La desesperación que antecede la fe.
"He escuchado a veces, como la gente habla de la calma que precede a la tormenta. Del sol que avisa la lluvia y de los silencios que anticipan la bulla. He oído hablar de las acciones que vaticinan algunas palabras, de la manera como una cosa, sin duda pueda ser el primer paso para otra. Como el sonido de la fricción, significa que habrá corriente en poco. Como la seguridad del miedo podría ser el aviso del riesgo. He oído como se menciona más de una vez, que hay millones de formas de ver venir algo, aunque sea pasajero y efímero. He escuchado de la boca de todos como la desesperación, en algún momento muta a esperanza. Como lo malo, se hace bueno en algún punto. Como la ilusión nace de entre la locura y el desasosiego. He oído hablar de la fe y de la decepción que la antecede." Aixa-Gabii Serrada.
¿Has tenido la ligera oportunidad de apoyarte de un vidrio y ver pasar la vida en su reflejo? En la perfecta trasparencia que es la existencia, a través del simple rebote de luz que se hace en una vitrina.
La vitrina de un café. La de una tienda, la de una Libreria, la de una funeraria. A través del vidrio y su capacidad inigualable para reproducir las exactas imágenes sobre el.
Afuera, los autos, las personas y las sonrisas. Las lagrimas penando por salir de los ojos agrietados y cansados. Las ojeras de una ardua jornada. Los sonidos acallados que el vidrio mantiene lo más alejado posible de ti. La actividad cíclica bajo tu estricta mirada.
El reflejo de los sueños, vidas, desilusiones y dolores que convergen en una misma calle, frente a la misma vista exclusiva del aparador de una cafetería cualquiera en Manhattan. La magia de la vida y la mecánica de existir, junto a una infinidad de personas.
Mas allá de las fronteras del cristal, las voces que susurran para sí mismos sus planes, que se aseguran sus vidas y mantienen acallados sus peores temores en la infinidad de su imaginación. Los pequeños murmullos de realidad, dolor y pérdida, encerrados dentro de la oscuridad de nuestros pensamientos
Las frases que mueren en el poder de las miradas. La hostilidad del pánico, la calidez de la compresión. Las miradas de odio y las de aceptación. Las de desconocimiento y las de desasosiego. Aquellas miradas pérdidas en la inmensidad de la gran ciudad, en búsqueda de un rostro familiar, de un halo de luz y de un golpe de suerte.
La suerte que necesitan para cambiar su vida. Para aprender a llevar el dolor en su pecho, para luchar contra las sombras que los aquejan, contra lo gris de su blanco. La suerte de sentirse menos solo en la ciudad más poblada de Estados Unidos.
Aquella suerte que reconozco en una mirada aun más íntima, en la mía.
La mirada que pelea contra los rayos incesantes de sol, un día común de finales de verano, cuando las calles son transitadas a todo lo que da. Con los niños en las escuelas, las maestras a su trabajo y la vida reactivada en la mayoría de su existencia. La mirada que trata de ver más allá de sí misma y sus propias demencias, contra aquella bonita vitrina de su cafetería favorita, en un 13 de septiembre cualquiera.
En un día de su cumpleaños cualquiera.
En algún espacio de la mesa cuadrada frente a mí, mi bolso negro acoge con fuerza los sonidos incesantes de mi celular. Esta podría ser la llamada número veinte de lo que va de mañana, sin embargo no es aquella que quiero recibir.
Descarto la posibilidad de contestar, mientras continúo insistiendo con un trago más de café. A estas alturas el preciado líquido yace frio e impasible dentro de la taza, con una espesa capa de espuma y el sabor a canela intacto.
-¿Todo bien?- susurra amablemente una chica bajita y morena frente a mí. En su cintura está amarrado un sencillo delantal negro, con el logotipo de la cafetería bordado. Me niego a levantar la vista hasta sus ojos, así que solo asiento y le sonrió a la taza, con la esperanza que lo considere para ella.- Feliz cumpleaños, por cierto.
El significado de sus palabras me golpea como una bofetada, siendo ella la segunda persona en el día en pronunciar dicha frase al pie de la letra y cara a cara.
Jacob se había encargado de dejar a un lado nuestras diferencias, para ser especial y meloso esta mañana. Sin embargo, no era esto lo que me había hecho recordar con especial desesperación su felicitación.
