Una historia original de NikkaFuza y LuenePetris
Traducida por Asideilogica21 y Vaana.
Capítulo 36 - Love Someone
And love is a funny thing
It's making my blood flow with energy
And it's like an awakened dream
As what I've been wishing for, is happening
And it's right on time
Jason Mraz
Sentí suaves besos en mi piel que me traían de vuelta a la conciencia a la mañana siguiente y luego aquella deliciosa voz me invadió.
- Despiértate, dormilona. - Dimitri dijo haciéndome sonreír con los ojos cerrados. - Ya has dormido bastante. -
- Entonces realmente no soñé con aquello. - comenté finalmente mirándolo. El ruso estaba acostado de lado, frente a mí, y me arrojaba una sonrisa de pura felicidad que hizo que mi corazón se disparara instantáneamente.
- Bueno, si estabas soñando entonces estamos en un delirio colectivo... Y si es así tampoco quiero despertar. - él alejó un mechón de mi cabello que había caído sobre mi rostro y se quedó mirándome por largos segundos. - Eres la cosa más linda que he visto por la mañana. -
- Tú me has visto varias veces por la mañana. -
- Pero nunca así. No desnuda en mi cama, con esa sonrisa satisfecha en el rostro. - él comentó, dejándome súbitamente tímida por apuntar mi actual condición. Era algo un tanto ridículo de mi parte después de todo lo que habíamos hecho la noche anterior, pero no lo pude evitar. - Después de hoy no quiero despertarme nunca más sin tener esta imagen a mi lado. -
Sonreí y me entregué a la suave caricia que él hacía en mi mejilla, alejando cualquier vergüenza. Dimitri seguramente era la mejor visión que se podía tener al despertar. Me había imaginado tantas, pero tantas, veces esta misma escena, y sin duda era mucho mejor que cualquier cosa que haya soñado. Y, seguramente, yo tampoco quería despertarme más lejos de él.
Oh, lo amo tanto... pensé. O al menos creí que lo había pensado.
En ese mismo instante Dimitri abrió un poco los ojos y no pude controlar el impulso de esconder mi rostro en la almohada.
- Lo dije en voz alta ¿No? - pregunté con la voz sofocada sólo para estar segura.
- Lo dijiste. - confirmó con un poco de diversión.
¡Qué bien! Había pasado la noche con mi jefe de quien yo estaba enamorada hace meses, y cuando sin querer acabo por declararme él se ríe de mí. El ruso debe creer que estoy completamente loca, y seguramente está pensando en una forma de patearme lejos de allí.
- Yo también te amo. - Dimitri susurró a mi oído, logrando que me estremeciera y al mismo tiempo giré mi semblante hacia él.
- ¿Realmente lo has dicho? - sonreí.
- Roza. - me tiró encima de él antes de acariciar mi rostro. - No tendría sentido ocultarlo o incluso intentar negarlo. Ya hui demasiado de eso, pero no voy a hacerlo más. Yo te amo. Más de lo que puedo expresar… -
No dejé que él continuase, pues le callé con mis labios ¡¿Podría ser más perfecto?! Nos besamos por un largo rato de forma tranquila, pero llena de sentimientos y todo el tiempo Dimitri me mantuvo firmemente contra él. Cuando empecé a sentir que su erección se manifestó dentro de los pantalones de chándal que él lamentablemente estaba vistiendo, el ruso se alejó y yo inconscientemente me incliné hacia él implorando por más, pero él se resistió.
- Ya hice tu desayuno, codiciosa. - se burló, acostándome a su lado y se levantó para recoger la bandeja que estaba en la mesita de noche.
- ¿Y esperas que coma de esta forma? - pregunté sentándome en la cama y apuntando hacia mi cuerpo desnudo.
- No veo ningún problema. - Dimitri sonrió de forma descarada y pude notar sus ojos ávidos escrutándome.
- Después yo soy la codiciosa, señor tienda armada. - reí al apuntar a sus pantalones, haciéndole mirar su propia situación.
- Creo que tal vez sea mejor vestirse, o ninguno de los dos va a conseguir comer. - él se agachó y tomó la camisa blanca que usó la noche anterior, lanzándola hacia mí.
Me la coloqué y solo cerré algunos botones, lo observé mientras me recostaba contra la cabecera de la cama. La mirada de Dimitri era incluso más deseosa.
- ¿Mejor? - provoque, mordiéndome el labio inferior.
- Te ves aún más apetitosa, si es que eso es posible. - la voz del ruso salió un tanto ronca por el calor de la situación, pero él trató de disfrazarla, colocando una bandeja sobre mí lo que desvió mi atención, ya que mi estómago protestó al instante.
Él había preparado un poco de todo. Había dos tazas de chocolate caliente, panqueques con miel y fresas, un plato con huevos revueltos y bacon, pequeños croissants y un bote de jalea de frutos del bosque. En el mismo instante empecé a atacar la comida y Dimitri se rió al sentarse a mi lado, tomando uno de los panecillos.
- Sabías que estarías hambrienta. -
- Dudo que tu no lo estés después de toda la energía que gastamos en la noche. - comenté con la boca llena después de dar un bocado a los huevos y el bacon.
- Ah, realmente estoy hambriento. - Dimitri se acercó y susurró en mi oído antes de mordisquear el lóbulo de mi oreja. - Muy hambriento. -
- Eh, camarada. Mejor ir con calma - traté de contener un pequeño escalofrío que pasó por mi cuerpo. - No deberías estar haciendo tanto esfuerzo. Además, no deberías haber cargado todo ese peso hasta aquí arriba. -
Sólo entonces me di cuenta de cuán pesada debería ser aquella bandeja.
- No te preocupes, Roza. Eso no fue nada, estoy bien. - aseguró en medio de una sonrisa.
- No me importa, Dimitri. Necesitas cuidarte o no podrás jugar los playoffs. - advertí. - Y yo no voy a ser la responsable que tú no vivas ese momento.
