Frío.

Mucho frío y desolación suplían el aire de una horrida contaminación a quienes cuyos pulmones tuvieran el infortunio de respirarlo. Los colores alegres brillaban por su ausencia y nada más que los sentimientos de horror y desamparo que brotaban de la hostilidad profesada por lo baldío del sitio en que un cuerpo – de los muchos que se habían encontrado - flotaba grotescamente boca abajo con los brazos extendidos a los lados sobre los álgidos Elivagar, los doce ríos que desembocaban en el Naströnd, la costa de los cadáveres situada muy cerca de Helheim en un mortífero carnaval.

El clima no ofrecía nada más que una gélida bienvenida a quienes tenían la mala suerte de terminar ahí para nunca volver. Montañas y desiertos azules cubrían todo cuanto era superficie, combinando perfectamente con el mortuorio espectáculo no de cientos sino de millares de cuerpos sin vida que iban por dicho río a la deriva. Sin embargo, uno de esos cuerpos – el mencionado arriba – se movió tal vez por la falta de aire que la abundancia de agua brindaba a quienes intentaran aspirar oxígeno. Palmeando el agua y ahora agitándose violentamente en la lucha por su vida.

Quitándose la cortina dorada que dificultaba su visión y la que se había formado a partir de la inmersión al agua, Sigyn al fin reaccionó. Tosió y dio de breves puñetazos a su pecho para exorcizar el agua que actuaba nocivamente en sus pulmones. Libre de ella, la princesa consorte – quien no entendía en lo más mínimo cómo hubo acabado allí – se animó a atibar el panorama que hubiera preferido no apreciar: una legión de cuerpos escoltaba a la despierta de ese aturdimiento de muerte. Algunos estaban mutilados de pies o de brazos; algunos les faltaban ojos, dientes cuya sangre que fluía constantemente era limpiada con la misma persistencia que el agua ponía su empeño en hacer avanzar el río. Sigyn quiso dar un grito de absoluto horror; no sólo por el espantoso panorama puesto a su disposición visual sino por quien se había topado: un cadáver que había chocado contra su espalda, tuerto y con la boca carente de casi todas las piezas dentales parecía vislumbrarla maravillado de que a ella no le hubiera pasado nada, al menos en el aspecto estético de la palabra. Apartó a tan agreste y horrendo visitante de un empujón para nadar en dirección hacia atrás pero horrorizada comprobó lo inimaginable:

Como si alguien arrojase una cubeta repleta de agua sobre un fango de grandes dimensiones, así mismo se dispersaba un desmoronamiento de nuevos despojos, que superaban por mil a los que inundaban con podredumbre el Elivagar, que pareció saturarse debido a que soportaba más de lo que su capacidad podía tolerar.

Sigyn continuó pataleando y nadando esta vez hacia adelante, viendo muchísimos metros ante ella que estaban llegando a un recodo que al mismo tiempo llevaba a otro sitio. Aterrada, la mozuela se cubrió los ojos, esperando lo peor. Los segundos volaron como las aves de rapiña volarían marcando su propiedad sobre un moribundo sin esperanza…

Una densa oscuridad invadió los globos oculares de la que había sido princesa de Asgard: un vasto litoral mortífero entremezclado con huesos y con cadáveres dejados a medias en el infecto y nauseabundo proceso propio de la putrefacción.

Cubriéndose la nariz en esta ocasión, Sigyn comprendió extrañada que la rapidez con la que el río iba discurriendo sufrió una disminución considerable. Entusiasmada, se dejó llevar por el ritmo del torrente, hasta que finalmente la lentitud y la profundidad que ahora permitía pisar el suelo fue lo suficiente para que la muchacha saliera del funesto arroyo antes de unirse a los desafortunados que iban hacinándose a medida que el río concluía ante un gigantesco muro de marmórea osificación constituida de otros seres cuya existencia había acabado en tal horrible lugar.

Los ojos aguamarina de la silentemente sorprendida apreciaron las estructuras esculpidas a golpe de restos humanos que pertenecían – por lo que podía avistarse – a ancianos, hombres, mujeres ¡E incluso niños! Horrorizada se apartó de todos los vestigios óseos que eran traídos por la incesante lamida del río a la costa… el terrible y temido Naströnd era más terrible viéndolo que oyendo su tétrica sinfonía compuesta por los cuerpos sin vida.

Estando ahora fuera del agua, Sigyn comprobó que estaba ataviada con su querido vestido de color lavanda, que no poseía corsé hecho añicos. No más preocupada que por hallar la razón de su presencia en ese lugar, tomó un trozo sucio y rociado de agua y de sangre – perteneciente a uno de los que la acompañaba – y decidió quitárselo hasta quedar con su vestido blanco que servía de enagua blanca muy delgada. Pese al frío que navegaba en aquel lugar silencioso y fantasmal, no le disgustó estar semidesnuda ni descalza.

Sintió un agudo dolor en el pecho. Inclinó la cabeza para comprobar lo que sucedía con esa región doliente. Cuando sus ojos hallaron el porqué de tan palpitante dolencia, sintió a toda su compleción física debilitarse ante la crudeza de aquella herida burbujeante de sangre que había plasmada en su caja torácica. Sus finos dedos rebuscaron en aquel vestigio evidente de daño que un arma había sido lo bastante poderosa como para dejarle un estallido así de ensangrentado y doloroso. Seguramente había sido un sablazo o algo por el estilo. Tragó saliva y permaneció en silencio, reprimiendo sus lágrimas.

Pero quizás la curiosidad resultaba ser más grande que el dolor, por lo que Sigyn decidió seguir caminando una vez que se había repuesto del impacto como haría una sirena que recién efectúa su salida del mar, un mundo con el que se familiariza embarcándose de esa forma hacia lo nuevo… hacia lo desconocido.

Sus pies, desnudos, iban tocando la arena que estaba humedecida y plagada por metros de huesos y miembros mutilados que parecían inacabables. Continuaba caminando pese a la nieve que hacía de sus pies dos cuchillas de cristal helado y casi imperceptible. Sigyn, motivada por el terror, se distanciaba prudente de estos pavorosos restos. Así estuvo por una cantidad de tiempo que varió entre horas y días a sus sentidos. Tenía frío, estaba cansada y harta de la oscuridad de dicho lugar. Era como si el sol no existiera y su ausencia diera paso a que los monstruos de lo gélido y aterrorizante hicieran en su capricho lo que desearan.

- ¿Hola? – Chicheó Sigyn, cuidándose en todo momento de no pisar cuerpo o hueso alguno - ¿Hay alguien?

Nadie respondió a su saludo. En lugar de ello, sus oídos percibieron un siseo casi inaudible de no ser por el silencio mortal que rodeaba a tan espantoso campo fúnebre. Sigyn miró a los lados. El horizonte denotaba una rara mixtura entre un color azul marino y celeste con toques de blanco, enmarcando un fuerte contraste en aquel cielo en donde las estrellas y la luna habían huido asustadas también ante los horrores de esa evidente segunda vida. Era como si dos astros escasamente luminosos se interpusieran entre sí para luchar y ver quién resplandecía más. Por un lado, Sigyn estaba maravillada ante esa danza astronómica pero por otro, aquello la hacía sentirse más y más aislada de lo que conocía. Aquel sitio que asimilaba a un verdadero escenario que seguía a un evento apocalíptico sumía el corazón de la joven madre.

Pero sus conjeturas se vieron interrumpidas por el constante siseo de un animal que iba subiendo cada vez más de tono, como si estuviera acercándose. Se volteó rápidamente para comprobar que a muchísimos metros de distancia se hallaban las mismísimas raíces del Yggdrassil, las cuales eran devoradas por la legendaria serpiente Nidhogg.

No obstante, sus ojos no contemplaron sierpe alguna. Miró hacia sus lados y no halló nada, por lo que siguió su camino. Varios minutos más de una caminata hacia no sabía dónde para darse cuenta de que la gigantesca culebra no se hallaba en la raíces del árbol que sostenía a los nueve mundos sino a escasos metros de ella.

El monstruoso ofidio devoraba sin piedad a los cadáveres recientes que habían ido a parar en otros sitios más lejanos. Sigyn retrocedió aterrada no sólo al ver a dicha culebra, sino recordar a los relatos y advertencias de sus amigos y del mismo Loki en cuanto al reptil:

"Usualmente devora las ramas del Yggdrassil pero siempre que aparezca un cadáver reciente lo devorará por su sabor, el cual prefiere por sobre el de las ramas."

Sigyn no quiso correr el riesgo de que aquel coloso se la comiera, con lo que se lanzó a correr en loca y despavorida carrera. En ese momento, quiso más que nunca que Loki estuviera ahí para guiarla a una posible salida o mejor, salvarla.

Su jadeo atrajo el sentido de la audición de la serpiente, la que se tragó aquellos muertos que conformaban tan fétido banquete para procurar al causante de tan raro sonido. La cabeza del animal se giró hacia el frente para divisar a una figura que corría con la rapidez de una gacela. Ondeando su uniforme y alongada conformación, la sierpe comenzó a seguirla con progresiva prisa y urgencia. Esto indujo a que Sigyn aumentara la rapidez de su carrera mucho más de lo que veía capaz. Pero si aquello podía mantenerla lejos de cualquier peligro, prefirió exprimir hasta la última partícula de su fuerza para poder salir de ésta con vida.

No obstante, aquella depredadora fue mucho más veloz que la pobre joven, consiguiendo su cometido con rotundo éxito al acorralarla con sus anillos, estrujándole y triturándole los huesos. Sigyn gritó y un río de sangre procedió a hacer una oscura y desagradable elevación por su garganta resultando en una fuga que dejaba tras de sí hilos de sangre que pendían y caían de su barbilla. El apretón seguramente le habría provocado una mortal desgarradura interna, como un cuchillo que desgarraba desde adentro sus órganos vitales. El poder de tal estrujón hizo de todo su interior una bolsa atiborrada, hinchada de sangre que se había reventado, dejando sensaciones amargas en su paladar que ella luchaba por no percibir.

Horrorizada, Sigyn esperó que la muerte viniera rápida, como una salvadora. Pero cuando aquel ofidio iba extendiendo la cola anillada alrededor de su víctima para saciarse con su sabor, la tierra empezó a temblar y a los pocos segundos después un potente aullido se escuchó, cuyo volumen iba tomando más y más volumen a medida que aquel insólito movimiento de tierra aumentara de intensidad.

