Todos los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto
Capítulo 38 – Comienza el ataque final
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Esa mañana, el sol brillaba con fuerza en lo alto del cielo sobre la ciudad oculta en la arena. Las calles estaban atestadas de gente, los shinobis de las delegaciones visitantes coordinaban con sus líderes la agenda del día, y las autoridades de la ciudad dirigían a sus subordinados para que todo estuviera en orden. Si, luego de más de un mes de larga espera, el tan ansiado día de la ceremonia de ascenso a Kazekage por fin había llegado.
Y no podía haber llegado en peor momento.
Lleno de preocupaciones, Gaara salió de la mansión a la hora indicada luego de convencerse a sí mismo que estaba haciendo lo correcto, y se reunió con los miembros del Concejo y otras personalidades importantes de la ciudad, para ir a los nuevos campos de entrenamiento de Suna. En silencio, pudo percibir como todos discutían a su alrededor e insistían en repetirle una y otra vez lo que debía decir y hacer cuando fuera su turno, pero él no les hizo caso. Su mente estaba en otra parte...
Su mente estaba concentrada en Ino.
La noche anterior, Ino había sido secuestrada. Desapareció de forma misteriosa y sin dejar rastro, y por más que la buscaron por toda la ciudad, no pudieron dar con ella. Solo lograron capturar a un espía, que al final terminó siendo parte de una trampa dejada por el enemigo para descubrir que tan importante era la rubia de Konoha para el futuro Kazekage.
Y él cayó en la trampa como un idiota.
Si, tal y como le había dicho el espía, habían atrapado a Ino para verlo sufrir. Para ver sufrir al niño que quería ser Kazekage. Y él hizo exactamente lo que el enemigo esperaba que hiciera, demostrando suficientes emociones como para confirmarle lo importante que la kunoichi era para él. Y esa fue su perdición. Ahora el enemigo sabía lo valiosa que era Ino, y la iban a usar cuando fuera el momento indicado…
Lo que seguramente iban a ser durante la ceremonia de ascenso a Kazekage.
Días atrás, habían llegado a la conclusión de que el enemigo iba a atacar Suna en el preciso momento en que Gaara fuera nombrado como Kazekage. Y ahora que tenían a Ino con ellos, lo más lógico era pensar que la iban a sacar en plena batalla como carta de triunfo. Por eso mismo, Gaara debía estar ahí. Debía estar en la ceremonia y esperar a que el enemigo mostrara su verdadero rostro. Solo en ese momento podría encararlo frente a frente, y le exigiría que le devuelva a Ino.
Por las buenas, o por las malas…
De pronto, el shinobi se detuvo al llegar a una casa con amplias ventanas, y se quedó mirando su reflejo por largos segundos. Vestido con el traje de Kazekage, se veía increíblemente parecido a su padre, y eso no le agradaba. No quería parecerse a alguien que le había hecho sufrir tanto. Pero eso era algo que no podía evitar.
Sacudió la cabeza en un intento por despejar su mente, y de pronto el tatuaje que llevaba en la frente quedó al descubierto. Amor. Años atrás, se había grabado ese kanji en el rostro para decirles a todos que solo él podía amarse a sí mismo; pero con el tiempo había descubierto que eso no era cierto. No solo había descubierto que él no era el único que podía amarlo, había visto que él también podía amar a alguien más…
Ella se lo había demostrado.
Y no iba a permitir que nadie le hiciera daño.
Obligandose a reaccionar, desvió la mirada de su propio reflejo y luego siguió caminando. Pocos minutos después, llegó a su destino…
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En medio de la oscuridad, Ino abrió los ojos con pesadez y luego levantó la cabeza con lentitud, intentando hacer memoria de lo que había ocurrido. Un fuerte dolor de cabeza la invadió repentinamente, acompañado de fuertes espasmos a la altura de la nuca y hombros que la obligaron a agachar la cabeza nuevamente. Se tardó varios segundos en notar que no podía masajearse los hombros porque que tenía los los brazos atados tras la espalda, y que eso solo podía significar una cosa…
—¿Hay alguien ahí? —preguntó con dificultad.
Una voz femenina se alzó repentinamente para contestar:
—¿Ino-san? ¿Está bien?
La rubia se tardó unos segundos en reconocer la voz que acababa de hablarle.
