Cocoon

Paraíso Unipersonal

-Capítulo 37-

Disclaimer: Los personajes son propiedad de sus respectivos autores. No busco una ganancia comercial al usarlos, si no satisfacer un fin meramente ocioso.


—¿Qué haces?

El menor de los gemelos entró despacito a la cocina. Curioso como de costumbre, al sentir el peculiar aroma a pollo esparciéndose a través del aire se vio a si mismo siendo arrastrado hacia allí dentro, encontrándose a una muy concentrada Kaname cocinando de espaldas a él.

Al escuchar la voz del joven llamándola la muchacha dio un pequeño saltito en el lugar, enseguida dándose vuelta para verlo.

—¡Ah, Kanon! Me sorprendiste… — musitó algo asustada, llevándose la mano libre al pecho.

—Lo siento.

—No hay de qué disculparse… Pues, como verás, aquí estoy preparando algo para cenar.

Kaname sonrió de oreja a oreja y le mostró el guante grueso con el que estaba sosteniendo la enorme olla.

—¿Mañana te toca guardia por la mañana?

—Por todos los Dioses, ni me lo recuerdes. — él gruñó sin disimulo, apoyando el trasero sobre el borde del mueble de la cocina. — No, ahora me toca la de la noche…

Mientras revolvía con cuidado el contenido de la cacerola, aquella joven se percató de la postura cansina que el geminiano había adoptado. Cuanto menos le resultaba extraño, considerando que –al menos a sus ojos– él había dormido lo suficiente en días anteriores.

—Kanon, ¿te encuentras bien?

—Sí… — musitó el geminiano, para luego suspirar profundamente. — Es sólo que cada día me cuesta más ir a trabajar.

—¿Te sientes perezoso?

—¿Perezoso…? Uhh, no precisamente… Bueno, sí, un poco sí, especialmente cuando estás a mi lado cocinando eso que huele tan bien… — él pausó al ver que Kaname ponía mala cara: definitivamente había interpretado esas palabras como algún tipo de insinuación. — ¡No es eso que piensas! Lo que pasa es que no me siento cómodo en lo absoluto con la situación actual aquí en el Santuario.

—¿Por qué dices eso?

—Porque supongo que es inevitable que empiece a cuestionarme algunas cosas.

Ella ladeó la cabeza, revisando con énfasis el pollo que estaba hirviéndose allí junto con algo de salsa natural.

—Ya veo… Pero siempre has sido algo volátil con este tipo de situaciones, así que esto no me sorprende.

—Sí, es verdad, pero esto es diferente. — Kanon le contestó, levantando la nariz en el aire para olfatear más el aroma que provenía de la olla. — Huele endemoniadamente bien.

—Gracias… — Kaname sonrió por lo bajo.

—Bueno, tú no sabes mucho sobre nuestra llegada aquí… Pero lo que sí puedo decirte es que antes de que todo se revolucionase gracias a la loca idea de Saori, yo me sentía muy a gusto en este lugar.

—¿Crees que tengo algo de culpa de que ahora te sientas así de incómodo aquí?

—¿Quieres la respuesta verdadera o la que no te hará sufrir?

En ese instante, aquella muchacha de cabellos celestes quedó completamente vacía. Kanon podría haber cambiado muchas cosas en poco tiempo, pero eso no significaba que no estuviese dolido ni que hubiese olvidado, o dejado todo atrás. En ese frenesí de arrepentimientos, de sonrisas y abrazos sinceros, Kaname había olvidado por completo la naturaleza real de ese hombre que decía quererla como a una hermana.

Porque no era poca cosa el saber que de la misma manera en la que podía endulzar sus oídos sin dificultad, también podía destruirla en un abrir y cerrar de ojos si así él lo quisiese.

El repentino hervor de aquella mezcla se hizo presente, de manera muy oportuna, y el salpiqueteo y rebalse de la cacerola terminaron por traerla de vuelta a ese tan temeroso presente, al cual no le quedaba más que entregarse, completamente vulnerable.

—Dime la verdad. — balbuceó, incapaz de tapar el miedo.

—Lo eres todo y a la vez nada.

Tragó saliva.

