Esta historia le pertenece a Dess Cullen, yo soy sólo una mera mensajera de su arte.
Aunque intentamos ocultarle lo máximo posible a Edward lo que había pasado, él leyó de forma más que fácil, la mente de Emmet.
Su enfado fue épico. Quería ir a pedirle cuentas a Jacob por lo que había hecho conmigo.
- ¡Podía haberte matado! No puede convertirse tan cerca de un humano… ¡No quiero ni pensar, lo que podría haber pasado! – Edward se llevaba las manos al cabello, sujetándolo con fuerza. Un gesto de nerviosismo en él.
Toda la familia intentaba convencerlo de todas las maneras posibles de que lo dejara pasar. En unos días el enfado pasaría y si ahora subía a la reserva todo se complicaría de forma excesiva.
Pero nadie era capaz de convencerlo y que cambiara de opinión; hasta que yo, algo más calma, fui consciente de otro "don": La persuasión.
- Edward – Lo llamé zalamera, acercándome a él – Mírame. Estoy bien… Y ahora, entre tus brazos, mejor que bien. Ya podemos disfrutar de nosotros. Ya no tengo ningún sentimiento de remordimiento, ya que soy completamente libre… Disfrutemos, de una vez por todas, de nuestro amor. De estar juntos, al fin – Mis palabras eran sinceras y mi mirada lo corroboraba, aunque había demasiado dulzor en el conjunto. Edward meneó la cabeza, abatido.
- Doblegas mi voluntad, Bella… Y realmente, no sé si me gusta que seas consciente de eso. – Sonrió pícaro.
Sin darme tiempo de reacción, me envolvió entre sus brazos y me besó. Sin restricciones, sin miedos… Solo con el amor que llevábamos sintiendo el uno por el otro desde el principio y que por un motivo u otro no habíamos podido demostrarnos.
Todo quedó en un susto, y Edward se fue tranquilizando al cabo de un par de días. Los mismos que tardó Jacob en acercarse a la casa Cullen para disculparse y hablar conmigo.
Cuando Carlisle me avisó de que tenía visita, yo me negué en rotundo a bajar y encararlo. Ya que me sentía engañada y algo sucia por su ultraje del último día en su casa.
- Vamos Bella… Dale aunque sea cinco minutos para que se disculpe. Está avergonzado por su comportamiento y aparte, quiere explicarte su condición de licántropo. – me explica Carlisle ante la mirada seria de Edward.
- Ten en cuenta, que en poco más de dos meses, tú, como humana, desaparecerás. – Comentó Esme – Es mejor que te lleves a tu nueva vida, el mayor número de asuntos zanjados que puedas.
Miré hacía Edward, y este asintió. Estaba serio, y sabía que en el fondo, seguía tremendamente enfadado con Jake. Pero su carácter inteligente y bondadoso, lo hacían tomar las decisiones correctas. Eso era algo que me había enamorado de él.
Bajé al jardín donde Jake me esperaba. Nada más verme, sonrió y me miró avergonzado. Él espero, sin moverse, mi avance. Cuando vio que dejaba más de tres metros entre nosotros, suspiró pero ni se quejó ni hizo ademán de acercarse.
- Bella… Yo… Estoy completamente avergonzado. No sé lo que me pasó… Los celos, la rabia, el despecho... – Suspiró – Todo junto. Se me fue de las manos. – Explicaba, mientras yo lo miraba completamente seria, con los brazos cruzados sobre mi pecho.
Siguió disculpándose durante un rato, más bien hasta que me cansé de hacerlo sufrir, buscando palabras y más palabras de justificación y disculpa.
- ¡Vale! Disculpas aceptadas – Lo corté. – Pero lo que no te perdono, es que me mantuvieses engañada respecto a tu condición de licántropo. – Le recriminé – Sobre todo cuando por varias veces, te comenté lo bien que me encontraba contigo y con los tuyos, por poder pasar tiempo con humanos – rodé los ojos – Fuiste un mentiroso… Un farsante.
- Bella… básicamente soy un humano – alcé una ceja de forma escéptica – Y nosotros, nos regimos por unas leyes muy estrictas a la hora de revelar nuestro secreto. – Eso podía entenderlo, pero para él, yo significaba algo; él quería que fuésemos a más…
- Eso no me vale – Lo miré alzando una ceja. – Éramos novios… Tú querías que nuestra relación fuese a más… - Él agachó la cabeza, sonriendo tímidamente.
