¡HOLA! He vuelto…

Después del estrés de tener que dar exámenes (y leer millones de páginas para ellos) y presentar trabajos que parecían interminables, me tomé unos días de descanso, dormí todo lo que pude y continué con el capítulo. Espero de todo corazón que les guste.

Con respecto al capítulo que van a leer, pues, creo que ya les he dicho esta es la versión corregida de un fic sobre Artemis que estaba publicado en otro foro y este es uno de los puntos en común que ambas versiones tienen. Claro que en la primera fui bastante descuidada y no le dí la importancia que tenía. Ahora espero estar haciéndolo mejor.

Cris: A tus tres preguntas directamente.

Sé como deben ir avanzando los capítulos y hasta qué punto van a llegar, pero no he decidido el número total. Pero te puedo decir que sé en qué va a acabar todo. El año, el año siguiente y el fic en total. Creo que eso lo he tenido claro siempre… y en parte me muero por escribir esa parte y por mostrárselas, pero… no sé, quiero ir con la corriente.

Me he dado cuenta de que ahora, con todos los chicos de Stormenhand y el equipo de esgrima y la Sociedad Secreta del Salto y Sami y Goldenwand en general, que Artemis se ha habituado bastante a su ambiente y que es uno que tiene cierta sintonía con ella. No es tan seguro o tan cuerdo que digamos… pero… no sé, como que ya se acostumbró y yo ya me acostumbré. Eso es un problema para mí.

Artemis y Saba descubrieron la red de pasillos por casualidad en el capítulo 23, cuando huían de Aristóteles, que tenía la intención de entrar al salón destruido y encontrar a dos alumnos en medio de algo bastante privado, pero ese no era el caso. La cosa es que se corren del fantasma y no lo afrontan porque justo acaba de pasar la pelea de todos los Stormenhand frente al gran lago, donde los descubre Cástor… y ellos no quieren meterse en más problemas porque saben que Gabrián sería capaz de botarlos del colegio.

Ya ta. Espero que las respuestas te satisfagan. Muchas, muchas, muchas gracias por leer. Espero que tu perrita esté mejor…!!! Y que la universidad no te esté dando tantos problemas. Un beso.

Esther! ¿Cómo estás? Antes de cualquier cosa… no entiendo que significa "hacerse el wey" lo pusiste en tu review y yo me reí… pero luego me di cuenta de que no sabía bien que significaba (que vergüenza), tengo una idea, masomenos, que iría con el contexto, pero me gustaría de veritas que me lo explicaras, si es que no es mucha molestia. Y ya. Me alegra alegrarte el día. Un abrazote.

Andreaaaaa!!: Oeeeee! Te extraño!! Pero bueno, pásala bien en tu viaje y diviértete muchooooooo y ven con las energías repuestas para leerme. Sí! Sí! No, mentira. Y ya te dije que Ru no es emoooo!, ahora está más sociable. Ah! El patronus de Sami no es un chancho con alas, es una especie de búho pero como no lo puede manejar bien, no le sale definido, así que es una especie de buho gordo… ¡Buho gordo! Ja! Como el de geometría!... ay, soy tan hilarante.

No entiendo como no te puede caer Greenhouse! Aunque tampoco es un amor, exactamente y a veces de verdad se comporta como un idiota, pero vas a ver q lo vas a terminar adorando. A mi me cae bien y me gusta como suena su nombre completo. Jeeee. Bueno ya. Miles de besos máaaaaaaaaaas!

Ja! Ru is in ya heads!! Jijijijijijijiji. Ojalá que les guste el capítulo. Un besotototote. Yo.


La propuesta de Gamma

Alguien tocó la puerta de mi oficina a las nueve de la noche. Si es que a esto se le puede llamar oficina, también.

Pensé que era Morgana, que venía a recoger el sujetador de pelo que había olvidado, por eso lo llevaba en la mano cuando fui a atender. Pero era Black. Cuando aparecí detrás de la puerta, se quedó mirando el sujetador como si fuera lo más importante que hubiera visto en toda su vida, fija y atentamente. Y yo la miraba a ella: estaba completamente mojada, la corona de la cabeza, el pelo, la cara, la ropa. Hasta sus botas parecían húmedas.

Me hice a un lado para que entrara y encendí una llama de Fuego de Lámpade en una esquina del salón, para que se calentara, pero ella ni se le acercó. En cambio siguió mirando el pasador que tenía en la mano, por un segundo pensé que lo había reconocido, pero luego me di cuenta de que no lo miraba realmente… sino que estaba pensando. No. Estaba haciendo un supremo esfuerzo por quedarse en la oficina y hacía uno mayor todavía por definir algo más.

Su cara me produjo nostalgia.

Y la sensación de haber retrocedido veinte años en el tiempo.

- ¿De donde vienes? Ya casi es el toque de queda-

-De caminar- respondió ella, luego de pensar unos segundos.

Su voz, hasta el día de hoy, me produce mucha curiosidad. En medio de una ronquera, el tono agudo y el grave se pelean para ver quién ejerce la hegemonía. Y mientras eso pasa salen inflexiones tristes de su boca y la voz pareciera que se esfuerza mucho para hacerse paso entre el aire y llegar a su destino.

Pienso que no le gusta hablar y que cada vez que lo hace, se las arregla para ser olvidable.

Ocuparme en su voz me hizo perdonarle la insolencia. De cualquier manera, una llamada de atención habría sido inútil y probablemente hubiera hecho que ella se fuera. Que se desanimara.

Pronto me dio la espalda y empezó a caminar hacia el lado contrario de la oficina, iba en línea recta hacia el Fuego de Lámpade. Me sentí aliviado, pero, como siempre, esa sensación me hizo comprender que había otra por ahí, que ya se había hecho fuerte sin que yo me diera cuenta: estaba ansioso. Finalmente, no estoy seguro de que me interesara que a Black no le diera gripe… porque sabía para qué había llegado hasta mi oficina y que si yo no intercedía en el momento correcto, todo se iba al tacho.

Recordé al profesor Dimber leyendo el libro morado grande que siempre consulta. Recordé sus lentes a la mitad de su nariz y la impresión que tuve de que se parecía a mi abuelo más que nunca. Yo lo miraba por el reflejo de la ventana, esperando, gritando por dentro, derritiéndome de rabia. Pero él no habló, ni me miró por horas y cuando lo hizo, por fin, yo estaba listo para escucharlo.

La sabiduría de Therios (Dimber) es algo que escapa de mi entendimiento y a pesar de que nunca he tenido ambiciones de poseerla, en esos momentos, mientras Artemis caminaba en el salón, dejando charquitos en el piso, deseé saber, como él, cuándo y qué tenía que decirle. Y cómo. Y hasta dónde.

De pronto ella se detuvo. Estaba a medio camino del Fuego de Lámpade.

Se quedó de espaldas. Recuerdo haber pensado que era un hueso duro de roer. Una alumna poco colaborativa en su propio aprendizaje, la peor de mi curso… y me llenaba de ansia imaginar que era todavía más lejana en su vida diaria. Como si no le interesara nada.

-Profesor- empezó ella. Pero no dijo más en minutos durante los cuales nadie se movió de su lugar. Estaba esperando que yo hablara, que me acercara, que facilitara las cosas.

No. Nada iba a ser fácil de ese momento en adelante, más le valía ir acostumbrándose. Creo que ya hablé de eso con ella antes, pero no me daría sorpresa saber que ella lo ha olvidado.

-Usted me dio algo- se dio una vuelta rápida que me tomó completamente por sorpresa, como si fuera a atacarme- ese día, me dio algo- repitió, mirándome fijamente a los ojos.

-No sé de qué hablas-

-Después del bosque. La semana pasada. Antes de despertar aquí. Un comprimido o algo, estoy segura-

-Como te digo, no sé qué estás hablando. No soy sanador y tengo una malísima intuición para los males. La única manera de haber podido hacer eso es haber tenido idea de lo que estaba pasando. Y no la tengo, ¿o sí?-

Abrió los ojos con miedo. Me miró duramente por un largo rato.

-No sé- dijo, al cabo- ¿la tiene?-

Mi respuesta no fue la misma. Cuando Dimber me empezó a confrontar no respondí igual que Black.

Me quedé en blanco.

Ella me seguía mirando fijo a los ojos, casi sin pestañear, como si estuviera compitiendo conmigo. Fue cuando supe que no se iba a ir y que podía tranquilizarme, sin perderle la atención. Me crucé de brazos y ella se dio la vuelta.

Antes de que me diera cuenta, ya estaba en el otro extremo del salón. Había sacado su varita y apuntaba al Fuego de Lámpade. Con un solo movimiento lo desapareció y con otro hizo aparecer una llama de fuego común. Inmediatamente después de miró y mientras lo hacía, acercó su mano izquierda al fuego.

Black está loca.

-Au- dijo, cuando la quitó inmediatamente, por el calor.

Y eso debió significar algo importante, porque me quedó mirando con los ojos muy abiertos.

Sabía que me había querido mostrar algo, pero no tenía idea de qué.

-Me quemo- dijo ella, al cabo.

-Porque es fuego-

-No. No. Usted no entiende…-

Tengo suposiciones en la cabeza, Black. Sólo suposiciones. No entiendo. ¿Cómo hizo Therios? El no supo lo que yo tenía hasta que se lo dije… y aún así me pareció que él lo sabía absolutamente todo. Black no tiene esa idea de mi… la podía perder.

No podía estar tranquilo.

- ¿Tiene que ver con la razón por la que me pediste que te atacara?- le pregunté.

Ella reaccionó bruscamente. Alejó su cara para mirarme con extrañeza, pero conforme fueron pasando los segundos, sus ojos se hicieron más y más chiquitos. Lo estaba recordando. Era natural, no esperaba que estuviera consiente de todo lo que le pasó esa noche.

Igual se quedó quieta. Pensé que la había cargado.

- ¿Fue usted?-

-Sí-

- ¿Me vio?-

-Sí-

- ¿Todo el tiempo?-

Asentí.

Y Black se quebró como la cáscara de un huevo.

Me gustaría no volver a ver esa expresión nunca más.

- ¿Le ha dicho a alguien?-

-No-

Sus ojos dejaron de enfocarme y se perdieron en ella durante unos minutos. Casi podía escucharla pensar. El profesor Dimber debió haber sentido lo mismo. No es una sensación placentera.

-Entonces usted me recogió… y luego me dio algo-

-Tienes que explicarme eso con más claridad, Artemis-

-Algo para reanimarme- soltó ella. Le estaba costando demasiado. ¿Tendría que hablar yo? ¿Tendría que dejarla hablar?

- ¿Por qué crees que te he dado algo para reanimarte?-

-Porque me reanimé rápido-

Eso es. Estamos llegando a donde quiero.

Va a costarnos, pero vamos a llegar. Eso debí decirte.

- ¿Rápido? ¿Comparado con qué?-

-Usted me ha dado algo, profesor. Sólo quiero que me diga qué-

-No sé qué responderte… pude haberte dado Té de Tilo-

-No, profesor. Algo más… algo que me hizo… usted lo ha visto, ha visto el fuego. Y me vio ese día. Usted sabe de lo que estoy hablando. Sabe que tengo migrañas. Sabe que las migrañas me hacen vomitar. Sabe, profesor y… porque sabe, me dio algo. Necesito que me diga qué es…-

¿Cuándo empecé a seguirle la pista a Black? Creo que hace un año.