—Me lo diste todo: el calor de un hogar, un plato de comida, compartiste a un padre que me amó y a quien condené a la miseria, a una muerte patética y solitaria… — la voz le tembló un poco al recordarlo. — Y también me diste vida al dejarnos ir, cuando éramos niños y sucedió eso que ya sabes… Tú fuiste el último paso antes de la locura allí en esa lluviosa noche, a dos centímetros del mismo vacío. Lo tuve todo y así no fuese nada material, nunca pude verlo hasta ahora, hasta que me lo quitaste con tu egoísmo, con esa codicia que los dos acariciamos…

—K-ka-

—Ahora eres la nada… Pero así está bien. — él terminó por sonreír. —A veces hay que perderlo todo para aprender. ¿Y sabes qué…? Me reconforta lidiar con alguien tan imperfecto como yo. Fallamos en exactamente las mismas cosas, pero sabemos que no queremos volver a caer.

No pasó desapercibido para el geminiano la manera en la que ella intentaba mantener la compostura: lucía como si fuese a desarmarse ante la más mínima brisa de aire que entrase por la ventana de la cocina, y no era para menos, él entendía lo ominosas que habían sonado sus palabras. Pero no tenía por qué guardar sus verdaderos sentimientos, en especial si la involucraban, porque ser sincero con ella era lo menos que podía hacer para alivianar el dolor que compartían.

—Eso me hace sentir acompañado, me gusta mucho aprender contigo… Pero ten cuidado con la comida, si vuelve a rebalsar puedes lastimarte.

—A-ah, sí, es cierto…

—En fin, retomando la conversación anterior, la verdad es que yo disfrutaba de esta vida… A pesar de las locuras de Saori, de las peleas y las reglas algo antiguas y absurdas de este lugar, el orden del Santuario era lo que más necesitaba. — Kanon continuó explicando, ahora con otro tono un poco menos dramático. — Todo lo negativo se convirtió en un buen precio a pagar, con tal de sentir algo de esa seguridad que nunca tuve en mi niñez.

Lentamente, una suave sonrisa brotó de los labios enmudecidos de Kaname. Un sentimiento extraño y cálido la envolvía cada vez que recordaba a esas pequeñas versiones de los gemelos, a esos chiquillos tan ávidos de afecto y comprensión. A veces sólo quería volver el tiempo atrás, para poder cobijarse entre aquellos brazos cortitos. Sin dudas extrañaba la sencillez de esos tiempos oscuros, pero al mismo tiempo tan claros a sus ojos todavía inmaduros.

Y mientras Kanon inspiraba nuevamente, casi como si volviese a la posición habitual que había tomado en aquel presente, la joven prosiguió con el cuidado del hervor de aquella comida, dispuesta a escuchar atentamente el sentir de su querido geminiano.

—Pero, irónicamente, cuando volví de la misión que se me había encomendado me encontré con que aquí las cosas habían cambiado… Y sin pensarlo, casi como si algo en mi interior se hubiese movilizado inconscientemente, yo también volví a sentir: una vez más, recordé lo que era ser una persona "normal", alguien fuera de este mundo, pero a diferencia de mi niñez ahora estaba fuerte, robusto, ya no era más ese niño pálido y desnutrido.

De a poco la voz del geminiano comenzó a suavizarse, palpando el agridulce panorama que se avecinaba.

—No tienes idea de lo que ha significado para mí el poder caminar en las calles de Corinto como si yo fuese cualquier otro hombre, sin pasado, sin culpas, con el viento bajo mis pies y la compañía de una bella dama. A pesar de que mi hermano ahora no esté aquí, a pesar de que esté sufriendo, no puedo evitar sentir que todo esto ha sido como un regalo para mí… Considerando la basura de persona que he sido y las aberraciones que he cometido contra desconocidos y contra quienes más quería, ¿quién diría que en algún momento podría ser digno de un momento de humanidad …?

—Suenas exactamente como debería sonar un adulto. — susurró ella, riéndose despacito.

—Bueno… He prometido hacer las cosas bien, ¿o no?

—Así es, Kanon. Lo estás haciendo muy bien.

Al escuchar esa confirmación por parte de ella, el menor de los gemelos se acomodó un poco más contra el mueble, mirándola fijo.

