Capítulo 38.

Harry estaba deseando que llegase su primera clase con Moody –y sabía que todavía era el verdadero Moody ya que había hecho que los gemelos lo comprobaran esa mañana. Estaba haciendo que lo comprobaran tan a menudo que ya estaba empezando a molestarles, así que empezó a pagarles por cada comprobación. Naturalmente, ellos entendieron que eso significaba 'buscar a Harry en todo momento posible y asegurarle que Moody es Moody', pero a Harry no le importaba. Los gemelos necesitaban el dinero para su futura superimpresionante tienda de bromas. De todos modos, Harry podría haber estado excitado, pero no lo suficientemente excitado como para llegar temprano. Al contrario que el resto de la clase. Incluso a Hermione la habían arrastrado Ron y Neville fuera de la biblioteca para que pudiera esperar con anticipación en la puerta del aula.

De hecho, Harry llegó después que Moody, pero antes de que sonara el timbre. Sus amigos parecían decepcionados por su aparente apatía, y como castigo le hicieron sentarse en primera fila. Okay, tal vez ellos no lo consideraran castigo, pero él era un adolescente normal –bueno, más o menos. En realidad, para nada, pero lo que contaba era la intención – y como tal sentarse en primera fila era algo que nunca, nunca quería hacer.

"Tengo un año para enseñaros a manejar-", estaba explicando Moody cuando Ron lo interrumpió groseramente.

"¿Cómo, no va a quedarse?", espetó, sonando acongojado. Harry se preguntó a cuento de qué. ¿No habían estado en su clase ni dos minutos y Ron ya quería que fuese su profesor para siempre? Pero claro, si las historias que había estado escuchando sobre las clases de Moody toda la semana (todo muy vago, por supuesto) eran alguna indicación, Moody también sabía manejarse con la publicidad.

Moody le soltó a Ron una mirada de '¿eres estúpido?', pero consiguió refrenarse a sí mismo de hacer el comentario mordaz que estaba tan claro que estaba deseando hacer. "¿Quiere alguien contestar eso?"

Harry empezó a levantar su mano, pero Neville se le adelantó. "¿No puso Voldemort alguna clase de maldición en el puesto porque pilló una rabieta después de que Dumbledore se diera cuenta de que era malvado y no le diera un trabajo? Es lo que dijo el Profesor Black."

"…Ya lo sabía…", mintió Ron. Harry estaba muy impresionado de que incluso aunque Ron era el único de los ocho Gryffindors de su año que no consiguió los cincuenta puntos prometidos por Sirius al decir Voldemort, todos los demás usaban el nombre con tal regularidad que Ron había dejado de temblar al oírlo en algún momento del pasado Diciembre.

Moody parecía divertido. "Sirius siempre ha sido demasiado temerario para su propio bien…Sí, Voldemort maldijo el puesto hace unos cuarenta años. Viendo que estos dos últimos años han frustrado con éxito a la maldición al tener a gente que deja voluntariamente el cargo tras un contrato de un año, planeo quedarme solo un año. Quizá vuelva en unos pocos años si el retiro prueba ser muy aburrido, pero para entonces vosotros ya estaréis fuera de la escuela y no importará."

"¿Va a lanzarnos la maldición Imperius?", preguntó Harry con curiosidad.

Moody lo miró con sospechas. "¿Cómo sabes eso? ¿Has estado hablando con las otras clases? Porque si descubro que os han arruinado esto-"

"Oh no", lo tranquilizó Harry. "Es solo que por lo que puedo decir, sobrevivir al Avada Kedavra te proporciona una cicatriz psíquica." Estaba un poco sorprendido de que la lección fuera a ser la misma. Pero claro, suponía que eso venía a demostrar lo buenas que eran las dotes interpretativas de Crouch la primera vez.

"Y ha hecho carrera de robar la atención de otras personas", añadió Neville, como ayudando.

"¿Es eso cierto?", Moody parecía tan escéptico como todo el mundo que oía lo de la cicatriz psíquica por primera vez.

Harry se encogió de hombros. "Encuéntreme otro superviviente para demostrar que estoy equivocado."

"Conoces dos de las tres Maldiciones Imperdonables; ¿conoces también la tercera?", le preguntó Moody.