- Sí… ahí estas en lo cierto… Me hubiese encantado que nuestra relación creciese. Por un tiempo, estaba ilusionado con esa idea. – Miró a la nada. – Y si por mi fuese, te habría contado ya mi secreto – Yo fruncí el ceño ante su declaración – Sí… bueno, el resto de la manada, sobre todo los ancianos, ya se veía venir que lo nuestro no llegaría a nada. Veían que estabas demasiado metida por la familia Cullen; a un nivel excesivo aun comprendiendo tu situación. Además, algunos de los chicos, ya se habían percatado de que entre Edward y tú, había algo más… Un feeling que entre nosotros estaba lejos de surgir. – Relató. - Y mientras no hubiese permiso de los mayores, no podía contártelo. Normas lobunas – sonrió travieso.
Nos sentamos en el jardín, y estuvimos conversando durante un buen rato. Jake me explico algunas de sus "normas lobunas", como él las llamaba, y explicándome como es ser un licántropo.
Y una vez aclarado el tema de los sentimientos, todo fue más sencillo y cómodo.
Aunque él seguía sintiendo algo más allá de una amistad por mí, pero se comportó genial y fue el de siempre. El Jake que me había gustado, el que me hacía reír.
Cuando se fue, Edward vino a mi encuentro en el hall. Traía la cara ligeramente tensa, pero su semblante estaba bastante tranquilo.
- Me alegro de que hayáis hecho las paces. – Me acarició la cara con dulzura. Yo lo miré fijo a los ojos. – ¡En serio! Aunque me notes cierta tensión, no es por celos, ni por nada de eso…. Simplemente es que aún es muy reciente lo que pasó con él en la reserva… y bueno, todavía me enfada bastante cuando lo recuerdo.
- No te voy a quitar razón en que fue una situación desagradable – arrugué la boca – pero ya pasó. Ahora todo está aclarado; hemos hablado, y él ha entendido como son las cosas. – sonreí abiertamente, y respiré profundo; sintiéndome aliviada.
Edward me agarró de la cara, y acercó su rostro al mío, mirándome de forma muy especial e intensa.
- La generosidad y tu buen corazón, son aspectos que hicieron que me enamorara más profundamente de ti – Me confesó – Otra persona en tu lugar, no habría querido saber nada más de él. Pero tú no… Tú no eres de las que dejas cosas sueltas. Tú escuchas, razonas, perdonas… Tienes un corazón enorme. – Suspiró y sonrió tierno – No me extraña que seas de las favoritas de Aro.
Al nombrar a ese vampiro, mi cara cambió a una de sorpresa. Me alejé un poco de Edward con cara ilusionada, y en cierta forma, preocupada.
- ¿No sería conveniente informales de que ya he decidido? – Le pregunté. – Así nos aseguramos que hemos ganado el premio. – Abrí los ojos con ilusión infantil.
Los Denali se habían ido a Alaska hacía ya un par de días, así que hicimos un concilio familiar para hablar sobre la situación. Mi situación.
Carlisle estuvo de acuerdo en informar a Aro a la mayor brevedad sobre las nuevas circunstancias y mi decisión. Conocía bien a Aro y no quería sorpresas de última hora.
Así que tomó la disposición de llamar al resto de aquelarres "civilizados", o sea, los que eran como los Cullen, y de forma muy casual, preguntarles qué tal con sus humanos, y aprovechar a decirles que su humana se quedaba con ellos.
Era una trata para asegurarse testigos de que yo ya había tomado mi decisión, tiempo antes de la fecha del fin del juego.
- No lo hago por el premio – Aseguró Carlisle – Lo hago porque sé que Bella es una de sus preferidas. Él tenía la esperanza de que se quedara con él en Volterra y formase parte de su guardia. – Aclaró.
- Cuando nos entregó a Bella, le leí la mente y él esperaba de que su olor, el dulzor de su sangre fuese demasiado para mí y que con el fuerte carácter de ella, no hubiese conexión entre nosotros, siendo eso suficiente para no haber buena relación con la familia y así Bella decidiese irse con él. – Aclaró Edward. Dato que yo no sabía hasta ese momento.
- Pero él no contó con que tenemos en la familia a uno de los mejores médicos, por no decir el mejor, de todo el mundo – Alabó Rose a su padre – Y que él consiguiera dar con el punto necesario para que Bella pudiese bajar el nivel de glucosa en sangre – sonrió maliciosa.
- Y que Edward consiguiera omitir su olor lo suficiente para poder acercarse a ella – Continúo Alice.