"-Este a lo mejor no es el mejor momento. Sé que últimamente nuestro matrimonio se ha visto en momentos muy duros, pero también sé que esto no es precisamente lo más fácil para ti. Solo quiero que sepas que te entiendo, y que me voy a mantener firme por los dos. Voy a luchar por nuestro matrimonio Bella, lo sacaremos de esto.- se acerco y deposito un suave beso sobre mi frente, mientras mi corazón latía desbocado. "
-Gracias, creo.- conteste, lo mas cortes posible. Inevitablemente levante mi rostro, buscando los ojos miel de la chica, que sonreía con bastante felicidad.- ¿Cómo sabes que hoy es mi cumpleaños?- mire a mi alrededor en búsqueda de algo que pudiera parecer evidencia obvia de la fecha, pero todo lucia bajo control.
Tampoco es que iba a aparecer un anuncio de felicitación hacia mí en una pantalla de Times Square.
-Espero que no te parezca demasiado friki, pero soy tu fan. Ley tu libro y desde entonces espero por tu próxima creación. Me se tu fecha de nacimiento, casi tanto como la mía.- sonreí impactada, mientras su rostro se crispaba de exaltación.
-Eres la primera persona que me dice hoy feliz cumpleaños, sin ánimo de ganarse un plan o algún favor conmigo hoy.- susurre, sin poder contener las palabas y el enfado producido
-Te puedo asegurar que no aspiraría nunca ni por asomo nada de ti, más que un libro nuevo y saber que estas bien.- suspire y le señale la silla frente a mí.
-¿Crees que tengas demasiados problemas si te sientas junto a mi?- sus ojos se dilataron ante mis palabras y observo a todas partes.
Mi curiosidad pudo más y mire en las mismas direcciones que ella, notando lo usual en la cafetería. Todo a reventar y los mesoneros corriendo con café y galleta en mano. No veía nada que pudiera determinar o no su reacción, pero al parecer ella sí.
-Solo unos minutos no me hará mal.
-Seguro que no.- tomo asiento frente a mí, rígida y distante de la mesa entre nostras.- No se que digan las revistas de mi, pero te puedo asegurar que no cómo.- ella soltó una risita y recostó sus codos de la mesa.
-No quiero molestar.
-No me molestas linda.- tome una de sus manos ente las mías, recordando cuanto hubiese deseado poder tomar un café con mis autoras favoritas de joven. Cuanto hubiese deseado la oportunidad de estrechar entre mis manos las de la persona que inspiraba mis momentos.- Cuéntame, ¿Por qué te decidiste a leer mi libro? Es bien sabido que es el libro más popular entre las despechadas.- me recosté del respaldo de la silla y la observe con atención, mientras mi pregunta estilo reporteril se perdía entre el bullicio de la gente.
-¿Me estas entrevistando?- se rio ella.- Bueno, mi novio de secundaria me dejo en el altar.
Sus palabras salieron de manera atropellada de su boca, y fue entonces cuando supe que no lo había superado aun.
-No suena a nada fácil.- me decidí por una respuesta suave.
-No lo fue. Pase meses en estado catatónico. Me alimentaba más a la fuerza que por conciencia.
-Suena a algo que cualquier mujer haría para pasar el trago amargo. Es bueno verte ahora, intercambiado palabras y comiendo algo.- señale con mis manos las suyas, mientras que luchaba por arrancarse un pedazo de uña con los dientes.
-Oh por Dios, lo siento. Te juro que he intentado dejarlo, pero luego de lo ocurrido con Víctor, la situación ha ido de mal en peor.- arranco su mano de inmediato y la refugio en los bolsillos del delantal.
-Entiendo, es algo bastante compresible. ¿Cómo te fue con mi libro, entonces?- decidí cambiar de tema.
-Después de los primeros meses así, cuando comencé a salir de estupor, mi mama me trajo libros nuevos, que estaban muy de moda en el momento. Leer es mi pasatiempo favorito ¿sabes? Y mi psicólogo recomendó que me trajeran cosas que evocaran a mis días pasados.- asentí con la cabeza.- Leí muchos libros en esos días, siempre dejando al tuyo de ultimo. No te ofendas, pero tenía nombre de autoayuda, y lo menos que deseaba era más lastima en mi entorno. Ahora sé que debí haber comenzado por el.- me sonrió de manera genuina y le correspondí.
-Me alegro que así fuera.
-Me enamore profundamente de Federico ¿sabes? Su ternura y paciencia cerró paso a paso cada una de mis heridas. Una a una, como si fueran ungüento. Para cuando leía la mitad del libro, salía de la casa y podía retomar mis estudios. Cuando termine con él, tenía amigos nuevos y una vida por delante. Fue un verdadero renacer.- me estremecí ante sus palabra, mientras mis ojos se llenaban de lagrimas.
La impresión causada por el libro calo dentro de mí y no pude evitar apretar más sus manos.