—¿Matsuri? ¿Dónde estás?
—A su… a tu lado derecho—contestó la menor, dejando de lado el tratamiento respetuoso que solía tener con los demás—ambas hemos sido…
—Secuestradas.
Aún aturdida por el dolor, Ino cerró los ojos e hizo un esfuerzo por concentrarse y analizar los hechos. Lo último que recordaba, era que iba caminando hacia la mansión, cuando de pronto un shinobi la detuvo para decirle que había llegado una carta para ella de Konoha. Estaba por seguir al shinobi para ir a recogerla, cuando de pronto notó que Matsuri seguía espiándola y…
Sí, ella se había hartado de ser espiada por Matsuri y había decidido ir a encararla, cuando de pronto… todo se puso negro.
—Tú…—dijo de repente, acusando a la castaña con molestia—tú me estabas siguiendo. Me estabas espiando…
—Ino-san, yo… no tengo nada que ver en esto, se lo juro—respondió con temor a las acusaciones de la de Konoha, recuperando el tratamiento de respeto que había perdido segundos atrás.
—Pero me estabas espiando.
La de Suna negó nuevamente ante las acusaciones, y luego se quedó en silencio por varios segundos. Ino supo en el acto que debía usar las palabras adecuadas para hacer hablar a la alumna de Gaara si quería obtener una respuesta de ella.
—Necesito saber quién te mandó espiarme. Eso podrá ayudarnos en este momento.
—Pero… yo… no la estaba espiando. Yo solo…
—Matsuri, te recuerdo que la especialidad de mi equipo es el espionaje, y sé reconocer perfectamente cuando alguien me está espiando.
—Es que….
—Mira, ambas estamos en un serio problema. En este momento, necesitamos trabajar juntas.
La de Suna se quedó en silencio por varios instantes, analizando su situación. En efecto, tanto Ino como ella estaban en serios problemas, y en una situación como esa sabía que ambas debían ayudarse la una a la otra si querían salir con vida. Sin embargo, su deber como kunoichi de Suna le impedía revelar el motivo del porqué la estaba espiando. Era un código de honor que no podía romper, ni siquiera para salvar su propia vida.
—No puedo decirle la verdad, lo siento.
Ino maldijo al ver que Matsuri insistía en no contarle la verdad. Diablos, ¿Cómo puede ocultarme información cuando sabe que ambas estamos en serios aprietos? ¿Qué acaso no quiere que salgamos de aquí?
"No puedo decirle la verdad, lo siento."
Un momento…
De pronto, la rubia levantó la cabeza y se quedó paralizada por varios ante un pensamiento que le llegó a la mente. Sí, ahora todo tenía sentido. Si lo analizaba detenidamente, debía haber un buen motivo para que Matsuri no quisiera revelar el motivo por el que la estaba siguiendo. Es más, esas últimas palabras que le había dicho habían sido definitivamente las palabras de una kunoichi de Suna, y eso solo podía significar una cosa: Matsuri la estaba espiando como parte de una misión. Ahora la pregunta era, ¿Quién le había dado semejante misión?
En esos momentos, Suna no tenía Kazekage. A demás Gaara no haría algo así. Solo existía una entidad con la suficiente autoridad como para enviar a una kunoichi a una misión de ese tipo, y con el suficiente poder como para hacer que ésta no quisiera revelar su nombre: El Concejo…
Lo que la llevaba a la siguiente pregunta. ¿Qué carajo quería el Concejo de Suna con ella?
Aún con mil dudas en su mente, desvió el rostro hacia el costado y suspiró. Si se trataba del Concejo, no iba a haber forma de hacer confesar a Matsuri. A demás, el Concejo no podía estar detrás de su secuestro. Ellos no debían tener motivos para secuestrarlas ni a ella y nia a Matsuri, más aún cuando Ino era una kunoichi de Konoha con quien ellos tenían una alianza, y la castaña era una kunoichi de su propia nación.
Otra persona debía estar tras su secuestro…
—Bien, ya que no vas a decirme nada sobre quien te mandó seguirme, pasemos al siguiente punto. Dime todo lo que recuerdes de anoche. Yo solo recuerdo que cuando te encontré, me estabas mirando como si hubieras visto un fantasma…
Matsuri asintió con la cabeza, aún cuando Ino no podía verla.
