¿Hay novio o no hay novio?

La biblioteca de Hogwarts, no solo tenía una extensa colección de libros increíblemente útiles, sino que también tenía la cualidad de hacer sentir a cualquiera un cerebrito entre tanto libro, aunque ni siquiera toques uno.

Ronald a menudo le decía que el simple hecho de entrar allí, ya hacía que sintiera que estaba haciendo algo de provecho. Por supuesto, solo era una sensación. Nadie allí era capaz de estudiar por simple ósmosis.

Últimamente, cada vez que entraba, Avril se sentía un poquito más cerca de Hermione. Aquel sitio fue donde pasó más tiempo a lo largo de todos los años de Hogwarts y en cierta manera lo entendía.

Lo que no entendía, era por qué Flavius McLaggen, se sentaba frente a ella en la mesa y ni siquiera abría un libro para disimular. Simplemente estaba allí, con el codo sobre la mesa y sujetándose la cabeza, mirándola estudiar.

Cerró el libro del que había sacado unas frases, tanto porque estaba cansada de la mirada castaña del muchacho, como porque ya había terminado. Se levantó y recogió sus cosas. Soltó el libro en su sitio, con McLaggen pegado a sus talones, sin decir nada, como un guardián sonriente y silencioso.

- Bien, dime de una vez qué es lo que quieres – dijo de mala gana nada más salir de la biblioteca.

- Quiero que salgamos juntos – de la sorpresa, la bruja tropezó con un pequeño saliente del suelo y casi termina besándolo de no ser por Flavius.

- ¿Qué has dicho? – estaba segura de que había tenido que escuchar mal.

- Que me gustas y quiero salir contigo – respondió con una sonrisa, sin soltarle el codo por donde la había sujetado.

- P-pero… si apenas me conoces – dijo medio susurrando, y comprobando que a su alrededor, nadie les prestaba atención.

- Por eso quiero conocerte mejor – empleó el mismo tono de voz.

- Para eso no es necesario que salgamos juntos – Flavius sonrió, como si aquella fuera la respuesta que estaba esperando.

- Es que así, me aseguro de que Black no interfiera mientras estamos juntos – los ojos de Avril se abrieron de la sorpresa -. Cada vez que intento acercarme a ti, ese chico se interpone y no me deja ni saludarte. Si empezamos a salir, ya no podrá hacerlo.

- ¿Esa es tu única razón? No voy a empezar a salir contigo solo por eso.

- Bueno, la verdad es que hay otra – añadió -. Lupin también es bastante entrometido.

- ¿Remus? – aquello sí que era extraño.

Antes de que se enfadaran, era más normal que Remus aceptara a hacer las cosas que se le ocurrían a James y Sirius, pero desde la pelea, el hombre lobo había ido un poco más a su ritmo. Cosa que por cierto, estaba empezando a cansarla, tanto a ella como a James.

- Sí, no pierde la oportunidad de lanzarme sutiles pullas, aprovechando que es prefecto – Flavius todavía no la había soltado del brazo. Se lo había enganchado y ahora paseaban como si fueran una pareja de los años cincuenta.

- Me cuesta creerlo la verdad – aunque no, tampoco era tan difícil imaginarlo. Ya lo había visto soltar un par de prendas de ese tipo antes -. Pero mi respuesta es no. Esa no es razón para empezar a salir como pareja.

Flavius suspiró con fingido pesar. Ya sabía que iban a llegar a ese punto, pero al menos, ahora tenía su atención. Lo cierto era que llevaba tiempo ensimismada en una cosa y otra. Nunca pensó que fuera tan difícil poder entrar en el mundo de Avril.

- Lo sé, lo siento – por supuesto no lo sentía. Aquello solo era parte de su estratagema -. Es solo que estoy celoso – entonces Avril volvió a tropezar, pero como iba sujeta a McLaggen, apenas se notó -. Ellos siempre pueden estar contigo y de verdad que me gustas. En otra situación no me abría apresurado tanto a decírtelo, pero temo que esos dos te aparten de mi lado y me roben la oportunidad.

- ¿D-de… de qué e-estás hablando? – ¿y por qué aquella conversación la ponía tan nerviosa? – Flavius, yo… siento si en algún momento…

- Oh no. Tranquila Avril. Nunca me has dado esperanzas respecto a lo nuestro, pero aun así, no puedo evitar enamorarme de ti.

- Flavius, estás diciendo palabras mayores. Yo…

- Intentémoslo – interrumpió de nuevo -. Tampoco es que estés saliendo con nadie, ¿verdad? Solo dame una oportunidad.

Avril no respondió. No sabía qué responder. Nunca barajó la posibilidad de tener que enfrentarse a algo como aquello. Flavius era un chico magnífico, pero ella en ningún momento había visto algo más allá con él. Además, que por muy mal que le cayera su hijo, nunca querría interferir en su nacimiento.

- A menos que ya te guste alguien – tanteó finalmente.

- ¡No! – gritó de inmediato, cuando la estúpida cara del muy estúpido de Sirius se cruzó veloz como el viento por su mente -. No hay nadie – terminó más suave.

- En ese caso, dame una oportunidad – pidió de nuevo, dispuesto a no rendirse -. Déjame intentar enamorarte. Tampoco pierdes nada.

- Pero tú… podrías salir dañado – Flavius amplió su sonrisa.

- Y el que te preocupes por mí, solo hace que quiera intentarlo con más fuerzas. Solo piénsalo, ¿vale?

