Capítulo 36
Estación Central, Zootopia Centro.
5:50 am
Los lunes siempre se comenzaba temprano.
Sin embargo, esa mañana en particular había graves razones para estar ahí antes de la hora de entrada. Para la recepción y el servicio de emergencias, habían sido las innumerables e inusuales llamadas telefónicas que se recibieron desde la madrugada hasta el amanecer, viniendo desde diferentes fuentes y localizaciones. Para las Unidades policiales en su rutina regalar lo habían sido para movilizar las patrullas a los lugares donde se le solicitaban y para la Unidad de Bogo lo fue cuando recibieron la alerta de que su custodio había sido asesinado en su cuarto de hospital, luego de un atentado contra el mismo edificio y los oficiales de turno.
Esto último fue la razón de más peso para sacar de sus camas a la mayoría de policías en la noche del día anterior y para abrir una investigación rigurosa que se extendió hasta las 4:00 a.m. de ese día.
El cadáver de Archie Rey se hallaba en su cama, aun conectado al equipo médico, esposado y con un impacto de bala debajo de su mandíbula que le abrió en dos la cabeza y que lo dejó espantosamente irreconocible. Una imagen difícil de digerir para aquellos novatos que no estaban acostumbrados a ver escenas tan atroces y propias de una mente desalmada.
El estricto Jefe Bogo evaluaba la escena junto con parte del cuerpo forense de Plaza Sahara, cuando apareció Jack en la puerta. Y todo lo que ellos habían visto en ese tiempo rodeando el cuarto y al cadáver, Jack lo observó de inmediato solo al quedarse de pie en el umbral, con sus ojos azules y cansados sorprendidos.
Jack reparó en los muebles con sus cajones abiertos y en los utensilios en la mesa, se fijó en las paredes bañadas de sangre y lo más importante, reconoció las flores esparcidas en el suelo: Tulipanes. Tulipanes de todos colores y pétalos despedazos, flotando en los charcos de agua teñida que rodeaban la cama.
Tuvieron que evacuar la zona de Urgencias y cerrar un perímetro que cubriera todo el hospital y alrededores en una búsqueda tanto de los asesinos, como de los hechos que condujeron a ese asesinato, donde también habían muerto oficiales y guardias de seguridad inocentes.
La magnitud del crimen y sus circunstancias fueron tan severas que prácticamente se necesitó la atención de casi todo el Departamento, aunque no tanto como lo había sido el episodio anterior en el Casino, se le consideró más por tratarse del Hospital y de un paciente bajo protección de la policía: Su muerte y el atentado eran un problema mayúsculo para la credibilidad del Departamento y del Jefe.
Por eso, por orden suya, todos tuvieron que quedarse a colaborar hasta que limpiaron todo y revisaron cada palmo de la institución y las calles y avenidas aledañas.
Fue una labor exhaustiva y critica de más de seis horas pero a pesar de llegar al final con resultados aceptables, estaban muy lejos de ser satisfactorios: No habían más pistas de los asesinos más allá de casquillos de bala sueltos, cámaras dañadas, residuos de diferentes tipos de químicos y huellas digitales con resultados que tomarían un día en salir a la luz.
Solo que Jack no necesitaba veinticuatro horas para saber quién era el dueño de esas huellas y el perpetrador de ese crimen.
-Jane…-Murmuró para sí, mirando fijamente los restos de lo que fue una rosa roja.
Llevaba poco tiempo sentado en completa soledad en la cafetería de la Estación y hasta ese momento se permitió vocalizar ese nombre luego de reconocer los tipos de flores que estaban en la habitación de A. R. y luego de encontrar, para sorpresa y horror, la rosa que le había regalado a la vulpina rubia que conoció la tarde anterior. Ni siquiera dudó en tomarla y esconderla del resto de los forenses.
Y ni siquiera sabía porque lo había hecho si se trataba de evidencia de ¡La evidencia! Pues era el único que sabía a quién pertenecía.
Quizá fuera eso, el ser conocedor de su procedencia, lo relacionaba indirectamente con ese asesinato y con su autora.
Aunque, ¡Qué más daba! Tarde o temprano el Jefe sabría que él también estuvo en la escena horas antes de que se cometiera el crimen sin ningún permiso para hacerlo. Jack se hundiría en cuanto el búfalo leyera el informe de las visitas registradas de ese día y viera su nombre en él. Era una suerte que se hubiera presentado una violenta riña en un pueblito al sur de TundraTown y tuviera que acudir con toda su unidad cuando testigos alertaron, cerca de las 4 de la mañana.
Las cosas no podían estar peor para Jack. Hacia donde giraba tenía problemas.
-Lo pensaste muy bien…-Dijo, girando el tallo mientras cavilaba, más que molesto o asustado, intrigado por la astucia de esa hábil zorra al no dejar ni un solo rastro de su presencia en ese sitio y en lugar de ello, despistando su identidad con el hecho de que solo él había visitado a Archie Rey sin autorización. Desviaría la atención hacia él y su fallo. – Me engañaste muy bien… ¿Pero quién eres, Jane?-Frunció el ceño ligeramente.- ¿…y que era lo que querías de A.R.?
Lo que fuera que quisiera de él lo consiguió sino, Archie seguiría vivo.