"La Maldición Cruciatus", dijo Harry brevemente. "Muy sucia, y te deja temblando durante horas." Al ver las miradas curiosas de todo el mundo, añadió con rapidez. "Y no, no voy a discutir mi experiencia con ella, ni me apetece explicar qué son a aquellos que de algún modo se las han apañado para estar al menos cuatro años en el mundo mágico sin aprender las tres maldiciones que garantizan un viaje solo de ida a Azkabán…en la mayoría de las circunstancias."

Harry solo escuchó a medias mientras Ron, Neville y luego Parvati explicaban lo que hacían las tres maldiciones y las demostraciones de Moody. La araña muerta resultaba inquietante, la araña torturada le estaba dando flashbacks y la araña bailando claqué resultaba ser ligeramente divertida, pero sobre todo horripilante.

A Harry no le parecía que Neville pareciera estar tan mal como había estado la primera vez que había visto la araña ser torturada, pero aun así estaba realmente pálido y temblando ligeramente. Harry le echó una sonrisa tranquilizadora, que el otro muchacho devolvió débilmente. Enfrentarse a un recordatorio visual del destino de sus padres nunca le resultaría fácil.

"Para que conste", dijo Harry, dado que nadie más se sentía inclinado a romper el incómodo silencio que había caído sobre ellos. "Me gustaría decirle a todos los que pensaban que me estaba inventando que mi Boggart, miedo a la luz verde, era en realidad la Avada Kedavra…ya os lo había dicho."

"Vale", Hermione puso los ojos en blanco. "Porque eres un bastión de la verdad que nunca jamás nos ha dado ninguna razón para dudar de él."

"Me alegra que finalmente te hayas dado cuenta de ello, Hermione", le sonrió con alegría Harry.

"¿Um, Harry?", dijo Ron. "Creo que estaba siendo sarcástica."

Harry suspiró y agitó la cabeza con tristeza. "Has hecho un largo camino en tu búsqueda para identificar correctamente el sarcasmo, pequeño saltamontes, pero todavía te queda un trecho muy largo."

Ron parpadeó hacia Harry estúpidamente. "…¿Acabas de llamarme saltamontes?"

"Oh, no importa…"

"¡ALERTA PERMANENTE!", gritó de improviso Moody. Todos menos Harry –que ya lo había experimentado con anterioridad –saltaron medio metro. "Ya veis, si un simple grito causa una reacción tan extrema, entonces no estáis preparados para nada para la guerra."

"Pero…estamos en paz", señaló Lavender vacilante.

Moody sonrió a sabiendas."Siempre estamos en paz…hasta que estalla la guerra. El Lado Oscuro raramente avisa por anticipado antes de atacar."

Sabiamente, Harry convirtió su risa ante la referencia, muy probablemente inadvertida, a la Guerra de las Galaxias en un ataque de tos, pero aun así Moody lo miró sospechosamente. Pero claro, teniendo en cuenta que este era Moody y Harry estaba ocultando algo, más le valía irse acostumbrando.

La clase terminó sin que Moody les lanzase la Imperius. Ya que Moody había confirmado que la iba a usar con ellos, Harry no podía discernir si es que estaba cabreado de que Harry , tal y como Neville muy acertadamente había dicho, le había 'robado la atención' o si es que la explicación sobre las Imperdonables era una lección diferente del práctico.

Ya que Neville todavía parecía sentirse mal y Harry sabía exactamente por qué pero Neville no quería que la gente lo supiera, Harry sugirió que se dirigieran al exterior y que pasaran muy relajadamente el resto de la tarde junto al lago.


Esa noche, Harry, Ron y Neville se pusieron por fin a hacer esos deberes extras de Adivinación que Ron les había conseguido. Ron y Neville estaban inventándose cosas sin orden ni concierto pero Harry le estaba dedicando un buen esfuerzo…o al menos eso pensaba.

"Harry, has puesto 'Seré acosado por la estupidez de la población general' cuatro veces este mes", señaló Ron.

"¿De verdad?", dijo Harry levemente. "¿Solo cuatro veces? Este debe ser entonces un buen mes."

"Se supone que no debes repetir destinos", le recordó Neville.

"Oh, la Profesora Trelawney lo entenderá", dijo Harry alegremente. "Ya sabes, ella tiene el mismo problema con la Adivinación."

"¿Llevas aquí cuatro años y todavía te sorprende que nadie pueda ir al paso de tu locura?", Neville parecía incrédulo. "Bueno…excepto Luna, claro."

Harry se encogió de hombros. "Aparentemente. O eso es en lo que insiste mi cicatriz, y a estas alturas ya se que no debo dudar de ella."