- No lo vas a ser. No te preocupes. - el ruso acarició mi mejilla, mirándome con extremo afecto. - En realidad tú eres la única responsable de que me esté recuperando tan rápido. -
- De todos modos, creo que vamos a volver a hacer las compresas. Una vez que terminamos aquí, voy a llevar esa bandeja hacia abajo y traer la bolsa de hielo. -
- Creo que eso va a tener que esperar. -
- ¡No, ni lo pienses! - soné más enérgica. - No vamos a hacer nada más hasta que no cuide de ti. -
- Por más que quisiera que lo que estás pensando fuese el motivo para aplazar la compresa, tendremos que dejarla para después, si no nos vamos a retrasar para el almuerzo en casa de mi madre. -
- ¿Almuerzo en casa de tu madre? - me atraganté con el chocolate caliente que estaba tomando. - Dimitri, yo… -
- Tú vas. Sin discusión. - declaró usando el mismo tono firme que yo había empleado hace poco. - Así tenga que lanzarte sobre mi hombro y llevarte. -
- ¡Tú no puedes hacer eso! - hice una mueca.
- Por eso mismo. Continúa pensando en mi salud y no discutas conmigo. - el ruso me dio un guiño y lo miré malhumorada.
- Me estás manipulando. -
Dimitri se acercó y me besó cariñosamente por un instante, haciendo que me ablandara un poco y cuando alejó los labios tenía una sonrisa perspicaz en ellos.
- No te estoy manipulando. - acarició mi rostro otra vez. - Sólo quiero que estés presente en todos los momentos de mi día, Roza. No quiero perder un solo minuto más lejos de ti. No tiene ningún sentido. -
Sentí mi corazón deshaciéndose ante esas afirmaciones ¡Dios, nunca me cansaría de escuchar sus declaraciones! Y con eso me acabó convenciendo.
- Está bien, voy. Pero necesitamos ser discretos. Tu sabes… -
- Sí. - el ruso dio una media sonrisa entendiendo mi preocupación.
Volvimos a concentrarnos en la comida, pero no pude alejar mis pensamientos de ese tema ¿Cómo funcionarán las cosas de ahora en adelante? Todavía teníamos tantas personas entre nosotros que podrían decidir hacer de nuestras vidas un infierno. Natasha, Iván, Claire... La bajita era la mayor de mis preocupaciones. Si los demás no nos aceptaban, lo que ciertamente sucedería, podíamos soportarlo juntos, pero si ella no aprobaba nuestra relación lo haría todo más difícil.
- ¿En qué estás pensando? - Dimitri me preguntó.
- Sólo estoy pensando en Claire... En cómo va a reaccionar. - me desahogue, no tenía sentido ocultarle nada más a él, aún más porque seguramente debería estar tan preocupado por eso como yo.
- No te preocupes. - dijo después de pensar por un momento. - Voy a hablar con ella tan pronto como lleguemos a casa de mi madre. Voy a resolver esto, lo prometo. -
- No, Dimitri. No quiero que tu resuelvas nada. - dije, mirándolo a los ojos, y vi un poco de confusión allí. - Nosotros tenemos que resolverlo juntos. Estoy contigo, camarada. Necesitamos confiar en el otro para apoyarnos de ahora en adelante. -
- Eres perfecta, Roza. - él sonrió y luego sacó la bandeja de encima de mí para abrazarme. - Y no te preocupes. Estoy seguro de que Claire no será un problema. Ella te adora y seguramente no tiene ninguna esperanza de que vuelva con su madre. Ella incluso te dijo una vez que creía que sería mejor después de que nos separamos ¿No? -
-Sí. -concordé pensando al respecto.
- Entonces... Ella va nos va a aceptar. Y si se resiste, la convenceremos. -
- Espera un poco. - sólo entonces me acordé de cuando me había dicho aquello. - Claire me dijo eso aquella noche en la que las dos montamos un fuerte sobre su cama. Tu no estabas allí. -
- Bueno, puede que lo escuchara accidentalmente cuando estaba en la puerta de la habitación. - Dimitri se encogió de hombros, ni si quiera tratando de fingir que estaba avergonzado por haber sido atrapado.
- Entonces nos estaba espiando, señor Dimitri Belikov. Muy feo eso. -
- No estaba espiando. - se defendió, dando pequeños besos en mi rostro, arrastrando sus labios por mi piel que empezó a sentir un hormigueo. - Sólo estaba observando a las dos mujeres de mi vida hablando. Una que yo ya amaba y otra que yo ni siquiera tenía idea de cuánto amaría.
No tuve como no sonreír antes de que su boca tomara la mía. En aquel instante sentí que mientras estuviéramos unidos nada podría alcanzarnos.
El beso fue un poco más intenso de lo que debería haber sido y en un momento ambos estábamos sin aliento y sedientos por más. A mi apenas me di tiempo de respirar antes de atacar su cuello con algunos besos y pequeños mordiscos.
- Roza. - su voz salió apenas debido al deseo. - Realmente quiero continuar, pero necesitamos arreglarnos o nos perderemos el almuerzo. -
- ¿Por qué no olvidamos esa historia del almuerzo? - sugerí, lamiendo cerca de su oreja y tuve el placer de oírle gemir. - Puedo servirte una comida completa aquí mismo. -
- No hagas eso conmigo, Roza... Soy un hombre débil. - él casi gruñó antes de darnos la vuelta en la cama, poniéndose sobre mí y tomando lo que quería al deslizar su lengua por entre mis labios.
- Dimitri... - gemí al sentir su erección ser presionada fuertemente a mi sexo, el tejido de sus pantalones rozando en cada pliegue, haciendo que una ola de placer impresionante me dominara.
Pero antes de que esto continuara, el ruso se frenó y se alejó abruptamente, quedándose sobre sus rodillas encima de la cama. Él estaba jadeando y me observaba con una mirada tremendamente oscura, pero pude ver en sus ojos que él luchaba una gran batalla por mantener el control.
- Si no vamos, todos estarán seguros de que algo está sucediendo y puedes decirle adiós a la discreción - Dimitri argumentó.
Suspiré, dejando caer mi cabeza en la almohada para mirar hacia el techo. Él tenía razón, sabía que la tenía, pero era tan difícil pensar cuando tenía un ruso tentador arrodillado entre mis piernas con su miembro burlándose de mí.
- Está bien. - respiré hondo para obligar a mi cuerpo a hacer lo que mi cerebro entendía que era lo correcto y salté rápidamente de la cama. - Me voy a arreglar. -
- ¿Dónde piensas que vas? - él consiguió agarrar mi brazo, aun estando sobre la cama, impidiéndome dar un paso más. - Creí que íbamos a tomar una ducha juntos. -
- Dimitri, si entro en aquella ducha contigo en el estado en que estamos, no vas a poder pararme una segunda vez. - advertí.
