Disclaimer: Obviamente, todos los personajes -excepto unos pocos- pertenecen a Stephenie Meyer. Yo sólo echo a volar la imaginación, disfrutando con el universo que ella ha creado.
A/N: Muchísimas gracias por vuestros comentarios. Me hace mucha ilusión comprobar que cumplo con mis objetivos...
Capítulo Treinta y Seis: "En Calma"
Pv Alice
Flotaba relajadamente sobre el mar, en la otra punta de la isla, cuando me llegó la visión, y abandoné mi reposo para contestar al teléfono, aliviada.
-¡Kate!- saludé, al primer toque.
- ¡Hola, Alice! Yo también me alegro de oírte…- saludó mi prima.
- Las cosas aquí no podrían ir mejor.- informé.- Bella ya no está tan perdida.
- Nos alegra oír eso, créeme. Alice…- comenzó, dubitativa.
- Sí, por supuesto… Ya lo sé. Y también que no podéis hacer nada al respecto.- tranquilicé de inmediato.
- Alice, sólo quiero que me digas que no es un error… La decisión es firme.- lamentó ella entonces.
- Error, lo que se dice error…- comencé, concentrándome.- No lo llamaría error. Pero no será agradable.
Arrugué la nariz. La imagen era dolorosa, se me encogía el corazón, pero no tenía duda alguna de que era lo correcto.
- Bueno, ¿y qué habéis hecho todo este tiempo? Claudia nos hizo una visita de cortesía en el muelle, pero no hemos vuelto a saber nada de ella… Excepto que, con toda seguridad, planea contraatacar. No he sido capaz de ver una sola decisión de Alec. Y mucho me temo, que la razón es que lo tiene bajo su influencia. No la veremos venir.- actualicé.
- Lamento oír eso… No, todos están bien.- contestó Kate. Se notaba que la última frase no iba dirigida a mí. No era una pregunta, sino una afirmación. Kate estaba transmitiendo esa información.
- Pero ahora, ¿qué habéis estado haciendo?- quise saber.
Tenía todo el tiempo del mundo. Comenzaba a amanecer, y Jasper montaba guardia en una torre de vigía que habíamos instalado en la parte más alta de la isla tan pronto como habíamos salido de la casa.
Jazz y yo no habíamos ido a tierra a comprar sólo ropa, sino también los utensilios necesarios para construir una improvisada torre de vigilancia, de la que la isla carecía, al no haberse presentado nunca la necesidad.
Carlisle había adquirido la isla como regalo para Esme, como un lugar de esparcimiento. Ella, en su infinita generosidad, había hecho construir en aquella tierra una mansión lo suficientemente grande como para albergar a la familia entera, para disponer de otro hogar más donde disfrutar de periodos de veraneo. La isla estaba resguardada de miradas ajenas, y en ella nos era posible disfrutar del mar.
Por supuesto que la mansión disponía de un sistema de seguridad, pero sólo lo activábamos cuando íbamos a ausentarnos durante un largo periodo de tiempo. Nunca estando en la isla. Y su única función era disuadir a los piratas de cualquier intento de robo. Aunque el mejor sistema antirrobo era borrar la existencia de la isla de los mapas del ejército, y el inhibidor de ondas que evitaba que la isla fuera rastreada por ningún radar.
Aún así, en el mismo momento en que Jasper se había ofrecido en el yate a organizar turnos de guardia, la torre de vigilancia había aparecido en mi mente, comunicada con la casa y con cualquiera de nosotros por un walkie talkie, de los que nos habíamos aprovisionado en nuestra incursión en tierra firme, así como de clavos, sierras, taladros… que los chicos se habían puesto a manejar inmediatamente, mientras Edward y Bella recuperaban el tiempo perdido.
- Permanecimos unos días en la ciudad, asegurándonos de que no había movimiento, y recibimos la información que enviaste. Pero cuando íbamos a salir de viaje, nos envió el mensaje y fuimos a su encuentro. Garret pensó que era mejor reunirse cuanto antes.- contaba Kate.
- Entiendo. ¿Sabéis algo de Claudia o Alec?- pregunté.
