Capitulo 38

Entonces me dediqué a escuchar la canción, había algo que me llamaba, como la primera vez. Algo en aquellas palabras que salían de la boca del vocalista que, decían mi nombre.
Me quedé quieta, muda. Todos mis sentidos se centraban ahora en aquella melodía, en la letra, en pensar que… él la había escrito pensando en… mí.
Las piernas se me tambalearon y me sentí débil. Eran las palabras del hombre que yo amaba, eran los sentimientos que yo jamás había reconocido. Pero… ¿y si no era cómo yo creía? ¿Si aquella canción no hablaba de mí si no… de Lisanna?
Los pensamientos comenzaron a chocar entre sí en mi cabeza, provocando un completo caos en ella. Las dudas comenzaron a atormentarme cruelmente, ¿estaría él pensando en mí? ¿Me extrañaría? ¿Me amaba? Deseé llevarme las manos a la cabeza para intentar acallar las voces en mi mente, pero sólo me limité a quedarme inmóvil.
Había algo en esa canción que gritaba mi nombre, estaba segura. Pero no quería parecer tonta y hacerme absurdas ilusiones aun teniendo el corazón roto y el dolor abismal en mi pecho. Sentí mis ojos humedecerse, al menos esa canción me describía también. Deseaba tener la respuesta, tener alguna especie de poder o magia que me mostrara lo que yo quería saber. Me sentí… como si aun viviera en Venecia y él… estuviera a lado mío.
La cabeza comenzó a darme vueltas, pidiéndome la razón que, ya no la hiciera escuchar; pero el corazón, batiendo adolorido contra mi pecho, me rogaba que lo dejara seguir allí, que aun sintiendo dolor, le gustaban los recuerdos.
Yo no sabía a quién obedecer, ambos eran tan fuertes y yo tan débil, pero entonces, algo se removió dentro de mí. La fierecilla que llegué a pensar que ya no existía, se movía con cautela en mi interior, escuchando atenta cada palabra en esa canción y ya no pude luchar contra ella, se había vuelto igual de vulnerable como yo, pero esa era la cuestión, ambas lo éramos y ninguna de las dos teníamos la fuerza suficiente para ganarle a la otra.
Simplemente me quedé allí, escuchando, inmóvil, hasta que sentí que una lágrima cayó por mi ojo y resbaló por mi mejilla.
Al menos me alegraba una cosa, su sueño se había cumplido; sus canciones habían sido tocadas por un artista; al menos él era feliz, ¿no? Aun cuando la canción sonara triste, pero… es sólo una canción., escrita ya hace tiempo, estaba segura. De pronto me embargó la curiosidad, ¿dónde estará él? ¿Y Lisanna? ¿Seguirán juntos? Entonces dejé escapar otro par de lágrimas.
Aquella canción era lo único que me hablaba de Natsu y no estaba segura de qué me decía.
No supe a qué hora llegó Loke y se situó a mi lado. Me miró.
-¿Cuántas fotos has tomado? –me preguntó pero no respondí. Entonces me miró de verdad y notó el rastro húmedo que habían dejado las lágrimas- ¿Qué tienes? –inquirió, visiblemente preocupado.
-Es su canción –musité, sin apartar la vista del artista sobre el escenario.
-¿Su canción? –repitió, sin comprender.
Desde el día en que llegué y le conté a Loke todo, no había mencionado nada relativo a la historia de Natsu y Lisanna, aunque la llevara conmigo día y noche, impregnada en mi piel y no se lograra salir de mi cabeza.
-Él escribe canciones –farfullé-. Es compositor –lo dí por hecho-, y esa es su canción.
-¿Se la escuchaste tocar alguna vez? – ¿Loke creía que no era verdad?
-Mira la pantalla –dije-, el nombre del autor –especifiqué.
Loke lo hizo, justo se estaba terminando la canción.
-¿Natsu Dragneel? –Preguntó, sin entender, luego de un corto silencio, abrió los ojos y me miró- ¡Natsu Dragneel! –soltó, acordándose.
-Quiero irme –dije, dándome la vuelta.
-Claro, entiendo –por eso Loke me caía tan bien, no hacía más preguntas después de que veía que ya no obtendría respuestas-. Llévate mi camioneta –sacó las llaves de su bolsillo y me las ofreció.
-Pero tu…
-Yo mañana paso por ella –me aseguró-. Mañana nos tenemos que reunir para seleccionar las fotos que presentaremos a la revista. Anda, llévatela –insistió.
-Debo de conseguir un auto, ¿no? –suspiré y tome las llaves.
-No estaría mal, pero ya. Mañana nos vemos.
-Hasta mañana.
Salí de ese lugar apenas pude, trataba de contener las lágrimas después de la charla poco casual que había tenido con Loke. Subí a su intimidante camioneta plateada y luego encendí el motor, haciéndolo rugir bajo de mí. Conduje hasta casa, ignorando las ganas de llorar que me embargaban pero era casi imposible.
Se trataba de Natsu. Bueno, todo en mi mundo se trataba de Natsu, pero esta vez había sido directo, en la realidad, fuera del mundo en mi cabeza. Quise bloquear los pensamientos en ella, que si era para Lisanna, que si era para mí; porque todo eso sólo me provocaba un dolor infinito, por que, ¿qué posibilidades habría si fuera mi canción? Natsu me extrañaría, pero ya había pasado un mes desde que me fui de Venecia y ya me habría venido a buscar si es que… me amaba. Entonces todas las ideas que giraban entorno a esa, se desbarataron en mi cabeza. No era mi canción. Era para Lisanna.
Giré el volante hacía la derecha, haciendo rodar las llantas de la camioneta en esa dirección

