N.d. T: Aquí tenéis un nuevo capítulo. Muchísimas gracias a Avengirl, NatLB, Elphyra, To555, LadyRockerCat, satorichiva, LunatiqueBlue y AnnLupinBlack. Os lo agradezco mucho. :)


36. Are you just using me?


Sirius se tumbó en su cama con una enorme sonrisa en su rostro.

—Te ves muy satisfecho contigo mismo —comentó Romulus mientras flotaba por la pared.

Sirius se sentó y rebotó alegremente al extremo de la cama.

—Lo estoy —declaró.

—¿Por alguna razón en particular?

—Debido a Remus —explicó Sirius con un ensoñador suspiro.

Romulus soltó un bufido de risa y sacudió la cabeza.

—¿Qué hizo ahora mi hermanito? —preguntó con recelo.

Sirius no respondió; simplemente llevó sus dedos a los labios y tentativamente los rozó. Su sonrisa se estaba convirtiendo en una nostálgica al revivir el recuerdo de los labios de Remus presionados contra los suyos.

—¿Y bien? —le incitó Romulus.

Sirius le dio a Romulus una tímida sonrisa.

—Dijo que me daría una oportunidad —explicó—. Y nos besamos. Un beso como es debido, y me devolvió el beso.

—¿Lo hizo?

Sirius asintió.

—Fue genial.

—Entonces, ¿dónde está?

—Bajó a hablar con Charlie. Se suponía que iban a ir a una cita esta tarde.

—Oh.

—Van a romper suavemente —le aseguró Sirius—. Remus no sería malo con ella ni nada.

—Estoy seguro de que no lo será —estuvo de acuerdo Romulus—. Aunque podría tener poco tacto, si tuviera la oportunidad.

—Ella estará bien. No es como si hubieran ido a una cita formal ni nada.

—Creo que voy a bajar y ver dónde está —dijo Romulus—. ¿Vas a esperar aquí?

Sirius asintió.

—Tengo un ensayo que escribir. Creo que lo haré ahora, así tendré la tarde libre para estar con Remus.

Romulus rio entre dientes ante la lógica, y desapareció por la puerta. Sirius sacó su libro de texto y el pergamino, pero concentrarse en la redacción era más fácil decirlo que hacerlo, especialmente cuando aún podía sentir la presión de los labios de Remus contra los suyos. Una cosa era segura: salir con Remus haría que sus notas bajasen, a menos que fuera capaz de mantenerse al día.


Remus y Charlene llegaron a la escuela antes del toque de queda, y ligeramente mojados por la lluvia.

—¿Ese es tu hermano? —le susurró Charlene a Remus mientras se abrían paso por las escaleras de regreso hacia la torre de Gryffindor.

Remus se volvió hacia donde ella señalaba y vio que lo era.

—Sí, lo es. ¿Quieres conocerlo? Ya sabes, correctamente.

Charlene asintió con la cabeza.

—Claro.

Remus y Charlene cambiaron de dirección para encontrarse con Romulus, y Remus procedió a presentarles correctamente.

—Encantado de conocerte —dijo Charlene, tendiéndole la mano con torpeza antes de recordar a quien se dirigía. Romulus agitó la mano fácilmente.

—Igualmente —respondió—. No me presentan a personas muy a menudo en estos días. Creo que viene de mi fracaso hacia Remus por el que aprenda algunos modales.

—¡Hey! —exclamó Remus con una mueca de fastidio—. Le estás dando a mi novia una mala impresión.

—¿Lo estoy haciendo? —bromeó Romulus, pero Remus podía detectar un indicio de algo más en su voz. Algo más serio, y advirtiéndole de que estaba en problemas por algo. Afortunadamente, la advertencia era demasiado sutil para alguien que no conociera a Romulus así como lo hacía Remus, y Charlene era, por tanto, ajena al tono subyacente en sus palabras.

—Nos dirigíamos a la sala común —explicó Charlene—. ¿Quieres venir con nosotros?

Romulus asintió.

—En un minuto, sin embargo, tengo que hablar a solas con mi hermano, si no te importa.

Remus protestó al mismo tiempo que Charlene declaró que no tenía ningún problema. Romulus ignoró puntualmente a Remus y dijo a Charlene que se uniría a ella en breve.

—Eso fue muy grosero —siseó Remus al momento en que Charlene estuvo fuera del alcance del oído.

—No, no lo fue —respondió Romulus—. Vamos, aquí —Señaló hacia una de las aulas vacías, y esperó a que Remus entrara en la habitación.

—Así que, ¿qué es tan importante que no puedes hablarlo frente a Charlie?

—Me di cuenta de que la llamaste novia —comentó Romulus.

—Bueno, lo es. Acabamos de regresar de Hogsmeade. Sabías que íbamos a salir, así que, ¿por qué suenas tan sorprendido?

—¿Sirius lo sabe? —preguntó Romulus en su lugar.

—Él sabía que me encontraría con ella.

—¿Se cree que has pasado la tarde en una cita? —preguntó Romulus, y cortó inmediatamente a Remus antes de que pudiera responder—. De alguna forma no creo que lo sepa. Cuando hablé antes con él parecía tener la impresión de que ibas a romper con Charlie y que los dos ahora estaban juntos.