-¿Tendría que ver con lo que pasó en el casino?- Se preguntó con seriedad, pues no encontraba otra conexión para explicar los motivos.- ¿O sería una venganza personal?- Jack recordaba la inocencia de su rostro, su mirada amable pero inteligente y curiosa. Su manera educada y grácil de ser con él hasta el último minuto que estuvieron juntos y aunque le costaba trabajo reconocerlo, una parte de él seguía incrédulo a las contundentes pruebas, pero la otra parte, la racional, le decía que siempre supo que era un papel pero que en ese entonces no quiso verlo al sentirse cautivado por ella. -…pero, ¿por qué?, ¿Qué te hizo Archie Rey para que lo asesinaras de esa forma?
En el momento en que estudiaron la escena y el cuerpo, habían notado rasguños y en la cara y cuello del tigre, además de pronunciadas marcas rojas en sus muñecas que demostraban, más allá de su intensión de zafarse para huir, de que lo había hecho para defenderse del ataque al que lo habían sometido.
¿Pero cómo una chica de una complexión y especie como la de Jane había logrado mantener a raya a un tipo como Archie Rey, que solo como especie era superior a ella?
Lo que había hecho Jane requería de algo más que fuerza física.
En sus años de experiencia como criminólogo, Jack aprendió una lección importante sobre el carácter y los magistrales métodos de los zorros en el arte criminal. Ellos eran, ante todo, hábiles maestros del engaño, y poseían una extraordinaria destreza para manipular a las mentes pequeñas hasta el punto de conseguir lo que deseaban, incluso sin necesidad de usar la fuerza bruta. En lugar de eso, eran capaces de cumplir sus objetivos solo usando diestros juegos psicológicos en sus víctimas para llevarlas a su terreno.
Y eso era lo que Jane había hecho con Archie Rey.
-Lo torturo hasta que lo hizo hablar…-La idea reapareció en la mente de la liebre justo como cuando vio esas señales la primera vez.-… atemorizándolo con alguna cosa. Quería información sobre algo en específico.- Pero dedujo que para lograrlo tuvo que ganarse la atención genuina de Archie, pues este no era nada fácil de tratar, Jack lo sabía bien, ya esa misma tarde había tenido que hacer algo parecido para que cooperara con su interrogatorio.-…Lo sedujiste Jane. Lo atrajiste con palabras para ganarte su confianza y luego lo dominaste. ¿Cómo lo hiciste?
Pese a que la zorra había obrado sola dentro del cuarto, no cabía duda de que había sido ayudada por terceros para liquidar a los policías y a la seguridad una vez acabado su trabajo y salir victoriosa.
-¿Qué cosa…-Hilaba sus suposiciones con detenimiento pero uniéndolas unas con otra al tiempo que buscaba su libreta y su bolígrafo-…le ofreciste primero? ¿Algún negocio tal vez?
Eso sin dudas habría capturado el interés de un próspero empresario como lo era Archie, y si su especialidad eran los negocios turbios había la posibilidad de que Jane hubiera dado con su punto débil y lo usará a su favor. Jack tenía dos teorías, la primera era que Jane y su gente (Porque era evidente su relación con alguna organización de la mafia zorruna y en vista de era una zorra blanca solo podía significar que pertenecía a Zona Polar) ajustició a Rey por un negocio fallido del que sabía demasiado o la segunda, trataron de chantajearlo para aceptar una empresa en la que él no quiso participar.
Jack se inclinó por la primera opción al tomar en cuenta el método de tortura que uso Jane para conseguir la información que necesitaba.
La liebre hojeó su libreta rápidamente para hallar alguna relación entre la clase de negocios en los que Archie se desenvolvía y de igual manera, en los que trabajaban los zorros de Zona Polar pero no encontró similitud alguna más allá del contrabando de artículos valiosos y trata de blancas. Tenía dos puntos a su favor pero no tenía datos más concretos.
-Necesito más- Golpeó enérgicamente la mesa con el bolígrafo. Pensando en qué hacer ahora que había llegado al límite de su análisis. Frunció el ceño una vez más.- Si ambos están confabulados en alguno de estos crímenes solo hay una manera de saberlo.
La ZPD de Zona Polar: La sede que se encarga principalmente de la regulación fronteriza.
Jack tenía algunos amigos de ese Departamento y alguno podía facilitarle los registros de últimos meses y si existía alguna mancha en ellos vinculado con contrabando o prostitución y si estaba en lo correcto, pronto sabría la relación de Jane y Archie Rey.
No podía trasladarse de inmediato a ese lugar pero una llamada bastaría para que conseguir la información oportuna.
Corrió hacia su oficina, recogiendo su rosa y guardándola dentro de su cuaderno, tenía poco tiempo.
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Ciudadela principal de Cumbres Boreales, Zona Polar.
- …Y esa es la cantidad de acciones con las que cuento ahora. –El zorro no parecía convencido, así que prosiguió.-Toma en cuenta que representan la tercera parte de todo el capital que se ha invertido en los últimos cuatro años y que su valor puede beneficiarte si las ganancias aumentan.
-Eso ya lo sé.- Respondió con un ligero tono de fastidio, haciendo un ademán con la garra.- El problema es que si conviertes su valor a nuestra moneda el costo es demasiado grande para una mísera tercera parte. No puedo aceptarlo si existe la posibilidad de que fracasen.
-Creí que el Terror Helado era un zorro al que le gustaba cazar buenos negocios. Y que la cantidad de dinero no era problema para él, más cuando la empresa pesquera es tan rentable y atractiva en todo Zona Polar.