—Es que… el shinobi que ayer se acercó para hablarle sobre la carta de Konoha… yo… me di cuenta que no era de Suna. Nosotros no enviamos a shinobis para que avisen a la gente que tienen correo. Ese… no es el procedimiento habitual.
—Y yo caí en la trampa—como una completa idiota…
—Sí.
Ino se sintió como una estúpida en ese momento. ¿Cómo no lo pensó antes?
—Bien, luego de que el tipo ese me golpeó, ¿Qué más sucedió? —preguntó, buscando encontrar alguna pista que pudiera servirles de ayuda. Matsuri respiró hondo y comenzó a hablar.
—Bueno, luego de dejarla inconsciente, el shinobi fue tras mí. Yo traté de escapar para pedir refuerzos pero me atrapó. Después de eso me vendó los ojos y no pude ver nada hasta llegar a este sitio.
—¿Y tienes alguna idea de donde podamos estar?
—No. Pero… sé que no estamos lejos de Suna. Lo sé porque no tardamos mucho en llegar aquí.
Apenas la gennin terminó de hablar, Ino miró con sigilo los alrededores y luego se puso a analizar el lugar. Si realmente estaban tan cerca de Suna como decía, debería al menos poder reconocer el lugar donde se encontraba ya que había recorrido la ciudad entera y los alredores por lo menos unas diez veces en los últimos días. Sin embargo, por más que lo intentaba no podía ni siquiera imaginar en qué sitio se encontraba.
Confundida, intentó moverse aún sobre la silla a la que estaba atada para ver si aflojaba las cuerdas que la tenía en las manos, pero no logró mucho. Terminó dando un par de saltos que levantaron una pequeña capa de arena, que luego sintió cubrir sus pies. La arena estaba fría. Helada. A decir verdad, todo el ambiente se sentía bastante fresco, aunque seguía sintiendose tan seco como de costumbre.
A demás el sitio estaba increíblemente oscuro. Apenas si podía distinguir vagas siluetas a su alrededor. ¿Cómo podía el enemigo ver en tanta oscuridad?
¿O acaso ellos serán los famos hombres "topo"?
Mierda…
—Matsuri, dime, ¿Ha venido alguien a interrogarte? ¿O a mí? ¿Sabes si hay alguien cerca?
La gennin se concentró por unos instantes antes de contestar.
—Vinieron algunas personas cuando llegamos, pero desde entonces no he visto a nadie.
—Dime, ¿Vistes si tenían por casualidad…—Ino estaba por decir algo, cuando de pronto una voz masculina bastante profunda se alzó sobre las de ambas menores.
—Vaya, así que ya despertó la bella durmiente.
En el acto, Ino levantó la cabeza y tragó saliva. Aún en medio de la oscuridad, pudo distinguir una enorme figura parada frente a ella, una que se movía demasiado bien como para tener problemas con la oscuridad del ambiente, y que con su sola presencia podía intimidar hasta al más rudo de los shinobis de su aldea.
Una que no logró intimidar en nada a Ino.
—Dime, ¿Qué es lo que quieres de mí?
La sombra rió con fuerza antes de contestar:
—Vaya, vaya. Tienes agallas para hablarme en ese tono, niñita.
—Y tú tienes agallas para haber secuestrado a una kunoichi de Konoha sin pensar en las consecuencias.
La sombra de pronto dejó de reír ante el comentario de la rubia.
—Konoha… pronto nos encargaremos de esa ciudad. Luego de tomar posesión de Suna, Konoha será el siguiente punto en mi agenda.
Apenas en enemigo habló, Ino se quedó helada. ¿Acaso… estaban frente a la mente tras los ataques a Suna? ¿Estaban en la guarida del enemigo?
—¿Y qué te hace pensar que podrás tomar posesión de Suna? —cuestionó la rubia, intentando imprimirle seguridad en el tono de su voz.
El enemigo rió.
—En cuanto el jinchuriki vea que no tiene otra opción, tendrá que renunciar al cargo de Kazekage. Y en ese momento… yo entraré.
Esta vez, quien se animó a hablar fue Matsuri.
—Gaara-sensei no haría algo así.
—Lo hará.
—¿Y cómo puedes estar tan seguro? —preguntó Ino.
—Lo hará cuando vea que es la única forma de mantenerte con vida.
