Severus decidió que el día para comenzar su avanzada sería poco después del inicio del verano, algunos seres manipulados por el Lord detestaban las temperaturas elevadas, así que podrían tener una marcha medianamente tranquila con el calor de la temporada.

Comenzaron a armar una caravana, los adolescentes y adultos, muggles y squibs tuvieron la misión de obtener la mayor cantidad de autobuses, camiones de carga y adaptarlos defensivamente, Mina en su tiempo muggle fue aficionada a las películas pos apocalípticas por lo que le encargaron el diseño de las armaduras de los transportes, a ello le sumaron protección mágica, así que comenzaron a cazar bestias de las que necesitaban fluidos, pieles y órganos para crear pociones de camuflaje, alejamientos y demás.

Armand se dedicó a tomar lecciones con la profesora Wilkins; después de que Severus fuera testigo de cómo el niño eliminara a Sinistra no se preocupaba tanto porque algo lo dañara dentro de Hogwarts.

—¿Algún día me dirás que le hizo?— preguntó Mina a su pareja durante un descanso de entrenamiento, los practicantes se encontraban inconscientes sobre el pasto reseco, no soportaban tres minutos de ataque con magia oscura.

—Ya lo viste con tu madre, es impulsivo, no razona mientras ataca … es idéntico a ti— le hizo un guiño que ella recibió muy seria — nunca me explicaste lo que era un aqshy—

—Magia de fuego, magia roja muy poderosa, pocos elfos la controlan, muchos de ellos demonios príncipes… y dragones— susurró para que la palabra no tuviera tanto impacto en Snape.

—¿Crees que por eso pudiste comunicarte con los dragones del torneo? ¿Por qué tu madre tenía esa habilidad y se las heredó?—

—Lo ignoro— suspiró agotada — Espero que sea así, en caso de encontrarnos con dragones— dirigió su mirada hacia los improvisados talleres donde con sopletes y mazos daban forma a una pequeña caravana de hierros retorcidos, placas metálicas y rejas oxidadas.

—¡Mamá! — Armand llegó corriendo seguido por el acalorado Jumble —¡Prometiste llevarme a dragar el lago!— le recordó mientras veía divertido a los estudiantes que comenzaban a despertar —vaya que son rudos papá— susurró sonriente —¿nos acompañas pá?—

—¿Al lago? ¿con todo este calor y zumbar de insectos? ¡olvídalo!— rezongó levantándose y ofreciéndole su mano a la pelirroja para que también se pusiera de pie.

—Vamos Sev, nada como un romántico paseo en bote a medio día— se burló su mujer

—Claro, nada más romántico que sacar restos humanos, de bestias y gigantes en estado de putrefacción—

—¡No comiencen con eso!— los paró el chico —No echen a perder mi paseo en bote con sus empalagos— reclamó muy serio

—¿Eso lo molesta jovencito?— burlón Snape lo retó abrazando a Mina por la cintura, el niño hizo un gesto de disgusto —o ¿esto?— y dio un beso en los labios a la mujer que reía divertida.

—¡Papá!— gritó Armand tomando de la mano a su madre —¡Te quedas en el castillo! ¡Yo me voy con mi mamá!— bufó aferrado a ella.

—Es importante que nos acompañe tu padre— le acarició la rebelde melena negra rizada y comenzó a andar hacia un bote de madera que reposaba en la orilla del lago sobre unas piedras — no sabemos que podemos encontrar—

—Bueno, solo por eso… pero sin arrumacos por favor— susurró derrotado, sus padres intercambiaron sonrisas divertidas.

El bote avanzó lentamente por la superficie llana del lago, el uso de la magia evitaba chapaleos que podían alertar a los monstruos ahí ocultos.

—Vi al calamar anoche— informó Mina —tenía mutilado uno de sus tentáculos— lanzó un trozo grande de pan al agua —habrá que revisarlo —el agua frente a ellos se arremolinó —¿Podrías hacer algo Sev?—

Un enorme tentáculo salió del agua, buscando el trozo de pan, que al encontrarlo lo tomó y sumergió de golpe, en unos segundos la cabeza del calamar salió a flote.

