Notas aclaratorias: En caso de que no lo hayan notado una de las licencias que me tomé (además de toooooodas las obvias XD) fue alterar un poco la edad de los protagonistas, la historia comienza cuando Oscar, Fersen y Maria Antonieta tienen 26 años y André 27. Disminuí considerablemente los años de Oscar en el ejército por lo que al capítulo actual (Noviembre de 1793) las edades redondeadas de los personajes principales son:
Oscar 34 años / André 35 años / Isabelle 4 años / Fersen 34 años (es solo 3 meses mayor que Oscar) / Alain 35 años / Dianne 30 años / Girodelle 32 años / Rosalie 28 años / Bernard 36 años / Françoise 4 años (es 6 meses menor que Isabelle) / General Jarjayes 75 años / Abuela 82 años/
(Conservé edad y personalidad del Animé para Alain, es decir, tiene la misma edad que André. En el Manga es menor)
The Only One (James Blunt)
¿Todas las palabras que nunca dije, dañan tanto como aquellas que hice?
Sabes que ni si quiera me importaba, no antes de ti.
Si pudiera ir y retroceder el tiempo,
Si pudiera solo rebobinar me gustaría hacer sangrar este corazón mío solo para mostrarte que seré el primero en decir lo siento,
El primero en decir que soy estúpido ¿Por qué siempre llego ahí?
¿Es inútil o quizás aún deseas encontrarme en el altar?
Te conté todos mis secretos, todos mis temores, me desprendí.
Eres perfecta, tú eres la única, eres la única ¿No lo sabes?
¿Me desaparecí de tu mente? ¿La distancia ha difuminado los límites?
Dicen que todas las cosas se curan con el tiempo, pero no es verdad.
Me detendré en cada palabra, sé que es mas de lo que yo merezco, es probable que lo empeore.
Pero necesito decirte que lo siento, decirte que soy un estúpido.
La parte mas difícil es no tenerte para abrazarte, ¿No lo sabes? Este corazón mío no puede soportar que te hayas ido.
André Grandier levantó los brazos sobre su cabeza estirándolos al máximo tratando de aliviar el cansancio de su espalda, pues desde su llegada a Arras había, trabajado sin descanso reparando todo lo que estuviera a su alcance. Pese a que la gran casa de campo de la familia Jarjayes estaba en muy buenas condiciones, si se le comparaba con las propiedades de otras familias nobles, los años que había permanecido deshabitada, y sin mantención, habían cobrado su precio. Era necesario dejarla en las mejores condiciones posibles para que soportara las inclemencias del invierno que se avecinaba.
Además del buen estado de la propiedad, otra situación fue la que mas llamó su atención. En el momento en que había abierto la casona que ahora estaba a nombre de su abuela, notó que no fue saqueada, sin entender el porqué, comenzó rápidamente a hacer averiguaciones en la aldea. La razón era que la propiedad había sido defendida, y cuidada, por la familia del señor Sugane, especialmente por Gilbert Sugane. Cuando lo buscó para agradecerle, se encontró con que el chiquillo que recordaba se había convertido en un hombre de diecinueve años de edad, lleno de vitalidad e ideales y completamente devoto al recuerdo de la joven rubia, impetuosa y generosa, que había salvado su vida siendo niño.
En cuanto terminó de ordenar la leña que acababa de cortar, entró al salón principal. Sonrió al ver como Isabelle se esforzaba, hasta conseguir subir sin ayuda, a la banqueta del vistoso piano que estaba ubicado frente a una de las ventanas de la habitación. Oscar tenía razón, su hija amaba la música. Gabrielle la miraba, a una distancia prudente, para cuidarla sin interrumpirla en su afán.
-¡André!
-¡En seguida, Gilbert!- contestó y salió nuevamente al patio. Para acelerar las reparaciones en la casa había contratado al joven como ayudante. Subió con cuidado la escalera y entregó las tejas que el joven necesitaba reemplazar en el techo de la cocina. -¡Asegura lo que ya está hecho y baja!- habló fuerte para que su voz no se perdiera en el viento –¡Pronto oscurecerá y quiero que estés en tu casa antes de eso!
-¡A sus ordenes, jefe!- el joven sonrió.
André descendió por la escalera, cuando aún faltaba un cuarto de los peldaños giró su vista hacia el establo. Vio el corcel de Oscar amarrado en la entrada, bajó de un salto y entró a la casa. La madre de Isabelle estaba arrodillada en el suelo con la niña entre sus brazos. -Amor mío...
En cuanto Oscar escuchó la voz de André, soltó con suavidad a su hija, se puso de pie y corrió a su encuentro. Los fuertes brazos la recibieron como siempre. Apoyó la mejilla en el pecho de él mientras se abrazada con fuerza a su cintura, sonrió al sentir su aroma, el olor de su piel se mezclaba con el aroma a leña, humo y brisa del campo.
André tomó el rostro de la rubia entre sus manos, ásperas y heridas por el trabajo, para besarla con ansias. Ella respondió de la misma forma. En cuanto terminó el beso, Oscar sonrió al sentir como las manos de él raspaban la suave piel de sus mejillas
-Tus manos… - lo miró llena de amor y tomándolas entre las suyas las besó.
-Perdona… ¿Te lastimé?- preguntó con los ojos brillantes.
-No… no…- ella sonrió resplandeciente y se abrazó a su cuello para besarlo nuevamente –Te extrañé- susurró en su oído. -¿Recibiste mis mensajes?... No pude regresar antes.
-Sí, no te preocupes… ¿Cuándo llegaste?
-Acabo de hacerlo...
-¿Viste el piano?- André no podía dejar de sonreír, se sentía como un adolescente enamorado –Podrás volver a tocar.
-Sí- Oscar acarició con cariño la mejilla del apuesto hombre –Todo es perfecto, amor mío- sintió que el tiempo se detenía mientras miraba sus ojos verdes, claros y serenos como siempre.
-¡Pappa! ¡Pappa! ¡Pappa!
Los gritos de Isabelle los interrumpieron. André miró a su hija y vio como la niña se apartaba de una ventana para salir corriendo de la casa con dirección hacia el establo. Se separó lentamente de Oscar, la miró sin poder entender que pasaba.
-¡Isabelle, no salgas, hace frío afuera!- la ex militar trató de detenerla sin éxito, pues la niña ya había salido.
-Oscar… ¿Qué hiciste?- la miró dolido.
-André… - trató de acercarse a él –No alcancé a decírtelo antes de que Isabelle lo viera.
-¿Trajiste a Fersen contigo sin avisarme?- su verde mirada se endureció.