—¡Joder!

Romulus hizo un ademán de golpear Remus en la cabeza, antes de recordar que no podía. Se conformó en su lugar con una reprimenda verbal acerca de su mal lenguaje.

—Sirius entenderá —murmuró Remus finalmente.

—¿Lo hará? —Romulus sonaba dudoso—. Desde mi punto de vista parece que lo estás engañando al dejarlo pensar que tiene una oportunidad contigo.

—Fue sólo un beso —argumentó Remus.

—Un beso que claramente significó mucho más para él que para ti —rompió Romulus—. Pero, ¿qué sé yo? Sólo soy tu hermano.

—Lo superará.

Romulus lo miró enfadado, y Remus se estremeció un poco bajo su mirada.

—Estoy seguro de que lo superará... con en el tiempo. Hasta entonces, es posible que desees considerarte ser un poco más considerado con sus sentimientos.

—¡Soy considerado!

—Podrás ignorarlo, pero Sirius tiene sentimientos por ti —aunque cuando estás siendo tan insensible como eres ahora, no estoy seguro de por qué—, y podrías al menos intentar no estamparlos tan brutalmente.

Remus frunció el ceño.

—Hablaré con él.

Romulus asintió.

—Bien. Y no lo pospongas tampoco por mucho tiempo, porque si no le dices que Charlene sigue siendo tu novia, yo lo haré.

—¡No lo harás!

—Sí, Remus, lo haré. No me importa a cuál de ellos elijas, pero no voy a sentarme y mirar mientras tratas a tu mejor amigo como una basura.

—Fue sólo un beso estúpido.

—Así que sigues diciendo eso —respondió Romulus con una socarrona sonrisa—. ¿A quién estás tratando de convencer, a ti o a mí?

Remus miró a su hermano.

—¡No soy gay!

Rómulo se cruzó los brazos.

—¿Quizás deberías decirle a eso Sirius?

—Se lo he dicho, un montón de veces.

—¿Desde que lo besaste?

—Bueno, no.

—Entonces sabes lo que tienes que hacer...

Remus asintió mientras la voz de Romulus se fue apagando.

—Hablaré con él mañana después de la luna llena.

—¿Qué tiene de malo hoy?

—No quiero arriesgarme a que alguien nos escuche discutir —dijo Remus en voz baja—. Tuvimos suerte de que nadie entrara cuando me besó. Estaremos tranquilos en casa y no seremos interrumpidos.

—¿Remus?

—¿Sí?

—Dices que Sirius te besó.

—Sí, ¿y? Lo hizo.

—¿Le devolviste el beso?

Remus sintió su rostro ruborizarse.

—No me acuerdo —mintió.

Romulus negó con la cabeza tristemente.

—Oh, vete de aquí, antes de Charlene o Sirius envíen un equipo de búsqueda para encontrarte.

Remus asintió y salió de la clase. No había querido devolverle el beso a Sirius, pero dentro de los límites de su cabeza no podía negar que había sido tan participante del beso como Sirius.


Sirius levantó la vista cuando Remus regresó al dormitorio por la noche.

—Voy a cenar —dijo—. ¿Vienes? Debes de estar hambriento. ¿Dónde has estado toda la tarde?

—Fuimos a Hogsmeade —explicó Remus en voz baja—. Cenar suena bien.

Sirius se sorprendió de que Remus hubiera ido a Hogsmeade después de todo, pero no dijo nada. No quería decir nada el que hubiera ido al pueblo. Podría haber ido con James y Peter, ninguno de los cuales había visto en toda la tarde. No había ido necesariamente a la cita, como estaba previsto originalmente. Sin embargo, de alguna forma, Sirius sospechaba que se estaba engañando a sí mismo una vez más. Esperaba que esta vez estuviera equivocado.

Los dos pasaron el rato juntos, y Sirius se sintió aliviado al ver que Charlene estaba inmersa en un libro de quidditch mientras que simultáneamente tomaba notas para la práctica de la mañana siguiente. Sintió la tentación de decirle algo a Remus sobre Charlene estudiando sobre quidditch para mejorar, pero al final no lo hizo.

Por último, los cuatro chicos de quinto año de Gryffindor volvieron al dormitorio al pasar la noche, dejando a Sirius preguntándose si Remus se arrastraría a su cama o no. No quería preguntarle directamente, y desde luego no frente a los otros chicos, pero se aseguró de estar tan lejos de un lado de su cama como pudo, por si acaso Remus decidía unirse a él.

Los sonidos de los ronquidos de James y Peter pronto llenaron la habitación, y Sirius se sentó para mirar hacia Remus.

—¿Remus? —susurró en voz alta—. ¿Estás despierto?

Remus no se movió, aunque Sirius había jurado que el otro chico estaba tan despierto como él.

—¿Remus? —lo intentó de nuevo.

El sonido de un suave ronquido salió de la cama de Remus, y suspiró con decepción. Rindiéndose por esa noche, se arrastró bajo su edredón una vez más y se fue a dormir.