Al día siguiente, Carlisle hizo tal y como había dicho la noche anterior: Llamó a todos los aquelarres de forma muy casual y amistosa.
Todos los humanos de esas "familias" se quedaban con ellos. Ninguno se iba a la guardia de Aro.
Ese detalle preocupó a Carlisle y a Edward, los cuales no soltaron ni una sola palabra; por lo menos en mi presencia.
- Edward – Lo llamé, bajando de mi habitación con abrigo, poniéndome los guantes; él me miró extrañado. - ¿Sabes lo que hace tiempo que no hago… Y me apetece muchísimo hacer contigo? - ^¨El me miró con cara picardiosa. Yo, sonreí burlona meneando la cabeza.
- Entonces… si eso no es… - Alzó una ceja, pícaro. - ¿Qué te apetece hacer?
- Quiero ir a correr por el bosque… Contigo. – Mi sonrisa infantil no se hizo esperar al ver su cara de entusiasmo ante mi idea.
No hizo falta más. Aun dentro de casa, Edward me encaramó a su espalda, ante las risas de Esme que en ese momento entraba de trabajar en el jardín, y salimos "volando".
- Te llevaré a un sitio que te va a encantar… Cuando seas como yo, iremos juntos… A la par. Es un sitio muy relajante. Y los vampiros necesitamos sitios de desconexión así, de vez en cuando. – Me decía mientras corría conmigo agarrada a su espalda – Quiero que lo veas de humana, y luego compares a verlo con ojos de vampira.
Corrimos a través del bosque, veloces y sigilosos. Iba tan sumamente rápido, que parecía que sus pies no tocasen el suelo.
Correr con Rose o Alice era fascinante… Pero hacerlo con Edward era aún más irreal. Hacía que mi adrenalina se alzase hasta las nubes.
Me llevó a un acantilado, desde donde se podía apreciar toda la cordillera de Forks y la playa de la Push. Eran unas vistas alucinantes, y muy relajantes.
Estábamos a tal altitud, que parecía que tocábamos las nubes. No se oía nada, solo el silbar del viento y el oleaje que azotaba contra la costa.
¡Espectacular!
Después de un rato en silencio, contemplando las vistas. Me di la vuelta, ya que Edward me tenía abrazada por la espalda, y lo encaré. Había llegado el momento de someterlo al interrogatorio; motivo de que quisiera ir a correr concretamente en ese momento con él. Ya que en casa, ya me había acostumbrado a que había oídos por todos lados.
- Edward…
- Dime… Sé que has querido alejarte de la casa para hablar en privado – Sonrió. – No te puedo leer la mente, pero voy conociéndote – Me mostró su sonrisa torcida, y por un instante, perdí el hilo de mis pensamientos.
- Quería preguntarte por la preocupación que mostrasteis Carlisle y tú el otro día. Cuando os enterasteis que todos los humanos se quedan con sus familias vampiras.
- Imaginaba que iban por ahí los tiros. – Miró al horizonte – Por mucho que intenté esconderte mi nerviosismo… Eres especialmente observadora. – Volvió su mirada a mí. – Estamos intranquilos, porque teníamos la esperanza de que algún humano, por el motivo que fuese, quisiera irse con los Vulturis. Así Aro tendría nuevo material para su guardia. Pero… - En sus ojos pasó un chispazo de nerviosismo – hasta ahora, que sepamos… Ninguno va a Italia. – Suspiró – Carlisle ha movido cielo y tierra para contactar con algún nómada; alguno que sea un poco más civilizado y tenga móvil, - sonrió – y con los que ha hablado, sus humanos también se quedan con ellos, salvo un chico y una chica. Los cuales ya han dado el aviso en Italia de su decisión de unirse a Aro y otros no han tenido suerte con sus "tutores" – Lo miré sin entender – Han muerto… - Casi susurró. – Yo abrí los ojos impresionada.
- Se los han… ¿comido? – Pregunté también en un susurro. – Edward sonrió con pesar, meneando la cabeza.
- Si… sería buena definición.
- Bueno… son dos que se unen a Aro – Me incliné de hombros sonando poco realista.
- Si… pero son "solo" – recalcó – dos. De los mejores humanos escogidos para el juego, están en los aquelarres civilizados, y de esos, ninguno se va a Volterra. – Su rostro mostró sin censuras su preocupación.