-No es lo que piensas…- Oscar dio un par de pasos hacia él a medida que André retrocedía para alejarse de ella –Axel necesitaba ver a Isabelle… entiéndeme por favor.
-¿Y qué pasa con lo que yo necesito?- sus ojos brillaron con dolor –Apenas he logrado acercarme a ella y haces esto…- movió su cabeza cansado.
-Perdóname…- susurró mientras trataba de tomar una de sus manos.
-No… Ahora no puedo hablar contigo- se alejó de ella.
-André, por favor…- insistió la rubia. Bajó la cabeza apesadumbrada cuando lo vio dar media vuelta y salir de la casa con dirección al bosque. Tomó una capa del perchero del recibidor y salió al patio en busca de su hija. Cuando llegó al establo, encontró a Fersen sentado en el suelo con Isabelle sobre sus piernas, él la había abrigado con su capa. Esperó a una distancia prudente mientras observaba en silencio cómo ambos murmuraban en sueco, estaban completamente ensimismados uno en el otro. Axel no dejaba de acariciar los suaves rizos de la niña mientras le hablaba e Isabelle tocaba con sus pequeñas manos el rostro del que creía su padre mientras sonreía y hablaba sin parar. Después de unos minutos de acercó a ellos.
-¿Entremos a la casa?... Está muy frío aquí- dijo.
-¡Maman! ¡Pappa vino! ¡Mi Pappa vino!- la niña no cabía en sí de felicidad.
-Sí… tu pappa te vino a visitar- Oscar trató de sonreír –Hija…ve a avisarle a Gabrielle que estamos aquí por favor- necesitaba hablar con Axel a solas. La niña asintió y quitándose la enorme capa que la cubría corrió de regreso a la casa.
-¿Ocurrió algo?- Fersen la miró preocupado.
-No alcancé a hablar con André antes de que Isabelle te viera- lo miró con tristeza.
-No tomó bien mi visita.
-Así es…- movió la cabeza en un gesto apesadumbrado.
-No fue mi intención… no quería que me viera antes de que hablaras con él- el sueco la tomó de la mano.
-Lo sé- Oscar trató de sonreír.
-Puedo marcharme ahora.
-No, no te preocupes… hablaré con él… vamos a la casa, necesitamos tomar algo caliente.
-o-
A pesar de que había cortado suficiente leña para calefaccionar la casa durante mas de una semana, André tomó nuevamente el hacha y descargó toda la rabia que sentía en los troncos que estaban apilados bajo el cobertizo.
-Jefe… ¿Pretende calentar la aldea completa?- Gilbert se acercó abrigado y con el morral sobre el hombro.
André no pudo evitar sonreír, el joven le recordaba a Alain. Soltó el hacha y se secó la frente con la manga de su camisa. –Llévate uno de los caballos, en cualquier momento comenzará a llover- miró el cielo mientras apoyaba las manos en sus caderas tratando de recobrar el ritmo de su respiración, estaba exhausto.
Gilbert asintió sonriendo y se alejó con dirección al establo.
Cuando sintió que los brazos ya no podían sostener el hacha, André tomó su chaqueta y comenzó a caminar hacia la casa. Una suave llovizna mojó su cabello y camisa. Al entrar en la sala, encontró a Oscar y Fersen sentados frente a la chimenea mientras Isabelle saltaba frente al sueco y hablando sin parar.
-¡"Andé"!- la niña se detuvo y corrió a su encuentro con su viejo caballo de madera en la mano –¡Mi pappa vino! ¡Él es mi pappa!- apuntó a Fersen, que se había puesto de pie para saludarlo.
-Sí- André sonrió a su hija mientras acariciaba su cabello con ternura –Tu pappa vino- levantó la vista y se acercó a Fersen, con decisión extendió una mano para saludarlo –Gusto en verte.
-Gracias por recibirme en tu casa- contestó el conde estrechando su mano.
-André… Estás mojado- Oscar habló preocupada.
-No es nada… Me daré un baño y estaré listo para que cenemos- la miró tranquilo y añadió –¿Le pediste a Anne que preparara una habitación extra?
-Sí– Oscar sostuvo su mirada.
André asintió y se retiró a su habitación.
-o-
La cena transcurrió en un incómodo silencio, la única conversación en la mesa era el incesante parloteo de Isabelle, quien sentada al lado de Oscar, insistía en hablar acerca de todo lo acontecido en la nueva casa, incluyendo a cada persona que había conocido. La niña estaba realmente jubilosa.
-Isabelle… ya es hora de dormir- Oscar trató de frenar su creciente hiperactividad. Se puso de pie para bajarla de la silla.
-¡No maman!- comenzó a llorar –¡No! ¡No! ¡No! ¡No!
-¡Isabelle, basta!- la tensa situación había provocado que su paciencia no fuera la de siempre.
-Oscar… déjame a mí por favor- Fersen miró enternecido a la niña que se aferraba a la silla llorando. La madre de Isabelle lo miró incómoda, el sueco reaccionó de inmediato –¿André, puedo?- volteó a mirarlo. El aludido guardó silencio y apenas movió la cabeza en señal de asentimiento. Se levantó de la silla para acercarse a la pequeña. -Dotter det är dags att sova(1)- le habló con calma, la niña lo miró y asintió mientras se secaba torpemente las lágrimas con las manos. Alzó los bracitos para que Axel la tomara.
André se levantó de la mesa en cuanto Fersen se alejó con Isabelle. Oscar permaneció sentada con la vista fija en las flores que adornaban el comedor.
Break Me (Jewel)
Voy a encontrarte en algún lugar donde la luz se preste para reposar suavemente,
Voy a dejar que me desvistas, pero te advierto, tengo espinas al igual que las rosas,
Podrías lastimarme con las manos desnudas, podrías lastimarme con la punta de lo que dices,
Pero estoy perdida en ti ahora y no hay razones que puedan salvarme,
Así que me rómpeme, tómame, sólo déjame sentir tus brazos otra vez
Rómpeme, dejaré que lo hagas, sólo déjame sentir tu amor nuevamente
Se siente como estar bajo el agua, ahora que me dejé llevar y perdí todo el control,
Besos de agua llenan mi boca, agua que llena mi alma.
Así que me rómpeme, tómame, sólo déjame sentir tus brazos otra vez
Rómpeme, dejaré que lo hagas, sólo déjame sentir tu amor nuevamente,
Bésame una vez, bueno tal vez dos veces. Oh, nunca me sentí tan bien
Así que me rómpeme, tómame, sólo déjame sentir tus brazos otra vez
Rómpeme, dejaré que lo hagas, sólo déjame sentir tu amor nuevamente.