—Bien, ya hablamos de mí, ahora dime qué es lo que te tiene triste.

Kaname clavó sus ojos en el hervor e instintivamente se llevó las manos hacia el vientre.

—¿Triste…? No sé si esa sea la palabra…

—No me importa eso, sólo cuéntame.

Suspiró: debía decírselo.

—A veces sigo preguntándomelo, porque no entiendo… En el fondo me duele que Saga no me recuerde.

—Pues si debo que ser sincero contigo la verdad es que me sorprende, y además tengo que confesarte que desde que llegamos aquí el tema de nuestro pasado se ha vuelto algo tabú para mí. — dijo Kanon, algo incómodo. — Él nunca me habló sobre eso y yo tampoco quería colocarme en la posición en la que debía procesar mis sentimientos junto a los de Saga, si es que entiendes a qué me refiero… Yo sólo intenté hacer una suerte de "borrón y cuenta nueva" pero pareciera que él lo tomó de manera literal, y honestamente, no me sorprende: como dije antes, a pesar de los contratiempos la vida aquí ha sido muy segura para ambos. Siempre supuse que mi hermano, lisa y llanamente, no tenía el más mínimo interés de recordar o de hablar de eso.

—¿Crees que algo haya sucedido con él…?

—No tengo la menor idea Kaname, ¿pero no crees que así es mejor?

Ella presionó su abdomen, sonriendo lastimosamente.

—Eso es algo cruel. — terminó por musitar, una porción de su labio inferior atrapado entre sus dientes.

—Tú lo ves así, sin embargo, si Saga no recuerda significa que su trastorno de salud continúa dormido…. Agradezco que en su momento me hayas negado el contarle sobre nuestro vínculo, porque ahora entiendo que quizás eso podría haber terminado por causarle otra crisis.

—S-si lo dices así, supongo que tiene algo de sentido… No toleraría volver a verlo sufrir como en esa noche.

—Y para eso es mejor que no recuerde, aunque a largo plazo no nos garantiza un buen desenlace, pero es mejor que nada. — Kanon sentenció, aumentando la crudeza con la cual sus ojos se enfrentaban a los de ella. — Si amas a mi hermano como dices hacerlo, asumo que no tendrás reparos en sacrificar las memorias de nuestros vínculos pasados, para poder preservarlo.

—¿No es eso lo que vengo haciendo hasta ahora? — ella le respondió con un nudo en la garganta.

Kanon suspiró fuertemente, exhalando todo el aire de sus pulmones, y se reincorporó un poco. El clima se había tornado muy denso entre ellos, pero era inevitable: las heridas eran todavía demasiado recientes, haciendo que el hablar de todo eso sea un reflejo natural para aprender a superarlo. Decidido a abandonar esa plática por el resto del día, el geminiano dejó caer su mano y rodeó la cintura de la joven en un gesto cariñoso por intentar animarla, pero para su sorpresa Kaname rechazó por completo su ademán, empujándolo suavemente con uno de sus hombros.

—Cuidado, estoy con el fuego… Podemos quemarnos.

—No sería la primera vez… — dijo él, aguantándose las ganas de molestarla con alguna miradita o expresión sensual.

—¡Ay, ya Kanon! No empieces con esas cosas.

—Bueno bueno, lo siento, sólo quería hacerte reír.

Claro que sí. — Kaname revoleó los ojos rápidamente, amenazándolo con el cucharón lleno de salsa. — ¿Quieres que te manche? Ni todos los Dioses del Olimpo juntos podrán quitar estas salpicaduras aceitosas…

—Es que tengo algo de abstinencia y eres bella, ¿para qué negarlo? Pero de verdad deseo recomponer todo con mi hermano, así que si es por eso me pondría hasta un cinto de castidad al lado tuyo, aunque no soy tan impulsivo como el bicho, ese Milo sí que no se contiene ante nada… ¿No ha sido prueba suficiente para ti el hecho de que me haya cortado el cabello? — el geminiano se llevó una mano a la nuca, dándose algunas palmaditas. — Tan bien que me quedaba el pelo largo, aún no me acostumbro a esto… Dime, ¿cómo me veo ahora? ¿Luzco muy mal?

Kaname estalló en una risotada, mirándolo con incredulidad.