Y sin más, la soltó y se marchó por el pasillo que llevaba al piso de arriba. Avril se quedó mirando cómo se marchaba y en cuanto giró en la esquina, salió corriendo en busca de Lily. Tenía que contarle lo que había pasado e idear un plan para torturar a Marlene por haberla metido en aquel lío. Nunca debió aceptar aquella cita.

...

..

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- Pues no veo por qué no – dijo simplemente Lily mientras retocaba el final del trabajo.

- ¿Cómo que no lo ves? – estaba tumbada sobre la cama de su amiga, viéndola trabajar en el escritorio – Lily, no siento nada por él. Solo voy a hacerle daño.

- Pues yo creo que deberías intentarlo – seguía concentrada en su pergamino -. Flavius es muy galán…

- Hoy en día nadie usa la palabra "galán".

- … y de todas formas, el otro tonto no se atreve a decírtelo, así que…

- Espera, ¿qué tonto? ¿De qué estás hablado?

Suspiró, dando por terminado el trabajo. Sopló un par de veces para que la tinta secara antes de continuar hablando.

- Bueno, ya que él no se atreve, tal vez si te ve con Flavius McLaggen se ponga celoso y se arme de valor para…

- Lily, me he perdido. ¿De quién me estás hablado? – se incorporó en la cama, sacando los pies por un lado para quedar sentada.

- Da igual - dijo encogiéndose de hombros, con una misteriosa sonrisa sobre su rostro -. Tu solo acepta la proposición de McLaggen. Creo que te vendrá bien.

- ¡Pero Lily!

- McLaggen ya es lo bastante maduro para saber a lo que se atiene. Y de hecho, es alguien que sabe lo que quiere. Alguien así en tu vida te vendrá bien. No necesitas a nadie más que trate de confundir tus sentimientos.

- Si estás hablado de Sirius…

- ¡Por supuesto que estoy hablando de Sirius! – exclamó, como si llevara tiempo intentando que se diera cuenta -. Avril, no hace más que jugar contigo. Ni siquiera él sabe lo que quiere y solo hace que tú te sientas más confundida. No digo que no sea un gran amigo o una buena compañía, ¡pero ahora mismo lo que necesitas es estabilidad!

Aquello era cierto. Desde la pelea con Remus, Sirius había estado muy inestable, buscándola cada vez que se aburría y James no podía atenderlo. Además, se había quedado alguna que otra vez más a dormir con ella desde aquella noche, y aunque no se hubiera propasado, era cierto que ni él mismo sabía lo que buscaba. También habían estado leyendo juntos el libro que le prestó Dumbledore, con la intención de ver si lograba que Sirius comprendiera un poco más a Remus.

Avril simplemente le había estado concediendo sus caprichos, porque sabía que al igual que Remus, él también lo estaba pasando mal.

Sabía que Lily tenía razón, pero eso tampoco quería decir que tuviera que salir con Flavius, sí o sí.

- Lo pensaré.

- Vas a salir con él – aseguró su mejor amiga, aunque pareciera más como una orden.

...

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Aquello era el colmo. Estaba harta. Harta de la pelea entre Sirius y Remus, de sus miradas, sus gestos groseros y la forma en la que se evitaban. Estaba harta de la insistencia de James de que hiciera algo y también estaba harta de Peter, sin saber realmente por qué.

Pues bien. Aquello era todo.

Fin.

Se acabó.

No lo consentiría más.

Dio órdenes expresas a James de que se llevara a Sirius a la cabaña de Hagrid. Ella se encargaría del resto.

Miró entre las estanterías y las mesas de la biblioteca, hasta que encontró a Remus sentado en una de ellas, pegado a la ventana, con la cabeza metida en un libro.

- Al fin te encuentro – le cerró el libro en las narices, y a él no le quedó otra más que prestarle atención -. Te vienes conmigo.

- ¿Ha pasado algo? – preguntó extrañado por su impulsividad.

- Todavía nada – lo sujetó de la mano y tiró de él para que se levantara.

- Espera a que recoja…

- No hay tiempo.

Tiró de él con más fuerza, dejando todos los libros que tenía extendidos sobre la mesa. Seguro que a la bibliotecaria no le iba a hacer ni pizca de gracia tener que recogerlos.

Salieron con las miradas de varios alumnos puestas sobre ellos. Pero Avril seguía guiando a Remus por los pasillos, buscando salir fuera. Bajaron la cuesta que llevaba a la cabaña de Hagrid, pero antes de llevar la mitad del camino, el licántropo detuvo la marcha.

- Quieta ahí leona – dijo sujetándola con fuerza para que no siguiera caminando -. No voy a dar un paso más hasta que me digas qué ocurre.

Avril se quedó callada, mirándolo con los mofletes hinchados y el ceño fruncido, en una mueca muy mona sin saber realmente qué decirle para que la siguiera sin llegar a mentirle.

Tiró otra vez del brazo de él, intentando que reanudaran la marcha, pero tal como Remus había dicho, no se movió ni un paso.

- Ven conmigo – dijo simplemente.

- ¿Adónde? – preguntó implacable.

Avril miró en la dirección de la cabaña que no se veía todavía desde donde ellos estaban.

- A la cabaña de Hagrid – contestó todavía con el mohín.

- ¿Por qué?

- Ha preparado una merienda.

Eso era cierto. Aunque no le había contado toda la verdad. El chico la miró con suspicacia desde la altura que le confería su metro setenta. Sabía que algo tramaba.