El ruso pareció sopesar la idea por un instante y acabó soltándome, echándome una mirada entre divertida y frustrada e inmediatamente salí de la habitación después de lanzarle una pequeña sonrisa. No me arriesgué a besarlo, porque sabía dónde iba a llevarnos aquello.
Corrí por el pasillo vistiendo apenas la camisa semi abierta de Dimitri. Era bueno que tuviésemos la casa vacía.
Tomé una rápida ducha un poco más fría que de costumbre para intentar apagar un poco los restos de aquella energía erótica que había tomado mi cuerpo en las últimas horas. Seque y moldee mis cabellos lo más rápido que pude y opté por usar un vestido rojo con unas sandalias. Ni bien terminé de maquillarme estaba buscando unos pendientes en el alhajero del armario, cuando oí la voz de Dimitri desde la puerta.
- Necesitas llevar tus cosas a mi habitación. -
- ¿Cómo? - pregunté confundida sin poder verlo, pues estaba oculta por la puerta del armario.
- No vas a continuar usando esta habitación. - dijo convencido. - No tendría sentido… -
Pensé al respecto por un instante mientras me colocaba los pendientes… Realmente sería extraño estar juntos y quedarnos en habitaciones separadas cuando vivimos en la misma casa, pero ¿No sería demasiado pronto para dividir diariamente una misma cama? ¿No deberíamos conocernos primero antes de embarcarnos en una relación tan seria hasta el punto de juntar los cepillos de dientes?
- Sé lo que estás pensando y no tenemos que esperar nada más. - su voz sonó más cerca y él empujó una de las puertas del armario para cerrarla y poder mirarme. - Ya estamos más allá y… -
Dejó de hablar de repente mirándome de arriba abajo, admirándome con los ojos.
- Sin duda eres la mujer más bella que he visto en toda mi vida. - Dimitri declaró y me dio un beso cariñoso e incluso cauteloso, no sé si por miedo de que fuéramos nuevamente consumidos por aquella hoguera o por temor de alguna forma estropear lo que estaba delante de sí.
- Me vas a mal acostumbrar si sigues de esa manera. - sonreí aún en sus labios con los ojos cerrados.
- Es bueno que te acostumbres, porque no estoy mintiendo. - dijo y abrí los ojos para verlo mirándome con adoración. - Y hoy mismo voy a abrir espacio en mi armario para ti y no vamos a discutir eso. -
El ruso puso un dedo sobre mis labios antes de que pudiera decir algo. Tomé su mano dándole un beso a ella y la aparté.
- En realidad iba a decir que por mí todo bien. -
- ¿Estás de acuerdo conmigo? Eso sí que es una sorpresa. - se rio antes de darme un pequeño beso y apartarse apenas lo suficiente para extender una pequeña caja de terciopelo que ni había notado en sus manos. - Este es tu regalo de Navidad. -
- ¿Qué es? - sonreí cogiendo la cajita y abriéndola con cuidado.
Dentro había una fina cadena de oro con un relicario que contenía algunas pequeñas figuras dentro. Era simplemente hermoso. Tomé el collar con cuidado entre los dedos y me fui a la cama, colocando la caja encima de ella y sentándome a continuación para poder observar la pieza con más cuidado.
- ¿Te gusta? - Dimitri preguntó alejando al Capitán Willy que estaba esparcido sobre mi colcha y se sentó detrás de mí en la cama, envolviéndome en un abrazo.
- Es hermoso. - sonreí aun mirando el relicario antes de que él lo cogiera de mis manos.
- Cada colgante de dentro tiene un significado. - él explicó.
- Cuéntame. -
- La niña representa a Claire. - él indicó un dije en forma de niña, susurrando en mi oído, causándome escalofríos. - Fue ella quien te trajo a esta casa para empezar. -
Sonríe al recordar la primera vez que pisé este sitio. Estaba tan insegura, sin saber si podía manejar a la niña. No tenía idea de lo que la vida me había preparado...
- El gatito es el Capitán Willy. - Dimitri continuó apuntando otra figura dentro del relicario. - Él se convirtió en parte de la familia desde que lo trajiste. -
- Él era tan adorable. - comenté al recordar aquella bolita de pelos a la espera de un dueño en la tienda de mascotas y acaricié las orejas del gato que vino a anidar a mi lado.
- La pelota de fútbol americano me representa. - me dio un pequeño beso en el rostro. - El jugador antisocial que acabó dando más trabajo de lo que esperabas. -
No pude evitar reír por eso.
- La rosa... - el ruso hizo un pequeño suspenso, ocupándose de besar mi cuello, haciéndome estremecer - es la chica más bella, terca, increíble e intrépida que he encontrado, completando así a nuestra familia. Lo que me lleva al quinto ítem… -
- ¿Que es...? - mi voz salió como un susurro al observar el pequeño corazón de rubí que tenía allí.
- Mi corazón. - él sonrió antes de dar un suave beso justo debajo de mi oreja. - El cual nunca he dado a nadie y te estoy ofreciendo ahora. -
- Dimitri... - fue lo único que conseguí decir tratando de contener las lágrimas al girar en la cama y abrazarlo con toda mi fuerza ¿Él realmente pensó en todo esto? - ¿Has montado esto sin que nosotros estuviésemos juntos? -
- No habría diferencia. - se encogió de hombros. - Nosotros cuatro ya somos una familia desde hace mucho tiempo y mi corazón ya era y siempre será irremediablemente tuyo. Esperaba intentar declararme cuando te entregase la joya, pero las cosas sucedieron un poco diferentes de lo que planeé. -
- Es el mejor regalo que me han dado en mi vida. No por el collar en sí, sino por todo lo que representa. Gracias, camarada. Gracias por haberme dejado entrar en tu vida. -
- No. - Dimitri acarició mi rostro. - Soy yo quien tengo que agradecerte por formar parte de ella. Tú lo cambiaste todo, Roza. Me hiciste más feliz de lo que jamás imaginé que podría ser. -
Nos besamos nuevamente de forma lenta y suave hasta que el ruso me impulsó a girar. Él alejó mi pelo hacia el lado, abrochando el colgante con destreza en mi cuello, depositando un rápido beso en mi nuca ¿Cómo alguien puede ser tan maravilloso? Definitivamente hice algo muy bueno para merecerlo en mi vida. Y ahora estoy segura de que lo haría todo para verlo feliz, completamente feliz.
