Pokémon Reset Bloodlines – Gaiden de Sabrina

Escrito por Ander Arias, traducido por Fox McCloude.

Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines pertenece a Crossoverpairinglover, y este oneshot en particular pertenece a Ander Arias. Todos los derechos reservados.


Summary: Una joven Sabrina despierta sus poderes mientras tiene que vivir rodeada de gente perezosa, mediocre y poco remarcable, y una pregunta constante perturba su mente: ¿qué es lo que hace falta para que una persona normal se vuelva extraordinaria?


Doce años antes que Ash Ketchum comience (de nuevo) su viaje Pokémon…

En la región Kanto solía haber una pequeña población conocida como Pueblo Turquoise, situado en un punto intermedio entre las ciudades de Celadon, Saffron y Cerulean. No era tan grande o notable como para ser incluido en todos los mapas, y su fauna estaba compuesta de Pokémon extremadamente comunes y no muy poderosos. Su único punto de interés era una pequeña granja de Beedrills, utilizada para producir miel, aunque esta era de muy buena calidad.

Así es, "solía", porque ya había dejado de existir. La causa de la perdición de esta poco remarcable población fue, irónicamente, el nacimiento de su habitante más extraordinaria, una chica de cabello largo verde oscuro y ojos azul oscuro llamada Sabrina. Su madre había muerto cuando apenas tenía dos años a causa de una enfermedad desconocida (en ese entonces) pero muy poderosa. Para cuando pudo ser trasladada al Hospital General de Ciudad Saffron, ya era demasiado tarde. Todo parecía indicar que Sabrina crecería para ser tan poco notable como el resto de los habitantes de Turquoise, hasta que un día, cuando tenía diez años, algo increíble sucedió.

Ese día iba muy tranquila de camino a casa desde la escuela, y pasó junto de unos niños un poco mayores que ella jugando al fútbol. Uno de ellos pateó el balón con demasiada fuerza y este salió volando directo hacia ella.

- ¡Niña, cuidado! – le gritó.

Sabrina solo atinó a soltar un gemido y cubrirse la cara con las manos por instinto para protegerse, cuando de repente, el balón se detuvo a solo centímetros de ella, y quedó flotando en el aire. Todos los presentes se quedaron en shock, aunque ninguno tanto como la propia Sabrina.

Cuando finalmente lo superó, la peliverde no tardó mucho en darse cuenta que era ella la que mantenía ese balón en el aire, con el poder de su mente. Asustada de lo que acababa de ocurrir, salió corriendo hasta su casa, y temblando sin parar, le contó a su padre lo que acababa de ocurrir.

Después de calmarla, su padre decidió hacerle algunas pruebas, para comprobar si era que tenía poderes psíquicos. Los resultados fueron instantáneos, e irrefutables. Las pruebas no solo verificaban los poderes de Sabrina sino su verdadero potencial.

- Padre… ¿por qué soy así? – preguntó Sabrina, confusa.

- No lo sé, hija mía. – replicó su padre con honestidad. – He escuchado de personas que nacen con habilidades como las de los Pokémon. Bloodliners, creo que así los llamaban. Siempre creí que eran solo un mito, pero esto…

- Padre… ¿es que no soy humana? – preguntó Sabrina.

- ¡No, no! ¡Quise decir sí, sigues siendo humana! – le aseguró su padre. – Poderes o no, sigues siendo humana, eres mi hija, y siempre te amaré sin importar nada.

Sabrina sonrió, aliviada de que siempre podía contar con su padre sin importar nada, pero su futuro no era menos incierto.

- ¿Qué debo hacer ahora, padre?

- Algunas personas tal vez te tengan miedo. Estos poderes son una parte de ti, y forzarte a mantenerlos en secreto estaría mal. Pero hay una solución. Les demostraremos que no tienen razón para temerte. Usa tu don para ayudar a otros, y verán que esa adorable pequeña que siempre has sido todavía está ahí.

- Entonces… ¿debería ayudarlos solo para que no me teman? – preguntó.

- No, esa no es la única razón. Si alguien tiene un don, como en tu caso, también tiene la responsabilidad de usar ese don para ayudar a otros y hacer del mundo un lugar mejor. – le explicó su padre. Aunque para Sabrina, eso sonaba como esa moraleja cursi de las caricaturas de Spinarak-Man. – Pronto te darás cuenta de que una buena acción es su propia recompensa.

Siendo una obediente niña de diez años, Sabrina decidió seguir el consejo de su padre, y tras demostrarles a todos sus poderes, comenzó a utilizarlos para ayudar a los demás. Si algún niño arrojaba su balón o su frisbee al techo, ella usaba su telekinesis para bajárselo. Si una anciana tenía problemas para cargar sus bolsas del supermercado, ella le ayudaba a llevarlas. Y así para todos. La gente le estaba muy agradecida, tanto que a menudo le daban pequeñas regalos como muestras de su gratitud, como algún pastel, un vestido nuevo o una muñeca. Sabrina se sentía muy feliz.