Oscar golpeó la puerta de la habitación, al no escuchar respuesta insistió. -André, necesito hablar contigo- anunció y giró la manilla sin esperar autorización. En cuanto entró al cuarto lo vio sentado en una silla con un libro en la mano. Estaba leyendo "Nueva Eloisa", no pudo evitar sonreír al verlo -¿Sigues molesto?- preguntó con cautela.
-No, ya no lo estoy- la miró y dejó sobre una mesa el libro. Su gesto era el de un hombre cansado.
Oscar extendió el documento que tenía en la mano. –Sólo falta tu firma- lo miró ansiosa.
André se puso de pie y recibió el escrito, lo observó en silencio. Después de un par de minutos levantó la vista. -No lo firmaré- su mirada estaba húmeda.
-¿A qué te refieres?- preguntó sin poder creer lo que escuchaba.
-Para Isabelle, Fersen es su padre y no le puedo quitar eso… es una estabilidad que ella necesita- André dejó el acta de reconocimiento de paternidad sobre la mesa y se sentó nuevamente. Apoyó cansado los codos en las rodillas mientras fijaba la vista en el suelo.
-No digas eso- Oscar susurró mirándolo fijamente mientras apoyaba la espalda en la puerta –André, por favor no digas eso…
-¿Firmaste el divorcio?- habló sin atreverse a mirarla.
-Sí… mañana buscaré un abogado en la aldea para que dé inicio a todos los trámites legales- contestó ella con seguridad –Me gustaría llevarle también los papeles de cambio de apellido de Isabelle.
-¿Estás segura de querer hacer eso?- André levantó la vista -¿Estás segura de no querer volver con Fersen?... he pensado mucho al respecto, antes de que yo apareciera nuevamente en tu vida, eran una familia feliz y consolidada… No tenía derecho a haber roto todo eso… Perdóname por favor.
Oscar se acercó rápido y arrodillándose frente a él tomó entre sus manos el apuesto rostro. -Te amo… te amo tanto- sus ojos se llenaron de lágrimas –André, quiero casarme contigo, quiero vivir contigo e Isabelle aquí… hacer de esta casa nuestro hogar definitivo.
-¿Estás segura?- susurró él contra su boca.
-Segura como el primer día- contestó sonriendo mientras algunas lágrimas de felicidad escapaban de sus ojos azules.
André llevó sus fuertes manos al delicado cuello de la mujer y la besó con pasión, ella respondió con la misma entrega. -¿Me recibirás?- preguntó apenas despegándose de sus labios.
Oscar tembló al ver los ojos verdes cargados de pasión -Sí…- suspiró mientras sonreía.
Se pusieron de pie y comenzaron a desvestirse sin dejar se besarse. André la besó en el cuello mientras le desabotonaba la blusa con dedos temblorosos. Oscar trató de hacer lo mismo con la camisa de él, al no conseguirlo debido a que sus dedos se movían con torpeza, gruñó frustrada y de un tirón lo obligó a quitársela pasándola sobre su cabeza.
Él sonrió y le acarició el rostro con cariño mientras susurraba –Tranquila… no hay prisa-. Ella asintió sonriendo, sus manos no dejaban de temblar. André soltó la blusa por un momento para tomar las finas manos de la rubia entre las de él y las colocó sobre su pecho desnudo para sintiera como su corazón latía fuerte y rápido.
Oscar fijó su vista en la cicatriz de su pecho y la rozó con sus dedos. –Todas tus cicatrices son por mi…- sus ojos brillaron emocionados, levantó la mano y acarició la cicatriz que cruzaba su parpado izquierdo, ya no era más que una fina línea apenas más clara que su piel –Todas las marcas en tu cuerpo son debido a mí- repitió mirando los hermosos ojos verdes de André. Él no contestó y sólo continuó besándola mientras hacía caer la blusa al suelo, se separó de ella unos momentos para mirarla con atrevimiento mientras soltaba con presteza la faja que usaba sobre su torso. Sonrió con lujuria cuando dejó caer al suelo las finas telas. Después de observarla con detención, tomó con cuidado el delgado brazo izquierdo de Oscar y lo levantó hacia la luz de una vela, entrecerró los párpados al ver la cicatriz dejada por la bala que había atravesado su extremidad cuando comandaba el ataque a la Bastilla.
Ella se estremeció ante el escrutinio de su mirada -¿Te molesta?- preguntó.
-¿Tu arrojo y valentía?- André sonrió y besó con cuidado la cicatriz –Jamás-. La tomó en sus brazos y llevó a la cama. Terminaron de desvestirse con calma. Él acarició y besó el muslo de Oscar justo en el lugar de la cicatriz del segundo balazo recibido el día que se separaron. Ella no dejaba de temblar entre sus brazos. -¿Tienes frío?- preguntó mirándola a los ojos.
-Más bien estoy nerviosa… ¿Y tú?– lo miró anhelante al notar que él también temblaba.
-No, no tengo frío… también estoy nervioso- sonrió y deslizó una mano por las largas piernas de la rubia que no dejaba de estremecerse –Estoy tan nervioso como la primera noche que entraste a mi habitación- sonrió y trazó un camino de besos sobre su estómago mientras la escuchaba respirar entrecortadamente –Pero supongo que es normal… nada asusta más que los sueños convirtiéndose en realidad- susurró contra su piel y con la voz ronca de deseo. Se detuvo en las finas líneas que rodeaban su ombligo, eran apenas perceptibles, levantó la cabeza, apoyó su áspera mano contra el plano vientre de ella y sonrió con los ojos brillantes de amor –Estas marcas son por mí.
Ella asintió sin dejar de suspirar, sentía que su corazón iba a salir de su pecho en cualquier momento debido a lo rápido que latía. Cuando sintió los dedos de André recorrer las suaves huellas que el embarazo había dejado en su piel, no pudo evitar reír producto del hormigueo en su abdomen. Hace meses no ría de forma tan libre y sincera. -Amor mío… ven a mí- susurró.
André ascendió, continuando un camino de suaves besos hasta que llegó a sus senos, clavando la mirada en los ojos de la mujer que amaba, lamió uno de sus pezones. Oscar sintió que sus entrañas se derretían al ver los verdes ojos del padre de su hija llenos de lujuria, pues siempre le había impactado que él pudiera reunir en un mismo ser, la contradicción de su espíritu férreo, capaz y lleno de virilidad, junto con la más amorosa, dulce y paciente de las almas. Después de unos minutos, el hombre de cabello negro se separó de los pequeños pechos, tomó las rodillas de la rubia y las separó en un rápido movimiento para ubicarse en su entrada. Sonrió cuando vio los azules ojos de Oscar centellando de deseo, se inclinó y la besó profundamente mientras se unía a ella, ahogando con su boca cualquier sonido.