- Vamos Remus – se quejó con voz infantil a la vez que volvía a tirar de ella.

Se dejó mover, tanto por curiosidad como porque disfrutaba como un niño de su comportamiento infantil. Siguieron avanzando hasta la cabaña.

Cuando se hizo visible, Remus volvió a detener la marcha.

- ¿De qué trata todo esto? – preguntó esta vez con algo de enfado en la voz.

La razón de ese tono era a causa de que a lo lejos podía verse que en la entrada de la cabaña había tres figuras esperando. La grande de Hagrid y dos más pequeñas que pertenecían a James y Sirius.

- ¿Qué estás tramando?

La actitud de Avril cambió al ver que había sido descubierta. Así que decidió poner las cartas sobre la mesa.

- Lo siento mucho Remus, pero quieras o no, de esta no escapas.

- Avril entiendo que quieras que hagamos las paces, pero estoy cansado de la actit…

- ¡Yo soy la que está cansada! – gritó encolerizada -. Eres increíblemente terco al igual que Sirius y tanto James como yo estamos hartos de vuestra actitud – Remus intentó interrumpir, pero ella no le dejó decir una palabra -. Me da igual lo que digas, vais a hablar y punto. ¡Joder Remus! Sois amigos desde los once años, no dejes que esto os separe.

- Pero es que "esto", como tú lo has llamado, no es una simple pelea que pueda arreglarse con un par de palmadas en la espalda – intentó deshacer el camino andado, pero Avril corrió a cortarle el paso.

- Precisamente por eso es por lo que quiero que habléis. Así es como se solucionan las cosas – le miraba con el ceño fruncido y las manos sobre las caderas.

- Que Sirius abra la boca no creo que sea la solución al problema.

- ¿Es eso? – preguntó de repente, al sentir que había cogido el quid de la cuestión -. ¿Es eso lo que te da miedo? ¿Qué Sirius diga lo que de verdad piensa y termine haciéndote daño?

- No digas estupideces – pareció retraerse en sí mismo, desviando la mirada al suelo -. Lo que Sirius diga me trae sin cuidado.

- Pero sí temes a lo que piense de ti – hablaba con suavidad, entendiendo de una vez por todas cual era el problema -. Oh Remus, tienes miedo de que Sirius no te considere un verdadero amigo.

Sus ojos verdes la miraron con dolor en ellos, un dolor que fue rápidamente sustituido por molestia.

- ¿Bueno y por qué iba a considerarme un amigo? – estalló enfadado -. Soy un licántropo y es normal que quiera tenerme lo más lejos posible. Todos estos años solo me ha soportado porque James se empeñaba en estar ahí. Y ya sabemos cómo es Sirius con James.

- No, eso no es cierto – pensó en cómo sería la mejor forma de hacérselo ver -. Él verdaderamente te quiere. De verdad que él…

Se atragantó con sus propias palabras, sintiendo el dolor de Remus como propio. Sentía que quería llorar por él. Todo aquel tiempo, solo, comiéndose la cabeza porque pensaba que todos aquellos años habían sido una mentira.

- Déjalo Avril – dijo abatido.

Intentó esquivarla, pero ella reaccionó a tiempo, diciéndose a sí misma que aquello debía terminar de una vez por todas.

- ¡No! Te he dicho que de esta no te escapas. Estoy segura que los sentimientos de Sirius por ti son de verdad y la única forma de que te des cuenta es que lo escuches tu mismo – el chico iba a volver a replicar cuando ella le increpó en voz alta -. ¡Nuca te obligaría a hacer algo que pudiera dañarte!

Aquello lo hizo enmudecer del asombro. La observó como si lo hiciera por primera vez. Con el pelo revuelto por el viento húmedo y los ojos brillándole con decisión. Todas sus emociones podían leerse en su rostro.

- Nunca te haría daño. Si supiera que Sirius no se siente de ese modo contigo, jamás te obligaría a hablar con él – continuó -. Por favor, solo por esta vez y te prometo que no volveré a interponerme en tus decisiones.

Remus no estaba convencido. Lo estaba pensando, pero realmente le asustaba lo que Sirius opinara de él. ¿Qué si todos aquellos años, toda aquella camaradería, no habían significado nada para él? ¿Y si siempre le había odiado en secreto por lo que era?

- Solo ven conmigo abajo – suplicó de últimas -. Solo ven conmigo y ya veremos qué pasa una vez estemos allí, ¿vale?

- Está bien – claudicó con un suspiro y apretándose el puente de la nariz con el índice y el pulgar.

Avril suspiró también, pero esta vez de alivio. Con una sonrisa tranquilizadora en la cara, sujetó de nuevo la mano de Remus, tratando de transmitirle todo el apoyo posible e iniciaron la marcha hasta llegar abajo del todo.

Allí les esperaban los dos magos y el semi-gigante, hablando entre ellos. James les saludó con una sonrisa y haciendo aspavientos con la mano. Sirius les miraba algo extrañados, sin terminar de comprender lo que ocurría.

- Habéis tardado – dijo James -. ¿Algún contratiempo?

- No es nada – respondió Avril, sin soltar todavía a Remus -. ¿Y si entramos ya?

- Claro, tengo la merienda sobre la mesa – dijo alegre Hagrid, que apenas podía ocultar su entusiasmo.

