Notas del traductor: Dice Jillian que hay notas al final.
—Gracias a Merlín nunca lograste llegar a Hogwarts. Te habrías ido directo a Hufflepuff —declaró Malfoy en voz alta.
—Lo siento —replicó Draco squib, unos decibeles más abajo para disgusto del otro rubio.
—Oh, detente. Deja de disculparte. Un Malfoy nunca va por la vida en un estado tan penoso. Entiendo que esta vida ha sido difícil para ti. Padre y Madre te rechazaron y, de no haber sido por Dumby…
Los ojos del squib se pusieron vidriosos.
—Dobby —susurró. Malfoy rodó los ojos.
—Sí, eso. De no haber sido por el elfo, habrías muerto. Eso es muy bueno y todo, pero ahora es tiempo de olvidar todo lo que te enseñó.
—¿Qué? —replicó Draco.
—Nosotros… bueno, tú no eres un squib. No en realidad. Esto fue obra de ese bastardo, Voldemort. Tenía que tener su plan de escape y nos escogió como sacrificio. Arruinó nuestro potencial y te convirtió en el patético ser que eres.
—Gracias por eso —respondió Draco, sintiendo la molestia surgiendo. Malfoy suspiró fuertemente y se alejó del chico. Sus grises ojos se volvieron distantes, como si lo que estuviera a punto de decir fuera especialmente difícil.
—Pero no estás entendiendo el punto —comenzó a decir en voz baja—. No tiene que ser así. No hay necesidad, en lo absoluto, de pasar la vida con la cabeza gacha, sintiéndote como un desterrado y haciendo todo para complacer a las demás personas. Somos… eres mucho mejor que eso. Mira, sobreviviste el ser tratado como un elfo, el tener que vivir con los asquerosos muggles, y el ser torturado por la loca tía Bella. Cualquiera de esas cosas habría destruido a otro mago, pero eso te hizo más fuerte. Ahora, es tiempo de probar lo mucho que lo eres, y lo único que tienes que hacer es abrir los ojos.
Draco no se había dado cuenta de que había cerrado los ojos en cuanto la estación se puso incómodamente brillosa y templada. Con esfuerzos, parpadeó hasta abrir los grises ojos. Una luz blanca y clara había cubierto el espacio alrededor de Malfoy. Solo quedaba él, en un punto relativamente sombreado. Confundido, miró hacia el mago frente a él.
—Es tu magia —dijo Malfoy con simpleza.
Draco jadeó, sorprendido. La brillante y maravillosa fuerza que había anhelado por tanto tiempo. Se sentía tan suave contra su piel, provocándolo y tentándolo. Sus dedos trataron de agarrar el calor incorpóreo, pero no era algo que pudiera tocar. Era algo más.
Sintió cómo las lágrimas descendían por sus mejillas. Era verdad. Él era un mago y ahí estaba su magia. Si solo Harry pudiera verlo.
Draco extendió los brazos y dejó que la magia lo recorriera por completo. Sintió como si estuviera bajo el sol de verano. Finalmente, se sentía bien.
Malfoy había llegado a su lado, sonriendo con indulgencia al alegre chico. Sabía que estaba a punto de extinguir su felicidad con la fría verdad.
—Vale, ya es más que suficiente. Por más conmovedor que sea tu plebeyo entusiasmo, no estoy aquí para hacerte feliz. Estoy aquí para prepararte para lo que necesita pasar.
—¿Cómo? —preguntó Draco, tratando de contener su euforia y concentrarse en las palabras de Malfoy.
—El asunto es este. Aun cuando sientas que tu magia es propia, no es como debería ser. Si la estudias con cuidado, notarás que hay puntos que se sienten un poco fuera de control. Deberías ser capaz de manejarla a voluntad, pero es ligeramente volátil.
Draco caminó alrededor, tratando de sentir lo que Malfoy quería decir. Unos cuantos pasos más, encontró un punto frío, que parecía antipático.
—¿Qué es esto?
—Voldemort. Es lo que puso dentro de nosotros, una parte de él mismo.
Nervioso, Draco regresó a la calidez.
—¿Cómo me deshago de esto?
—No puedes. No es posible, no sin sacrificar tu propia magia una vez más. Pero, una vez que Voldemort muera, será más fácil de manejar.
Draco se quedó callado por unos momentos, mientras procesaba lo que Malfoy le estaba diciendo.
—Me dijo que, si lo derrotaban, invocaría lo que puso dentro de mí y renacería.
—Tratará de hacerlo —admitió Malfoy.
Un peso como plomo se acomodó en el corazón de Draco.
—¿Y qué lo detiene? Él es el Señor Tenebroso.
El tono de Malfoy se suavizó considerablemente.
—Puedes luchar contra él, Draco. Te ha hecho creer que estás indefenso a su voluntad, pero eso no es verdad. No que ha pasado y las elecciones que has hecho te protegen.
El squib no se calmó.
—Pero hay riesgo de que salga victorioso.
—Siempre hay riesgos. Hasta Harry Potter no es tan formidable como piensa serlo, pero si consigues mantener a Voldemort a raya, morirá.
—Eso no es por completo cierto, ¿verdad?
Había descubierto el engaño. Malfoy entrecerró los ojos, frustrado.
