Hola a todos los seguidores de Albus y sus amigos. Agradezco a esas personitas que dejan reviews y que agregan la historia a sus favoritos. Aunque sé que para muchos no voy a la velocidad que les gustaría (a mí tampoco, la verdad) me anima saber que aun así disfrutan de los capítulos. Siendo así, aquí los dejo con un nuevo capítulo de esta historia que espero también disfruten.
37. Imperius en Hogwarts
—¿Qué quiere decir que no has terminado el trabajo de Historia de la Magia?
Peter, Albus y Rose se habían encontrado con William muy apurado en la biblioteca de la escuela. En cuanto a los chicos le preguntaron que estaba haciendo se sorprendieron, ya que incluso Peter había terminado ese trabajo.
—Pero, ¿no lo habías comenzado desde que lo dejó? —inquirió sorprendido el chico Thomson.
William susurró una respuesta que sonó como a "solo estoy dándole los toques finales". Albus miró atentamente a su amigo. Aquel estrés que presentaba no parecía propio de estarle dando los últimos detalles al trabajo de Historia de la Magia, más bien parecía el estrés de quien acaba de iniciar con el trabajo aquella misma tarde y por lo tanto le urge terminarlo para entregarlo a primera hora del día siguiente. Era tremendamente extraño ver a William de aquella manera, ya que el chico solía actuar muy relajadamente en cualquier situación.
—¿Qué crees que le esté pasando? —le preguntó Albus a su prima cuando fueron a buscar un libro para el trabajo de Transformaciones que tendrían que entregar en tres días.
—Lo mismo me pregunto Albus —contestó su prima mientras volteaba a ver adonde se encontraba el chico Jacot—. Me da la impresión de que últimamente se halla un tanto disperso.
—¿Y qué me dicen de todos esos ratos que se pierde quién sabe dónde? —preguntó Peter, haciendo referencia a que últimamente el chico Jacot no pasaba mucho tiempo con ellos, si no que en las horas de las comidas y al terminar las clases frecuentemente buscaba un pretexto para separarse de ellos.
—No lo sé —comentó Rose—, quizás solo sea... —Y se quedó callada.
—¿Qué sucede? —le preguntó su primo.
—La maldición Imperius —contestó Rose en un susurro atemorizado.
—¿Qué? —cuestionaron los otros dos en voz bastante audible, ganándose la mirada de reproche de un prefecto que se encontraba al final del pasillo.
—Eso es lo que El Profeta se la pasa diciéndole a todos los lectores cuando habla de la maldición —contestó en un susurro la chica Weasley—. Dice que la manera de reconocerla es porque el individuo comienza a presentar patrones de comportamiento extraños, cuando deja de hacer cosas que normalmente hace o comienza a hacer otras que nunca había hecho.
—¿Y qué podemos hacer? —inquirió asustado Peter.
—Ir a hablar con mi padre —contestó Albus inmediatamente—. Quizás también con el señor Jacot.
—Pero el señor Jacot no vendrá hasta pasado mañana a Hogwarts —dijo Peter, haciendo referencia a que aquel día no habría sesión del club de duelo.
—Bueno, pero queda el tío Harry —comentó Rose—. Y hasta donde sé él sabe bastante de magia oscura como auror que es. Vayamos a verlo inmediatamente.
—¿Ahora? ¿Y los deberes? —cuestionó sorprendido el chico Thomson.
—¡Peter! —exclamó molesta Rose en un susurro—. ¿Nuestro amigo podría estar siendo víctima de magia oscura y tú te preocupas por los deberes escolares?
—Bueno, es que pensé... —comenzó a decir Peter, pero no dijo nada más.
Albus intentó contener la risa. La verdad que el que pareciera más preocupado por los deberes fuera su amigo Thomson y su prima fuera la que los hiciera a un lado parecía comiquísimo. Sin embargo, el chico Potter en aquellos momentos estaba de acuerdo con su prima. Era más urgente el problema de William que los deberes de Transformaciones, pues después de todo todavía tenían tiempo para realizarlos.
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Harry Potter se encontraba sentado en su despacho de Hogwarts. Intentaba relajarse pero la verdad estaba bastante preocupado. Hacía unos cuantos días su mejor amigo y cuñado había sido víctima de una maldición imperius, la cual fue ligada también a un encantamiento de desmorización. Cuando Ron hubo regresado en sí no recordaba nada de quien le hubiera echado la maldición, ni siquiera sobre qué se supone que tenía que hacer mientras fue víctima de ella.