Al otro lado de la habitación, Remus escuchó a Sirius meterse de nuevo entre las mantas. Una pequeña parte de él se preguntaba qué era lo que Sirius quería decirle en medio de la noche. Se estremeció un poco mientras tiraba despacio de las cortinas a su alrededor. La idea de cruzar el cuarto hacia la cama de Sirius era casi más tentadora de lo que podía soportar, pero no estaba seguro de poder confiar en sí mismo si se deslizaba bajo las sábanas con el otro chico.

Un beso y había caído sobre su cama, mientras que prácticamente se quitaba la camisa. No podía arriesgarse a que sucediera lo mismo otra vez.


Remus, con una astucia instintiva que le preocupaba muy ligeramente, persuadió a Sirius a buscar algo de comida de las cocinas de la escuela antes de ir a Hogsmeade en la noche de luna llena. Esto era así que fue capaz de decirle adiós a Charlene en la sala común, sin levantar las sospechas de Sirius en cuanto a lo que había sucedido el día anterior.

Llegaron al sótano de la casa de los Lupin con mucho de tiempo de sobra, y Remus inmediatamente comenzó a quitarse la camisa. Sirius no salió de la habitación, pero no podía dejar de notar que Remus se estaba alejando de él mientras se desnudaba.

—¿Estás bien? —preguntó en voz baja, recogiendo la camisa de Remus del suelo y colocándola en la parte superior del armario.

—Sí, estoy bien —respondió Remus, volviéndose ligeramente.

Sirius asintió, creyendo en sus palabras.

—Supongo que te parecerá un poco extraño estar aquí conmigo como estás, ya sabes... ahora que estamos... bueno, ya sabes lo que quiero decir.

Remus se arrodilló para deshacer los cordones de los zapatos, evitando cuidadosamente mirar a Sirius a los ojos.

—Aquí, déjame ayudarte —se ofreció Sirius cuando vio que Remus estaba buscando a tientas el nudo. Se arrodilló en el suelo, y suavemente apartó las manos de Remus fuera del camino para que pudiera abordar el nudo.

Una vez desatado se puso de pie y dejó que Remus se apoyaba en él con el fin de quitarse un zapato y luego el otro. No pudo resistir la tentación de dejar un brazo tranquilizador sobre los hombros de Remus. Remus levantó la mirada hacia él, y éste se inclinó para darle un beso en la punta de la nariz del otro chico.

Remus puso los ojos en blanco en respuesta.

—¿Tenemos tiempo para besarte correctamente? —le susurró Sirius con una sonrisa burlona.

Remus se sonrojó, pero no se resistió cuando Sirius lo besó. Su respuesta no fue tan entusiasta como lo había sido el día anterior, pero no podía negar que le gustaba el beso tanto como le había gustado el de Charlene... tal vez aún más.

Sirius se echó hacia atrás y apoyó su frente contra la de Remus.

—Debes terminar de desnudarte —dijo.

Remus asintió, pero no se movió. El beso ciertamente le había hecho bombear más deprisa la sangre, y no estaba seguro de que quisiera terminar de quitarse la ropa, mostrando así a Sirius lo mucho que le había afectado.

Todavía estaba pensando qué hacer cuando se dio cuenta de que el tiempo había pasado y la transformación estaba a pocos minutos.

—¡Atrás! —le gritó a Sirius, empujándolo hacia el otro lado del sótano un momento antes de la barrera apareciera.

—Eso estuvo cerca —jadeó Sirius, pero Remus ya no podía oírle.


A la mañana siguiente los dos chicos se sentaron en la sala de estar, discutiendo lo bien que había pasado la luna llena.

—Mucho mejor que el mes pasado —estuvo Sirius de acuerdo—. Vamos a tener que asegurarnos de permanecer como buenos amigos en esos días, de esa forma todo estará bien.

Remus asintió.

—Siempre seremos los mejores amigos.

—Novios —le recordó Sirius con una tímida sonrisa.

Remus frunció la nariz.

—¿Qué? —preguntó Sirius—. Lo somos, ¿verdad?

—Suena raro.

—¿Qué sugieres en su lugar?

Remus se encogió de hombros.

—No sé, amigos está bien.

—Pero somos más que eso ahora —señaló Sirius—. Estamos juntos... ¿no?

—Emm.

—¿Qué? —le insistió Sirius—. ¿No somos ahora pareja?

Remus suspiró y miró hacia la vacía chimenea.

—No lo sé.

—Pero nos besamos.

—Lo sé, pero no es tan fácil.

—¿No te gustó?

—Sí, pero también me gusta besar a Charlie.

Sirius se puso de pie.

—¿Qué? ¿Cuándo la besaste?

Remus se estremeció.

—El otro día, en nuestra cita.

—¡Pero dijiste que ibas a romper con ella!

—Quise hacerlo, pero realmente me gusta.

—¡Y tú me gustas!

Remus rodó los ojos.

—¿No hemos tenido ya esta conversación?

—No trates de cambiar de tema. ¿Qué está pasando contigo y Charlie? ¿Rompiste con ella?

Remus sacudió la cabeza, eliminando los sentimientos de culpabilidad que le revolvían el estómago.

—Estamos saliendo. Ella es mi novia.