- Simplemente perfecta. - Dimitri sonrió cuando me volví de nuevo mostrándole cómo el collar me quedaba.
- También tengo un regalo para ti, camarada. - di una pequeña sonrisa antes de levantarme para abrir el guardarropa y buscar la caja.
Él abrió el envoltorio que contenía cuatro libros del Elmore Leonard. Había visto que le gustaba mucho el autor, pues había varios libros en la biblioteca.
- Conseguí la primera edición de cada uno de ellos en una subasta en línea - expliqué mientras Dimitri observaba cada uno de los volúmenes con una sonrisa en su rostro. - No es tan especial como el collar, pero espero que te guste… -
- ¡Esto es espectacular, Roza! - dijo con entusiasmo antes de poner la caja en la cama y jalarme hacia su regazo haciendo que me sentara. - No puedes ser real. -
Nos quedamos un buen rato abrazados, intercambiando caricias y besos, sintiendo la respiración el uno del otro. Era tan perfecto que si pudiera no saldría más de allí, pero sabía que teníamos que enfrentarnos a la realidad.
- Por más que me encántese que nos quedemos aquí. - hablé después de aprovechar un poco más de los besos del ruso - Vamos a acabar retrasándonos… -
- Tienes razón. - Dimitri sonrió evaluándome. - ¿Estás preparada? -
- Ni un poco. - suspiré.
- Va a salir todo bien. - él entrelazó nuestros dedos y se levantó, guiándome escaleras abajo.
Lo seguí en silencio, tratando de calmarme, pero cuando abrió la puerta del coche para que yo entrara, titubeé.
- Dimitri, me parece mejor que vayas tú so… -
- Ni lo pienses, Roza. - el ruso me cortó. - Vas a venir conmigo y punto final. -
- En teoría todavía soy sólo la niñera de tu hija, no tiene sentido estar frecuentando la casa de tu madre. -
- No es sólo eso lo que tú representas para mí y lo sabes muy bien, entonces para con eso. Por mí el mundo entero ya sabría la verdad. Seremos discretos sólo porque Claire todavía no lo sabe. Así que en cuanto eso se resuelve nada más me impedirá gritar a los cuatro vientos cuánto te quiero. - dijo con extrema convicción.
- Dimitri, no es tan simple, tú sabes... - yo no quería ser una aguafiestas, pero la situación era mucho más complicada de cómo él la estaba tratando.
- Lo sé, pero no vamos a pensar en eso ahora. Y, de todos modos, no tiene ningún sentido ocultar esto de mi familia, así que vamos a afrontarlo juntos. -
Suspiré y de nuevo cedí entrando en la SUV. La trayectoria fue muy tranquila y durante todo el tiempo el ruso agarró firmemente mi mano, dando algunos besos ocasionales en su dorso. Mi corazón martillaba en mi pecho durante todo el tiempo y me sentía como si estuviera a punto de pasar por una prueba de fuego. En cierto modo, no estaba muy lejos de eso.
Demasiado pronto, Dimitri estacionó el coche frente a una hermosa y acogedora casa.
- ¿Cómo hacemos esto? - pregunté después de un tiempo en silencio, sin salir del vehículo. - No estoy segura de cómo tengo que actuar… -
- Rose, se natural - Dimitri sonrió ante mi inseguridad. - No necesitas nada más. -
- ¿Y si no les gusto? -
- Estás siendo absurda. - se rió. - Todos te conocen ya y te adoran. Además, no vamos a actuar como una pareja... Todavía. -
- Pero y si... - yo empecé y el ruso me calló con un beso muy breve.
- Deja de preocuparte, Roza. - él dio esa sonrisa completa antes de salir del coche y dar la vuelta para abrir la puerta de mi lado.
Lo seguí hacia la casa, tratando de mantener una distancia aceptable ¡Dios esto es tan extraño!
Dimitri tenía una copia de la llave y entramos, pasando por un pequeño hall y seguimos hasta una sala espaciosa que se conjugaba con la cocina y el comedor. Los niños estaban reunidos con sus regalos y el marido de Karolina los supervisaba mientras las Belikovas se ocupaban de la comida.
- ¡Dimitri! - el hombre exclamó pareciendo aliviado.
- Luke ¿Cómo va? - Dimitri saludó al cuñado.
- Hola Rose. - Luke me saludó, pero aparentemente estaba interesado sólo en tener a alguien del sexo masculino para conversar. - Ustedes tardaron. -
- Y Jamie ¿Dónde está? - el ruso preguntó.
- Tu abuela aparentemente decidió que era la hora perfecta para que él la ayudara a plantar algunas semillas en su huerta del patio trasero. -
- ¡Rose! ¡Papá! - Claire gritó, corriendo animada hacia Dimitri que la tomó en sus brazos. - Papá, casi conseguimos atrapar a Papá Noel esta vez. -
- ¿En serio? ¿Y qué te lo impidió?
- Paul es un blando y acabó durmiéndose y desde ahí no conseguí quedarme despierta. - ella dijo un tanto cabizbaja. - Pero tienes que ver lo que él trajo para mí. -
- Por poco mi madre no ha podido poner los regalos debajo del árbol antes de que amaneciese. - Viktoria susurró a mi lado, sobresaltándome, pues no la vi acercándose mientras Dimitri iba hacia los sofás con su hija.
- Espero que ella no haya dado mucho trabajo. - hablé un poco incómoda, sin saber exactamente qué hacer.
- No más de lo habitual, pero creo que puede haber valido la pena. - Vika me guiñó un ojo y tuve que impedirme el salir corriendo cuando Olena vino en mi dirección secándose las manos con un paño. Con las demás chicas mirándome con curiosidad desde la cocina.
- Rose. - me saludó calurosamente. - Que bueno que viniste. Me quedé con miedo de que mi hijo no lograse convencerte… -
- Ah, Dimitri fue muy persuasivo. - sonreí. - Y gracias por la invitación, Olena. -
- Tuve que amenazar con lanzarla sobre mi hombro y traerla a la fuerza, mama. - Dimitri se rio al acercarse a mí nuevamente.
- Alguien se despertó de buen humor... - Vika cantó.