-Y así es.-Contestó, esta vez con más fiereza al comentario. ¿Acaso estaba poniendo en duda su inteligencia y el poder de sus recursos?- El Terror Helado tiene el dinero suficiente para comprar toda la flota pesquera de este lugar si lo desea pero –Hizo una pausa para no sonar tan agresivo.-… es mi trabajo asegurarme de que no desperdicie su dinero financiando un negocio con tan poca credibilidad después de su decaída del años pasado. Considéralo, ni siquiera tú hubieses invertido en ello de nuevo si no supieras que tendrías éxito.
-Claro que no.-Afirmó con una sonrisa autosuficiente. Le agradaba la elocuencia de su interlocutor.- Soy comerciante. Conozco a todos aquí y me alié con socios de mi entera confianza, capitanes de muchos años que conocen estas zonas como a las almohadillas de sus patas y por ello sé que no fracasaremos, que en cuanto tengamos mayores ingresos prosperaremos de nuevo dentro y fuera de aquí. Pero para eso necesitamos quien compre esa tercera parte y suministre dinero. –El zorro blanco analizaba con detenimiento cada una de sus palabras.- Ahora, si lo que les preocupa es llegar a perder su inversión podemos agregarles al contrato una cláusula de indemnización y reembolso con un plazo de tres años. –Se encogió de hombros.
-Que sean dos.-Le dijo.-…y la oportunidad de adquirir más acciones a futuro. Debes saber que a mi jefe le gusta tener control estricto sobre cualquiera de sus negocios, y no de manera parcial
-Es comprensible. Tiene acciones en casi todas las industrias. Zona Polar casi le pertenece. De acuerdo, tendrás lo que quieres ¡El Terror Helado manda!- Depuró el resto de su bebida, dando por terminada la cita.- Traeré el contrato la próxima semana.
-¡Una cosa más!- Exclamó el zorro al ver que recogía sus portafolios-Tráeme el estado financiero de los últimos cuatro años, cifra por cifra, todos sus libros contables, quiero asegurarme definitivamente de que todo esté en orden para comprar esa tercera parte. Eso sí, no creas que por ser un accionista no tendrán que pagarle el impuesto sobre exportación como el resto de los comerciantes de esta cuidad.- Era un recordatorio sutil que no se podía pasar por alto.- Hazlo saber a tus compañeros y no olvides añadirlo al contrato también.
-Bien.-Asintió su futuro socio, poniéndose de pie para inclinarse en un educado gesto de despedida.- Así será.
-Bien. –Lo observó colocarse su chaqueta con ojos calculadores tras sus gafas de sol, imitándole para despedirse de él sin necesidad de incorporarse.
Y así Frank dio por acabada esa odiosa reunión, siguiendo con la mirada al tipo hasta que éste desapareció de su vista en la concurrencia de ese establecimiento.
Le había tomado toda la mañana llegar a un acuerdo con el ávido Oso comerciante y ahora se hallaba más exhausto que de costumbre, luchando contra el dolor de cabeza que seguía matándolo por la falta de sueño y borrachera de la noche anterior, y a la cual todavía no daba fin, aunque ahora con más moderación para mantenerse en sus cabales.
Vertió un par de chorritos de ron a su café y sacó sus aspirinas para aliviar la migraña. O al menos intentarlo, ya que no parecía querer aceptar que la medicación excesiva ya no surtía el efecto adecuado en su organismo. Quizá no le importara. Hecho contrario con el licor, que había sido su único remedio para contrarrestar el frío, pues no importaba que llevara dos años viviendo en ese lugar, ni los abrigos más calientes que pudiese comprar, el clima seguía siendo muy pesado para su condición de zorro rojo. Pero, ¡Qué más daba! Lo soportó en aquel tiempo con tal de tener un lugar donde vivir y donde Kitty estuviera cómoda y segura en su ambiente, y lo soportaba ahora porque tenía un deber muy grande que cumplir. Además, él no era de los que se daban por vencidos y huían cuando la vida les escupía en la cara ¡Y vaya que ya había recibido mucho de eso en su adolescencia! Y por eso, aún tenía la fuerza de voluntad para aguantar y ocultar lo que fuera.
Aunque era evidente que cada día empeoraba más su salud, que el temblor en sus zarpas, por más que usara sus algodonados mitones, aumentaba y que los calambres en sus muslos y su tos se prolongaban cada vez más.
Y había algo más, de lo que Frank estaba reticente a hablar con nadie, ni siquiera con Kitty y en lo que pensaba en ese momento hasta que fue interrumpido.
-Si sigues así te vas a intoxicar. –Le habló alguien a sus espaldas.
Giró extrañado, dejando su café al lado al quemarse ligeramente la lengua.
Era su tío, el infame Aleksandr van Tousse.
-Zdravstvuite!- Le saludó en su lengua natal, con un repentino cambio de voz. Hacía mucho tiempo que no tenía necesidad de ella, pero para hablar con su sobrino se le antojaba muy útil.
-¿Tú aquí? –Frank soltó un gruñido cargado de fastidio cuando se sentó en el asiento de enfrente, acomodándose a sus anchas como si estuviera en su casa. ¡Lo que faltaba! Esa mañana quería estar solo y lejos de su rutina diaria y de pronto aquel viejo insoportable, con el que seguía resentido por su humillación de la noche anterior, se aparecía de la nada para arruinarlo todo con su irritante presencia.- ¿Cómo diste conmigo?
