Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 38 – Promises (Promesas)

Harry tenía bastante claro que estaba a punto de llevarse un puñetazo en la cara por el agente Barnaby Richards. Eso habría sido bastante desafortunado por tres razones. La primera, Richards todavía estaba a semanas de recuperarse completamente de las heridas de bala. Segunda, Harry probablemente tendría que devolverle el golpe, lo cual le llevaba directamente a la razón número tres; no tenía el hábito de golpear ancianos.

- Quieto, viejo. – le advirtió Harry.

Esto no le sentó bien a Richards, que se le acercó con un gruñido, sólo para ser interceptado por el Ministro de Magia.

- ¡Esto es inútil!

Eso era verdad. Y para ser justos, Harry sabía cómo se sentía Richards porque ambos lo sentían. Eran hombres de acción. Eran estratégicos, calculadores, se adaptaban. Habían estado en lugares peligrosos, haciendo cosas peligrosas. En ese momento, no se requería nada de eso. Los dos expertos restantes del Proyecto Navidad – la doctora McAlister y el profesor Yoshida – habían estado comiendo, durmiendo y trabajando en el laboratorio durante las últimas semanas. Todos los habitantes de Grimmauld Place trabajaban para ayudar en sus esfuerzos. Nada, absolutamente nada era más importante que salvar vidas que seguramente perderían, si la cura se posponía más y las bombas estadounidenses borraban Londres del mapa.

O eso decía Scrimgeour.

Pero eran tonterías, decidió Harry. La priorización y las bajas aceptables eran cosa de políticos. Harry entendía por qué el Ministro había ocultado sus oscuros secretos, pero no se lo perdonaría. Ya había tenido suficiente de impotente resignación y de aceptar las cagadas del Ministerio.

El puño de Richard todavía sostenía firmemente la camisa de Harry. En ese momento, lo relajó, al igual que él mismo. El Vaquero retrocedió, parecía cansado. Se pasó una mano por el pelo negro y plateado.

- Pasas ocho horas al día sobrevolando mar abierto. Parece que no te entra en la gruesa cabeza lo peligroso que es. Las escobas no están diseñadas para eso. Sé que eres el jodido Harry Potter, pero sigue siendo un milagro que aún no te hayas estrellado. Esto tiene que parar.

Harry cada día había estado cubriendo cada vez franjas costeras más extensas y seguía sin estar más cerca de encontrar la flota de Amarov. La búsqueda era inútil y todos en esa casa lo sabían. Una persona, aunque fuera un mago, no podía conducir esa búsqueda por sí solo. Pero Harry moriría antes de dejar de hacer… algo. Cualquier cosa. No iba a renunciar a Hermione.

- No me necesitas aquí. – anunció Harry, su frustración era tan afilada que recibió una extraña mirada de complicidad de Richards - ¿Qué demonios más esperas que haga?

Richards puso una mano sobre el hombre de Harry.

- Lleva a Longbottom contigo a Taransay. Se siente tan enjaulado como tú. Ayuda a los Weasley a cuidar a la gente de allí.

Harry sacudió la cabeza.

- Neville puede ir. Ginny tiene las cosas bajo control. Tampoco me necesitan allí.

- Escúchame, Potter. – intervino Scrimgeour – Si Hermione y los demás siguen vivos…

- Está viva. – siseó Harry – Lo sé. Sólo tengo que llegar hasta ella.

Richards entrecerró los ojos hacia Scrimgeour.

- ¿Vas a decírselo o tengo que recibir un golpe en la cara después de todo?

- ¿Decirme que? – exigió Harry.

El Ministro vaciló por un momento.

- Estamos evacuando a todo el mundo hacia Taransay. Ya está decidido.

Harry se quitó las gafas y se pasó el dorso de la mano por la frente.

- ¿Ah, sí? – preguntó, cortante - ¿Quién lo ha decidido?

- Yo. – dijo Scrimgeour, con una fría autoridad.

- Y yo estoy de acuerdo con su decisión. – agregó Richards.