Estacioné la camioneta de Loke en la acera y bajé de ella rápidamente para subir las escaleras hasta mi casa. Miré el reloj, eran las nueve de la noche, allá sería a lo mejor la una o las dos de la mañana. Tenía que hablar con Erza, así que esperaría hasta que amaneciera.
No sabía si quería saber, pero necesitaba hacerlo. Estas especulaciones en mi cabeza causaban más dolor que la verdad, fuera cual fuera.

Nueve de la mañana. Era como si contara con un reloj despertador en la cabeza que me anunciaba la hora en la que tenía que tomar la computadora e intentar comunicarme con Erza.
Me desperecé rápidamente y puse la lap-top sobre mis piernas; la luz que desprendió al prender me encandiló un poco los ojos.
Me conecté a Internet y sentí un gran alivio cuando vi que Erza también lo estaba. No dudé ni dos segundos en iniciarle conversación.

-¡Hola!-
Tecleé sobre las negras teclas, haciendo aparecer la letra azul sobre la ventana de conversación.

-¡Hey, hola!-
Me contestó al instante.

-¿Cómo está todo allá?-
Deseaba que Erza entendiera a la primera lo implícito en mi pregunta.

-Bien, supongo. Jellal me llevó ayer a un parque, desayunamos juntos y anduvimos por casi toda la ciudad.-
Podía apostar que su rostro dibujaba una sonrisa mientras tecleaba la respuesta.

-Me alegro mucho, de veras.-

-¿Y tú? ¿Qué tal? ¿Cuándo fue la última vez que hablamos?-

-No lo sé. El sábado creo. Yo estoy bien… mejor.-
Me quedé con dedos indecisos sobre el teclado y luego suspiré. Tenía que preguntarlo.

-Dime, Erza. ¿Cómo está Lisanna? ¿Cómo está… él? ¿Sabes algo de ellos?-
El segundo que tardó en responder me pareció eterno.

-Lucy... dijiste que no los mencionarías.-

-Por favor, Erza. Necesito saber algo. Mis especulaciones me hacen más daño. Por favor.-
Esta vez se tardó más en contestar.