Sirius miró a Remus. Apretó los puños y trató de frenar su temperamento.

—¿Por qué no me lo dijiste ayer, o el día anterior? —preguntó con los dientes apretados.

—Iba a hacerlo.

—Pero no lo hiciste. ¿Por qué me dejaste creer que tenía una oportunidad?

—Yo...

—¿Por qué? —repitió Sirius, más fuerte esta vez—. ¿Esto es una especie de cruel juego que estás disfrutando? ¿Es eso?

Remus negó con la cabeza.

—Entonces, ¿por qué? ¿Por qué me harías esto?

—Porque no quiero pelear contigo —rompió Remus—. No quiero...

Miró hacia la cocina y a la entrada al sótano. Sirius siguió su mirada.

—¿Quieres decir que pensaste que la luna llena sería más fácil para ti si no nos peleáramos?

Remus lo miró culpable.

—Fue más fácil que el mes pasado, ¿no?

—¡Eres un idiota un poco egoísta! —siseó Sirius—. Me dejaste pensar que tenía una oportunidad sólo para que no estuviéramos discutiendo en luna llena, y no tenía ninguna.

Remus se puso de pie y miró hacia Sirius.

—¡Intenta convertirte en un monstruo cada cuatro semanas! —gritó—. Trata de hacerlo, ¡y luego me dices que no harías todo lo posible para que sea menos doloroso!

Sirius agarró su kit de sanación y salió de la habitación. Podía oír a Remus llamándole, pero no se detuvo a escuchar lo que tenía que decir.

De vuelta en la casa, Remus dio al sofá una fuerte patada con la pierna, maldiciendo cuando se dio cuenta de que sus zapatos todavía estaban en el sótano, y que patear los muebles no era una brillante idea.

—Podrías haberlo hecho mejor —comentó Romulus, apareciendo en la sala.

—No deberías escuchar las conversaciones de otras personas —gruñó Remus.

—Un poco difícil cuando estabas gritando así.

Remus frunció el ceño y se tiró sobre el sofá, haciendo una mueca cuando causó que el movimiento hiciera que la camisa rozase uno de los rasguños de la noche anterior.

—Pensé que estarías feliz de que se lo dijera.

—Estoy feliz de que no le estés mintiendo, pero todavía podrías haberlo manejado mejor.

—Bueno, ¿tal vez la próxima vez que quiera tener una conversación así con Sirius, lo puedas hacer por mí? Estoy seguro de que harías un trabajo mejor que yo. Puede que incluso llegues a gustarle más, entonces podrían ser felices juntos.

—No seas tonto —dijo Romulus con impaciencia.

—¿Por qué no? Crees que Sirius sería un gran novio, ¿por qué no sales con él?

Romulus lanzó a Remus una dura mirada.

—¿Has terminado?

—Sí.

—Bien. Ahora, escúchame.

Remus se estremeció en su asiento mientras Romulus se cernía sobre él.

—Vas a ir tras Sirius y a pedirle disculpas. Y cuando digo pedir disculpas, quiero decir también correctamente.

—Yo...

—No interrumpas.

Remus se estremeció un poco más, pero escuchó en silencio como Romulus continuaba regañándolo. En el momento en que su hermano dejó de gritarle, el rostro de Remus estaba húmedo por las lágrimas, sus ojos estaban rojos y la nariz moqueando.

—Oh, Rem —suspiró Romulus cuando acabó su discurso.

—No fue mi intención usarle así —murmuró Remus—. Pero odio mucho las lunas llenas, y el mes pasado fue horrible después de nuestra pelea.

Romulus se sentó junto a él en el sofá.

—Lo sé, Rem, lo sé.

—No sé qué hacer.

—Bueno, primero de todo vas a limpiar tu cara y a hacerte algo para desayunar. Luego te vas a ir a buscar a Sirius y decirle que lo sientes.

Remus asintió y se limpió la nariz con la manga.

—Ugh, Remus, honestamente. Será mejor que te vayas a cambiar también de camisa, y utiliza un pañuelo la próxima vez.

Remus consiguió esbozar una débil sonrisa mientras se abría camino al baño. Sólo esperaba que pudiera arreglar las cosas.


En el momento en que Sirius regresó a la torre de Gryffindor, estaba de muy mal humor, como pronto se dieron cuenta los que se cruzaron en su camino.

—Hola, Sirius —lo saludó Charlene con una sonrisa—. ¿Está Remus contigo?

—¿Te parece que lo está? —gruñó Sirius.

Charlene se encogió un poco ante su respuesta.

—¿Está bien?

—¿A quién le importa?

—Hey, eso está fuera de lugar —interrumpió Lily—. Ella sólo está haciendo una simple pregunta.

—¿Qué tiene que ver contigo? —siseó Sirius—. Podrías intentar ocuparte de tus asuntos, por una vez. Malditas chicas… siempre metiendo las narices donde no les llaman.

—¿Cuál es tu problema? —preguntó Lily.

—Por el momento… ¡tú!

—Bueno —resopló Lily—, no hay necesidad de esto.

—¡Lárgate!