Harry volvió a ponerse las gafas mirando hacia adelante y hacia atrás, alternando entre ambos hombres mayores.

- ¿Y qué pasará cuando Hermione y los demás aparezcan? Y si no tienen varitas, ¿cómo llegaran a Taransay? ¡Estarán atrapados en la ciudad, en el peor sitio posible!

- Potter…

- No. – advirtió Harry, sacudiendo la cabeza. Dio un paso atrás apartándose de ambos hombres – Evacúa la casa. Hazlo. Os ayudaré como pueda, pero me quedaré atrás.

Richards dio un paso hacia adelante, cerrando la brecha entre él y Harry. Agarró al chico por la parte superior del brazo y lo arrastró hasta las ventanas de la sala. Echó las viejas cortinas a un lado.

- ¡Mira! ¡Mira afuera! ¡¿Qué ves?!

Harry vio lo que había estado allí durante las últimas semanas; una creciente horda de zombies, atraídos a Grimmauld Place como si la casa fuera alguna especie de faro para todos los muertos vivientes mágicos de la zona. O como si las criaturas se hubieran estado comunicando ese hecho entre ellas. Cualquiera que fuera la razón, ahí estaban y ahora eran cientos. En su mayoría, eran pasivos, quietos, observando, probando ocasionalmente los límites de las barreras protectoras, sólo para terminar desviándose.

Pero las barreras se debilitaban. Ninguna cantidad de afianzamiento protegería la casa del ataque simultáneo de muchas entidades mágicas. Y si o cuando lo zombies lo intentaran, no pasarían ni unos minutos hasta que tiraran las paredes abajo.

- Van a romperlas, hijo. – dijo Richards en su oído, clavando sus dedos con énfasis en el brazo de Harry – Han estado desgastando nuestras barreras poco a poco, día a día. Mi hipótesis es que no hay carne fresca en kilómetros a la redonda y henos aquí, parados. Somos como un montículo de termitas para un oso hormiguero.

- Las barreras aguantaran. – dijo Harry, con los dientes apretados.

- Seguro, pero, ¿por cuánto tiempo? Sé que este lugar significa algo para vosotros; para ti y para Granger. Pero tenemos que reducir nuestras pérdidas…

En otro momento, en otro lugar, Harry podría haberse estado avergonzado de mostrarle a un hombre como Richards la agonía que sentía, las lágrimas que le llenaban los ojos, pero estaba demasiado desgastado; demasiado afligido para preocuparse.

- Ya he soportado suficientes pérdidas. – dijo.

Richards suspiró. Miro fijamente a Harry, durante un largo y duro momento. Harry podía sentir a Scrimgeour cerca, observándolos.

- Me quedaré con el chico. – anunció el Vaquero, todavía mirando a Harry con los ojos entrecerrados – Nos reuniremos contigo en Taransay.

Scrimgeour parecía enfadado, pero no sorprendido.

- Muy bien.


Honoria abrió sus pesados párpados, parpadeando rápidamente para que su visión pudiera alcanzar la conclusión a la cual habían llegado sus otros sentidos.

Estaba en el Pozo; su estupor actual se debía a la (muy probablemente) administración de los mismos sedantes que Prestin le había aplicado a Hermione. Bueno, suponía que era apropiado. El inusual entumecimiento de sus extremidades le hizo bajar la mirada hacia sus manos, momento en el que se percató que su torso, brazos y piernas estaban estrechamente atados a una silla. Sentado frente a ella, bajo el resplandor de un foco y atado en una posición similar, estaba Alexander. Sentado rígidamente en su silla, sin una expresión especifica aparte de algo que podía describirse como resignada diversión. Los oscuros huecos de su rostro se debían a algo más que las sombras proyectadas por los focos. Ella estimaba que habían estado encerrados en las bodegas del barco durante aproximadamente una semana. A diferencia de ella, Alexander parecía totalmente lúcido. Tal vez no se había merecido el forzado sedante, como ella.

- Deberías haber huido. – dijo él.

Le tomó un momento poner en funcionamiento su pesada y seca lengua.