Lo peor era pensar que el caso de su amigo y Filch seguramente estaban conectados. Sería demasiada coincidencia que dos magos distintos hubieran utilizado la maldición imperius acompañada de un encantamiento desmemorizante que solo se activaría en caso de que la primer maldición se rompiera. Además, aquello resultaba magia demasiado avanzada, incluso para magos experimentados, por lo que la deducción lógica era que el mismo mago había realizado aquellos encantamientos. Por más que pensaba, el profesor Potter solo podía pensar en él mismo como algo que conectara a Filch y a Ron. ¿Qué más podía conectarlos? Nada que él supiera. Así, aquello era lo que le preocupaba, pensando que quizás la próxima víctima pudiera ser Ginny o algún otro miembro de su familia.
En ese momento tocaron a la puerta. Harry no esperaba que nadie lo fuera a ver a esas horas.
—Adelante —indicó.
Inmediatamente abrieron la puerta, y por ella asomaron su hijo, su sobrina y su amigo Peter.
—¿Qué sucede? —inquirió Harry desconcertado. Quizás hubiera esperado que lo fueran a ver a esa hora Rose y William para preguntarle sobre alguna tarea, pero definitivamente la presencia de Peter ahí desentonaba totalmente.
—Tenemos algo que decirte —contestó Albus mientras entraban al despacho y Rose cerraba la puerta.
—Pues cuéntenme —dijo Harry mientras indicaba los asientos frente a su escritorio y él se sentaba detrás—. Por cierto, ¿y William?
—Es de él de quien tenemos que hablar —contestó inmediatamente Rose.
—Creemos que está bajo una maldición imperius —afirmó Albus.
—¿Por qué creen eso? —preguntó sorprendido Harry.
Los chicos le contaron la actitud que había tenido William los últimos días respecto a pasar tiempo con ellos y en la realización de sus deberes. Rose añadió que además últimamente William parecía bastante disperso en las clases.
—Bueno, podría haber otras explicaciones, pero de todas formas investigaré —comentó Harry—. No se preocupen.
Los chicos salieron del despacho mientras el profesor Potter sentía que se le caía el alma a los pies. ¿Podrían realmente empeorar las cosas?
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Los días siguieron transcurriendo en Hogwarts. Rose, Peter y Albus estaban muy pendientes sobre si volvían a ver algún cambio en la actitud de William.
—¿Deberíamos decírselo a Justin? —preguntó Peter mientras los tres estaban en el Gran Comedor a la hora del desayuno. William nuevamente brillaba por su ausencia.
—No estoy segura —respondió Rose mientras miraba hacia la mesa de las serpientes—. Por un lado es su hermano y debería saberlo, pero por otro, ¿no precisamente por eso ya debería haberlo notado?
—Pues no es que haya convivido mucho con él los últimos días —comentó Albus—. Es decir, apenas y ha pasado tiempo con nosotros, y por lo que yo sé aún menos con el resto de los chicos. Eso podría explicar porque se le ha pasado.
—Supongo que puedes tener razón —aceptó Rose—. Solo espero que el tío Harry resuelva este dilema antes de las vacaciones de Pascua.
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—Muy bien chicos, por hoy damos la clase por concluida —comentó el profesor Sinclair diez minutos antes de que sonara la campana—. No se olviden de la redacción que tienen que entregarme para antes que comiencen las vacaciones.
Los chicos comenzaron a recoger sus cosas. La clase de aquel día había sido especialmente entretenida, ya que el profesor les había enseñado a utilizar un par de encantamientos sumamente populares a inicios del medievo.
—Jacot, ¿puedes quedarte un momento? —preguntó el profesor cuando los primeros alumnos empezaron a desfilar hacia la puerta.
Sus amigos voltearon a ver a William, el cual solo se dirigió hacia la mesa del profesor con la cabeza gacha.
—Por favor cierra la puerta Potter —le pidió el profesor Sinclair, ya que era el último en salir.
Albus cerró la puerta mientras observaba a William. Lucía un tanto abochornado.
—Toma asiento —le indicó el profesor de Historia de la Magia al chico una vez que la puerta estuvo cerrada.
William tomó asiento, y antes de que el profesor dijera algo dijo, aunque sin mirarlo a los ojos:
—Es por mi redacción de la clase pasada, ¿cierto? Discúlpeme profesor, sé que hice un trabajo muy flojo pero no tuve tiempo.
—No estás aquí para que te regañe William —le contestó el profesor Sinclair, logrando que el chico finalmente levantara la mirada—. Es cierto que me sorprendió ese trabajo con una calidad inferior a la que normalmente entregas, pero me preocupa más lo que me comentó el profesor Potter.
—¿El profesor Potter? —inquirió William confundido.