—¿Y qué te hace pensar que hará algo así solo por mantenerme con vida? ¿Crees que Gaara sacrificaría a todo su pueblo por una simple kunoichi como yo?
—¿Y qué te hace pensar que el niño ése sacrificará a la única persona que le ha dado tanto en menos de un mes, por todo un pueblo que le dio la espalda durante toda su vida?
Ino abrió la boca y quiso contestar, pero no pudo. ¿En verdad Gaara haría algo así? Se pregunto de repente. ¿Cómo reaccionaría si le ponían en frente el salvar a su pueblo, o salvarla a ella? ¿Acaso la escogería a ella? ¿O a su pueblo?
Con un demonio, ¿Cuánto dolor le podría causar semejante decisión?
No, no podía permitir que algo así ocurriera.
Debía escapar cuanto antes y por sus propios medios, a como de lugar…
—Será mejor que descanses, niña. En unos minutos, saldremos a dar un pequeño paseo.
Apenas el varón terminó de hablar, Ino agachó la cabeza y comenzó a sollozar en forma desconsolada, como si todo estuviese perdido. Permaneció en ese estado por varios minutos… hasta que sintió que la puerta de la habitación donde estaban se cerraba con fuerza frente suyo. En cuanto el varón se fue, la rubia detuvo los sollosos de golpe y levantó la cabeza repentinamente. Una sutil y maliciosa sonrisa se formó en su rostro.
Si el tipo ése decía que quería dar un paseo con ella, lo iban a dar. Pero ella lo iba a hacer como una persona libre…
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Apenas llegaron al estrado que habían levantado para la ceremonia, los miembros del Concejo y las demás personalidades importantes se ubicaron en sus posiciones y miraron con seriedad al público presente. Gaara cerró los ojos y respiró hondo antes de subir los escalones que lo llevarían hasta su ubicación, sin poder evitar sentirse incómodo. Odiaba tener que estar a la vista de todos, y que todos lo miraran. Odiaba ser mirado…
Odiaba no poder ir a buscar a Ino.
En cuanto llegó a su sitio, se sentó en una silla en medio del Concejo y miró a la gente que se había reunido en el lugar. Tal y como se había imaginado, las personas aún lo miraba como a un bicho raro, como a un monstruo. De seguro no estaban contentos con la idea de que su futuro líder fuera un jinchuriki, menos aún uno que durante años se había dedicado a matar por diversión. ¿Por qué entonces estaban ahí presentes? Seguramente era solo por curiosidad, para ver el espectáculo en el que estaba a punto de convertirse… por el resto de su vida.
Maldición, ¿Por qué tenía que estar ahí en vez de ir por Ino?
Miró con curiosidad hacia el grupo de Konoha y frunció el ceño al ver que Shikamaru y Chouji se encontraban entre los presentes. Si, ellos también estaban obligados a estar ahí para no despertar sospechas, lo mismo con sus hermanos. Los únicos que podían en ese preciso momento continuar con la búsqueda de Ino, eran los del grupo que Konoha envió como apoyo para investigar a los guerrilleros, el grupo liderado por Hyuuga Neji. Pero si con ocho personas no pudieron lograr nada en toda una noche, ¿Qué podrían hacer solo cuatro de ellos?
¿Podrán encontrar a Ino?
Los pensamientos del shinobi fueron interrumpidos repentinamente en el momento que el líder del Concejo se levantó de su asiento y tomó la palabra. Un largo y tedioso discurso estaba por dar inicio…
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En ese mismo momento, y cerca a la muralla que protegía la ciudad, el grupo de Konoha que aún quedaba libre estaba revisando la zona en busca de algun punto que les pudiera servir para salir de la ciudad. Habían recorrido Suna en forma separada durante horas, pero en cuanto comenzó la ceremonia principal decidieron reunirse en un solo grupo. El ataque final estaba por dar inicio, y Neji no estaba dispuesto a perder de vista a ninguno de los miembros de su equipo.
Estaban en silencio espiando una parte de la muralla que parecía estar descubierta, y sonrieron al ver que uno de los grupos de vigilancia descendía de la muralla para comer algo.
—Es nuestra oportunidad.