- ¿De ellos o de ti?

- De ambos. Aunque parece un asunto bastante discutible ahora mismo. – miró alrededor del pozo, pareciendo contemplativo – Vamos a morir pronto.

Sí, lo harían. Honoria lo supo desde el momento que el pequeño Henry Zabini la descubrió intentando colarse a hurtadillas en el Cassiopeia.

Los restos humanos y zombies que anteriormente componían la decoración del Pozo habían sido eliminados y parecía que habían limpiado la arena hasta un estado casi estéril. ¿Tal vez los rebeldes pretendían reclamar el infame Morning Star como una renovada residencia de la flota? Tenía sentido, ya que ahora tenían casi mil almas más para reposicionar en condiciones más humanas y espaciosas. La escotilla que conducía al área de contención de los zombies estaba sellada, las puertas de pesado metal se habían fundido cerrando la apertura por el calor del fuego que había señalado el inicio de la rebelión. La otra escotilla; la que los combatientes usaban para entrar a la arena… estaba abierta.

Más allá, imponía la oscuridad, pero Honoria supuso que quien los había metido ahí no estaba lejos.

- Tengo que preguntarlo. – dijo Alexander, llamando su atención de nuevo a él - ¿Cómo pretendías escapar?

Honoria flexionó las muñecas, probando las ataduras. Casi no se daban nada.

- Iba a robar uno de los barcos más pequeños y llevarlo al continente.

- ¿Y cuánto tiempo crees que habrías sobrevivido por tu cuenta?

- Indefinidamente. – respondió ella, sin vacilar.

Alexander resopló.

- Ya lo creo. Eres una superviviente. Pero pienso que tienes ambiciones más elevadas en estos momentos. Te convertí en algo más, te hice considerar una vida que tiene más recompensas que el hecho de simplemente seguir viviendo cada día. – miró alrededor de la arena, como si recordara la multitud que solía llenar las gradas – No como un animal de carga o uno más débil.

Se refería al contrato para trabajar para él, recién graduada en Salem. Ese fue el año que todo cambió para ella. Él lo cambió todo para ella.

- ¿Me pregunto si te arrepientes? – dijo Alexander.

No. Nunca se arrepentiría de ello, pero no le daría la satisfacción de escucharlo.

- ¿Y es aquí donde lleva esa promesa? ¿Morir en el Pozo contigo?

- La Transformación puede tener un alto precio. Nunca dije que no había riesgos.

- Tú también has cambiado. – dijo ella – Durante estas últimas semanas. Renunciaste… a tu convicción.

- Tal vez. – le concedió él - ¿Pero sabes qué es peor que yo, Honoria? Ninguna de mis creencias eran tus creencias. Los prisioneros, los Juegos… nada de eso estaba bien para ti. Nunca estuviste de acuerdo con ello. Y sin embargo; has cumplido tus obligaciones conmigo. Hiciste todo lo que te pedí y fuiste capaz de hacerlo sin creer que valía la pena. ¿Sabes en lo que te convierte?

Honoria apartó la mirada para que no viera su angustia.

- En más monstruo que tú.

- Ellos escribirán los libros de historia, sabes. – dijo Alexander, con una pequeña sonrisa – Los ganadores siempre lo hacen. Y tú, Honoria, finalmente conseguirás lo que siempre has deseado, lo que me dijiste que merecías el primer día que nos conocimos. Notoriedad. Fama para rivalizar con Harry Potter. Era un huérfano igual que tú, ¿no? Criado para la grandeza, mientras tú tenías que ganarte tus galones. Finalmente serás memorable entre ambos mundos.

- Como tú. – señaló ella.

- Ya salgo en los libros, querida. – dijo, logrando encogerse de hombros, a pesar de sus ataduras – Esperaba crear la cura a tiempo. Eso habría sido un legado mejor…

- Ellos serán los que encontraran la cura. Cuando menos, les hemos dado el impulso de trabajar juntos.

Alexander bufó.

- Sí, siempre nos quedará eso.