Sentí la mirada de evaluación de Olena sobre nosotros dos ¿Será que sospechaba algo? Bueno, no iba a quedarme a averiguarlo, así que me alejé para saludar a las demás.
- Te ves hermosa, Rose - Sonya elogió después de analizarme rápidamente.
- Gracias - sonríe abiertamente.
- Hasta parece que estuviste arreglándote para impresionar a alguien. - Viktoria observó y tuve ganas de patearla ¿Por qué tenía que estar lanzando esas indirectas delante de todo el mundo?
- Me encanta tu collar. - Karo comentó mientras sentía la mirada de su hermano sobre mí.
- Ese fue mi regalo de Navidad. - dijo con una media sonrisa haciendo que la atención de todos volviera a mí. Voy a matar a ese ruso.
- Dimitri. - Luke lo llamó justo a tiempo. - ¿Qué te parece una partida de billar?
- ¡Buena idea, amor! - Karo exclamó. - Vete Dimka, Rose va a estar bien entre las chicas. Ahora déjanos ver ese collar… -
Le lancé a Dimitri una mirada suplicante, pero él sólo se encogió de hombros y subió las escaleras con su cuñado, dejándome completamente sola allí. Definitivamente voy a matar al ruso.
- Venga, Rose, déjanos ver, por favor. - Vika insistió junto con la hermana tan pronto como los hombres desaparecieron de nuestra vista.
Me saqué el collar con cuidado y se lo entregué a ella y las tres hermanas se acercaron a su lado curiosas para mirarlo. Ellas analizaron el contenido del relicario con cuidado.
- Yo sabía que era algo especial cuando él me pidió que lo fuera a buscar a la joyería, pero yo no tenía idea... - Viktoria comentó algo sorprendida.
- ¿Tú fuiste a buscarlo? - pregunté.
- Sí, Dimitri no tenía manera de ir después de haberse lesionado. - confirmó. - Él escogió todo por internet y lo encargó. Sólo tuve el trabajo de ir a recogerlo, pero ese aburrido no me dejó ver nada. -
- No sabía que mi hermano tenía tan buen gusto para las joyas. - Sonya sonrió.
- ¿Y desde cuando mi hermano te da joyas? - Karo observó sonriendo. ¡Maldita sea! Por supuesto, que sospechan...
- No sé... - balbuceé nerviosa. - Yo… -
- No tienes que explicarte, Rose. - Olena me interrumpió y la miré agradecida. - ¡Y ustedes tres no sean indiscretas! -
- Lo siento, mamá. - ellas dijeron juntas, pareciendo más tres niñas atrapadas en el acto a las mujeres adultas que son.
- ¿Puedo verlo? - Olena pidió cuando Viktoria me devolvió el collar y yo se lo entregué. Ella lo estudió por un momento antes de devolvérmelo y prenderlo nuevamente en mi cuello. - Es muy bonito. Mi hijo finalmente supo escoger. -
La mujer me dio un breve guiño antes de volver a la cocina, dejándome confundida. ¿Dimitri suele comprar joyas para otras mujeres? Es lo que ella quiso decir ¿No? No tiene cómo saber que estamos juntos... ¿Tiene?
- Voy a tratar de hacer que babushka libere a Jamie. - Sonya se quejó. - Ella está con él desde que llegamos. Así ya no querrá volver… -
- Creo que ya es demasiado tarde. - Vika se rio.
- ¿Necesitas ayuda, mamá? - Karo preguntó volteándose hacia Olena.
- No. - la madre sonrió. - Ahora sólo tenemos que esperar a que el horno trabaje. Ustedes ya me han ayudado demasiado ¿Por qué no van a distraerse con alguna otra cosa? -
- Vamos a jugar al billar con los chicos. - Vika sonrió y me tiró escalera arriba, sin darme ninguna opción.
- Esa es una muy buena idea. - Karo estuvo de acuerdo con nosotras.
En el nivel superior, seguimos por un pasillo a través del cual era posible ver el piso de abajo entonces entramos en una habitación. El tamaño de aquella casa estaba empezando a sorprenderme. Era tan grande como la del ruso.
Dimitri estaba finalizando un golpe con destreza cuando lo vi. Parece ser genial en esto, lo que me hizo preguntarme por qué la sala de juegos de su casa era tan poco utilizada.
- Llegamos, chicos. - Vika llamó la atención de los hombres con ánimo. - Venimos a hacerles compañía. -
- Rose. - el ruso sonrió al verme. - ¿Mis hermanas te trataron bien? -
- Claro que sí, Dimka. - Karo respondió por mí mientras me sentaba en el sofá al lado de Vika. - Somos totalmente agradables, a diferencia de ti que tienes tus brotes de mal humor. -
Me reí ante la mirada mortal que Dimitri le lanzó a su hermana. No sé exactamente cómo es tener hermanos, pero por lo que aprendí conviviendo con André, Lissa y Jill es siempre así. Uno tomando el pie del otro.
- De esa manera ustedes van a acabar asustando a la muchacha. - Luke apuntó también riendo
- Ella está viviendo con mi hermano hace cinco meses, querido. - Karo se rio. - ¿No crees que ella lo vio de mal humor? -
- Generalmente yo soy el motivo de su mal humor. - comenté.
- Eso lo dudo mucho. - el hombre sonrió simpáticamente antes de dar un golpe. - Tú pareces ser una chica adorable. -
Esta declaración hizo que Dimitri y las chicas se rieran.
- Eh, puedo ser una chica adorable. - protesté.
- Lo siento, Roza. - Dimitri se acercó a mí todavía sonriendo con el taco en la mano. - Creo que ni Abe te defendería en esta… -
- Vi muy bien tu lado "adorable". - Vika se burló.
- Todos lo hemos visto. - Karo acompañó. - ¿De dónde has aprendido tantas palabrotas? -
- ¡Eso es absurdo! - Murmuré avergonzada levantándome y cogiendo el taco de las manos del ruso. - ´Creí que estábamos aquí para jugar, camarada. -
Miré la mesa y me incliné para dar un golpe, encajando las dos bolas que quedaban allí. Me enderecé cuando el ruso se paró a mi lado y nos quedamos observando a Luke arreglar las bolas en la mesa para un nuevo juego.
- Debo admitir. - Dimitri susurró acercándose más a mí. - Eres una extrema tentación cuando estás avergonzada… -
Él estaba más cerca de lo aceptable y no pude hacer nada más que ruborizarme.