—¡Kanon! ¿Es en serio? Sabes muy bien lo atractivo que eres, no necesitas usar esas artimañas tontas para que te suba el ego…

—¡Pero lo pregunto de verdad! Todavía me cuesta reconocerme cada mañana al mirarme al espejo, y para colmo el resto de los dorados me mira raro… Nadie entiende por qué lo hice, todos creen que fue para diferenciarme más de Saga, ¿pero no es algo ridículo eso? Si mi hermano está allí abajo, y para colmo el resto sabe que uso tintur-

—¿¡Te tiñes el pelo!?

—¡Pues claro! Si siempre fuimos gemelos idénticos, hace muchos años que lo hago… Por favor no me digas que recién lo has notado.

—U-uh…

—¡Mujer! No puedes ser tan distraída, ¡si cuando yo volví nos has visto juntos en más de una ocasión!

¿Era cierto lo que Kanon decía? De alguna manera no podía imaginárselo en esa situación, el hecho de pensarlo colocándose tinte sobre todo ese cabello era por sobre todas las cosas trabajoso y costoso… ¿Y el retoque de raíces? ¿Dónde había aprendido a hacerlo…? Y súbitamente recordó a ese otro Caballero de facciones femeninas que la había detenido cuando estaba empecinada en hablar con Saori… No quería ser prejuiciosa, pero estaba preciosamente maquillado y tenía toda la pinta de que seguramente fuese él quien le sugirió la idea al menor de los gemelos.

No obstante, enseguida otros recuerdos comenzaron a reptar por debajo de sus ojos. Sabía que el encontrarse atravesando esos días del mes no la ayudaba con el tema de su exacerbada sensibilidad, pero había algo más que la estaba molestando.

—Cuando Saga vuelva a casa, hazme el favor de prestar atención. — continuó él. — ¡Son tonos completamente distintos de azul!

La joven volvió a apagarse frente a él, deslizándose cuesta abajo a través de un tobogán muy turbio y desconcertante.

—Sí…

Afrodita y su bello rostro terminaron por desatar la tormenta, dando paso a la expresión jocosa del Santo de Cáncer, a sus ásperas manos tocándola. Allí, ante sus ojos borrosos, su desnudez se hizo eterna junto a la pestilencia de aquel miembro que ella misma decidió soportar… Y fue cuestión de segundos el verse a sí misma desde afuera, flotando en un intento de aguantar más, de no continuar vomitando al sentir la textura pegajosa de sus propias entrañas, de no desesperar mientras Saori abría la boca frente a ella, exclamando las incoherencias más extremas al descargarse contra un ser humano vivo… vivo, justo como ella.

—S-sí… Cuando Saga vuelva…

Porque no se quitaba por más que se refregase mil veces en todas las direcciones: la sangre de aquel joven aún respiraba sobre ella y no la dejaba en paz. Se seguía acumulando gota a gota, provocándole el temblor más inhóspito en el rostro… Brotaría por sobre su frente, alrededor de sus ojos, pintándola de repulsión.

—Kaname…

Con sólo ver la expresión que aquel rostro había adquirido en segundos, Géminis supo comprender al instante lo que estaba pensando.

—¿Otra vez estás con eso…? — el muchacho suspiró, intentando no sonar muy cansado. — Ya te lo expliqué varias veces en estos días… Así hubieses soportado lo que sea que te querían hacer, esa mujer jamás lo hubiese liberado: es así de sucia.

—Lo sé… Lo sé muy bien Kanon, ahora lo entiendo. — ella procedió a enjugarse las lágrimas. El cucharón aún vibraba junto con un nuevo hervor, pero Kaname no lo soltaba. — Tú y Shaka tenían tanta razón… Incluso ese Caballero llamado Afrodita intentó detenerme, y a su horrible manera Death Mask también, pero no puedo evitar sentir que otra vez estoy cayendo en lo mismo.

—Por supuesto que tendrías que habernos hecho caso, te lo dijimos repetidas veces pero lo ya hecho, hecho está… ¿O es que en realidad te arrepientes?

—En lo absoluto. Yo me decidí a hacerlo, fue mi responsabilidad: quería ayudar a Saga y no me importaba el precio a pagar, no hubiese dudado ni un segundo en continuar entregando mi cuerpo si así me lo pedían.