Lamentablemente, esa felicidad no duraría para siempre. La niña psíquica comenzó a notar que la gente comenzaba cada vez más y más a depender de ella, y frecuentemente la llamaban para tareas extremadamente mundanas. Por ejemplo, un día que volvía de la escuela como de costumbre, una de sus vecinas, una mujer castaña de cuarenta y tantos, sin más la arrastró hasta su casa, y la hizo utilizar sus poderes para levantar unos jarrones que estaban en una repisa muy alta.

- Listo. – le dijo Sabrina una vez que terminó.

- Gracias, cariño. Mover esos jarrones es muy fastidioso, pero tenía que desempolvar esa repisa. – dijo la mujer.

- Aun así, ¿me trajo hasta aquí solo para hacer eso? No veo por qué no podía hacerlo usted misma. – le dijo Sabrina.

- Bueno, esos jarrones son muy frágiles, no quería arriesgarme a que se me cayeran. Además, ¿de qué te quejas? Si lo haces con la mente, no es que realmente hagas un esfuerzo. – dijo la mujer con algo de desdén. Sabrina frunció el cejo.

- Quizás a usted no le parezca, pero usar mis poderes puede ser muy agotador. – le dijo, pero la mujer solo rodó los ojos.

- Como sea, más vale que empiece a limpiar. Vuelve en una hora para poner los jarrones en su lugar. – le dijo. Sabrina se enfurruñó aún más, no le gustó el tono de la mujer.

- No me hable como si fuera su sirvienta.

- ¿Qué dijiste? Ten cuidado con esa actitud, señorita, o si no tendré que hablar seriamente con tu padre. – la amenazó la mujer.

La niña psíquica se fue, sin tener intención de regresar, y al volver a casa le contó a su padre de lo sucedido. Por fortuna, su padre se puso de su lado en esto.

- Lo que hizo estuvo mal. Hablaré con ella y me aseguraré que no vuelva a abusar de tus buenas intenciones nunca más. – le dijo. – Hiciste bien al decírmelo, nadie tiene por qué aprovecharse de tu amabilidad. Si esto vuelve a suceder, no dudes en decírmelo.

- Gracias, padre. – le dijo Sabrina para después abrazarlo.

Y así, Sabrina continuó ayudando a las personas con sus poderes, pero esta vez no tenía miedo de poner sus límites. Aun así, no podía quitarse de encima aquella sensación de que la gente del pueblo todavía seguía siendo demasiado dependiente de ella, y la tenían como su primera medida para resolver sus problemas. Aun así, ella había decidido seguir ayudando a las personas, aunque fuese solo para mantener feliz a su padre.

Y este podría ser el final de nuestra historia, pero tristemente ese no es el caso. Porque un día, por una clase de historia, Sabrina leería sobre un hombre que cambiaría su visión del mundo para siempre.


Dos años después…

El padre de Sabrina se sintió realmente conmocionado cuando su hija le dijo que la directora de la escuela quería hablar de algo muy serio con él. Esto era… inusual, por no decir más, ya que Sabrina no solo era una niña inteligente, sino una estudiante modelo. Mientras ella y su padre iban de camino a la escuela, se cruzaron por la calle con un muchacho de quince años, de pelo castaño y ojos cafés, vestido de blue jeans, una camiseta blanca, un sombrero de paja y una red para cazar insectos.

- ¿Tommy? – dijo el padre de Sabrina al reconocerlo. El muchacho se dio la vuelta y lo saludó.

- Oh, hola, señor.

- ¿Todavía sigues aquí? Creí que ya te habrías ido ya por tu primera medalla. – inquirió el padre de Sabrina.

- Iba a hacerlo, pero… – El cazador de bichos se rascó detrás de la cabeza. – Creo que mis Pokémon y yo todavía necesitamos algo de entrenamiento. No se puede enfrentar a un líder de gimnasio sin estar preparado, ¿verdad.?

El padre de Sabrina suspiró.

- Tommy... los Pokémon de las afueras de este pueblo son demasiado débiles, prácticamente inofensivos. Tus Pokémon no se harán muy fuertes peleando contra ellos.

- Aun así, prefiero no irme hasta estar 100% seguro de que estoy listo. Un poco más de entrenamiento no hará daño. - insistió Tommy. – Además, ayer vi un Venonat, y quiero atraparlo para mi equipo.

- Si tú lo dices. – dijo el hombre derrotado. – En ese caso, buena suerte.

- ¡Gracias, señor! – dijo Tommy antes de marcharse. Ya cuando se fue, el padre de Sabrina volvió a suspirar.

- Ese muchacho…

- ¿Quién era él, padre? – preguntó Sabrina.

Su padre le explicó que Tommy era el hijo mayor de los granjeros de Beedrill locales, y un aspirante a entrenador. Dado su trasfondo, era obvio que tuviese una afinidad por los Pokémon tipo Insecto. La gente lo veía con orgullo, pues era el primer entrenador que el pueblo había producido, pero aunque había conseguido su licencia y su primer Pokémon (un Pinsir) hacía casi tres meses, el chico todavía seguía sin salir del pueblo.

- Ese muchacho tiene demasiado miedo de enfrentar nuevos desafíos. Pero si no te motivas nunca podrás ser mejor. – dijo el hombre.

- Estoy totalmente de acuerdo, padre.