-¿Qué? Ni siquiera deseas preguntar si quiero tomar un café también.
La mirada rubí sangre del zorro blanco transmitía muy bien lo que deseaba en ese instante.
-Bien, bien, te busqué y ya.-Sonrió apenas, levantando las patas en son de paz. -No seas tan paranoico, hijo.
-Como no serlo…-Balbuceó, envolviendo los dedos alrededor de la taza humeante.
El pelirrojo lo observó con cuidado. Todavía no se acostumbraba a verlo con su pelaje teñido y su ropa costosa y ni hablar de esa horrenda extensión de cabello tan atípica de su naturaleza real.
-Como sea, ¿Qué haces aquí?
-Rabtatz.-Respondió restándole importancia luego de escrutarlo con la mirada recelosamente: No terminaba de gustarle nada ese viejo zorro y su semblante siempre sereno, daba la impresión que constantemente planeaba alguna maldad.
-¿Trabajando tú?- Casi se burló, a lo que Frank mostró los colmillos.- Quiero decir, ¿No tienes a alguien que hace eso por ti?- Ignoró su gesto, haciendo una seña con la garra para llamar al mesero más cercano.- Como el Terror Helado, no deberías andar por ahí sin guardaespaldas, menos en un lugar tan vulgar como este, querido sobrino. Demasiado ruidoso y tumultuoso. – Hizo una mueca de disgusto, mirando a las afueras del local todo el movimiento del mercado a esas horas.
Frank copió su gesto: A él no le parecía tan malo, de hecho le gustaba más que su territorio, menos solitario y hostil. Y le agradaba la vista, sobretodo en las noches, el cielo lleno de ondulantes luces de colores.
Se concentró de nuevo en su tío, que no dejaba de verlo con esos inquietantes ojos tan claros y empañados que parecían de cristal. Quedaban pocos rastros del color carmesí que los distinguía del resto de zorros. Probablemente se quedaría ciego en un par de años más, como le pasó a su padre.
-Eso tu deberías saberlo ¿no? Al parecer te importa un carajo vigilarme aun sabiendo que no deberías- Tomó un sorbo de su café y luego murmuró.-Yo dispongo de cuándo y cómo salir. Y no le debo explicaciones a nadie. "Salvo a Kitty, tal vez."
-Solo tenía curiosidad de saber hacia dónde ibas tan temprano y con tanto afán, es todo. Pero ahora veo que solo era una distracción.
-No he pegado el ojo en toda la noche y no podía quedarme en casa, así que vine a distraerme un poco con lo que mejor sé hacer.
-¿Emborracharte?- Le picó al ver la botellita en la mesa.
-¡Negocios!- Atajó fieramente.
Le divertía verlo rabiar, aunque también le preocupaba: Frank no sabía controlar sus emociones y eso no era alentador, no cuando se debe actuar y pensar fríamente a cada paso para conseguir lo que se quiere.
Pero como siempre, no sabía nada sobre su sobrino. Frank toleraba las burlas, había vivido rodeado de ellas toda su vida, lo que de verdad le enfurecía era que le menospreciaran o le consideraran inútil.
Esa era la raíz de todo.
-También es buena opción a estas horas de la mañana.
-¿No tienes alguna mierda que hacer en otra parte, Sasha*? (N/A: Diminutivo del nombre Aleksandr en la lengua rusa*)
-Diádia Sasha para ti.- Frank puso mala cara de nuevo.- Y seguro que sí, pero hace mucho tiempo que no visitaba Zona Polar, me pierdo fácilmente y no creo ser capaz de llegar a ningún lugar sin ayuda. Y a diferencia de ti, a mí no me agrada estar sin mis compañeros. Es una pena que tuviera que prescindir de ellos solo para vigilar al clan del Fabricante y es todavía peor saber que después de su visita a Cypress Groove Lane les perdieran el rastro.- Ambos cambiaron de aspecto, Frank pareció entre preocupado y sorprendido y Sasha solo molesto. –Es lo malo de dejar que otros hagan tu trabajo. Ahora que Nick cree que el Gran Clan le ha dado una tregua por sus fallos, y ahora que le perdimos el rastro, simplemente se esfumara en cuanto tenga la oportunidad. No tengo idea de que ocurrió ayer en Frost Lagoon pero, para desaparecer así nada más junto a su equipo, solo puede significar que se salió con la suya.
Sus palabras inquietaron más a Frank, pero él aún tenía varias cartas sobre la mesa. Y tampoco le daría el gusto a ese viejo de verlo asustado, ya que sabía que trataría de aprovecharse de ello de una u otra forma.
-No cantes victoria hasta que Kitty haya regresado.- Le dijo con confianza.-Si ella tuvo éxito, sea arrebatándole las joyas o amenazándole, Wilde estará aquí antes de lo esperado para recuperar a su madre y a sus preciados collares…- Sonó más convencido de lo que estaba. Pues era cerca de medio día y su esposa aún no se comunicaba con él para darle informes. Frank temía que hubiera fallado o que le hubiese ocurrido algo.-…y cuando lo haga, lo aplastaré como a un maldito insecto. –Golpeó la mesa con fuerza.
-Corrección, lo aplastaremos. –Asintió el zorro rojo.- Después de cinco años al fin me desharé de él sin nada que me lo impida…sin Marie-Claire.