Vika y Karolina también se levantaron y cogieron un taco cada una del soporte en la pared, haciendo que Luke se quejara.
- Así que Dimitri no podrá jugar. -
Él probablemente estaba cansado de estar todo el tiempo en medio de tantas mujeres.
- Él puede jugar con Rose. - Karo le guiñó a Vika ¿Qué están planeando estas dos? - Estoy segura de que a mi hermano no le va a importar. -
- Ni un poco. - Dimitri me miró con una sonrisa en el rostro.
- ¿Qué piensas que estás haciendo? - susurré, haciéndolo reír.
- Relájate. - él intentó tranquilizarme mientras sus hermanas hacían sus jugadas y llegó la nuestra.
- Puedes jugar. - intenté entregarle el taco, pero Dimitri se negó y se posicionó detrás de mí, sosteniendo mis manos.
- olvidaste que vamos a jugar juntos. - respondió antes de susurrar en mi oído. - Confía en mí. -
El ruso nos inclinó para hacer una jugada perfecta mientras sus hermanas nos miraban con una sonrisa en el rostro. Ok, esto definitivamente es la cosa más inapropiada para hacer con la niñera de su hija.
- Ustedes juegan bien juntos. - Luke comentó colocándose para hacer su jugada.
- Ah sí, con certeza. - Vika me observó con una sonrisa, haciendo que me sonrojara nuevamente ¿Por qué Dimitri me está dejando ser torturada de esa manera?
Cuando llegó nuestra vez de nuevo, repitió el proceso, tardando un poco más en dar el golpe, dándome un beso en la mejilla enseguida.
- Necesito ir al baño. - murmuré en ese mismo momento soltándome de su abrazo improvisado y siguiendo por el pasillo.
- Es la primera puerta al final del pasillo. - Dimitri gritó para que lo oyese y sentí diversión en su voz ¡Voy a patear a este ruso, lo haré!
Me crucé con Sonya en el pasillo oyendo la risa de las demás hermanas detrás de mí, pero antes de que alcanzara el baño, miré a la sala y vi a los niños jugando. El tal Jamie parecía haber sido atado por Paul y Claire que corrían a su alrededor actuando como indios mientras ella gritaba algo sobre quemar al cara pálida en la hoguera. Pensé si sería bueno intervenir, pero vi que Olena estaba allí, entonces creí que ella ya debería estar echándole un ojo a los dos.
Así que me encerré en el baño, respiré aliviada, a pesar de observar por el espejo que parecía un tomate ¿El ruso perdió el juicio? Pensé que el plan era ser discretos hasta hablar con Claire. No tuve tiempo de prepararme...
Respiré profundamente después de unos minutos allí sola buscando renovar mi coraje y decidí que sería mejor volver antes de que alguien viniera a buscarme. Salí de la habitación y mientras pasaba por el pasillo, vi a Olena dándole un hermoso sermón a los niños sobre los peligros de jugar con fósforos y que nunca se debe prender fuego a nadie. ¿Ellos realmente lo intentaron?
- Ahí estás. - Vika sonrió animadamente al verme entrando a la sala de juegos y pensé en volver a encerrarme en el baño inmediatamente. - Creímos que habías huido de mi hermano. -
- Yo nunca la dejaría huir. - Dimitri declaró poniéndome cerca de él. - Ella lo sabe… -
- ¿Qué? - No hace ni un minuto que volví a esa sala y ya estoy completamente perdida y roja de nuevo.
Todo empeoró cuando Dimitri simplemente se inclinó y me besó, dejándome totalmente sin reacción. Ciertamente ya estaba extrañando sus labios, pero ¿Tenía que hacer esto frente a sus hermanas?
- Dimitri... - balbuceé al alejarme mínimamente de él mientras las chicas se reían de mi asombro y Luke silbaba.
- ¡Finalmente! - Karo giró los ojos y la miré sorprendida.
- Oh por favor, Rose. - dijo Sonya. - Se ve en sus rostros que están juntos desde que atravesaron la puerta hace un rato. -
- Tal vez deberías preocuparte de que los niños estén tratando de prender fuego a tu novio. - respondí.
- ¿Cómo? - ella soltó sorprendida saliendo apresurada de la sala. - ¿Cuál es el problema de esta familia? -
- ¿Claire estaba tratando de prender fuego a alguien? - Dimitri me preguntó preocupado cuando empezamos a salir de la sala de juegos para bajar también.
- Por lo que he entendido, sí. Pero tu madre ha interferido. - lo tranquilicé. - Los niños pueden entusiasmarse jugando a los indios. Una vez Lissa y yo dejamos a Jill atada todo el día a un árbol… -
- No puedes estar hablando en serio. - Vika se rio. - Realmente me gustaría ver eso. -
- ¿Por qué amarrada a un árbol? - Luke cuestionó curioso.
- El plan original era amarrarla a las vías del tren. - expliqué. - Pero como no había ninguna cerca… -
- ¿Cuántos años tenían? - Dimitri sonrió, alejándose un poco mientras bajábamos las escaleras.
- Nueve y Jill tenía seis - me di de hombros. - Mi madre enfureció cuando la encontró. No necesito decir que obtuve un buen tiempo de castigo. -
- Janine debe haber estallado. - comentó conforme llegábamos a la sala.
- ¡Quiero que todos ustedes se queden lejos de mi novio! - Sonya exclamó sentándose al lado del muchacho que estaba con una cara medio asustada. - No puedo ni darles la espalda por unos minutos que intentan prenderlo fuego. -
- Hija, estás exagerando. - Olena sonrió condescendiente. - Fue una broma de niños. -
- De niños psicópatas. Nunca he intentado incendiar a nadie… -
- Basta de discutir. - Olena interrumpió sus protestas. - Ayúdame a servir todo que la comida está lista. -
Todos se movilizaron para traer los platos y bebidas a la mesa y, Olena acomodó a los tres niños en una mesa aparte mientras yo terminaba sentada entre Viktoria y Dimitri, frente a Yeva.
La comida estaba tan buena como la de la cena la noche anterior. Realmente el don de la cocina era algo hereditario en aquella familia.
- Tu estas muy delgada. - Yeva declaró de repente mirándome. - Deberías comer más. -
- ¡Madre! - Olena exclamó.