Honoria tenía que preguntarlo. No podía reunirse con la muerte sin saber la verdad.

- Cuando me interrogaron en la bodega, dijeron que habías atacado a Hermione Granger.

Era asombroso (y doloroso) ver su arrepentimiento. Honoria había asumido hacía tiempo que tal sentimiento era un concepto extraño para él. Alexander Amarov no sufría arrepentimiento ni dudas.

- Admito que no fue uno de mis mejores momentos. – respondió, con un suspiro.

Permanecieron en silencio durante un momento.

- ¿Te sorprende? – preguntó él – ¿Va en contra de tu opinión preferida de mí; un villano sí, pero civilizado?

Honoria lo consideró.

- Ella estaba jugando contigo desde el principio, pero no ibas a escuchar a ninguno de nosotros. Y, finalmente, lo viste por ti mismo, ¿no? Lo averiguaste después de que los rebeldes atacaran y entonces ya no sabías como manejarlo. Ella te hirió, te engañó y querías devolvérselo. ¿Cómo podía no estar ya medio enamorada de ti? Porque eso era lo que sentías tú por ella. Hermione Granger estaba destinada a ser todo lo que odiabas.

Alexander le lanzó una mirada casi maliciosa.

- ¿Lo que realmente te interesa saber es por qué ella y no tú?

Honoria le respondió con una mirada de intensa aversión.

- He visto mucho de este mundo. He viajado y he experimentado cosas ordinarias y extraordinarias; suficientes para varias vidas. – él apartó la mirada de Honoria, centrándose en la rejilla metálica del suelo – Pensé que podría experimentar, sólo una vez, lo que era conocer a alguien que atravesaría el fuego por mí…

- ¡Yo era esa persona! – gritó Honoria, con voz quebrada.

- Sí, supongo que sí.

- Ella te ha roto el corazón.

La sonrisa de Alexander era irónica.

- Y que sea prueba, querida, de que tengo uno después de todo.

- Por más conmovedor que sea, tengo muchas cosas que hacer hoy. – dijo Draco Malfoy.

No habían notado su aparición a la arena. Se paró frente a la entrada, con las manos vendadas en las caderas. Tenía el aspecto que Honoria recordaba de sus días en Grimmauld Place; intenso, menos contenido, menos cauteloso. Siempre le había parecido inquietante que la crueldad y la brutalidad de Alexander estuviera encerrada en una forma tan exquisita. Lo hacía aún más monstruoso, pensó, y añadía un toque venenoso a su belleza. Malfoy era casi igual, pero mientras que Alexander era bastante fácil de descifrar al fin y al cabo, las motivaciones internas de Malfoy aún no estaban claras para ella. Jugaba sus cartas con mucha precaución y era del tipo que podía jugar varias partidas a la vez. Tras el exitoso golpe de estado, ahora estaba entre amigos. No sabía si eso lo hacía más o menos peligroso. Sin embargo, Honoria no tenía ninguna duda de que ese día iba a ser su verdugo.

Se acercó a ella primero.

- Buenos días. – anunció, alegremente. Se puso en cuclillas para poder quedar frente a frente, observándola por un breve momento. Y entonces, se inclinó más cerca. Honoria se tensó inmediatamente, intentando ver si llevaba armas. Tenía las manos vacías, salvo por las vendas – Me temo que voy a tener que romper la promesa que te hice. – le susurró al oído, casi con ternura.

Por supuesto, Honoria sabía a qué promesa se refería. Escuchar a Draco Malfoy prometiendo matarte no era algo que se pudiera olvidar. Pero, obviamente, él se lo recordó, por si acaso.

- Voy a matarte, pero no estarás sola cuando pase. – inclinó la cabeza hacia Alexander – Tendrás compañía.

Honoria miró fijamente a Alexander, con una evidente desesperación en su rostro. Él no dijo nada. Ni una palabra, pero sus ojos de cobalto nunca dejaron de mirar a Malfoy. Honoria supuso que ya le había dicho suficiente a Malfoy y que nada de eso había justificado ningún tipo de misericordia. Malfoy se acercó a la entrada. Allí, en el suelo, había un saco de arpillera. En el interior parecía haber algo pequeño, retorciéndose. Honoria notó que Alexander miraba el saco inquisitivamente. Puede que él no se hubiera dado cuenta de lo que contenía, pero Honoria sí lo hizo.