Le di la espalda y fui hasta mi escritorio. Todo mi cuerpo estaba temblando. Black podía irse. Estaba aterrorizado. Ni siquiera sabía bien por qué lo estaba haciendo.

Una chica pálida y callada que es la peor alumna que uno puede tener en Transformaciones, un cero a la izquierda y a la derecha. No busca atención y como consecuencia nadie se la da. Pero de pronto se mete en un problema. Mala conducta. Pólux me pide que le hable y que le tenga un ojo encima, "después de todo tú eras el que mejor controlaba a mi hermano cuando le venía la regla y no se quedaba quieto. Black es una buena chica, como él."

Un ojo sobre Black no advierte nada sobre ella, pero un par de ellos, atentos… puede que tampoco. Tiene una máscara perfecta y al amigo más adecuado cuando se quiere pasar desapercibido.

¿Cuándo empecé a sospechar de ella?


-Profesor- llamó Artemis. Gamma apenas levantó la cabeza- si no puede decirme el nombre de lo que me dio… ¿podría al menos decirme qué contiene? Porque… no… no he sido lo que debía ser en estos días-

Gamma negó educadamente, casi sin mirarla. Artemis se estremeció en su lugar.

-Pero… ¿a qué te refieres con eso de que no has sido tú misma en estas semanas?-

-Cosas-

-¿Tu migraña ha empeorado?-

-No, no es eso. Nada de lo que usted me ha dado ha tenido que ver con mis migrañas, porque…- Artemis dejó de hablar y al segundo retomó- para eso tengo el medicamento que me da Miss Grapehhod-

- ¿Has tenido algún otro tipo de afección física?… ¿cómo vas con tus vómitos?-

Artemis balbuceó, pero no respondió nada finalmente. Gamma asintió y ella asintió a su vez.

-Usted sabe-

Gamma volvió a asentir.

-Usted me vio-

-Claramente-

Artemis asintió una vez más y le dio la espalda. Se acomodó la capa sobre los hombros, que había caído ligeramente hacia un costado por todos los movimientos bruscos que había estado haciendo y se dirigió a la puerta.

- ¿Le va a decir a alguien?- preguntó antes de irse.

-A nadie-

-Profesor- llamó nuevamente.

Gamma se había distraído jugando con un pasador de cabello. Cuando levantó la mirada hacia Artemis, notó que tenía tres cosas oscuras en la mano. Chicas y alargadas.

- ¿Pepas de aceituna?- preguntó.

Ella no respondió, pero le indicó con la mirada que le prestara atención a la palma de su mano que sostenía las pepas.

Soy una carga para Saba. Yo misma traje a las Lámpades a Stormenhand.

Las pepas empezaron a moverse aunque la palma de la mano de Artemis estuviera tan inmóvil como la de una estatua. Temblaron, empezaron a chocar entre ellas con fuerza y unos segundos después, empezaron a levitar, dando vueltas, elevándose y estrellándose contra su palma.

Artemis y Gamma se miraron.

Las pepas dejaron de levitar. Artemis las guardó en su bolsillo.

-Usted me vio explotar- admitió ella, segundos después.

-Sí. ¿Esto es resultado de lo que pasó?-

-Sí-

- ¿Desde cuándo puedes hacerlo?-

Artemis sonrió de medio labio.

-No es que pueda. Es como con las explosiones: son cosas que pasan y que odio que pasen, pero no puedo hacer nada. Por eso le pedí que me atacara-

- ¿Habías planeado pedirle a alguien que te atacara?-

-No-

-Pero querías estar inconsciente-

Artemis asintió.

-Aunque ese no sea el problema- admitió, sintiendo que su boca se movía y el aire pasaba por su garganta antes de que pudiera detenerlo- aunque estar así durante el aniversario aliviaría por lo menos la mitad. El dolor más intenso. Pero no las náuseas de antes, ni los dolores de cabeza, ni… por eso le digo que usted me ha dado algo. Después de cada aniversario yo duermo días enteros y no siento nada-

Gamma sacó de su bolsillo un saquito de cuero, muy parecido al que Artemis usaba para guardar sus aceitunas. De ese saco extrajo tres comprimidos cuadrados, como terrones grandes de azúcar, sólo que grises. Los colocó sobre la palma de su mano y la extendió hacia Artemis, para que pudiera verlos más de cerca.

-Esencia de beleño, para calmar el dolor, sangre de algún dragón del sur, inhibidora por naturaleza, un par de hierbas relajantes de músculos, unas cuantas más que son, digamos, revitalizantes y azúcar en polvo- recitó.

Artemis miró las pastillitas anonadada. Con seguridad eran las que Gamma le había dado cuando la encontró después del aniversario. Sólo una contenía tantas cosas… y podía ser tan efectiva.

-Hechas por Miss Grapehood a la medida de mis necesidades- terminó Gamma.

Artemis miró a su profesor con los ojos abiertísimos.

El hecho de haber botado casi todos sus recuerdos de ese año hizo que Artemis sintiera aún más próximos los hechos del pasado. Hechos a los que ella nunca les había dado importancia, imágenes, retazos que aparecían en los huecos dejados por las conversaciones con Saba que ella había tratado de olvidar.

Había visto a Gamma antes, de noche. Más de una vez. En la Isla de Stormenhand.

Además, Gamma siempre tenía migrañas.

Las tres pastillas en la mano del profesor empezaron a levitar suavemente. Una a una se elevaron hasta casi llegar al techo del salón-oficina y luego bajaron a gran velocidad hasta la palma de Gamma y de ahí, una por una, en fila ordenada, se metieron al saquito de cuero del profesor.

-Me temo- dijo Gamma unos segundos después- que no es lo que piensas. Pero creo que tenemos muchas cosas en común-

-Lo he visto en la Isla de Stormenhand- soltó Artemis- llevando maderos-

- ¿Me has visto?-

Artemis asintió.

- ¿Alguien más lo ha hecho?-

- ¿No deberían hacerlo…?-

Gamma asintió y se amarró el cabello con el pasador de pelo que tenía en la mano.

-Eres perspicaz… aunque no tanto como deberías. De lo contrario ya sabrías que lo que hago una noche cada dos es ir a la Fortaleza de Stormenhand a entrenarme-

- ¿Por qué?-

-Porque estas cosas no se controlan sólo con el paso del tiempo-

-No. ¿Por qué me está diciendo todo esto?-

-Creo que ya lo has entendido-

-No-

-Artemis…-

-No, profesor-

-Esto te va a seguir pasando, lo quieras o no. Una vez cada año ¿verdad?- Gamma esperó hasta que Artemis asintiera para continuar- ¿y tu plan es esperar a que llegue el día que has calculado?- su voz era suave, dura y directa- dime, ¿te has resignado a pasar meses de todos los años de tu vida aquejada por esos dolores?-

Artemis no atinaba a responder algo. Ni siquiera a pensar algo.

-Es doloroso y es extraño… y te vuelve extraña, pero ignorándolo no vas a llegar a ninguna parte. Tienes que trabajarlo. Tienes que controlarlo. Tienes que hacer que eso se pase a tu lado-

-No quiero-

-Ya deberías estar familiarizada con lo que tienes. Ya no deberías sentir miedo-

-No tengo miedo-

- ¿Entonces?-

-No quiero. No sé que sentirá usted, pero yo no quiero sentir eso siempre. Prefiero aguantar aniversarios. Ya me las arreglaré. Tampoco soy idiota. Lo siento. Pero no lo soy. Tenía un plan que falló, pero el año siguiente no será así. Y el siguiente tampoco-

-Tienes razón. Tienes toda la razón. Perdón por querer…-

-No hay por qué- cortó Artemis- y no se preocupe, su secreto está a salvo conmigo-

-Gracias-

-Buenas noches-

Artemis casi se abalanzó sobre la puerta del salón oficina, a la vez que se echaba la capucha sobre la cabeza.

- ¡Black!- llamó Gamma- el pase-

Cierto. Cierto. Necesitaba un pase libre para que los delegados no la molestaran en su regreso a la Isla.

Se dio media vuelta para recogerlo.

- ¿Tú sabes del Salto, no?- le preguntó el profesor Gamma casualmente, mientras buscaba el papelito plastificado en su escritorio.

Artemis asintió.

-Sí. Los Stormenhand son recibidos. Los he visto… ¿Sabes lo que pasó este año con el Salto? El accidente, quiero decir-

Artemis volvió a asentir.

-Oí que no fue culpa de nadie- dijo, rápidamente.

-Sé que no fue culpa de nadie, por eso dije accidente. Aunque la profesora Ater tiene un poco de responsabilidad previa…-

-Ella no hizo nada-

-No en el momento. Bueno, salvó a sus alumnos. Pero era parte de su responsabilidad familiarizarse con la naturaleza misma del Salto y no lo hizo como debía. ¡Ah! Aquí estaba, toma- Gamma le estiró el pase a Artemis.

Ella lo recogió con desconfianza.

-Ya puedes retirarte, se va a hacer más tarde ¿Black?-

- ¿La han juzgado por eso?- preguntó Artemis- no es justo-

-Estás familiarizada con la naturaleza misma del Salto, ¿no es verdad?-

Artemis asintió.

-Superficialmente- agregó.

-Así que… sabes lo que pasó ese día-

Artemis volvió a asentir.

-El cuerpo de la profesora Ater debería estar acostumbrándose, ¿verdad? Después de todo ya lleva una serie de años haciendo lo que hace ¿O no?-

¿O no? Nunca lo había pensando. Sin embargo, Artemis oyó, desde el momento casi del accidente, que los profesores acusaban a su cuerpo de no estar listo para soportar tanto poder. Ella supuso que era por joven. Todos supusieron que Ursa Ater era demasiado joven como para lidiar con un poder tan grande como el del Centro. ¿Y si era al revés?

-Y sin embargo, falló ¿se te ocurre por qué?-

-No-

-Bueno. En ese caso no importa, ya pasó. Buenas noches, Artemis-

Gamma le estiró la mano para despedirse. Era una mano enorme con los dedos gruesos y largos… y arrugados, cuarteados, como las manos de una persona mayor.

Esas manos no podían ser suyas, él no tenía más de…

¿Cuál era la edad de Gamma? Jamás se habían molestado en preguntársela y ni siquiera se habían tomado el tiempo de adivinarla. Podía ser cualquier número desde 30 hasta 60… aproximadamente. Tenía la postura de una persona joven, no tanto como los profesores Altair pero tampoco como de Viper. Su rostro era de joven, su cabello atado en una cola de caballo desordenada le daba un aire todavía más fresco… pero sus ojos… las marcas al lado de su nariz y las arrugas en sus labios… Y sus manos.

Ah.

Gamma no le había hablado de la profesora Ater para ganar tiempo mientras buscaba el pase.

- ¿Lo entiendes ahora?-

Artemis asintió.