—¡Hola!— lo saludó feliz Armand —Papá te va a revisar, enséñale tu herida—

—Hijo, ese bicho no entiende lo que…— Severus guardó silencio pues el obediente animal sacó del agua su tentáculo herido y lo puso frente a él —¡vaya!— siseo sorprendido y comenzó a revisar la lesión —es extraño… la carne fue arrancada a mordidas— le mostró la herida a Mina —no son grindilows… no identifico el tipo de dientes—

—Shrake— murmuró ella —papá tenía un estanque oculto bajo los sótanos de su mansión, una pareja de biólogos muggles estaban ahí… no debían salir nunca— se encogió de hombros —no podíamos hablar con ellos, ni siquiera acercarnos, una tarde Draco tuvo que bajar con otro de los estudiantes, debían sacar el cadáver de la mujer, las mordidas eran similares—

—El clima no les favorece— opinó mientras curaba la lesión del calamar que se dejaba hacer tranquilamente.

— Posiblemente para eso estaban los biólogos, cuando nació Armand ya no pude bajar a los sótanos y no averigüé nada más—

—Adaptar animales no endémicos…¡no contaba con eso!— suspiró dándole una palmada al calamar en el tentáculo ya curado, el animal se alejó un poco y comenzó a jugar cerca de ellos, como agradecimiento a sus cuidados.

—Pensándolo bien… casi no he visto sirenas— Wilhemina se puso de pie equilibrándose para no caer al agua, hizo una bocina con sus manos a los lados de su boca y dio un grito agudo, bajó los brazos esperando respuesta.

Nada.

Repitió el grito más de diez veces, solo entonces salió a flote una sirena, herida, mutilada de rostro y brazos, vivía de milagro.

—¡Dahut!— gritó Mina que estuvo a punto de saltar al agua de no ser porque Severus la detuvo —¡Dahut que ocurrió!—

La sirena emitió algunos sonidos discordantes, agudos chillidos que ni Snape padre o hijo comprendieron más la pelirroja asentía preocupada.

—¡déjame llevarte a tierra… prepararé un estanque para los sobrevivientes!— la sirena negó y desapareció bajo el agua.

—¿Mamá?— el chico no entendió nada

—No solo son los peces, hay inferis como lo sospechaba, los grindilows fueron arrasados, el calamar no puede permanecer quieto mucho tiempo porque es atacado, peces e inferis llegaron al lago por el otro lado del bosque— les señaló la lejana orilla contraria en ese instante volvió la sirena, acompañada por otros seis integrantes de su clan.

—¿acepta irse?— preguntó Severus preocupado… inferis cerca podrían poner en peligro sus planes.

—Si— susurró Mina —ustedes vuelvan al castillo— antes de que lograran evitarlo saltó al agua —yo estaré bien, hay heridos que deben ser rescatados, reconstruyan el campo de quiddich, conviértanlo en una enorme piscina— y tras crear un casco burbuja se sumergió siguiendo a los tritones y sirenas.

Snape colocó su varita en la parte de atrás del bote y tras murmurar un conjuro éste comenzó a andar con velocidad, como si llevara un motor fuera de borda.

Mina llegó hasta el fondo del lago donde se encontraba emplazada la comunidad de los seres acuáticos, el camino fue tranquilo y los tritones miraban recelosos hacia todos lados.