Un último vistazo de Sirius a Lily hizo que se la encontrara con la boca abierta de sorpresa, pero no se molestó en pedir disculpas, y caminó por las escaleras hasta el dormitorio, con ganas de salir de la vista de todo el mundo antes de que alguien decidiera que hablar con él era una buena idea.

Arrojó el kit de sanación descuidadamente en el cajón de su mesilla de noche. Peter y James estaban en el dormitorio, yendo tarde a desayunar, como siempre. James estaba recogiendo sus libros para la primera clase de la mañana. Dio a Sirius una cautelosa mirada, decidido que sería mejor no preguntar, y salió de la habitación. Peter se sintió más valiente, o no sintió la tensión, y se volvió hacia Sirius mientras señalaba hacia la ventana.

—Creo que es una carta de tu madre —dijo mientras abría la puerta, corriendo tras James.

—Maravillosamente genial —murmuró Sirius mientras tomaba el rollo de pergamino de Hestia.

Gruñó molesto cuando la lechuza de su madre no voló inmediatamente de nuevo por la ventana. No tenía ganas de tratar de pensar una respuesta cortes a su carta en este momento.

La carta de Walburga era muy similar a las usuales. Un montón de quejas sobre su falta de atención hacia varias chicas de sangre pura que estaban con él en Hogwarts. Ni siquiera sabía quieres eran, y no tenía intención de tratar de seguirles la pista preguntándoles a sus estúpidos familiares. Sin embargo, esta carta en particular, contenía otro elemento que no tenían las anteriores: una confirmación de que Remus podría ir y quedarse con ellos durante las vacaciones de verano.

Sirius soltó una amarga risa mientras leía las líneas. Su madre, siempre preocupada por la reputación de la familia, estaba dispuesta a dejar que un hombre lobo entrara en su casa para que pudiera presumir de su muestra de caridad delante de sus pedantes amigos.

Por un momento, sintió una chispa de placer cuando pensó en decirle a Remus que estaba invitado a quedarse. Entonces se acordó de su discusión —tenía la sensación de que Remus no querría quedarse con él durante el verano— y su corazón se hundió.

Puesto que no tenía intención de ir a clase, Sirius sacó una pluma y pergamino, y escribió rápidamente una respuesta, pero cuando se volvió a la ventana vio que Hestia había desaparecido.

Dudando de que se hubiera dirigido a casa, se dirigió a la lechucería, a sabiendas de que incluso si Hestia no estaba allí, Damon lo estaría. Una pequeña parte de él tenía la esperanza de que Hestia se hubiera ido a casa; le gustaba la idea de enviar a Damon a su madre. Sabía que el pensamiento era poco cruel, pero esperaba que la picara cuando hiciera su entrega. Estaba teniendo esa clase de día.

Afortunadamente, para la seguridad de los dedos de Walburga, Hestia estaba demasiado bien entrenada y estaba esperando su respuesta.

Sirius la vio sobrevolar las montañas desde la pequeña ventana de la torre. Allá arriba pudo ver a los estudiantes moverse, y se dio cuenta de que la primera clase de la mañana había terminado. Debería estar yendo camino a Transformaciones, pero no podía evitar no querer ir.

Seguía mirando con aire taciturno por la ventana cuando oyó el sonido de unos pasos que subían por las escaleras. Miró a su alrededor rápidamente, inspeccionando el cuarto para buscar un lugar donde esconderse. No sería bueno ser atrapado saltándose las clases, sobre todo porque, como prefecto, se suponía que debía de ser un buen ejemplo para el resto de la escuela.


Remus se movió en su asiento cuando la gélida mirada de la profesora McGonagall se posó en el asiento vacío de su lado.

—¿Y dónde está el señor Black esta mañana? —preguntó ella.

—No lo sé —murmuró Remus.

—¿Fue antes a Pociones? —Varias cabezas negaron en respuesta a la pregunta, aunque la mirada de la profesora McGonagall nunca se apartó de la cara de Remus—. ¿Regresó contigo de Hogsmeade esta mañana?

Sintió las miradas de sus compañeros de clase centradas en él. Otro recordatorio de que no era como los demás... como si lo necesitara.

—Se fue antes que yo.

—Él regresó a la escuela —dijo James desde el asiento detrás de Remus—. Lo vi dejar sus cosas en el dormitorio justo antes de la primera clase.

La profesora McGonagall parecía lejos de estar contenta cuando fue a su escritorio, cogió una pluma y se volvió hacia Remus.

—Su pluma, por favor.

Remus buscó en su bolsa y sacó su pluma. McGonagall la cogió y la sostuvo en la misma mano que su propia pluma, y golpeó ambas con su varita.

—Vas a tomar apuntes para Sirius, y cuando regrese, asegúrate de decirle que me vea inmediatamente.

Cogió su pluma y puso la de McGonagall en una segunda hoja de pergamino en blanco sobre la mesa de Sirius.

—Recuerda cambiar el pergamino y devolver la pluma a la parte superior de la hoja cuando empieces una nueva página —aconsejó.

Remus escribió el título de la lección y la fecha en la parte superior de su propia página, con la atención en parte en la segunda pluma, que seguía exactamente sus movimientos y producía una segunda copia de sus notas.