La joven reunió la fuerza suficiente para observar al causante de tal alboroto telúrico: un enormísimo lobo marrón mostraba sus filosos y amenazantes colmillos, sus patas inclinadas en relación a las traseras ostentando su intención de atacar a la más mínima oscilación en falso. La serpiente siseó como respuesta a la ostentación agresora del licántropo, quien contraatacó a su vez dando un breve zarpazo, que logró abrir mínimamente una parte de la cabeza del ofidio, haciéndolo retroceder. El ataque del cuadrúpedo al mismo tiempo obligó a su contrincante a dejar a su víctima por el suelo. Sigyn permaneció paralizada del dolor por la caída y por sus huesos y órganos atrozmente triturados, que ahora habían empeorado ya que habían sido azotados contra la arena – aumentando así infernalmente su sufrimiento-, la que iba secándose y humedeciéndose a medida que el mar iba trayendo su pútrida estela decorada con cuerpos carentes de vida y miembros amputados.

Aquel lobo y la sierpe lucharon arduamente, el primero desgarrándole la carne de la cola y el segundo, resquebrajándole las costillas con sus anillos. Eso, hasta que el cuadrúpedo consiguió triunfar rotundamente sobre el reptil, que se marchó arrastrándose a devorarse otros cadáveres, prefiriendo saciarse con el emboque de éstos, ya que aquel preciado botín al que aún le quedaba vida estaba fuera de su alcance.

Sigyn no sabía si suspirar aliviada al verse libre de una muerte que por un segundo se vio tan cerca o ceder al terror que esta vez le esperaba con el licántropo, que pareció luchar como buen animal dominado por el salvajismo por su presa. Dicha bestia caminó con el hocico chorreante de sangre, dejando un rastro carmesí tras sus pasos. La joven mujer se quedó petrificada al observar a aquel animal que le devolvía un orgulloso y apremiante atisbar: sus ojos amarillos que sobresalían de su pelaje castaño oscuro parecieron dar la alerta al corazón de Sigyn, la que parecía caer en la hipnosis profesada por los globos oculares iridiscentes como el mismísimo sol que tanto faltaba ahí.

Acercó su hocico hacia la débil forma de Sigyn, de cuya boca seguía fluyendo como un río del averno un caudal escarlata que iba licuándose con el agua que mojaba su vestido hecho añicos y que daba la impresión que ella fuera una mendiga y no una princesa consorte. Aterrorizada, la rubia cerró los ojos aguardando a que todo sucediera. Pero los segundos pasaron y el ritmo cardiaco que en ese momento había tocado el ápice de la desesperación comenzó a disminuir al notar un asombroso descubrimiento:

El licántropo no tenía intenciones de cebarse con ella.

Asombrada y confundida, Sigyn se quedó mirándolo ahora no con terror sino que esperando a que éste contestara.

Y para su sorpresa, el lobo inclinó su cara más cerca de ella, dando suavísimos golpes con su nariz a su pecho y luego hacia su brazo izquierdo, como si buscara hacerla voltearse. Sigyn no pronunció palabra alguna ante la curiosa acción, dejándose llevar.

Estaba demasiado débil como para responder.

- Levántate, Sigyn – le escuchó ella decir.

La joven madre pudo girar la cabezaal tono de paz con el que el licántropo se refería a ella.

- No temas - la tranquilizó – soy Garm. La loba que custodia la entrada al Helheim. Deja tus preocupaciones en cuanto a tu integridad física, pues no es mi intención ni mi deseo ponerte en riesgo.

La sangre de Sigyn pareció retomar su calor con la mismísima velocidad con la que un haz de luz viaja a través del espacio. Todo su ser se contrajo a causa de la serenidad que la invadió irónicamente como un aliado en lugar de un enemigo. Con un flemático movimiento, la mozuela colocó una mano sobre su abdomen y la otra sobre su pecho, que ardía. Pese a haberse liberado de tal monstruo, la preocupación sobre su futuro aún la atosigaba. ¿Qué le esperaba ahora?

Garm se inclinó un poco más, esta vez recostando su hocico sobre las patas delanteras, moviendo visiblemente la cola larga y provista de larga guedeja.

- Por favor, levántate – volvió a pedirle el licántropo femenino.

- No puedo – susurró Sigyn meneando su cabeza, agónica – estoy deshecha.

- Comprendo que te duele. Pero te pediré encarecida que te levantes. Yo te ayudaré – Garm en ese momento acercó nuevamente el hocico, dando tenues golpecitos con su nariz al torso de la rubia, la que no respondía debido a la debilidad motriz que aturdía cada fibra muscular en su compleción física.

- Haz un esfuerzo. Valdrá la pena – insistió la loba, casi sonriendo cuando vio a la joven levantarse y tanteando la mano por el pelaje que encubría el bembo de grandes dimensiones que induciría miedo a cualquiera que desconociera su latente mansedumbre.

Pero Sigyn volvió a desplomarse sobre el gran rostro de Garm, la que puso fuerza en la musculatura facial para evitar que la salvada se hiciera más daño. Tras muchos minutos de punzante dolor al subirse al lomo del animal, logró acomodarse y el animal se puso de pie para caminar a un ritmo lento, tomando un desvío de la costa.

- Relájate – Le indicó Garm al recorrer el oscuro atajo, que obviamente alteró a Sigyn – necesito que llegues bien allá, de lo contrario mi ama me lo reprochará.

Aquella última frase hizo a la muchacha despertar un poco de su inminente deceso.

- ¿Ama? – repitió ella, confundida y semi inconsciente.

- Sí – corroboró afirmativamente Garm – pero es preferible que no sepas de qué se trata. No por ahora.

Sigyn suspiró y escondió el rostro en la melena de su acompañante, intentando rescatar los resquicios de vida que estaban quedándole y que estaban siendo exhalados como un hálito.

- Resiste – Garm aumentó la rapidez, pidiendo a su pasajera que se aferrara mucho más de lo que ya estaba – llegaremos dentro de poco. Sólo falta el Gnipahellir, que es la puerta al Helheim.

El corazón de Sigyn dio un salto esta vez. Por consiguiente a la noticia, la joven atiborró a la bestia con preguntas, inquisiciones que ésta se negó a responder arguyendo – o mejor dicho repitiendo – con la frase que tan insatisfactoria era para Sigyn como lo era "es preferible que no lo sepas".

Sin ningún otro remedio, tuvo que callar ante la única contestación que Garm entregaba a sus múltiples preguntas. La importancia debía ser colosal debido al tono de gravedad con el que aquel licántropo de género femenino pronunciaba su respuesta. Al llegar al sitio, la joven madre le fue dada las indicaciones a seguir al atravesar el Gnipahellir, tétrico lugar que poseía como preludio al horror de los muertos una serie de lamentos que claramente se oían y espantaban a cualquiera que desconociera la naturaleza del sitio.

Igual que un cervato atrapado en una guarida de lobos, Sigyn no ocultaba su aprensión y vacilación al tener que girar el manojo hecho – por lo que podía apreciarse – de huesos. Antes de entrar, dejando la puerta entreabierta, Sigyn dio una última ojeada a la loba, quien le transmitía confianza con un ligero gesto de cabeza para luego desaparecer – muy para su terror – en la densa oscuridad que manteaba los aires de aquel infierno. Con las entrañas reducidas a meros hilvanados de músculos que temblaban al más mínimo sonido o ruido gutural proveniente de las paredes, del suelo; prácticamente de todas partes, procedió a tomar su camino.

Haciendo su mejor intento de mantener la calma dominando sus sentidos, Sigyn procuró no tocar ninguna pared, que claramente poseía en sus estructuras vestigios roídos óseos de todas partes de un esqueleto; manos a las que les faltaban dígitos, brazos rotos y otros segmentos corporales que no podía observar ni mucho menos atreverse a tocar y por si fuera poco, el macabro aderezo que ornamentaba horrendamente las paredes de los metros que le quedaban por recorrer aumentaban e inclusive le daba la sensación que se movían, como queriendo atrapar a algún transeúnte cuya flama de vida les supiera atrayente y destrozarlo a costa de arañazos con esos temibles y filosos filamentos huesudos, que de solo mirarlos infligían dolor en cualquiera.

¿Qué había hecho esa loba? ¿La había engañado para dejarla en ese antro de terror y de tortura? ¿Qué estaba esperándola al final de ese pasillo? No quería ni imaginarse qué venía después de ese tormento visual, ni menos en quién podría aparecérsele. Tenía una pequeña lumbrera de esperanza en medio de un universo de oscuridad en que se encontraría con alguien conocido que disminuiría el terror que inmiscuía sus entrañas. Quería que estuviera Loki, Fenrir o Jörmungandr… ¡cualquiera de ellos resultaría ser una compañía grata!

Sigyn cada vez más fue encogiéndose de hombros hasta el punto de tener que abrazarse a causa del progresivo encogimiento del sitio, no por los muros sino por la ornamentación que iba ganando más lugar en el espacio que iba tornándose más y más oscuro. Los gritos que suplicaban piedad, lamentos y dolor en ese instante resultaban tan apabullantes y horribles como un zumbido de un enjambre de abejas cuyas dimensiones fueran catastróficas. La pobre muchacha sintió la necesidad de gritar para empequeñecer su desesperación de recorrer aquel pabellón que no poseía salida. Corrió y corrió pese al dolor que atosigaba aún su interior y precisamente esa agitación empezó a hacer que nuevamente surgiera un abundante caudal de sangre que extrañamente no le quitaba la vida. Con las lágrimas redundándole de sus ojos, Sigyn tosió y se limpió esas minúsculas humedades para continuar su carrera pero una asida de un monstruo salido de las tinieblas cercenó su salvaje huida, haciéndola precipitarse estrepitosamente y en consecuencia provocándole un intenso dolor que se asentó en sus huesos como mil cuchillos; mil veces peor que el traumático parto que por poco le había triturado cada fibra de sus músculos y su cordura…

Esta vez Sigyn dio un alarido de horror al verse cercada por un ser tan aterrador que mostraba sus intenciones de lastimarla, atormentándola con un ojo que no paraba de parpadear y una cuenca vacía, de la cual iban desprendiéndose una cantidad inacabable de inmundos gusanos. Llevándose las manos a los ojos para no seguir torturando su cerebro con esas imágenes saturadas de podredumbre y de terror y por no tener la fuerza suficiente, sus emociones - agolpándose en su pecho - cedieron. Sus ojos nada más vieron tinieblas y sus oídos atendieron involuntariamente los clamores de los espíritus que volaban como las aves que cebábanse con la putrefacción de un recientemente fallecido.