Poco después llegaron a la escuela, y la directora los estaba esperando en su oficina. La directora era una mujer moderadamente atractiva, a finales de sus treinta con cabello corto de color negro y con gafas.

- Y dígame, ¿qué fue lo que hizo Sabrina? Lo que haya sido estoy seguro que solo es un malentendido. – empezó a decir el padre de Sabrina.

- La razón por la que lo llamé es este ensayo que escribió para su clase de historia. – La directora le mostró el susodicho ensayo. – Se les pidió a los estudiantes elegir una figura histórica a la cual encontrasen admirable o inspiradora y que escribieran al respecto. Pero el ensayo de Sabrina… bueno, solo digamos que es preocupante.

- No lo entiendo. Si los ensayos de Sabrina casi siempre están escritos perfectamente. – replicó el hombre.

- No es la calidad del ensayo lo que nos preocupa, señor, es el contenido. – replicó la directora, y después le entregó el susodicho ensayo. – Será mejor que lo vea usted mismo.

Al leer el título, el padre de Sabrina supo inmediatamente por qué lo llamaron: "Bill de los Veinte Gyarados: Un claro ejemplo de auto-superación a través de la determinación y el trabajo duro."Procedió a leer el ensayo para ver si era tan malo como se lo temía. La primera parte del ensayo era básicamente una recapitulación de la vida de Bill, escrita de manera objetiva y neutral: un hombre de mar en Johto que trabajaba en un pequeño barco pesquero, y no era popular entre sus compañeros. Cuando le dieron un Magikarp como regalo de burla, Bill ya no pudo soportarlo más y desapareció. Con sus frecuentes ausencias, mucha gente hasta creyó que se había suicidado o que se mudó a otra región, pero un año después de aquel regalo, regresó con un ejército de Gyarados, que utilizó para devastar las ciudades costeras de Johto, hasta que él y su ejército fueron detenidos, aunque no sin incontables sacrificios de vidas humanas y Pokémon. Luego de eso, se decidió implementar el límite del número de Pokémon que un entrenador podía cargar consigo en determinado momento.

La segunda parte, sin embargo, fue una reflexión personal de Sabrina en el propio Bill. Mientras que todos los demás creían que Bill no era más que un monstruo y un asesino en masa, Sabrina lo llenaba de halagos, admirando su duro trabajo y determinación, y cómo alguien que era, en sus propias palabras, "mediocre entre los mediocres", eventualmente logró grabarse un nombre en la historia y cambiar para siempre el mundo, y que probaba que la grandeza estaba al alcance de todos, mientras se esforzaran por conseguirla.

- ...en conclusión, si todos siguiéramos el ejemplo de Bill y encontráramos la decisión para sacar a flote todo nuestro potencial, el mundo sería un lugar mejor y maravilloso para vivir."Esa era la línea final del ensayo.

- Seguro que ahora entiende el porqué de nuestras preocupaciones por su hija. – dijo la directora. El padre de Sabrina asintió.

- En efecto. Hablaré con Sabrina. Vamos a resolver esto.

El padre de Sabrina no recordaba la última vez que él y su hija tuvieron una discusión. Diablos, esta podría ser la primera vez que esto sucedía. Sin importar las palabras que utilizara, no había manera de convencer a la niña psíquica que Bill no era alguien a quien quisieras tomar como ejemplo, y las cosas empezaron a ponerse más y más subidas de tono en poco tiempo.

- ¡Sabrina, Bill era un asesino en masa! ¡¿Cómo puedes creer que alguien como él es digno de admirar?! – le gritó su padre.

- ¡Te estás enfocando solo en los aspectos negativos! – respondió Sabrina también gritando, y un ligero temblor sacudió la casa. – ¡No lo admiro por matar gente, pero sí por sus otras cualidades!

- Sé que eso era lo que intentabas decir en tu ensayo, ¿pero es que no había ejemplos de triunfadores que no eran asesinos en masa?

- También quería demostrar que se puede aprender algo hasta de las personas más despreciables. – replicó Sabrina, y luego respiró profundo. – Padre, tú siempre te ponías de mi lado en todos mis problemas. ¿Por qué ahora te pones en mi contra?

- ¡Porque tus profesores tienen la razón! ¡Bill no es alguien digno de admiración, sin importar qué cualidades haya tenido! – dijo con firmeza el hombre. – Mañana mismo escribirás otro ensayo, y esta vez de alguien que realmente lo merezca.

Sabrina miró con rabia a su padre. Sus ojos emitieron un ligero destello rojo.

- No lo haré. – dijo ella. Su padre quiso gritarle por su insolencia, pero solo suspiró profundamente.

- Sabrina... escúchame, ha sido un día muy duro y largo. Hablaremos de esto mañana. Ahora vete a tu cuarto.

A pesar de su mal humor, la joven psíquica obedeció. Se encerró en su cuarto y se dejó caer en la cama.