Entonces todo ocurrió con rapidez. Avril se encaminó la primera con Remus hacia la puerta de la entrada, pero antes de cruzar, lo soltó y se giró en redondo para agarrar a Sirius. El gesto pilló desprevenido a todo el mundo. Alzó la mano y lo sujetó por la nuca, para que no escapara. Con la otra mano dio un fuerte empujón a Remus que terminó de entrar en la cabaña y entonces, lanzó igualmente a Sirius dentro, que trastabilló un poco.

Cuando vio que iban a intentar salir y replicarle, ella dio un fuerte zapatazo sobre los escalones de la entrada al mismo tiempo que gritaba con fuerza un gran "¡EH!", como si estuviera espantando a un perro o algo parecido.

Ellos se sobresaltaron y la miraron sin poder creer que realmente hubiera hecho aquello. Y ella aprovechó para cerrar la puerta de la cabaña de un portazo. Sacó la varita con velocidad y trabó la puerta.

- ¿Le has quitado la varita a Sirius? – le preguntó corriendo Avril a James.

- Eh… sí, aquí la tengo – y se la mostró con la misma cara de asombro que segundos antes habían tenido aquellos que ahora eran sus prisioneros.

- Bien – respondió con una sonrisa de victoria. Ella se la había quitado a Remus mientras bajaban la cuesta sin que se diera cuenta -. Ahora no podrán salir hasta que hablen.

- No sé si será una buena idea – dijo Hagrid.

Avril lo había tenido todo planeado. Le había pedido a Hagrid su cabaña prestada como un favor, para que nadie les molestara mientras hablaban. Y a James apenas le había dicho lo que tenía que hacer, por si acaso se le escapaba el plan frente a Sirius.

- ¡Avril! ¡Abre la puerta! ¡Esto no tiene ninguna gracia! – gritó Remus desde el interior, dando golpes a la puerta.

- ¡Si esto es una broma, te has pasado de la raya, nena! – Sirius asomó la cabeza tras el cristal de una de las ventanas, tratando de abrirla sin éxito -. ¡Abre de una vez! ¡JAMES!

- ¡No voy a abriros hasta que habléis largo y tendido! – respondió orgullosa de su plan -. Si tenéis hambre, Hagrid os ha dejado la merienda sobre la mesa.

- ¿Estás loca? ¿Dónde está mi varita? – gritó Remus mirándose los bolsillos.

- ¡La mía tampoco está!

- ¡Os las hemos quitado para que no os matéis a encantamientos! – explicó amablemente James.

- ¿Y te crees que por no tener varita no podemos tirarnos cosas? ¿O darnos de puñetazos? – Sirius seguía intentando abrir todas las ventanas de la casa sin éxito.

- A veces un par de puñetazos entre amigos, son una forma saludable de manejar el problema – dijo Avril encogiéndose de hombros.

- ¿Estás loca? ¿En serio nos has metido aquí para que nos demos de hostias? – Remus daba embestidas contra la puerta.

- Bueno, no exactamente, pero hay que reconocer, que un par de puñetazos relajan bastante y ayudan a rebajar la tensión – Avril tomó asiento en las escaleras de la entrada, dispuesta a quedarse ahí esperando a que terminaran.

James tomó asiento al lado de ella, mientras el pobre de Hagrid miraba su cabaña con cierta preocupación en el rostro, pensando en cómo quedaría después de aquello.

- Me encargaré de limpiar todo cuando acaben Hagrid, lo prometo – dijo Avril habiendo interpretado su rostro.

- Bien, confío en que esto funcione – dicho esto, cogió la bolsa y la ballesta apoyadas en la pared -. Me voy a hacer un recado. Vuelvo más tarde.

- ¡Claro! – dijo James -. Y gracias por ayudarnos Hagrid.

- No hay de qué. Para lo que necesitéis – Hagrid se alejó, seguido muy de cerca por Fang.

Dentro Sirius y Remus seguían exigiendo su liberación, pero los dos que les habían encerrado los ignoraban como se ignora una piedra del suelo.

- Va a tardar, ¿verdad? – dijo James, ya con cara aburrida.

- Tenlo por seguro.

Avril le contó lo que acababa de descubrir sobre Remus, para empezar a matar el tiempo. James simplemente asintió con la cabeza, escuchando todo lo que ella decía.

- Sí, algo así me imaginaba – se pasó la mano por el pelo, desordenándolo todavía más -. Remus siempre ha sido así. Esa forma de ser, ha sido un hábito adquirido por las malas y ahora es muy difícil cambiar ese punto de vista de buenas a primeras. Siempre se le ha enseñado que es un monstruo que hace daño a la gente, aunque no quiera, y eso no se va a borrar de él de buenas a primeras.

- Supongo que todo lo que podemos hacer ahora es repetírselo constantemente – se llevó las rodillas al pecho, apoyando la cabeza sobre ellas.

Dentro, las cosas habían parecido calmarse solo un poco. Ya no había gritos amenazando sus vidas para cuando salieran.

- A esa misma conclusión llegué yo después de mucho.

- Los gritos empezaron a escucharse otra vez, pero en esta ocasión, no iban dirigidos hacia Avril y James. Ahora discutían entre ellos.

- Bien, parece que vamos avanzando – dijo James con una sonrisa en la cara.

- Espero que funcione.

- Todo saldrá bien.

Avril se fijó en James. Era todo positividad. Lo opuesto a Harry. Y no podía evitar compararlos cada vez que los veía. Eran tan físicamente iguales. Sin embargo, el haber vivido sin sus padres, hizo que Harry viera el mundo con cierto rencor. El maltrato de sus tíos, el ser el objetivo de uno de los magos tenebrosos más peligrosos de la historia, vivir constantemente al borde de la muerte… Cada cosa que se presentaba en frente de la vida de Harry, era un obstáculo enorme a salvar.