Frank notó de nuevo esa melancolía en su voz al mencionar a la vieja vulpina y supo reconocerla, porque era idéntica a la suya al referirse al amor perdido de su Kitty. Casi sintió empatía, sino fuera porque también los odiaba a los dos. Estrechó la mirada de nuevo, de pronto cuestionándose qué tan fuerte era el lazo que lo unía a ella. ¿Qué relación existía realmente entre esos dos?
Su lado curioso se moría por ver la reacción de Marie cuando finalmente conociera al causante de sus desgracias. De ver cara a cara al traidor que la había entregado al clan enemigo. ¡Era una escena que no se perdería por nada del mundo!
-Especialmente sin ella.- Súbitamente, Frank recordó su siguiente tarea del día y en la que estaba incluida Wilde. Deseaba comenzar su suplicio lo más pronto posible, ya que la falta de calor y de libertad ya no le parecían suficientes. Quería atormentarla un poco más para que no tuviera dudas de lo que era capaz de hacer para someterla y retomar el papel que debía tener ante ella como su prisionera luego de su patético espectáculo sentimental de la noche anterior.
Esa fue otra razón, además de Kitty, por la que no había dormido. No era bueno para la reputación de Terror Helado verse vulnerable ante sus enemigos y menos lo era para su propia dignidad. Tenía que corregir ese desperfecto.
Pero antes, debía hacer una parada con su barbero de confianza.
-Tengo otro compromiso ahora.- Le informó con voz neutra, arrastrando la silla hacia atrás. Ni prestó atención al puñado de billetes que sacó de su bolsillo para pagar su cuenta.- Do svidanya, Sasha.
-¿Eh?, ¿a dónde vas?-Le cuestionó cuando lo vio levantarse, fijándose con sorpresa en la cantidad de dinero que había dejado por un simple café (Incluso demasiado para un par de desayunos) –Ricachones…-Ironizó, tomando parte del dinero y siguiéndole para no perderle de vista.
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Distrito Forestal, ubicación desconocida.
(Hora incierta)
Lo primero que percibieron sus sentidos fue un sonido rasposo contra la superficie.
Sus orejas se movieron cuando dicho ruido se intensificó en la amplitud del espacio, acompañado de otro, más bajo pero no por menos molesto y agudo: Una risa.
Henry Landon siempre había sido un tipo con mala suerte.
De cachorro fue vendido por sus hermanos mayores a un remedo de circo andante donde exhibían al público su rareza, que para esa época resultaba exótica (Incluso terrorífica). De adolescente huyó y se formó ilícitamente a un grupo de oposición para obtener residencia en remotas ciudades, luego de unos años huyó de nuevo y se casó varias veces en un intento inútil de estafar ancianas ricas y otras cosas más donde había fracasado en grande a lo largo de su vida y que lo habían llevado a situación complicadas. Pero nunca imaginó que llegaría el día en que despertaría repentinamente de la manera en que lo hizo ese día y bajo aquellas condiciones.
Y estaba a punto de empeorar.
-¡Hora de levantarse zorro!-Exclamó una voz cantarina desde algún lugar que Henry no alcanzó a identificar pues de inmediato recibió un baño de agua caliente que le hizo saltar como un resorte.
Fue tan violento su sobresalto que apenas si sintió el golpe que se dio contra la pared de bloques mientras escupía el agua de olor y sabor nauseabundo que se coló en su nariz. Tosió gravemente, sintiendo ganas de vomitar al mismo tiempo.
-¿Qué?-Respiraba con dificultad, mirando hacia todos lados en busca de una respuesta coherente con su último recuerdo consciente o a lo que pasaba a su alrededor, desorientado. El zorro blanco trató de quitarse una porquería pegajosa que le cayó en el rostro pero le fue imposible cuando una cadena se lo prohibió.- ¿Qué carajo?- Probó con su zarpa izquierda pero estaba en la misma condición. Entonces siguió con la vista hacia ambos lados de sus extremidades aprisionadas en pesados grilletes unidos a una cadena corta adherida al suelo. Hizo fuerza pero no sirvió de nada y era tan corta que ni siquiera podía ponerse de pie.
¿Dónde demonios estaba?
Pasado el susto y con la mente ligeramente despejada, recorrió con más detenimiento el lugar donde se hallaba prisionero: Era un espacio cerrado y redondo, húmedo y con un reciente olor a podredumbre. La luz era escasa y provenía de la superficie, además dejaba ver una escalinata de hierro.
-¡Apresúrate con esa cubeta Mariah!
Otra vez esa vocecilla chillona atrajo la atención del cánido, subiendo la mirada con su único ojo disponible, ya que el derecho lo llevaba cubierto con una pañoleta. Vio un par de sombras rodear la rejilla, colocándose de lado contrario al suyo.
-¡El sol ya salió, zorra!
Henry vio cómo el cubo se vació sobre la reja y cómo el agua hirviente cayó frente a él en la oscuridad del lugar donde apenas había reparado. Y de ella surgió, con una reacción idéntica a la suya, una vulpina chillando de dolor.
Ella volvió a verlo pero sin hacerlo realmente, alterada por el agresivo ataque y dando grandes bocanadas de aire.
Tenía los ojos más grandes y expresivos que hubiese visto en su vida.
O que recordara haber visto.