-No estoy tratando de asustarte. Pero tanto mi cuerpo como el de la profesora Ater están envejeciendo de una manera que no tiene nada que ver con el paso de los años. Nos estamos debilitando. Estos dolores de cabeza no son migrañas aleatorias y tú y yo sabemos que no son producto del estrés. Los comprimidos y las pociones son paliatorios momentáneos-

- ¿Voy a envejecer yo también?-

-Estás dejando que tu cuerpo sea víctima del aniversario sin hacer nada por él. No puedes esperar que no haya consecuencias. Yo sé que no es tu responsabilidad, que no es justo-

-No es-

-Es verdad, hay gente que se la lleva más fácil, pero qué puedes hacer tú-

- ¿Qué puedo hacer?-

-Dejar que te ayude-

Ya va a acabar mayo y no le hablo a Saba desde la quincena. Hice que me cuidara, que se encargara de cada cosa que no podía hacer, que dejara de hacer lo que quería, de ver a la gente que quería. Dejé que se preocupara por mí nada más. Y no dije nada. Y no hice nada. No le dije que ya no tenía que hacerlo, aunque no hubiera tenido que hacerlo. Porque tenía que hacerlo. Y soy culpable de que las Lámpades hayan llegado a la Isla, de que Gabrián tenga un nuevo motivo para hacer sentir mal a la profesora Ater.

¿Dejar que me ayude?

¿Va a doler menos todos los años si me ayuda?

¿Y qué tal Saba? ¿Voy a dejar de molestarlo?

Artemis asintió.

-Este es el tipo de compromiso, Black, que necesita que de verdad te comprometas- advirtió Gamma, seriamente.

-Está bien-

-Bien. Ven a mi oficina el viernes después de tu práctica de esgrima-

Artemis volvió a asentir.


-Buenos días, Artemis ¿has dormido bien?-

Artemis asintió.

-Se nota-

El lunes por la mañana, a las 6 para ser exactos, todos los miembros del equipo de esgrima se reunieron frente al gimnasio por órdenes de Gerard Greenhouse, el capitán, quien había decidido el viernes anterior que el equipo que iría a los Juegos no estaba lo suficientemente apto físicamente como para ganar, así que para arreglar eso empezarían a correr todas las mañanas dejando una, hasta nuevo aviso. Y no sólo los que iban a los Juegos, no, porque Greenhouse siempre decía que el equipo de esgrima completo era como una mano. Y no podía esperar que toda la mano se volviera más fuerte si sólo ejercitaba tres dedos.

Felizmente era una mañana bonita, aunque no hubiera terminado de aclarar. A Artemis le daba la impresión de que iba a ser un día bastante fresco e iluminado, a pesar de que hubiera llovido toda la noche y que aún estuvieran cayendo gotas chiquitas y delgadas de agua, casi imperceptibles.

Hacía frío, pero estaba bien.

-Estás de buen humor ¿no?- preguntó Ghana nuevamente.

Artemis prefirió hacer como si no hubiera escuchado y Ghana no se ofendió porque justo en ese momento Lupo Munin se les acercó, con claras intenciones de hablar con ella.

-Hola Lupo, buenos días- saludó Ghana.

-Hola Gha-

Ga-mma.

¿Debería pensar sobre Gamma? Pero sentía que ya lo tenía todo calculado. Él sabía algo de ella, ella sabía algo de él, si le decía a alguien, entonces ella también le diría a alguien. No. Gamma no le diría a nadie, no después de cómo la había tratado.

Iría el viernes a su oficina después de la práctica de esgrima. Antes de eso, no pensaría más en el asunto.

-Dicen que Greenhouse nos ha preparado un circuito que incluye nadar en el Lago de Stormenhand- escuchó Artemis.

Y cuando se dio cuenta de lo que estaba a su alrededor, notó que, de pronto, Ghana y ella estaban inmersas en el grupo.

- ¿Está loco? El Lago está lleno de kelpies- comentó Mista Sinding, la chica del cabello corto al ras.

-Como si no conocieras al capitán- comentó Zar Simon.

-Es obvio que es una mentira- calló Alea Brown, una Stormenhand que era de las mejores del equipo.

- ¿Por qué?-

-Porque es una estupidez- comentó Lupo Munin.

- ¿Qué es una estupidez?- preguntó Gerard Greenhouse, desde fuera del círculo.

-Que nos hayas citado aquí a las 6 de la mañana y tú te aparezcas a las 6:20- respondió Tea Fenonte, una de las Stormenhand que había estado en el Pre-Torneo. Las malas lenguas decían que ella y Greenhouse se llevaban demasiado bien como para ser sólo amigos.

-Estaba haciendo labores de capitán- admitió Greenhouse- a ver… ¿al menos han ido calentando? ¿No? Bueno… cinco minutos para calentar van a ser suficientes, acuérdense que solo vamos a correr. Nomás correr, nadar en el lago con los kelpies lo dejo para el próximo año. Ya. Cinco minutos y empezamos. Me siguen-

Media hora después de haber empezado a correr, Artemis pensó que por suerte había dormido bien, porque Greenhouse los tenía atrapados en un paso rápido y constante. Es más, en ese momento, las únicas personas que lo seguían a la misma velocidad eran Lupo Munin, Alea Brown y Bóreas Nash, los demás, que estaban tras un largo trecho de distancia, iban deteniéndose cada vez más, al punto de llegar a caminar realmente rápido, como Tea Fenonte, pero nunca detenerse. No, eso no, porque si lo hacían, Greenhouse le daría una sorpresita a todo el equipo, se los había asegurado antes de empezar.

- ¿Quieres acelerar el paso conmigo?- le preguntó Ghana a Artemis.

Ella asintió y dejó que Ghana la guiara a través de un bulto de gente hasta alejarse considerablemente de ellos, pero a la vez, manteniendo una distancia moderada de los que iban más adelante. Una vez que llegaron a un punto céntrico, Ghana aminoró la velocidad.

- ¡Vamos Gha! ¡Así nunca vas a alcanzarnos!- le gritó Lupo Munin, volteándose.

Ghana lo saludó con una mano.

Artemis la miró con sorpresa. No iba en el equipo ni un mes y ya Lupo Munin, una de las personas más serias e inalcanzables que Artemis había visto en su vida, y con la que por supuesto no tenía ningún tipo de relación, le decía "Gha".

-Es buena persona- dijo Ghana, respondiéndole a la mirada de Artemis- nos conocemos porque el capitán le dijo que me ayudara con unos movimientos que no habíamos visto en clase de esgrima y que ustedes ya manejan a la perfección. Están muy avanzados, debes ser una experta, Artemis-

-No mucho-

Ghana sonrió.

-Estás de mucho mejor humor que antes, ¿no?-

Artemis volteó a verla. Ella tenía la mirada fija al frente, al grupo de chicos que llevaba la delantera y que guiaban a los demás. Y sonreía.

-Es que es como si hubieras estado fuera por como tres semanas- admitió Ghana, minutos después.

Artemis asintió. Desde que escuchó a los profesores Ater y Altair hablando en el bosque de Stormenhand hasta ese momento, no había dejado que nadie la viera. Mucho menos que le hablaran. Se las había arreglado para ser más invisible de lo que ya se consideraba… aunque no había sido muy difícil porque faltó a gran parte de sus clases y se refugió en el Pensadero. Sobre todo por las mañanas, cuando sabía que Sami y Saba no irían.

Ver a los Stormenhand le producía una especie de comezón extraña. En el estómago, pero del tipo que le hacía sentir avergonzada. No quería hablar con ellos, porque no quería verlos a los ojos. Y eso le daba rabia. Por eso fue desgajando su mente recuerdo tras recuerdo, repitiendo meses pasados, bimestres, cursos, intentando buscar el momento en el que sus compañeros de salón habían empezado a ser importantes. No. No se atrevía a aceptar que ellos fueran importantes, porque lo único importante era estar con Saba, Sami, Apollus y su papá. Y tener un buen frasco de aceitunas esperando para cuando ella dejara de hacer esgrima. Nada más, nadie más.

Pero en algún momento, ellos se habían metido en su cabeza. Todos ellos. Los Stormenhand, el Salto, la profesora Ater, la Sociedad Secreta. Todos ellos.

Y ella era un monstruo que les podía hacer daño.

Pero no era eso lo que le molestaba realmente.

-Hemos avanzado un montón- continuó Ghana.

Artemis miró a su alrededor, pero al instante comprendió que ella no se refería a eso.

-Ru tiene talento para estas cosas… liderar, digo- continuó Ghana. Era sorprendente su habilidad para hablar mientras trotaba- Hemos llegado a un punto en el que creo que estamos bien organizados. Bueno, somos pocos, eso facilita las cosas, nos conocemos todos y sabemos qué podemos esperar de cada uno…-

Artemis sabía por dónde iban las cosas. Desde el momento en el que Ghana se le acercó para que corrieran juntas había empezado a sospechar.

- ¿Me están contando como parte de ustedes?- preguntó.

-Ese es el asunto, Artemis. Contamos con todos. Siempre hemos sido un salón bien unido, ¿no?… incluso… tendrías que ver lo mucho que Lila ha cambiado… en fin. Ahora Joshua nos ha hecho esto. Y ni Otto ni Sean ni Hada nos quieren apoyar. Es normal, cada uno tiene sus razones. Y si tú…-

-Pensé que me estaban contando-

- ¿Quieres que te contemos?-

-Sí-

-Ah, que bien- Ghana suspiró y miró a Artemis con tanta emoción que por un segundo pareció que la iba a abrazar- Ru no quería que te preguntara, pero a mi me parecía mal no hacerlo. Bueno…-

- ¡Hace rato están sumergidas en un blablablá único, señoritas!- Gerard Greenhouse apareció frente a la dos de, qué sorpresa, la nada , trotando y con las mejillas rojas- a ver si se callan un rato y tratan de ayudar a los demás a que den un último esfuerzo. Ya vamos a acabar-

El capitán del equipo de esgrima las obligó a casi empujar a los integrantes que se habían quedado rezagados y luego les ordenó que llevaran cargada a Tea Fenonte, que se parecía estar a punto de desmayarse por lo pálida que se había puesto.

- ¡Somos una mano, Black, una mano!- exclamó, cuando Artemis resopló después de su orden- ¡todos vamos al gimnasio!-

- ¿Lo quieres matar, no?- preguntó Tea Fenonte, cuando Artemis la tomó por los pies para llevarla.

-Sí-

-No eres la única, créeme-

Y no fue difícil comprobarlo porque todos los miembros del equipo de esgrima gruñían furiosamente y sin molestarse en ser discretos. Claro que los gruñidos se podían confundir fácilmente con resoplidos de cansancio, después de todo, se notaba que la mayoría estaba haciendo lo posible para no desmayarse mientras caminaban. Hasta Lupo Munin y Alea Brown arrastraban los pies.

-Bueno… pasen y sírvanse. Recuerden que tienen que tomar tiempo para bañarse. Ah y sólo pueden llegar quince minutos tarde a sus clases, ya hablé con sus profesores-

Gerard Greenhouse abrió las puertas del gimnasio y descubrió una especie de réplica en pequeño del comedor: dos mesas largas, una llena de comida para el desayuno y la otra llena de todo tipo de bebidas. En los flancos de cada mesa había una pila de platos anchos y al costado de cada uno de ellos, levitando, un juego completo de cubiertos. Y para sentarse, que fue lo que casi hace llorar a Artemis, había dos filas de cojines enormes y mullidos, mirándose, sin una mesa al centro.

