Capítulo XXXVII
Pacto Terrible
Esa noticia fue como un puñal que se clavaba implacable en mi pecho: "Bolgo" yo sentía a la muerte allí acompañando ese nombre.
Tan sólo de oírlo pronunciar mis entrañas se llenaban de terror.
-Parece que quiere verte- informaba Bofur.
-¡NO!- exclamé enseguida aferrándome al brazo de Thorin, no le di tiempo de pensar en lo que iba a hacer –¡No vayas, Thorin… Puede ser una trampa!-
Su rostro era un retrato de impotencia y agotamiento.
Yo no quería que se alejara de mí, necesitaba cada segundo de su tiempo, pero cada vez él podía darme menos.
Thorin me importaba más que nada, y la presencia de Bolgo allí amenazaba toda mi felicidad. Me hizo darme cuenta de que yo sería capaz de cualquier cosa por él.
Mis ojos se aguaron.
-Tranquila- Thorin reaccionaba ante eso –Yo… no puedo estar contigo todo el tiempo. Yo no puedo cumplirte. Yo soy un rey, Bella, lo siento tanto… -me respondía con pesar. Todo ese tiempo en el trono rodeado de Enanos, distante de mí era por eso, porque no podía dejar que su amor dominara su existencia alejándolo de su deber –Mi vida está atada a la de mi pueblo-
-¡Y a la mía! ¡Tú y yo ahora somos uno!-
Thorin vaciló ante mis significativas palabras y parecía que por un momento iba a mandar todo al diablo… pero luego de un rato se sacudió:
-Debo ir-
Con un abrazo tranquiliza mi alma mientras Bofur daba vueltas inquieto alrededor de nosotros. Sí, allí estaba, otro abrazo.
-Si no haces algo, Dáin tomará el control. Eso es lo que quieren todos- al fin Bofur dijo lo que tenía en la punta de la lengua.
Meditabundo, Thorin da unas vueltas pero enseguida se dirige a mí:
-Pero tú, Belladonna, no irás-
-¡No te dejaré solo!- exclamé horrorizada –Soy la Reina Bajo la Montaña- me interponía sin poder inventar una excusa que explicara el por qué no llevaba mi corona puesta en ese momento.
-Lo eres, pero yo no permitiré que te acerques ni un paso siquiera al peligro que representa ese asesino ¡Nunca más! Eres lo que más quiero…. No te acercarás a él- él me responde con severidad.
-Dime algo, Orco asqueroso…- hablaba Dáin a la noche.
Todos los Enanos se armaron frente a las puertas de Erebor, con Dáin Pies de Hierro al frente alzando la voz. Una enorme hacha reluciente resplandecía con la luz de la luna, y a su lado derecho estaba ArTho, firme como el acero.
-Tú no eres Thorin Escudo de Roble- gruñó el horrible ser con los ojos clavados en él.
-No, pero…-
-Pero estás dando la cara por tu cobarde rey, que ahora se esconde detrás de unas faldas- bramaba Bolgo.
Dís, oculta a sombras del arco, observaba todo acompañada por sus dos hijos, todos callados y expectantes.
Dáin dio un paso al frente sin miedo, pero sus compañeros le sugerían que no lo hiciera.
-¿Dónde está Thorin Escudo de Roble?- Bolgo hizo igual, dio un paso al frente –¿Es Erebor un reino sin rey? THORIN ESCUDO DE ROBLE, YO TE SOLICITO-
-Aquí estoy-
Detrás de Dís, de Fili y Kili, se aparecía el rey, con su corona puesta y su larga capa negra.
–Quiero toda la guardia en las puertas de Erebor- le habló a Bofur –Que no pueda entrar ni un insecto-
-Sí, eso estamos haciendo… pero-
"Pero no era la solución", pensaron todos.
Enseguida Fili y Kili lo flanquean y así salen a la noche, donde la figura enorme y deforme del Orco esperaba.
-¿Qué haces aquí?- habló el rey y los demás Enanos agrupados allí hicieron silencio.
-Provocando, es obvio- gruñó Bofur a Fili en voz baja.
Thorin enseguida toma el lugar de Dáin, apartando a ArTho y a los demás. Se para firme encarando a Bolgo que no estaba muy lejos y que a pesar de la oscuridad relucía bastante su figura.
-Mi amo reclama algo que tú tienes aquí, que crees que es tuyo pero no lo es- gruñó la voz gutural y espantosa.
-Ah- bufó el rey. "El Silmaril, claro" le dijo su mente.
Y muy abajo, adentro de la montaña, en la cámara de Thrór, ahora cuarto de Thorin y Belladonna, estaba la hobbit sosteniendo en sus manos la caja de plata que contenía la Piedra del Arca y sentía una enorme rabia.
La influencia de la joya era demasiado poderosa para una hobbit, se sentía muy mal y veía cosas entre las penumbras de la habitación. Tal vez vería al mismo Elfo alto y terrible que vio Thorin…
Un pensamiento iracundo pobló su mente: Pensaba que haría cualquier cosa por Thorin, y si esa joya que tenían allí ponía en peligro su vida, ella definitivamente haría algo con eso.
-Vamos, Rey Bajo la Montaña, no puedes negarle a mi amo eso- proseguía el Orco ante el silencio de todos los Enanos, mintiendo, engañando. Pretendía pactar, que le dieran el Silmaril sin que supieran que igual iban a matar a los Enanos de Erebor.
-La Piedra del Arca de mi padre, es nuestra- pronunció Thorin con voz amenazante.
-Pero no es exactamente lo más valioso para ti, Thorin Escudo de Roble ¿No es así?-
-¿A qué te refieres, maldito?-
-Que tu corazón y tu alma no están en esa joya, ya no más- mascullaba el Orco con burla –Yo sé dónde está tu corazón ahora, Enano, todo tu ser-
Thorin se quedó en silencio, rodeado de los gruñidos de Dáin, ArTho, los capitanes de las Colinas de Hierro y de sus sobrinos que guardiaban con celo su seguridad.
-Tu alma está ahora en otra cosa. Ella es tu vida, tu amor, tu corazón. La que te lo da todo en este mundo, Enano. Yo lo sé, yo sé quién es-
El rostro de Thorin se encendió, como si un fuego ardiera bajo su piel.
-Ella es, de hecho, la que está en grave peligro- proseguía Bolgo con mucha tranquilidad -¿Cómo te sentirías si gracias a ti Belladonna Bolsón perdiera la vida de una manera horrible? Debe de ser algo que te mataría poco a poco, algo más espantoso que lo que yo podría hacerte-
-¡Nunca le harás daño, Orco, jamás lo permitiré! ¡Lo juro por mi vida y la de todos mis ancestros!- el rey estalló con una furia ancestral, algo capaz de incendiar un reino.
-Entonces dame el Silmaril, el Silmaril que le pertenece a mi amo y al señor de toda la Tierra Media, Morgoth- mentía Bolgo con hipocresía.
-Maldito sea su nombre- exclamaron todos los presentes al oír aquel nombre sobrenatural.
Alarmado, Thorin ordena a sus sobrinos correr con Belladonna y protegerla, notando el rostro de angustia que tenía Kili también.
Un horrible presentimiento les agobiaba ahora, creían que habían sido engañados y que allí afuera casi todos habían dejado sola y sin protección a Belladonna.
Thorin pensó con el corazón casi paralizado que posiblemente Bolgo había introducido Orcos dentro de Erebor mientras que éste hacía salir a todos ellos afuera.