Entonces, como un destello, la mente de Henry se iluminó al reconocer esos orbes azules.
-Tú…-Dijo con voz queda.
¡Era ella, la chica del muro!
Su sorpresa solo podía ser equiparable a su enojo al recordarla, pero extrañamente eso último era lo que menos sentía en ese momento. Quizá porque el momento para sentir rabia ni siquiera se presentó a su debido tiempo, o quizá porque todavía se encontraba anonadado con todo ese embrollo en el que se había involucrado… quizá fuera porque parecía hechizado por la mirada de ella, en ese rostro, aunque común, muy bonito. Él, que era amante leal de las rubias polares, estaba admirado por la curiosa belleza de esa zorra. Sus rasgos redondeados y su carencia de pelaje voluminoso (Como el suyo y los de su tipo) no fueron impedimento para que le gustara de inmediato, con un entusiasmo tan latente como el derechazo que ella la había propinado. Jamás en su vida una chica lo había golpeado tan fuerte y tal vez fuera eso lo que le atrajo en primer lugar.
Hasta que ella frunció el ceño, rompiendo sus escasos segundos de contacto visual.
Y eso también le recordó lo que había pasado la madrugada anterior previó a verla por primera vez. ¿Fue la madrugada anterior realmente? ¿Cuánto tiempo llevaban ahí cautivos?
Mierda.
-Tú.- La zorra le reconoció también una vez que su impresión se esfumó. Cambiando su expresión espantada por una mueca agresiva.- ¡Tú de nuevo!
Quiso lanzarse contra él pero las cadenas se lo impidieron, cayendo de bruces en el fango asqueroso del suelo.
-¡Ustedes dos!- Les llamaron desde arriba con un golpe en la reja. Esta vez, gracias a que se inclinaron, Henry pudo notar que se trataba de dos chicas, rubias las dos, pero solo una de ellas les hablaba. - Pónganse cómodos porque estarán aquí adentro por un largo tiempo.-Enfatizó la palabra con lentitud.
-Típico…-Murmuró hoscamente. Tan acostumbrado a que todo le saliera mal que ya ni se sorprendía.
Hacía veinticuatro horas se había imaginado con sus bolsillos llenos de dinero por el pago de ese trabajo tan sencillo, en la suite de un hotel lujoso, no de esa manera, prisionero en una fosa con la compañía de una bella y gruñona dama.
-¿Qué? No, no, no…- La zorra se levantó de prisa, sin poder erguirse por completo. -¡¿Quién diablos eres?! ¡Déjame salir! –Le gritó, haciendo eco dentro de la fosa.- ¡Déjame salir ahora!
–Hasta que el jefe lo crea conveniente.-Fue su respuesta.- Y cállate si no quieres otro baño…-Le amenazó.- Aunque si soy sincera, eso me gustaría más, me divierte cuando se retuercen como golondrinas degolladas ¿Tú que dices Mariah? –La otra asintió efusivamente, de acuerdo con ella.-Bien dicho.
Pero para Skye no fue suficiente, estaba muy confundida. Haciendo un esfuerzo por ordenar sus ideas.
-¿Jefe?- Repitió.- ¿Qué jefe? ¡Maldita sea, sáquenme de aquí!- Y se ofuscó más cuando las zorras de incorporaron para irse, riendo divertidas y rodeando el pozo.- ¡¿Dónde me tienen?!- Jaló de las cadenas.- ¡Donde, carajo! – Skye se dio cuenta que algo que hasta ese momento no había notado que hacía falta y perdió el color del rostro de nuevo.- ¿Dónde…donde está Finnick? – Y de súbito, pensó lo peor.-No… ¡¿Qué hicieron con Finnick?! ¡No, no! – Ya no podía ver a las zorras.- ¡No, vuelvan aquí! ¡¿Qué hicieron con Finnick?! ¡Respóndanme!
Ninguna de las dos prestó oídos a sus preguntas, ni siquiera cuando gritó con fuerza y rabia, simplemente se fueron.
-Finn…-Su cara era angustia pura.- ¡Donde está, Finn! –Gritaba.- ¡Dónde!
-Si no guardas silencio harás que nos cocinen vivos.-Le reprendió Henry, tomándose muy en serio la amenaza de la rubia. Si no habían tenido pena por ellos para encerrarlos en ese lugar menos lo tendrían para matarlos. Ella volvió su atención a él otra vez, destilando desprecio con esos ojos que le parecían tan dulces. Se removió incómodo por ello, pues sabía la razón de su actitud contra él.- Da igual, nos mataran de todas maneras. Solo espero que sea antes de que tenga ganas de cagar, sería muy humillante morir zurrado.
-¡¿Por qué no cierras el maldito hocico de una vez?!- Atacó Skye, recuperando su carácter. Con la mente más fresca, pudo hacerse una idea de qué era lo que había pasado luego de que esos tipos salieran de la nada. Ahora solo hacía falta descubrir quienes eran y donde los habían llevado tanto a ella como al desaparecido Finnick…Y luego estaba ese desagradable sujeto.-Debí asesinarte cuando tuve oportunidad. –Gruñó.
Él no pudo evitar una sonrisa discreta.