- Pero… sigo sin entender vuestra preocupación…
Edward me miró con gran dulzura, y me acarició la cara con el mismo sentimiento. Pero sus ojos tenían un trasfondo que no había visto hasta ese momento:
Miedo
- Tú no conoces a Aro. Es un ser egoísta, prepotente y ambicioso. Y por supuesto, sin ningún tipo de escrúpulo a la hora de conseguir lo que quiere – Describió oscureciéndosele la mirada – Lo único que lo salva es su total devoción por las normas, pero… Eso no hace que desconfíe menos de él. – Suspiró - Ha encontrado… Rectifico, ha secuestrado a 56 humanos con dones, solo por su propio entretenimiento; por su propio beneficio de engrosar su guardia… Pero solo dos personas se quedan con él. Poco engrose. – Frunció los labios.
Edward siguió relatándome más sobre el tema, y cuando volvimos a casa, continuamos la conversación con el resto de la familia.
- Sé que Aro no ha estado vigilando… Bueno, alguien de su guardia – Advirtió Carlisle. Alice lo miró estupefacta.
- No lo he visto… - Murmuró contrariada.
- No, claro que no lo has visto, porque se habrá protegido muy mucho de quedar expuesto a ti. – La contestó. – Bella es su delicatesen. – Me sentí de pronto cohibida; expuesta como un trofeo.
- ¿Entonces… cuál es vuestro miedo? – Esa era la pregunta que todo el mundo esquivaba responder, pero que yo más me empañaba en averiguar.
- Que use alguna estratagema para convencerte… - yo meneé la cabeza negando.
Nada en este mundo me haría cambiar de opinión sobre quedarme con Edward… con mi familia.
- Hace más de un siglo que lo dejé… - Rememoró Carlisle – y desde entonces, sé que a sus filas se han unido vampiros con dones, pero no sé de qué clase. Ya entonces, tenía a Chelsea – Lo miré alzando una ceja, y Edward resoplo. – Ella tiene el don de crear un vínculo, falso por supuesto, irrompible entre la gente. Te pondré un supuesto, para que te hagas una idea: Puede llegar a conseguir que una persona se enamore de otra, perdida y obsesivamente. – Jadeé ante el ejemplo - Así es como Aro consigue mantener a la guardia fiel y leal a él, haga lo que haga. No lo juzgan, porque lo siguen incondicionalmente.
- ¡Oh Dios! – Exclamé asustada. Edward se acercó y me abrazo contra él.
- Hay dos cosas que me hacen estar animado, - continuo – una, que Chelsea tiene que estar en permanente contacto con la gente a la que "hechiza" por así decirlo… y dos, que tú tienes tu escudo… pero, siendo aún humana no sé lo tan poderoso que podría ser contra ella. – Suspiro.
El salón se sumió en un tenso y cargado silencio.
Al cabo de unos minutos, yo misma rompí la atmosfera tan cargada que se había creado.
- Bueno… - Intenté sonar lo más despreocupada posible – Por ahora no hay señales de Aro, y tenemos muchos testigos. – Todos los presentes posaron su atención en mí – Así que, había pensado, que… - Edward hizo un gesto con la cabeza, animándome a continuar – podíamos hacer alguna cosa juntos… y sin ánimo de parecer egoísta, que yo disfrutase de mis últimas semanas como humana – Sonreí, sintiendo mis mejillas arder.
Todos se miraron entre ellos, hasta en sus rostros comenzaron a asomar sonrisas.
- ¡Por supuesto! – Exclamó Carlisle. – Y por supuesto que no suenas egoísta… Es lo más normal del mundo que lo pidas.
- Lo raro es que no lo hallas hecho antes – Animo Rose.
- No… perdonar – Llamó la atención Alice – Nosotros debimos tener eso en cuenta, no dejar que ella lo pidiese.
Entre todos nos pusimos a idear planes que pudiésemos hacer, ya que ellos tenían la limitación del sol. Pero por suerte, aunque ya habíamos entrado en primavera, todavía hacía bastante mal tiempo.
Y en eso consistieron las siguientes semanas. En planear y realizar.
Los Cullen no tenían ningún tipo de problema económico. Eran extremadamente ricos.
Así solucionado el problema del pudor que me daba el que gastasen sumas realmente escandalosas de dinero en esos planes, comenzamos a disfrutar como una familia.
En cuestión de un mes, visitamos todas las ciudades colindantes, alojándonos en los más exclusivos hoteles y comiendo en los más exquisitos restaurantes.
- Carlisle, realmente me parece excesivo gastar estas sumas de dinero en una comida – Me quejé ante una factura totalmente escandalosa.
