Capítulo 37
Arturo y el resto de los caballeros estaban completamente sorprendidos por la aparición de la Dama del Lago. Ninguno de los presentes había dicho palabra alguna ante la aparición de la joven hechicera quien tranquilamente se acercaba al grupo sin inmutarse por las miradas de asombro y curiosidad que le dirigía el grupo de Camelot.
La Dama del Lago se detuvo frente al Rey quien no se había movido desde donde se había plantado para dirigirse al lago de Avalon, una vez frente a él, la joven se inclinó profundamente ante él. Posteriormente, la joven se dirigió al grupo de caballeros sin abandonar las aguas.
"Bienvenidos sean Caballeros de Camelot" saludó la Dama del Lago.
"Mi señora" saludó Gwaine adelantándose rápidamente "Sir Gwaine para servirle. Le estamos muy agradecidos por recibirnos" dijo el caballero tomando la mano de la joven y depositando un suave beso en el dorso de su mano junto con una suave reverencia mientras le sonreía pícaramente.
Los demás caballeros miraron con exasperación a su compañero, mientras que Arturo no pudo evitar poner los ojos en blanco ante la conducta de su caballero. No importaba el momento, Gwaine no podía evitar coquetear con una mujer. Incluso si era una hechicera desconocida.
La Dama del Lago río suavemente mientras un suave rubor pintaba sus mejillas ante el galante caballero. "Gracias Sir Gwaine" dijo la joven retirando su mano y volteándose para saludar al resto de los caballeros.
"Sir León, Sir Percival, Sir Elyan y Sir Galahad" dijo la joven asintiendo a cada uno de los caballeros conforme los nombraba. Los aludidos dieron una pequeña inclinación en señal de saludo y respeto.
"Discúlpeme mi señora" dijo Galahad un tanto nervioso cuando la joven se volteó a verlo "Pero temo que se equivoca conmigo. No soy un caballero".
La Dama del Lago le sonrió con simpatía. "Oficialmente no. Pero tienes el espíritu y el corazón de uno. Y eso es quien eres en verdad. Título o no, la caballería está en tu sangre, joven Galahad. No dudes de ello".
Tanto el rey como los caballeros miraron con curiosidad la interacción entre Galahad y la Dama del Lago. El joven se inclinó escondiendo su sonrojado rostro ante las palabras de la joven. En cambio, la hechicera mantuvo su enigmática sonrisa, como si supiera algo sobre él que los demás desconocían. ¿Qué sabía ella sobre su compañero de viaje? ¿Qué cualidades ocultaba el joven Galahad?
El rey miraba con curiosidad a la joven evaluándola. La Dama no parecía ser un peligro o algún enemigo para ellos. Ella lucía demasiado cómoda en su presencia sin mostrar señales de albergar algún rencor. '¿Quién es ella?' se preguntó el rey. Por alguna razón la joven se le hacía familiar, como si se hubieran conocido antes, pero no podía ubicar el cuándo y el dónde.
"Mi nombre es Freya, majestad" dijo la joven volviéndose hacia el rey como si hubiera leído su mente "Dama del Lago y guardiana de las puertas de Avalon. Protectora del Grial".
Tan rápido como un latido, la amable sonrisa de Freya fue reemplazada por una expresión seria y severa, al mismo tiempo que sus ojos se oscurecían. Arturo se sorprendió ante el aura de poder y autoridad que despedía la joven de su ser.
"Acércate Arturo Pendragon. Aquel que ha superado las pruebas del destino" ordenó Freya mirando evaluadoramente al rey.
Arturo se adentró en las frías aguas del lago de Avalon hasta quedar a una distancia prudente de Freya quien seguía mirándolo fríamente. Sin inmutarse, el rey respondió con una mirada serena y calmada ocultando su nerviosismo.
"Rey Arturo Pendragon, tus ojos destellan con la aprobación del Corazón de la Magia" dijo Freya solemnemente mirando los ahora plateados ojos del rey. "Has venido aquí buscando el Grial y has demostrado tu valía en esta empresa. Sin embargo, sólo un hombre entre miles es digno de alcanzarlo, ¿mereces recibir este sagrado objeto?"