-¿Ah sí? Pues mejor suerte a la próxima.-Jaló de nuevo de la cadena.- Supongo que ambos somos tontos.-Skye lo miró duramente, esperando que continuara.- También tuve una oportunidad y la deje ir. Si te hubiera asesinado de una vez en lugar de creer que podía cobrar algún dinero extra por llevarte a ti y al zorro enano ante el Terror Helado, habría huido a tiempo y no estaría aquí entre…¿Qué es esto? ¿Excremento? Huele como tal. Aunque ahora que lo pienso, qué bueno que no lo hice, eres muy bonita, algo calva, pero bonita.-La vulpina no sabía que decir ante tanta parla, pero lo que si estaba segura es que el tipo era un idiota y, además, conocía al enemigo de Nick. Si trabajaba con la zorra rubia, seguro también lo conocía. Se dio cuenta que lo estaba viendo más de la cuenta otra vez.- Entonces… ¿Cómo te llamas, preciosa?
Parpadeó un par de veces antes de fruncir el entrecejo. -¿A ti qué carajo te importa?
-Oye, solo estoy tratando de recordarlo. Oí al zorro enano decirlo. Era…algo con "M"…estoy seguro.-Skye mantuvo su semblante, con fervientes deseos de soltarse y estrangularlo. Lo peor es que era imposible ignorarlo.-Ma…Maggie.- Lo recordó de forma espontánea.- ¡Maggie! ¿Cierto? Lo sabía, nunca olvido nada.
-¡No me llames así!
-¿Qué?, ¿No te gusta? Yo creo que es tierno.
-¿Y crees que me interesa tu opinión?
A Henry le causaba gracia su osadía y su mal genio pero sospechaba que ella no era siempre así. Que solo lo insultaba porque seguía molesta por su intento de secuestro.
-Lo que creo es que deberíamos olvidar lo que pasó anoche ahora que estamos en igualdad de condiciones y empezar de nuevo. Como dijo nuestra captora, pasaremos largo tiempo aquí y hablar es mejor que estar discutiendo.
-¿Olvidar?-Dijo incrédula.- ¡Olvidar! Asesinaste a mis amigas, ¡Eran como mis hermanas! Si crees que lo voy a olvidar estas muy equivocado. Apenas consiga librarme de esto voy a acabar contigo.
¿Ah sí que por eso se comportaba tan agresiva con él?
-Vaya…-Su cara, su voz y toda ella no parecía vacilar en lo absoluto y aunque a Henry no le intimidaba si le sorprendió.- Bueno, no sé qué decirte, apenas si recuerdo haber matado a nadie. –Se encogió de hombros despreocupadamente.- Y si lo hice tampoco voy a disculparme, era un trabajo.
-Eres un cretino. ¡Cínico!
-¿Y por qué? La zorra rubia nos contrató para seguirle hasta esa mansión. Apenas si sé un poco de lo que planeaba conseguir ahí, ella y su líder, el Terror Helado, ese niño rico. ¡Ni siquiera me importan sus problemas! Pero uno de mis amigos me buscó y me ofreció la oportunidad, así que la aproveché.- Ella no estaba convencida con nada de lo que le decía, al contrario, lo miraba con más desprecio.- Supongo que desde tu perspectiva seré parte de los villanos, pero la verdad es que yo solo necesitaba dinero porque mi última hembra me dejó en la calle, y por eso no dudé en unirme al grupo, es todo. En fin, no sé porque pierdo mi tiempo excusándome, a final de cuentas debes ser tan criminal como yo–Por primera vez la miró seriamente con su único ojo azul. Skye solo apretó la mandíbula ante ese comentario sintiendo la acusación muy directa.- ¿O me dirás que no liquidaste a algunos zorros inocentes también, que al igual que yo, solo querían un pago? ¿Y qué lo hiciste porque también querías una recompensa, tú y tus amigos?
Él había acertado en todo, excepto en una cosa: Ella asesinó por remordimiento y dolor, consciente de que por su causa y su curiosidad al seguir a Nick había sacrificado la vida de sus chicas en vano. Y peor aún, esa decisión la llevó a ese agujero donde no tenía escapatoria. Solo podía pensar en qué sería del destino de sus cachorritos y del resto de su familia sin ella. Al menos le consolaba que Beth cuidaría de ellos el tiempo necesario hasta que lograra salir de ahí. Mientras tanto, no podía hacer nada más que preocuparse.
-Sí, eso pensé.-Dijo Henry, creyendo que su silencio culposo y sus ojos bajos significaban que él estaba en lo correcto.
Skye no dijo nada más, demasiado orgullosa para darle la razón y también cansada de discutir. Sumida en sus angustiantes cavilaciones.
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Estación Central, Zootopia Centro.
Oficina de Jack.
-¿Diez minutos? Bien. –Confirmó Jack al otro lado de la línea telefónica.- No, no, está bien, puedo esperar. Envíame todo al correo. Sí. -Cerró la puerta despacio y con seguro, como siempre.- Bien, te lo agradezco amigo. Claro. Adiós.
Colgó en seguida, acomodando su maletín debajo del brazo mientras guardaba su celular en el bolsillo. Desde su posición notó la luz parpadeante del teléfono fijo y unas carpetas en el escritorio.
Con tanto ajetreo hecho y por hacer había pasado por alto que esa mañana recibiría una copia de los análisis de ADN del cadáver encontrado en Plaza Sahara. (Léase capítulo 5.)
-¡Finalmente!-Dijo con ansias, apresurándose a tomar los documentos casi con torpeza.-Veamos.
Cogió el primero, con una postal que rezaba: «Confidencial».