En ese momento, la brusquedad de un movimiento que la arrancó de tan lúgubre lugar pareció distraerla de su terror, aunque la visión borrosa no permitía dar un buen panorama de lo que actualmente acontecía. Sólo eran sombras… sombras. Una más oscura que la otra, y que de paso se imponía sobre la otra en medio de gritos y rugidos de bajo volumen. No sabía qué o quién hubo actuado a su favor, pero lo agradecía… siempre que eso no significara caer más bajo o en lugar peor que ese del que había sido desclavada. Sus párpados se cerraron para evitar más efigies de carácter inhumano para derivarse a un pequeño respiro.

Sin embargo, toda esa agitación se desvaneció completamente para dar cabida a una sensación etérea, incorpórea… Sigyn se sentía flotar en un mar de aguas cálidas que estaban transportándola a otro lugar posiblemente. Pronto empezó a percibir que una luz creciente penetraba su sentido de visión, muy a pesar de que sus párpados impedían que cualquier destello pudiese apreciarse. Resistiendo su gigantesca curiosidad, Sigyn no abrió los ojos. No se atrevía. Pero la joven repentinamente fue asaltada por un haz de luz que cruzaba todo el ambiente que sus ojos no podían ver… y Sigyn se sintió tan atraída por el extraño calor que no tuvo más opción que averiguar por su sentido de vista y no por percepción auditiva.

Si creía que todo lo que había visto hasta ese momento había sido algo impensable, ahora sus palabras se le terminaron para describir el paisaje paradisiaco que se había pintado a sus ojos. Una brisa suave, un celestial trino de pájaros que embellecían muchísimo más aquel paraje y colinas repletas de césped por miríadas hicieron refulgir de sorpresa y felicidad los ojos de Sigyn, la que se levantó luego de recuperarse de la impresión que aquel lugar hubo causado en ella. Al incorporarse, comprobó algo increíble: el dolor había desaparecido, dejando en su cuerpo un efecto de equilibrio y de magnífico bienestar. Su vestido cambió por uno blanco, repleto de pureza, sin rastros de sangre ni de heridas. Como si cruzando aquella puerta entre lo malvado y lo santo, una sanación provenida de los múltiples rayos de luz curara todo mal y alejara al maligno demonio de los sufrimientos.

Miró detenidamente a todos los sitios, figurando todavía la impresionante acuarela bucólica que deleitaba no sólo a su visión sino a sus pulmones con la pureza del aire, su tacto al tocar sus pies desnudos el pasto cuyas flores parecían girar en torno a esta nueva visitante y su mente al notar tan magnífica serenidad, esparciendo a esos fantasmas del miedo y desesperación hacia el olvido.

Sigyn se acercó a un río, palpando su diáfana agua que incluso era bebible. Con todo gusto, su sed se vio saciada como quien saciaría tras una agonía que se había visto prolongada con el pasar del tiempo. No obstante luego de beber mucha agua un ruido, un soplido, un eco familiar empezaba a radicarse en sus oídos. Se dio vuelta, agitando su cabello que lucía maravillosamente rubio – como el mismísimo oro de Asgard -, como un tul áureo.

Un par de ojos verdes la miraban, una larga melena negra que contrastaba con el clarísimo paisaje lleno de árboles y de diversas formas de vegetación, una capa verde y una vestimenta de encajes negros que dejaban ver su piel blanca, como se esperaba a un ser querido añorado hace tanto. Sigyn se quedó paralizada, boquiabierta ante la visión evocada con amor durante nueve meses y después de su pérdida tan atroz…

Hela no dejaba de observarla, con una dulce expresión de espera a su madre. Extendía sus manos hacia ella, llamándola sin voz. Sigyn caminó lentamente, como si se acercara a su hija ella desapareciera tratándose de una ilusión, pero al percatarse de que esa imagen era cierta y que no tenía el más mínimo deseo de desvanecerse, se echó a correr despavoridamente, llorando esta vez para liberarse de la tensión. A gritos llamó a la niña, la que parecía no moverse pero sí parecía estar atenta a esas convocatorias desesperadas, desgarradas por la cruel separación que ahora llegaba a su fin.

Después de tantos novilunios, madre e hija se abrazaron fuertemente. En medio de la ola de felicidad que florecía en el corazón de Sigyn, ella pudo pronunciar unas cuantas palabras al oído de la niña:

- ¡Tengo otra vez a mi hija! – Hundió su rostro en la negrura de la melena perteneciente a su amada hija, quien la abrazó aún más fuerte - ¡Está aquí…! Mi pequeña – la cubrió de besos en la frente, bañándola con su llanto motivado de felicidad, acción que llenaba a Hela de dicha – mi amor… – Dejó de estrujarla para palpar su rostro muy a pesar de los fragosos sollozos que apretujaban sus pulmones – ¡Qué hermosa eres! – la halagó ahora, comprobando que su rostro estaba totalmente sano, como lo hubo apreciado en ese último encuentro onírico con los ojos repletos de lágrimas.

- Tú también eres muy hermosa, madre – Musitó Hela, deslizando una mano por la cara de su origen, puesto que no parecía dar crédito a la situación tampoco – no imaginas la felicidad que significa para mí que estés en mi reino, en el Helheim.

Sigyn cayó en la cuenta del sitio en donde se encontraba. Su memoria volvió a la perspectiva de exuberante belleza.

- Me cuesta creer que un lugar tan hermoso como éste sea el Helheim – Sigyn dio una ojeada panorámica al sitio, la frágil cinta de su mente empezó lentamente a borrar cada imagen cargada de pavura apreciada anteriormente.

La diosa de los muertos sonrió con una macabra e infantil malicia.

- Madre, la definición de mis dominios ha sido bastante adulterada por las malas lenguas. Es cierto, una parte de éste es aterradora y desesperante pero es porque sirve para castigar a los malhechores que han roto juramentos, unos que son malvados entre muchas otras personas cuya existencia y manera de morir no amerite ascender al Valhalla. Pero nada más es un lugar en donde los muertos que fueron buenos pueden descansar. Además, te dije hace tiempo que te tendría en el lugar más bonito del reino que ahora es mío – le sonrió – y aquí estás, mi amada madre… - la observó con atenta dulzura, casi con candidez.

- Lo sé hijita, lo sé. Pero aún cuando si todo esto estuviera reducido a cenizas, estaría tan feliz contigo como lo estoy en este mismo instante – Sigyn le devolvió la sonrisa y el abrazo – oh, Hela de mi alma… he sufrido tanto… tu padre y yo hemos sufrido como no te imaginas con tu pérdida. Muero, Hela – la tomó suave y con ternura del rostro – muero pensando en que tú podrías estar viva y nosotros podríamos quererte junto a… - Hela se echó a reír, cosa que a la joven madre le resultó extraño.

- Mi madre… - Carcajeó la pequeña – no digas eso. No deseches tu cordura con pensamientos sobre lo que pudo ser y lo que no. Aquí estamos y con eso basta. Eso no es para ti. Ya has sufrido demasiado y mereces un descanso. Ven – la condujo a la vía que llevaba a un gran árbol sobre una colina – para mí ha sido duro también lidiar con estos pensamientos.

La joven madre asintió ella rápidamente, apartando todo temor del rostro de su hija.

Ambas se encaminaron hacia dicho sitio, que resultaba ser tan agradable como todo el paisaje. Sigyn se quedó pasmada ante la belleza de aquel frondoso y verde árbol, cuyas hojas y ramas eran peinadas por el céfiro cargado de frescura, resultando ser un panorama muy tentador para el descanso de cualquiera que estuviese harto de problemas y de los horrores que a menudo la vida traía consigo. Más sobresaltos y tristeza que alegrías y fortuna.

La jubilosa madre se echó de espaldas sobre el césped, libre del espanto y de la pena que había azotado su corazón, dichosa por encontrarse con su amantísima hija en ese paraíso. Luego de asentarse y de darse cuenta de su ventura, extendiendo sus brazos a su hija quien se lanzó a ella, volviendo de alguna manera a la calidez que había experimentado estando en la matriz de su madre, borrando todas esas pesadillas que ella había sufrido en cuanto a la discriminación y el odio que había generado en Asgard y en sus alrededores. Hela, en su embeleso, cerró los ojos, hundiéndose en el vasto mar que aquella bondadosa mujer ofrecía, explorando un poco de bondad y de compañía en medio del convulsionado mundo de los muertos, mundo en el que ella ocupaba el primer y mayor puesto.

El mundo del que ella era reina.

Lejana a esas reflexiones, Sigyn acarició el pelo de su pequeña.

- ¿Te hago feliz, mi niña? – Hela pareció despertar de ese dulce aturdimiento maternal entregado y negado inicialmente por el destino.

- Como nadie, mi querida madre – respondió la pequeña.

Sigyn dejó fugar un suspiro a tono de cándida ilusión maternal ante esa respuesta.

- Debes haberte sentido muy sola aquí, mi amor – lisonjeó su cabello como lo hacía con Loki.

- No sabes cómo. Desde que tengo memoria, no conozco más compañía que la de Garm y la de mis muertos – la hija abandonó su posición concentrada en el latido cardiaco de su progenitora para observarla - Lo que hubiera dado por escuchar tu voz arrullándome por las noches, que me cuidaras… que me amaras aun con lo desfigurada que soy y que me defendieras de los comentarios indecorosos sobre mí.

Sigyn meció a su pequeña de un lado a otro muy lentamente, haciendo lo que nunca había podido hacer. La pequeña agradecía a su madre por el afecto dado, repitiendo que le parecía increíble que la quisiera pese a ser - por un lado - tan deforme y tan horrible, cosa que la madre aprobó con toda la dicha del mundo.

- Cualquiera me habría arrojado a los lobos al verme tras nacer.

- Pues ni tú padre ni yo lo hubiéramos hecho – giró la cabeza para mirar a su hija, quien evidentemente heredó la obstinación y la inseguridad de su padre en cuanto a si amar o no ser amado – estábamos tan felices, Hela. Tan felices…

- Pero el destino me lo ha negado – Musitó la niña – como muchas cosas que se le han negado a mi padre. Aunque las nornas han permitido que mi persona haya sido vengada – dijo ella – y con ello, el intento de envenenamiento hacia mi padre.

