Hola a todos.
Disculpad la tardanza, espero compensarla con un capítulo más que largo. Veintiuna pàgines que me ha costado sangre, sudor y lágrimas escribir. Aún no he acabado el FIC ya que creo que al final lo haré de 40 capítulos. Quiero cerrar varias cosas antes de acabarlo y como ya he dicho más de una vez y más de dos, creo que le tengo tanto cariño a esta historia que en el fondo, no quiero finalizarla.
Este capítulo me ha costado. Me ha sido muy difícil. Creo que he cometido muchos errores en esta historia y uno de ellos ha sido el estar más preocupada en subir los capítulos para que la gente no perdiera el interés que en cuidar muchos detalles. Espero aprender de los errores y que no me vuelva a suceder. Espero algún día poder revisar Oculto en el Corazón y rellenar los huecos que me he dejado.
Para este capítulo, he estado escuchando la canción Soulbound de Taylor Davis, una violinista increíble que versiona temas de los animes más famosos. Os recomiendo que la escuchéis y si queréis poneros de fondo esta canción: track/5i3yLyWnxStokC2Rt0FErd
Sin más, allá va:
38. El Camino del Ninja.
Karin condujo a Sasuke por el intrincado laberinto de pasillos bajo tierra que configuraba la guarida de Danzô Shimura. Con su extraordinaria percepción, la Uzumaki detectaba el chacra de los ANBU que pululaban por aquélla madriguera, para poder esquivarles. Intentaba llevar a Sakura a un lugar relativamente seguro, para poder examinarla con tranquilidad. Aún así, sabía que no tenían demasiado tiempo hasta que notaran la desaparición de la kunoichi, y la presencia del Uchiha. Debía darse prisa.
Karin observó el rostro impasible de Sasuke. Llevaba en brazos a Sakura y no le quitaba los ojos de encima. Su expresión era indescifrable. Sin embargo, la Uzumaki le conocía lo suficientemente bien para saber que estaba perturbado y que su mente se hallaba dispersa. Nunca le había visto así. No le gustaba. No estaba acostumbrada a que el Uchiha mostrara debilidad.
Karin también sabía cómo funcionaba el Mangekyô Sharingan de su compañero, y, que el Uchiha había podido detectar aquel chacra negro y espeso, dentro del cuerpo de la muchacha del pelo rosa.
- Un sello… - murmuró Sasuke – Es un sello, Karin… Un sello oscuro…
- Lo sé… - asintió la Uzumaki – Cállate, espera a que lleguemos a alguna estancia abandonada…
Sasuke no dijo nada más. En otro momento, se hubiera irritado con Karin. A él nadie le daba órdenes, y mucho menos, le hacía callar. Sin embargo, no era momento de estupideces, la Uzumaki tenía razón, tan pronto como encontraran un lugar seguro, podría comprobar qué le habían hecho a Sakura.
La kunoichi se hallaba en un estado de semiinconsciencia, abría los ojos y parecía reconocerle, ya que le sonreía débilmente, después los volvía a cerrar inmediatamente, murmurando su nombre y el de Naruto.
- Aquí… - susurró Karin – Aquí no hay nadie.
La Uzumaki se detuvo delante de una puerta de madera, situada en un angosto corredor oscuro, sólo iluminado por una lámpara de aceite. La luz mortecina que arrojaba la lámpara, apenas permitía distinguir las juntas de una entrada. Karin empujó suavemente la puerta con las manos, evitando el hacer ruido.
La puerta cedió, crujiendo levemente y el olor a humedad se hizo más fuerte cuando se abrió a una estancia sumida en tinieblas en la que apenas se distinguían las siluetas de algunos muebles que parecían abandonados. Con su kunai, Karin extrajo la lámpara de aceite incrustada en la pared y accedió a la habitación.
-Quedaos aquí – le dijo a Sasuke. El Uchiha, esperó en el corredor momentáneamente sumido en tinieblas. Con sus ojos caleidoscópicos, observó cómo la Uzumaki entró en el cuarto con paso decidido, para, tres segundos después, asomar la cabeza.