- ¿Cómo vas a cuidar de la niña así? Pareces un palillo. - ella continuó
- Yo no engordo con facilidad. - intenté explicar para aquella vieja.
- Tonterías... - ella despreció. Ya iba por mi segundo plato de comida, ¿Qué más quería que hiciera?
- Yeva, es suficiente. - Dimitri se manifestó.
Obviamente que la vieja no dejó de hablar ante el llamamiento del nieto, pero esta vez la conversación pasó a ser en ruso. Dimitri parecía un poco exasperado, indicando que el contenido de la discusión era algo ridículo.
- ¿Qué está pasando? - le pregunté.
- Si quiere saber, debería aprender ruso para seguir la conversación. - Yeva dijo naturalmente.
- Babushka. - Dimitri gruñó, haciendo que la vieja murmurara algo más en ruso y eso me hizo sentir fuera del lugar allí.
- Lo siento por esto, Rose. - Olena dio una pequeña sonrisa mientras la vieja continuaba comiendo.
- ¿Qué dijo ella? - pregunté a Dimitri en un tono bajo.
- Nada importante. - murmuró y dio un discreto beso en mi mano.
- Ella dijo que no sabes ni hervir una patata. - Vika dijo bajo con una sonrisa divertida en el rostro. - Entonces ¿Cómo planeas cuidar de mi hermano? -
- ¿Por qué diablos yo le serviría una patata hervida a tu hermano? - devolví la pregunta sorprendida.
- Rose... - Dimitri suspiró. - Deja eso. -
- Ok. - murmuré pero luego la vieja volvió a hablar en ruso, agotando mi paciencia. - ¡Puta madre! -
- En mi época. - Yeva cambió al inglés - las chicas no tenían la boca tan sucia. Nosotras teníamos cuidado con lo que decíamos, sobre todo cerca de los hombres. -
- Y en mi época las personas son lo suficientemente bien educadas para hablar en la misma lengua que todos los presentes. - respondí. - Mi padre es turco y no por eso nosotros dos hablamos en esa lengua delante de invitados. -
- Encima es contestona. - ella murmuró.
- Camarada. - murmuré en aviso. - Estoy a punto de mostrarle a tu abuela lo que es tener una boca sucia. -
- Rose. - suspiró - Por favor, solo ignórala. -
- Y ese escote... - la vieja continuó. - Si me vistiera así, su abuelo seguro me devolvía a mi padre ¿A tu padre no le importa que te vistas de esa manera? -
- ¡Madre! - Olena nuevamente intentó llamar la atención de Yeva, visiblemente constreñida. - Deja a Rose en paz. -
- A mi padre no le importa. - respondí con una sonrisa irónica. - Porque él me crío para tener opinión propia y vestir lo que diablos tengo ganas de vestir. Y no para vivir complaciendo a los demás. -
Sentí a Dimitri envolver mi mano debajo de la mesa y agarrarme firmemente tratando de calmarme.
- ¿Entonces a usted no le importa lo que pienso de sus escotes? - la mujer me echó una mirada aguda, ignorando las llamadas de la hija.
- Ni un poco. - respondí. - Si quieres cuidar de los escotes de alguien, cuida de los tuyos. -
- Usted no debería hablarle así a una mujer mayor como yo. - ella sostenía su actitud arrogante. - Podría matarme del corazón. -
Todos en la mesa nos miraban intrigados. Dimitri parecía estar a punto de sostenerme si intentaba volar al cuello de la vieja. Gran manera de empezar una relación. En el primer almuerzo en familia, asesino a la abuela...
- La cuestión es. - di mi mejor sonrisa amenazadora, digno de una Mazur - Yo no suelo discriminar por la edad. Si quieres actuar como una bruja conmigo, te trataré de la misma forma. No importa cuán cerca del suelo esté tu culo. -
Escuché a Vika aguantarse una risa mientras todos nos observaban con una mezcla de diversión y sorpresa.
- Dimka. - la vieja se volvió hacia el ruso a mi lado. - Me gusta esta chica. Mucho mejor que la mosca muerta de tu ex mujer. -
- Ya basta con eso. - Olena declaró cerrando el asunto, a pesar de que yo había tenido la impresión de haberla visto sonriendo.
A pesar de la pequeña batalla en la mesa, el resto del día pasó de forma amena. En realidad, me divertí descubriendo más historias sobre Dimitri y puedo decir que me sentí verdaderamente acogida por la familia Belikov, incluso por la vieja extraña.
Dimitri y yo mantuvimos cierta distancia frente a Claire, pero aquello estaba empezando a molestarme. Estaba loca por estar nuevamente en sus brazos.
Volvimos a casa al final de la tarde y, mientras Claire fue a tomar un baño y cambiarse de ropa, Dimitri y yo nos quedamos en el piso de abajo, aprovechando un poco de nuestro momento a solas.
- Fue un día bastante intenso - él me declaró jalándome para que me sentara en su regazo, en el sofá de la sala.
-Casi me matas de vergüenza. - le dije dándole una palmada en su brazo. - No puedo creer que hayas actuado de esa forma delante de tus hermanas ¿Qué pasó con ser discretos? -
- Mis hermanas ya se habían dado cuenta, Rose - Dimitri sonrió y me besó. - No sentía ganas de continuar lejos de ti -
- Claire podría habernos visto. -
- Eso no sucedió. - me provocó distribuyendo besos por mi cuello. - Tu misma dijiste que estaba ocupada tratando de prender fuego al novio de Sonya. Creo que no llegará a año nuevo. -
- ¿Él? - pregunté curiosa. - Me pareció que estaban juntos hace bastante tiempo. -
- No, apenas hace unos seis meses. - el ruso se encogió de hombros. - Generalmente no duran mucho después de las fiestas… -
- ¿Dios, ustedes aterrorizan a todos los novios de la pobre? -
- No tuve nada que ver con eso. - se rio. - Sólo los fuertes resisten a esta familia y tú has sido aprobada con alabanzas. -
- Podría haber salido corriendo cuando tu abuela comenzó a decir aquellas cosas - lo instigue.