Su capitán podía ser un santo cuando se lo proponía. Es más, mientras Artemis corría a las duchas, haciéndose paso entre todos los integrantes del equipo de esgrima que de pronto querían elevar en andas al capitán, intentó, pero jamás recordó que Greenhouse hubiera demostrado tanta humanidad en el tiempo que lo conocía…

-Aceitunas negras, aceitunas verdes, aceitunas rojas encurtidas. ¿Nada más, Black?- le preguntó Greenhouse, mirando mientras ella se servía.

Artemis se echó al plato un sándwich tostado con queso derretido y jamón.

-Ajá. Mucho mejor. Te mereces un desayuno rico, has mantenido un buen ritmo hoy-

Y, a continuación, el capitán hizo algo que la dejó confundida durante segundos enteros: le sonrió. No con sorna ni con superioridad. No. Le sonrió como una persona le sonríe a otra que le cae bien.

Ese día, Artemis descubrió que Gerard Greenhouse era de verdad una persona.

-Está feliz- comentó Alea Brown cuando Greenhouse se fue a seguir molestando a los demás con la comida que se ponían en sus platos, ella se servía un puñado de las aceitunas que Artemis intentaba bloquear con su cuerpo- raro ¿no? -

-Sí-

-Tú eres su suplente ¿no? Sí… te he visto por la Fortaleza. Vas a tener a Gerard encima de ti hasta que acaben los Juegos, pero no es porque no confíe en ti, eh!-

Mientras Artemis asentía y oía a Alea Brown reír, la idea de ser suplente del capitán de esgrima empezó a hacer burbujitas en su panza. NO era la primera vez que lo escuchaba, pero era la primera vez que tenía tiempo para procesarlo. Suplente de Greenhouse. Nombrada por Greenhouse. Eso no era cualquier cosa. Eso era bueno, muy bueno. Se sentía bien.

- ¿Eres suplente de Greenhouse?- preguntó Ghana, apareciéndose por atrás de ella, para coger uno de esos sándwiches de queso y jamón- ¡Eso está muy bien, Artemis!-

-Gracias-

- ¿Desayunarías conmigo?-

Artemis asintió y las dos fueron juntas hasta el par de cojines más alejados y una vez ahí renovaron su conversación.

-Ru y yo hemos estado observando a Joshua- dijo Ghana, tras darle una mordida a su sándwich de jamón y queso- él no recuerda nada de lo que pasó, pero Saba nos dijo que eventualmente lo iba a hacer, porque siempre nos está viendo y además, él sabe lo que le ha dicho a Viper. La verdad es que yo tampoco sé que pasó entre ustedes cuatro y no entiendo muy bien como funcionan los talentos de Saba, pero es seguro que por ahora necesitamos averiguar cómo evitar que Joshua nos vuelva a delatar-

Artemis sonrió. Ru y Ghana eran las peores personas en el mundo para formar una pareja, en lo que fuera. Siempre se habían peleado hasta por el detalle más chiquito, porque cada uno tenía una voz en la cabeza que los obligaba a hacer siempre lo correcto, el problema era que lo que Ru creía que era correcto era lo que Ghana señalaba como incorrecto. Artemis había sido testigo de esa contradicción por años.

-Ha habido unas cuantas peleas… pero estamos en buen camino. Tenemos planes y planes y planes. Planes de acción, de sorpresa, de reserva por si nos falla uno y de reserva por si nos falla el de reserva- Ghana sonrió con pena- es raro hacer planes teniendo como enemigo a un compañero. En fin. Creixell está trabajando sola, ella leva la cuenta de los pasillos que se han cerrado y que se van cerrando, así, cuando los chicos de los encantamientos tengan todo listo, se haga de manera rápida-

-Yo estoy ahí-

-Exacto. Tienes que hablar con Marcus, no es que esté molesto, pero… ya sabes, has faltado dos semanas- Ghana la miró fijamente. Artemis se asustó, su compañera estaba muy seria- tienes que ponerte al corriente lo más rápido que puedas, Artemis. Nos hemos dado cuenta de que si queremos terminar lo que hemos empezado tenemos que tomarnos las cosas en serio. Si fallamos nos pueden expulsar a todos-

- ¿Por qué me dices eso?-

-Porque tienes que saber dentro de qué estás. No es justo que te comprometas y no tengas idea de qué es lo que te espera. Nos hemos metido en algo difícil, pero lo hicimos y ya no podemos dejarlo-

Por un segundo Ghana pareció asustada. Artemis se sorprendió, jamás la había visto así… pero después, tras un suspiro largo, el rostro de su compañera volvió a ser lo que era siempre.

-Trato de no pensar mucho las cosas- admitió, sonriendo- pero a veces es bueno recordarlas. Te dije lo que te dije, además, porque sé que tú no te asustas tan fácil-

Artemis asintió.

- ¿Vamos a verte más seguido, verdad?-

Artemis volvió a asentir y después de eso, no hablaron de nada más.

Cuando terminó el desayuno, Artemis siguió a Ghana hasta el Invernadero. La profesora Hel todavía no llegaba y Artemis aprovechó que todos estaban viendo la imitación que Creixell hacía de la profesora Gabrián, para acomodarse en el lugar más alejado que pudiera y desde ahí buscar a su mejor amigo. No estaba en el grupo de gente que se aguantaba la risa mirando a Creixell y la única persona a un lado (a parte de ella misma) era Greg Easthouse, que pretendía hacerse el desinteresado leyendo un periódico de cabeza.

Saba todavía estaba desayunando, seguro. Con Sami. Artemis pensó que tal vez debió pasar por el comedor para verlos y para que la vieran.

-Mañana tenemos reunión a la una- en algún momento Marcus había llegado hasta donde estaba ella y se había acomodado a su lado- para que puedas almorzar y no te sientas mal- le dijo, mientras sacaba sus cosas de la mochila. Le hablaba sin mirarla y como si estuviera hablando de cualquier otra cosa- ah, tienes que sacar un libro de la biblioteca- Marcus deslizó un pedazo de pergamino bajo la palma de Artemis- y nos encontramos a la espalda del gimnasio-

Artemis asintió.

Todos lanzaron una carcajada. Marcus miró hacia delante sonriendo: Creixell hacía una venia respetuosa, mientras el círculo que la rodeaba le aplaudía.

-Ya vi esa imitación… es la vida- y, con la misma naturalidad con la que había sacado sus cosas, las volvió a meter a su mochila y se alejó.

Saba llegó segundos antes de que llegara la profesora Hel. Y cuando la vio, hizo hacia atrás la cabeza ligeramente, pero sin hacer un gesto que delatara cómo se sentía. Artemis bajó la cabeza… su mejor amigo tenía todo el derecho de estar molesto con ella, pero habría deseado que no lo estuviera.

Al final de la clase se le acercó y le preguntó en voz muy baja si iba a almorzar.

-Sí, pero con Hanna. Ya había hecho planes con ella-

Artemis aceptó el golpe con tranquilidad, repitiendo con vehemencia, como si fuera un mantra, que Saba debía estar con Hanna porque ella no se lo había permitido por mucho tiempo. Él debía pasar tiempo con ella. Él debía pasar tiempo con ella. Y así sucesivamente, hasta que llegaron al claro para la clase de Vuelo.

Artemis se rezagó del grupo que corría a tomar sus escobas y las miró con apatía. A pesar del duchazo con agua caliente, de haberse sentado por más de media hora en los cojines más cómodos del mundo y de haber comido aceitunas hasta atragantarse, no estaba completamente repuesta de esa hora de trote intenso al que su capitán la había sometido. De sólo pensar que tendría que pasar dos horas sobre una escoba, aprendiendo quién sabe qué cosas y volando de un lado para otro la hacían desear enfermarse con su varita para saltarse la clase.

- ¡Artemis! ¡Te estamos esperando!- la llamó el profesor Cástor.

Todos la miraron. Ya estaban trepados en sus escobas y con el pié listo para golpear el pasto y remontar.

-Debe ser mi cuasi-élfica capacidad de percepción la que me dice que estás bien cansada hoy- le dijo el profesor Cástor, en el descanso- ¿o no?-

Artemis asintió pesadamente.

-No me digas… tu capitán los ha hecho correr por la mañana…- Cástor soltó una carcajada cuando Artemis volvió a asentir- ese chico tiene problemas… ni yo hago entrenar tanto a mis chicos. Bueno, no puedo hablar con mi hermano para que semejante masacre no se repita, porque lo más probable es que a él le haya gustado la idea… pero puedo dejarte descansar unos minutos más ¿quieres?-

-Por favor-

-Ya, no hay problema. Por eso soy el gemelo chévere. ¿Alguien más de aquí está en el equipo?-

-Ghana-

-Ya… ¡Ghana! ¡Vente pa'ca!-

Artemis y Ghana se pasaron el resto de la clase suspirando por el profesor Altair, su sonrisa tan amplia y su benevolencia casi santa.

Una vez que acabó la clase, Artemis dejó su escoba y corrió a la puerta del comedor para esperar a Sami, pero su mejor amiga no se apareció nunca. Tal vez la habían mandado a hacer algo que los delegados hacían y por eso no iba a tener tiempo para comer.

No tenía mucha hambre de cualquier manera, así que aprovechó las tres horas que tenía de descanso para dormir un poco, antes de la clase de Encantamientos Ocultos con el profesor Dimber.

….

El primer cosquilleo de la semana le llegó a Artemis el martes, justo quince minutos después de que terminara la clase de Artes Oscuras, con la profesora Gabrián. Estaba en la biblioteca, pidiendo el libro que Marcus le había encargado el día anterior y pensando en qué iba a decirle a su mejor amigo cuando lo viera… de pronto, mientras barajaba palabras para disculparse, un cosquilleo en la punta de sus dedos le llamó la atención. Miró a los lados, sólo para confirmar que nadie le estaba prestando atención y se pegó a la mesa del bibliotecario, que había ido a buscarle el libro.

El cosquilleo se hizo más intenso de un momento a otro y Artemis guardó sus manos en los bolsillos. Se puso de puntitas, intentando localizar al bibliotecario, pero este no estaba por ninguna parte. La biblioteca no podía ser tan grande y el libro que ella había ordenado era bastante básico… ¿hasta dónde?

No. ¿Hasta cuándo?

Le empezaron a cosquillear las palmas de las manos y segundos después las de los pies. El bibliotecario no llegaba, pero no podía irse sin el libro porque de verdad quería participar en esa sesión de magia clandestina con Marcus y con Saba. Tenía que respirar profundo e intentar calmarse, después de todo no parecía ser una expulsión tan fuerte, porque sus manos todavía no se le dormían… y además no sentía las hormigas en ningún otro lugar.

-Aquí está- el bibliotecario puso el libro sobre su mesa- "Defensa es el Mejor Ata--"

-Gracias- Artemis lo tomó rápidamente y salió corriendo de la enfermería directamente hasta el salón destruido.