- Eso no me devolverá a ti – Sigyn pensó con aflicción – lo que daría porque estuvieras y pudieras ver cómo le torcemos el brazo al destino…

- ¿Torcerle el brazo al destino? – la interrumpió la hija, confundida.

- Me refiero a no hacer caso a lo que dicen los demás en cuanto a ti y a tu padre. Son predicciones estúpidas que a mi juicio y al de él no tienen sentido.

Hela acercó su cara a la de su madre.

- ¿Por qué dices eso? – pió, confundida.

- Porque estoy segura de que uno, si tiene la voluntad suficiente, puede revertir lo que dicen sobre su persona.

- ¿Aún si fuera algo fatal para todos?

- Sí. Hay muchas profecías y cosas por el estilo con las que nos viven asustando – razonó Sigyn, haciendo ricitos negros con su cabello – si supieras las cosas que dicen sobre tu padre y tus hermanos.

Hela asintió.

- Mis hermanos… - repitió la niña – te has enterado entonces.

Sigyn bajó la cabeza, recordando a la mujer que le había dado tales vástagos a Loki.

- Me sorprende que no sólo hayas aceptado a Fenrir y a Jörmungandr a pesar de que no sean tus hijos sino que sientas afecto por ellos. Puede que su presencia te duela porque es una prueba tangente e innegable de la agitada vida de Loki antes de conocerte. Además tuviste a mi hermano gemelo, Narvi. Seguramente su nacimiento ha mermado de alguna forma la tristeza que mi muerte te ha causado.

- Sí… por una parte – la tristeza asaltó su corazón nuevamente – pero eso no te enterrará en el olvido jamás, mi pequeña – Sigyn colocó un mechón azabache tras su oreja, sonriéndole dulcemente – ni en los siglos de los siglos, ni hasta el mismísimo fin de todos los tiempos.

Hela pareció relajarse mucho más con aquella promesa salpicada de afecto.

Cerrando los ojos, musitó gratificada:

- Gracias.

La refrescante brisa que llenaba el sitio bañado por montañas y por distintos colores de un día primaveral hizo a ambas descansar en silencio, hasta que Hela comenzó, como toda niña pequeña, a hacer preguntas de carácter casi filosófico a su madre, quien escuchaba atentamente y cada palabra que ella misma en su niñez manifestó a Eir.

- ¿Sabes madre? Desde que me hice reina de este lugar, desde que me percaté que soy la personificación de la muerte me he hecho siempre una interrogante que no me ha dejado tranquila – se quedó mirando a Sigyn, quien la incitó a que continuara relatándole ese conflicto existencial.

- Todos están conscientes de que deben pasar por las nieblas de la muerte algún día, tarde o temprano, de manera lenta o rauda… pero una sola cosa me frustra… una cosa perturba mi serenidad… - acarició el rostro de su madre – mi mente a veces indaga en el por qué los seres vivos temen tanto mi toque.

En aquel íntimo momento entre madre e hija, Sigyn se quedó observando a su pequeña, como encontrando en los irises verdosos como las esmeraldas una contestación coherente y que cuya satisfacción fuera de lleno a la curiosidad cognoscitiva de su hija.

Pero Hela continuó su existencial discurso, sin dejar lugar a que su afectuosísima madre diera su opinión o su respuesta.

- ¿No crees, amada madre, que traigo paz a aquellos que por tanto tiempo han tenido que soportar el fragoso peso de la vida? ¿Qué no traigo descanso hacia el fin del viaje de la vida que suele ser extenuante y estar más allá de lo que un mortal puede soportar?

- Tienes mucha razón, hija – aprobó Sigyn, con una sonrisa – pienso que para mí y para muchos la muerte en sí puede ser una salvadora y un alivio incluso…

- ¿Y piensas que desvanezco el dolor a aquellos que sufren y que curo todas las enfermedades y pongo fin a las heridas? – siguió Hela, tan frustrada y confundida como cuando su padre hacía sus descargos emocionales con ella – ¿Por qué me odian entonces los vivientes cuando en realidad soy amable y a nadie niego mi abrazo ya que ante mis ojos son todos iguales? ¿Cuál es el motivo? – Inquirió, perdida en la ternura de la mujer que la hubo traído al mundo.

Sigyn suspiró y la recostó sobre su pecho esta vez, embadurnándola de su afecto maternal más que nunca.

- Las personas que dices que temen tu caricia por lo general tienen sus motivos. Estos temas sobre la muerte son cosas desconocidas y por ende incomprensibles. Más si son mortales porque ellos tienen una capacidad de comprensión distinta de cualquiera que sea asgardiano o vanir… - Sigyn la tomó de su rostro tiernamente – debido a que nadie ha regresado de la muerte nadie puede decir cómo es. Pero sí puedo decirte algo: a lo que tememos muchos no es a la muerte en sí misma, sino a la manera en que vamos a morir.

Hela pareció comprender la réplica pacientemente explicada.

- También puedo decirte que por la muerte, hay asuntos que quedan inconclusas y muchos se lamentan no poder terminarlos. Además, temen por lo que pueda esperarles en la vida futura tras fallecer. Es parte de nuestra existencia el sentir miedo y temer por estas cosas.

- ¿Y tú? – Nuevamente hizo una pregunta cargada de ansiedad por conocer la respuesta - ¿Tú me temes?

- Lo que temo es dejar a los que quiero en un momento crítico, y que me duela antes de partir… pero de ti – Cerró los ojos, garantizándole seguridad – Dame una razón para sentir miedo de ti.

- Porque creía que yo te parecía un monstruo Susurró Hela, desolada ante aquel epíteto insultante con el que Sigyn había oído a los asgardianos tratándola tras su último sueño – pero se ve que hasta un vástago como yo pueden inspirar amor en una persona que sea.

Sigyn no pudo evitar estrecharla más contra su pecho, esta vez el llanto agolpándose en sus ojos al volver a oír la inseguridad que no dudaba en flagelar el corazón de su adorada hija tanto como en su propio padre. ¿Cómo podía imaginarse, por un momento que fuera, que ella podría tomar el lugar de juez y apuntarla con su dedo al igual que todos? Sigyn cumplía sus promesas, por muy bellas que sonaran.

Y por muy horrible que fuera Hela para todo el mundo, el hecho que Sigyn la aceptara sería una escena enternecedora, demostrando - sin que ella lo quisiera así – en toda su gloria el ángel que ella era, quien la querría tal y como fuera.

- Es que yo te amo – Cuchicheó la rubia, descompuesta en un mar de desgarradoras y ardientes lágrimas, cubriendo de besos la frente de su bebé para asperjarla de los malos espíritus en forma de monstruosas vacilaciones – No importa qué digan los demás sobre ti. Toda mi fidelidad y mi amor están con mis hijos y con mi esposo. Asgard puede hundirse en lo que a mí respecta. Aunque estuviésemos viviendo en la más triste pobreza o en la riqueza más fastuosa, si tú, tus hermanos y tu padre están junto a mí, no necesito nada más para ser feliz. Porque al igual que Narvi, naciste de mí y de tu padre. Naciste porque él y yo nos amamos. Los dos contribuimos lo mejor de nuestra persona para concebirlos.

Hela volvió a echar una risita, que oscilaba nuevamente en lo macabro y en lo pueril.

- ¿De veras?

- Sí – la meció.

- ¿Quieres saber algo, madre? – Dijo la niña, con una vocecita como campanillas.

- ¿Qué es? – inquirió Sigyn con dulzura.

- Cuando te vi por primera vez, me sorprendió que te alejaras del sitio en que tú y mi padre estaban sólo para buscarme cuando te percataste de que yo no estaba ahí. No dejaba de sentirme curiosa por tu actitud conmigo y de por qué me hablabas de amor.

- Lo hice porque me sentí mal por lo que había sucedido en ese primer sueño, de mostrarme asustada como lo hice en ese instante. Quería que supieras que conmigo y tu padre tendrías todo el amor del mundo – se explicó la madre, con sus ojos cerrados.

La nenita nuevamente le echó los brazos al cuello ante esa promesa que veía cumplida en toda su gloria.

- No te respondí que no lo conocía. Yo simplemente no sabía qué era. Pero al menos sé lo que significa. Ni siquiera la muerte puede aplastarlo – añadió, cerrando los ojos.

Sigyn sonrió.

- Claro que la muerte no puede hacerlo, mi amor – lisonjeó en su inmensa ternura maternal el cabello de su hija – eso es algo eterno, incondicional, que no entiende dimensiones ni distancia.

- Puedo verlo – Hela sonrió.

- Y respondiendo un poco que sea a tu curiosidad la muerte es, para mí, un descanso – añadió Sigyn.

- Claro que es un descanso – corroboró la niña, con el mismo sabor altivo con el que su padre ratificaba las cosas que para él eran verdades absolutas pero a la vez con cierto alivio al comprobar que su madre no exhibía asco en ese aspecto – La vida se trae tantos sufrimientos, desdichas, oscuridad… y así los mortales se muestran desdeñosos con mi presencia.

Sigyn movió la cabeza en señal de desaprobación ante lo dicho.

- Hija, lo que importa no es la masa de mortales, sino a la gente que te quiere de verdad – removió un cabello para obtener una mejor vista del semblante de su hija – ya que dices que me amas y por ende, que te importa lo que yo piense ¿Tú me salvarías si yo estuviera sufriendo en vida, querida Hela? – formuló ella.

Esta vez fue la niña quien demostró una ligera desesperación.

- Destruiría de mil formas a quien fuera que estuviera causándote sufrimiento. Jamás negaría mi abrazo a la madre que sufrió tanto trayéndome a la vida, cosa que desconozco de la forma en que tú, padre y los demás seres lo hacen. Yo te dije que a nadie le negaría mi abrazo puesto que para mí todos son iguales. Y menos si se trata de ti,madre – enfatizó Hela – porque posees un lugar especial en mí corazón y en mi reino. Tienes muchísimo más valor de lo que todas las mujeres nobles en el Yggdrassil lo tienen en conjunto. Deja de ser tan modesta en cuanto a ello.