-Nunca espere poder hacer tanto bien.- admití.
-Más que eso Bella, me ensañaste a entender la vida de nuevo, a confiar en un mejor mañana y desear salir adelante por él. Con "Sobreviviendo al fracaso" fue inevitable detener mis ganas de levantarme y salir en búsqueda de mi final feliz. MI vida no había terminado aquella tarde en la iglesia, había apenas comenzado, de una manera bastante extraña.- de sus labio brotaron algunas risitas nerviosas y yo asentí con la cabeza.
-¿Cómo hiciste siquiera para idear una historia así, cuando tú misma has dicho, que estabas en el peor momento de tu vida?- la observe con atención, mientras volvía a comerse las uñas.
-Hay muchos peores momentos en una vida.- me reí.- Yo a veces me pregunto, como fue que tuve la entereza de imaginar la felicidad ajena en medio de mi desdicha. Fui un ser humano muy egoísta durante mi gran depresión, aunque muchos apuestan que aun lo soy y les creo. El punto es que, imaginando el final feliz de Elena, conseguí el oxigeno suficiente para seguir. A veces de fantasías y de los sueños que estaba alimentando para alguien más, pude darle curso a mi vida y tratar de vivirla lo mejor posible. Escribí el libro en unos meses, fue una producción muy rápida, ojala y ustedes pudieran ver las lágrimas derramadas, página tras página.
-Pero al final lo lograste.- me reconforto.- Lograste sobrevivir los suficiente para esperar a tu propio Federico.- su voz era animada.
-Federico es un hombre irrepetible.- fue mi única respuesta, mientras evocaba las líneas narradas una y otra vez, donde los besos suaves y las caricias de consuelo, se parecían en algo a alguien más.
-Seguro que Jacob es igual de especial.
-Es sin duda un hombre maravilloso.- la mire a los ojos y note en ellos la curiosidad.- Pero no es exactamente como ustedes y yo lo deseamos. Es imposible encontrar en la vida real alguien que sepa curarte tan bien, como un personaje creado por ti misma.
-El no solo te curo a ti, lo hizo con todas. Nos reconstruyo de adentro hacia fuera, nos soltó al mundo y nos permitió volver a creer.- levante mi ceja izquierda, notando la insinuación implícita.
-¿Cómo se llama tu Federico?
-Es difícil de explicar.- se sonrojo y yo no pude evitar reír.
-Oh vamos linda, ¿Es un ex convicto? ¿Un cura que abandono la sotana por ti? ¿Era tu mejor amigo? ¿Era el mejor amigo de tu ex?- empuje su hombro con suavidad, incitándola a hablar.
-Es mi ex.- mis ojos se dilataron al instante y la observe de arriba abajo. Su talón izquierdo golpeteaba con fuerza el piso, mientras buscaba la señal de disgusto en mis facciones.
-¿Cómo es eso posible?- no pude controlar el tono de reproche, y de inmediato quise recoger mis palabras y tragármelas.
-Se que al principio suena extraño e incorrecto, pero con el tiempo que transcurrió, pude entender muchas cosas.- escondió sus ojos de mi.
-Ilumíname.- dije en tono sarcástico.
-Luego que termine tu libro y volví a la universidad, conseguí a un hombre maravilloso. Era el hombre perfecto, casi tanto como Federico. El me tuvo paciencia, el me cuido, supo esperar, entendió mis tiempos y a cambio me dio amor incondicional. Estaba profundamente enamorado de mí y me dio todo aquello que yo necesitaba para sobrevivir. A lo mejor no puedas entenderlo, dado todo lo que estoy diciendo, pero realmente algo estaba mal.- observe las mesas frente a mí y mucho mas allá por la vitrina, siguiendo los pasos de la gente en el pavimento.
Algo de lo que ella narraba me era asquerosamente familiar.
-Continua.- la invite, mientras me mantenía perdida dentro de mí misma, tratando de evitar la conclusión posterior a la que ella iba a llegar.
-Se que suena absurdo e insólito, que parece que estoy loca y te lo juro que a veces lo pienso.- se detuvo un momento.- Pero los besos de Michael no eran los de Víctor, su manera se hacerme reír no era la misma. El brillo de sus ojos no era similar y la manera cálida como me hacía el amor.- se sonrojo.- No era siquiera parecida. Por mas descabellado que suene, era a Víctor a quien yo necesitaba para que curara mis heridas, esas mismas que él me había infringido.
-Te confieso que me sorprenden tus palabras.- trague saliva fuertemente, repitiendo en mi cabeza mi propia voz, asegurándome que había escogido las palabras adecuadas.