Arturo tragó saliva antes de responder. "Mi señora, pasé las pruebas a las que me sometió el Corazón de la Magia, pero no creo ser digno de recibirlo. He cometido errores en el pasado como Príncipe y como el Actual Rey de Camelot. He herido, cazado y perseguido a inocentes. He lastimado a los más cercanos a mí. Sin embargo, pido usar el Grial, pero no para mi beneficio personal, sino para salvar a un amigo".
"¿Quién es este amigo?" siguió interrogando Freya a Arturo.
"Mi antiguo sirviente, y mi mejor amigo, Merlín. También conocido como Emrys entre aquellos con magia" contestó el rey sin vacilar esperando que la Dama del Lago lo apoye por tratar de salvar al brujo.
"Emrys te ha servido durante muchos años, Arturo Pendragon" dijo Freya suavemente "Admites que él es tu amigo. Sin embargo no tuviste inconvenientes en herirlo y desterrarlo. Ahora que has descubierto su poder y el está agonizando vienes buscando su sanación. ¿Qué es lo que quieres de él? ¿Su poder? ¿Su lealtad? ¿Su destino?" prosiguió Freya mirando al rey con el entrecejo fruncido.
"No me interesa su poder" contestó sinceramente el rey "Él no es un arma o una ventaja, nunca ha sido ni será eso. Él siempre será Merlín, y es ahora que cuando lo he perdido que me doy cuenta de la injusticia y el daño que le he hecho a él y a su gente. Quiero enmendar las cosas. Reparar lo que quebré ese día".
"¿No te interesa su poder? ¿Incluso si él fuera la única esperanza para detener la amenaza de la Reina del Aire y las Tinieblas?" preguntó Freya con una pequeña sonrisa.
"Ni así lo podría ver como un arma" respondió Arturo "Sé que Merlín a defendido a Camelot en el pasado. Sospecho que lo ha hecho en muchas otras ocasiones sin que lo supiéramos. Él siempre ha estado para nosotros, es hora de que estemos para él. No tiene porque llevar esta carga en solitario nunca más".
Freya sonrió asintiendo con aprobación. "¿Aceptas la verdadera naturaleza de Merlín Emrys?"
"Lo hago" contestó el rey con mayor convicción de lo que se sentía.
"Actual y Futuro Rey. Has demostrado ser digno de alcanzar el Grial y poder usarlo para sanar a la Magia. El destino te ha dado una segunda oportunidad para enmendarte, Arturo Pendragon. No la desaproveches" dijo la joven levantando las manos al cielo. Pronto, un rayo de luz cayó sobre las palmas de Freya, el cual se fue intensificando, obligando a los presentes a cerrar los ojos ante el creciente fulgor.
En cuanto el destello desapareció, Arturo abrió los ojos un tanto confundido. Parpadeando repetidamente hasta poder aclarar su vista, el rey vio frente a él a Freya sosteniendo una rica y hermosa copa.
El cáliz era amplio, bellamente tallado de una gran esmeralda, al igual que la tapa que lo cubría. Los bordes se encontraban recubiertos por la más fina y blanca plata, grabada con extraños diseños. En cambio, el tallo, la base y las asas estaban hechos del oro más brillante que alguna vez Arturo hubiera visto, adornados con relieves que parecían representar diversos follajes.
"Majestad, he aquí el Grial" dijo Freya solemnemente arrodillándose ante él tendiéndole la sagrada copa.
Arturo, asombrado ante la presencia del Grial, lo tomó sintiendo un pequeño temor ante el poder que irradiaba el objeto. En cuanto estuvo en sus manos, el cáliz despidió un suave calor que se transfirió a través de sus manos hasta llenar todo su cuerpo de una sensación de paz y tranquilidad, así como de una alegría que no sentía desde hace tiempo. De alguna manera, el sentimiento era como el de un promesa. Una promesa de un futuro más brillante.