- ¡Estúpido padre, y estúpidos profesores! – gruñó entre dientes. – ¡¿Por qué tienen que ser tan ciegos?! – Se puso a golpear su almohada y siguió gruñendo. – Aunque ahora que lo pienso, todos en este maldito pueblo son unos mediocres, no sé por qué me sorprende. ¿Para qué los ayudé en primer lugar? ¿Ni siquiera son capaces de hacer sus tareas más simples por sí mismos? Ninguno de ellos jamás hizo nada que mereciera que compartiera mi don con ellos…

Sabrina se siguió enfocando en sus pensamientos negativos por un rato más, aunque después de una hora o algo así pudo calmarse y pensar con claridad, y esto no necesariamente fue algo bueno, pues ciertos pensamientos comenzaron a fluir libremente por su joven mente.

Sabrina siempre tuvo la sensación de que no pertenecía a este pueblo. Al principio, creía que era por sus poderes, pero ahora se empezaba a dar cuenta que la razón era otra. Todos aquí querían tranquilidad, hacer el mínimo esfuerzo necesario, estar satisfechos con ser "suficientemente buenos" en vez de aspirar a la perfección, vivir una vida de comodidad tranquila, y preservar el status quo. Sabrina siempre se esforzaba por ser la mejor, y trataba de motivar a otros a alcanzar su máximo potencial. Por eso era que consideraba la historia de Bill de los Veinte Gyarados tan conmovedora e inspiradora.

- Tienen que entender como me siento. NECESITAN entenderlo. - dijo Sabrina inclinándose hacia el frente. – Tienen que aprender que la vida no es para desperdiciarla en la mediocridad. Todos tienen algo qué ofrecer. ¿Pero cómo puedo hacerlos cambiar de parecer?

Un pensamiento le vino a la mente como un relámpago.

- Tal vez estoy haciéndolo mal. Bill no se convirtió en la peor pesadilla de las costas de Johto hasta que le dieron aquel Magikarp de regalo para burlarse de él. Y según se dice, eso fue después de años de abuso verbal… – Sabrina dejó volar esos pensamientos y se atrevió a formar una conclusión. – Quizás… ¿quizás fuera ese interminable abuso lo que impulsó a Bill a demostrar de lo que era capaz?

Y entonces, Sabrina lo vio con claridad. Por fin encontró la respuesta: motivación. Todo estaba en lo que te empujaba hacia tus metas. En lo que te hacía trazarte metas en primer lugar. Tratándose de Sabrina, la motivación nunca fue un problema, pues siempre tuvo una gran ambición para ser lo mejor posible en todo lo que hacía. Pero casi nadie tenía la misma ambición que ella. Por eso era que tantos de sus compañeros de clase se alegraban de sacar una C o una B en un examen, en lugar de tratar de sacar una A. Por eso la mayoría de los pueblerinos no tenían deseo de mejorar sus aburridas vidas y hacer algo más significativo.

Y entonces, un pensamiento le aclaró todo.

- Si la promesa de ganar algo no es suficiente para motivar a esta gente… tal vez la amenaza de perderlo todo haga el trabajo.

La niña psíquica sonrió malignamente. Había llegado la hora del surgimiento de otro Bill de los Veinte Gyarados.


Unos días después…

Cierta mañana, Sabrina caminó hacia una de las casas de su vecindario, donde vivía una mujer obesa, rubia y cincuentona. Dicha mujer se encontraba trapeando el suelo de la entrada de su casa, y le tomó un par de segundos darse cuenta que Sabrina estaba pasando por ahí.

- Oh, hola, dulzura. – le dijo amablemente. – Oye, ¿crees que podrías hacerme un favor? Necesito ir a buscar algo en el sótano, pero el lugar está hecho un desastre… – La mujer se rio. – Y con esos poderes tuyos sería muy fácil poner algo de orden. ¿Qué dices?

Sabrina no dijo nada, simplemente sonrió. Y luego sin avisar, levantó la mano, mientras sus ojos comenzaban a brillar con una luz azul. Al instante, todas las ventanas de la casa de la mujer explotaron, creando un sinfín de ruidos de destrucción por todas partes, y llenando todo el frente de la casa de vidrios rotos. La mujer se quedó ahí, inmóvil y boquiabierta, mientras Sabrina sonreía con satisfacción y se iba. Sin embargo, una vez que se repuso del shock, la sorpresa fue reemplazada por furia. La mujer caminó hacia Sabrina y bruscamente la agarró del brazo.

- ¡Maldita mocosa endemoniada! ¡¿Cómo te atreves a…?!

La mujer fue interrumpida cuando Sabrina usó su telekinesis para empujarla de espaldas, haciéndola caer sobre su trasero.

- No se atreva a tocarme de nuevo. – siseó la niña psíquica antes de marcharse.

Y así comenzó el reinado de terror de Sabrina. Todos los días, elegía a una víctima al azar, iba a verla, y usaba sus poderes para causarle algún daño. Romperles todas las ventanas de sus casas era una de sus favoritas personales, por lo fácil y rápido que era, pero difícilmente era el único truco que le permitían hacer sus poderes. A veces, hacía reventar las tuberías de una casa para que se inundara. En otras ocasiones, se metía con la electricidad. Y en otras usaba su telekinesis para hacer que todo lo que no estuviera sujeto del piso o las paredes volara por todas partes, como si la casa estuviera poseída por fantasmas. Y en otras más, simplemente embocaba a alguien en la calle para hacerle algo, como levantarlo en el aire para dejarlo caer, o estrellarlo contra la pared. Lo que fuera para hacerles daño.