Dicha declaración tomó al menor de los geminianos por sorpresa: ¿acaso había oído bien…?

—¿Qué has hecho? — inquirió, con un horrible nudo en la garganta. Clavó sus ojos en ella, con una expresión de clara incomodidad.

—No te lo diré, es asunto mío.

—Mírame.

—Kanon, no insis-

—¡Mírame!

—Si vas a ponerte así te pido que por favor me dejes sola, no falta mucho para que todo se termine de cocinar.

—¡Kaname por todos los Dioses! ¡No puedo entenderte! ¡Ponte un poco en mi lugar! Te trajeron hacia mí bien temprano en la mañana, estabas a medio vestir, las medias hechas jirones, Zeus mío, ¡apestabas a orina y a cigarro! ¡Y no olvidemos el detalle totalmente menor de que llegaste cubierta de sangre…! — Géminis no podía controlar la curiosidad, pero lo que más lo sacaba de quicio era la actitud tonta que ella había adoptado: ¿qué ganaba escondiéndole una cosa así? Si era obvio que algo más había ocurrido. — Apenas te vi inerte, toda llena de sangre en los brazos de Máscara, no pude evitar pensar lo peor… Por favor sólo dime qué te han hecho, necesito saberlo.

—Deja de insistirme, caso contrario comerás pollo quemado y no sentiré culpa alguna al respecto.

—¡Me parece perfecto! Si ese es el precio a pagar para que de una vez hables, entonces bienvenido sea.

Ella suspiró.

—Simplemente no puedo decirlo, ha sido un acuerdo tácito… Jamás lo sabrás y créeme que así es mejor, yo también he cambiado e intento volverme más fuerte, ¿no lo ves…?

—¿Han abusado de ti? — producto de la desesperación, el tacto del geminiano desapareció por completo. — ¿Te han violado?

—Kanon… Entiende de una vez, basta, es un asunto mío y si ha habido contacto sexual ha sido completamente consensuado.

La muchacha volvió a aprisionar el mango del cucharón, levantándolo apenas para chequear una última vez la cena, pero súbitamente Kanon la tomó por ambos brazos, apretándoselos con fiereza. Había perdido los estribos, no toleraba que ella no coopere, no podía procesar el no saber qué diablos había pasado allí adentro… Tenía que hacerla hablar de alguna manera y para eso no tuvo mejor idea que arrinconarla contra la mesada, quizás si se sentía más vulnerable aflojase la lengua; no obstante ella no pretendía ceder tan fácilmente: luchó como pudo para soltarse de su agarre pero todo fue en vano, en el intento aquel cucharón cubierto en restos de salsa terminó volando por el aire y estrellándose contra el piso, dejando una mancha más digna de una escena del crimen que de una discusión familiar.

—¿Te has acostado con Máscara? — arremetió Géminis nervioso, mirándola sin piedad. —¡Dime la verdad!

Lamentablemente para el menor de los gemelos, aquella artimaña no le salió como esperaba: ella se mantuvo –en apariencia – tranquila, normalizando su respiración.

—Eso no es de tu incumbencia, Kanon… Pero si eso liberase a Saga, entonces ten por seguro que me acostaría con el plantel entero de Caballeros.

¿Esa era la misma Kaname vulnerable del principio…?

¿La que temía mirarlo a los ojos al tenerlo semi desnudo junto a ella, la que temía admitir que se derretía al sentirlo respirar en su oído, al escuchar su ronca voz aquella vez que intentó avanzarla…?

—Sé que es algo que antes jamás hubiese dicho, de hecho siquiera lo hubiese pensado e incluso en este momento me resulta hasta irreal… Pero es cierto, yo no soy como ustedes, no tengo fuerza, lo único que tengo es mi cuerpo y tampoco me considero una especie de herramienta sexual; sin embargo, si me sirve para ayudarlo, yo…

—¿Tú qué? ¿Tienes idea de lo que dices? — él se rió con sorna, burlándose de la muchacha. Estaba a punto de descolocarse otra vez.— ¿Entregarte a todo el Santuario cuando no puedes siquiera subir cincuenta escalones sin transpirar?