—Parece ser que tus tres amigos fueron a verlo —aclaró el profesor Edward—. Están muy preocupados por tu actitud de los últimos días. Han llegado a pensar que eres víctima de una maldición imperius.
—Yo no... —comenzó a decir William totalmente sorprendido. ¿De dónde habrían sacado esa idea sus amigos? Luego lo pensó bien y pensó que quizás viéndolo desde fuera si había estado actuando de una manera muy extraña.
—El profesor Potter dice que no cree que sea una maldición imperius porque en su clase pasada tenía un objeto que han inventado algunos de sus familiares para detectarla, y no dio muestras de activarse aunque estabas bastante cerca de él —contó el profesor Sinclair—. Estuvo a punto de decírselo a tu padre, pero decidió primero consultar conmigo, sabiendo que me llevó bien contigo.
—Profesor, yo le juro que no estoy bajo ninguna maldición imperius —contestó el chico—. Soy plenamente consciente de lo que hago y lo hago por mi propia voluntad. Me doy cuenta que me he comportado extraño últimamente, pero no creo que sea cuestión para creer que soy víctima de una maldición imperdonable.
—Bueno, ustedes saben que ya hubo un caso en Hogwarts, así que creo que podría sucederle a cualquiera —comentó el profesor Sinclair.
—Sí, lo sé, pero no es mi caso actualmente. Lo que sucede es... —comenzó a decir el chico Jacot antes de callar abruptamente.
—¿Qué es lo que sucede? —inquirió el profesor.
—Disculpe profesor, pero le prometí a esa persona que nadie se enteraría de lo que sucede entre él y yo —dijo William antes de enrojecer violentamente. Había dicho demasiado y se dio cuenta demasiado tarde.
—Así que es alguien —comentó el profesor Sinclair mientras sonreía—. Me alegro por ti William, aunque no sepa quien es el susodicho. Sin embargo, si te recomiendo que busques el equilibrio. No está bien que descuides a tus amigos y tus estudios por estar con alguien, ¿de acuerdo?
—Sí profesor —dijo William bastante abochornado—. Le prometo que me aplicaré con mi siguiente trabajo.
—Bien, puedes irte —comentó el profesor Sinclair—. Y William, ya sabes que cualquier cosa que necesites siempre estaré por aquí.
—Sí, muchas gracias —dijo el chico haciendo una reverencia antes de abrir la puerta y salir.
William se sorprendió al ver a sus amigos en el pasillo esperándolo. Se sintió más abochornado al pensar que sus amigos hubieran escuchado la conversación que había mantenido con el profesor de Historia de la Magia.
—No estaban escuchando detrás de la puerta, ¿verdad? —inquirió el chico Jacot.
—Por supuesto que no —contestó Rose educadamente—. Bueno, Peter lo intentó pero yo no lo dejé.
—No tenías que decírselo —repuso inmediatamente el chico Thomson.
—Entonces, ¿no podemos saber de qué estaban hablando tú y el profesor Sinclair? —cuestionó Albus con tiento.
William miró a sus amigos. Bueno, tendría que hablar con ellos de todas formas para asegurarse de que no seguían pensando cosas extrañas.
—De hecho hablamos de ustedes —dijo William mientras se encaminaba hacia el Gran Comedor.
—¿De nosotros? —cuestionó confundida la chica Weasley.
—Sí —confirmó William—. Me doy cuenta que les debo una disculpa por mi actitud de las últimas semanas chicos. Lo único que puedo decir en mi defensa es que se trata de un secreto no solo mío, sino que también involucra a otra persona, y por eso espero que entiendan que no puedo ir divulgándolo por ahí. Sin embargo, el profesor Sinclair me recomendó que buscara un equilibrio entre mis diversas actividades, y no solo le dedicara tiempo a... ese secreto. Creo que tiene razón. Les prometo que pasaré más tiempo con ustedes y no los dejaré de lado.
—William, si tienes problemas sabes que puedes contar con nosotros —le dijo Albus.
—No te preocupes Albus —contestó el chico Jacot muy sonriente—. No se trata de ningún problema, aunque parezca que sí por la forma en que me comporto con ello. Al contrario, se trata de algo que me hace inmensamente feliz. Así que dejen de pensar cosas extrañas como que estoy bajo efecto de una maldición imperius. Nada de eso, se los aseguro.
—Bueno, me alegra que nos lo hayas aclarado —respondió muy sonriente Rose.
— —
El último viernes de clases las cosas estaban muy animadas en Hogwarts. La emoción por las inminentes vacaciones prácticamente podía sentirse en el aire. Aunque apenas se trataba de una semana, la mayoría de alumnos esperaba ese receso con ansías.