El único que intentó detenerla fue su padre, pero pronto se vio impotente ante las aterradoras habilidades psíquicas de Sabrina. Cuando veía en sus ojos, brillando de rojo, ya no podía ver a su dulce y tierna niña, solo a un demonio que se parecía a ella.

- ¿Por qué… por qué haces esto? – preguntó su padre, mientras la telekinesis de Sabrina lo restringía contra la pared.

- Si no te motivas nunca podrás ser mejor. Tú fuiste el que me enseñó eso, padre. – Sabrina le sonrió. – Solo intento motivarlos, y veo quién se atreve a responder.

- ¿Qué…? – El hombre estaba totalmente confuso. – ¡Sabrina, esto no es un juego! ¡Estás lastimando a la gente!

- Ya lo sé, padre. – La fuerza telekinética lo presionó con más fuerza.

- "¿Dónde me equivoqué contigo...?" – pensó el hombre, ya al borde de las lágrimas. Sabrina, sin embargo pudo oír sus pensamientos.

- No llores, padre. No te equivocaste en nada. – Sabrina lo liberó, dejándolo caer al suelo. – Al contrario, tú siempre me motivaste a ser lo mejor que pudiera, explotar mis dones a su máximo potencial. Ahora estoy haciendo lo mismo con todos los demás. Desafortunadamente, no puedo dejar que interfieras con mi experimento. Y sinceramente, no creo que sea capaz de hacerte ningún daño serio. Así que tendré que pedirte que abandones el pueblo.

- ¿Qué? ¡No! ¡No pienso permitir que sigas atormentando a nuestros amigos y vecinos solo por un placer enfermizo! – declaró su padre. Sabrina suspiró.

- En serio esperaba no tener que recurrir a esto, pero no me das alternativa. – La niña psíquica caminó hacia su padre, todavía desparramado en el suelo, y levantó su cabeza hasta que estuvo al nivel de sus ojos. Lo miró fijamente, mientras sus ojos comenzaron a brillar en rojo. – Te irás de este pueblo, para nunca más regresar. ¿Entendido?

- No… no… – Intentó resistirse, pero al final, la hipnosis de Sabrina sobrepasó a su fuerza de voluntad. – Me iré… de este pueblo…

- Muy bien. – La peliverde sonrió. – Más te vale que para mañana en la mañana hayas desaparecido.

- Sí… sí, por supuesto, entre más pronto mejor. Iré a empacar mis cosas. – balbuceó el hombre.

Tal como ella lo había dicho, su padre abandonó el pueblo al día siguiente.

Hubo otros que trataron de seguir su ejemplo y escapar de esa pequeña niña demonio psíquica de doce años, pero Sabrina no los dejaba. Incluso los que intentaban irse a hurtadillas durante la noche, cuando estaría supuestamente durmiendo, se encontraban con ella esperándolos a la salida del pueblo. Era como si fuera totalmente omnisciente. Sabrina había dejado las cosas claras. Nadie se iría hasta que su experimento hubiera terminado.

Para su gran frustración, Sabrina vio que el alboroto que causaba no estaba produciendo los resultados esperados. La gente solo salía corriendo y se escondía de miedo cuando la veían, algunos hasta gritaban, pero terror no era lo que estaba buscando. Diablos, si hasta el único policía del pueblo (difícilmente había algún crimen, al menos hasta ahora) no hacía ningún esfuerzo por detenerla. Sabrina decidió aumentar el daño. Comenzó a provocar incendios, hacer que lámparas en el techo le cayeran encima de la cabeza a la gente, los hipnotizaba para hacer cosas en contra de su voluntad, y muchas otras cosas dignas de una película de terror.

Pasó un mes entero, y nadie intentó jamás hacer algo para detenerla.

- ¡Ugh! ¿Acaso tengo que echar abajo todo el maldito pueblo para conseguir una reacción? – dijo Sabrina una mañana que salía de su casa para iniciar su alboroto diario.

Sin embargo, algo captó su atención. Tommy, el muchacho cazador de bichos y mal intento de entrenador se encontraba en medio de la calle, con una mirada de determinación en los ojos. Una chispa de excitación le recorrió el cuerpo.

- "¿Podría ser que…?"

- ¡Sabrina! – gritó Tommy, visiblemente temblando. – ¡Ya aterrorizaste al pueblo demasiado tiempo, pero se acabó!

Sabrina no pudo evitar soltarse a carcajadas ante esa ridícula declaración.

- ¡Por favor, no me hagas reír! ¿En serio quieres enfrentare a mí, cuando no tienes el valor de pelear contra algo más fuerte que los débiles Weedles y Rattatas que rondan por las afueras del pueblo? – replicó Sabrina con crueldad.

- ¡Sí! ¡Prepárate para pelear! – le gritó. La boca de Sabrina se curvó en una sonrisa.

- Puedo oír tus pensamientos. Nunca en toda tu vida has sentido tanto miedo. Sabes que no hay nada que puedas hacer para detenerme. Y tu corazón amenaza con dejar de latir con solo imaginarte lo que te haré cuando falles en tu noble, aunque patético intento.