- Por más que ahora sea una princesa consorte tengo orígenes humildes. Esa clase de altivez es ajena a mi persona. Siempre se me enseñó a que no debía levantar la voz a mis señores. Estando como sirvienta conocí a tu padre… y comprenderás que nos enamoramos mientras pasaba el tiempo – susurró Sigyn, perdida en el soñador recuerdo del transcurso de las cosas entre Loki y ella – jamás hubiera imaginado que terminaría siendo la madre… - como un rayo indeseado, la efigie de Angerboda se trazó en su mente - de sus hijos.

Y como aquel rayo indeseado fue lo rápido que Hela leyó sus pensamientos sobre los descendientes ilegítimos.

- ¿Pero estarías más contenta si Fenrir y Jörmungandr no existieran?

El aire casi se le cortó a la joven madre al notar cómo su niña percibía – o más bien veía la imagen dibujada involuntariamente de su rival – lo que navegaba en su alborotada marea psíquica.

- ¡No! – Contestó Sigyn, en un arranque del alma – Ellos… - murmuró ahora, en voz más tenue y más calmada – ellos no tienen la culpa. Les aprecio y aunque no sean mis hijos, son tus hermanos. Ellos jamás cargan los errores de los padres y aunque Loki me haya traicionado en el matrimonio efectivamente, no despreciaría a sus hijos.

Hela asintió con los ojos cerrados, abrazada a su madre.

- Si él te hubiera engañado con ella, ¿Te sentirías feliz, lejos de los engaños de mi padre, de los comentarios ingratos de la corte asgardiana aquí en la otra vida?

- Tal vez si hubieras sido hija única, me sentiría plena a tu lado, hijita – Le susurró al oído, íntimamente.

- ¿Y no te sientes plena conmigo porque prefieres a mi hermano antes que a mí? – Hela pareció sisear con una sombra de molestia.

La compleción muscular y nerviosa de Sigyn sufrió un absorbente espasmo, que consiguió alterar a la pequeña.

- No vuelvas a decir eso – dijo ella, mirándola muy atentamente a los ojos - ¡Nunca jamás menciones eso! ¡Ni tu padre ni yo preferiríamos un hijo por el otro! – Gritó ahora, molesta por esos pensamientos rasgados a sombra de favoritismo que pululaban en la mente de su hija así como en la de su esposo - ¿Por qué dices eso?

- Porque se ve que una parte de ti añora a mi hermano Narvi.

- Él me necesita, al igual que Loki… no puedo dejarle, pero eso no te aparta a ti a un lado.

Hela pareció entristecerse ante la afirmación recién dicha más que reconfortarse.

- He vivido alejada de ti todos estos años, madre… ¿Supones que mi ser se replete de alegría sabiendo que una parte de ti añora a lo que poseíste en vida?

Una helada impresión ahuecó las entrañas de Sigyn. ¿Lo que había poseído…en vida?

- A… ¿A qué te refieres con eso, hija? – Chicheó temblando de auténtico terror.

Pero la ojeada obsequiada por parte de la interrogada estaba lejos – o así le parecía a Sigyn – de mostrar una ligera pista de lo que sería la respuesta a esa duda que atormentaba el corazón de la que la había traído al mundo. Hela suspiró y volvió a recostarse sobre el pecho de su madre.

- ¿Me vas a querer igual, cierto? – Su tono cargado de titubeo rasgó su pregunta, ya irritando a Sigyn.

- ¿Por qué lo preguntas tanto, Hela? – La madre inquirió, olvidándose por un momento de su confusión por la pregunta anterior, intentando de una vez por todas convencerla de su afecto… que no sabía cómo se lo daría si estaba muerta - ¿Podrías por favor dejar esa inseguridad en cuanto a mi afecto por ti?

Pero Hela no contestó. No al menos en la forma que Sigyn esperaba. Porque todo empezó a disiparse. Todo comenzó a oscurecerse, como si un eclipse hiciera deslucir todo lo que había sido bañado con la luz de ese sol tan extraño pero maravilloso que alegraba todo bajo sí…

La desolación pintó el rostro de la rubia que observaba desconcertada tan triste espectáculo. Sin soltar a su hija, extendió una mano para tocar el aire que iba llenándose de lo que estaba desapareciendo. Los ojos se le llenaron de lágrimas nuevamente cuando veía que su pequeña hija dejaba de abrazarla para decirle adiós con su mirada. Hela empezó a desvanecerse, esfumándose sin que ella pudiera hacer algo para prevenirlo. Su mano no la soltaba, negándose así a dejar sola a su madre, quien lloraba lágrimas de sangre al ver cómo se desvanecía de sus dedos nuevamente.

Y como todas las veces en que sus encuentros soñadores con él, Sigyn sucumbió a la honda tristeza que la partida de su hija siempre dejaba en su corazón.

De golpe, la joven despertó. Llenó el frío aire con un jadeo que atosigó sus pulmones. El silencio, verdugo, entrecruzaba sus oídos. Como dándole a saber que un acontecimiento mustio y aciago estaba avecinándose. Aterrada, Sigyn se levantó pese al intenso dolor que su matriz le proporcionaba al tener que estar en el martirizador proceso de encogimiento tras el parto. Le tomaría un año al menos mejorarse y recuperar la buena salud que siempre la había caracterizado.

Con mucha dificultad, se movió con tal de adoptar una postura sentada. Era muy de mañana y no se veía el sol debido a lo temprano de la jornada como podía adivinar al observar a la ventana. Confundida, Sigyn desvió sus ojos al otro lado para comprobar el estado actual que rodeaba su aposento:

Fenrir y Jörmungandr dormían en sus respectivas formas salvajes pero su retoño Narvi agitaba sus bracitos y sus piernas mirando a la embrollada chica. Saliendo de su trance de confusión, tomó al bebé y lo revisó por pura paranoia a ver si tenía alguna herida o hematoma. Afortunadamente, no había nada que temer. Un tanto aturdida, Sigyn se desató el camisón que funcionaba igual que un corsé, sólo que no apretaba la figura que poseyera contornos demás sino que servía para abrochar el escote triangular invertido que se ubicaba en el pecho. Liberó la región corporal que significaba alimento para su pequeño y le dio de beber. Sigyn crujió los dientes cuando la boquita del infante se adhirió a la parte sobresaliente de la que emanaba el níveo y vital sustento. Si bien era un momento agotado y más si se despertaba de golpe tras contemplar una visión tan bella que culminara de la forma en que ella había tenido que presenciarlo hacía menos grato aquel momento, era llevadero pensar que Narvi estaba sano y salvo en las obsesivas alas de su padre y de ella misma.

Al fin aquel sobreviviente de ese espantoso intento de asesinato se hubo dormido luego de una cansadora dedicación y serie de arrullos y mecimientos maternales. Sigyn depositó al infante sobre la calidez de la cuna.

Sin embargo, Loki no estaba en ninguna parte. Sigyn buscó con los ojos a su esposo pero al cabo de unos minutos de no hallarlo se dio por vencida, pensando en el sangriento hecho que había tomado lugar ayer en la fiesta del sjaund en honor a Hela. Un escalofrío lamió el espinazo de la joven, quien buscó en la calidez de las sábanas y frazadas el calor que se escapaba con la algidez del ambiente. Seguramente se había levantado muy temprano o quizá no había dormido producto del suceso acaecido a fin de unirse a la interrogación que Odín había prometido a los tres vanir restantes.

Su respiración agitada despertó a Fenrir, el que se levantó tras mover las orejas analíticamente al ruido súbito. Sigyn, aturdida, se quedó paralizada ante la arribada del licántropo hacia ella, creyendo muy inconscientemente que podría atacarla. Pero el muchacho encerrado en la forma de lobo, ajeno y lejano a esa instintiva corazonada, estiró las patas delanteras encima del borde de la cama para saltar a ésta.

- Hey – susurró Fenrir, auténticamente preocupado - ¿Te encuentras bien? Luces muy agitada.

La princesa consorte asintió tras enmudecer por varios segundos producto de la confusión. El lobo adolescente recostó el hocico sobre sus patas.

- ¿En serio te sientes bien? – preguntó él, mirándola.

- Sí, Fenrir. Sólo…

- ¿Es por lo de anoche, verdad?

Sigyn suspiró abatida.

- Temo que los vanir tomen acciones drásticas contra mi esposo – Se expresó la joven, encogiéndose.

- A mi padre no lo van a atacar sin que él esté preparado – dijo Fenrir – mi madre siempre dijo que por muy impulsivo que fuera estaría con una de esas dagas que esconde en sus ropas.

Sigyn asintió, comprendiendo. Pero muy a pesar de lo listo que Loki fuera en el sentido de estar preparado ante cualquier ataque de carácter sorpresivo, temía que alguien fuera más rápido y lo lastimara a él, ocasionándole la muerte.

- Anímate – Fenrir se recostó a su lado, velando así a su madre adoptiva – Jörmungandr y yo estaremos atentos a ustedes y seguro que padre también lo estará. Anda, descansa tranquila – cerró los ojos y se quedó dormido igual que su relativo recién nacido. Sigyn no podía pensar en conciliar el sueño, porque el horror derivado de la incertidumbre sobre el futuro la acechaba, como un fantasma atroz que hallaba su contento sembrando el terror en una criatura inocente e indefensa.

La caótica caverna psíquica de Sigyn navegó en el pensamiento de un método para cerrar el doloroso capítulo que hacía pedazos su alma. Y volvió al último sueño antes de dar a luz a sus gemelos. Tal vez Hela le estaba diciendo algo más que sólo lo literal con esos encuentros oníricos tan hinchados de ternura entre ambas. Quizás le estaba diciendo que se encontrarían pronto… pero ella tenía que marchar a un lugar específico con tal de develar los misterios que envolvían a esa hija distante y a la vez tan cerca. Seguramente con el calor que el alba traía consigo, ella le revelaría qué pasaría.

Decidida, la joven y transida madre trazó un viaje a ese último sitio que sirvió como el final de la vida como la hubiera conocido o lo que podría ser. Apenas se aseguró que Fenrir estaba profundamente dormido, se levantó y dejó a Narvi sobre su cuna una vez que lo amamantó e hizo dormir luego de mucho rato de arrullarlo en voz muy baja.

Cerciorada de que los tres acompañantes estaban concentrados y dados al descanso, Sigyn se dirigió a su tocador, sacando una tenida de color negro que Loki le había obsequiado con motivo del cortejo fúnebre y despedida de su hija. Poseía una capa larga de seda junto con una capucha en caso de desear pasar desapercibido y un corsé de tela suave – muy similar al celeste con el que siempre andaba –.