Comenzaron a hacer el amor con ardor y calma disfrutando cada roce añorado durante años. Ella se aferró a los fuertes hombros del hombre que tanto amaba para pegar su cuerpo a él, necesitaba sentir su tibia piel contra la de ella, sintió un suave golpeteo en las costillas, no supo si lo que sentía eran los latidos de su corazón o del corazón de André… quizás eran los latidos de ambos que también trataban de acompasarse. Un fuerte gemido escapó de su garganta cuando él comenzó a acelerar el ritmo, su cuerpo convulsionó mientras susurraba su nombre una y otra vez, cuando los temblores cesaron por un momento, abrió los ojos al sentir que André tomaba su rostro con una de sus manos para mirarla a los ojos sin detener sus envites, ambas miradas estaban húmedas y llenas de amor. Oscar abrazó con sus piernas las caderas de él buscando más profundidad en sus acometidas.
–Te amo- susurró en su oído –André te amo tanto-. El padre de su hija la miró con los ojos arrebatados de pasión.
Mientras la besaba hasta dejarla sin aire, la levantó de la cama para dejarla sentada en su regazo. Oscar se estremeció al sentirse completamente colmada de él. Se aferró a sus hombros dejándose llevar por cada profunda estocada. Cuando lo sintió temblar, lo besó mientras sentía que su interior lo abrazaba. El tiempo transcurrido no había cambiado nada, ambos encajaban a la perfección, eran un solo cuerpo. Se besaron hasta casi no poder respirar, dejándose arrastrar en una culminación que los hizo gemir y temblar llenos de felicidad.
Cuando todo terminó, André apoyó con suavidad la cabeza en el delicado hombro de Oscar y permaneció en silencio unos momentos, en cuanto recuperó el ritmo de su respiración se separó de ella. Extrañó su calor de inmediato. –Tu cuerpo me recuerda- murmuró mientras la invitaba a meterse bajo las sábanas.
Ella sintió como su piel se erizaba una vez más, asintió y contestó sonriendo. –El tuyo tampoco me ha olvidado-. Apoyó la cabeza en su amplio pecho y comenzó a quedarse dormida mientras él la abrazaba con fuerza.
A pesar de estar cansados, les fue imposible conciliar el sueño de manera profunda, pues la ansiedad de estar juntos después de tanto tiempo los hacía estar completamente conscientes de la presencia del otro. Se movían entre sueños, siempre buscándose y procurando rozarse. En algún momento de la noche, Oscar abrió los ojos, aún estaba oscuro. Notó que el fuego de la chimenea de la habitación estaba a punto de extinguirse pero no sintió frío, giró la cabeza y vio a André dormido a su lado de espaldas a ella, se acomodó sobre un brazo y en la penumbra lo observó detenidamente. Había recuperado un poco del peso perdido en la cárcel y, ademas, debido al arduo trabajo en la casa, cada músculo de su cuerpo se marcaba suavemente. Deslizó los dedos sobre las cicatrices que había dejado el látigo que lo había castigado y percibió como la piel de él reaccionaba a su tacto. Se acercó y besó con delicadeza algunas marcas. André giró sonriendo, no era necesario hablar, entre ellos prácticamente nunca lo era. Se entendían a la perfección.
Oscar deslizó su mano lentamente por el abdomen liso y esculpido del padre de su hija. Se acercó a él y lo besó hambrienta de deseo, mordiéndolo, sintiendose libre y feliz. Lo empujó con audacia y acercándose con decisión, tomó de él a manos llenas, todo lo que quería y necesitaba hasta quedar una vez más delirante de placer. Sólo después de eso pudo dormir profundamente.
André despertó temprano, estaba solo en la habitación. Desayunó rápido en la cocina antes de reunirse con Gilbert, pues era imperioso avanzar en las reparaciones de la casa mientras no lloviera. A media mañana bajó del techo para refrescarse. Vio a Fersen apoyado en el balaustre de la galería que daba al patio trasero de la casa. Se ubicó junto a él.
-Tiene una energía impresionante- murmuró mientras miraba a su hija. La niña corría emocionada al lado de las vallas del corral donde pastaban los caballos.
-¿Oscar o Isabelle?- contestó el sueco sonriendo.
-Ambas- André rió relajado.
-No he venido a interponerme entre tú y Oscar- Fersen habló en voz baja pero con seriedad.
-Lo sé- contestó André de la misma forma –Ambos la conocemos, no importa lo que hagamos… ella siempre hará lo que quiera, nadie puede influenciarla.
-Así es…
Continuaron en silencio durante unos minutos. A lo lejos vieron que Isabelle corría contenta a los brazos de su madre, Oscar la levantó del suelo sin esfuerzo. De pronto, la niña levantó la mano saludándolos a ambos. Los dos contestaron el saludo.
-Aún no he firmado el reconocimiento de Isabelle- André habló bajo, no quería que nadie mas que Fersen lo escuchara.
-¿Por qué no lo has hecho?- los ojos grises del sueco lo miraron llenos de preguntas.
-Antes quería hablar contigo…- giró a mirarlo, ambos estaban tranquilos –No puedo provocarle a Isabelle el dolor de perderte… no soy ciego, ella te adora y a sus ojos siempre serás su padre.
-Y para mi es mi hija aunque no tenga mi sangre- Fersen volvió a apoyarse en el balaustre, inclinando su alto cuerpo.
-Lo sé… sé que la amas tanto como yo… y que la cuidarás de la misma forma- André respiró profundo –Jamás podré igualar lo que significas para ella, te conoce desde su primer día de vida, eres todo para ella... eres todo su pasado- sus ojos se humedecieron a causa del dolor que le significaba decir eso. Respiró profundo una vez más y miró de soslayo al hombre que permanecía al lado de él.
-Y tú eres su presente- Fersen enlazó sus cuidadas manos sin perder de vista a la niña que corría con energía, continuó –Pero si estás de acuerdo, ambos podríamos ser su futuro- dijo esperanzado –André, jamás pretenderé alejar a Isabelle de ti.
-Lo sé- lo miró directo –Confío en ti y te estaré eternamente agradecido por haberlas cuidado cuando te lo pedí.
-¿Aunque hayamos formado una familia en tu ausencia?- la mirada de Fersen se endureció.
-Sé que eso fue mi responsabilidad- André reaccionó de la misma forma y lo miró con dureza –No es necesario que me lo reproches nuevamente, yo mismo lo hago a diario.