En el acto, el Hyuuga dio la orden, y uno por uno los de Konoha corrieron hacia el exterior. En cuanto llegaron al desierto, se miraron satisfechos y pronto se dirigieron a la zona que habían marcado en el mapa que daba directo con las poblaciones de vándalos que habían considerado como posibles guerrilleros. Esa iba a ser la parte más delicada del plan.
Y la más peligrosa.
Una vez ubicados en sus posiciones, Hinata activó su Byakugan y miró al suelo con seriedad. Neji a su lado hizo lo mismo y ambos comenzaron a peinar la zona con detenimiento. Kiba fue tras ellos con su sentido del olfato agudizado al máximo, listo para percibir el olor de cualquier ente con vida que escapase de la vista prodigiosa de los Hyuuga, y Tenten miraba a los alrededores con todos sus sentidos alerta, lista para proteger a sus compañeros en caso fuera necesario.
Estaban todos concentrados en su misión, cuando de pronto Kiba se quedó estático mirando hacia un punto a lo lejos del desierto, mientras las aletas de su nariz se ensanchaban y ajustaban con demasiada rapidez. En cuanto Hinata y Neji miraron hacia el lugar donde apuntaba el Inuzuka, ambos se quedaron estáticos.
Tenten supo en el acto que algo andaba mal.
—¿Qué sucede? —preguntó. La respuesta que obtuvo no le agradó en lo absoluto.
—Debemos regresar a Suna. Ahora—ordenó con fuerza el Hyuuga.
En el acto, los cuatro shinobis se dieron la vuelta y retomaron el camino hacia la ciudad.
Tenten miró a su compañero por el rabillo del ojo pero no dijo nada. Por la forma en que había reaccionado éste, podía estar segura que lo que acababa de ver, era malo. Muy malo…
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Ino apretó los puños con fuerza e intentó por quinta vez en la noche deshacer los nudos que la tenían atada a la espalda. No logró nada. Ni siquiera los aflojó un poco. Solo consiguió lastimarse más las muñecas y agitarse hasta quedarse sin aliento. Y sin aire…
Sí, el aire comenzaba a faltarles. ¿Qué podía significar eso? Simple: eso significaba que estaban en un lugar sin ventanas ni sistema de ventilación. Y el hecho de que el aire comenzara a faltarles solo corroboraba sus sospechas: en efecto, estaba en una construcción bajo tierra, en algún sótano o un tipo de construcción subterránea que no tenía comunicación con el exterior. Y por cómo iban las cosas, de seguro el oxígeno iba a terminarse pronto, así que de seguro pronto las iban a sacar a dar ese famoso "paseo" del que le había hablado el maldito que había secuestrado. Debía liberarse de esas malditas ataduras cuanto antes…
O si no iba a perder la única oportunidad que tenía para escapar.
—¿Pudiste lograr algo?
Matsuri negó como respuesta. Al parecer, ninguna de las dos había hecho logro alguno. Ambas seguían atadas, y hasta el momento, víctimas del peor enemigo que Suna podría tener.
Llena de impotencia, Ino maldijo internamente mientras recordaba las palabras que el tipo que estuvo con ellas minutos atrás le había dicho, sintiéndose impotente ante la situación. Diablos, no quería ser nuevamente una carga para su equipo ni sus amigos. Mucho menos quería ser una carga para Gaara. El solo pensar que podía llegar a ser la culpable del sufrimiento de muchos, en especial de él… la estaba matando. ¿Cómo podía evitarlo?
Molesta, sacudió su larga cabellera por unos instantes y se preparó para pelearse nuevamente con las sogas que la tenían atada a la silla, cuando de pronto un recuerdo le hizo detenerse: Mi cabello…
—Matsuri, necesito que muevas tu silla hasta darme la espalda—dijo en un susurro.
—¿Por qué? —preguntó la castaña.
—¡Tú solo hazlo! —regañó la rubia, pero pronto se detuvo. Era obvio que Matsuri debía saber cuál era su plan, así que lo mejor era explicárselo— Mira, necesito que ambas estemos espalda a espalda. Luego, yo dejaré caer mi silla hacia atrás hasta que sea detenida por la tuya, dejando mi cabeza a la altura de tus manos. Cuando eso ocurra, quiero que busques en mi cabello una pequeña cuchilla que tengo, ¿Entendido?
— Yo…
—Bien. En cuanto tengas mi cuchilla en la mano, yo acomodaré mi silla y luego me acercaré a ti de espadas, para que cortes la soga que me tiene atada.