"Muchas gracias, mi señora" dijo Arturo ante la joven que se había enderezado. El gesto adusto de Freya había desaparecido. Nuevamente la cálida sonrisa y el alegre brillo de sus ojos habían regresado.
Freya abrió la boca para decir algo cerrándola nuevamente mientras dirigía sus ojos hacia el bosque que rodeaba el lago. Arturo miró asombrado ante la tensión que irradiaba la joven al igual que el brillo de aprensión que tenía en sus oscuros ojos.
"¡Todos!" llamó Freya de repente "¡Entren al lago inmediatamente!" urgió la joven mirando con ansiedad a los caballeros.
Sin dudar, Galahad entró al lago rápidamente; mientras que los demás caballeros se miraron dudando buscando a su rey esperando sus órdenes. Arturo miró a Freya dudando de cómo proceder; sin embargo, una mirada a los ojos de la joven lo hizo actuar inmediatamente.
"¡Todos dentro!" ordenó el Rey. Los caballeros obedecieron inmediatamente posicionándose junto al rey.
"Avalon! Beþecce ús andprec héafodsíen færsceaða!" dijo Freya en cuanto el último de los caballeros se hubiera reunido junto a ellos. En cuanto terminó el hechizo, una espesa niebla empezó a cubrir al lago junto a todo el paisaje.
"¿Qué significa esto?" demandó el rey mirando con aprensión a su alrededor sin entender porque esta reacción de la joven.
"Se acercan enemigos, señor" dijo Freya sin inmutarse mirando hacia la orilla. "Pase lo que pase, no hagan ruido. No salgan de la niebla hasta que se haya levantado o yo les diga lo contrario".
"¿Quiénes vienen?" preguntó el rey preocupado.
Antes de que Freya pudiera contestarle, se escucharon voces que se acercaban. Parecían ser un pequeño grupo que venía en su dirección. Al parecer estaban discutiendo. Los caballeros sacaron sus armas mirando atentamente hacia donde venían las voces. Arturo apretó el Grial contra su cuerpo, dándose cuenta de que mientras lo tuviera él no podría luchar. Sin embargo, lo protegería a como diera lugar.
"¡Aquí está!" exclamó uno de los hombres mientras salía de entre la vegetación contemplando el lago "¡Te dije que sabía dónde encontrarlo!"
"Andsacas" susurró Gwaine enfurecido ante la aparición del grupo que había atacado el campamento de Aldorner.
"¿Qué?" preguntó Arturo sorprendido dirigiendo una mirada hacia las orillas, reconociendo a Alvarr entre los miembros del grupo.
"Ellos fueron quienes atacaron a los druidas antes de que despertaras, princesa" contestó el caballero mirando con desprecio a los renegados.
"No hagan nada" susurró Freya "Deben llevar el Grial a Merlín. Mientras menos llamen la atención, mejor".
Antes de que pudieran contestarle, Alvarr clamó:
"¡Oh Dama del Lago! ¡Señora de Avalon! ¡Ven a nosotros ante nuestra necesidad!"
Freya se tensó ante el llamado del hechicero. "No importa lo que pase. No salgan de la niebla" dijo Freya seriamente antes de desaparecer.
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Alvarr y su grupo miraban hacia el lago cubierto por la neblina esperando la aparición de la guardiana de Avalon. Después de unos breves momentos, un suave viento comenzó a soplar arremolinando a la niebla hasta dejar ver a la Dama del Lago frente a ellos, orgullosa e imponente.
"Mi señora" dijo Alvarr inclinándose hacia Freya, los demás miembros de su grupo imitaron las acciones de su líder.
"Bienvenidos al lago de Avalon" saludó fríamente la joven al grupo de renegados.