Cerró la puerta con cuidado, sobornando a un par de guardias para que no dijeran nada a su esposo en caso de que les preguntara. No quería que Loki se enterara de su fuga, por lo que tomó un atajo que su propio marido le hubo enseñado para ahorrarse una larga caminata a lo largo del palacio. Se colocó la capucha y salió cerca del establo, en donde se encontraba uno de los lacayos que cuidaban de los rocines. La princesa consorte sacó unas cuantas monedas de fino oro, ofreciéndolas como dispendio a uno para que callara al igual que los centinelas a cambio de que el silencio cercenara cualquier respuesta.

El hombre la quedó mirando, curioso muy a pesar de su taciturna promesa.

- Mi señora, no pretendo sonar impertinente pero me preocupa que a usted le intenten hacer algo en su trayecto. ¿Hacia dónde se dirige?

Sigyn se quedó mirándolo mientras sacaba unas cuantas flores de colores oscuros como bermellón, violetas y rojas sangre.

- Cerca del bosque de las cabañas – Respondió ella, con voz de campanilla susurrante mientras se marchaba.


La demencia y la tensión entre los reyes y príncipes aesir y vanir que marcaban una jornada que parecía acabar con otro brutal asesinato como el que destacó la noche anterior durante el sjaund.

Los gritos y preguntas formuladas a golpe de alaridos con sabor a odio y de impotencia a los nobles de Vanaheim volaban por el aire, dando la impresión de que una salvajada se desataría en cualquier momento. Odín, Thor y Loki contra Kvasir, Njördr y Freyr en una batalla verbal de acusaciones, argumentos y contestaciones. Los vanir, presos de un ataque atroz de nervios, respondían que sólo Skirmir había hablado con varios videntes que daban sus interpretaciones sobre la que habrían de ser los espantosos vástagos del odiado príncipe Loki, quien no vaciló en demostrar su cólera contra todos.

- ¡Skirmir nos había contado sobre sus visitas a los hechiceros pero jamás lo apoyamos porque sabíamos perfectamente qué iba a sucedernos si tan sólo se nos pasaba por la mente perpetrar algo contra ti o tu familia Odín!Gritó Kvasir, desesperado y casi al borde de las lágrimas.

Pero en vez de que el padre de todos diera su palabra contra la suya, Loki fue quien intercedió, furioso.

- ¡Eso es, difícil de creer cuando tú y tu maldito grupo de amigos planeaban asesinarme luego de que yo reparara mis daños! ¡¿O me vas a decir que eso es mentira o que no estuviste involucrado?! – Dio un puñetazo a la mesa - ¡¿Tendríamos que creerte ahora?! – Chilló él, lleno de rabia.

- ¡Eso fue una equivocación, fue…! – Miró hacia los lados, intentando justificar aquello que carecía de cualquier defensa – ¡Fue culpa de Freyr! – apuntó hacia el joven rey de Vanaheim, quien reaccionó a su vez con una obvia expresión de ultraje en su rostro - ¡Él lo había mencionado!

Absolutamente afrentado por tal inculpación, el vanir saltó en su defensa, muy para el disgusto de los asgardianos que parecían esperar una respuesta la que en caso de ausentarse ameritaría la muerte.

- ¡¿Mi culpa?! – Chilló Freyr, como un perro nervioso - ¡Si han sido tú y Skirmir quienes sugirieron en secreto que Loki fuera ejecutado! – Apuntó, lleno de rabia - ¡¿Acaso no pensabas tampoco que era un "insulto" que el padre de todos hubiera decidido dejar con vida a Loki?!

- ¡Ah, claro! – Se quejó el anciano - ¡¿Lo mejor es culparme a mí, cierto?! ¿Y por qué no culpas también a tu amiguito Skirmir por lo sus dichos…?

Odín interrumpió la gresca verbal dando un estruendoso puñetazo a la mesa, casi partiéndola en dos.

- ¡Se callan todos! – Profirió furioso - ¡Este asunto es serio y no permitiré que esto se convierta en motivo de befas y desorden! ¡Agradezcan que no los enviara a ejecutar sin juicio, porque eso sí que puedo hacerlo! – Clavó la llamarada saturada de enojo destilada de su ojo azul, viejo pero poderoso, en cada una de las miradas aterrorizadas de los vanir - ¡Porque sé que cada asgardiano me apoyaría! ¡Por ser los cómplices o peor aún, los artífices del asesinato de mi nieta! Las acciones de mi hijo menor merecían un castigo, pero no tenían que ser pagadas por alguien cuya existencia no ameritó nada relacionado con escarmiento… - siseó con el mismo sabor a odio y promesa de venganza con el que Loki pronunciaba sus palabras.

Kvasir se atrevió a hablar.

- ¿Así como Loki se lo ha cobrado a Skirmir nos harás pagar?

- Sí. ¡Y voy a hacerlo! – Gritó Odín – Pese a que Loki ya se cobró muy bien su derecho de sangre.

- ¡Pues claro! ¡Skirmir pagó por su pecado, Odín! – Razonó Freyr, con los nervios hirviendo de desesperación ante el tono ominoso con el que el padre de todos voceaba su tenebrosa gestión - ¡Te hemos dicho hasta el mismísimo cansancio que ninguno de nosotros tuvo que ver en el asesinato de la pequeña Lokidóttir cuando él mismo lo confesó!¿Acaso no piensas que dejar que Loki haya ejecutado a Skirmir fue suficiente?

Esta vez el aludido se acercó con un ademán de hartazgo e irritación al rey de Vanaheim.

- ¿Suficiente? – Siseó Loki, viperinamente y observándole con aterradora fijación - ¡¿Crees que lo que le hice a tu querido consejero fue suficiente?! – Rugió, furibundo - ¡¿Supones que me contenta haber asesinado a ese hijo de perra mal parido luego que admitiera lo que le hizo a mi esposa y a mi hija cuando todos ustedes hablaron de matarme?! Tuvieron el valor de planearlo y ahora de negarlo cuando tengo el legítimo derecho de dudar de la palabra de cada uno… - sonrió demencialmente, algo que no le pasó desapercibido ni a Thor ni al padre de todos – ¡Si fuera por mí, colocaría cada una de sus cabezas sobre una estaca al frente del palacio para que nadie jamás perpetrara algo contra mi familia! ¡Y si tengo que bañarme hasta con la última gota de sangre de todos ustedes para traer a mi hija de vuelta, voy a hacerlo!

Horrorizados ante la promesa tan aciaga y repleta de sadismo, Njördr tragó saliva al igual que Freyr. Sólo Kvasir parecía silencioso y pensante en su próxima jugada para salvar su pellejo, que fuera.

- ¡Kvasir fue el de la idea de ejecutarlo! – Agregó Njördr otra vez traicioneramente luego de un rato sin hablar – Nosotros rechazamos tajantemente la idea por miedo a lo que podrías hacernos – bajó la mirada – no sabíamos las consecuencias de las cosas que podían desatarse por ello. Él no habrá cometido el asesinato por mano propia, pero tal vez sí lo haya conversado con Skirmir luego de que él haya visitado como tenía por costumbre a las videntes. ¡Era un maldito supersticioso! – Tomó aire, intentando calmarse - ¡Tal vez el consejero de mi hijo Freyr haya hecho esta atrocidad como autor material pero Kvasir ha sido quizá el autor intelectual con todo lo que ha dicho y hecho!

El viejo y antiguo miembro del Consejo Real de Odín echó un jadeo de exasperación por el traidor comentario de los que habían sido sus amigos.

Era claro que para salvar el pellejo, uno perdía hasta la dignidad.

Thor miró a su padre, quien mantenía la mirada perdida, procurando en el caos de su ya acomplejada cabeza el veredicto final a la situación. Respirando honda y enojosamente, Odín levantó la mirada, creando el más absoluto y quemante horror en el estómago de los tres acusados. Sus rugosas pero fuertes manos se apoyaron sobre la mesa, como si el aire recién expulsado de sus pulmones liberara su tensión y su irritación para hablar con claridad.

Loki observaba la escena lleno de rabia. Quería saldar la cuenta vertiendo toda la sangre de los tres vanir. ¡Lo que hubiera dado por hacerlo sin tener que oír a Odín decidiendo las cosas! Si bien Skirmir había puesto la mano ejecutora, Loki sentía que la deuda sangrienta no estaba completamente cumplida. No con la clara evidencia de tener a quien había puesto el intelecto para tal hecho. Necesitaba que a través del dolor y de los ruegos de piedad de ellos, el suyo propio – y el de Sigyn - disminuyera o desapareciera. Pero sabía que su padre no iba a dejar pasar esto, sabiendo además – gracias a su mujer – que habían planeado de antemano asesinarlo.

Igual que Odín, el dios de la malicia se empeñó en espirar el aire, pero sus pensamientos se desvanecieron cuando su padre se empezó a dictar su sentencia.

- Como los hechos lo avalan, y tomando por consiguiente lo que ha acontecido hace poco tiempo atrás, declaro que Freyr y Njördr se retiran de Asgard sólo por complicidad. Las relaciones de carácter diplomático se terminan con Vanaheim desde en este minuto.

El padre de la hija asesinada sintió el desgarre de la indignación asentándosele en la garganta. Le laten las sienes, su ritmo cardiaco amenaza con hacerle estallar la caja torácica en la que esa bomba de tiempo está contenida. Una creciente ola de sangre hirviente empezó a subírsele a la cabeza. Estaba a punto de disparar contra el edicto del anciano rey la sedición verbal que estaba atorada en su garganta pero luego de sulfurársele el ánimo, escuchó al rey asgardiano, quien obviamente añadió lo que contentó – aunque no fuera mucho – al timador.

- En cuanto a ti, Kvasir – Siseó el padre de todos con tono de voz muy ominoso, trazando el horror en el nombrado – por el testimonio de los tuyos en contra de tu persona, considerando lo que has dicho y hecho en el pasado y por proponer el crimen de asesinar a Loki, mi hijo y a mi nieta Hela, te sentencio a que seas…

El dios del engaño se quedó tieso y silencioso ante la pronunciación del castigo. Como si él fuera a ser ajusticiado.

- Te sentencio a que seas ejecutado mediante el Águila de Sangre – Dictaminó Odín.