Se detuvo unas puertas antes para asegurarse de que ningún delegado sospechara de ella por verla corriendo y caminó con toda la calma que sus manos y sus pies llenos de cosquillas le permitieron. Los pocos transeúntes no la miraban y ella ya deslizaba su cuerpo por la pared para girar rápidamente el picaporte y entrar al salón y desahogarse.

Giró, se deslizó una vez más y se quedó quieta como una estatua.

- ¿Quién mierda…? ¡Black!-

Yo no vi nada. Yo no vi nada. Yo no vi nada. Yo no vi nada. Yo no vi nada.

Artemis se quedó quieta y muda mirando fijamente un espacio entre Hada y Otto, que segundos antes se habían estado besando. Intensamente.

Yo no vi nada.

- ¿Artemis?- preguntó Hada, pasándose el dorso de la mano por la boca- eh…- estaba notablemente nerviosa- hola…-

Yo no vi nada.

-Así que ustedes…- empezó Artemis, cuando le pareció que si no decía nada, Otto y Hada empezarían a besarse de nuevo- así que ustedes-

-Sí. Pero no le puedes contar a nadie- dijo Otto. Hada asintió. Los dos estaban tomados de la mano.

-Ya- aceptó Artemis.

De pronto, las hormigas que se habían quedado suspendidas por la sorpresa, volvieron al ataque, con más fuerza.

-Pero tienen que irse- agregó.

- ¿Qué?- preguntó Otto, sonriendo- ¿qué has dicho?-

-Tienen que irse-

-No, tú tienes que irte… nosotros llegamos primero-

-Pero este es mi salón-

Otto soltó una carcajada, Artemis tembló en su lugar. Las hormigas habían entumecido sus pulgares.

-No veo tu nombre por ninguna parte- continuó Otto- así que por favor, Black, vete-

- ¡No!-

¡No, maldita sea! Tenía que quedarse ahí, cerrar la puerta con llave y desahogarse lo más rápido posible porque tenía que encontrarse con Saba y con Marcus y le quedaba poco más de media hora.

- ¡Nosotros llegamos primero!- se quejó el pelirrojo- ¡sé justa!-

-Pero pueden ir a…-

- ¡Ja! Ya sabía que las voces se me hacían conocidas-

- ¡Creixell!- exclamó Hada, saltando sobre su sitio.

Creixell acababa de entrar al salón. Justo lo que Artemis necesitaba, más gente.

- ¿Otto, Hada y Artemis? Bonita combinación… ¿qué hacen aquí?-

- ¿Qué haces tú aquí?- preguntó Otto de vuelta.

-Acompaño a Ghana a hacer una de sus rondas. ¡Ja! Te cancelé enano, ahora te toca-

-Bueno, Hada y yo—

-Se están yendo- cortó Artemis.

- ¡No es verdad! Nosotros estuvimos aquí desde antes. ¡Tú nos viste!-

- ¡No hay manera! ¡Ustedes…!- Creixell bajó la mirada justo hasta las manos de Hada y Otto, que estaban unidas- ¡¡Ghaaaa!! ¡Ghaaaaaaaa!- chilló.

Ghana llegó en segundos y con la varita en alto.

- ¿Qué? ¿Qué pasa?- preguntó, tomando aire.

-Hada y Otto están agarrados de las manos- dijo Creixell, sin respirar.

Artemis estaba lista para desmayar a todos. O sacarlos a patadas del salón destruido. Las hormigas le habían empezado a entumecer el dedo índice y el meñique y Creixell no se le ocurría nada mejor que esparcir chisme…

-No me vuelvas a hacer eso, Creixell, pensé que te había pasado algo- la retó Ghana- ¿también has llamado así a Artemis?-

-No, ella ya estaba aquí-

-Sí, pero no primero- aumentó Otto, mirando seriamente a Artemis- por eso es ella la que se tiene que ir-

- ¿Se han estado besuqueando aquí desde hace rato?- preguntó Creixell- indecentones-

Artemis gruñó. Jamás iban a dejar de hablar. Miró con rabia a Otto por última vez y salió del salón corriendo.

No tenía idea de a dónde iba a meterse. Maldito Otto y maldita Hada. Podían haberse metido en cualquier otro lugar para besuquearse. Maldita sea… ya casi no sentía sus manos por todas las hormigas que las recorrían furiosas, intentando salir. Si seguía así de rápido no iba a llegar ni siquiera a fueras del Castillo Joven… tenía que buscar algún pasillo secreto, probar con alguna de las antiguas entradas para poder desahogarse con tranquilidad.

El cuadro del kelpie de ojos morados. Artemis apuntó solapadamente y susurró el encantamiento, pero nada pasó. Puerta cerrada. Corrió a otra, en el mismo pasillo, la recordaba, tras el retrato en cuerpo entero de un centauro… nada. Y nada detrás del siguiente y nada en el pasillo contiguo. Viper estaba haciendo bien su trabajo.

Tenía que parar. Buscar una esquina desierta o dejar sus cosas en ese lugar y meterse a un salón cualquiera, bajo riesgo de que los delegados la descubrieran por el ruido que harían las carpetas y demás cosas al moverse. Pero antes probaría con un agujero más, el que estaba detrás de la armadura de la mujer Stormenhand de la trenza grande, del que Saba y ella siempre salían cuando tomaban los pasillos desde la Fortaleza para no llegar tarde a clase de Gamma. Nada.

- ¡Mierda!-

De pronto vio una puerta abriéndose a unos metros de la armadura. Y una mano vieja sostenía el picaporte.

Artemis se abalanzó sobre la entrada.

-Tira tus cosas a un lado y vete al fondo del salón, no te preocupes por el ruido- le susurró alguien cuando ella entró.

Y le hizo caso a la voz casi mecánicamente. Tiró su morral a un lado y corrió al fondo del salón, buscando un espacio que estuviera masomenos vacío. No le gustaba cuando las cosas sonaban, la ponían nerviosa, casi tan nerviosa como cuando se escuchaba a sí misma vomitar.

Ni bien se arrodilló en una esquina, sintió como si alguien le arrancara ráfagas de viento de las manos. Las hormigas se abrían paso con mucha más facilidad que antes, pero probablemente porque hubieran agarrado la costumbre, no porque el asunto fuera más sencillo. Artemis todavía sentía a cada una de ellas traspasando su piel…

Sus pies empezaron a dolerle. Artemis se sentó a prisa, como pudo se quitó las botas… y se estremeció. Las hormigas salían por sus pies, por las plantas, por los dedos, por las uñas, atravesando sus medias gruesas para chocarse contra la pared. Era horrible. Jamás habían hecho eso.

Cuando las hormigas terminaron de atravesarla y sus manos y sus pies ya no estuvieron entumecidos, Artemis se acostó sobre el piso, exhausta.

-Asumo que vamos a hablar de esto el viernes- dijo alguien, desde la puerta.

-Sí, profesor Gamma-

-Bien. ¿Te sientes bien?-

-Mejor que antes. ¿Tiene hora?-

-Cinco para la una-

Artemis se levantó de golpe y corrió a una de las carpetas de adelante, que no habían sido volcadas por su viento, para ponerse las botas. Mientras lo hacía, vio de reojo a Gamma, que no la estaba mirando y que tampoco tenía la vista vaga sobre algún punto en el cielo, sino que estaba sentado en la carpeta del profesor, corrigiendo exámenes y muy atento a lo que hacía.

- ¿No tomas nada después de esto?- le preguntó él, cuando Artemis saltó a recoger su morral.

-No ¿debería?-

-No-

Artemis asintió.

-Gracias- le dijo, antes de salir.

El profesor Gamma asintió a su vez.

Ni bien cerró la puerta, Artemis corrió como endiablada para llegar a la una en punto al gimnasio.

Gamma se veía diferente, pensó, mientras esquivaba a la gente, pero igual a siempre. Tenía su cola de caballo y sus arrugas en el lugar correcto, sus ojos estaban fijos en lo que corregía y tal vez por eso no los había sentido tan expresivos como antes, pero no se le quitaba la impresión de que en ese momento, y completamente opuesto al domingo, se trataba de la Gárgola Gamma, como cuando dictaba clase.

¿No se habría metido en algún problema por estar con él?

-Tranquila, no tomamos asistencia- le dijo Marcus, cuando Artemis llegó junto a él.

Se había establecido en la siempre desapercibida espalda del gimnasio, medio oculto entre las matas y los árboles que parecían ser un adelanto de lo que el Bosque de Goldenwand tenía para ofrecer a tan sólo unos metros de distancia.

Había estirado una manta morada en el pasto, sobre la que se había echado. Además de a él, la manta tenía encima un par de libros gruesos y dos cajitas chiquitas, que parecían ser musicales.

Artemis le quiso preguntar para qué era todo eso, pero no tenía el aliento suficiente.

Marcus se sentó y se hizo a un lado.

-Todavía no llega Saba, puedes sentarte si quieres…- le dijo.

-Gracias- y a pesar de haberle dicho eso, prefirió escurrirse por la pared del gimnasio y sentarse de frente en el mismo pasto. Esperaba que eso no molestara a Marcus.

-Bueno… ¿trajiste el libro que te dije?-

Artemis sacó el libro de su morral y se lo ofreció a Marcus.

- ¡Jo! Qué bien… aquí debería estar el toque final del encantamiento de marcado- Marcus levantó la mirada hacia Artemis- Saba y yo hemos descubierto que hay encantamientos que puedes perfeccionar si conoces otros relacionados. Tenemos un par que nos pueden servir para marcar los agujeros, pero no son del todo buenos, porque todavía se ven… no es lo único en lo que hemos estado trabajando, por eso no los hemos perfeccionado antes-

- ¿Han buscado más?-

-Estamos buscando los tres a la vez. No hay tiempo. Yo sé que no hay tiempo y de alguna manera a Ru le parece que hay menos tiempo del que todos tenemos en la cabeza, así que…-

Artemis asintió. Ghana tenía razón. Marcus no estaba molesto con ella, al menos no lo parecía, pero no tenía que estarlo para hacerla sentir culpable. Se había desentendido del resto por dos semanas y de pronto, cuando volvía al ritmo normal, se encontraba con que su salón estaba inmerso en una red organizada de acontecimientos y planes e investigaciones… de pronto, la idea infantil de salvar los pasillos de alguien que no tenía que hacer más que mover la muñeca para expulsarlos, había desarrollado como si se hubiera cocido por años y cada uno de sus compañeros tenía una tarea específica que desempeñaban con mucho esfuerzo. Y decían que no había tiempo.

De pronto tuvo la certeza de que quería estar dentro de esa red. Quería ayudarlos. Quería pensar que no había tiempo. Desafiar a Viper era sólo un efecto colateral.

Artemis le pidió a Marcus que le indicara hasta dónde habían avanzado con los encantamientos y qué era lo que faltaba. Todo había avanzado bastante en el caso del encantamiento para marcar, tenían el lado teórico para los encantamientos que abrirían las puertas (y tenían una lista de encantamientos para ese motivo que variaban en intensidad, porque no sabían qué era lo que Viper había aplicado a sus pasillos), pero no tenían ni la menor idea sobre cómo trabajar con los encantamientos protectores.