-El punto es que fue algo inevitable. El consiguió mi dirección y logro encontrarse conmigo una tarde entre clases. Estuve con él toda la tarde en contra pronóstico. Hablamos de muchas cosas Bella, el me dijo que lo que había hecho está mal, que era un error continuar en el mismo lugar, a las sombras de sus decisiones incorrectas. El mismo me admitió que no había explicación alguna para lo que me hizo pasar. En contra de mi misma y mis deseos, me acosté con él esa noche.- frote mi rostro con las manos, asustada ante sus palabras.
La Bella sentada frente a mí, comenzaba a usurpar mis acciones.
-La gente no lo entendió al principio, bueno, yo tampoco. Luego de esa noche le hui por días. Trate de continuar con mi vida, pero era obvio que no podía. Quise pensar que era mi manera de cerrar el capítulo, que podía superarlo. Que corriendo a los brazos de Michael lo podría dejar atrás, pero la verdad es que era una adicción sin cura. Me justifique en todas las razones posibles, me escude de las mejores estrategias y a base de mentiras, lo seguí viendo. Engañe a Michael y a mí misma, me asegure que iba a sobrevivir a esto y más, que solo era una manera de obtener una satisfacción momentánea y que lo único seguro era que no podía dejar a mi novio.- mordí mi labio con fuerza.
Lo único seguro de mi vida, es que no podía dejar a Jacob.
-Pero entonces me lance al agua, sin saber nadar y sin salvavidas. Solo lo hice. Me enfrente a Michael, lo mire a los ojos y termine con él. Decidí que fuera cual fuera mi destino y las decisiones que tomara en el futuro, no podía continuar con algo que estaba haciéndole daño. De lo único que estaba segura, era que debía dejarlo ir, porque en mi viaje, lo estaba arrastrando hasta un final incierto.- parpadee varias veces, preparándome para hablar.
-Fue muy valiente de tu parte.- es algo que yo nunca hubiese hecho, fue el resto de la frase, que murió en los silencios de mi cabeza.
-Luego de eso comenzó un viaje en búsqueda de mi misma. Tuve que desechar muchas amistades, luchar contra muchos ideales, defender mi opinión de muchas personas, pero la parte más difícil fue convencerme a mi misma de que lo que estaba sintiendo no era un pecado. Asegurarme que no estaba enferma ni era una lunática por soñar con volver a estar con él. Tuve que luchar contra mi fobia irrefutable contra mi misma y lo que se supone que estaba bien dado el caso. Al final de la batalla.- levanto su mano izquierda, donde brillaba un bonito anillo, bastante sencillo. Un aro dorado, con una pequeña piedra resplandeciente en el medio.- No podíamos darnos el lujo de tener más de un anillo en nuestra segundo boda, así que con el anillo de compromiso de nuestra primera vez, sellamos el pacto a la segunda.
Me quede sujeta a un profundo silencio, solo empañado por las habladurías de las personas del lugar. La chica frente a mí, hizo una seña por sobre mi cabeza y le sonrió con calidez a ese alguien con quien se comunicaba. Yo deje que las palabras de ella cayeran en el fondo de mi cerebro, mientras le daba sentido a lo que escuchaba.
-Yo…- abrí la boca para hablar, pero me quede a la mitad, presa de mis propios pensamientos.
Ella simplemente tomo lo mejor de él y lo volvió a aceptar en su vida.
-¿Acaso no sientes miedo de que te deje alguna vez?- le reclame.
-Claro que si Bella, de la misma manera como siento miedo que mi madre muera o de no aprobar mi examen de estadística mañana. Siento miedo de muchas cosas y la mayoría tienen que ver con él. Con su partida, con molestarlo, con decepcionarlo, con perderlo.- sobe mis mejillas y me apoye en ellas.
-¿Entonces qué haces con él?
-Venzo mis miedos y soy feliz. Mira, se que fue y es un paso riesgoso, que había muchas probabilidades en contra, pero en todo lo hay en esta vida. Hay probabilidades en contra para todo Bella, y yo decidí que no dejaría que ella siguieran viviendo por mí. Tengo miedo con él, pero soy infeliz sin él. He sabido canalizar mis temores y Víctor los mantiene a raya con sus besos. No es la mejor persona del mundo, pero nos amamos y eso es suficiente para estar bien.- negué con la cabeza frenéticamente.
El amor no alcanza, no es suficiente, no es siquiera la mitad del camino.
-No puedes conformarte nada más con amarlo. Eso no es vida, es ser egoísta contigo misma. Tienes derecho a una vida mejor, a tranquilidad y estabilidad. A vivir sin miedo a perderlo, a estar segura que no va a volver a dejarte atrás.