Freyr y Njördr se quedaron boquiabiertos, pero no refutaron el arbitraje enunciado recientemente. Era mejor no levantar protesta para no empeorar las cosas. Se habían salvado por poco y con la fácil vía de la traición entre ellos mismos. ¡Y se habían librado del método de ejecución más brutal que Asgard podía aplicar con el motivo de traición a la corona, intento de asesinato o consumación del mismo a un miembro de la nobleza!

Loki sonrió brevemente, pese a que él no podía ser quien cobrara la vida de Kvasir, quien temblaba de terror y negaba con constancia el hecho que terminaría con su existencia.

- Será mañana a la salida del sol - dijo él – y en este mismo instante, vas a ser llevado al calabozo y esperarás tu ejecución. Daré la orden para que las preparaciones competentes a ello se vean hechas. Espero que reflexiones la traición que cometiste contra Asgard y la paz que tus acciones te ayuden a entender las razones de tu condena – Odín dio la espalda a los vanir – guardias, llévenselos de aquí – ordenó ahora – escolten a Freyr y a Njördr de vuelta a Vanaheim y a Kvasir a la mazmorra.

Los hombres ataviados con armaduras de bronce acataron al mandato, quitando la presencia del anciano que luchaba contra los soldados que, por orden del padre de todos, hicieron uso de la violencia para acallar los movimientos del decrépito que suplicó desesperado por piedad extendiendo las manos como un niño desvalido que acababa de sustraer sustento para calmar el hambre pidiendo comprensión.

Thor bajó la mirada, dejando escapar un cansado suspiro de sus labios. Loki se dispuso a irse una vez que los soldados se marcharon con los indecorosos vanir.

- Creía que me ibas a dejar matarlo para seguir cobrándome mi venganza de sangre – Chicheó el timador, con clara sombra de molestia a causa de la acción tomada por su padre.

Extrañado por la súbita expresión verbal de su hijo menor, Odín decidió replicarle.

- ¿Y querías que te dejara asesinar a Kvasir también?

- Le has dado más de lo que se merece. De haber sido por mí, lo habría descuartizado por cuatro caballos y arrojado sus entrañas al fuego ante sus ojos – Se rió, dejando el rastro de su espantoso sadismo en su sonrisa que mostraba sus dientes perfectos – también lo hubiera hecho con Skirmir si la prisa no hubiera sacado lo mejor de mí el día de ayer por esa noche - dejó escapar aire de su boca para caminar hacia la ventana y calmar su inquietud con el bello panorama que las afueras del reino asgardiano ofrecía para cualquier ojo que buscara refugio contra cualquier imagen que significara estrés o espanto.

Odín negó con la cabeza, desaprobando el cruel castigo que Loki había pronunciado a sus enemigos.

- Estás exento de culpa por cobrar tu venganza – le recordó él, tratando de serenar las pasiones encendidas en el pecho de su hijo menor – pero el derecho de…

Esta vez el padre frustrado crujió los dientes y se volvió al monarca con una ola sangrienta hirviéndole la cabeza.

- ¡No me interesa ese maldito derecho! ¡No necesito valerme de principios jurídicos! – Vociferó Loki lleno de rabia - ¿Qué te crees que me importa que esté constituido en las leyes asgardianas que puedo vengarme por el daño que ellos me hicieron? No lo hice porque sabía que estaba protegido jurídicamente sino porque no iba a tolerar que tocaran a mi familia y ya me dará igual que me azotes por ello en frente de todo Asgard.

Thor intervino en este momento.

- Hermano, entiendo cómo te sientes pero…

La sola llamarada verdosa que los ojos de Loki despidieron dio cuenta de la furia que éste sentía.

- ¡¿Así que entiendes lo que siento, eh?! ¡¿Sabes cómo se siente perder a una parte de ti de la forma en que yo la perdí?! ¡El ver a la única mujer cuyo amor has atesorado muriendo con el corazón roto es una tortura que no le deseo a nadie! ¡Tú siempre opinas y juzgas por cosas que jamás sentirás cuando a mí me correspondía cercenarles el pescuezo a esos hijos de perra! – Gritó Loki - ¡Nunca vas a entender, ni saber en lo más mínimo cómo es hasta que te suceda a ti! Cuando te pase, estoy seguro que agarrarás ese condenado martillo con el que usualmente te jactas y mates al desgraciado que te quitó a ese hijo con el que estabas ilusionado, y créeme… - le sonrió, malévolo – créeme que lo voy a aplaudir y te preguntaré si te hubieras comportado de manera civilizada como te comportas ahora.

El silencio que cercenó toda palabra de la boca del dios del trueno dio cuenta al timador que él era quien tenía la razón y obviamente dándole la victoria en el duelo verbal. Un tanto humillado por dichas palabras, Thor bajó la mirada. Asintió, admitiendo su derrota. Pero a Loki no le importaba si aceptaba tal cosa en dicha batalla carente de cualquier encuentro físico.

Entonces fue el padre de todos quien irrumpió la elipsis verbal para añadir unas palabras:

- Los dos pueden retirarse. No hay nada más que hacer más que esperar a presenciar la ejecución de Kvasir el día de mañana – Odín hizo un signo manual para que los dos hermanos procedieran al repliegue.

Loki fue el primero en marcharse. Ahora que sus pensamientos estaban puestos en orden, se había percatado que se había ido demasiado temprano para atender los asuntos y no prestó atención a su mujer.

Su corazón había dado un vuelco al recordar la escena posterior a cuando se hubo levantado: su esposa dormía junto a Narvi, tenía su cabello revuelto y su expresión facial revelaba un extenso cansancio. No sabía si ella se había dado cuenta de su fugaz ida, dada su extenuación, pero sí sabía que estaría preocupada de él como siempre. Aunque estaba consciente de que Sigyn no era precisamente de las personas que se alegraba con una ejecución de alguien que la había hecho daño, tenía que hacérselo saber como una noticia para tenerla al tanto de la situación actual en Asgard y no en motivo de hacerla sentir mejor.

Con apuro, apretó su caminata hasta llegar a la puerta. Con precaución de no ocasionar ruido alguno, giró el picaporte para comprobar que todo estuviese en orden.

Tal como lo preveía, Fenrir dormía sobre la cama aún en su forma de lobo, mientras que Jörmungandr estaba en la misma situación pero enrollado cerca de la cuna que se encontraba contra la pared, con un libro de historias bélicas en el suelo que probablemente se había desplomado en el sueño. Ignorando aquello, Loki se acercó a la camita infantil, tras ver que sus dos hijos ilegítimos se encontraban bien, para contemplar al hijo amado y culposamente preferido entre ellos.

Conmovido, el padre observó al bebé Narvi recostado boca abajo, ataviado con una tierna ropita de color celeste cielo con detalles blancos. Respiraba lentamente y con muchísima calma. Por un momento, Loki quiso cargarlo en sus brazos y así prestarle más atención pero prefirió dejarlo así, sin perturbar su descanso. Su atisbo a la adorada semilla crecida evocó de una forma muy grata y suavizada a la que Odín en su revelación sobre su verdadero origen le hubo relatado. Sólo que esta vez, él observaba como el padre de todos lo hizo en ese momento en que encontró al indefenso retoño condenado a morir en el frío y la desolación a ese hijo que dormía cálido en las sábanas de pelo de oso. Se limitó a acariciarle la mejilla con su dedo pulgar amorosamente, sonriendo complacido ante aquel ser tan inocente e indefenso que distaba tanto de él mismo.

Se alejó con lentitud de la cuna de su adorado hijo para buscar a Sigyn, a quien no había divisado desde que había entrado en el aposento matrimonial. Se cuidó de no despertar a ninguno de sus hijos en su búsqueda, observando detenidamente la cama en donde su mujer había dormido. No estaba en ninguna silla mecedora, ni tampoco en su lecho evidentemente. Se imaginaba que se había ido a merendar su dagveror. Pero le extrañaba que hubiera dejado a su hijo, dado que conocía bien su obcecación – aspecto que él compartía - por cuidarlo ante todo momento.

Echó un suspiro y cuando se dio vuelta, Loki comprobó que Fenrir había despertado, bostezando perezosamente, estirando las patas para finalmente saltar de la cama en donde su madre adoptiva se encontró.

Un tanto molesto por ese descubrimiento, el timador le preguntó con obvio aire malhumorado:

- Fenrir, ¿Qué haces en la cama de tu madre?

Estirando la pata derecha trasera, el licántropo volvió a bostezar para luego responder segundos más tarde con aturdimiento debido al sueño.

- ¿Eh? Me quedé dormido porque ella… - se volvió para ver si la mencionada se encontraba en dicho sitio para que corroborara la réplica.

Pero no estaba ahí. Fenrir se volvió rápidamente, con la misma cara que Loki ponía al querer defender lo indefendible o una travesura hecha cuando pequeño y era descubierto.

- Eh… - el lobo se irguió en sus patas traseras con las delanteras estiradas – padre… yo…

Jörmungandr, con el palabrerío intercambiado entre su hermano mayor y el timador, despertó siseando y desenrollándose de su plegado descanso, reptando hacia el lecho de su madre adoptiva y recién fugada.

- ¿Y Sigyn? – preguntó él, aturdido también.

Fenrir le reiteró a su hermano menor la situación, aclarando el nubarrón dubitativo que lo ensombrecía. Notando la tensión, se dispuso a tomar cartas en el asunto.

- Padre, calma tus ánimos – tomó su forma de humano para serenar el ambiente y el obvio maremoto de sangre hirviente de enojo que iba elevándosele por la cabeza a su padre – lo peor que puedes hacer ahora es armar un griterío y despertar a Narvi. Ninguno de nosotros vio a Sigyn salir, porque de lo contrario te lo haríamos saber a la brevedad – razonó diplomáticamente la sierpe.

El cuadrúpedo corroboró lo afirmado moviendo la cabeza agitadamente, como si de esa ratificación tan súbitamente dicha su vida se viera salvada. El padre asimismo asintió ante aquella réplica, dándose vuelta para observar el tocador que no había notado que había sido manipulado, evidenciando de esa manera que alguien estuvo ahí hace un rato. Intrigado por aquel descubrimiento, las manos de Loki comenzaron a atarearse entre las prendas que hacían un arcoíris de matices que ejecutaban un perfecto contraste con el color del tocador, marrón muy oscuro y barnizado.