- Entra.
Sasuke entró y su compañera cerró la puerta tras de sí. Karin había insertado la lámpara de aceite en una espacie de vaso de metal que había encontrado encima de una mesa.
Era una estancia que, sin duda, había servido como dormitorio individual. Un camastro de madera se apoyaba contra una pared, una mesa, una silla y algunos enseres abandonados eran todo lo que quedaba en ese momento.
Karin se dirigió hacia el camastro y con una mueca de asco retiró los retales de lo que debía haber sido una sábana y que ahora, no eran más que harapos cubiertos de polvo que se elevó como una nube cuando la chica retiró un colchón de lana de encima del somier. La Uzumaki tosió, amortiguando el sonido al colocarse una mano delante de la boca, depositó el colchón en el suelo y miró a Sasuke.
- Déjala aquí encima.
Sasuke obedeció inmediatamente, dejando a Sakura encima del jergón, pero resistiéndose a separarse completamente de ella, conservó en su mano derecha, la de la muchacha.
Karin no dudó ni un segundo.
Levantó la camisa que el Uchiha le había colocado, dejando a la vista el estómago plano y blanco de la kunoichi del pelo rosa. Karin puso una palma encima del abdomen de Sakura y con la otra, realizó un sello.
- ¡Muestráte! – susurró con firmeza y en la mente de Karin, inmediatamente se conformó una imagen.
La kunoichi dio un respingo y se echó involuntariamente hacia atrás.
- ¡Dioses! – se sobresaltó - ¿¡Qué demonios…!?
- ¿¡Qué!? – Sasuke tenía las pupilas totalmente dilatadas por el sharingan - ¡Qué pasa! ¡Qué tiene! ¿¡Qué le han hecho!? ¿¡Qué es ese sello!?
Karin había palidecido ostensiblemente, los labios de la muchacha estaban lívidos.
Había reconocido el sello. Cómo no hacerlo si era de su propio Clan.
Un sello del que ningún Uzumaki debía sentirse orgulloso.
- Sasuke… Esto es… Han llegado demasiado lejos… - Karin respiraba agitadamente, su cerebro buscando en su memoria cómo revertir aquel terrible jutsu. Lo sabía, seguro que lo sabía. Orochimaru le había permitido adquirir y juguetear con todo tipo de conocimientos oscuros, le había dejado curiosear entre extraños pergaminos. Ahora, después de tantos años, de algo tenía que haber servido ser la discípula de uno de los mayores criminales de las Cinco Naciones Ninja.
- ¡Karin! – la voz de Sasuke estaba distorsionada por la rabia, los dientes rechinaban dentro de su mandíbula crispada - ¡Contesta!
La muchacha dirigió sus ojos hacia el Uchiha. El rostro del joven estaba descompuesto. El sharingan girando a toda velocidad en sus pupilas le confería un aspecto amenazador, demoniaco. Karin se estremeció. No quería estar en la piel de Danzô Shimura en ese momento.
- Es un sello Uzumaki… - empezó y carraspeó para aclararse la garganta – Es un sello de sellado.
- Qué es lo que sella… - preguntó el Uchiha con la voz ronca.
- La capacidad… - Karin miró a Sakura, que continuaba pálida e inconsciente, y sin pensar lo que hacía, le acarició la mejilla –...
- ¿De qué…? – Sasuke ardía de ira - ¿La fuerza…?
- La capacidad de ser madre.
Sasuke sintió como si le hubieran pateado el estómago.
Su corazón empezó a retumbar dentro de su caja torácica con tanta fuerza que parecía que iba a salírsele del pecho. Una náusea le asaltó con violencia.
- ¿Qué…? – sin darse cuenta, un haz de energía violeta empezó a adherirse a su piel, el Susano'O empezó a formarse alrededor del cuerpo del Uchiha - ¿Que le han hecho qué…?