—¡Genial! —exclamó James cuando vio lo que hizo el hechizo—. ¿Qué hechizo era ese, profesora?

La profesora McGonagall le sonrió y negó con la cabeza.

—Uno que no te enseñan en Hogwarts —le dijo—. Ni lo encontrarás en cualquiera de los libros de la biblioteca de la escuela, así que no lo busques. Y los profesores de Hogwarts no aceptan ensayos duplicados de nadie si encuentras el hechizo en otro sitio. Y sí, Remus, te quitaré el hechizo al final de clase.

James y el resto de la clase se rieron de sus comentarios, pero Remus apenas pudo sonreír, no cuando el asiento de al lado estaba vacío y las cosas estaban tan mal entre los dos.

Se preguntó si Sirius estaba pensando volver para el almuerzo y decidirse colarse a las cocinas antes de ir al Gran Comedor a comer. Se llevaba bien con varios elfos de la escuela, y sabía que podía convencer fácilmente a uno de ellos para viniera y dijera si Sirius apareció en las cocinas.


Sirius se sintió incómodo bajo la atención de los dos estudiantes de séptimo año de Slytherin que lo habían sorprendido faltando a clases.

—Y prefecto de Gryffindor, también —comentó el chico rubio a su compañero de pelo más oscuro—. ¿Qué hacen los alumnos premiados de McGonagall faltando a clases?

—¿Qué clase tenías ahora? —preguntó el segundo chico con una sonrisa.

—Transformaciones —respondió Sirius, para diversión de los otros chicos.

—Tienes agallas por hacer eso —dijo el rubio—. Soy Benjy Fenwick, por cierto. Ahora mismo estoy faltando a Cuidado de Criaturas Mágicas.

—Y yo soy Philip Maguire —agregó el chico más oscuro—. Tengo una hora libre en este momento, pero no dejes que eso te engañe. Tengo planeado estar fuera todo el día.

—Sirius Black —respondió Sirius, tendiéndole la mano, para diversión de los otros dos chicos.

Bajo la mano un momento después, con el rostro un poco sonrojado de vergüenza.

—Vamos a hacer un viaje a Hogsmeade —explicó Benjy—.Tan pronto como Philip envíe su carta de amor volar a su destino.

—No es una carta de amor —se quejó Philip—. Es una tarjeta de cumpleaños para mi madre.

—¿Cuándo es su cumpleaños? —preguntó Sirius, tratando de tener una educada conversación.

—Fue ayer —murmuró Philip—. Voy a decirle que la lechuza debió perderse o algo así —La lechuza en cuestión le picó el dedo, dando su opinión ante esa idea.

—Así que, ¿te parece atractivo ir al pueblo? —preguntó Benjy—. Hay menos probabilidades de que nos pille un profesor si no estamos en la escuela.

—Depende de dónde estés planeando ir —respondió Sirius con cautela—. No quiero correr el riesgo de ir a Cabeza de Puerco.

—¿Por qué no?

—Porque lo lleva el hermano de Dumbledore, y sabe quién soy.

—¿Qué? —Philip se quedó sin aliento—. ¿Abe es el hermano de Dumbledore? —Sirius asintió—. No es de extrañar que siempre terminemos castigados los días que pasamos por allí cuando nos colamos en el pueblo, incluso cuando no nos hemos saltado ninguna clase. Maldita sea. ¿Por qué nadie nos lo dijo?

Sirius se encogió de hombros.

—Supongo que lo mantienen bastante callado.

—Me pregunto por qué.

—Pero tú lo sabías —dijo Benjy con una sonrisa—. Creo que podrás ser un amigo muy útil. Así que, ¿cómo os suena ir a Las Tres Escobas? Tienen un menú bastante bueno.

—¿Cómo estás pensando ir a Hogsmeade? —preguntó Sirius—. La única forma que sé que no es ir por las puertas principales es un túnel que conduce a la bodega de Cabeza de Puerco.

—¿Un túnel hacia Cabeza de Puerco? —Benjy parecía que estaba haciendo nota mental de toda la nueva información que Sirius les proporcionaba.

—Utilizamos un túnel diferente —explicó Philip—. Está escondido detrás de un espejo en el cuarto piso. Ese lleva a otro espejo en Hogsmeade —Su sonrisa se ensanchó—. Un espejo en los vestidores de las chicas de Gladrags.

—No te emociones, sin embargo —interrumpió Benjy—. No hay suficiente espacio para que el espejo se abra cuando hay alguien allí.

—Todavía vivo con la esperanza de que una chica delgada no ocupe todo el vestidor —dijo Philip con una risa.

Aunque ahora Sirius se reconciliaba con el hecho de que no tenía ningún interés en las chicas, con poca ropa o de otra forma, no podía dejar de unirse a la risa de los otros chicos.

—Entonces, ¿vienes? —preguntó Benjy—. Tendrás menos posibilidades de meterte en problemas si te pillan allí.

—Y si estás evitando a alguien, es sólo cuestión de tiempo antes de que te rastreen —añadió Philip.