"Lamentamos importunarla, mi señora" comenzó el druida suavemente "Pero nuestra señora, la auténtica reina de Camelot, lady Morgana nos envía con un mensaje para usted" contestó el druida "Ella desea…"
"Sé perfectamente lo que desea lady Morgana de mí" interrumpió Freya al druida "Su viaje ha sido en vano. Dile a tu ama que su cruzada no tiene futuro alguno".
El druida parpadeó sorprendido ante el conocimiento de la Dama del Lago sobre las intenciones de su señora. "Pero, ¿cómo?" murmuró Alvarr sin ocultar su desconcierto. Recomponiéndose rápidamente, Alvarr continuó:
"Mi señora, debo de insistir. Si queremos la libertad y justicia que se nos ha negado durante años debemos unirnos contra nuestro enemigo en común: Arturo Pendragon".
"Lo que tú y Morgana buscan es venganza, no justicia. Creen que lograrán una diferencia, pero no será así. La esperanza de un futuro más brillante yace en otros" replicó Freya con convicción.
"¡Emrys nos ha traicionado a todos nosotros al proteger a los Pendragon!" gritó Alvarr encolerizado.
"Te equivocas Alvarr" respondió Freya "El ha cumplido su deber al proteger al Actual y Futuro Rey".
"Arturo Pendragon nunca será ese rey. Él es igual a su padre" respondió Alvarr con odio.
"Te equivocas. Tú y tu ama ven y creen lo que quieren ver y creer, no lo que es en verdad" dijo la Dama del Lago tranquilamente como si fuera un hecho cotidiano lo que se discutía. "Esta reunión ha terminado. No diré más" dijo Freya dándose la vuelta alejándose del grupo.
"Temo que no mi señora" respondió Alvarr con una diabólica sonrisa mientras comenzaba a entonar un hechizo, seguido de sus compañeros. Pronto la magia de los andsaca se manifestó en una oscura luz alrededor de las manos del druida renegado.
Freya se giró sorprendida al escuchar y sentir la magia manifestándose en las proximidades de Avalon. "¿Se atreven a traer semejante magia oscura a este lugar?" preguntó furiosa la Dama del Lago.
"Pronto verá las cosas como en realidad son" declaró Alvarr con los ojos brillantes.
Los andsaca lanzaron su hechizo contra Freya quien no se inmutó ante el ataque. Antes de que el hechizo colisionara contra ella, las aguas del lago se levantaron formando un escudo a su alrededor, dispersando la magia oscura de los druidas renegados.
Inmediatamente, los ojos de Freya brillaron de un poderoso color dorado. Los andsaca levantaron rápidamente un escudo a su alrededor para protegerse del ataque de Freya; sin embargo, el ataque de la guardiana de Avalon fue de tal fuerza que logró destruir sus defensas haciéndolos tambalearse. Levantando la mano, Freya lanzó un nuevo ataque a sus desprevenidos enemigos lanzándolos por los aires.
Los andsaca aterrizaron fuertemente en el suelo cerca del borde del bosque. Jadeando, Alvarr y el resto se levantaron mirando con temor a la joven hechicera que los había derrotado fácilmente.
"¡Alvarr!" llamó Freya "Dile a Morgana que aún no es tarde para detener esto. Dile que si continúa adelante con sus planes, su destino se habrá sellado".
El druida miró con sorpresa y duda a la guardiana del lago que se mantenía en pie, tranquila y sin mostrar señales de cansancio tras su duelo. Sin una palabra, Alvarr se alejó del lago internándose en el bosque seguido de sus compañeros.
Nota del autor: La leyenda del Grial, al igual que las referentes al Rey Arturo, se desarrollan bajo el auge del cristianismo en Europa, además de que las pruebas que superan los caballeros es por medio de la fe en el Señor y en las cualidades de la Caballería cristiana. Sin embargo, en el programa nunca se mostró esta parte de las leyendas, y como estoy tratando de mantener la esencia del programa, no estoy dando o haciendo incapié en la religión. Sinceramente, espero no causar molestias por semejantes alteraciones de esta hermosa leyenda.
Cualquier comentario, crítica o reclamo ya saben que es siempre bien recibido.