Para James, cualquier cosa suponía una simple piedra en el camino, que podía ser fácilmente pateada. Había vivido una buena vida, nacido en una familia influyente y feliz. Tenía seguridad y confianza en sí mismo y una altanería propia de un rey.

¿Habría sido Harry también de ese modo de haberlo tenido a su lado?

- Sirius es un cabeza hueca, pero sus sentimientos son nobles – siguió diciendo -. Aunque él no sepa expresarlos.

- Pues ahora sería un buen momento para que lo hiciera – como dentro seguían pegando voces y tirando algo al suelo de vez en cuando, Avril buscó algo con lo que entretenerse -. ¿Y si jugamos a pasarnos la snich?

- Lo siento princesa, Minnie me la requisó el otro día.

...

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No habían llegado al punto de los puñetazos todavía, pero poco les faltaba. Habían gritado incoherencias, habían tirado alguna que otra cosa al suelo, y de la merienda poco comestible de Hagrid, ya no quedaba nada absolutamente comestible.

Malditos fueran Avril y James por haberles encerrado allí.

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- ¿Y Peter? No lo he visto desde las clases – preguntó Avril aburrida, tumbada incómodamente sobre las escaleras.

- Castigado con la profe de Astronomía – contestó James en la misma postura -. Por no entregar la última tarea, ahora tiene que hacerla en su despacho.

- Mmmm.

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- Lo lamento Remus – dijo finalmente.

Habían terminado dándose de hostias de verdad. En todas partes. Puñetazos en la cara, en el costado, estómago, empujones, insultos… De todo. Ahora permanecían tirados en el suelo, con las respiraciones entrecortadas.

Hasta respirar les dolía. Sentían calor y dolor en la cara, el sabor de la sangre en la boca por el labio partido y hasta unas pocas ganas de vomitar por culpa de los puñetazos.

Sirius no le miraba. Tenía sus ojos grises clavados en el techo, siendo incapaz de mirarle a los ojos.

Remus sin embargo sí que había girado la cabeza para verlo al escuchar el tono desolado de su voz. Un tono que solo había escuchado en muy contadas ocasiones y solo el tiempo suficiente para decirle a James que necesitaba hablar con él. Ese tono de voz, nunca iba dirigido a él o a Peter, sino a James, en quien más confiaba para contarle lo que fuera.

- De verdad que lo siento Remus – siguió diciendo, todavía sin verlo -. Siento lo que hice, siento haber sido tan cabrón. Nunca imaginé que las cosas saldrían de ese modo. No me detuve a pensarlo. No me detuve a pensar en ti.

- Eso es evidente – acusó, todavía sintiéndose rencoroso, pero esta vez, realmente dispuesto a escucharle, a darle la oportunidad.

Sirius se quedó callado, como meditando sus palabras. Él no miraba a Remus, pero Remus sí que lo miraba a él, y no se perdía ni una sola de sus expresiones. Se veía compungido. Parecía verdaderamente arrepentido y se preguntó si de verdad estaría bien volver a confiar en él.

Dirigió su vista al techo, decidido a esperar a ver si decía algo más. Con aquello no era suficiente. Pero Sirius volvió a sorprenderlo.

- No me odies.

Lo dijo en un susurro. Remus apenas pudo escucharlo, pero sabía que no se lo había imaginado. Aquella petición lo hizo volver a mirarlo, mientras él seguía agujereando el techo con la mirada.

- No me odies Remus – esta vez, si usó un tono más alto -. Todos en mi familia me odian. Todos los que no son mi familia me odian, si no por mis lealtades, por mi comportamiento. No me odies tú también, por favor.

La noche estaba cayendo. Las nubes que ocultaban el sol, impedían que la luz de este entrara y la estancia estaba casi a oscuras. Uno de sus rayos, escapó de la pantalla que creaban las nubes, para ir a dar contra una ventana e iluminar de un agradable tono anaranjado la estancia.

No supo cuantos minutos más estuvieron en silencio. No supo cuando fue que finalmente le contestó.

- No te odio Sirius.

...

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Ya era noche cerrada. Afuera hacía un frío que pelaba y tanto Avril como James habían terminado por encender un fuego cerca de la cabaña y se sentaron muy juntitos para darse calor. Hagrid ni siquiera había vuelto todavía.

- ¿Crees que se habrán matado? – preguntó James, ya que hacía mucho que no se escuchaba nada dentro de la cabaña.

- Muy halagüeño James, claro que sí – respondió sarcástica.

Él estalló en carcajadas y pasó el brazo por encima de Avril, acercándola más a él. Entonces le revolvió el pelo con cariño.

- No te preocupes. De esta salen reconciliados, te lo digo yo.

- Espero que sea así, porque si no les corto la cabeza a los dos.

- Nick casi decapitado se sentirá celoso de sus cabezas bien cortadas – bromeó James.

- ¿Puedes ponerte serio aunque sea un momento?

- Pues claro – de repente puso una cara seria, sin sonreír y con el ceño medio fruncido.

Miró a Avril a los ojos, para que viera lo serio que realmente estaba y cuando tuvo su atención comenzó a poner los ojos marrones bizcos. Avril estalló entonces en carcajadas y le soltó un guantazo en el brazo, seguida después por la risa de James.

- ¿Por qué tenéis que ser siempre tan payasos?