- Sospecho que Alec nos localizó aquel día, y que fue él quien rajó las ruedas del jeep, para retrasar la salida. Apestaban a vampiro, pero no pudimos reconocer el rastro. Optamos entonces por desviar la atención, y fuimos a Maracaibo, esperando que nos siguieran durante un tiempo, si nos vigilaban…
- Eso fue peligroso, Kate.- reprobé.
- Con Garret a mi lado no tengo miedo, Alice. Juntos somos mortíferos.- presumió mi prima.- De todos modos, ha sido inútil. No han mordido el anzuelo. Hemos estado solos.
- Hasta ahora.- apunté.
- Sí, claro, hasta ahora.- rió ella.- Bella ¿ha recordado algo más, entonces?
- Venir aquí ha sido una excelente idea. Ha sido relativamente fácil estimular su memoria. Al menos, en lo concerniente a Edward…- reí de forma traviesa.
- ¿En serio? ¡Oh, Alice, me alegro tanto!- celebró Kate.
Yo también me alegraba, por supuesto. Incluso por el regalo al que Edward llevaba un rato dándole vueltas a la cabeza, en pago por haberle ayudado a conseguirlo. Aún no había encontrado la decisión correcta, y otra idea mucho menos atractiva y más urgente planeaba por su cabeza. Pero tenía la firme intención de recompensarme, algo que obviamente, no tenía por qué hacer, puesto que lo había hecho gustosa, y sin esperar nada a cambio, salvo recuperar a mi hermana. Y lo estábamos haciendo.
La mente de Bella estaba recordando, y recobrando su libertad de pensamiento. Ahora veía claramente sus decisiones más inmediatas. Y aunque éstas me dejaran en un estado de ánimo un tanto… alterado, mejor era eso que la bruma que la había cubierto hasta reunirse con nosotros.
De modo que la memoria sensorial era la clave… Egoístamente, mi mente vagaba ahora por la forma de despertar en ella mis recuerdos, cuando Edward ya había empezado a recuperar los suyos. Y ya tenía alguna idea. Esperaría a que Edward la "soltara", si es que era posible, para retomar alguna de nuestras actividades. Tendría tiempo de programarlas, no obstante, porque mi hermano, según pude comprobar concentrándome unos segundos, aún no estaba por la labor. Esperaba que Emmett acudiera a montar guardia a la torre después de montar… otras cosas.
- Bueno, Alice, te dejo. Nos vemos en poco tiempo.- se despidió mi prima.
- Se lo diré a los demás. Da besos y abrazos.- concluí yo.
Pv Claudia
Aburrida.
Ya estaba aburrida de esperar. Había decidido trasladar el campamento a Bogotá, después de que Alec averiguara que Cairé se ocultaba en la Amazonia colombiana, para cumplir, al menos, con una de las dos misiones que Aro me había encomendado, comprendiendo que más vale pájaro en mano que ciento volando. Presentarme ante él sin Bella Cullen, pero habiendo capturado a Cairé era sin duda una mejor opción antes que admitir que había perdido a Bella y desechado la posibilidad de concluir el enrolamiento de la rastreadora neófita.
Al menos, de ese modo, Aro no podría ordenar nada a Jane delante de los otros dos. Y como la cadete Micaela estaba en fase de adiestramiento, su desaparición no preocuparía demasiado a Cayo, quien simplemente aduciría su fracaso a su poco valor como futura miembro de la guardia. Sólo los mejores entraban en sus filas. Y si Micaela no había superado su primera misión, no merecía la pena insistir. Y la de Cairé era la segunda, Alistair había sido la primera, aunque ella no hubiera sido designada oficialmente.
Después de las primeras horas de influir a Alec, pude comprobar que mi orden había sido excesiva, y aflojé mi presa sobre su mente, lo suficiente como para que dejara de parecer un lelo, y contestara con frases más elaboradas. Le convencí de dar a los Cullen unos pocos días de paz, antes de perseguirles, obviamente sin dejar que pensara por sí mismo. En definitiva, tenía que seguir mis órdenes, como había hecho con Bella, para que la clarividente no viera mi plan.