Ambos hombres permanecieron en silencio durante unos minutos tratando de calmarse.
-Si reconozco a Isabelle... ¿No te alejarás de ella?- habló el francés después de un rato.
-Jamás- contestó Axel sin titubear.
-Ella podría pasar algún tiempo contigo en tu casa a medida que crezca y sea capaz de entender esta particular situación.
-Ella lo entenderá, su corazón es tan grande que tendrá amor para ambos- Fersen lo miró agradecido.
-Pero no soy su "pappa"- André sonrió con melancolía –Supongo que ese será mi eterno castigo- dejó caer la cabeza derrotado, el viento de otoño movió su negro cabello.
-Dale tiempo… es igual a su madre- Fersen no pudo evitar reír –Ambas siempre necesitan tiempo.
-Es verdad- André rió junto con él.
-Debes darle tu apellido… Es importante para Oscar... Para mí, no significará ninguna diferencia en lo que siento- el cabello castaño del sueco se despeinó con el viento.
André asintió en silencio y agregó. -No quiero que me pidas permiso cada vez que quieras hacer algo referente a Isabelle… confío en tu criterio, lo hiciste muy bien en mi ausencia- sus labios se curvaron en una sonrisa un tanto divertida.
-Puedes estar tranquilo…- Fersen lo miró entendiendo lo que quería decirle –Pero trata de cuidarte… si te caes del techo o te ocurre algún accidente con un hacha, tendré que volver a hacerme cargo y esta vez no las dejaré partir…- rió con confianza al ver la divertida mirada de André.
-Tendré cuidado…- el francés se alejó unos centímetros –Supongo que no quieres ayudarme con el trabajo de la casa- miró divertido la elegante chaqueta del conde.
-Supones bien… eso no es lo mío- Fersen encogió los hombros –Aunque me gustaría practicar un poco de esgrima en la tarde- sonrió confiado.
-Me parece excelente idea… Te avisaré si tengo tiempo de sobra como para perderlo jugando- André sonrió y se alejó de él.
-¡André!- el hombre de cabello negro detuvo su caminar y volteó a mirarlo. Fersen sonrió antes de continuar –¿Debemos preocuparnos por Girodelle?
-Ya está casado… es imposible que se convierta en nuestro yerno- rió de buena gana antes de alejarse con dirección al cobertizo.
-o-
Oscar vio a lo lejos como los dos hombres que ocupaban su corazón hablaban de forma tranquila, casi amistosa. Entrecerró los ojos para tratar de ver mejor, pudo constatar que no parecían alterados ni molestos. Isabelle la distrajo con sus risas. Cuando volteó a mirarlos nuevamente, André se había alejado y Fersen continuaba en el mismo lugar. Tomó a su hija de la mano.
-¿Vamos donde tu pappa?
La niña asintió. -Maman… ¿Pappa va a "vivid" con "nosotas" y con "Andé"?- la niña miró a su madre con sus enormes ojos azules mientras caminaban.
-No… Él vivirá en su casa- su corazón se contrajo al ver como el mentón de su hija temblaba ante su respuesta –Pero nos visitará seguido y cuando crezcas un poco más podrás ir a verlo, podrás quedarte un tiempo con él y con tía Sofía.
-¿"Po' qué" no podemos "vivid" todos juntos?- insistió Isabelle con los ojos llorosos.
La ex militar se detuvo y se inclinó para quedar a la altura de su hija –¿Recuerdas cuando Axel y yo vivíamos juntos en la otra casa?- la pequeña asintió –En esa época estábamos casados con tu pappa, cuando vinimos a Francia dejamos de estarlo- la niña continuó mirándola atentamente tratando de entender, Oscar siguió hablando nerviosa, pues no conseguía encontrar las palabras adecuadas -Ahora André y yo nos casaremos... y viviremos junto a ti en esta casa… por eso no podemos vivir con Axel nuevamente.
-¡Yo "quedo" "vivid" con mi pappa también!- Isabelle soltó su mano y se alejó corriendo en dirección a Fersen. Oscar se quedó de pie mientras veía como la niña se abrazaba a las piernas de quien consideraba su padre.
Con el transcurso de los días, Isabelle dejó de exigir estar en constante compañía del sueco y la rutina de la particular familia fue acomodándose a las necesidades de cada integrante, sin que ninguno de ellos se viera particularmente afectado por la presencia del otro. La niña retomó las clases de dicción que su madre le impartía y además comenzó a dar paseos a caballo con André, y Fersen, de forma alternada. Oscar, comenzó a estudiar junto a su futuro marido las posibilidades de un nuevo negocio en conjunto, en cuanto a su relación de pareja, ambos decidieron no compartir habitación mientras el conde sueco permaneciera en la casa. Por su parte, el visitante extranjero, se refugió por completo en la alegría que Isabelle le brindaba, de esa forma pudo continuar lidiando con la perenne tristeza que lo abrumaba a causa de la ejecución de María Antonieta.
Durante una de las lluviosas tardes, que impedían salir de la casa a pasear con Isabelle, Oscar decidió entretener a su hija y a Fersen, con un pequeño concierto de piano. Mientras ejecutaba la tercera pieza musical, levantó la mirada del teclado y la fijó en su particular audiencia, padre e hija estaban sentados frente a la chimenea. Axel sostenía a Isabelle en su regazo y ambos hablaban en sueco, prácticamente murmurando. No le hizo falta acercarse para notar que la conversación era muy importante, pues el ceño fruncido de su hija así se lo indicaba, el ruido de la puerta al abrirse la alejó de su análisis. André entró apresurado con una carta en la mano. Oscar dejó el piano y se puso de pie -¿Qué ocurre?- preguntó acercándose a él.
-Alain me escribió…- la tomó con delicadeza de un brazo y la condujo cerca de una ventana para para evitar que Isabelle escuchara –El duque de Orleans fue acusado de traición, lo decapitaron hace unos días.
-No puede ser…
-Estás a salvo- susurró André con los ojos brillantes –Mi amor… estás a salvo- repitió abrazándola contento.
-Tú también…- Oscar susurró en su oído –Tú y Alain también lo están- se separaron rápidamente. Después de la noche que habían pasado juntos, no solo no querían compartir habitación, también decidieron conservar una distancia prudente en presencia de Fersen, pues ninguno de los dos quería incomodarlo.
André miraba emocionado como Oscar continuaba sonriendo ante la noticia que le había entregado, cuando sintió las pequeñas manos de Isabelle tirando de su chaleco. Desvió rápidamente la mirada hacia a su hija.