Matsuri se quedó en silencio por unos segundos antes de contestar.
—Pero… aún si logramos desatarnos, ¿Cómo saldremos? No sabemos cuántos guardias hay haber afuera, y tampoco sabemos dónde estamos.
Ino sonrió para sus adentros antes de contestar.
—Confía en mí. Lo tengo todo calculado.
Sin muchas opciones de donde escoger, la castaña asintió y luego siguió el plan de Ino.
Desde su posición, la rubia sonrió justo antes de colocarse a una distancia prudente de la de Suna, lista para comenzar con su plan…
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Luego de varios minutos bajo el sol, el anciano que había tomado la palabra al iniciar la ceremonia acababa de terminar con el discurso de iniciación. En cuanto éste regresó a su asiento, una joven kunoichi sacó un pergamino que le había sido asignado con anterioridad para su cuidado, y lo entregó al guardia principal del Concejo. Éste lo entregó al lídel del grupo de ancianos, y todos comenzaron a firmar el documento en forma silenciosa.
Luego de eso, el shinobi recogió el documento y lo llevó en forma respetuosa a los altos dignatarios del País del Viento que se habían hecho presentes en la ceremonia, esperando su aprobación. Usualmente, los jéfes del País del Viento eran consultados con anticipación cada vez que se nombraba un nuevo Kazekage, y eran ellos los que daban su aprobación final. En esta ocasión se había hecho exactamente lo mismo y todos habían estado de acuerdo con que Gaara fuera el nuevo Kazekage. Su firma en el documento solo era una ratificación del hecho.
Luego de contar con la aprobación de todos los involucrados, el jefe del grupo de ancianos con más poder en Suna se levantó de su silla y recogió el pergamino, para luego llevarlo hasta donde estaba Gaara. Su firma era la última que faltaba.
En cuanto el manipulador de la arena tuvo el documento frente a sus ojos, lo miró en silencio por varios segundos. Ese documento significaba una serie de compromisos que debía estar dispuesto a asumir como Kazekage, una de ellas, era su compromiso total para defender la ciudad oculta en la arena, incluso cuando eso significase el tener que dar su propia vida por el bien de los demás. ¿Estaba dispuesto a aceptar tal responsabilidad? ¿Proteger con su vida una ciudad llena de gente que lo odiaba tanto?
Sí, lo iba a hacer.
Respiró profundo un par de veces más, y cogió la pluma que yacía frente suyo y la humedeció con la tinta líquida. Luego, la llevó con lentitud hacia el papel en sus manos, y con cierto recelo comenzó a escribir uno a uno los kanjis que representaban su nombre. Estaba firmando su propio destino.
Apenas terminó, levantó la pluma y luego miró hacia el frente. La gente ahora parecía estar más alegre, como si… estuvieran felices. ¿Acaso iban a comenzar a aceptarlo así de la nada?
En cuanto se lo indicó el líder del Concejo, el menor se levantó y luego rodeó la mesa que estaba colocada frente suyo, hasta llegar al borde del atrio que daba directo con el público. Era hora de hablar…
Sí, debia hablarle al público. No era necesario dar todo un discurso de mil palabras, bastaba con que dijera solo unas cuantas. Solo tenía que decir que estaba contento con asumir el cargo de Kazekage, que iba a poner su mayor esfuerzo para hacer bien las cosas, que iba a luchar por el interes de Suna, y que los iba a proteger de cuanta amenaza osara oscurecer el futuro de su aldea, incluso si tenía que dar su vida a cambio.
Mirando fíjamente al público, Gaara respiró hondo nuevamente y estaba por hablar, cuando de pronto algo le detuvo.
De pronto, el tiempo pareció correr con lentitud al momento que sintió como si una fuerza extraña se ubicara justo debajo de la masa de gente frente suyo, absorviendo todo el ruido a su alrededor hasta dejar mudo el ambiente.
Lo siguiente que supo, era que su discurso iba a tener que esperar para después.
Era hora de demostrar con hechos, lo que estaba dispuesto a hacer como Kazekage…
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Luego de varios infructuosos minutos de esfuerzo, Matsuri logró sacar la cuchilla que Ino llevaba escondida en el cabello. Si, luego de que Gaara le dijera en alguna ocasión que no parecía una kunoichi porque no cargaba ningún arma consigo, había adoptado la extraña costumbre de esconder una pequeña cuchilla en el moño de su largo cabello dorado. ¿Quién iba a pensar que podría terminar siendo tan util?