Estaba harta de acechar a la neófita. Habíamos incluso capturado a un campesino en plena noche, y lo habíamos metido en una trampa similar a aquella en la que había caído Bella con el puma, desangrándose, como cebo para la escurridiza muchacha. Pero lo único que habíamos logrado había sido atraer a varios jaguares, y ningún vampiro. Había sido un auténtico espectáculo ver los ojos desencajados del infeliz desde la copa del árbol, luchando por desatarse para quitarse la mordaza y pedir auxilio, con absoluta desesperación. Pero también había sido una verdadera lástima desperdiciar tanta sangre. La verdad, tenía un agradable aroma…
A esas alturas, ya ni me molestaba en espantar los mosquitos. Me sonreía cuando se alejaban haciendo eses por el aire después de perder la trompa al tratar de perforar nuestra dura piel, y caer a plomo cuando, en caso de haberlo logrado –dudoso, pero hay que ver lo insistentes que pueden llegar a ser, y la dureza de su trompa-, la ponzoña entraba en contacto con su insignificante organismo. Aquí los chupópteros somos nosotros, criaturita ilusa, pensaba mientras los aplastaba bajo mi pie.
Se me estaban acabando las ideas, y no podía preguntar a Alec. Básicamente, se trataba de que no tomara ninguna decisión que pudiera desvelar mis intenciones, ni siquiera con respecto a la neófita.
Me daba la impresión de que si las amazonas habían mentido para ocultarla, siendo aliadas de Carlisle, avisarían de algún modo a Cairé, e incluso, que los Cullen se entrometerían…
Sí, ya sabía que Carlisle era el creador de la mayoría de ellos, y que su "nombre técnico" era el del Aquelarre de la Península de Olimpia. Había sido una sesión poco fructífera de ordenador. Había accedido a la base de datos de la guardia con mi clave personal en busca de algunas respuestas con un ordenador que había adquirido por métodos… poco ortodoxos –qué le vamos a hacer, el estudiante tenía un portátil precioso y Alec tenía sed… sólo tuve que darle una pequeña orden-, y me había encontrado con que el único vampiro bajo el nombre de Carlisle era Carlisle Cullen, que había residido en Volterra gozando de la amistad de la Triada, -especialmente la de Aro- durante varios años, tras los cuales había decidido establecerse en solitario, liderando el aquelarre de la península de Olimpia.
Carlisle Cullen era un vampiro antinatural, que se alimentaba de la sangre de animales salvajes, e incluso, trabajaba de médico entre los humanos ¡curándolos! Su aquelarre, inusualmente numeroso, estaba compuesto por Esme Anne Platt Evenson, Edward Anthony Masen, Rosalie Lillian Hale, Emmett McCarty –a quienes Carlisle había transformado en vampiros, siempre en condiciones de vida o muerte-, y posteriormente, Mary Alice Brandon y Jasper Whitlock, que se habían unido al ya de por sí numeroso grupo. Las últimas en llegar habían sido Isabella Marie Swan, y Renesmee Carlie… ¿Cullen? No, no no no no no. Ahí tenía que haber un error. Un imperdonable error. Todos los vampiros figuraban en la base de datos con sus dos nombres: el humano, y el adquirido tras su conversión.
Renesmee Carlie Cullen sólo figuraba con un único nombre ¿el humano o el adquirido? La base de datos ¿estaba incompleta? Cuando tropecé con este hecho, quise indagar más sobre ella, y busqué su ficha personal. ¿Y qué ocurrió cuando quise acceder a la información? Pues que en la pantalla surgió un bonito cuadro de diálogo con el siguiente texto:
"Acceso denegado: Se requiere autorización de Nivel II"
Mi boca se abrió en toda su extensión. ¿Nivel II? ¡Maldición! Con mis diez años de vampira y miembro de la guardia, mi autorización era aún de Nivel III, y por todos nosotros era sabido que no convenía husmear en información restringida de Nivel II sin una muy, pero que muy buena excusa.