Yo tenía derecho a vivir en paz. Tenía el derecho a tomar una decisión que me asegurara tranquilidad. A estar segura que él no volvería a dejarme atrás por alguien más. Que yo sería suficiente, para siempre.
-Nada es seguro en esta vida. Nada es demasiado estable o tranquilo, solo es bueno en un grado y malo en otro. Todo lo bueno junto, no existe a menos que creas en el cielo. ¿Quieres saber de lo único que estoy segura ahora mismo?- volvió a hacer señas tras de mí y no pude evitar voltear. Un joven como de su edad, alto y de tez pálida le lanzaba miradas cariñosas. En sus brazos descansaba un pequeño bebe, con los ojos miel como los de la chica, pero grandes como los del chico.- Que sin ninguno de esos dos puedo vivir.
El bebe extendió la mano hasta nosotras y trato de agarrar el aire, con la vista fija en la chica junto a mí. Sus ojos se mostraron llorosos, mientras hacía muecas y miraba al que supongo, era su papá.
Mi corazón se estrujo ante la visión, mientras la chica le hacía ojitos al bebe para tranquilizarlo. El joven quien lo tenía sujetado susurraba palabras en el oído del infante, sin perder de vista a su esposa.
-No es perfecto y jamás lo será, pero él me da cosas que nadie más me dará. No viviré cien por ciento tranquila, no tendrá toda la estabilidad de la que hablas, pero Víctor y Derek son suficientes para compensar todo lo demás. No se pude tener todo en la vida Bella y a veces hay que sacrificar para obtener más.- apretó mi hombro entre su mano, antes de ponerse pie.- Feliz cumpleaños una vez más, espero que tengas un lindo día.- camino hasta el mostrador, cargando al bebe entre sus brazos.
Chillidos de éxtasis abandonaron los labios de su hijo, mientras su esposo le sonría. Se acerco hasta él y dejo un beso en su mejilla, cargado de complicidad y privacidad. Probablemente un beso en los labios no hubiese sido la mitad de íntimo que ese.
No pude evitar la inminente necesidad de voltear a otra parte. De nuevo me fui contra la vista de la vida fuera del vidrio, por donde escurrían algunas gotas de agua, mostrando la pequeña llovizna que caía afuera.
-Esto va por cuenta de la casa.- levante mi vista para encontrarme con el lindo muchacho de hace unos minutos, esposo de la valiente chica de decisiones arriesgadas.
-Muchas gracias.- susurre.
-Las gracias se las doy yo a usted, de no ser por su libro, muchas cosas hoy no serian posibles.- se llevo la taza que había tenido minutos antes entre mis dedos, mientras sus palabras continuaban deambulando sobre la brisa de lluvia en el lugar.
Cansada del insistente sonido de mi celular, cruce mi brazo por sobre la mesa, decidida acallar las voces demandantes detrás del teléfono.
Ni siquiera mire la pantalla cuando lleve el auricular a mi oreja.
-Alo.- digo, rescatando lo mejor que puedo mi voz.
-Hasta que al fin tienes la decencia de contestarme.- la chillona voz de Alice reclama a través de auricular.
-Lo siento.- es lo único que digo en mi defensa.
-Eso no es suficiente para mí y lo sabes.- continua ella.
-No tengo ánimos de discutir.- le gruño.
-Si fuéramos un centímetro más efusivas en la conversación, probablemente usaríamos todas las palabras del diccionario.- ruedo los ojos.
-No tengo nada interesante que decir.
-¡Feliz cumpleaños Bella!- tuve que alejar el teléfono de mi oído, para preservar mi tímpano.
-No hacía falta que gritaras. Sé que hoy he envejecido un poco más, pero no estoy perdiendo la audición aun.- trate de sonar lo mas risueña posible.
-Deprimirse en los cumpleaños es insólito Bella, hasta para ti que te deprimes de todo.
-Espero poder hacer en mi cumpleaños lo que me plazca aun y a pesar de todo. Sé que el término "libertad" está pasando de moda, pero yo sigo creyendo en el.- no pude contener el veneno que afloro por mi boca.
-Me importa un pequeño y bonito rábano lo que tú quieras creer sobre los conceptos y términos que manejan el mundo linda, espero que tengas eso presente la próxima vez que quieras cortar mi leche con tu amargura. Puedes irte con tu comentarios irónicos a dañarle el hilo a alguien más, pero bien sabes que estoy por encima de tus malos tratos.- asentí con la cabeza, como si me observara, mientras por mis orejas salía humo negro y denso.
-¿Qué quieres Alice?- preferí ir al grano.