Apenas la castaña tuvo la cuchilla en la mano, Ino volvió a acomodar su silla hasta quedar derecha, y luego se acercó en silencio a la silla de Matsuri. Sus años de entrenamiento como espía le estaban sirviendo de maravillas para poder ejecutar tantos movimientos sin hacer ruido.
En cuanto la castaña liberó sus ataduras, Ino se levantó y luego le hizo una seña a ésta. Después, caminó a tientas hasta llegar al lugar de donde vio llegar a la sombra que había hablado con ella minutos atrás. En efecto, ahí había una puerta.
Cuando estuvo lista, ejecutó un movimiento de sellos con bastante rapidez, y luego esperó.
En el exterior, dos guardias se encontraban vigilando la entrada de la habitación en donde tenían capturadas a las kunoichis, cuando de pronto sintieron el ruido de una de las sillas callendo al suelo. En el acto, se levantaron y entraron a investigar.
El primero que entró maldijo al ver que la kunoichi rubia se había caído al suelo con todo y su silla.
—¿Qué rayos crees que haces, rubia tonta? —gritó, para luego caminar hacia la silla de Ino para levantarla nuevamente.
Grave error.
El shinobi apenas acababa de dar un par de pasos hacia adelante, cuando de pronto un golpe fuerte a la altura de la nuca lo dejó en estado de inconsciencia total.
—¿Qué carajo…
Apenas cayó el primer shinobi, el segundo entró listo para atacar, pero terminó recibiendo una sorpresa que no esperaba.
Antes de poder reaccionar, un par de piernas se entrelazaron a las suyas, haciéndolo tropezar hasta caer al suelo. Cuando quiso levantarse, pudo sentir como un cuerpo pequeño y liviano se posicionaba sobre él, con el rostro muy cerca al suyo y las manos entre ambos, formando un círculo.
Unas palabras pronto inundaron el ambiente.
—Shintenshin no jutsu.
Y en ese momento, Ino tomó el control de la situación.
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Fin del capítulo.
Capítulo 38 arriba!
Bien, el ataque final ha comenzado. Gaara ahora deberá demostrar que vale como Kazekage y que en verdad puede proteger a la ciudad de cualquier amenaza. En cuanto a Ino, ahora tendrá su momento para brillar, digamos que no como una experta en combate, pero sí como una estratega con mucha astucia e inteligencia. Así me la imagino, espero que a todos les guste.
Y si, Ino no va a ser la damisela en peligro ni nada por el estilo. Claro, tampoco va a ser la heroína del momento ni la que va a salvar a Suna ella solita porque eso tampoco nadie se lo cree, pero les aseguro que ella va a quedar bien.
Dos capis más y esto se acaba (Aunque conmigo eso nunca se sabe, prefiero no prometer nada). Espero que el capítulo les haya gustado, y que tengan paciencia en esperarme a que suba el siguiente capítulo, que de hecho tendrá más acción que éste.
Ahora, quiero agradecer enormemente a la lectora "Pilar" por su apoyo en este fic. Ella ha sido mi review 444 y no quería dejar pasar la oportunidad de mencionarlo, ya que no lo hice antes con el 333 ni el 222 ni el 111. A demás, debo admitir que estoy contenta de que haya sido ella porque es una lectora que siempre me lee y que lamentablemente nunca le he podido contestar ya que no está inscrita en fanfiction (O sea que tampoco le llegan los alerts ni nada, pero igual me lee). Las que están inscritas saben que tengo como costumbre agradecer contestando a los reviews, (tal que a alguna le haya asustado ver en su bandeja de entreda mensajes míos), pero a las que leen y no están inscritas nunca tengo oportunidad de contestarles. Quiero aprovechas la oportunidad tb para agradecerle tanto a ella, como a las demás lectoras que pasan por acá y que dejan reviews como invitadas.
Y a las inscritas, gracias tb por dejar sus reviews y por los consejos que me dan. Voy a tomar en cuenta un par de ellos para los siguientes capítulos.
Saludos a todos, y como siempre, gracias por leer.