—Son peces monstruosos— le dijo Dahut — llegan en cardumen y nos atacan en los momentos menos esperados, creemos que están entrenados—

—Dahut, son seres que mi padre ha enviado, no creí que fuera a utilizarlos… te pido perdón por mi falta de previsión— a través de la burbuja la pelirroja veía con tristeza a la sirena — lo siento—

—No solo son esos peces… hay inferis— Colek, un tritón de fuertes pectorales y agresivo gesto se acercó —intentaron atacarnos con gigantes pero son estúpidos y se ahogaron—

—Vi los restos en la orilla— admitió Mina —¿por dónde comenzamos? el profesor Snape y los demás tendrán un refugio provisional, no tendrá agua fresca pero servirá para acabar con las infestaciones en el lago, antes de irnos les dejaríamos seguros—

—Algunos sobrevivientes se encuentran en la cueva mayor— señaló Colek con su lanza —¿Qué es eso?—

Una masa oscura avanzaba hacia ellos, lenta pero imparable, reducidos cardúmenes salían disparados del lugar como palomas asustadas.

—¡Inferis!— gritó Dahut —¡Hay que salvar a los de la cueva!— tomó a la humana de la mano y como flecha nadó hacia la enorme oquedad oscura.

En tierra

Reunir a los magos y brujas, reparar y sellar el estadio fue cosa de casi doce horas que trabajaron sin detenerse, cuando terminaron casi amanecía y no sabía nada de Wilhemina.

—¿Será suficiente el lugar para acoger a los sobrevivientes?— preocupada Pomona hacía levitar enormes gotas de agua, tan grandes como un camión de carga desde la orilla más cercana del lago hasta la improvisada pileta.

—Son pocos los tritones y sirenas— respondió Severus que también levitaba una gigantesca gota —el calamar y tal vez algunos grindilows— buscó a su hijo con la mirada, el chico llevaba una gota más pequeña —¡Armand ve con Jumble y llama a tu madre, avísale que ya está casi terminado el refugio!—

El chico echó a correr seguido del elfo domestico, se paró a la orilla del lago mirando con desesperación hacia las quietas aguas que reflejaban como espejo la luz de la luna llena en el cenit.

—¡Mamá!— comenzó a gritar, Jumble apareció una enorme bocina que metió al agua y desde el otro extremo emitía ruidos agudos como los de las sirenas, en unos minutos se comenzaron a formar algunas olas, Jumble se alejó un poco del agua tomando del brazo al niño.

—Amito… creo que mejor vamos por el amo profesor Snape— gimoteo con voz temblorosa, unas siluetas comenzaron a salir del agua, con caminar pesado, lento y un tanto errático.

Armand se quedó helado de terror, eran hombres, mujeres y niños que caminaban arrastrando sus pies por la playa pedregosa, sus cabellos escurrían agua sobre los rostros pálidos, blancos e inexpresivos, los ojos muertos miraban al frente, hasta que ya fuera del agua totalmente giraron sus rostros hacia donde se encontraba con el elfito.

—Jum… Jumb…— balbuceó aterrado —¡Corre Jumble!— gritó — ¡yo espero a mamá!—

Los cadáveres empezaron a acercarse al niño que trepó las rocas más cercanas buscando ponerse a salvo, Jumble lo siguió.

—¡amito!— el elfito extendió los brazos y lanzó un conjuro de fuego, que no hizo nada a los muertos andantes —¡Están protegidos amito! ¡hay que desaparecer!—

—¡No! ¡tengo que esperar a mi mamá!— desesperado buscaba en las aguas del lago una señal dando gritos aterrado —¡Mamá! ¡mamá!—

—Joven amo debemos escapar— sin darle opción lo tomó de la mano, el eco de un desgarrado ¡no! se diluyó en el viento, los inferis comenzaron a andar hacia el castillo.

—¡Amo profesor!— el enano se acercó corriendo a Snape —Muertos vivientes amo profesor ¡Vienen del lago! ¡Son cientos!—

Snape buscó con la mirada, Armand se encontraba de rodillas, llorando en un suave murmullo.

—¡¿Dónde está Wilhemina?!— preguntó en un gruñido al elfito.

—No llego amo profesor, no pude esperar, este elfo inútil no pudo incinerar a los muertos, tienen hechizos protectores— susurró, los presentes comenzaron a murmurar, primero era un sonido bajo, hasta que un grito los congeló.

