Segundo día de luna creciente del primer mes. Invierno

Querido Diario,

Hoy he anunciado mi compromiso.

Para mi sorpresa, el nivel de objeción o rechazo fue prácticamente nulo; de hecho fue todo lo contrario: los aplausos fueron ensordecedores cuando mencioné a Link.

El asunto, al fin y al cabo, era bastante simple. Le informé a la gente de la propuesta, presenté a mi prometido -un rostro absolutamente desconocido para todo Hyrule- al público, y comenté que la fecha de matrimonio se ceñirá a las tradiciones correspondientes a la boda de la casa real.

Es decir, debo estar casada en tres lunas más -una medida diseñada en mi opinión para evitar cualquier duda sobre la legitimidad de cualquier primogénito que nazca posteriormente- lo que se ve distante en números, pero en realidad es muy pronto.

Y considerando que tenemos poco tiempo, y que una boda real es un asunto muy caro, decidí ser austera en la medida de lo posible: un vestido opulento que llevaré sólo una vez es poco práctico, así que he decidido reutilizar mi vestido de coronación, haciéndole algunas modificaciones, con bordados o algo similar.

Naima y Amina quedaron escandalizadas al oír esto. Me explicaron que las novias Gerudo llevan vestidos bellos y altamente ornamentados, con joyas que pasan de madres a hijas. Ambas me convencieron de hacer un trabajo en conjunto con sus costureras, las cuales realizaron sus vestidos de novia.

-¡Si vas a reutilizar tu vestido, más te vale que sea fabuloso! -fueron las palabras de Naima.

Sé que aparecerán con algo increíble, los Gerudo siempre llevan ropa preciosa, por lo que he podido ver en el Oasis de Piedra y los viajeros que andan por acá.

Esto me recuerda que debo viajar para supervisar las obras que están uniendo el desierto con las rutas principales. Dependiendo del clima, puede que vaya la próxima semana o la subsiguiente.

Quien se va la próxima semana de viaje es Link, va a su supervisión periódica de la Fortaleza en Pico Nevado. Espero no extrañarlo con la misma intensidad de antes; se va por cinco días, no seis semanas.

Me buscan. Escribiré más tarde.

Tuya,

Zelda

P.D.: Acabo de volver de una senda escapada.

Las que estaban en mi puerta no eran más que Salma y Naima. La primera se veía bastante nerviosa.

-Salma, dile.

-No, dile tú -Salma le dijo a Naima, dándole un codazo.

Un diálogo muy maduro, claro está.

Las llevé adentro y les pregunté que les pasaba, asumiendo que debería ser algo lo suficientemente relevante como para llegar casi a la hora de dormir. Y era lo siguiente:

-Creo que puedo estar embarazada. No me ha bajado mi período en varios días.

Mi cara era de tal sorpresa, que Naima se empezó a reír.

-Oh, no, Naima me puso la misma carota antes ¿qué voy a hacer?

-¿Pero por qué han venido a pedirme ayuda? -les pregunté, perpleja.

-¡Es que tú eres la inteligente! -ambas me dijeron al unísono.

"La Inteligente", ¿puedes creer eso? Como si la Trifuerza de la Sabiduría fuese una garantía; si leyeran este diario o si superan las cosas que he hecho últimamente -especialmente las que involucran a cierto héroe- tal vez tendrían una opinión distinta de mí.

-De hecho, sé que puedo confiarte esto. Link friquearía de lo lindo, y correría a pedirte consejo -agregó-. No somos uña y mugre, pero tú sabes que te aprecio y te tengo cariño.

Sus palabras me conmovieron. Salma es una chica de carácter, así que ella se sienta en confianza conmigo no es menor, y me sentí compelida a ayudarle.

Descartamos de plano al Doctor Borville y a Leonardo, al primero porque nadie confía en él en general, y al segundo por ser parte de nuestro círculo cercano, aunque fuese absolutamente confiable.

-Leonardo tiene una hija, ¿no? -preguntó Naima

-Lila -Salma le recordó-, pero no creo que tenga las suficientes habilidades todavía.

-¡Ilia! -su nombre se me vino a la cabeza de inmediato-. Está de aprendiz de Leonardo hace un buen tiempo, y sabe de estas cosas, si incluso había ayudado a dar a luz a algunas mujeres en Ordon antes, me contó Link.

-¿Esa chica tan menudita? -Naima estaba impresionada-. ¡Mis respetos!

-Su madre era la matrona del pueblo, Ilia aprendió el oficio de ella -agregué.

Les dije que nos encontráramos donde Telma en media hora. Me puse un vestido simple y una capucha, pasé una nota por debajo de la puerta de espejo para Link y me escabullí para encontrarme con ellas.

Encontré a Ilia y Telma conversando en la barra, muy alegres. Cuando me vieron, Telma guiñó, y me apuntó al salón privado, ambas entrando conmigo.