-Como bien sabes, en una hora, esa insólita racha de amargura y autocomplacencia terminara. Levantaras el teléfono y te disculparas conmigo, así que hare de cuenta desde ya que lo hiciste y que volviste a ser un humano normal y agradecido con tu entorno. Sé que hoy es jueves, que intentar hacer algo por tu cumpleaños es absurdo, pero las cosas absurdas son mis favoritas. Iremos a un bonito lugar, tomaremos y bailaremos otro poco. Como a eso de la una iras a dormir y mañana será otro día. Es todo.- la alegría de su voz casi me hace regresar el café.
-No quiero salir y sin duda no puedo salir. Jacob trabaja mañana, se levanta a las cinco y media de la mañana para poder llegar a su destino, es obvio que no está entre sus planes poner la cabeza en la almohada a las dos de la mañana.- me escude en lo mejor que pude.
-Primer error en tu escudo contra mí, Jacob ya estuvo en contacto conmigo y fue el primero en pedirme ideas sobre lo que haríamos hoy. A él lo tiene muy sin cuidado la hora en la que pondrá la cabeza en la almohada Bella, piensa una mejor.- bufe.
-¿Qué te parece esta? No quiero salir.- le grite, llamando la atención de las personas cerca de mí.
-Ocho treinta en Orange Bar. Te recomiendo que vayas cómoda, pero nada de tenis y esas cosas, solo acepto jean a cambio de bonitos tacones. Te amo y tú también lo haces aunque no ahora mismo. Adiós.- no tuve un segundo más de tiempo, antes que la línea quedara vacía.
Frote mi rostro con fuerza, sintiendo que había pasado días en el mismo lugar. Tome mi cartera del respaldo de la silla y me despedí de la mano con la chica, no sin antes dejarle mi autógrafo en un servilleta sobre la mesa.
Camine por la acera hasta dar con mi carro, subiéndome mientras la música del radio se activaba prácticamente al instante.
-Hoy es un lluvioso y caluroso día en la ciudad de New York, mientras cae el medio día, las gotas gruesas pero esporádicas de lluvia se niegan a ceder. Estamos experimentando uno de los días de verano más extraños en la historia de la ciudad, pero convencidos que los días diferentes siempre marcan nuestra memoria. Hoy es un bueno día para hacer y escuchar aquellas cosas más insólitas en el mundo, para hacerle honor a la situación climatológica. Es momento de abrir nuestras mentes y ampliar nuestros conceptos, de ver más allá de lo que tenemos, de la lluvia del invierno o el calor de la primavera. Yo soy Derek Monroe y esto es New York de doce. Ahora los dejo con Safe and Sound de Taylor Swift.- la voz del locutor se perdió en la notas de la canción que daba inicio.
Hoy es un buen día para hacer cosas diferentes, había mencionado.
¿Qué tantas cosas diferentes podía hacer hoy?
Mi celular repico una vez más, así que me apresure a conectar a mi oreja el manos libres.
Sin comprobar la pantalla y atascada en un embotellamiento, conteste la llamada.
-¿Si?
-Feliz cumpleaños amor.
Esa voz era suficiente para asegurarme cuanta cosas diferentes era capaz de hacer hoy, y era obvio que no muchas.
-Gracias una vez más Jake.- le baje volumen al radio y me concentre en la risa que entraba por mi oído.
-¿Cómo ha llevado la mañana, la cumpleañera más linda del mundo?- rodé los ojos ante sus palabras, tratando de convencerme que debía aceptarlas de mil maneras.
No eran sus felicitaciones las que quería escuchar y no la llamada de ninguno de ellos la que quería recibir. Había alguien en especial que se había mantenido al margen de mí el día de hoy, y comenzaba a irritarme por ello.
-Estuve hasta hace poco tomándome un café.- le reste importancia.
-Tengo una reservación para hoy en el restaurant de Edward.- la sola mención de su nombre me produjo taquicardia.
-Creí que estábamos en la fase en que odiábamos a Edward y todo lo que tuviera que ver con él.
-No puedo cocinar la mitad de bien que él y eso es algo que no pienso pelearte. Sé que amas su comida y es tu cumpleaños. Quiero darte todas aquellas cosas que te agraden, no importa que tanto lo hagan conmigo.- suspire ruidosamente.
-¿A qué hora nos vemos?
-Ya mismo.- con esto colgué la llamada y conduje hasta allí.
Mientras me mantenía en el "silencio" del tráfico neoyorquino, comenzaba a maquinar lo ocurrido el día de hoy.