- Porque ya hay demasiada gente seria en el mundo… como Evans – ya estaba tardando en sacar el tema.

- Lily no es tan seria. Nosotras también nos divertimos ¿sabes?

- Me cuesta creerlo viniendo de ella. Cada vez que me ve, una mirada asesina es lo mínimo que me llevo.

- Bueno, lo cierto es que hasta antes de la broma con la ropa interior, Lily había mejorado un poco su opinión de ti – sacó su varita para comenzar a avivar un poco las llamas de la hoguera.

- ¿De verdad? – preguntó animado -. Sabía que no podía resistirse a mis encantos.

- Sí, el problema es que tu aparente inmadurez y arrogancia la ahuyentan.

- ¿Inmaduro yo? – dijo haciéndose el ofendido -. Pues ya no pienso prestarle mis lápices de colores.

Ni siquiera tuvo tiempo de responderle cuando los golpes en la puerta de la cabaña llamaron su atención. Ambos se miraron antes de salir corriendo hacia la entrada y ver qué era lo que ocurría.

- ¡James, Avril! – ese era Remus - ¡Abrid la puerta!

Su voz sonaba cansada y apagada detrás de la puerta. No tuvieron tiempo de preguntarles si habían solucionado sus problemas, cuando Sirius tomó la palabra.

- ¡Sacadnos de aquí! ¡Ya nos hemos reconciliado, propósito cumplido, misión exitosa! ¡ABRE LA MALDITA PUERTA!

- Uy, que humor de perros – dijo James con una sonrisa en el rostro -. ¿¡Cómo sabemos que decís la verdad!?

- ¡ABRE LA JODIDA PUERTA JAMES! – gritaron los dos a la par.

- Vale, ya son amiguitos otra vez – aclaró a Avril -. Ábreles.

Avril asintió con la cabeza y con un movimiento de su varita, destrabó la puerta de la cabaña. Luego giró el picaporte y abrió para dejarles salir.

Era evidente que se habían golpeado hasta cansarse. Los rostros magullados y el uniforme hecho un desastre. Pero sonreían. Una débil sonrisa les adornaba el rostro cuando salieron de allí y Avril no esperó más para lanzarse a abrazarlos a los dos a la vez.

- Ay, ay ay ah ay – se quejó Sirius -. Nena, que me haces daño, cuidado.

Con las mismas, se separó de ellos y le dio un guantazo en el brazo. Este se volvió a quejar con más fuerza y a sobarse la parte dañada.

- ¿Por qué has hecho eso?

- Te he dicho mil veces que no me llames "nena". Y también por cabezota – ahora soltó otro guantazo a Remus -. Y a ti también por cabezota.

- ¡Somos nosotros quienes han estado encerrados en una cabaña durante horas! – refutó Remus -. Deberíamos ser nosotros los ofendidos.

- Ha sido por una buena causa – dijo James poniéndose en medio de sus dos amigos y pasando los brazos por sus hombros -. Ahora ya volvemos a ser una piña, ¿verdad?

Remus y Sirius se miraron por encima de la cabeza de James y se sonrieron con cierta timidez. Asintieron con la cabeza, estando de acuerdo.

- Menos mal. La situación se estaba volviendo una pesadilla – Avril asomó la cabeza por la entrada de la puerta, para ver el interior destrozado -. Santa Morgana, la que habéis liado aquí dentro.

- Bueno, seguimos tu consejo – Sirius se encogió de hombros, indiferente -. Por cierto, ¿nos devuelves nuestras varitas?

Avril estaba arreglando el estropicio dentro, usando su magia para repararlo todo y devolverlo a donde pertenecía. Cogió algo de la comida de Hagrid para llevársela más tarde y tirarla en alguna parte, de modo que pareciera que habían comido algo.

- Claro – ella les tendió ambas varitas a sus dueños.

- Aún me cuesta creer que me la robaras – dijo Remus mientras guardaba la suya de nuevo en la túnica.

- Mejor yo ahora que años más tarde un mortífago. Que te sirva de precedente – contestó despistada, con su atención puesta en asegurarse que todo estaba en su sitio.

- Que positiva – ella posó la vista sobre ellos, cerrando la puerta tras ella para comenzar a subir al castillo.

- Es lo que hay Sirius. Vámonos, tengo hambre – James se había encargado de apagar el fuego de fuera.

Sirius y Remus se miraron el uno al otro y parecieron comunicarse sin palabras. Una sonrisa de merodeador se implantó en el rostro de ambos, antes de mandarles una mirada de advertencia a los otros dos.

- ¿Qué? – preguntó James, temiéndose lo peor.

- Nada, solo que no esperareis libraros de esta, después de habernos tenido encerrados ahí durante horas – contestó el de ojos plateados como quien no quiere la cosa.

Avril les vio las intenciones y supo que aquello no acabaría bien. No debería haberles dado las varitas tan pronto. Así que sin previo aviso, ni dirigiendo una simple mirada a ninguno, echó a correr cuesta arriba, abandonando a James a su suerte, que no había notado su desaparición.

- ¿Qué queréis decir? – lo escuchó hablar desde lejos.

- Que será mejor que corras Cornamenta – dijo Remus -, porque si os pillamos vais a arrepentiros.

Cuando James salió corriendo, vio cómo Avril le llevaba ya una gran ventaja y gritó que la esperara. Ella hizo oídos sordos y comenzó a reír cuando oyó que los otros dos les perseguían.