-Salma le contó a Telma la situación -Ilia susurró-. Te estábamos esperando.

Una vez en la sala, cerradísima por lo obvio, Ilia le hizo unas preguntas a Salma y la examinó, palpándole el vientre y usando un estetoscopio para buscar un segundo latido.

-Si estás realmente embarazada, deberías estar pasada de los dos meses -explicó-. Se podría oír el latido, pero no hay nada, y tu bajo vientre estaría muy firme al tacto, y no tienes ningún otro síntoma más allá de tu atraso….

-¿Y qué me quieres decir entonces? -Salma preguntó nerviosa.

-Que no estás embarazada, pues -Ilia fue tajante-. Tu sangre no ha bajado por estrés, exceso de ejercicio, o cualquier otra razón.

Le pasó a Salma un frasco con un líquido translúcido color lila.

-Esta tintura madre te va a ayudar a regularizarte. Es un extracto a base de Artemisia, Salvia, Lavanda y otras hierbas. Toma diez gotas cada mañana, en una semana debería bajar tu periodo.

-¿Y si no funciona?

-Va a funcionar, te lo aseguro -Ilia afirmó-. Está hecho con las mejores hierbas de Ordon.

-Si es tan bueno como su aguardiente, entonces sí -Salma se rió, volviendo a su actitud normal.

Le pregunté a Ilia acerca de la tintura madre, por mis problemas de irregularidad y malestares varios durante esos días. Pero al parecer mis palabras revelaron más de lo que debía.

-No todas las mujeres tienen ciclos perfectamente regulares, y eso es normal...Tienes que observar y seguir los cambios de tu cuerpo, y podrás tener una idea de la duración de tus ciclos -explicó-. Podrías haberme dicho antes sobre esta preocupación tuya…-me quedó mirando, ojos enormes- ¿es que acaso ya han hecho eso…?

Mi cara se puso probablemente como el color de pelo de Telma y Naima combinados. Todas me quedaron mirando.

-Vaya secretito que escondías, ¡pícara! -Salma ríó.

-Eso no es incumbencia de ninguna de nosotras -Telma la retó, abrazándome por los hombros para reconfortarme-. Es sólo de Zelda.

-Lo sé, por supuesto -afirmó la morena-. ¡Pero quiere decir que le sacaste muy buen provecho a la puerta de espejo!

Eso sí fue una sorpresa. Me debo haber puesto más roja aún.

-Es que yo la descubrí -Salma aclaró-. Perícleo creyó que era una buena medida de seguridad, pero yo pensé que podría servir para una que otra travesura. Tu secreto está seguro conmigo, de todos modos. No soy cotilla ni fisgona, como la gente de la corte.

-En nuestras tierras no andamos criticando gratuitamente a la gente - Naima comentó, haciéndome cariño en la cabeza-. Tu eres la reina, pero eres persona ante todo, con defectos y virtudes.

-Ustedes se quieren y son gente sensata -Ilia dijo cariñosamente-. No están haciendo nada malo.

Tras agradecerles el cariño y sentirme más calmada, nos quedamos un rato más conversando y nos devolvimos al castillo.

-¡Somos un gran equipo todas! -Naima dijo orgullosa-. ¡Como una hermandad!

Por extraño que parezca, estaba en lo correcto. Nos aliamos entre todas, ya sea para apoyar a Salma o guardar el secreto de mis "escapadas sexis" (palabras de Salma, no mías).

Una duda me rondaba en la cabeza, a pesar de la conversación animada.

-Salma, ¿le ibas a comentar a Shad de esto? -le pregunté, preocupada.

-Sipis, pero después de ver a un médico -contestó muy serena-. Tener críos con él no es el tema, sino más las cosas que van entremedio.

-¿Qué quieres decir con eso, hermana? -Naima estaba intrigada.

-Shad me propondría matrimonio de inmediato, no hay duda -afirmó-. Pero no me gustaría que hubiera sido así. No me interesa la idea del matrimonio en sí, sin ofenderlas.

¿Y quién habría de hacerlo? Su punto es válido.

-¡Es que somos felices tal cual estamos! No necesito un anillo o cualquier otra cosa para probar mi amor por él… -se ruborizó- …¡sólo las Diosas saben cuánto adoro a ese ñoño!

Me sentí muy conmovida con sus palabras. Quizás haría lo mismo si no tuviera un título; si fuera sólo Zelda, libre de todo: la Trifuerza, la Corona, el deber.

Considerando los eventos de esta noche, quizás termine soñando con ser una chica silvestre como una flor, enamorada de un pastor guapo y encantador.

Mejor me voy a dormir, ya estoy escribiendo tonterías.

Me asomé por la puerta de espejo al volver, y mi adorado está dormido de lo más arropado. No tuve corazón para acercarme y despertarlo.