Saba llegó a los quince minutos, sonriendo y oliendo a Hanna Marianne. Artemis intentó pasar eso por alto y de cualquier manera, Saba a penas le dirigió la palabra durante toda la sesión. "Pásame el libro, por favor", "ya terminé ¿tú?" y "ese encantamiento no está bien hecho" fueron más o menos las frases de su mejor amigo hacia ella y a penas mirándola.

De cualquier manera, intentar realizar los encantamientos directamente del libro era bastante divertido. Como sus sesiones de magia clandestina con Sami, sólo que Marcus no había tomado expresamente el papel del mentor y no se la pasaba corrigiendo.

Para el final de la hora, Artemis ya se había puesto al corriente con los encantamientos para abrir agujeros y junto con Marcus había descubierto que la manera más obvia de hacer una marca invisible era hacer la marca primero y luego invisibilizarla. Y eso era juego de niños.

-Ya. Uno menos- dijo Marcus, cuando los tres recogían todo- vamos avanzando bien ¡Jo! Vamos avanzando muy bien-

-Oye… Marcus- dijo Saba, cuando iban de camino al salón de Ursa Ater, para Pociones- ¿Ghana ha dicho algo sobre si ha escuchado hablar de los pasillos entre los delegados?-

-No que me acuerde- admitió Marcus- ¿por qué?-

-Ah, porque… una cosa es que Viper esté encima de ellos y otra es que, como encargado de la disciplina, haya informado a todos los profesores y delegados sobre los pasillos. Y no nos estamos poniendo en ese caso-

-Tienes razón… pero Ghana no ha escuchado nada. Tu novia también es delegada, ¿ella ha escuchado?-

-No me ha dicho nada-

-Y también tienes una amiga ruidosa de Valthemoon que es delegada…-

Artemis sonrió.

-Tampoco-

Hacía tiempo que no veía a Sami y probablemente Saba haya estado demasiado ocupado impregnándose el olor de Hanna Marianne en el cuerpo como para haber pasado tiempo con ella, así que esa tarde, después de que terminara la clase de Runas con Viper, alistó sus cosas lo más rápido que pudo y corrió a la entrada de su Torre, para interceptarla e invitarla a cenar.

Pero Sami no llegaba.

Raro, porque su mejor amiga siempre hacía lo mismo: una vez que acababan las clases, iba al baño más cercano, se lavaba la cara y las manos e iba derechito a su Torre. Si tenía mucho que hacer, entonces pasaba por las cocinas de camino y comía en su escritorio, mientras leía o trabajaba. Si no, buscaba a alguien (generalmente a Artemis o Saba) para bajar a cenar. Pero siempre, siempre iba a su Torre primero, incluso antes de ir a la biblioteca.

Vio pasar a Alina Hamal hablando animadamente con Lupo Munin. Los vio entrar a la Torre y los vio salir, diez minutos después. Vio a Bert Falcone y se escondió tras una columna para que él no la mirara. Vio pasar hasta a Morgana Gabrián seguida de Ariel Wingolf Jr., pero Sami no aparecía.

Y los Valthemoon la empezaban a mirar feo.

- ¡Hola! ¡Yo te conozco! Tú eres Artemis ¿no? La amiga de Sami- le dijo una chica de cabello negro que tenía una nariz bastante peculiar, mientras se le acercaba- yo soy Alya, la otra amiga de Sami… no es que tenga dos nada más- Alya empezó a reírse- ¿estás buscando a Sami?-

Artemis asintió. Esa chica la había tomado por sorpresa.

-Ah… no, ella no ha ido a su última clase, está con el señor Edge, creo, haciendo algo de delegados. Le dieron permiso, porsiacaso. Me dijo que se iba, pero no me dijo a que hora regresaba… si quieres la puedes esperar pero ya no creo que venga-

-Ah. Gracias-

-De nada. Oye, Artemis ¿tú eres griega, no?-

- ¿Qué?-

-Sí. Bueno, yo soy griega por parte de mamá. Ella se apellida Soros ¿te suena? Es una familia de magos griegos bien conocida, de Atenas, aunque ahora los abuelos están viviendo en Monenvassia. Ja, ya me perdí… el asunto es que… de verdad pareces griega, sobre todo por la… ya sabes…- se señaló a nariz- el perfil griego no perdona-

Artemis recordó a la chica que le estaba hablando al instante. Era la amiga de Sami que siempre le preguntaba si era o no griega.

-No, no soy griega- respondió Artemis, como había hecho ya mil veces antes.

- ¿Segura? ¿Ni por un lado ni por el otro?-

-No. Mi papá se apellida Black y mi mamá se apellidaba Lupin-

-Ah… qué raro. Seguro debes tener por ahí algún pariente griego…-

-Seguro, seguro-

-Sí. Bueno, no te molesto más… ¿ibas a cenar?-

-No- mintió, sin importarle si era obvio que estaba mintiendo.

-Ah. Bueno. ¡Chau!-

Porsiacaso a esa chica se le ocurrieran más razones por las cuales era griega, Artemis corrió fuera del Castillo Joven y no se detuvo hasta que formó parte de un grueso grupo de chicos de Stormenhand, todos encapuchados, que regresaban a la Isla. No se separó del grupo hasta que llegaron a la sala común de la Fortaleza, quería ver si Saba estaba por alguna parte, pero no había nadie de su año ahí, sólo Hada, Creixell y Ghana, que reían tontamente en voz baja.

Subió a su habitación antes de que ellas la vieran y corrió los doseles inmediatamente. No tenía ganas de hacer tarea, pero quería echarle una hojeada al libro que Marcus le había hecho sacar de la biblioteca antes de que fuera hora de ir a Astrología, en la tarde había visto algo que le había llamado la atención.

- ¿Qué es?-

-No te importa-

- ¿Vas a aprender un nuevo encantamiento por ti misma?-

-No te importa-

-O le vas a pedir ayuda a Sami-

Pedirle ayuda a Sami era la excusa perfecta para que su amiga hiciera un hueco en sus labores de delegada. Sí. Aunque Artemis hubiera prometido, desde el mismo momento en el que Sami le contó que le habían enviado un cordón plateado, que iba a apoyar a Sami en todo lo que ser delegada significaba, porque ese siempre había sido su sueño, porque todos creían que una vez que te volvían delegado, dejabas de ser un Invisible. Se lo había hecho prometer a Saba a patadas. Sami estaba feliz teniendo tantas ocupaciones que a penas le quedaba tiempo para dormir. Pero Artemis de verdad quería verla y pasar tanto tiempo con ella como solían.

Decirle o no a Sami.

No, mejor no.

-Eso es una excusa asquerosa-

-Shhh-


El viernes empezó a llover muy temprano por la mañana. La llegada del invierno era generalmente así, con lluvia progresiva: semanas antes sólo llovía muy entrada la noche y hasta antes del amanecer, pero junio ya estaba empezando y con él las lluvias matutinas y con ellas el frío húmedo de invierno.

A Artemis usualmente eso la hubiera emocionado, pero correr bajo la lluvia, intentando mantener el paso de Greenhouse y sin resbalar, no sólo era casi imposible, sino que odioso. Hasta Ghana se fue de cara contra el pasto un par de veces mientras Greenhouse los molestaba para que avanzaran más rápido. Y no sólo hizo eso, sino que revisó atentamente sus porciones de desayuno y el contenido de ellas. Y no sólo hizo eso, no, sino que le quitó a Artemis tres cuartos de las aceitunas que se había servido. Y, como si no hubiera demostrado que podía ser el peor dolor de culo del mundo con facilidad, los mantuvo en el gimnasio durante veinte minutos más ¿haciendo? Secándose.

-Si alguno de ustedes, sobre todo los que tienen el pelo largo- la mirada de Greenhouse pasó desde Lupo Munin hasta Artemis- se resfría por tarado, esto es, por salir al frío mojados, lo mato. Estamos muy cerca de los Juegos y tenemos un ritmo excelente, no quiero que les pase nada ¿me entienden?-

A Ghana le pareció algo muy dulce. A Artemis le pareció que iba a llegar tarde a la clase de Encantamientos Ocultos pero no lo suficientemente tarde como para pasársela… así que una vez más, Greenhouse la había fastidiado.

-No te preocupes, Dimber nos ha estado haciendo leer durante la primera hora- le dijo Ghana.

Artemis contaba justamente con eso. Con que la hicieran leer sobre su carpeta cómoda y calentita, donde podía acostarse fácilmente, resguardada por las espaldas de sus compañeros y dormir unos minutitos.

-Alguien debería hablar con Pólux- comentó Alesio Lerner.

- ¡Ja!- rió Lupo Munin, sarcásticamente- lo más probable es que Pólux le haya estado dando ideas-

- ¡Ya! Se pueden ir a sus clases. ¡A sus clases!- anunció Greenhouse- ¡A sus clases!- repitió- si me entero que alguno de ustedes ha estado usando esto como excusa para pasarse alguna clase… lo mato-

- ¿Siempre ha sido así de agresivo?- le preguntó Ghana a Artemis, cuando salían del gimnasio.

-Siempre que hay algo importante cerca- admitió Artemis- pero creo que los Juegos lo ponen más tenso-

-Sí… igual, debe tener un montón de presión encima ¿no?-

Artemis se encogió de hombros. Aunque muy en el fondo deseaba que Greenhouse tuviera un Greenhouse que lo persiguiera, estresara, exigiera y le quitara las aceitunas hasta volverlo loco. Lo más probable era que el profesor Pólux le tuviera alta estima y que lo tratara bastante bien, sin embargo. Maldito.

-Oye-

Ghana llamó la atención de Artemis y le señaló el pórtico del Castillo Joven. Una comitiva de alumnos encapuchados bajaba por las pequeñas escaleras de piedra y se dirigía al claro. Tras ellos iba el profesor Dimber.

Las dos chicas corrieron lo más rápido que podían (considerando lo resbaloso del piso y lo agarrotado de sus músculos) para alcanzar al profesor Dimber y explicarle lo que había pasado.

- ¡Ah! Ustedes dos son las chicas por las que Gerard se disculpó… sí. No se preocupen, más bien pónganse en la fila, hoy vamos a tener una clase fuera-

Artemis intentó adivinar cuál de todas esas era la espalda de Saba y se colocó justo detrás. A su lado derecho se puso Ghana, Creixell le había estado guardando sitio.

- ¿Por qué has llegado tan tarde, Gha?- preguntó alguien, tras ellas.

Artemis puso los ojos en blanco.

- ¡Cállate, Elmira! Es muy temprano para que empieces con sus preguntas imbéciles- gruñó Creixell- y no le digas Gha, así sólo le dicen los amigos-

-Porque he tenido que correr en la mañana con los del equipo de esgrima, Lila- respondió Ghana, tranquila- y no te preocupes, también puedes decirme Gha-

"También". Artemis contuvo una risita.

- ¡Aaal – to!- gritó Dimber.

Todos se detuvieron.

Estaban casi a una distancia equidistante del Bosque y del Castillo Viejo, en lo más impactante del claro.