—Está bien. La parte que está unida a tu magia sobrevivirá, y hay una posibilidad de que él lo trate de nuevo. Pero, al mismo tiempo, también significa que tienes la oportunidad de ser un mago más fuerte que Potter, incluso que Dumbledore. Después de todos esos años de miseria, tendrás mucho más poder que cualquier otra persona en Inglaterra, incluso quizá en Europa. Piensa en lo que eso podría significar.
Draco se apartó. El desaliento ensombrecía su semblante. La luz que lo había emocionado tanto, hacía unos momentos, se sentía artificial y amenazante al mismo tiempo.
—No lo haré.
—¿Qué? ¿Sobrevivir? Por Merlín, Draco, es tu magia. No hay razón para no pelear por ella.
—Necesito regresar ahora.
—¿Y hacer qué?
—No lo sé aún. Lo que sea mejor.
Malfoy alzó las manos, en desesperación. Se notaba la decepción en el rostro. Maldito Dobby. Maldito Potter.
—Sabía que esto sería una pérdida de tiempo. Vete, entonces.
Y con eso, Draco regresó a estar consciente.
XxXxXxXx
Despertó encontrándose una cortina de cabello cobrizo y una esencia de perfume de vainilla.
Ginny Weasley.
Estaba sentada en el suelo, junto a su forma tendida, con la varita en la mano y repasando los intricados movimientos que indicaban los encantamientos sanadores. Su piel ya no tenía ampollas y el cabello quemado había salido de nuevo, como su saludable rubio platinado. Estaba trabajando en limpiar sus pulmones de los residuos de humo.
Cuando sus ojos se encontraron, la chica se detuvo y retiró su varita.
—¿Cómo estás? —preguntó en voz baja.
El chico negó con la cabeza y apartó la mirada. Ginny suspiró.
—Es una pregunta estúpida, lo sé. Me siento bastante mal, pero pronto pasará todo. No soy la señora Pomfrey, pero mi madre me enseñó todo su arsenal de hechizos curativos. Te dejaré como nuevo en poco tiempo —dijo la chica, y regresó a curarlo. Draco pasó saliva, tratando de calmar su garganta.
—¿Dónde está Harry? ¿Está bien?
Ginny frunció el ceño pero respondió con honestidad.
—Hasta ahora, está bien. Solo un poco sacudido por lo que les pasó a los dos en la Sala de los Menesteres. La orden, el ED y aquellos que querían ayudar se han reunido en el Gran Comedor. Parece que Voldemort está a punto de entrar al castillo, y Harry no se pudo quedar contigo tanto como quería. En vez de eso, me pidió que me quedara, lo que supongo que es una forma muy inteligente de mantenernos a ambos lejos del fuego.
—¿Y qué hay del amo Theodore?
—Conseguiste salvar al pequeño troll. Salió corriendo en cuanto pudo, y probablemente se unió al asedio de los mortífagos mientras hablamos. Harry dijo que había sido una de las cosas más valientes y estúpidas que alguien había hecho, lo que es bastante interesante considerando todas las cosas valientes y estúpidas que él ha hecho —comentó, sonriendo mientras recordaba las pericias del Niño que Vivió.
Draco reconoció su sonrisa.
—Él te quiere mucho.
—Yo también. Siempre lo he hecho.
Con mucho esfuerzo y la ayuda de Ginny, Draco consiguió enderezarse hasta estar sentado. Sus miradas estaban al mismo nivel, y el chico podía ver la emoción detrás de los ojos color miel.
—No tienes que preocuparte de mí, en ningún modo. Ya me he rendido —dijo simplemente. Su corazón se apretó con cada palabra.
—¿Te has rendido con él?
—Por fin me he rendido conmigo mismo. Ya estoy harto de desear que las cosas sean diferentes. Mi destino fue trazado incluso antes de que yo naciera. Solo tengo que terminar con ello —dijo miserablemente, pero continuó con su dolorosa confesión—. Sí lo amo, ¿sabes? Él ha sido mi amigo, mi familia… mi corazón, pero no existe nada en el futuro para los dos.
Ginny quedó sin habla. Se había preparado para una pelea… no para eso. Lo miró mientras se ponía de pie, haciendo lo mismo.
Las piernas de Draco se sentían temblorosas, pero se mantuvo enderezado. La chica se acomodó la túnica, y el rubio alcanzó a ver la pequeña bolsa de cuentas que tenía pegada al cuerpo.
—¿Es esa la bolsa de Hermione? La que no tiene fondo…
—Sí. Me la dio para que la cuidara. ¿Tienes algo tuyo aquí dentro?
El chico asintió y Ginny le pasó la bolsa. Draco hurgó por un momento, entre los objetos que la chica había considerado útil conservar, hasta que sintió lo que estaba buscando.
Con las manos temblorosas, sacó la varita de espino con el núcleo de cabello de unicornio.
~TBC~
Notas de la autora: El siguiente capítulo es el final, y luego el epílogo. Gracias por todos sus comentarios, mientras nos acercamos al final del viaje de Draco squib. Qué bueno que lo estén disfrutando.
Notas finales:
¿Ven por qué les dije "No Ginny bashing"? La mujer es buena… El siguiente capítulo tiene más de 4,000 palabras, así que por favor ténganme mucha paciencia…
Adigium21