-"Andé"… ¿"Edes" mi Papa(2)?- el semblante de la niña era serio y severo. Esa expresión la había heredado íntegramente de su madre y abuelo.
Oscar se alejó de ellos y se acercó a Fersen.
-Mi pappa dice que tú también "edes" mi papa- insistió Isabelle. Sus enormes ojos azules brillaban desconfiados.
-Sí…- contestó y se inclinó para quedar a su altura –Yo soy tu papa o Père(3)… pero si tú prefieres, puedes seguir llamándome André- trató de controlar el temblor de su voz.
-Papa es más fácil que "Andé" o "Pède"- contestó la niña con simpleza.
Oscar tomó la mano de Fersen y la apretó emocionada mientras él la acariciaba con el pulgar tratando de tranquilizarla. –Gracias- susurró. Él asintió y la besó rápidamente en la mejilla antes de que André o Isabelle voltearan a mirarlos.
-Entonces... tengo un Pappa y un Papa… uno en cada una de mis casas- la niña insistió con su particular análisis.
-Sí- contestó André sin dejar de sonreír –Tienes dos padres, uno en cada una de tus casas.
-Y sólo una maman- Isabelle miró a Oscar, que ya había soltado la mano de Fersen –Y mi maman se va a "casad" contigo.
-Sí… tu madre se casará conmigo- André se sentía un estúpido al no poder dejar de sonreír frente a la seriedad que mostraba su hija.
–Y mi maman también "quede" a mi pappa…- insistió la niña.
-Isabelle- la interrumpió Fersen –Eso no es lo que hablamos- miró incomodo a Oscar y luego a André.
-Yo sé, pappa- contestó con tranquilidad la niña –Pero maman te "quede" a ti y a papa… igual que yo, las dos los "quedemos" a los dos- contestó con simpleza.
-Isabelle… será mejor que eso no se lo digas a nadie más que no seamos nosotros… podrían no entenderte- André trató de disimular las ganas de reír, se sentía jubiloso.
La niña asintió con solemnidad y se alejó de él para volver a sentarse junto a Fersen. Oscar se sentó junto a ella y acarició su cabello. André se puso de pie y caminó hacia la puerta del salón.
-Papa- lo interrumpió Isabelle, André se detuvo –Si tú "quedes" me puedes "decid" hija como lo hace mi Pappa- sin esperar una respuesta la niña tomó un caballo de madera que estaba sobre el sofá, se puso de pie y se alejó para jugar frente a una de las ventanas.
Oscar miró a André, él asintió emocionado y salió de la habitación.
-¿Cómo lo lograste?- preguntó en un susurro mientras tomaba las grandes y suaves manos de Fersen entre las suyas.
-Isabelle tiene un sentido común superior al nuestro- el sueco sonrió resplandeciente –Sólo le expliqué la situación lo mejor que pude.
-Siempre se ha comunicado mejor contigo que conmigo- los ojos de Oscar brillaban –No sé cómo agradecerte.
Fersen se acercó lentamente y la abrazó cuidando de que Isabelle no los viera –Te amo… las amo a las dos- susurró contra su cabello.
-No te merezco...- Oscar se apoyó en su amplio pecho y dejó que la abrazara como tantas veces lo había hecho. Se separaron después de unos segundos para evitar que Isabelle se confundiera.
-Creo que ya debo irme- los ojos de Fersen se apagaron.
-Axel, no hay prisa… puedes quedarte el tiempo que necesites- ella acarició con cariño la mejilla del sueco.
-Llevo más de tres semanas aquí…- trató de sonreír –Tarde o temprano tendré que retomar mi vida habitual.
-Siempre estaremos para ti... ¿Lo sabes?- Oscar besó una de sus grandes manos.
-Lo sé… pero no quiero abusar de la confianza de André ni tentar mi suerte, cuando regrese lo haré por mas tiempo, además…- se acercó rápidamente a ella y susurró en su oído –Aún me cuesta permanecer cerca de ti sin tocarte- ella asintió en silencio y se alejó lentamente de él con las mejillas sonrojadas.
-¿Cuándo regresarás?- lo miró ansiosa.
-En unos meses, si ustedes me lo permiten- miró a Isabelle, la niña seguía jugando sin prestarles atención –Mis dos hijos aún viven en Francia- habló con tristeza.
-Te prometo que buscaremos una solución… no descansaré hasta que él esté a tu lado- lo miró emocionada.
-No te preocupes ni te arriesgues por eso… lo solucionaré, ya la perdí a ella… no puedo perderte a ti también, no podría resistirlo- sus ojos se llenaron de lágrimas al recordar a su adorada Maria Antonieta.
Oscar secó rápidamente con los dedos las lágrimas que habían escapado de sus hermosos ojos y asintió con pesar. -¿Le explicaste a Isabelle su cambio de apellido?- cambió el tema de conversación.
-No… eso se lo dejo a André- el sueco sonrió divertido –No pretendan que haga todo el trabajo.
Oscar rió mientras asentía.
-o-o-o-
-¡Papa!
Los gritos de Isabelle hicieron que André dejara de lado la valla que estaba reparando. Volteó sonriendo a mirar a su hija. Abrió los ojos sorprendido cuando vio lo que la niña sostenía entre sus brazos. -¿Y eso?- preguntó sin despegar la vista del cachorro blanco con manchas color canela que Isabelle afirmaba con torpeza contra su pecho.
-Pappa me lo "degaló"- contestó sonriendo –Debemos "nombadlo" y "cuidadlo" hasta que él "deguese"- afirmó el cachorro con las manos y lo extendió tratando de acercarlo a él –Pappa dice que tú me "ayudadás" a "cuidadlo".
André miro a Fersen, el elegante conde estaba de pie detrás de la niña.
-Me dijiste que no era necesario que te preguntara cuando quisiera hacer algo- se justificó Axel mientras encogía los hombros y sonreía.
-¿De dónde lo sacaste?- André miró como Isabelle se alejaba corriendo mientras el cachorro la seguía.
-Fui a la aldea por algunas cosas… lo compré ahí- contestó el sueco sin dejar de reír.
-¿Ya lo sabe Oscar?- preguntó el francés rascándose la cabeza.
-No… esperaba que tú le dijeras- Fersen miró a la niña que no dejaba de darle instrucciones a su recién adquirida mascota –Te ayudé con Isabelle, ahora te corresponde a ti ayudarme con la comandante- sonrió.
André movió la cabeza divertido y sin contestar se concentró en terminar lo que estaba haciendo antes de que anocheciera.