Sentía cómo se había quitado un pequeño peso de encima. Remus y Sirius volvían a ser amigos, compañeros y aunque sabía que después de todo, el licántropo todavía tenía sus dudas, poco a poco volverían a la normalidad.

Ella se encargaría de lograr, que en un futuro, no existieran sospechas de amistad o lealtades entre ellos.

...

..

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Estaban a finales ya de marzo. La luna llena pasó con los cuatro Merodeadores al completo, celebrando que volvían a estar unidos. Habían llevado a cabo una broma monumental, donde cada piedra del pasillo que llevaba al Gran Comedor lanzaba algo distinto cuando la pisabas. Pus de bubotubérculo, babosas, murciélagos, estiércol, agua caliente, purpurina, polvos de colores que pintaban el pelo, fuegos artificiales…

Más de uno acabó en la enfermería. Al final resultaba que las losas inofensivas (las que lanzaban confeti o purpurina), hacían un caminito para poder llegar hasta la puerta y todo el mundo acabó haciendo fila para pasar exactamente por esas piedras hasta que los profesores lograron deshacer los hechizos.

De aquello ya hacía casi una semana.

Como un vendaval, las lechuzas entraron en la Sala Común, haciendo ruido y dejando caer algo de popó en la comida de más de uno. Frente a Avril aterrizaron dos lechuzas pardas, aunque una de ellas tenía colores más claros que la otra. Recogió la carta de Bathilda y alimentó a la lechuza para luego hacer lo mismo con la otra, que llevaba carta de los Weasley.

La carta de Bathilda decía que iba a enviarle de nuevo a Mister Chew. Tenía que hacer otro viaje y no podía llevarlo con ella.

La otra era de Molly y dentro, había un papel doblado de Bill, con su caligrafía redonda e irregular.

Hola Avril:

Como somos novios y tenemos que vivir juntos, he dibujado la casa en la que viviremos.

Papá ha prometido que la construirá y yo voy a ayudarlo.

El tío Fabian me ha dicho que te diga que te quiero, por si lo habías olvidado.

Te quiero.

Bill.

Avril no aguantó las carcajadas por mucho más tiempo. ¿Cómo era posible que un niño fuera tan increíblemente dulce y tierno? Y pensar que cuando creciera sería un verdadero rompecorazones.

Envidiaba a Fleur en cierto modo.

- ¿Qué ocurre? – preguntó su pelirroja amiga con una sonrisa.

- Lee esto y dime que estás muerta de envidia – le pasó la carta de Bill.

Le echó un vistazo rápido antes de reírse ella también.

- ¡Oh por favor! ¡Ese niño es un verdadero encanto Avril!

- ¿Verdad que sí? ¿Soy o no soy afortunada?

- Ya lo creo. Si hasta os va a construir una casa. Yo también quiero uno así.

- ¿De qué estáis hablando? – fueron interrumpidas por la voz de James, que era seguido por el resto de Merodeadores.

- Del novio de Avril – respondió como quien no quiere la cosa Lily, con una sonrisa de oreja a oreja -. Acaba de escribirle una carta.

- ¿¡Novio!? – por increíble que pareciera, aquello salió de la boca de los cuatro.

- ¿Qué novio? – Remus parecía repentinamente preocupado y Lily procedió a meterse con él para espabilarlo.

- Tiene una relación a distancia, con un chico encantador que le escribe a diario – Avril asintió, dándole la razón con una sonrisa -. Ahora mismo estaban planeando la casa en la que vivirán cuando salga de Hogwarts.

- ¡No puedes hablar en serio! – exclamó Sirius -. ¿Desde cuándo estás saliendo con él?

- Desde Navidad...

- ¡Sabía que no debíamos dejarte sola! ¡Joder James, debimos insistir más con McGonagall!

- Y además de atento, el chico es guapísimo – Lily siguió metiendo cizaña.

- Oh, ya lo creo – atañó Avril -. Es increíblemente guapo, con ojos azules y un pelo rojo precioso. Le dije que debería dejárselo largo, ya que es tan bonito.

- ¿En serio? ¿Y qué dijo? – Lily le preguntó como si no tuvieran público, aunque fuera increíblemente consciente de la presencia de los demás.

- Que ya no piensa cortárselo. ¿No te acuerdas? Me lo aseguró en la carta anterior.

- ¡Oh es verdad! Realmente debe estar enamorado si piensa hacer eso por ti.

- ¡Es suficiente! – dijo Black -. ¿Quién es ese tío? ¡No voy a consentir que salgas con nadie!

- ¿Perdona? – por contrario a lo que pudiera parecer, aquella palabra no provino de Avril, sino de Lily que se adelantó a ella -. Que yo sepa, Avril no es nada tuyo como para que vayas ir por ahí diciendo que puede o no hacer. Tú precisamente deberías cerrar la boca.

- No me refiero a… es que… ¡si apenas lo conoce! – dijo contrariado -. Lleváis saliendo desde Navidad y todavía no has vuelto a verlo. Está claro que te está engañando con otra…

- ¡No todo el mundo es como tú o como Potter! – defendió Lily.

- ¿Y a mí por qué me metes ahora? Si no he abierto la boca todavía.

- ¡Cierra el pico! – James bufó mirando al techo, sin entender ni un poquito a las mujeres -. Bill es un chico encantador y bueno, que no va confundiendo los sentimientos de las personas a su paso.

- ¿Es eso algún tipo de indirecta directa?

- Yo creo que ha quedado bastante claro que sí Canuto – dijo Remus.