"Departamento Forense de Zootopia.
Sede: Plaza Sahara.
Serie: 5732
Expediente: 798673"
Y la fecha en la que había sido actualizada.
Mientras revisaba el contenido del archivo, Jack reprodujo el mensaje de su contestadora, curioso por saber si era algún comunicado importante.
En la primera hoja estaba el informe detallado del día que se hizo el levantamiento del cuerpo. Nada que no supiera, pues incluso habían aportes suyos.
-"Buenos días Savage.- Jack despegó la vista de las letras al reconocer la voz de una de sus colegas del Departamento, Selena.- Sé que es muy temprano pero hice enviar los archivos del caso a la Central y una copia a tu despacho. Me enteré que te desplazaron de la otra investigación, así que imaginé que también lo harían de este por ello, me aseguré de que la copia llegara a ti en caso que te prohibieran verlos, sé lo importante que es para ti y créeme. ¡Los resultados fueron increíbles! No tardarán nada en abrir una investigación nueva."
-Que considerada.- Halagó a la chica.-Y entusiasta .- Hojeando los papeles, hasta llegar a la parte que era de su interés.
Ahí estaba, en la penúltima página, la esperanzada confirmación sus investigaciones de los últimos 3 días, la inquietud de los últimos 5 años de su vida: Priev Vilsky "William" van Tousse estaba muerto. El ADN rescatado por el Departamento en algún momento de sus persecuciones coincidía un 98% con el del cadáver de la Calle Movediza.
-Sí…-Arrugó los bordes de la hoja al apretarla con fuerza al sentir un vuelco de felicidad en el corazón, releyendo las líneas como si temiera estar imaginando las palabras, con un gozo enorme que rápidamente borró toda la amargura que había cargado en todo ese tiempo.- ¡Sí! ¡Maldita sea, sí! ¡Es él, muerto!
-"¡Ah, y una cosa más!- Escuchó apenas, con una risa de plena alegría, saltando de su asiento ¡El infeliz que tantos problemas les había ocasionado al fin podía darse por erradicado de la faz de la Tierra!- Estaré en el Centro esta tarde atendiendo unos asuntos del ZFD. Si tienes alguna duda o disconformidad con los datos, házmelo saber. Buen día."
-¿Disconformidad?-Preguntó sonriente a la nada, yendo de un lado al otro.- ¡Por todas las coles! Más claro no puede ser.- Se dijo, chequeando las verídicas copias de las pruebas del laboratorio otra vez.- Y la causa de la muerte fue…-Cuestionó con entusiasmo y expectativa, pasando la página. Eso era lo segundo más importante de todo el asunto.-Fue…
En un segundo la sonrisa de su rostro se contrajo y fue suplantada por una expresión contrariada, como si no entendiera lo que leía.
-Esto no… ¡esto no puede ser!- Exclamó incrédulo, devolviéndose a la sección donde se hallaban las imágenes para ver de más cerca lo que, según esos datos, él mismo había obviado el día que descubrieron el cadáver en parte momificado.-No puedo creerlo. ¡¿Paro cardiorrespiratorio?!
Fue como si el mundo entero se detuviera a su alrededor, como si el cielo le cayera encima en menos de un psrpadeo: Todo lo que Jack había supuesto aquel día con el incitado hallazgo, todas sus soñadas hipótesis de un complot para atraer su atención, ¡Todo! se desvaneció en dos simples palabras.
Según la autopsia aplicada, el débil corazón del anciano se había tenido luego de recibir una impresión demasiado fuerte para su deteriorada salud.
-¿Un estúpido infarto mató al viejo? Todo este tiempo creyendo que fue un homicidio y todo para darme cuenta que murió casi de causa natural -Jack se sintió decepcionado. -¡Debe ser una broma!
Pero no lo era, Jack se dio cuenta que no solo se había vuelto a precipitar con sus indagaciones al leer el siguiente párrafo con las causas segundarias, sino que también tuvo siempre la razón.
-Multiples golpes faciales y torácicos -Continuó, renovando su interés- neumonía, desnutrición, paralisis muscular y...quemaduras en su abdomen y cuello.
Pensó por un momento al reconocer un patrón y giró la páginas de las imágenes , fijándose en las marcas ennegrecidas que surcaban el área del cuello, lineales y simétricas, idénticas a muchas de las que recordaba haber visto en expedientes antiguos de otras víctimas.
-Un collar de electrochoques. -Dijo con tanta incertidumbre como convicción, palpable en cada nota de su voz. -Pero éstas otras marcas... -Señalaba las del tórax -...son circulares, irregulares, pequeñas. Fueron hechas con otro objeto. Significa que...
Siguió ávido la lectura y resolvió su incógnita final con una mezcla de satisfacción y más incertidumbre: Antes de morir, William van Tousse, en un estado deplorable, fue torturado y murió de un ataque al corazón producto de una descarga eléctrica.
Su ejecutor de identidad desconocida, lo asesinó con su propio trabajo.
Jack sacó rápidamente su libreta de anotaciones, dejando a un lado el revelador análisis y concentrándose en iniciar nuevas hipótesis relacionadas a el porqué y quién pudo asesinar al Fabricante original.
Al final de la hoja había entre paréntesis una observación más que indicaba que William sufrió por años ceguera total y crónica en ambos ojos, al parecer era una deficiencia genética.
Pero ese era solo un dato irrelevante.