—¡Severus nos están rodeando, son cientos de inferis, vienen del lago!— Rosmerta entró corriendo al salón llevando en vilo a los pequeñitos —¡Debemos huir!—

—¡Suban a la torre!— ordenó —El fuego normal no los detiene— se acercó a su hijo —Armand levántate— el niño lo ignoró —¡Armand te ordeno que te pongas de pie!— rugió y el chico lo miró desde el suelo, con los ojos anegados en llanto.

—Mi mamá— gimió —mi mami no llegó— su padre le asestó una tremenda bofetada.

—¡No es hora de llorar, estas vidas dependen de nosotros… de ti!— resoplo agitado, con un nudo intentando cerrarle la garganta —¡debes hacer el hechizo con el que destruiste a Sinistra!— levantó al niño de un tirón.

—¿Para qué? ¡Mataron a mi mamá!— gritó furioso —¡Esos monstruos no la dejaron salir del lago, la mataron!—

—¡Entonces ve y cobra su sangre!— le ordenó Severus —¡Ve y destruye a quienes destruyeron a tu madre!—

—Mamá— susurró el chico, y de nuevo esa aura helada comenzó a rodearlo y sin decir nada más echó a andar hacia la entrada al colegio.

Perfectamente alineados en grupos de veinte por cincuenta los muertos vivientes comenzaron a rodearlos, Armand y su padre, con Jumble a su lado eran los únicos que les hacían frente.

—Hazlo— susurró Severus al chico, el frio era insoportable, incluso el césped bajo y alrededor de los pies del niño se congelaba al grado de romperse.

Armand lanzó un latigazo rojo sin previo aviso, no pasó nada y miró confundido a su padre.

—¿Qué ocurre?— Snape lanzó un sectusempra, un escudo mágico evitó el contacto —¡Maldición son hechizos muy avanzados de protección!— rugió furioso— ¡Entra al colegio debemos pensar en otro ataque!—

—No voy a huir— resopló el niño —¡Mudhral Aqshy!— gritó y de nuevo un potente latigazo que no tocó a los que ya estaban peligrosamente cerca de él —¡Vete papá!— le gritó el niño más Severus no se movió, en ese instante una enorme roca cayó sobre el primer grupo que casi pasaba los restos de la entrada aplastándolos.

—puedes matarlos físicamente— Severus sonrió de lado —¡Que estupidez!— gritó tomando al chico del brazo —¡Entra! — y lo llevó casi a rastras, Jumble comprendió de inmediato y sujetando a su amo de la túnica aparecieron en una de las torres cercanas.

—¡Vamos a aplastarlos como si fueran bichos!— rugió el niño señalando partes sueltas del castillo con su varita y dirigiéndolos hacia la multitud que buscaba la manera de entrar al colegio.

La marejada de invasores no se detenía, muggles y magos lanzaban rocas desde lo alto e incluso después de que un enorme trozo de castillo aplastara al menos a veinte muertos vivientes volvían a elevarlo para aplastar a veinte más.

Una masa putrefacta y pestilente cubría ya gran parte de la entrada, los inferis rezagados caminaban con dificultad en el fango compuesto de tierra, sangre, pus y carne machacada, algunos tropezaban pero intentaban continuar arrastrándose.

—¡Nunca vamos a terminar así!— Armand sudaba por el esfuerzo —¡Ya se! Jumble llévame a la entrada, acompáñame papá— indicó y antes de que Snape pudiera decir nada reaparecieron en la derruida escalinata, los miembros mutilados de los cadáveres se movían en un esfuerzo por seguir adelante aunque no contaban con un cuerpo completo para cumplir su misión.

—Papá cúbreme— siseo el niño y comenzó a andar hacia el ya reducido grupo que avanzaba hacia ellos.

Severus comenzó a lanzar de nuevo enormes trozos de roca sobre los monstruos que comenzaban a seguir a su hijo, no podía detenerlo, si su misión en esta vida era parar a Tom nunca lo haría si siempre lo protegía, su alma pendía de un hilo, su corazón estaba casi detenido, ya había perdido a Mina, no soportaría perder al muchacho.