Ese recordatorio final fue lo que balanceó la decisión de Sirius a unirse a ellos en su viaje a Hogsmeade. Sabía que tan pronto como las clases terminasen por la mañana Remus estaría buscándolo, y con el Mapa de Lunático, lo encontraría de alguna forma. A raíz de los otros dos chicos, se deslizó a través de la escuela, utilizando los pasillos menos llenos mientras se abrían paso hasta el cuarto piso.

Subieron al túnel con relativa facilidad, y después de un par de rápidos lumos, estaban en camino. Cuando llegaron a la parte posterior del espejo en el otro extremo del túnel, Benjy señaló un rincón en la pared.

—Quítate la corbata y la capa de la escuela y ocultarlo aquí. Mejor guarda también la insignia de prefecto.

Sirius asintió y siguió el ejemplo de los otros muchachos, añadiendo su corbata roja y dorada con sus verdes y plata.

Cuando estuvieron listos, Philip se frotó las manos con entusiasmo, esperando que cualquier persona pudiera escuchar y responder su petición, y esperando poder abrir el espejo.

—Maldita sea —murmuró—. Ocupado de nuevo.

Unos minutos después, Benjy le dio un empujón y entraron en el vestidor.

—¿Cómo vamos a salir a la calle sin ser vistos? —susurró Sirius—. ¿El dueño no se estará preguntando de dónde hemos aparecido?

—Nunca has comprado aquí, ¿verdad? —preguntó Benjy.

Sirius negó con la cabeza.

—Mira y aprende, entonces. Mira y aprende.

Sirius vio como Benjy entraba en la tienda.

—¿Tienes algo en marrón? —preguntó el chico a la dependienta.

—Hola, Benjy. Escapándote de nuevo, por lo que veo —dijo la chica con una sonrisa.

Sirius vio como la chica se dio la vuelta, y vio su rostro con claridad por primera vez.

—Hola, Katy —dijo Benjy mientras posaba su brazo alrededor de los hombros—. No tendrás unas buenas capas que podamos tomar prestadas durante una hora o dos, ¿verdad?

—Su hermana mayor —explicó Philip, aunque el parecido entre los dos hacía la explicación bastante innecesaria—. Lleva trabajando aquí desde hace un par de años. No le dirá de nosotros.

—¿Y ese quién es? —susurró Katy mientras les entregaba tres capas.

—Él es Sirius —explicó Benjy.

—No se ve demasiado mayor para ser estudiante de EXTASIS.

—Es de quinto año —respondió Benjy mientras se ponía la capa alrededor de sus hombros.

—¿Ahora también corrompes a menores de edad? —respondió Katy en voz baja haciendo un gesto de desaprobación.

—Peor aún —respondió Benjy con una sonrisa—. Es un Gryffindor y prefecto.

Katy negó con la cabeza y les echó fuera de la tienda antes de que le dijeran nada más. Era una firme creyente en la filosofía de que por lo general era mejor no saber... sobre todo cuando se trataba de los hermanos pequeños.


Después de un breve desvío a la cocina para pedir a los elfos domésticos que le hicieran saber si Sirius hacía acto de presencia, Remus se unió con James y Peter en el Gran Comedor para el almuerzo.

—¿Has mirado en el mapa? —preguntó James.

—Probablemente todavía esté enfurruñado en el dormitorio —murmuró Peter.

—No estaba allí cuando subí a buscar mis cosas para clase después de que regresara de Hogsmeade —dijo Remus—. Sin embargo, voy a comprobar el mapa. No puede haber ido muy lejos.

—Nadie puede esconderse del Mapa de Lunático —susurró James—. Ni siquiera Sirius.

Remus sonrió, sabiendo que eso era cierto. Esperaba poder esquivar a los demás chicos antes de localizar a Sirius. Realmente no quería tener público para esa conversación en particular.

—Hola, Remus —dijo Charlene mientras se movía hasta el banco para sentarse a su lado—. ¿Cómo fue anoche?

—No estuvo mal —respondió Remus con un encogimiento de hombros. Frunció el ceño cuando se dio cuenta de que también tendría que asegurarse de que Charlene estuviera fuera del camino.

—Me alegra oír eso —respondió ella con una sonrisa, justo antes de plantarle un beso en la mejilla.

James dejó escapar un silbido infantil en voz alta, mientras que Peter sonrió estúpidamente. Remus sintió que su rostro se ruborizaba de vergüenza y llegó hasta limpiarse inconscientemente la mejilla donde los labios de Charlene lo habían tocado. No se dio cuenta de la mirada de decepción en su acción, ya que estaba demasiado ocupado mirando a través de la mesa hacia James y Peter.


—¿Quieres uno? —preguntó Benjy. Sirius miró dudosamente el paquete de cigarrillos muggle que el chico mayor estaba sosteniendo.

—No fumo —respondió con un movimiento de cabeza.

—¿Nunca has probado uno? —preguntó Benjy mientras sacaba un cigarrillo de la caja y lo encendía con la lámpara de la pared. Sirius negó con la cabeza de nuevo—. Toma, dale una calada —le ofreció—. Uno no te hará daño.

Sirius no estaba seguro, pero Philip había cogido el paquete que Benjy había colocado sobre la mesa, y le ayudó a decidirse. No quería ser el único en quedarse fuera. Ya tuvo suficiente con ser dejado de lado por James y Peter.