Tommy sintió que los ojos empezaban a humedecerse. Se dio cuenta de que Sabrina decía la verdad. Aun así, reprimió las lágrimas. No podía permitirse llorar enfrente de esa niña demonio.

- Sí, tengo miedo. Y no, no creo poder detenerte. Pero si yo no lo intento… ¿quién lo hará? Siempre tuve el miedo para intentar detenerte, pero tuve demasiado miedo para intentarlo. Pero ahora… ya no quiero seguir revolcándome de miedo. Quiero estar seguro de que al menos traté de hacer algo.

- Muy bien. Elige un Pokémon. Esto al meno será entretenido.

Su mano temblorosa agarró a su Pokémon más fuerte, y lo arrojó al frente.

- ¡Ve, Pinsir!

- ¡Pin! – dijo el Pokémon escarabajo al salir. El bicho gigante vio a Sabrina y la identificó como su oponente, mirándola fijamente.

- Pinsir, esa niña es nuestra enemiga, pero no usará ningún Pokémon. – Tommy rápidamente adivinó lo que su mejor amigo estaba esperando. El Pokémon lo miró confundido. – Sé que no se supone que debas atacar a humanos, incluso aunque te lo ordene… pero esta vez es una excepción. Esa niña ha lastimado a muchas personas, y somos los únicos que podemos detenerla. Así que por favor, Pinsir, necesito que pelees contra ella.

El confundido bicho miró a Sabrina. Por un lado, sentía que su entrenador le decía la verdad. Por el otro, en su entrenamiento previo a ser entregado a Tommy lo condicionaron para nunca atacar a un ser humano. Pero al ver otra vez a Sabrina, sintió un escalofrío por todo el cuerpo. Esa aparentemente inofensiva niña emanaba un aura de maldad que hacía que se le helara la sangre. El escarabajo sabía perfectamente qué hacer.

- ¡Pinsir! – El Pokémon INSECTO gruñó, adoptando una postura de batalla.

- ¡Sí! ¡Sabía que podía contar contigo, Pinsir! - exclamó Tommy, sintiendo que su miedo daba paso a una oleada de determinación. – ¡Pinsir, Corte Furia!

El escarabajo gritó antes de lanzarse contra Sabrina, con sus tenazas brillando de un color verde lima. Sabrina solo extendió su mano, y Pinsir se vio congelado en el aire, mientras un aura roja-rosada comenzaba a rodearlo.

- ¿Eso es todo? Patético… – Sabrina se rio.

Y entonces, de la nada, la frente de Sabrina fue golpeada por una piedra, haciéndola gritar de dolor, perdiendo su enfoque y haciendo que soltara a Pinsir.

- ¡Pinsir, atácala rápido! – lo urgió Tommy. Mientras Sabrina se ponía de pie y presionaba su mano contra su frente sangrante, vio a Tommy sosteniendo una piedra en la mano.

- "Él… ¿se atrevió a lanzarme una piedra?" – pensó, incrédula.

- No me veas así. No estamos en una batalla Pokémon ordinaria. ¡Haré lo que sea para librar a este lugar de ti! – gritó Tommy arrojándole la piedra que tenía en la mano.

Sabrina movió su mano, y una burbuja protectora rosa apareció de la nada, rodeándola y deteniendo la piedra antes que la alcanzara.

- Espera un minuto… ¡eso es Reflejo! – exclamó Tommy al reconocer el ataque. – Entonces… ¡no es solo que tienes poderes mentales, puedes usar movimientos de tipo Psíquico como si fueras un Pokémon!

Sabrina ignoró la conclusión del cazador de bichos, en este momento eso era irrelevante. Extendió los dos brazos hacia el frente y disparó una onda de energía multicolor contra Pinsir.

- ¡Eso es Psicoonda! ¡Esquívalo con Excavar! – ordenó Tommy. Pinsir gruñó y se enterró en el suelo para esquivar el ataque de Sabrina.

- ¿A dónde se fue esa repulsiva criatura? – preguntó Sabrina con frustración, escaneando el terreno con su mente, pero no pudo encontrar nada. – "¡Argh! ¡No puedo detectarlo mientras esté bajo tierra!"

- ¡Pinsir, ahora!

Tan rápido como una bala, Pinsir emergió detrás de Sabrina, y trató de cortarla con sus tenazas. Sabrina alcanzó a oírlo a tiempo y saltó a un lado para esquivarlo, pero aun así, las tenazas del Pokémon escarabajo lograron hacerle una herida bastante fea en el estómago.

- ¡UGK! – gruñó la niña psíquica, agarrándose el abdomen.

- ¡Ya casi la tenemos, Pinsir! ¡Usa Corte Furia otra vez! – gritó Tommy con alegría.

Pinsir volvió a la carga contra Sabrina, pero la niña psíquica simplemente lo levantó en el aire como lo hizo antes. Tommy ya estaba preparado para eso y le lanzó otra piedra a la cabeza. Desafortunadamente para el cazabichos, ese truco no funcionaría dos veces, pues Sabrina ya se lo esperaba y la detuvo en el aire. Y luego extendiendo su otra mano y dejando que la sangre chorreara desde su frente por su rostro, también levantó a Tommy en los aires. Con un rápido movimiento de los brazos estampó a entrenador y Pokémon contra una pared, manteniéndolos allí con fuerza.