—Espero que al profesor Baster no se le ocurra ponernos un examen como el trimestre pasado —comentó Peter mientras los cuatro amigos Gryffindor se sentaban en el Gran Comedor para el desayuno.
—Al menos ahora no lo hizo con los Hufflepuff y los Ravenclaw —comentó Rose mientras untaba su tostada de mantequilla—. ¿Estas vacaciones no piensas ir a tu casa?
—No —contestó muy sonriente Peter—. Mi padre tiene mucho trabajo que hacer, y por otro lado Justin me dijo que podíamos practicar con la escoba diario dado que la mayor parte del equipo de quidditch de Slytherin se va de vacaciones.
—¡Qué suerte por parte de ellos! —exclamó James Potter mientras se sentaba en un asiento junto a Rose—. Wood ha obligado a todo el equipo de Gryffindor a quedarnos a entrenar para las vacaciones. Dice que debemos esforzarnos al máximo en ganar el último partido en contra de Ravenclaw.
—No te oyes muy convencido —comentó su prima.
—¡Slytherin nos va ganando por doscientos puntos después de la arrastriza que le puso a Ravenclaw! —exclamó James—. Y todavía falta ver cuanta ventaja le sacará a Hufflepuff en su partido final. La única manera que creo tenemos de superar esos resultados es si por alguna razón Justin no jugara su partido contra Hufflepuff.
—No estarán pensando nada sucio, ¿cierto? —preguntó William mientras fruncía el ceño.
—No, contra él no —contestó James—. Quizás si fuera cualquier otro miembro de Slytherin no lo dudaríamos. Sin embargo, después de como se comportó con Wood en el primer partido de la temporada no sería justo. Quizás sea mejor como dice Wood que nos hiciéramos a la idea de la copa en manos de Justin. Hay que reconocer que es un jugador bastante bueno, y es probable que se la merezca. El problema es cuando piensas en el resto del equipo de Slytherin.
—Bueno, pues eso es algo que se verá después de las vacaciones —comentó William antes de ponerse a leer la Gaceta de Hogwarts.
—¿Hay algo interesante? —preguntó Peter, más buscando un tema de conversación que porque realmente creyera que iba a venir algo interesante en la Gaceta de Hogwarts.
—Un artículo sobre las probabilidades de cada casa para ganar la copa de quidditch —comentó William—, pero supongo que ustedes ya saben todo sobre eso. Los típicos consejos de elaboración de pociones, los recordatorios de las visitas a Hogsmeade para los mayores... ¿Consejos sobre como tomar la varita? No, bueno.
—Definitivamente Periodismo Mágico no será una de las opciones que elegiré el próximo año —comentó Rose mientras se terminaba su tostada.
—Quiero creer que nosotros podríamos hacer mejores cosas que eso —opinó Peter.
—¿QUÉ? —gritó de repente William, sorprendiendo a sus amigos.
—¿Qué sucede? —le preguntó Albus alarmado.
Por toda respuesta el chico dejó caer la Gaceta entre sus amigos, en una página en la que resaltaba una fotografía de Filch bajo el titular La Maldición Imperius, Ahora También Dentro de Hogwarts.
Albus se quedó viendo el artículo un momento, intentando captar que era lo que había sorprendido a William. Eso era algo que ellos ya conocían desde hacía tiempo, así que no sabía porque el chico Jacot se sorprendía.
—¿No se suponía que ninguno de los alumnos tenía que saber esto? —susurró Rose.
Ahora Albus entendía porque William se había sorprendido. Muchos alumnos en el colegio no leían la Gaceta, por lo que no era extraño que muchos parecieran indiferentes a la noticia que había sido publicada aquel día. Sin embargo, en la mesa de profesores las cosas eran diferentes. Albus podía ver que la profesora McGonagall y un profesor bajito y calvo que según él era el maestro de periodismo mágico discutían mientras sostenían un ejemplar de la Gaceta de Hogwarts. La directora lucía molesta, pero el profesor lucía confundido y sorprendido mientras veía la Gaceta.
—La información es muy exacta —susurró William mientras leía el artículo—. No ha salido de Hogwarts, la maldición iba ligada a un encantamiento desmemorizante, lo descubrieron intentando atacar al profesor de Historia... ¿De dónde pudieron haber conseguido esta información?
—Ni siquiera tiene el nombre del autor —expresó Rose—. Eso no es normal. Por lo menos debería venir marcado como anónimo, o quizás con algún seudónimo, aunque ninguna de las dos cosas es muy común en la Gaceta de Hogwarts.
—¿Qué significará esto? —cuestionó William mientras levantaba la vista.