Después de todo, había sido Honoria quien había tomado a la pequeña Eloise Withinshaw de las manos de su histérica madre.

- Draco.

Malfoy se detuvo a mitad de desatar la parte superior del saco.

- Una vez me preguntaste por Hogwarts. Nunca te respondí. No estaba en un año menos. Estaba en Gryffindor. En el mismo año que tú, en el mismo año que Harry, Hermione, Ron, Parvati, Neville y todos los demás.

Malfoy frunció el ceño y pudo ver como intentaba recuperar los recuerdos necesarios.

- No me acuerdo de ti. – dijo, ahora mirándola con genuina sorpresa en sus hermosos y plateados ojos. En sus manos, la pequeña cosa que había en el interior del saco empezó a gruñir – No te recuerdo en absoluto.

Y por eso había sido tan fácil convertirse en lo que Alexander necesitaba. Siete años en un colegio donde incluso los muebles tenían más presencia, donde ella aparentemente se había fundido con las paredes de piedra, donde incluso los profesores apenas se preocupaban en recordar su nombre y mucho menos de cualquier otra cosa de ella. Siete años de su vida con una invisible identidad eclipsada por el cegador resplandor y brillo de otro huérfano; Harry Potter, sus amigos y sus historias. Ella no había sido nadie.

Alexander la estaba mirando, extrañamente orgulloso. Ella era su criatura y ambos estarían en los libros de historia juntos. Por lo menos, le quedaba eso.

- Lo sé. – dijo Honoria. Sonrió, con tristeza – Nadie me recuerda. Pero ahora lo harás.

Draco llegó al final del primer pasillo antes de que comenzaran los gritos. A la pequeña Eloise se le había dejado morir de hambre hasta que había encontrado un nuevo propósito para ella. Como el único espécimen zombie restante en la flota, ahora era una especie en peligro de extinción.

Y necesitaba comer.


Belikov esperaba a Draco en uno de los botes que lo llevarían de regreso al barco principal. No era sorprendente que, a pesar de todo lo que el viejo profesor había soportado en manos de Amarov, no estuviera de acuerdo con lo que Draco había hecho.

- Repito, esto es salvajismo

- Y por eso tenía que ser yo quien lo hiciera. – respondió Draco, dirigiendo el bote hasta el barco.


Estaba cerrando una gran bolsa de lona llena de armas y munición, cuando la puerta de la habitación se abrió. Draco no tenía que voltearse para saber que era Blaise quien había entrado. También era su habitación, después de todo.

- Acabo de hablar con Belikov. ¿Pensabas decirme que te vas?

Draco cogió una segunda bolsa – una mochila – y se dirigió hacia el armario. Sacó varios jerséis de lana.

Blaise no estaba de humor para que lo ignoraran. Agarró la mochila y la arrancó de las manos sin oposición de Draco.

- No dejarás la flota.

- ¿Por qué no?

- ¡Hablo enserio!

- Yo también. ¿Por qué no puedo irme?

Blaise parpadeó, la rabia momentáneamente había paralizado su lengua.

- ¡Porque eres necesario aquí! La cura…

- La harán Belikov y su equipo. Ayudados por el doctor Felix Wallen, el profesor Yoshida y la doctora Katherine McAlister. Aquí tenéis todo lo que se necesita para crear la cura, ciertamente es mucho más de lo que teníamos en Grimmauld Place.

Eso pilló a Blaise con la guardia baja.

- Tú… ¿quieres que vayamos a Londres y traigamos a tus colegas hasta aquí?

- Sí. – Draco asintió – Lograr lo que Amarov ni siquiera tuvo la previsión ni de considerar. Unir los equipos. Traerlos a ellos y a su magia.