Sabrina estaba furiosa. ¡Este muchacho se había atrevido a tratar de matarla! Tommy no podía hablar, pero ella oía sus pensamientos. Estaba pidiendo piedad, para él y para su Pinsir. Pero no, no habría piedad. Pensar que un pelmazo debilucho como él le había dado tanta pelea…

Y de pronto, Sabrina se quedó congelada con su pensamiento.

- "Pensar que un pelmazo debilucho me dio pelea…"

Y luego, para alivio y a la vez confusión de Tommy, Sabrina liberó su agarre telekinético, dejándolo caer a él y a su Pinsir al suelo.

- Jejejeje… Jajajaja… jeje… ¡jajajajajaja! ¡JAJAJAJAJAJAJA! – La risa de Sabrina hizo eco por todo el pueblo. Tommy, que estaba revisando a su caído Pinsir, se dio la vuelta a verla, confundido. Esa piedra como que le hizo daño en el cerebro, o eso parecía.

- ¡LO SABÍA! ¡TENÍA RAZÓN! – gritó Sabrina hacia el cielo. – ¡Tuve razón todo este tiempo!

- ¿Tenías razón? ¿De qué diablos hablas? – preguntó Tommy.

- ¿Nunca te preguntaste por qué comencé a hacer todo esto? ¿Por qué de repente decidí usar mis poderes para convertir este pequeño pueblo quieto en un infierno en la tierra? - preguntó Sabrina. – Siempre me sentí asqueada de cuan mediocres que eran este pueblo y todos sus habitantes. Traté de suprimir esos sentimientos, en serio lo hice. Por amor a mi padre, al menos. Diablos, si hasta cumplí sus deseos de utilizar mis poderes para hacer la vida de todos aquí más fácil. Sabía que era un error, porque eso los haría a todos conformistas y perezosos. Pero al final no pude soportarlo más. Así que decidí poner a prueba una pequeña teoría, y comencé a causar alboroto a diario, esperando que alguien se armara de valor para tratar de enfrentarse a mí y detenerme.

Tommy no se atrevió a decir nada, pero Sabrina decidió continuar:

- Todos creen que soy especial por mis poderes. Pero eso no es lo que me hace especial, no. Es mi determinación y mi ambición lo que me lleva a alcanzar la grandeza. He leído en los libros de historia de gente que nació pobre, pero llegó a ser rica gracias a su esfuerzo, y de otros que heredaron grandes fortunas, y terminan perdiéndolas por incompetentes y derrochadores. Sé muy bien que todos tienen el potencial de ser extraordinarios si se esfuerzan. Pero a veces, la gente necesita un pequeño empujón. Estaba al borde de perder la esperanza, y entonces tú apareciste y me desafiaste ¡Y qué desafío! Al principio estaba molesta porque me lastimaste, pero me di cuenta que esto es lo que quería ver. Con suficiente motivación, hasta la persona más mediocre puede hacer grandes cosas.

Su sonrisa se volvió aún más maligna. Cada vez era más escalofriante.

- Para ser honesta, no me esperaba que fueras tú el que se atrevería a plantarme cara. Quizás alguno de los adultos. Pero mientras ellos esperaban a que llegara un salvador a rescatarlos de la malvada yo, tú diste un paso al frente y decidiste SER ese salvador. Claro, fallaste, pero no todos pueden tener éxito a la primera, ¿verdad? Además, mi padre solía decir que el camino al éxito está plagado de fracasos. No tienen la voluntad que hace falta para ser extraordinarios, pero tú, sin embargo, sí la tienes. Bravo, Tommy, bravo. – Sabrina terminó su larga fanfarria con un sorprendentemente genuino aplauso.

- Es decir que… ¿hiciste todo esto por una maldita teoría? ¿Todo fue un experimento? ¿Hiciste todo por un juego enfermizo? – gritó Tommy indignado.

- No te enfades conmigo, Tommy. Gracias a mí, ahora sabes de lo que eres capaz. Pude sacar tu potencial a la superficie. De no ser por mí, pasarías el resto de tu vida poniendo excusas para retrasar tu viaje hasta que te hiciera viejo y te vieras forzado a trabajar en la granja de Beedrill de tus padres, desperdiciando tu talento en elaborar miel. Pero ahora, y gracias a mí, lograrás grandes cosas. Pelear contra mí solo fue el comienzo. Después de todo, enfrentarte a un líder de gimnasio no puede ser peor que esto, ¿o sí?

Tommy se quedó viéndola con los ojos abiertos, mientras su cerebro procesaba todo el monólogo de Sabrina. Solo tenía una respuesta que darle:

- Estás loca.

- No, este pueblo estuvo a punto de volverme loca. Pero ahora, me siento mejor que nunca. Debo agradecértelo, Tommy, no solo por probar mi teoría, sino por mostrarme mi lugar en este mundo. – Dicho esto, Sabrina le dio la espalda. – Desde ahora, ayudaré a la gente a alcanzar su verdadero potencial, y castigaré a quienes no tienen decisión, a quienes se rehúsan a mejorar y prefieren vivir en la mediocridad. Así haré del mundo un lugar mejor para vivir. Necesitamos más gente como tú, y menos gente como… – Sabrina extendió los brazos, refiriéndose a todo el pueblo. – … ellos.