Cuando había escrito "Sobreviviendo al fracaso" la única manera que parecía sensata para que Elena y yo misma sobreviviéramos, era consiguiendo alguien más. Obteniendo de alguien más las caricias y los perdones que necesitábamos para sobrevivir.
Nunca había contemplado siquiera la posibilidad de que la felicidad y la cura que buscábamos, pudiera estar en aquella persona que tanto daño nos había hecho.
Sonaba desquiciado e ilegal siquiera imaginar que podrías volver a amar algo que te hace daño, y vivir para contarlo. Una cosa era sentirlo, estar consciente que es así, y otra muy distinta es darle curso con normalidad.
Es insólito pensar que puedes volver a ponerte a tiro del dolor. Es como caminar sobre vidrios sin zapatos, a pesar que sabes que dolerá, que ya lo intentaste alguna vez, pero lo vas a hacer una vez más.
Es demasiado masoquismo en un mismo cuerpo.
Pero luego están las verdades innegables. Los besos, las caricias, las risas y los brillos que nadie te dará. Aquellas cosas que viene en contra parte del desquicie de volver a confiar.
La seguridad de saber que esa es la clase de amor que no se repite, que necesitas y que realmente te alimenta. Que viene en contraprestación de la inseguridad de pensar que puede volverte a pasar.
¿Cómo saber si estas en el peligro de que explote un volcán? ¿Cómo saber si dejarlo todo está bien?
¿Cómo confiar de nuevo en la misma historia, en la misma persona? ¿Cómo pones las manos en el fuego una vez más?
¿Cierras los ojos, saltas y esperas que esta vez sí salga bien? ¿Esperas poder suficiente esta vez? ¿Llenar las expectativas y funcionar?
¿Es legal siquiera considerar la posibilidad de abandonar la seguridad por el desierto? Como mudarse de la mansión a la selva. ¿Es siquiera normal que lo quieras pensar?
-Quiero aprovechar este último bloque, mis oyentes neoyorquinos, para felicitar personalmente y a nombre de toda la ciudad, a la escritora favorita de los despechados. A aquella mujer oriunda de Forks, pero que hace algunos años engalana nuestras ciudad. ¡Feliz cumpleaños Bella Swan!- observe el radio como si fuera a explotar, mientras el locutor se decidía a hablar por algo más.
En el parabrisas, se podía observar como las nubes habían cedido y las gotas no caían más. El sol chirriante de esta época se asomaba en el cielo azul y despejado, haciendo reflejos molestos sobre el vidrio de las fachadas en los rascacielos.
Respirando profundo, cruce el umbral de la puerta del restaurant, que como viejo local de película, tenía una campanita en el marco.
El sonido de esta anuncio a los demás comensales de mi presencia, ganándome así sonrisas y felicitaciones de parte de muchos, que parecían estar al corriente con mi vida.
-Hola Bella.- me saludo Peter, un viejo asistente de cocina, que había trabajado con Edward desde antes de la fundación del restaurant.- Feliz cumpleaños.
-Gracias Peter.- frote su hombro con familiaridad, antes de acercarme a la mesa donde estaba Jacob.
-Llegaste más rápido de lo que imagine.- me beso en los labios y de inmediato note su incomodidad.
-¿Todo bien?- mire a mi alrededor en búsqueda de algo diferente, pero todo aparentaba ser normal, dentro de la excentricidad del día.
Jake se limito a asentir con la cabeza, observando por sobre la mía con cautela.
-En fin, ¿Qué tuvo de buena tu mañana de cumpleaños? ¿Ya te llamo Alice?- volvió a fijar la vista en mi y sonrió.
-Sí, lo hizo, contándome que mi esposo esta mas dispuesto a festejar que yo. Mañana es día de trabajo para ti Jake, no me parece buena idea.- un mesonero se nos acerco y dejo una botella de vino tinto, con dos copas servidas.
-Es tu cumpleaños linda, por el puedo sobrevivir a un trasnocho.- entrelazo nuestros dedos por sobre la mesa, taladrando con la mirada un punto sobre mi cabeza.
-¿Qué demonios es tan interesante allá atrás?- seguir su mirada, encontrándome con el punto obvio de distracción.
Tras de mí y caminando a nuestra encuentro, venia un sonriente y arrogante Edward, sosteniendo una tarta ente sus manos, con una ventiunica vela encendida.
-Hola Bella, feliz cumpleaños.- dijo muy orondo, empujando la torta en mis narices.
De inmediato reconocí el postre frente a mí. Era el tiramisú Bella.
Me puse de pie de inmediato, mientras Jake imitaba mis acciones. Se coloco a mi lado y su mano afianzo el agarre en la mía. A pesar de la sonrisa jocosa y sobrada de los labios de Edward, en sus ojos había un baño de tristeza e incertidumbre.
