dolor cuando notó en cierta parte muy sensible de su cuerpo un fuerte tirón. Interrogativo, Jim lo miró.

- Si que te has enfríado, menuda cara haces chico. Bueno, mejor te dejo que descanses.

- S-S-S-Si… gracias… - le dijo, con unas pequeñas lágrimas en los ojos.

Y Jim se marchó. Al cerrarse la puerta, Taelia tiró la sábana y respiró profundamente. Pensaba que se ahogaba ahí dentro. Encima, estaba empapada en sudor. Max por su parte estaba tumbando de lado, con sus manos en su entrepierna, mordiéndose el labio debido al dolor. No le había dolido como cuando Milly le dio la patada en la playa, pero aún así…

- ¡Eres una mala bestia! – La criticó - ¡Casi me la arrancas!

- ¡Pero bueno, abrase visto! ¡¿Cómo es qué ibas a delatar a tu novia? ¡Si tan poco te gusta que este aquí me lo dices y me marchó!

- ¡Sino me has dejado que terminase de hablar con Jim, bruta!

Taelia le tiró a la cara el cojín para que se callase y se dirigió hacía la puerta, malhumorada.

- ¡Abrase visto! ¡Pues esta noche no te dejo probar mi especialidad, ala! – Y se marchó dando un portazo.

Max suspiró y se dispuso a recoger la sábana del suelo. Esas situaciones eran algo diario entre los dos, pero bueno, se lo había buscado él mismo. No es que no le gustase Taelia, era una chica tímida, amable, cariñosa, atenta, afectiva… todo lo que se podía desear de una chica. Pero…

Metió la mano en la esquina de la cama y sacó un sobre. Al abrirlo, sacó de su interior algunas fotografías, de él y Milly. Cuando se coló en la Academia para activar la vuelta al pasado las encontró en su cuarto y decidió quedárselas. Era mejor si la pequeña no las veía, así no podía recordar nada bueno de él, así era mejor por mucho que su corazón sintiese como se le iban clavando una espina tas de otra.

Tenía más de las que imaginaba de ellos dos, hasta una del festival de disfraces que en breve iba a celebrarse. Se acordaba bien de aquel día, de aquel baile, hasta de la música que pusieron ese día, aun en su mente podía revivirlo con total claridad, como si no hubiera pasado tanto tiempo. Como le encantaría regresar a aquellos días.

Pero por desgracia, era del todo imposible. Esta vez, Max iría con Taelia, y lo sentía por Milly, pero no iba a bailar con ella, del mismo modo, que tampoco pensaba acercarse a ella en la medida de lo posible, para no hacer crecer de nuevo una relación entre ambos. Si en el futuro existió un destino para ellos dos, lo mejor era destruirlo por su seguridad.

Para cuando se dio cuenta, lágrimas caían de sus ojos sin que pudiera evitarlo y se dejó caer sobre la cama. Se odiaba a su mismo, estaba engañándose a si mismo saliendo con una chica que si, le hacía sentir bien, pero no era la misma sensación que cuando estaba con Milly. Encima, a esa chica también la estaba engañando, haciéndole crearse falsas ilusiones sobre ellos dos. Se sentía sucio y despreciable pero, todo era por el bienestar de Milly. Le daba igual como acabase todo para él, la protegería de X.A.N.A como fuera.

De lo cabreada que estaba, Yumi llegó pronto a su casa. Su furia se manifestó de forma que no conseguía encajar la llave en la cerradura, sacándola de sus casillas y abriendo ya de mala manera.

- Ya llegué… - avisó, agotada.

A recibirla salió su madre, con su típica sonrisa.

- Hija, ven. Que tengo que presentarte a alguien.

- ¿Eh? ¿A quién?

Sin muchas ganas de conocer a nadie en ese momento, siguió a su madre hasta la cocina. Cuando entró, sus ojos se abrieron como platos de la sorpresa, pues una chica de cabello liso, que le caía por los hombros, de color púrpura y ojos a juego, piel como la vainilla y más o menos de su misma edad, estaba sentada en la mesa, frente a su padre. La reconoció al instante.

- Esta es Katherine Purple, vivirá con nosotros a partir de ahora – las presentó su madre.

Las dos chicas se miraron, Yumi temblorosa y temerosa y Katherine con una sonrisa afable y tímida, dándose un encuentro que aunque el resto de su familia no lo supiera, no era la primera vez que esas dos chicas se veían las caras.