- Sasuke... Con ese sello… No podrá tener hijos.
Sasuke observaba a Karin como si le hubiera salido una segunda cabeza.
¿Habían profanado el cuerpo de Sakura, sólo para destruirle…? ¿Qué clase de seres eran capaces de hacer algo así? Algo tan horrible… Tan… Repugnante…. ¿Únicamente con la finalidad de asegurarse de la extinción total de los del sharingan…?
Dirigió sus ojos hacia Sakura. La chica inconsciente, pálida e indefensa, parecía aún más joven y frágil. Le habían hecho pasar por un horror sólo por su culpa. Sólo por él. La habían condenado a un infierno, por su causa…
Sakura… La atontada de Sakura, sólo había cometido una falta: amarle. A él, al traidor, al miserable que abandonó la Aldea para huir buscando el poder de forma rápida, al único portador del temido sharingan que quedaba. Ese era el único pecado de la kunoichi.
¿Era tan grave ese pecado como para condenarla de esa forma…?
Sasuke se levantó, alzándose del suelo y desenvainó a Kusanagi de su cinturón, una vez más.
- ¿Puedes revertirlo…? – preguntó recobrando la compostura. Su voz carente de emociones estremeció a Karin de pies a cabeza.
- Creo que podré… Orochimaru me hizo estudiar los sellos prohibidos de mi Clan… Incluido éste… - asintió Karin y murmurando para sí añadió – No pensé ver nunca uno…
- Hazlo… Quítaselo… – no fue una petición, fue una orden – Ahora mismo. Yo voy a buscar a ese hijo de perra y voy a matarlo, de una vez por todas.
- Sasuke… Dolerá mucho… Más que al imponerlo. Y necesitaré tiempo…
- Hazlo…
- Sasuke… La dejará casi sin chacra… - dijo Karin – Deberíamos sacarla de aquí y llevarla a Konoha… Si nos atrapan aquí, la defenderé con mi vida, pero si caigo… No podrá protegerse...
- Hazlo – repitió Sasuke – Quítale ésa mierda de encima…
- Sasuke… Por favor… Llevémosla a Kono…
- ¡Hazlo! - Sasuke era pura furia. Ya no escuchaba a nadie. La visión de la kunoichi del pelo rosa totalmente derrotada era demasiado para él – Si muero, asegúrate de que sobreviva… Sálvala a toda costa…
El Uchiha se agachó hacia la joven, con una delicadeza impropia de él, acarició con el reverso de su mano derecha, el contorno del rostro de la kunoichi, para acabar depositando sus dedos sobre la frente de Sakura, a modo de despedida.
-...
- ¡Sasuke…! - Karin no pudo detenerle más. Su velocidad era legendaria y en un parpadeo de la Uzumaki, el joven Uchiha había desaparecido de la estancia, dejándola sola con la discípula de la Quinta.
Los ojos de Karin se anegaron en lágrimas.
Tenía el horrible presentimiento de que no iba a volver a ver al Uchiha nunca más.
- Sasuke… Idiota…
La Uzumaki no pudo contenerse por más tiempo, las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas de forma incontrolable. Todo aquello la estaba desbordando por completo, era más de lo que podía soportar. Ella amaba a Sasuke, aunque el Uchiha era un energúmeno y su amor por él era desgraciado y unilateral y nunca se vería correspondido, pero Karin no iba, bajo ningún concepto a permitir que Sasuke fuera igual de infeliz que ella; si estaba en su mano, no dejaría que aquel muchacho perdiera a la persona a la que quería.
Aun así, tener tanta responsabilidad sobre sus hombros la estaba abrumando.