Una mano se alzó inmediatamente.

-Dime Lila-

-Profesor ¿vamos a estar aquí todo el tiempo?- Elmira levantó la cabeza hacia el cielo- no creo que pare de llover pronto-

-Dijo la bruja del tiempo- susurró Creixell.

-Sí, Lila- respondió el profesor Dimber- ¿alguien tiene otra pregunta?- nadie respondió, entonces Dimber continuó- mis chicos, durante el primer trimestres hemos estado trabajando en la parte más teórica del curso, pero es momento de pasar a la práctica. No las prácticas que teníamos en el aula o los pequeños ejercicios de concentración, sino la práctica real. Eso no significa que no volveremos a tener clases adentro, eventualmente necesitarán de un refuerzo teórico, pero ahora, enfoquémonos en esta parte- Dimber les lanzó una mirada seria- ahora, las indicaciones son prácticamente las mismas, concentración en su máximo nivel. Probablemente lo que hagamos ahora les parecerán juegos, pero necesito que se tomen en serio lo que vean ¿entendido?-

-Sí profesor- respondieron todos.

-Bien…- Dimber sonrió y su cara de Papá Noel reconfortó a sus alumnos- ahora, vamos a empezar con el primer ejercicio. Todos tomen distancia. Un brazo hacia delante y otro hacia atrás de quienes los rodean-

El grupo compacto de Stormenhand se agrandó. Artemis se dio cuenta de que el que estaba delante de ella era Ru, no Saba. Su mejor amigo era el primero del montón, que estaba justo frente a Dimber.

-Mantengan las capuchas encima, no importa lo que pase. ¿Me entienden? Listo- Dimber levantó su varita y apunto al frente- Salvio Hexia- susurró- muy bien, tómense un minuto para concentrarse-

Artemis cerró los ojos y respiró profundamente. Era lo mejor que podía hacer cuando intentaba concentrarse, felizmente esas odiosas hormigas ya no la molestaban, porque si no…

- ¡Herviportus, Oppugno!-

Artemis gritó. De pronto había sentido como si un montón de cuchillitas la estuvieran atacando. Abrió los ojos de prisa y vio que estaba en medio de una nube de… ¿pasto? Pasto verde que se arrancaba a sí mismo de la tierra y que zumbaba muy cerca de ella, chocándola, golpeándola, hiriéndola. Miró a su alrededor… todos estaban igual de confundidos que ella, mirando a los lados, intentando saber qué estaba pasando… y más allá, Dimber, con los brazos cruzados y los ojos fijos en ellos. A él no lo estaban atacando.

- ¡Gha!- oyó a Creixell.

- ¡No se permite ayudar a nadie!- gritó Dimber desde afuera.

Artemis sacó su varita inmediatamente. Los zumbidos la estaban molestando más que los raspones, tenía que alejar a esas malditas hojitas.

- ¡Ventus!- gritó. Fue lo primero que se le ocurrió.

Y todas las hojas se detuvieron en el aire.

Dimber caminó hacia ellos con la varita en alto. Él había congelado el pasto que cortaba.

-Mírense a sí mismos ahora- dijo.

Cada vez que Dimber decía eso no se refería exactamente a que miraran su cuerpo, eso sólo era el aspecto obvio de la expresión, lo que el profesor quería, y les había dicho mil veces, era que se miraran por dentro, ¿en qué estaban pensando? ¿Qué estaban sintiendo? ¿Qué les molestaba en ese preciso momento? ¿Qué palabra estaba en la punta de su lengua?

El zumbido. Zumbido de las hojas. Molesto, insoportable, por eso Artemis quiso alejar esas cosas de ella. Casi, era casi eso. Había algo en la boca de su estómago que le decía que no, que tenía algo más, el origen de la palabra, pero no una pista clara.

Miró a su alrededor. Lila Elmira estaba encogida sobre sí misma, en el piso, parecía una piedra con la cabeza oculta entre el estómago y las piernas. A su lado estaba Ru, con las manos frente al pecho, intentando detener las hojas con sus palmas. Más adelante estaba Saba, el único que controlaba su encantamiento oculto, guardando el hilito de plata.

- ¿Ru?- llamó Dimber, mientras caminaba rápidamente hacia él- quédate en esa posición-

-Sí pro…-

-No, silencio- cuando el profesor llegó junto a él, le señaló con dos dedos algo que estaba a unos centímetros de sus manos, pero que Artemis no podía ver- ¿los ves?-

-No… ¿qué...?-

- ¡Mira con atención!-

Ru achicó los ojos y se quedó un rato callado, concentrado en aquello que querían señalar los dedos de Dimber, pero que no distinguía bien. Los demás intentaban mirar también, pero lo más quietos que pudieran en su posición.

- ¡Lo veo!- gritó Ru, sonriendo- ¡lo veo!-

Dimber también sonrió y le palmeó la cabeza.

-Buen trabajo, Ru… tus reacciones son casi inmediatas y ahora... buen trabajo- Dimber, sonriendo todavía, se dirigió al resto- ¿alguien siente algo importante?- nadie respondió- vengan aquí, quiero mostrarles algo-

Todos se acercaron a Ru, quien se concentraba tanto en mantener la misma posición y la misma energía que tenía cuando el pasto se detuvo, que se había puesto rojo.

- ¿Alguien nota algo?-

Artemis miró el lugar en el que recordaba habían estado los dedos de Dimber y no vio nada, salvo hojitas de pasto partidas a la mitad. Todo un grupo compacto, dobladas, como si se hubieran dado contra una pared…

Miró a Ru sorprendida.

-Exacto- Dimber captó también su mirada y asintió con amabilidad.

-No ha sacado su varita- apuntó Saba.

-Las hojas están dobladas- agregó Marcus- como si se estuvieran chocando contra una pared-

- ¿Dónde?- preguntó Otto.

-Ahí, cerca de sus manos-

-Exacto-

- ¿Ese es mi Encantamiento Oculto, profesor?- preguntó Ru, conteniendo el aliento.

Dimber asintió. Todos lo miraron sorprendidos y emocionados.

- ¿Una pared? O… los empujo para atrás… o…-

-Eso lo tienes que averiguar tú, Ru. Pero vas por buen camino-

Ru sonrió.

- ¿Cómo puede estar seguro?- preguntó Lila Elmira.

Artemis se mordió el labio para no decirle algo malo.

-Porque, cuando ustedes se vuelvan un poco más experimentados en el uso y descubrimiento de sus Encantamientos Ocultos, también se volverán más sensibles a los del resto-

- ¿Osea que usted sabe cuando un encantamiento es Oculto y cuando no?- preguntó Marcus.

Dimber asintió.

Todos lo miraron con admiración. Artemis recordó que Dimber era el mago que manejaba como 10 Encantamientos Ocultos. ¡10! Ella tenía 15 años y ni siquiera podía manejar uno… Dimber debió haber sido un genio a su edad… lo que significaba que para entonces era tan genial que casi no podría con su genialidad.

- ¡Muy bien! Ru, quiero que anotes todo lo que hayas mirado de ti. ¿Me entiendes? Mientras tanto, los demás relájense y prepárense para el siguiente ejercicio-

Cuando todos volvían a sus lugares, Artemis vio cómo Creixell hizo tropezar a Lila desde lejos, con su varita.

- ¡Varitas dentro!- gritó Dimber.

Creixell le sacó la lengua a Lila antes de guardar su varita.

El siguiente ejercicio los volvió a tomar por sorpresa. Cuando todos esperaban un ataque de hojas desde abajo, Dimber los atacó con gotas de lluvia que parecían hechas de plomo, que eran mucho más lentas que las gotas de lluvia normales, pero que cuando tocaban la piel, amenazaban con entrar en ella. Artemis intentó escabullirse, que era, en su opinión, lo mejor que podía hacer… y para el final lo pudo hacer bastante bien… pero esperaba no volver a hacerlo, porque le daba demasiada flojera.

La clase terminó dos horas y muchos ejercicios después. Para cuando el profesor volvió a susurrar Salvio Hexia, señalándolos, los trece de Stormenhand a penas se sostenían sobre sus piernas. Artemis sintió que el cansancio del trote matutino no era ni la décima parte del de ese momento. Porque había algo más… como si estuviera cansada desde adentro.

-Agrúpense, muchachos, vamos al Castillo. La lluvia se va a poner más fuerte antes de parar-

Y, ni bien pusieron un pie en el Castillo Joven, el chisme de que Ru estaba a punto de controlar su Encantamiento Oculto se expandió como reguero de pólvora entre los estudiantes de 4to de todos los señoríos. Mientras que en Stormenhand, Ru se convirtió en una especie de maestro mítico al que todos le pedían consejo. Durante el resto de las clases, los demás se le acercaban para preguntarle qué había sentido o qué se debía sentir, también le preguntaban si es que podían leer lo que él había escrito y un sinfín más de cosas y por todos los medios: notitas, susurros en clase, codazos en el almuerzo… la noticia se corrió incluso entre los chicos de tercero de Stormenhand, un par de los cuales se le acercó a Ru antes de que todo el cuarto año saliera hacia el gimnasio para hacer esgrima, la última clase del día, para preguntarle cómo debían ir preparándose para el futuro.

Creixell se rió tan fuerte de sus caras que los chicos se espantaron, pero nada los hizo correr tan rápido como la visión del cordón de delegada de Ghana.

-Te has vuelto famoso- le dijo Marcus a Ru, cuando entraban al gimnasio.

Y aunque Ru le respondiera con un golpe en la espalda y dijera que eso no le gustaba, Artemis sabía que él estaba muy complacido con eso. Con todo eso, desde el momento en el que había encontrado la primera señal de su Encantamiento Oculto hasta minutos atrás, cuando se le acercaron los niños de tercero. Se notaba en su mirada, aunque sólo dejara ver un ojo, que estaba gozando bastante con todo.

Artemis se dio cuenta, cuando empezaron a calentar en esgrima, que estaba demasiado cansada. Y con toda razón, porque la habían exprimido desde las seis de la mañana… y cuando el profesor Pólux le dijo que sería su pareja, porque eran número impar (y Saba se había emparejado con una Darkenlord estúpida cuyo nombre no quería ni empezar a recordar), ella dio un largo suspiro de resignación.

Al final de la clase, el profesor Pólux llamó a Artemis y a Ghana a un lado.

-Chicas ¿Cómo están? ¿Qué tal va la preparación extra?-

¿Preparación extra? ¿Que? Las dos horas de madrugada que se la pasaban corriendo como imbéciles por el claro, siguiendo el paso de una cosa que parecía ser humano, pero que Artemis sospechaba últimamente que era un montón de piel rellena de aire caliente e ideas estúpidas. ¿Esa preparación extra?

-Bien- dijeron Artemis y Ghana a la vez.

-Es un poco cansado- admitió Ghana.

Artemis asintió.

El profesor Pólux las miró fijo, como si quisiera comprobar que no estaban mintiendo.

- ¿Ah sí?... mira tú… pero no se preocupen chicas, para el próximo viernes ya van a estar bien acostumbradas, Gerard es bastante intenso cuando se emociona-

Lupo Munin tenía razón. Lo más probable era que el profesor y Greenhouse se reunieran a tomar el té y a planear nuevas maneras de exprimir al equipo de esgrima.