- Varitas. – susurró Blaise. Cerró los ojos, casi sintiendo dolor.

Draco se acercó un paso.

- Sí, varitas, Zabini. No estamos hechos para vivir sin magia. Es… anatema. No hay que soportarlo.

- Y sin embargo, lo soportamos… - susurró Blaise. Se dirigió hacia la cama, dejándose caer sobre las gruesas sábanas. Puso la cabeza entre sus manos.

- No me escucharas hablando de esto delante de Granger, – dijo Draco – pero sospecho que los sangre pura experimentamos la privación de la magia de una manera diferente. El malestar es… afilado. Con el tiempo, toda la gente mágica perdería la capacidad de usar una varita, tan fácilmente como nuestros antepasados lo hicieron una vez. Dependemos de un conducto. Sin varita, estamos incapacitados.

- Sobreviviste a eso más de seis años. – señaló Blaise, levantando la cabeza.

- Lo hice. – aceptó Draco – pero incluso en prisión, estaba rodeado de magia. Un pobre sustituto, pero era algo. Después de que me liberaran de Azkaban, la primera vez que sostuve una varita estaba al servicio del mismo Ministro que me metió en esa celda. La sensación fue… - los ojos de Draco se desenfocaron por un momento - … exquisita.

- Lo hiciste para salvar vidas. – concluyó Blaise, pero luego le dirigió una descarada mirada a Draco – Para salvar la vida de Granger, es lo más probable. Merlín, por eso te vas. ¡Te ha pedido que la saques de aquí!

- Ella no me insistió. Yo se lo ofrecí. – sacó un largo abrigo de una percha del armario. Draco probó la profundidad de los bolsillos y, aparentemente satisfecho, se la puso por encima del jersey azul y los oscuros pantalones vaqueros – Incluso con tu limitado conocimiento sobre ella, ¿crees que Hermione Granger no iba a sacrificarse a sí misma? Si alguien susurrara tan solo una palabra de necesidad hacia ella, se quedaría, aunque eso la perjudicara. Aunque condenara su cordura.

- ¡Dile que has cambiado de opinión! ¡Dile que es imposible!

- Ni lo voy hacer ni lo haré. – Draco sacó una pistola de la bolsa de lona y la metió en la cintura de los vaqueros, debajo del jersey.

- No puedes dejar la flota. La gente de aquí te necesita. Y la gente de afuera, los que están muriendo por millones. ¡Necesitan una cura!

- Tendrán una cura, pero no por . Iremos a la Mansión y será dentro de una hora. Allí hay artefactos ocultos que ni el Ministerio esperaría encontrar, por mucho que fueran los mejores. Recuperaré lo que pueda. – Draco miró fijamente la mochila en las manos de Blaise.

Blaise se levantó y sacudió la cabeza.

- Eres un egoísta hijo de puta.

- Nunca he dicho lo contrario, Zabini.

- Bueno, si no entras en razón, ¡estoy seguro de que Granger lo hará! Hablaré con ella.

- Blaise. – dijo Draco.

Blaise se detuvo junto a la puerta.

- ¿Estabas con Daphne cuando murió?

La pregunta fue inesperada. Blaise parecía momentáneamente perdido ante las palabras, y luego, pareció volver a enfadarse.

- Sí.

- ¿Murió en tus brazos?

Realizó la pregunta tan insensiblemente que Blaise realmente se estremeció. Tragó saliva, totalmente desconfiado del giro en la conversación.

- Sí.

- Enferma. Sufriendo. Impotente. Tan impotente como tú al no poder hacer nada al respecto.

Blaise apretó los puños. Bajó la mirada hasta la alfombra y comenzó a temblar.

- Bastardo…

Draco se acercó a su amigo, usando los dos centímetros adicionales de altura para inclinarse sobe él.

- En esos últimos y miserables momentos, ¿hubieras deseado haber tomado una decisión diferente? ¿Lo arriésgate todo trayendo a tu familia a la flota? ¿Tal vez tomar tus propias posibilidades, por tu cuenta, en lugar de depender de personas a las que apenas conocías? ¿Te arrepentiste, Zabini? ¿Te sentiste responsable de haber tomado la decisión equivocada? ¿Ignoraste tus dudas desde el principio?