-Según Jellal, Lisanna y Natsu ya no están juntos. Lisanna entra y sale de su departamento sola y de vez en cuando Sting la visita.-

-¿Y Natsu?-

-Lucy...-

-Dime, por favor.-
Casi un minuto. ¡¿Por qué esta mujer se tarda tanto en responder?!

-Se fue.-
Al momento de leerlo, los ojos se me abrieron como platos. ¿Se había ido? ¿A dónde? ¿Desde cuándo?

-¿Lucy?-
Me pregunté cuánto me tardé en contestar. O reaccionar.

-¿A dónde fue?-
Tecleé despacio, letra por letra.

-No lo sé, nadie sabe.-

-¿Cuándo se fue?-
Volví a insistir.

-Lucy... realmente no lo sé. Cambiemos de tema, por favor.-

Acepté, pero luego de ese momento mi mente se desconectó de aquella conversación y empezó a divagar, buscando posibles lugares a los que Natsu se iría.
Él no vendría a Tokyo, eso estaba descartado. ¿Algún lugar en América? No precisamente los Estados Unidos, quizá… México, o más para allá… Chile, Colombia, Paraguay… O a lo mejor no se fue del todo, quizá seguía en Italia; en alguna otra parte del país. ¡Ya sé! quizá se fue a Arggentina, allí quería irse desde un principio, ¿no?
Un agujero se me expandió en el pecho, acrecentando el dolor… el estaba tan lejos…

-¡Lucy!-

Casi puede oír la voz de Erza a través de la pantalla de la computadora. Había dejado de escribir y ella esperaba respuesta a la pregunta trivial que me había hecho.

-Perdóname. Llegó un amigo, Loke, ¿recuerdas que te hablé de él? Bueno, tengo que ir a…-
Mis dedos vacilaron.
-… revelar algunas fotos, hablamos después.-

No me gustaba mentirle a nadie, ni siquiera a distancia; pero tenía que ordenar el desorden en mi cabeza y encontrar alguna forma para ignorar el hueco en mi pecho, que se iba haciendo más grande conforme se producían los pensamientos en mi cabeza.

-Oh… bueno, está bien. Extraño verte por aquí y ser yo quien revele tus fotografías. Te extraño mucho.-
El hueco se hizo más grande, casi como si fuera un agujero negro que se tragara todo. Excepto el dolor.

-Yo también te extraño. Te quiero. Hasta pronto.-
Me desconecté enseguida. Ni siquiera las despedidas cibernéticas me gustaban.
Dejé la lap-top a un lado y me puse a reflexionar más a fondo, aunque me doliera pensar en la posibilidad de que él estuviera lejos; más allá del otro lado del mundo.
Argentina… irse a Argentina para alejarse del problema en que yo lo metí, para alejarse de Lisanna… De pronto, otra chispa de reflexión me hizo percatarme de algo que Erza me había escrito y que me había pasado desapercibido: Lisanna y Natsu ya no estaban juntos… Lisanna y Sting…
Allí había dos cosas por comprender. Por supuesto, si Natsu se había ido es porque ya no estaba con Lisanna, lógico. Pero, ¿Sting visitando a Lisanna? Bueno, era normal que Sting visitara a Lisanna; yo sabía que la amaba y que estaba enamorado de ella, pero… ¿ya le habrá dicho? Probablemente no, Sting es prudente y a lo mejor no sería adecuado declarársele a alguien después de una tragedia como la que sucedió, aunque ya haya pasado un mes.
Aquello me hizo pensar de nuevo en Lisanna. La extrañaba, la extrañaba demasiado; y cada una de sus risas que se proyectaban en mi mente como un recuerdo, dolían, porque sabía que ahora quizá ya no aparecerían, o ya no serían causadas por mí.
No podía vivir fingiendo que no pasaba nada, ni tampoco podía ignorar el hueco en mi pecho que a cada minuto se hacía más grande. Ya no estaba segura si todo lo que yo tenía adentro seguía allí ó si aquel hoyo negro ya los había consumido.
El tiempo no cura nada