-Oh, gracias.- conteste lo más comedida posible, deseando lanzarme en sus brazos y luego reclamarle que no me hubiese llamando.
Hace una semana que no lo hacía, al igual que no aparecía por mi apartamento ni contestaba mis mensajes. Comenzaba a enloquecer.
-Bonito detalle Edward.- Jacob reclamo atención en su presencia y solo entones Edward se tomo la molestia de observarlo.
-No es nada Jacob.- fue su escueta respuesta.- Ahora, me gustaría que mi distinguida clientela me ayude a cantarle el cumpleaños feliz a nuestra escritora favorita.- observo a las personas alrededor, mientras todas asentían con la cabeza.
Y entonces abrió la boca y comenzó a cantar, con las voces de todos de fondo.
A pesar de lo chirriante que se escuchaban los alaridos de todos en el espacio cerrado, ver sus ojos y escuchar su voz, luego de una semana de no saber nada de él, era suficiente para mantenerme embelesada y distraída. Los sonidos de afuera perdieron algún sentido, mientras lo veía sonreír y cantar. Fue ese el momento en que sus ojos perdieron la oscuridad que tenían y volvieron a brillar en picardía y felicidad.
-Feliz cumpleaños amor.- termino entre labios. Mire a mi alrededor, buscando señales de que alguien lo hubiese visto o escuchado, pero Jacob estaba perdido entre los canticos, mostrándose orgulloso de llevar el ritmo.
Me acerque hasta los brazos de Edward y sople la vela, ante la expectación y futura lluvia de aplausos. Les regale una sincera sonrisa a todos, antes de quitar la torta de las manos de Edward y dejarla en la mesa.
Me acerque a él, y sin siquiera determinar a Jacob, me lance en sus brazos en búsqueda de cariño y consuelo. A pesar de la sorpresa, sus brazos de cerraron sobre mi cintura de inmediato.
-Shh, estoy aquí.- me tranquilizo.- Y te amo en contra de todo pronóstico.- sonreí desde su cuello, negándome a soltarlo.
Estando aquí, entre sus brazos y escuchando sus palabras, podía entender las que la chica del café había pronunciado más temprano.
Jacob era tranquilidad, estabilidad, seguridad y ¿Por qué no? Felicidad, pero no era aquellas cosas que un par de palabras y abrazos de Edward, podrían ser.
Me separe de él, enfurruñada e incómoda.
-Gracias.- trate de disfrazar la situación, desviando mi atención hasta el postre frente a mí. Tome un cuchillo de mi juego de cubiertos y pique una rebanada, dándole un gran mordisco a la misma- Deliciosa.- hable con la boca llena, recibiendo una sonrisa de parte de Edward.
-Me alegro que así sea.- acaricio con suavidad mi brazo y camino de regreso por donde mismo vino, sembrando dentro de mí el desconcierto y la inseguridad de más temprano.
Él no era perfecto. Él me había hecho daño, me había dejado cicatrices imborrables. Me había hecho miserable, pero él era el hombre que yo amaba. Él que me hacía sentir cosquillas en la boca del estomago y escalofríos en todo el cuerpo.
Él que hacia que toda la sangre se me drenara a los pies cuando se iba, y que volviera a latir con fuerza dentro de mi corazón, cuando venia.
Edward era el único capaz de hacer de mi estado de pánico, solo la desesperación que antecede a la fe.
He regresado! Estamos ahora en el cumpleaños de Bella, bueno una parte. Espero poder escribir pronto la siguiente parte de este dia, que creo que traerá un poco mas de acción Edward-Bella. ¿Quién piensa que necesitamos un Edward POV despues de tanto tiempo leyendo a Bella? Esos capítulos son mis favoritos.
En otras cosas, me disculpo por las actualizaciones esporádicas, pero como comente en el capitulo pasado estoy hasta donde dice no pase de problemas. Mi cabeza es un nido de pajaros.
Ahora mismo estoy refugiada en la saga Los Juegos del Hambre ¿Alguien la leyó? ¿Alguien la ama conmigo? Peeta es lo mejor despues de Edward y Christian Grey.
La frase en cursiva que dice: Sobre vidrios sin zapatos, hace alusión al titulo de uno de los capítulos de mi historia A Un Buen Soldado Enamorado (AUBSE)
Sin mas nada que agregar me despido, recordándoles que en mi perfil pueden conseguir mi Twitter y mi pagina de Facebook, quiero estar en contacto con ustedes. Tambien me correo, por si las dudas.
Comentarios? Gracias!