- No lo hubieras hecho. - se rio, bajando aún más sus besos. - En aquella pelea tenía más miedo por Yeva que por ti. -
- Gracioso. - me anidé al ruso, dejando mi mente vagar por el tópico que veníamos evitando. - ¿Cómo crees que Claire va a reaccionar? -
- No lo sé, pero creo que debemos hablar con ella. - Dimitri suspiró. - Ella te ama, eso es bueno… -
- ¿Y si no le gusta? ¿Cómo vamos a hacer? -
- Ella va a tener que acostumbrarse con el tiempo. - él me miró a los ojos. - Rose, no viviré más tiempo sin ti. -
- ¿Incluso si tu hija te lo pidiera? -
- Ella nunca pediría una cosa así. Estoy seguro. - el ruso dijo con convicción. - Sólo no sé cómo empezar esa conversación con ella. -
Oímos los pasos apresurados de Claire acercándose y me senté junto a él. Sus pasos se detuvieron conforme entraba a la sala y nos miró un tanto desconfiada.
- ¿Papá, Rose? - ella llamó con aire serio. - ¿Podemos hablar? -
- Claro... - Dimitri dijo confundido cuando la chica se sentó en la mesa del centro frente a nosotros con una expresión pensativa observándonos atentamente.
- Entonces... - empezó después de un tiempo.
- ¿Entonces? - pregunté ansiosa. La chica estaba actuando de forma muy extraña.
- ¿Tienes algo para contarme? - Claire preguntó sorprendiéndonos. Ambos nos miramos sin saber qué decir, entonces ella intentó un enfoque más directo. - ¿Están enamorados? -
- ¿Qué? - me ahogué en ese momento.
- ¿Porque piensas eso? - Dimitri devolvió la pregunta.
- Ustedes están de la mano. - se dio de hombros apuntando hacia nuestras manos y miré a nuestros dedos entrelazados sin darme cuenta, soltando la mano de él inmediatamente.
Al final... ¿Qué debo responder? ¿Estamos saliendo? A pesar de estar juntos, no definimos nada hasta entonces y eso era confuso incluso para mí ... ¿Qué digo ahora?
- Claire. - el ruso se recuperó más rápido. - Rose y yo... Hablamos ayer a la noche después de que tú te fueras a lo de la abuela y… Bueno, me gusta Rose y descubrí que yo también le gusto, entonces… -
- ¡Finalmente! - la chica exclamó tirando las manos hacia arriba y dejándonos a los dos sin reacción. - Le dije a tía Vika que te gustaba Rose desde la boda del tío Adrian, pero ella no me creyó. -
- Ah ¿Sí? - la miré con curiosidad ¿Era tan obvio? ¿Cómo no lo he podido ver?
- Sí. - confirmó. - Y sé que te gustaba mi padre desde antes del Festival Gasparilla. -
Fue el turno del ruso mirarme de forma presuntuosa.
- ¿Y estás bien con todo esto? - volví a concentrarme en la niña.
- ¿Por qué no lo estaría? - Claire pareció genuinamente confundida. - Creo que ustedes son lindos juntos. -
Dimitri se rio a mi lado y pasó el brazo por mi hombro, dándome un rápido beso.
- Pero hay algo que tenemos que hablar antes. - Claire me miró con los ojos entrecerrados, apoyando su mano en su barbilla. - ¿Cuáles son tus intenciones con mi padre, Rose? -
- ¿Cómo? - ¿Lo que esta niña está diciendo?
- Tus intenciones, - ella giró los ojos como si fuera una pregunta obvia. - ¿Quieres casarte con él? Porque mi padre me dijo que solo los chicos y chicas casadas pueden besarse…
- Ok, Claire. - Dimitri la interrumpió. - Es suficiente. -
- Pero papá, dijiste… -
- Podrás besar a quien quieras cuando tengas mi edad. - él dijo a regañadientes.
- ¡Pero entonces voy a ser vieja! - Claire exclamó.
- ¿Mi hija acaba de llamarme viejo? - me preguntó directamente.
- Eh, no me mires a mí. - Reí. - Ya dije que te ves bien mantenido para ser un viejito. -
- Te voy a mostrar quién es el viejo más tarde. - el ruso susurró sólo para mí antes de elevar la voz. - Entonces ¿Quién me va a ayudar a preparar una merienda? -
- ¡Yo! - Claire gritó y ambos fueron a la cocina mientras yo iba a la habitación para cambiarme de ropa y quitarme el maquillaje.
Acabé poniéndome una sudadera y unos shorts de mezclilla, aprovechando que la temperatura dentro de la casa estaba bien agradable, y descendí para encontrar algunos sándwiches listos.
Nosotros mantuvimos una conversación animada mientras comíamos, pero noté que Claire estaba muriendo de sueño. Por lo que ella misma había contado, casi no durmió aquella noche y había gastado mucha energía jugando con sus primos durante el día. En cierta forma, yo también me sentía un poco cansada, por diferentes motivos, pero sabía que un cierto ruso me mantendría despierto durante varias horas, así que decidí llevar a la bajita a la cama para que él pudiera cambiarse de ropa también.
- Rose. - Claire me llamó ni bien se acostó en la cama y la cubrí. - ¿Vas a seguir siendo mi niñera? -
La pregunta me tomó completamente desprevenida. En realidad, todavía no había pensado al respecto.
-Bueno, por ahora creo que sí, pero ya veremos cómo hacemos. - le dije y recibí una mirada asustada de ella, entonces la tranquilicé. - Lo importante es que independientemente de eso, yo voy a ser siempre su amiga ¿Oíste? -
- Pero ahora que eres la novia de mi papá... No vas a dejar de ser mi niñera ¿Verdad? -
- No, mi amor. - le sonreí. - No vas a deshacerte de mí tan fácil. -
De repente la chica se sentó en la cama y me abrazó fuertemente.
- Gracias, Rose. -
- ¿Por qué? -
- Por haber alejado la tristeza. - Claire me soltó para mirarme con tremenda confianza en sus ojos. - Proteges a las personas con tu escudo "anti-tristeza". Hiciste todo más feliz. Yo soy más feliz y mi papá también. -
No tuve cómo no emocionarme con las palabras de ella, pero me contuve para no llorar ante la niña.
- Te dije que mi escudo era lo suficientemente grande para todos nosotros. - dije. - Y ustedes me hicieron más feliz también. -
Dejé un beso en su frente, tocando inconscientemente el relicario que Dimitri me había dado y que aún estaba en mi cuello. Con toda seguridad me hicieron más feliz de lo que podía imaginar. Nuestra pequeña familia feliz.