Comprobó con terror que el vestido negro era el único que no estaba, ratificando lo que se temía: Sigyn se marchó. Y no sabía adónde.

- ¡Maldita sea! – gruñó el tramposo, girándose de un furioso arrebato y agarrando su caperuza que a su vez servía como abrigo en una jornada tan fría como la de aquel día.

Sorprendidos por esa reacción, los hermanos se quedaron mirando, aterrados.

- Padre, ¿Qué sucede? – Preguntó Fenrir, dirigiéndose hacia él - ¿Qué pasa?

- Iré a buscar a Sigyn – Respondió el padre, colocando la cálida prenda – Ustedes se quedan aquí, cuidando a Narvi. No se muevan hasta que su madre y yo volvamos.

Jörmungandr puso los ojos en blanco.

- Nuestra madrastra, querrás decir – Le corrigió el ofidio – nos quedaremos con nuestro hermanito como nos pides.

Loki asintió, molesto por ser corregido. Era cierto que no podía tapar el sol con un dedo: el mencionar a Sigyn como "madre" no borraría los errores cometidos con Angerboda. Por mucho que él lo quisiera de esa forma.

- No se muevan de aquí, ¿Me han escuchado? – Volvió a advertir a sus dos muchachos, más con aire de amenaza que con aviso, dejándolos al marcharse de la habitación.

Caminando a paso rápido como mejor podía permitírselo, el timador se topó con diferentes personas que iban inquiriendo por la situación de los vanir. Loki contestaba hastiado que debían preguntárselo a Thor o inclusive al mismísimo Odín directamente.

Se imaginaba lo peor. Su mente volvió a las expresiones apreciadas por los dos hijos al formular sus dudas sobre el paradero actual de su esposa. Era obvio que Sigyn se había despertado nuevamente alterada por la aquella hija muerta a la que él lloraba en el más triste silencio a diferencia de ella. Quizás algún ladrón podría sorprenderla y ensañarse con ella de distintas formas. Tantas cosas que se le pasaban por la cabeza que casi no se dio cuenta de que casi había chocado con un sirviente.

- ¡Mi señor! – replicó éste, asustado por haberle hecho algún daño a su señor - ¿Se encuentra bien?

El joven dios se quedó mirándolo, arguyendo que no había nada que temer. El hombre respiró calmado al ver su pellejo salvado de un castigo que veía seguro dado el furibundo carácter que caracterizaba al desquiciado, quien le indicó que podía retirarse en paz. El sirviente salió disparado, como si alejándose del temible príncipe supusiera una barrera contra la muerte.

Loki no le dio más importancia y decidió continuar su travesía. Le preguntó a un par de guardias – a los cuales Sigyn les había entregado pago a cambio de su mutismo en cuanto a su destino -. Éstos contestaron que no habían visto a la princesa consorte. Loki pensó entonces que Sigyn hubo utilizado magia con tal de escabullirse de la mirada atenta de los vigilantes. Confiado, dirigió sus pasos hacia el establo esperando a encontrarse a algún sirviente o lacayo para interrogarlo sobre el paradero de su esposa. Desafortunadamente, no halló a nadie, por lo que no tuvo más remedio que montar su caballo negro y salir casi despavorido por la salida de la caballeriza, asustando tanto a los animales de ganado como a las criadas que estaban alimentándolos, apartándose de la vía separada del sendero repleto de pasto, que se diferenciaba con el primero por estar seco y ser terroso.

Jadeando ante el ritmo de carrera que su caballo adoptó para llegar rápido al sitio en donde creía que podía hallarla, el dios del engaño miraba por todas partes a ver si la divisaba deambulando cual fantasma en pena por la foresta que aún no se veía iluminada por el sol, debido a que esta vez las nubes estaban dando un panorama lluvioso que dificultaba la posibilidad de tener un día despejado como jornada.

Se detuvo unas cuantas veces, preguntando aquí y allá por su esposa. Nadie daba respuestas positivas. Comenzando a embravecerse, Loki espoleó al caballo para que galopara en dirección a la parte más tupida del bosque, que era en donde terminaba la serie de cabañas que conformaban casi una pequeña aldea para dar lugar a un boscaje de apariencia casi embrujada, que incitaría el miedo o el suicidio en cualquiera. Hasta en el más valiente de los guerreros. El trino de las aves, sin embargo, era lo único que rescataba un poco de agrado y sentido llevadero en tal sitio. Algunas volaban, mientras que otras saltaban de rama en rama. Los ojos del timador buscaban presas de la desesperación y enardecimiento a la amada. ¿Dónde se encontraba?

El caballo agitó la cabeza y casi corcoveó parándose en sus dos patas traseras. Loki tranquilizó al animal y lo ordenó seguir con su galope hasta el final del bosque. El joven dios empezó ahora a llamarla sin miedo a sonar como un lunático fuera de cualquier uso de razón, mirando a todas partes. Algunas aves al oír tronar su voz desaparecieron en el aire por puro instinto de supervivencia, percibiendo peligro. El dios del engaño entonces fue adentrándose más y más en el bosque hasta que llegó, tras mucho rato de cabalgar por el sendero, al final de aquel laberinto verdoso.

No se encontraba alma alguna en tal lugar. Pero eso no lo hizo rendirse en ningún momento.


Con una nueva actualización saludo el mes de febrero de 2014, feliz año nuevo a todas aunque sea así de tarde (Slowpoke… XD). La verdad es que iba a ser doble pero la cosa es que me estaba saliendo DEMASIADO extenso este capítulo como para hacer uno solo, de modo que tendrán más que leer (y más con qué angustiarse XDDD)

La escena de reencuentro y conversación seguramente le sacó una mueca de tristeza a alguna, pero no pierdan la esperanza ni se aflijan! Pronto ellas se reencontrarán y será más bonito aún porque va a ser real! En mi bajón de música clásica (la cual AMO) imaginaba a madre e hija hablando de sus temas con esta pieza de piano de fondo:

Nocturno – F. Chopin

(watch?v=YGRO05WcNDk)

Probablemente les parezca Out of Character (Fuera de personaje) que Hela sea/será demasiado cariñosa. Pero una vez leí un comentario que Valdemar (ella fue, si mi memoria no me falla) de que si pasáramos del círculo familiar de Odín-Frigga-Thor-Loki, es muy probable que Sigyn sea para Hela lo que Frigga es para Loki. Además, deben pensar que Hela se parece MUCHÍSIMO a él en una variedad de aspectos tales así como que Loki odia y ama con una pasión arrobadora. Como tal, ella es capaz de destruir de las peores maneras a sus enemigos y sembrar terror entre ellos, pero si leyeran algunos cómics, se darán cuenta que Hela puede obsesionarse para no detenerse hasta conseguir lo que quiere (Un caso de locura es que se empieza a quitar la ropa frente a Thor para sacarle un hijo a !) incluso de querer verdaderamente a alguien como hasta dejar de hacer maldades por conmoverse. Un ejemplo claro de ello es un número de esos antiguos titulado "El poderoso Thor" volumen 1 número 189 – 190 en donde Hela quiere hacerle llegar a nuestro querido dios del trueno su hora. Thor acepta al ver que ella lo chantajea con asesinar a todos los mortales y se deja consumir por el tacto mortal de Hela. Sin embargo, Sif intenta preguntarle a Hela si ha conocido el amor. Ella contesta que no y Sif desesperada y con lágrimas en los ojos le hace ver que ama tanto al dios del trueno que ella se ofrece a morir por él. Hela entonces llega a comprender - ¡Y llora! – que el amor ni siquiera puede ser aplastado por la muerte (que es lo que le dice a Sigyn en su conversación existencial. Por cierto, la frustración en cuanto a lo que los mortales sienten en cuanto a la muerte también lo he sacado de dicho cómic – 189 -.

La descripción del Helheim según la wiki de Marvel dice que está estigmatizada por la llegada del cristianismo, que coloca a dicho sitio como un lugar de tormento y de castigo eterno. A decir verdad, así es pero un sector de dicho reino es así pero servirá para los malhechores y quebrantadores de juramentos, según lo establece Marvel en su descripción. Hela recibe a los muertos igual que como una recepcionista. Al menos así lo veo yo. A las personas que fueron buenas pero no murieron honorablemente, tendrán su lugar en el sitio más bello de Helheim. Es algo que asimilo con Sigyn, quien supone que muere (por qué, cómo… quién sabe? ;) ).

El detalle de los cuerpos navegando sobre el Elivagar es pura invención mía. No sé si realmente había algo como eso para las almas condenadas al infierno pero fue para darle más dramatismo a la entrada de Sigyn al Helheim. El Naströnd era la ribera de los cadáveres(formando así colinas, dunas y montañas de cuerpos muertos), la serpiente Nidhogg se comía como leyeron las raíces del Yggdrassil (piensen que el Helheim es el reino más bajo y por ende ahí tiene su génesis aquel árbol) pero prefería comerse un cadáver reciente si lo veía; y para las que no anden informadas de la mitología nórdica o los cómics, Garm es la loba que custodia la entrada a dicho reino (aunque en la mit. nórdica no se especifica su género y establece que es un perro de gran dimensión en lugar de un licántropo).

Para la escena en donde Sigyn planea su viaje al lugar en donde soñó con Hela (el del capítulo 35) y Loki después siguiéndola, me inspiré en una escena de mis películas favoritas, "El Fantasma de la Ópera" (2004), en donde Christine(la protagonista) visita a su padre a pesar de que su prometido le dice que se cuide del Fantasma que está rondando por ahí.

- Andrew Lloyd Webber - Journey to the cemetery

(watch?v=NH9a2Vofgqg)

Antes que se me olvide, la imagen que tengo de Hela es la de la ahora joven actriz Jodelle Ferland (Para las que no saben quién es, apareció en la saga Crepúsculo: Eclipse si mal no lo recuerdo, interpretó a las gemelas Alessa y Sharon en Silent Hill y a Lilith en Caso 39). Me gusta porque es exactamente como imagino a la Hela de este fic; con aspecto de pequeña y un tanto ingenua - como su madre - pero con un toque de oscuridad y de macabro heredado de su padre.

En fin, espero que no haya sido muy larga esta nota de autora. Pero sentía la necesidad de aclarar algunos aspectos que no quería que quedaran así "en el aire".

Como siempre agradezco a todas las que comentaron y se preocuparon por mí en este largo tiempo que no actualicé ;)

Bye!