"Oye, ¿qué están haciendo Fred y George?", preguntó Ron, completamente aburrido con la tarea. Harry no pensaba que a Ron le tomaría tanto tiempo terminarla si se dejara de hacerlo todo de un modo tan épico. Si el mes de Ron se hacía MAS trágico, entonces su profesora muy bien podría decidir que Ron era el estudiante de su año destinado a morir joven que por alguna razón a ella se le había pasado por estar bajo la sombra de Harry –como era habitual. Ron, supersticioso como era, probablemente la creería y tendrían que soportar semanas y meses de él lamentando su destino hasta que muy bien pudiera morir…estrangulado hasta la muerte por sus airados amigos.

Harry les echó una mirada a los gemelos, que parecían estar conspirando. "Supongo que están planeando su futuro negocio. Interrúmpelos a tu propio riesgo."

"No gracias, estoy bien aquí", dijo Ron con rapidez.

Neville resopló. "¡Finalmente, demuestra tener instintos de supervivencia!"

"Se justo", soltó Harry. "Ha vivido con ellos toda su vida. Son más instintos de gemelos que otra cosa."

"Cierto", estuvo de acuerdo Neville solemnemente.

"¡Hey!", protestó Ron.

"¡Ya he terminado!", anunció Hermione entrando a saltitos a la Sala Común. Le echó un vistazo al trabajo de Ron. "Parece que vas a ahogarte dos veces."

"Entonces es una buena cosa que Dean sea un salvavidas certificado", dijo Ron con amabilidad. "Aun así…uno pensaría que iba a aprender después de la primera vez…"

"¿No crees que es un poco obvio que te has inventado esto?", preguntó Hermione.

"Vaya con los juicios, Hermione", resopló Harry. "Solo porque no aguantaras un año en la clase no significa que debas desestimar a aquellos de nosotros con verdadero talento."

Harmione le fulminó con la mirada. "Según tu propia admisión, no tienes ningún talento en esa clase."

"Ron sí", contestó Harry.

"Entonces, Hermione, ¿qué hay en la caja?", preguntó Neville con rapidez, previniendo un argumento a toda escala.

"Curioso que lo preguntes", dijo Hermione, mirando fijamente a Harry. Le quitó la tapa y reveló la horriblemente familiar visión de unas cincuenta insignias a multicolores del PEDDO. Solo que no decían PEDDO, obviamente, dado que Harry lo había registrado. Debería haber sabido mejor que esperar que solo con eso fuese capaz de detener la cruzada de Hermione a favor de los Elfos Domésticos.

"¿PIE?", preguntó Ron, confuso.

"Por la Independencia Elfica", sonrió de alegría Hermione. "¿Os gusta?"

"Hermione, nadie se va a tomar en serio a una organización llamada PIE", dijo Neville con franqueza.

"No es 'pie', es P-I-E", le corrigió Hermione.

"Sí, no le va a importar a nadie", le dijo Harry. "Es más fácil decir simplemente 'pie'."

A Harry no le importaba de verdad qué programa había preparado Hermione, y se pensó que siempre podía sacarle un resumen a Neville más tarde.

"Entonces…¿os unís?", Hermione parecía tan esperanzada que Harry casi dice que sí. Entonces se acordó de lo molesto que había sido el PEDDO y de lo loca e idealista que habían vuelto a Hermione todo el tema de los derechos de los Elfos Domésticos.

"¿Puedo limitarme a hacer una donación?", preguntó Harry en su lugar.

Hermione parpadeó. "¿Una donación? ¿Por qué?"

"Ahorro de impuestos", dijo simplemente Harry.

Ron gimió. "¿OTRA VEZ con lo del ahorro de impuestos? ¿Es que estás obsesionado o qué?"

"¡Por supuesto que no!", negó Harry, muy afrontado. "Pero teniendo en cuenta que soy el único de nosotros que tiene que pagar impuestos, soy el único que entiende que cada pequeña parte cuenta. Si soy un miembro no puedo sacar una deducción del PIE porque entonces parecería que es en mi propio interés."

"Podrías limitarte a contratar a alguien que te haga los impuestos", señaló Hermione. "Es lo que hacen mis padres."

"Ah", sonrió Harry. "Podría. Pero yo soy mejor a la hora de encontrar lagunas."