Naturalmente, Alec podía acceder a esa información. Pero, por muy ambiciosa que me sintiera, me sobraba sentido común para no jugar con ese poder. Ni siquiera ellos podían acceder a esos ficheros sin ser interrogados a posteriori –más aún si se suponía que Alec y yo estábamos persiguiendo a una neófita que nada tenía que ver con los Cullen-. No me interesaba lo más mínimo.
Sintiéndome frustrada, me sumergí buscando la ficha personal de Edward Anthony Masen, más conocido como Edward Cullen. Había sido convertido por Carlisle en 1918, descubriendo poco después que podía leer las mentes…
¡Vaya, vaya! Como Aro…
Seguí leyendo.
No, como Aro, no. Aro leía cualquier pensamiento que cruzara esa mente, pasado o presente, mientras que Edward sólo leía los pensamientos puntuales de esa mente, lo que pensaba en el momento concreto en que la leía. Aunque tenía una ventaja con respecto a Aro: no necesitaba tocar. Por ese motivo, y porque había demostrado ser capaz de leer la mente de una persona en concreto desde varios kilómetros de distancia –sonreí, sabiendo entonces que probablemente me habría oído cuando les seguí al puerto-, por aquella razón, Cullen había estado siempre en el punto de mira de la Triada, pudiendo ser una más que valiosa aportación para la guardia Vulturi.
Pero, por más que la Triada deseara su incorporación, él siempre había rechazado ese honor. El archivo decía que había demostrado querer morir antes que unirse a nosotros, y que se había enfrentado hasta en tres ocasiones a la Triada, contraviniendo gravemente las leyes vampíricas.
Me rechinaron los dientes, y la ponzoña acudió a mi boca. ¿Se puede saber cómo, en el nombre de…, Edward Cullen seguía vivo? Por mucho que la Triada lo quisiera en nuestras filas, si él había despreciado esa posibilidad con semejante afirmación, estaba claro que no lo haría voluntariamente. ¿Qué tipo de "bula vampírica" tenía ese despreciable para no haber sido llamado inmediatamente al orden, si como decía la ficha, había violado gravemente las leyes vampíricas en tres oportunidades? ¿Cómo era esa frase de Cayo? ¿"Nosotros no damos segundas oportunidades"? Incluso aunque Carlisle gozara de cierta dispensa debido a la amistad que Aro le profesaba –este hecho figuraba en el archivo de Carlisle, así como la advertencia de no perjudicarle sin el consentimiento tácito de Aro, bajo pena de muy desagradables consecuencias para aquél que se saltara la prohibición-, el hecho de permanecer indemne tras tres enfrentamientos ¡era insólito!
Pero, una vez más, cuando quise indagar en cuáles habían sido las ofensas de Cullen a las leyes vampíricas, el letrero de "información restringida de Nivel II" apareció en la pantalla, y por segunda vez esa mañana, me rechinaron los dientes.
Lo mismo ocurrió al visitar la ficha de Isabella, aunque en ella encontré una pista sobre los pecados de Edward… A Isabella se le había perdonado la vida siendo humana, por haberle sido desvelada nuestra existencia por medio de los Cullen. Ya, de los Cullen… Yo diría que de uno solo en concreto. Llamó poderosamente mi atención el hecho de que también recaían sobre ella tres violaciones de la ley vampírica en total. Una de ellas estaba clara, pero ¿y las otras dos? Se las había arreglado para disgustar a la Triada tres veces en tan solo quince años de vida vampírica, y seguía caminando sobre la tierra como si nada…
Por eso estaba tan hastiada de perseguir a aquella neófita sin éxito alguno, sabiendo que los Cullen habían vuelto a salirse con la suya frente al poder Vulturi. Quería venganza. Quería hacerles pagar su osadía, fuera cual fuera, y lo haría esclavizando a Bella, y a todo aquél que se interpusiera.
- Alec, esperaremos otro día más, y si no hemos atrapado a Cairé, redactaremos un informe pidiendo refuerzos…
Capítulo corto, ¿verdad? Claudia no piensa darse por vencida.
¿Habéis visto las fotos que se filtraron en San Valentín? Uff, creo que Eclipse nos va a provocar combustión espontánea, al menos a mí.