Una mandíbula apretada fue toda la respuesta que Draco recibió durante un largo minuto.

- Sí. – dijo Blaise, con más suavidad.

Draco asintió.

- Voy a casa a encontrar algo mágico que pueda ser útil, o mejor aún, una varita. La Mansión Malfoy es mi mejor apuesta. Entonces, pondré a salvo a Hermione y permaneceremos allí hasta que ella elija volver. Mientras tanto, uniréis lo equipos y traeréis la magia a la flota. Tendrás la cura. Y la próxima vez que nos veamos, ya nos disculparemos por esto.

Blaise parecía entumecido. Se apoyó pesadamente contra la puerta, con ojos enrojecidos y abatidos.

- ¿Podrías devolverme mi mochila ahora? – preguntó Draco.

Blaise no se había dado cuenta de que todavía se aferraba a ella. Se la entregó a Draco.

- No creo que nunca te haya agradecido lo que hiciste por nosotros.

- Eso probablemente es porque no tenías claro si lo hice por ti en primer lugar. – dijo Draco. Metió los jerséis en la mochila.

Ante eso se ganó un resoplido por parte de Blaise.

- Llámalo escepticismo Slytherin.

Draco tiró del cordón de la mochila antes de ponerse unos gruesos guantes sobre las manos vendadas. Cuando terminó, recogió ambas bolsas y se dirigió hacia la puerta.

Blaise bloqueó la salida.

- Morirás ahí afuera.

- Posiblemente.

- No sabes lo que puede haber ahí porque estabas en Azkaban cuando todo sucedió. No sabes lo que hace la gente para sobrevivir…

Draco encaró una ceja.

- ¿Algo peor de lo que ha pasado aquí?

No hubo respuesta a esa pregunta.

- Muévete, Zabini. – no había ira en la voz de Draco, pero el tono empleado era un poco más frío que antes.

Con un gran suspiro, Blaise lo dejó pasar.


El siguiente capítulo se llama "Roadtrip" destino a la Mansión Malfoy y a partir de ahí vamos a tener capítulos exclusivamente Dramiones. Espero que hayais disfrutado de este capítulo, siento llegar tarde, pero se me está haciendo imposible traducir y actualizar dos historias más estudios y trabajos... espero que podáis perdonarme si fallo.

¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué creéis que pasará en la Mansión?

A mí este Draco me vuelve loquita... es tan ashdweudfejlasx *-*

Sé que la muerte de Honoria y Amarov no ha sido la que esperabais, pero yo lo considero una especie de karma, aunque veremos que pasa ;)

¡Espero poder actualizar el miércoles!

Gracias por comentar el capítulo anterior a: *Sabaana* *Ilwen Malfoy: A mí también me gusta que la historia no caiga en clichés demasiado usados en los Dramione, creo que estos personajes son mucho más maduros que la mayoría* *Doristarazona: No, cielo, no sé nada de Rizzle, pero tengo la esperanza de que actualice pronto* *karulicius* *Carmen* *YyessyY* *SALESIA: Sí, al parecer los padres de Hermione están en Australia, veremos que pasa en el camino, primera parada Mansión Malfoy, tengo ganas de que leáis esos caps ^^ Y sí, Draco no hace falta que ponga en palabras lo que siente, creo que sus acciones lo dejan bastante claro* *Loonydraconian: "las boliches azuloscurocasinegro" eso me ha matado jajajaja* *HacheSinAzucar* *johannna* *mariapotter2002* *Guest* *AliceMlfy: Aquí tienes noticias de Harry, vemos que no se ha rendido, aunque lo tiene complicado...* *LluviaDeOro: Sí es doloroso ver como está de mal Hermione, esperemos que Draco sepa contenerla y llegar a ayudarla, de momento lo ha conseguido* *Zharytha* *Sally. Elizabeth. HR*

¡Besos zombificadooooos!