- Karin… – su nombre, susurrado débilmente, le advirtió de que Sakura había despertado. Los ojos verdes de la chica se habían abierto y la observaban con atención; parecían adivinar los pensamientos de la Uzumaki, comprendiendo la situación, leyéndole las facciones, entendiendo los sentimientos de Karin por el Uchiha…
– Ve con él… Por favor… Ayúdale… - susurró Sakura con mucho esfuerzo – Ayúdale…
- Cállate… No me voy a ir a ninguna parte… Pesada… - le dijo suavemente, esforzándose por contener los sollozos que se habían atorado en su garganta – Te quitaré éso… Pero te va a doler…
- ¿Puedes quitarlo…? – preguntó Sakura débilmente. La Uzumaki pudo percibir un deje de esperanza en la voz de la joven que la emocionó.
- Yo también soy discípula de un Sannin… ¿Por quién me tomas…?
Sakura sonrió levemente.
- Gracias Karin…
- Nah…
La Uzumaki se limpió las lágrimas con la palma de la mano.
No era el momento de ponerse sentimental. Además, si el idiota de Suigetsu la encontraba mugiendo encima de Sakura se burlaría de ella por toda la eternidad. Era tan estúpido que aún no las había encontrado, no tenía que haberle besado. Había sido un error, un impulso incontrolable por la tensión del momento, pero no significaba nada. En el fondo le tenía cariño, nada más, no dejaba de ser su camarada.
"Te gusta", las palabras de Sasuke resonaron en su mente.
- Calla… - se dijo en voz baja – No es el momento ni el lugar para pensar en ese gilipuertas…
Karin respiró en profundidad, intentando relajarse y tranquilizarse, acompasando su respiración a los latidos de su corazón y poco a poco lo que sabía de aquel sello apareció en su mente:
Era un sello prohibido, un jutsu maligno.
La lengua en la que se conjuraba era el japonés, pero pronunciado al revés. Karin lo sabía bien, ya que los Uzumaki consideraban que los sellos oscuros no podían leerse en la lengua común, para no pervertirla con la maldad de la técnica que se ejecutaba, por eso, configuraban las palabras a la inversa, como un espejo de las técnicas blancas.
El sello debería tener una entrada. Para extraerlo, había que encontrarla y conjurarlo desde ese punto. Y cuando saliera, Karin debería apartarse lo más rápidamente posible si no quería que el sello intentara apoderarse de ella, colándose en su interior por cualquier rasguño o herida que tuviera. En ese caso, el sello no desaparecería del interior de Sakura y además, también la atraparía a ella.
Era peligroso. Muy peligroso. Karin podía sufrir el mismo destino que Sakura.
Pero estaba dispuesta a arriesgarse. Karin no sabía qué le hubiera dicho Sasuke si ella le hubiera explicado el peligro que corría.
El sello se extendía por el abdomen de Sakura desde casi el centro de su cuerpo y debía tener una entrada. Había que encontrarla.
"Todos los sellos prohibidos necesitan un lugar por donde unirse al portador", el recuerdo de la voz siseante de Orochimaru hizo que Karin examinara con mucho cuidado la piel blanca del estómago de Sakura. Lo más seguro es que la entrada estuviera cerca de la zona que habían sellado.
Karin se ajustó las gafas y acercó su nariz al ombligo de la kunoichi de pelo rosa, que se estremeció involuntariamente cuando sintió el aliento de la Uzumaki sobre su abdomen.
- No te muevas… Estoy buscando una entrada… - le explicó Karin – El sello tiene que empezar, necesariamente, con una abertura.
- A… Aguja…. – Sakura levantó su mano derecha, débilmente y la depositó con esfuerzo sobre su abdomen – Aguja… Me clavó una aguja… Por aquí….
Karin levantó la cabeza para mirarla.
Esos malnacidos le habían hecho pasar un infierno. La chica estaba pálida y ojerosa. Su pelo rosa pegado a la frente y el sudor frío adherido a la piel, como una película pegajosa. El verde brillante de sus ojos se había desvaído y licuado en un color pantanoso que hizo fruncir el ceño a la Uzumaki.
- Cabrones…
Sakura estaba sufriendo mucho y Karin no sabía si aguantaría la retirada de aquel jutsu.