-o-o-
Hans Axel Von Fersen estaba acomodando sobre la grupa de su caballo el equipaje. El día era propicio para viajar ya que pese al frío, el cielo estaba completamente despejado.
-¿Supongo que no pensarás marcharte sin hacer un poco de ejercicio?- André habló mientras le aventaba un florete. Fersen lo recibió en el aire.
–Ya has descansado lo suficiente, además, no puedes volver al ejército sin haber practicado un poco- agregó Oscar sonriendo junto a André, ambos sostenían la misma arma en sus manos.
-¿Piensan atacarme en conjunto?- Fersen sonrió divertido mientras clavaba el arma en el suelo para quitarse la chaqueta.
-¿Acaso no recuerdas cómo practicábamos los tres?- Oscar sonrió resplandeciente mientras cortaba en aire con su arma, desentumeciendo sus músculos.
-Claro que lo recuerdo- el sueco la miró con los ojos brillantes, en ese momento una certeza llenó su mente, jamás dejaría de querer a esa mujer tan única y diferente a todas las demás.
Oscar, André y Fersen practicaron durante largos minutos, riendo cada vez que la rubia lograba despojarlos de sus armas. Los tres sintieron que el tiempo retrocedía, permitiéndoles, al menos por unos minutos, volver a ser los jóvenes intrépidos que se divertían sin mayores responsabilidades que cumplir cada uno con sus funciones personales. Cuando terminaron, Fersen estaba exultante, sin pensarlo abrazó con cariño a Oscar, pues sabía que había sido idea suya el despedirlo así para evitar que se marchara triste. Al darse cuenta de su impulsivo gesto miró nervioso a André.
El hombre de cabello negro sonrió y palmeó con afecto su espalda tranquilizándolo. -Oscar te acompañará a la frontera- habló –Nos vemos en unos meses- estrechó su mano para despedirse. Tomó los floretes y apoyándolos en su hombro caminó con dirección a la casa.
Isabelle salió de la casa abrigada y acompañada por Gabrielle. Estiró los brazos para que Fersen la tomara en los suyos. -¿Pappa ska du? (4)
-Sí, tesoro de mi vida- el sueco besó la frente de la niña mientras la apretaba contra su pecho.
-¿No "habamos" en Sueco?- preguntó sonriendo.
-No hija, ahora vuelves a hablar sólo Francés- tocó con cariño la punta de su pequeña nariz.
-¿Cuándo vuelves Pappa?
-En unos meses- la miró sonriendo –Te avisaré por carta antes de venir.
-Yo también te "esquibidé" Pappa mio- se abrazó a su cuello y lo besó delicadamente en la mejilla –Te "esquibidé" todos los días- lo miró con devoción.
-Recuerda lo que hablamos, debes ser buena niña y obedecer en todo a tu madre y a André- insistió Fersen.
-Sí Pappa, te "espedademos" con Jacques.
Al escuchar el nombre del cachorro, Oscar no pudo evitar sonreír, supo de inmediato que había sido idea de André ese particular apelativo. Se alejó en silencio y caminó hasta el establo. El padre de su hija ya había preparado su caballo y estaba ajustando una espada en la montura. Se acercó a él y lo abrazó desde atrás, apoyando la mejilla contra su espalda. -Regresaré lo antes posible- susurró contra su chaqueta.
-Lo sé- André giró lentamente y la besó en los labios mientras le colocaba hábilmente un arma en el cinturón sin que ella alcanzara a reaccionar. Oscar sonrió, se colocó la capa y subió a su caballo. Tomó una de sus manos y la besó. -¿Te cuidarás?- le entregó las riendas del corcel en cuanto ella terminó de colocarse los guantes.
-Lo haré- lo miró llena de amor y espoleó su montura. A la salida del establo se encontró con el joven Sugane, prácticamente no lo había visto desde que había llegado a Arras, el muchacho tenia una habilidad envidiable para ocultarse. -Gilbert- lo saludó con un gesto de cabeza.
-Buenas tardes, Lady Oscar- el muchacho se quitó la gorra que usaba y la retorció nervioso entre sus manos.
-Quería agradecerte el haber cuidado nuestra casa durante tiempos tan difíciles- la mujer sonrió con dulzura.
-No es nada, Lady Oscar- Gilbert bajó la mirada nervioso –Se lo debía.
-No es cierto… nunca me has debido algo- la rubia espoleó su caballo y fue por Fersen.
El muchacho se quedó de pie y mirando el suelo. Un palmoteo en su espalda lo asustó. Cuando levantó la vista vio a André sonriendo
–No fue tan terrible… Ya podrás dejar de esconderte y trabajar como se debe- el dueño de casa se alejó riendo. El jovenzuelo sólo sonrió.
-o-o-
Axel y Oscar desmontaron en el paso fronterizo. Era de madrugada. La ex militar se puso de pie frente al sueco y habló mirándolo a los ojos. -Prométeme que cualquier cosa que decidas hacer en referencia a Luis Charles, la conversarás antes conmigo.
-Oscar…- tomó sus manos entre las de él –Eso es algo en lo que no te quiero involucrar.
-No cargues solo con esto- la rubia frunció el ceño al hablar –Sé que ni siquiera hablas con Sofía al respecto.
Fersen la miró emocionado y la abrazó mientras susurraba en su oído –Quizás en otra vida podrás volver a ser mi esposa…- acarició con una mano su rubio cabello mientras la afirmaba contra su pecho –Quizás en otra vida podremos envejecer juntos… y te juro que no te fallaría en nada...
Oscar se abrazó con fuerza a la cintura de su ex esposo mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, fue incapaz de contestar. Después de unos minutos se separaron lentamente. -¿Me escribirás?- miró con cariño el apuesto rostro de su ex marido y le acarició una mejilla.
-Siempre- Fersen sonrió con los ojos brillantes –Gracias por todo- se inclinó y la besó en la frente.
-Cuídate…- Oscar trató de sonreír al ver como él se alejaba –¡Axel…!- él se detuvo –Te estaremos esperando…- levantó una mano haciendo un gesto de despedida.
Él asintió y continuó caminando. Oscar lo siguió con la mirada hasta que lo vio cruzar la frontera. Después de eso cabalgó lo que más pudo antes de que la lluvia le impidiera avanzar. Se detuvo en una posada para descansar y esperar que escampara. Comió y pidió le prepararan un baño, logrando dormir profundamente y sin pesadillas. En cuanto el clima se lo permitió, continuó su viaje.
Apenas llegó a la finca, entró en silencio a la casa para no despertar a nadie, era de madrugada. Se quitó las botas en el recibidor y caminó descalza hasta la habitación de Isabelle. Besó la frente de su hija, que dormía profundamente, y sonrió al ver el cachorro durmiendo enrollado a los pies de la cama. Salió y fue a la habitación de André.