- Así tus últimos recuerdos de humana, a lo que el paladar se refiere, serán bonitos. – Contestó Rose. – Nosotros no tuvimos la suerte que tienes tú, de poder disfrutar y absorber los últimos recuerdos humanos – Su semblante se entristeció, pero recupero rápido la compostura.
Me mimaban, me consentían… me adoraban. Y realmente yo, por primera vez en mi vida, me sentí realmente amada.
Y no solo por los caprichos que me daban, sino porque día a día, me sentía más y más incluida dentro de la familia.
Ya no hablaban a hurtadillas, sino que lo hacían libremente en mi presencia.
A parte de que los días que pasábamos en casa, entre plan y plan, me iban introduciendo en el mundo de los vampiros.
Enseñándome sus leyes, su historia… Sus posibilidades, sus sentidos, sus dones… Aunque todos intervenían, el que más se encargaba de estas horas lectivas, era Carlisle. El cual disfrutaba más que sobradamente con estas horas entre nosotros.
A muy pocas semanas de llegar a la fecha límite del juego, Edward y yo, hicimos un viaje solos. Fue una auténtica sorpresa, ya que lo tenía organizado con ayuda del resto para que yo no supiera nada.
- Pero… ¿Por qué solos? – Le pregunté extrañada.
- Bueno, este será tú último viaje como humana – Me dijo con cuidado – ya que Carlisle cree que será mejor estar localizables, ya que Aro no tardará en dar señales.
- ¡Oh! – jadeé.
- Y quería que este, fuese un viaje más especial. Algo entre nosotros. Algo que recuerdes dentro de poco más de tres semanas, cuando despiertes siendo una hermosa y poderosa vampira. – Sonrió orgulloso.
No quiso decirme dónde íbamos, hasta que llegamos al aeropuerto de Seattle y, colocándose detrás de mí, sujetándome por los hombros, dirigió mi mirada al panel de "Salidas".
Me murmuró en el oído el número de nuestro vuelo, y lo busqué.
París, Francia. Europa.
Abrí los ojos como platos, y me quedé estática. No sabía ni qué decir. Me giré y encaré a Edward con los ojos brillantes por la emoción.
- Edward… - Gimotee.
- Volveremos… viviremos allí si te gusta. Pero quería que tuvieses el recuerdo como humana, de salir de EEUU. Y qué ciudad sería más representativa que París… O por lo menos para nosotros que estamos enamorados, que la ciudad del amor. – Asentí como un autómata.
Edward venía más que preparado para un viaje así de largo. Se había encargado de abastecerse de revistas, y de descargar en sendos E-books, varios libros.
- Será un viaje largo – Indicó guiñándome un ojo mientras me entregaba el aparato. Yo como agradecimiento, le di un amoroso beso.
Y como bien me había avisado, el viaje fue largo… Muy largo.
Tuve tiempo de leer, dormir, y dormitar. Y mientras hacía esto último, muy acomodada en mi asiento de primera clase, comencé a pensar en una cosa que llevaba rondándome tiempo por la cabeza:
Sexo
De mano, me había apetecido por el hecho obvio; estas enamorada de un chico y los estímulos sexuales saltan. EL sexo es el culmen del amor. A parte de que la atracción sexual que Edward ejercía en mí, no la había sentido jamás por nadie.
Pero ahora, a parte de ir acumulando estímulos día a día, ya entraba en acción el morbo y la curiosidad de cómo sería acostarse con un vampiro.
Esa idea, me hizo evocar una conversación que Edward y yo habíamos mantenido al principio de consolidar nuestra relación como pareja:
Flash back…
Esa noche la familia había salido a cazar y Carlisle tenía turno de noche en el hospital. Estábamos completamente solos en casa. Edward, como cada noche, se había acostado a mí lado y estábamos viendo una película.
Pero un cosquilleo en ciertas partes muy íntimas comenzó a hacerme notar inquieta.
- Nena, ¿qué te pasa esta noche que no paras de removerte en la cama? – Me preguntó inocentemente. Yo me mordí el labio y él miró mi gesto, abriendo la boca muy sensualmente.
Me acerqué a él retozando como un gatito, dándole inocentes caricias y besos cálidos.
- Umm – Ronroneó él encantado con mis mimos.
Yo continúe con mi dosis de caricias y besos, hasta que la mano se me comenzó a escapar de su pecho a su abdomen, y rocé la cinturilla de su pijama; y mis besos comenzaron a bajar sensuales por su cuello.
Y en ese momento se escuchó un "clic" en su cabeza, dándose cuenta a donde quería llegar con mis "mimos".