Su mano tembló ligeramente cuando se acercó a tomar el cigarrillo de Benjy. Lo llevó a sus labios y respiró hondo. Dejó caer el cigarrillo a la mesa cuando comenzó a ahogarse, y estaba bastante seguro de su garganta estaba ardiendo.

—Ya te acostumbrarás —dijo Benjy con una sonrisa después de Sirius hubiera dejado de ahogarse cuando tomó un trago de su cerveza de mantequilla—. Toma, inténtalo de nuevo.

Sirius tomó el cigarrillo una vez más, y lo intentó, esta vez preparado para ello.

—Buen chico —dijo Philip cuando Benjy sacó otro para él, dejando a Sirius terminar su primer cigarrillo.

Pidieron el almuerzo con Sirius prometiendo pagar a los chicos, ya que había salido de la escuela sin nada de dinero. Intentó olvidarse de sus preocupaciones mientras se concentraba en la carne y la menestra de verduras de Rosmerta.

Benjy se inclinó hacia adelante con una sonrisa.

—¿No te parece que la comida siempre sabe mejor cuando se supone que no deberías de estar comiendo aquí? —susurró.

Sirius le devolvió la sonrisa, sabiendo que las comidas clandestinas de las cocinas de Hogwarts siempre sabían mejor que cuando estaba en la mesa con todo el mundo para poder disfrutarlo.

Hicieron algunas compras, y ninguno de los dependientes les miró dos veces, antes de volver a Gladrags y al túnel de regreso a la escuela.

Sirius estaba riendo y bromeando con los chicos, casi como si fueran viejos amigos, cuando salieron del túnel del cuarto piso.

—¿Qué hora es? —preguntó Philip.

—Justo a tiempo para el final de las clases del día —respondió Benjy—. Muy bien programado, diría yo.

Se rieron mientras caminaban por el pasillo.

—¿No te preocupa tener que perderte algo importante en clase? —preguntó Sirius—. ¿O que obtengas un castigo por saltártelas?

Benjy se encogió de hombros.

—No es como si lo hiciéramos todos los días, sólo una vez cada dos meses. Fue una suerte para nosotros que nos encontráramos hoy contigo.

—Sí —estuvo de acuerdo Philip—. No está mal... ya sabes... para ser un Gryffindor.

Sirius se rio.

—Tú tampoco estás tan mal —respondió con una sonrisa—. Ya sabes... para ser un Slytherin.

Todavía se reían mientras iban por caminos separados.

Sirius regresó al dormitorio para encontrar que Remus estaba sentado en su cama y que no parecía en absoluto sorprendido al verlo. Cuando se acercó más se dio cuenta de por qué —el Mapa de Lunático estaba abierto frente a él.

—¿Encontraste otro túnel a Hogsmeade? —preguntó Remus.

Sirius sabía que Remus debió de haberlo visto aparecer repentinamente en el mapa, junto con los otros dos chicos, y adivinó el resto.

—Sí —respondió tan abruptamente como fue posible.

—¿A dónde lleva? —preguntó Remus con curiosidad—. Voy a añadirlo al mapa.

Sirius lo ignoró mientras sacaba sus compras ilícitas de sus bolsillos y las arrojaba al primer cajón de su mesilla de noche.

—¿Cigarrillos? —preguntó Remus con el ceño fruncido cuando vio del paquete—. ¿Desde cuándo fumas?

—Desde ahora, ¿tienes algún problema en ello?

—Hace que huela el aliento —dijo Remus.

—No mucho —respondió Sirius—. No a menos que estés realmente cerca de otra persona, por lo que no debe molestarte en absoluto. ¿Por qué debería de hacerlo? Ya que no quieres tener mi boca cerca de ti de todos modos...

—Sirius…

—No me importa, Remus —rompió Sirius—. Lo dejaste muy claro esta mañana.

—Lo siento.

—No me importa —repitió, esta vez subiendo el volumen de su voz—. Me usaste, me dejas creer que te gusto…

—Me gustas —interrumpió Remus—. Somos mejores amigos, por supuesto que me gustas.

—No te hagas el tonto, Remus. Sabes lo que quiero decir.

—Pero...

—No me importa —volvió a repetir Sirius, ya no gritaba o mostraba rencor en sus palabras—. Sólo déjame en paz por un tiempo.

Remus asintió y se bajó de la cama, llevándose el mapa con él.

—¿Vamos a estar bien? —preguntó.

Sirius suspiró mientras se quitaba la corbata.

—No lo sé —dijo finalmente—. Puedo tratar de que dejes de gustarme. Puedo lidiar con Charlie o cualquier otra chica que desees salir. Pero las mentiras... Lo siento, Remus. Sólo necesito un poco de tiempo para ordenar mi cabeza.

—Está bien. Sólo una cosa antes de que me vaya.

—¿No puede esperar?

Remus negó con la cabeza.

—McGonagall quiere verte enseguida... lo siento —Sirius suspiró de nuevo y volvió a salir del dormitorio. Al menos tendría un montón de tiempo para pensar mientras se encontraba castigado.