- ¡Y tú tampoco deberías hablar! – saltó Lily -. A este paso la perderás para siempre, ¿eso es lo que quieres?

Remus enmudeció de repente. Pero nadie pareció prestar mucha atención a las últimas palabras de la bruja.

- Lily, tranquila, creo que ha quedado bastante claro – Avril posó una mano sobre el brazo de ella, para que se relajara -. Además, sabes me trae sin cuidado lo que diga.

- ¡Oye! – Sirius se llevó la mano al pecho, ofendido -. Se supone que mi opinión te importa.

- Tu opinión, no tus órdenes. Es obvio que pienso salir con quien quiera y tú no tienes elección sobre ello.

- Y… - empezó Remus, con el rostro en una mueca de tristeza y decepción -… ese chico, ¿estás segura de que es un buen tipo?

- Sí – respondió sonriendo -, es un niño de cinco años adorable – completó enseñando la carta que le había enviado Bill.

Todo el grupo se quedó en silencio, asimilando sus palabras. Un niño. Todo aquel tiempo habían estado hablando de un niño. Sirius y Remus sintieron que se ponían rojos de la vergüenza. Habían montado todo ese pollo por nada.

- Aaahh… ya veo – fue lo único que respondió el licántropo.

Lily y Avril estallaron en carcajadas ante sus rostros asombrados. Se rieron de ellos todo lo que les dio la gana y más.

- Deberíais veros la cara – dijo Lily, con lágrimas de la risa en los ojos -. Estáis para que os echen una foto.

Aquello hizo que James reaccionara de repente.

- ¡Hablando de fotos! Ya sabía yo que os buscaba para algo – rápidamente tomó asiento al entre Avril y Lily quienes le fruncieron el ceño por separarlas -. He concertado una cita con un fotógrafo que vendrá en una semana más o menos.

- Anda que guay, ¿y eso?

- ¿Tú qué crees Grimm? Queremos pedirle que nos enseñe los secretos que se esconden tras las puertas del Banco de Gringotts. – dijo sarcásticamente Sirius y luego aclaró -. ¡Qué nos haga unas fotos mujer!

- Hasta ahí llego yo sola Black. No tenías que ser tan sarcástico.

- Si no quieres una respuesta sarcástica, no hagas una pregunta necia.

- Ya se ha picado – le dijo a Lily -. No hay quien le aguante cuando se pone en este plan.

- Lo cierto es – interrumpió Remus, para evitar que Sirius dijera algo más -, que te lo decimos para que te unas a nosotros.

- ¿Cómo? – aquello la había pillado desprevenida.

- Verás, nos haremos unas cuantas fotos nosotros y queremos que salgas en algunas – explicó James con una sonrisa de oreja a oreja -. Tú también puedes salir si quieres Lily.

- Un detalle Potter – remarcó el "Potter" con énfasis -. Pero quizás en otra ocasión, cuando no sienta deseos de estrellarte contra el sauce boxeador.

- ¿Y tardarás mucho en dejar de sentir esa aversión hacia mí? – apoyó el codo en la mesa y su cabeza sobre la mano, mirándole con una sonrisa encantadora a centímetros de su rostro.

- Décadas tal vez.

- En ese caso, retrasaré un poco la fecha de nuestra boda.

- Lárgate Potter.

- ¿Nos vemos en tu cuarto?

- ¡Que me olvides!

- ¿Estáis seguros de que queréis que salga? – preguntó a los otros tres, mientras James y Lily seguían discutiendo.

Los tres chicos dejaron de lado también a la parejita feliz con sus discusiones matrimoniales y se centraron en ella. Tanto Sirius como Remus sonreían abiertamente.

- Por supuesto. Te has convertido en una más – dijo Sirius.

- Y será un bonito recuerdo – añadió Remus.

- Espero no perder la foto – el tono de voz de Peter sonaba preocupado.

- Si la pierdes yo no te voy a dar la mía – aseguró Sirius mientras se sentaba a la mesa al lado de Avril -. Demasiado lento Lunático.

Le guiñó un ojo descarado al chico, restregándole que había conseguido el sitio al lado de ella. Pero la atención de todos se desvió a la parejita feliz cuando se escuchó un golpe con fuerza. Lily tenía la mano levantada, de haberle dado un guantazo en la mejilla a James.

- ¡Eres un tarado Potter! – gritó enfadada y se levantó para ir corriendo a clases.

- ¿Qué le has hecho? – preguntó Avril mientras se preparaba para seguirla, cuando la risa de James la detuvo un instante.

- Le he dado un beso – dijo orgulloso y pagado de sí mismo -. No lo esperaba y se le ha puesto la cara colorada del todo.

Se colocó bien las gafas sobre la nariz, sonriendo de oreja a oreja, como si no tuviera una marca más oscura de una mano en la mejilla. Destacaba tanto que parecía que se la hubiera tatuado.

- Y tú por supuesto no te arrepientes.

- ¿Arrepentirme? Estoy tan encantado que ya estoy planeando cuando voy a sorprenderla de nuevo.

...

..

.


Y eso es todo por hoy. ¿Qué os ha parecido? ¿Os gustó la reconciliación? No digais que si Sirius se disculpara con vosotras de ese modo no le perdonaríais todo, porque se que sí, jajajajajaja

Este Bill es un romántico. Quiero uno de esos en mi vida.

Espero vuestros comentarios. Y lamento no haber contestado todavía los del cap anterior. Es que he tenido toda la semana ocupada, pero no quiere decir que no vaya a contestarlos.

Un kiss.

Debyom.