El hombre de ojos verdes despertó al sentir un cuerpo frío junto a él, abrió los ojos mientras sonreía. -Bienvenida- susurró en su oído mientras recorría su espalda desnuda.
-Te extrañé- un suspiro quebró la voz de Oscar cuando sintió los labios de André deslizarse por su cuello mientras sus manos apretaban sus caderas contra las de él.
-Y yo a ti…- él se quitó rápidamente el camisón, la abrazó y hundió su nariz en cabello. Nunca se cansaría de su aroma.
-Espera…- Oscar lo alejó empujándolo con suavidad –¿Es por Rousseau?
-Sí- André rió mientras la miraba –Es por Jean Jacques Rousseau- la besó con ardor.
-Espera- insistió ella.
-¿Ahora qué?- la miró divertido.
-Casémonos mañana…- sus ojos azules brillaban –Vamos a la iglesia de la aldea mañana… sólo nosotros e Isabelle.
-Necesitamos testigos…
-Anne y Gabrielle pueden serlo- contestó Oscar rápidamente.
-¿Estás segura?- delineó con uno de los dedos su hermoso rostro –¿No quieres una celebración, un vestido o flores?
-Sabes que no necesito nada de eso- sonrió –Contigo tengo todo lo necesario.
-Debiéramos esperar hasta mañana entonces- la miró divertido y se alejó de ella –Dormir juntos fuera del matrimonio, es un pecado.
-André Grandier, no te atrevas…- lo amenazó sonriendo antes de besarlo nuevamente.
Time of our lives (James Blunt)
No cierres los ojos querida, no estés este maldito lugar bajo un hechizo,
veo a tus amigos aquí, y algunos de ellos están celosos,
porque saben que este amor no está disponible para la venta.
Vi a tu madre, ella se ve tan hermosa,
¿Recuerdas cuando ella no creía que yo me quedaría?
Pero todas aquellas madrugadas, aquellas cenas humildes nos llevaron a donde estamos hoy.
Estoy sintiendo cómo el tiempo va con lentitud,
veo rostros de ellos brilla con tanto fulgor como tú esta oyendo voces callarse,
no hay nadie más que nosotros, hay tanto amor bajo estas luces.
Si estás de acuerdo, pasemos el mejor momento de nuestras vidas.
Vi a tu padre,
él no me habló hasta que supo que yo estaba aquí para todas esas raras y cortas conversaciones nos llevaron a donde estamos hoy.
Estoy sintiendo cómo el tiempo va con lentitud,
veo rostros de ellos brilla con tanto fulgor como tú esta oyendo voces callarse,
no hay nadie más que nosotros,
hay tanto amor bajo estas estás de acuerdo pasemos el mejor momento de nuestras vidas.
El mejor momento de nuestras vidas. El mejor momento de nuestras vidas.
El sacerdote miró incrédulo a la particular pareja que estaba frente a él, ambos estaban vestidos con ropajes elegantes y masculinos. Revisó una vez mas los documentos de identificación. Efectivamente eran un hombre y una mujer. Admiró la particular belleza y elegancia de la fémina y examinó su partida de nacimiento, a diferencia del hombre que la acompañaba, ella era de origen noble. Años atrás se habría tenido que negar a oficiar el enlace. Haciéndose a la idea de los nuevos tiempos, terminó de bendecir la unión y extendió el acta de matrimonio para que ambos la firmaran.
Gabrielle sonrió con Isabelle en sus brazos, era la segunda vez que presenciaba la boda de su protectora. Rezó en silencio para que por fin ella pudiera encontrar la paz y felicidad que tanto merecía.
André tomó entre sus manos las temblorosas manos de su esposa. Marido y mujer se miraron a los ojos sin poder dejar de sonreír mientras discretas lágrimas escapaban de los ojos de ambos. Soltó sus manos y secó con cariño las mejillas de la mujer que adoraba antes de inclinarse y besarla suavemente en los labios.
Oscar sonrió al ver como su marido recibía el acta de matrimonio y la guardaba en el interior de su chaqueta, levantó la vista y vio con los ojos nublados de emoción a su hija en brazos de su cariñosa Nana, junto a ella estaba Anne, ambas mujeres lucían sus mejores vestidos. Sonrió al ver que su doncella secaba con disimulo algunas lágrimas de emoción. Miró nuevamente a su marido y sonrió dichosa. Su familia por fin estaba completa.
-o-
Mientras André acercaba la berlina a la puerta de la iglesia, Oscar tomó a Isabelle en sus brazos para protegerla de la lluvia. Se acomodó en el interior del pequeño carruaje junto a Gabrielle y Anne mientras su marido conducía. En cuanto llegaron a la finca, André observó las verjas de la propiedad, estaban completamente abiertas y él recordaba perfectamente haber dejado todo cerrado. Pensó que Gilbert quizás podría haberlas dejado así al llegar.
-¡Maman "mida"!- la niña apuntó afuera de la ventana del carro.
Oscar se asomó y vio un carruaje aparcado en la entrada de la casa. -Gabrielle quédate con ella- le entregó a su hija –No bajen hasta que yo les diga que es seguro salir- miró preocupada a Anne. La ex militar salió del carruaje y André tomó su mano. Juntos corrieron hasta el cobertizo para refugiarse de la persistente lluvia. La rubia sintió que sus rodillas se doblaban al ver al hombre que los esperaba junto a Gilbert, ambos estaban sentados en una de las bancas de la terraza. Su corazón comenzó a latir rápido y un mal presentimiento se apoderó de ella. -Girodelle… ¿Qué haces aquí?- preguntó ansiosa.
Antes de que él pudiera contestar, André apretó la mano que aún sostenía entre la suya. Oscar miró nerviosa en dirección a donde su esposo miraba. En la parte trasera del carruaje del ex comandante de la Guardia Imperial había un cuerpo envuelto.
1) Dotter det är dags att sova/ Hija, es hora de dormir.
2) Papa / Padre en francés en su forma informal (Papá). Habitualmente usado por niños.
3) Père/ Padre (en francés formal)
4) ¿Pappa ska du?/ ¿Papá te vas?
Agradecimientos especiales a Eödriel, gracias por el "pimponeo" de ideas, bromas y trabajo en conjunto.
GRACIAS A CADA UNA POR LOS REVIEWS! No dejen de escribir por favor, es una alegrÍa tremenda la que siento cada vez que me llega el aviso de Review, es como una alerta de premio!
Una vez mas... GRACIAS POR LEER