Me sujetó la mano y se apartó de mi alcancé, mirándome con los ojos inyectados en miedo.
- Bella, ¡No! – Exclamó agitado. Yo le puse carita de decepción. Pero de mis ojos saltaban chispas.
- Oh, Edward… Quiero hacer el amor contigo. Tú… ¿No quieres? ¿No te atraigo?
- ¡Por Dios bendito! ¿Qué si no me atraes? –Rodó los ojos. – Estoy loco por hacerte el amor, nena. Pero tengo miedo a hacerte daño. – Pestañee sorprendida. – Nunca me he sentido tan atraído hacía alguien como por ti, Bella. Y aunque controlo tu olor, no sé cómo podría afectarme en pleno acto. Tu olor se multiplicara, tu pulso se disparara… Tú rendición, tus jadeos, tú cuerpo desnudo… - Suspiró. – Te confesaré, que… bueno, hace tiempo, mucho tiempo, tontee con humanas. – Yo lo miré colocándome en la cama para escucharlo atenta – Fueron unas pocas de veces, y no siempre llegué a acostarme con ellas…
Aunque yo tampoco era virgen, una oleada de celos me invadió el alma.
- Si el tema no te gusta… - Se interrumpió en su narrativa. Negué con la cabeza.
Edward se acercó a mí y me sujetó la cara con ambas manos, mirándome con adoración.
- Lo que sí que quiero que te quede claro, antes de continuar, es que jamás había encontrado a alguien que me atrajese tanto física, mental y sentimentalmente como tú – Sonreí – No es que te quiera… Lo que siento por ti, no se puede describir con palabras. Es adoración pura. – Jadee y él sonrió dulcemente.
– ¿Quieres que continúe? – Preguntó mirándome con cautela. A lo que yo asentí – Bien… La mayoría de las veces, salió… podríamos decir que bien.
- ¿Podríamos? – Pregunté intrigada.
- Algún moratón, dolor de cuerpo durante unos días, dolor en las partes más íntimas… - Estoy segura que si pudiese, estaría colorado como un tomate en ese momento – Pero hubo dos ocasiones, una peor que otra, que no salió tan bien – Su mirada se fue al infinito y su rostro adquirió un temple serio. Muy serio – Como en las anteriores ocasiones había salido bien, estaba confiado en mí mismo y no puse tanto cuidado como otras veces, y si añadimos que el olor de la chica se potenció más de lo que esperaba, y se volvió mucho más dulce de lo que era normalmente… A punto estuve de morderla. – Me miró fijamente a los ojos. – Aunque mi autocontrol es muy bueno… No pude obviar lo que soy. Un vampiro.
- Oh… - No supe más que decir.
- Si hubiese pasado, habría sido catastrófico, ya que era una chica muy conocida en la zona y habría puesto en peligro no solo a mí mismo, sino a toda la familia. Hubiese sido algo muy difícil de ocultar. Desde entonces, no he vuelto a acercarme a una humana. Por precaución. – Me sonrió, poniendo cara de niño travieso.
- Entiendo lo que me dices… - Y era verdad que lo entendía… pero. Había eso, un pero.
- ¿Pero, qué? – Parecía que me hubiese leído el pensamiento.
- He de reconocerte que me da mucha curiosidad acostarme contigo, siendo humana. Creo que sería una experiencia para recordar – Sonreí colorada. Él también sonrió.
- Si… lo sería. Pero Bella, no confió en mí mismo. – Sentenció.
Fin de flash back
Desde entonces el tema no se había vuelto a mencionar.
Sí que en algunas veces que habíamos estado solos nos habíamos puesto excesivamente cariñosos, y Edward se frenaba cuando el momento comenzaba a ponerse intenso.
En alguna ocasión tuve que aliviarme a mí misma, y sé que él se dio cuenta por muy discreta que quise ser; acto que aunque imaginaba entendía, no dejaba de molestarlo ya que ofendía a su orgullo de hombre.
Pero yo era una mujer; una mujer joven y activa sexualmente. Y aunque intentaba comprender sus miedos, mi cuerpo necesitaba desahogarse de alguna forma ante tanto calentón.
Con esas ideas me dormí, despertando en el aeropuerto de Francia y preparada a pasar un fin de semana romántico e inolvidable con el hombre que amaba.
Aquí les traigo el capítulo recien salido del horn, nisiquiera lo he leido aún. Me ha comunicado la autora que estamos en la recta final de la historia, quedaran uno capítulos y que para el próximo no tardará tanto. Siento la tardanza, disfruten.