"Estoy seguro de que sí", dijo Neville distraídamente. "Entonces, ¿qué requeriría de nosotros el ser miembros del 'pie'? Porque yo trazo la línea con la venta de tartas."

Hermione asintió. "Es justo. ¿Qué te parece hacer punto?"


Enseguida llegó la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras que Harry estaba deseando: la oportunidad ser supuestamente inmune a la Maldición Imperius al primer intento. Claro, en realidad le había costado cuatro intentos, pero eso no sonaba tan bien.

"¿Eso no es ilegal?", protestó Hermione. "Podría haber jurado que alguien dijo que era un billete solo de ida a Azkabán."

"Las Leyes Mágicas no se aplican realmente a Dumbledore", explicó Harry. "Es decir, ¿qué van a hacer? ¿ARRESTARLE?", bufó Harry, recordando la vez que el Ministerio había intentado hacer exactamente eso. "Buena suerte."

"Mientras que yo no iría tan lejos", dijo Moody con neutralidad. "Es cierto que nadie suele mirar atentamente todas las minucias de Dumbledore."

"¿MINUCIAS?", Hermione no se lo podía creer. "Esto no son minucias, es una maldición que aparentemente está al mismo nivel que el torturar a alguien brutalmente y que matar a alguien y no podemos-"

"Además", la interrumpió Moody. "Si alguien no desea hacer esta clase, la puerta está por ahí. Simplemente no os sorprendáis si un Mago Oscuro la usa con vosotros y os encontráis completa y totalmente desprevenidos e indefensos. Los Mortífagos no son los únicos en usarla, ya sabéis. En ocasiones es usada para una maldad menos obvia en conjunción con un Obliviate."

Tragando saliva, Hermione se quedó sentada.

Harry miró impasible como sus compañeros de clase acababan todos incapaces de defenderse de los efectos de la Maldición Imperius. Los actos que estaban realizando –imitar a una ardilla, saltar por la clase cantando el himno nacional, realizar unos complicados ejercicios gimnásticos, etc – en sí mismos eran bastante entretenidos. La implicación subyacente de que sus amigos y compañeros de clase estarían completamente indefensos ante un Mago Oscuro o incluso solo ante un mago de moralidad dudosa, eso ya no resultaba entretenido. Finalmente fue el turno de Harry.

Moody levantó su varita y la apuntó en la dirección general de Harry. "Imperio."

Harry notó los efectos de la maldición, por supuesto, esa sensación de dicha y de estar flotando. Aun así, a lo largo de los años había estado bajo ella tantas veces – de hecho, tras la Segunda Guerra el entrenamiento de Aurores exigía ser puesto bajo la Imperius hasta que uno pudiera deshacerse de ella con éxito, y Harry había estado bajo ella unas cuantas veces solo para probar que todavía podía hacerlo – que ya casi ni notaba los efectos.

Salta sobre el escritorio.

Harry suspiró teatralmente. "Sabes, lo haría, de verdad que sí. De hecho, en circunstancias normales creo que sería un gran homenaje a 'El Club de los Poetas Muertos'. Pero, no puedo –por una cuestión de principios –obedecer ninguna orden recibida mientras esté bajo la Maldición Imperius. No sería correcto."

"¿Significa eso que Harry está luchando contra la Maldición?", se preguntó Hermione.

"Quizás es solo que Moody se está poniendo creativo", sugirió Ron.

"POR SUPUESTO que Harry se las ha arreglado para ser inmune", gimió Neville. "¿Alguien está realmente sorprendido?"

Nadie dijo nada.

"Impresionante, muy impresionante. Hasta ayer, honestamente podía decir que nunca había visto a nadie tan resistente a la Maldición Imperius", dijo Moody pensativamente.

"¿Qué pasó ayer?", preguntó Seamus.

Moody sonrió. "Ayer tuve a los Ravenclaws de tercer año y una Señorita Luna Lovegood ni siquiera se dio cuenta de que le había puesto la maldición."

"Eso suena correcto", dijo Dean.

"Estoy tan orgulloso", dijo afectadamente Harry. "Luna es grande."

"Esto es todo el tiempo que tenemos por hoy", anunció Moody. "Incluso aunque nadie excepto Potter se las ha arreglado para vencer la Imperius a la primera, el uso repetido desarrolla una resistencia natural, así que si alguien quiere trabajar conmigo para crearse una resistencia, que se quede después de la clase y nos haremos un horario."

No hace falta decirlo, Harry se fue solo a cenar.