- ¿Y qué piensas hacer conmigo? ¿Qué hay del resto del pueblo? – preguntó Tommy, con algo de miedo de saber la respuesta. Sabrina volteó hacia ella, con la cara cubierta de sangre por la herida de su frente, y sus labios se curvaron en una sonrisa aterradora.

- Te perdonaré la vida. Es decir, sería un desperdicio matarte luego de que trabajé tanto para sacar tu potencial, ¿no? Y en cuanto al resto de este agujero de mediocridad al que llamas hogar… aunque no se lo merecen, creo que también los dejaré vivir. Considéralo una recompensa extra por tu fuerza y valentía.

- Si crees que voy a dejar que lastimes a más personas inocentes solo porque no encajan en tu visión enfermiza de un mundo ideal, tendrás mucho más por delante. – declaró Tommy firmemente. – Tal vez no pueda detenerte ahora, pero algún día, seré lo bastante fuerte para librar al mundo de ti.

- ¿Ya lo ves? – Su declaración pareció deleitar a Sabrina todavía más. – ¡Mira esa determinación que ahora posees! Sé muy bien que harás grandes cosas con tu vida, y yo también. – Sabrina se dio la vuelta, y miró al pueblo que tenía enfrente. – No tengo nada más que hacer en este lugar. Adiós, Tommy. No puedo esperar el día que nuestros caminos vuelvan a cruzarse.

Y con ello la niña psíquica desapareció en un destello de luz, un movimiento que Tommy identificó como Teletransportación.

Sabrina cumplió su palabra, pues nunca volvió al pueblo. Pasarían años antes que alguien volviera a escuchar su nombre, esta vez como una habilidosa entrenadora Pokémon especializada en el tipo Psíquico. Aquellos que la conocían nunca se imaginarían su sangriento pasado, y menos podrían imaginar su todavía más sangriento futuro.

Aunque Sabrina jamás regresó, las heridas que infligió al pueblo y a sus habitantes nunca sanaron. Poco a poco, la gente comenzó a abandonar Pueblo Turquoise, pues había demasiadas experiencias traumáticas y horribles memorias asociadas con el pequeño pueblo. En poco menos de un año, el pueblo quedó totalmente abandonado, y sus antiguos residentes se esforzaron al máximo por olvidarse de los eventos que ocurrieron allí, hasta que su nombre se perdería de la historia para siempre.


Tres meses más tarde…

Los últimos meses habían sido difíciles, pero al fin las cosas comenzarían a ir mejor para Tommy. Su sueño de ser el mejor entrenador especialista en Pokémon tipo Insecto había quedado en el olvido, ahora reemplazado por un sueño menos glorioso, pero más altruista. Pasó un minuto completo observando el edificio frente a él, debatiéndose entre si debería entrar o no.

- No, ya no más dudas. Si no te motivas, nunca podrás ser mejor. – dijo Tommy, mientras finalmente entraba en el edificio. Por alguna razón que no entendía del todo, esas palabras se le habían quedado grabadas en la mente tras su batalla con Sabrina.

El recibidor del edificio estaba vacío, a excepción de una recepcionista con aspecto de aburrida, pendiente de su teléfono celular. Tommy se aclaró la garganta para llamar su atención.

- ¡Oh, hola! – le dijo, guardando su teléfono. – Bienvenido al Campamento de Entrenamiento para Exterminadores de Kanto. ¿En qué puedo ayudarte?

- Quisiera enlistarme para convertirme en Exterminador. – dijo Tommy.

- Por supuesto, no estarías aquí por otra razón. – La recepcionista se rio mientras sacaba algo de debajo de su escritorio. – Por favor llena estos formularios, cuando termines, te mostraré el lugar.

- "Algún día, Sabrina…" – pensó Tommy mientras empezaba a llenar los formularios. – "Algún día te haré pagar por lo que le hiciste a nuestro hogar."

FIN.


Notas del traductor:

Muy bien, ¿quién sigue a una fiesta de cumpleaños con una historia de terror? Seguramente solo yo, jeje. En fin, esto fue porque Ander Arias terminó este gaiden al mismo tiempo que yo tenía planeado postear el del cumpleaños de Ash, pero tuvo la gentileza de esperar al día siguiente para no quitarme los reflectores (gracias por eso, amigo). Para quien le interese, la trama de este está basada en la película "El pueblo de los malditos", y aunque no la vi, las imágenes que vi por Google fueron super aterradoras y definitivamente van con la atmósfera del terror.

Después de este, me faltan dos más por traducir, uno con Gladion que fue posteado el mismo día que este, y uno mío que cubrirá los eventos de la carrera en el Rancho Pokémon Gran P (ese lo escribí primero en inglés para variar, disculpen), sin mencionar otro que estoy editando antes de prepararle la traducción. Wow, como se va expandiendo más y más el Resetverso, cada vez es más difícil dar abasto XD

Gracias por los reviews a BRANDON369, Jigsawpunisher, sonicmanuel, dragon titanico, baraka108 y darkdan-sama. Nos estamos viendo.