—Yo quería hacer alg-

—Estás demente, escúchate por un segundo: tener sexo con todo el plantel de Caballeros, dices… ¿Y eso me incluye a mí? ¿Acaso volverías a acostarte conmigo?

Era evidente lo mucho que la aparente "sangre fría" de Kaname lo irritaba, en especial ahora que a sus ojos sólo estaba diciendo cosas sin sentido.

—Ya me has probado, sabes que yo soy más que suficiente para hacer que no puedas moverte por un buen rato.

—Kanon… No lo entiendes, ¿no?

—¿Qué tengo que entender? ¿Que te has vuelto loca?

—Amo a tu hermano. Amo a Saga como no tienes idea y esta situación sólo significa desesperación, no sólo para mí, sino para ti también, caso contrario no reaccionarías de esta manera tan brusca.— susurró ella, intentando transmitirle lo que realmente pasaba por su corazón. — Llegada a este punto, no me importa lo que a mí me suceda, sólo quiero que recupere la libertad que ambos le quitamos.

"Ambos"

Sí. Su responsabilidad también pesaba, y mucho.

Aquella mujer definitivamente había perdido la cordura… pero él en el fondo también se sentía como ella: si la irracionalidad también le ganase, haría cualquier cosa con tal de liberarlo. ¿Qué más podía esperar de un momento como ese, en el que todo se reducía a resignarse al saber que nada funcionaría? Era hasta lógico que ella se comportase así.

Con ese razonamiento cocinándose en su mente procedió a soltarla, momento que ella no desperdició para agacharse a recoger el instrumento de cocina que segundos atrás había sido vulnerado. Sin mediar palabra alguna, Kaname procedió a dejarlo en la pileta de la cocina y tomó uno limpio de uno de los cajones.

—Y no… Si lo que te angustia es eso, no me acosté con ese hombre asqueroso. — respiró hondo, para luego dar el golpe de gracia. — Y tampoco volvería a hacerlo contigo.

Finalmente la cena estaba lista, por lo que ella dejó el nuevo cucharón sobre la mesada. Era evidente que esa conversación estaba más que zanjada entre los dos, así que podía proceder a cambiar de tema como si nada.

—Necesitas hacer algo con esa libido tuya, Kanon, se te está saliendo de control.

—No, no me malinterpretes, yo puedo manejarlo bien, no estaba proponiéndote nada. — se excusó Géminis, un poco avergonzado. — Es sólo que me sorprendiste, no esperaba que hubieses madurado tanto en ese aspecto.

—Los dos lo hemos hecho, hemos cambiado porque así debía ser de ahora en adelante. — Kaname giró la perilla de gas, apagando el fuego de la hornalla. —Pero sí, despreocúpate, de aquí en adelante te haré más caso y procuraré ser mucho más cuidadosa con mis salidas.

—Sí, odio decirlo así pero por el momento es mejor que te recluyas aquí adentro y minimices tus salidas lo máximo posible.

Kanon ojeó rápidamente el reloj de la cocina, notando que no faltaba demasiado para tener que marchar a su puesto de trabajo.

—Iré a poner la mesa. — le dijo a la joven de cabellos celestes, tomando algunos platos de la alacena. — Luego alcánzame los cubiertos.

—Yo me encargo, sólo siéntate… Igual gracias por ayudarme.

—Tranquila.

Tras un movimiento extraño de cabeza por parte del menor de los gemelos –que se suponía era en forma de apreciación a las palabras de la muchacha–, Kanon apuró el paso hacia el comedor, acomodando los trastos para ambos. No obstante, aunque ella lo escondiese, el recuerdo de aquel hombre muriendo frente a sus ojos le provocaba el más profundo desagrado, casi al punto de mantenerla nauseosa la mayor parte del tiempo, pero tenía que reprimirlo: esperaba que con el correr de los días esa sensación repugnante se sosegase.

La cena transcurrió sin ningún tipo de inconvenientes, una conversación muy amena brotando entre ambos, y al marcar las agujas del reloj las diez menos veinte de la noche Kanon se puso de pie, estirándose un poco.

—Maldición… Ya me toca bajar… — dijo, bastante desganado. — ¿Te enoja si no te ayudo con la mesa? La verdad es que se me ha hecho algo tarde…

Ella movió la mano de un lado al otro, acomodándose en el asiento.