Todo, absolutamente todo el terror y la ansiedad y la curiosidad que Artemis se había estado aguantando durante la semana, concentrándose en cosas menos importantes que le despejaran la mente, volvió a ella de golpe cuando estiró la mano para tocar la puerta del despacho del profesor Gamma esa noche.

Había pensado, subpensado y metapensado que no debía hacerse preguntas de ningún tipo sobre lo que pasó o pasaría en ese salón. Lo había logrado. Pero en ese momento se preguntó si es que no haberse preguntado estaba mal. ¿Y si era una trampa? ¿Y si Gamma la sometía a una sesión ridícula de ejercicios y cosas así que en realidad no tenían ningún objeto, porque él no tenía idea de lo que le estaba pasando?

Suspiró.

Tocó la puerta. Eran exactamente las nueve de la noche. Se había escurrido del entrenamiento unos minutos antes de que acabara.

Las luces del despacho/salón de Gamma eran tenues, probablemente tuvieran que ver con la migraña que siempre traía encima. Ah no. Justo cuando Artemis empezaba a pensar en eso recordó que el profesor le había dicho que sus dolores de cabeza, como los de ella, no eran normales.

¿Qué iba a pasarle?


-Te ves cansada- le dijo Gamma, después de estar por un largo rato frente a frente sin decir una sola palabra.

-Sí-

-No importa. Puedes echarte si quieres, lo que necesitamos es hablar-

Artemis prefirió sentarse sobre el baúl de Gamma, que estaba al otro lado del recinto. Gamma se sentó encima de su escritorio y con su varita hizo que ambos se acercaran unos metros.

El corazón de Artemis empezó a palpitar muy fuerte.

- ¿Has pensado en lo que quieres?- le preguntó Gamma.

- ¿Qué?-

-Con todo esto. ¿Qué quieres lograr?-

-Detener el aniversario para siempre- dijo Artemis, sin pensarlo mucho- y con todo lo que ocasiona- incluidas las migrañas y los vientos y todo.

-Bien. ¿Sabes si es posible?-

-No-

- ¿Por qué quieres detenerlo para siempre?-

-Porque me duele-

- ¿Qué es lo que te duele?-

-Explotar una vez al año. Antes tengo migrañas insoportables y vomito. Después tengo migrañas que me adormecen el cerebro, me vuelvo hielo y ahora último… eso-

- ¿Qué es eso?-

-Ese viento que vio el martes-

-Háblame de él-

-Es… no sé por qué pasa. Es como si la explosión no hubiera bastado. Como si todavía…-

No puedo hablar más.

-Está bien- le dijo Gamma, suavemente- no tienes que contármelo todo. Ahora, quiero que me escuches cuidadosamente y que me digas si me estoy equivocando en algo ¿está bien? Ahí va: Lo que he entendido hasta ahora es que hay un evento anual al que llamas aniversario, que es el centro de todo lo que te pasa, ¿verdad? Hay síntomas y rezagos. ¿Hasta ahí estoy bien?-

-Sí-

-Entonces sigo: hasta ese momento el aniversario parece el causante de una mala temporada. Hay gente que se enferma durante una temporada fija, digamos durante el invierno, se resfrían, por ejemplo y dicen que siempre en invierno la pasan mal. ¿Me entiendes? Pero hay algo ahí, Artemis, que no encaja. Decir que uno está resfriado porque es invierno es un poco estúpido, si te das cuenta… ¿por qué?-

-Porque uno se resfría en invierno si se desabriga. O si sale al aire frío con el pelo mojado-

-Exacto-

- ¿Eso que tiene que ver?-

-No mucho, en verdad. Pero sigo, ahora, tú me dices que ese viento es reciente, ¿verdad? Y que es raro porque antes no lo tenías y es como si no hubieras terminado de… explotar… durante el aniversario-

-Sí-

-Y también puedes hacer que las cosas se muevan-

-Sí-

-Después del aniversario-

-Sí-

- ¿Estás segura?-

- ¿De qué?-

-De que sólo puedes mover las cosas inmediatamente después del aniversario-

-No, un poco antes también-

-Segura-

-Sí-

- ¿Has intentado mover las cosas mucho antes o mucho después?-

No. Nunca había intentado, porque nunca le había gustado que eso pasara. Porque, que las hormigas traspasaran su piel no era una sensación placentera y ella prefería evitarla. Casi siempre cuando pasaba era porque tenía que pasar y ella ya no podía contenerse más.

-No. Prefiero no hacerlo-

-Entonces no sabes si de verdad puedes mover las cosas mucho antes o mucho después del aniversario-

Artemis se quedó de piedra.

-El viento es diferente ahora- aclaró, para defenderse- ahora es como si vomitara en un momento cualquiera-

- ¿Ahora? ¿Antes era diferente?-

-Antes me pasaba cuando estaba molesta. Para mover las pepas de aceituna tuve que pensar en cosas que me molestaban-

Los ojos de Gamma se abrieron como si acabara de oír la ubicación del escondite secreto de un tesoro maravilloso. Pero sin malicia. Igual, Artemis se asustó.

- ¿Nunca te has fijado si has movido algo, molesta, digamos, en diciembre?- preguntó.

-No-

-Bien. ¿Te estás dando cuenta, Artemis? ¿Ves a dónde quiero llegar?-

-No-

-Le echamos la culpa al invierno de nuestro resfrío. ¿Pero qué pasaría si, durante el verano, bebo jugo de naranja del vaso de un amigo que está resfriado?-

-Se contagia-

-Aunque no sea invierno-

-Sí-

-Exacto-

¿Qué? Artemis ni siquiera se molestó en esconder su perplejidad. ¿A dónde quería llegar Gamma con toda esa charla sobre abrigarse para no enfermarse? ¿Greenhouse y su paranoia estaban detrás de todo eso?

-No entiendo- dijo.

-Estás tomando al aniversario como tu invierno. Y culpas a todos estos síntomas que tienes de lo que pasa un solo día-

¡Un solo día!

¿¡Quién diablos era él para minimizar lo que le pasaba durante el aniversario!?

Artemis se puso de pié de un salto y corrió a la puerta. Estaba furiosa. Ni siquiera quería ver a Gamma, pero tenía ganas de hechizarlo con los dolores de su aniversario para que pudiera darse cuenta de que NADIE tenía derecho de llamar "un solo día" a lo peor que le pasaba en su vida. ¡Nadie!

-Tu cabello- señaló Gamma- está flameando- pero no estaba asustado o sorprendido, estaba maravillado- te he hecho enojar…-

-Buenas noches- masticó Artemis, abriendo la puerta.

- ¡No! ¿Estás segura de que te quieres ir?-

- ¡Sí!-

-No vas a volver-

Artemis no dijo nada, sólo abrió la puerta.

- ¡Entra en razón!- exclamó Gamma- ¡tienes que dejar de lado la mirada que tienes sobre tu aniversario!-

- ¿Sobre ese "día"?-

-Puede que me haya salido un poco ofensivo… y no es mi intención minimizar lo que te pasa, pero estás en una posición en la que no aceptas nada más la premisa de que tu aniversario es el todo de lo que te pasa y eso no es más que dolor, dolor y dolor-

- ¡Porque lo es!-

- ¡No! ¡Estás cerrándole la puerta a cosas maravillosas!-

- ¿Está loco?-

-Cierra la puerta-

-Me voy-

-Cierra la puerta, Black. Todavía no he terminado, cuando lo haga, te puedes ir-

-Me voy-

- ¿Si te pido disculpas, te quedarías?-

Artemis se detuvo. Volteó a ver a Gamma y lo encontró con una mano en la cadera y la otra terminando el recorrido de su cara. Estaba tan nervioso como su voz de gárgola delataba.

-Disculpa por minimizar tu dolor-

Artemis cerró la puerta.

- ¿Vas a tomas asiento?-

-No. Gracias-

-Entonces sigo. ¿Dónde me quedé? Ah. Artemis, estás cayendo en un error trascendental al creer que todo en conjunto, todo aquello que te pasa, las levitaciones, el cabello, el viento, son por culpa del aniversario-

-Pero lo son-

-No, no lo son. El invierno no determina que te resfríes o no, da más posibilidades de que lo hagas, es más, es una buena camita para el resfriado, pero no es el resfriado per se. El invierno no es tus síntomas. El aniversario es un, digámosle, evento aparte. No es lo que activa tus levitaciones o tus vientos. ¿Me entiendes?-

-No-

-Puedo apostar mi vida a que puedes hacer que algo se mueva en diciembre. Que si te dicen algo molesto, tu cabello va a flamear, aunque sea setiembre, porque esas nuevas "facultades" que has conseguido no tienen nada que ver con lo que te pasa en marzo. Es decir, tienen que ver, porque tienen un mismo origen, pero en paralelo, no juntas. El hecho de que esas ráfagas de viento que vomitas casi diariamente no se expliquen, porque debiste haberlo botado todo en el aniversario, me da la razón. Porque una cosa no determina la otra-

- ¿Está diciendo…?-

-Que has agrupado todo bajo un solo nombre para poder señalarlo y hablar sobre él, o para temerle a una sola cosa, si se quiere. Pero son dos acciones distintas con un origen común y ese es, justamente, aquel en el que estás pensando ahora. En lo que se celebra cada vez que hay un "aniversario"- Gamma la miró fijamente unos segundos- pero hasta ahí llega mi hipótesis, porque no tengo idea de lo que te ha pasado. Ahora, mi propuesta es trabajar contigo esos dos elementos por separado. Nos encargaremos del aniversario, del día específico que está en el calendario, intentaremos desaparecerlo, si quieres, pero por un lado por un lado y por el otro… trabajaremos todas las maravillosas posibilidades que tienes para desarrollar tus nuevas facultades, porque esas no van a desaparecer, Artemis y no lo tomes como una maldición, sino como una particularidad que casi ningún otro mago o bruja tiene. Pero primero tienes que entender todo lo que te estoy diciendo. Y aceptarlo, si no lo haces, lo que hagamos no va a servir de nada, porque yo no soy el que tiene lo que tienes adentro. Y esto no significa que aceptes lo que digo como la verdad absoluta. Tú sabes mejor que nadie qué es lo que tienes, yo sólo te puedo guiar; bajo la experiencia de mis propias "facultades extra" te daré sólo un punto de partida-

Artemis se quedó quieta, con los ojos sobre los de Gamma, mirándolo sin pestañear. Pero no intentaba leer sus pensamientos o pelear con él por quien pestañeaba primero, sino que estaba concentrada en el color marrón oscuro de estos, como si nunca hubiera visto un color así. Al menos eso parecía. Tal vez, lo que realmente pasaba era que Artemis había dejado momentáneamente los asuntos del mundo tangible y se había dado la vuelta para mirarse a sí misma, no para hacerse preguntas o para buscar entre sus recuerdos algo que pudiera ayudarla a decidir, sino para estar igual de absorta en pensamientos no hilados, en palabras, en el color de sus propios ojos, esperando, no buscando, el momento en el que todo tendría sentido y pudiera responderle al profesor Gamma.