—Despreocúpate.

—Aprovechando que tengo que bajar, ¿qué te parece si le digo a Nanako que venga a visitarte en estos días? —inquirió Géminis mientras se abrigaba junto a la puerta. — Seguro te hará muy bien conversar con tu amiga.

—Eso me haría muy feliz.

Y tras abrir la puerta, con medio cuerpo afuera, el gemelo menor volvió a hablar:

—Si están despiertos en Aries aprovecharé y le preguntaré ahora… ¡Vuelvo por la mañana!

—Ojalá todo transcurra sin sobresaltos… Cuídate mucho, Kanon.

—Lo haré.

Cerrando la puerta detrás de sí, aquel hombre se permitió respirar hondo. La noche estaba espectacularmente bella, como solía ser la norma allí, pero por alguna razón esa vez lo apreciaba más que lo usual. Con el frío aire acariciando su rostro, se vio siendo traído a la realidad con una claridad que pocas veces había sentido, y eso era casi un milagro… No esperaba contar con la capacidad de transformar ocho pesadas horas en tranquilidad, pero de alguna manera, con el viento helado empujando su espalda, acompañándolo a través de cada escalón, ahora sí se sentía capaz de hacerlo.

—Zeus bendiga al invierno… — murmuró para sí mismo, pero al segundo sintió un repiqueteo en su mente: alguien lo estaba llamando. — ¿Quién es…?

—Hola.

—¿Camus? ¿Eres tú?

—Así es.

—¡Qué bueno oírte! ¿Cómo te encuentras?

—¿Mañana por la tarde estás libre? — inquirió Acuario, ignorando la pregunta de su compañero. — Necesito hablar contigo pero me toca guardia arriba, temprano por la mañana.

—Hombre de pocas palabras, ¿eh…? Sí Camus, no hay problema con que vaya a la tarde.

—Bien. Te esperaré dos y media en mi Templo.

Kanon se concentró y juntó las palabras para responderle, pero enseguida se dio cuenta de que sería inútil: el francés se había esfumado de sus pensamientos, cortando la conversación abruptamente.

A estas alturas, el Santo de la tercera casa ya no tenía muchas más ganas de pensar en absolutamente nada. Seguramente Camus le iba a traer novedades con respecto a su hermano, pero de momento tampoco elucubraría ninguna teoría y menos quería crearse expectativas que quizás jamás se cumplirían. Ahora mismo, y a pesar del envión del clima, a Kanon le estaba resultando muy difícil contener el peso de su labor: habiendo palpado una realidad muy diferente, volver a lo usual desafiaba todos sus límites de resistencia.

Para alegría del joven, y acorde a esos tiempos de paz en la Tierra, la noche pasó sin ningún sobresalto. Apenas Géminis menor regresó a su Templo, lo único que pudo hacer fue dejarse caer en la cama preso del pesado cansancio de la madrugada, quedándose dormido al instante en el que una de sus mejillas se apoyó contra la mullida almohada.


¡Hola! Bueno, que haya podido subir el capítulo significa que -al menos por ahora- el sitio está bastante estable... Para los que no sabían, estos últimos días han estado ocurriendo algunos inconvenientes con la carga de archivos aquí en FFnet, uno de los motivos por los cuales este capítulo se ha atrasado significativamente (de hecho, casi una semana). Como comenté en la entrada anterior y en mi página de fb (Mitsuryouku - Fanfics, recomiendo seguirla para estar al tanto de todas las novedades, notificaciones y curiosidades de "Cocoon"), estamos ante capítulos decisivos. Esto ha llevado a que me demore un poco más en la realización de los mismos, debido a que la preparación actual tiene que ser la correcta para los sucesos que ocurrirán de aquí en adelante.

Otra vez quiero disculparme con ustedes por toda la demora, y además agradecerles por estar presentes siempre, más allá de todas las trabas que en ocasiones sucedan con esta historia. De todo corazón: ¡gracias!

Sepan que siempre los tengo en mi corazón de ficker :'3

Sin mucho más que decir, nos leemos la semana que viene :D (Sí, sí, de verdad nos leeremos xD)