- Sakura… ¿Podrás soportarlo? Te voy a dejar casi sin chacra… - le dijo Karin suavemente.
Le importaba un huevo lo que le había dicho el Uchiha. Si Sakura no podía aguantar la reversión el sello, moriría, y ella no pensaba consentirlo. Karin no pensaba retirarle el sello si Sakura estaba tan débil como para no soportarlo. Se la llevaría de aquel agujero hasta Konoha y entre ella y Tsunade sí sabrían controlar sus niveles de chacra. Cómo hacerlo, cómo sacarla de allí, sería algo que también debería meditar seriamente, porque no lo tendría nada fácil. Aún siendo un ninja sensor de la categoría de Karin, no dejaban de estar en la guarida de Raíz.
Karin no iba a permitir que la muerte de Sakura recayera sobre su conciencia, porque el idiota de Sasuke pensara más con el corazón que con el cerebro.
- Sí…. – contestó Sakura.
- Nah… - Karin lo dudaba, estaba muy débil… - Pero si…
- Yo soy discípula de un Sannin…. ¿Por quién me tomas? – Sakura sonreía débilmente a Karin al pronunciar esas palabras.
- Sois tal para cual… - regonzó la pelirroja resoplando – Tú misma… Voy a empezar.
Sasuke era un relámpago, cortante y silencioso, desplazándose con furia y a toda velocidad por el intrincado laberinto de pasillos que era la guarida de Danzô Shimura, quería matar a ese ser despreciable que fingía actuar en bien de la Villa, quería despedazarlo con sus propias manos y bañarse en su sangre. El instinto asesino de los Uchiha, su predisposición para el asesinato, se había apoderado por completo de él, cubriéndole como una manta, y él se dejaba llevar por el odio y la rabia como si fueran un bálsamo que mitigara el dolor de su traumatizado corazón.
No era un ninja sensor, pero su extraordinaria y entrenada capacidad de percepción, avivada por la adrenalina que le proporcionaba la furia, le ayudaba a orientarse hacia el centro de lo que era la madriguera de Raíz.
Se había percatado de que se hallaban en una fortaleza octogonal que imitaba la tela de una araña, configurada por una red de pasillos que descendían en espiral, separándose por muros de hormigón paralelos. Cada quinientos metros, otro muro en pendiente ascendente, que al parecer procedía del centro de la red, cortaba en perpendicular los pasillos formando segmentos, a los que se accedía por aberturas construidas en el muro a modo de puertas. Y en cada uno de esos segmentos, existían estancias que se constituían por secciones y niveles, arsenales, dormitorios, aseos, bibliotecas, salas de interrogatorios…
La facción más oscura de Raíz lo tenía muy bien organizado.
A medida que el Uchiha avanzaba, más asesinos le asaltaban, sin embargo y aunque pertenecían al cuerpo de élite, no eran rivales para un ninja como el del sharingan, cuya capacidad de combate se equiparaba a la de Rikudô Sennin, el Sabio de los Seis Caminos. Sasuke era una máquina de matar y Kusanagi cortaba el aire, las extremidades y las cabezas sin hacer apenas ruido y tan limpiamente que la piel del Uchiha no tenía ni una sola salpicadura de sangre. No sentía nada, ni los gemidos de los moribundos, ni el sonido de los huesos al quebrarse o el borboteo de los fluidos manando de aberturas imposibles. Solo escuchaba una canción: el rugir de su sangre maldita en sus oídos.
Se dirigía hacia el centro del octógono dejando a su paso un desastre de brazos, piernas y cuerpos destrozados, sin importarle lo más mínimo la carnicería de la que era responsable. Sólo importaba Sakura, sólo importaba su seguridad, su futuro y su felicidad y si para eso debía morir o matar, lo haría: era su Camino del Ninja.
Sasuke intuía que allí, en el núcleo de la fortaleza bajo tierra, como una Viuda Negra aguardando su presa, se encontraba Danzô. Se lo imaginaba esperándole, riéndose de él, con los ojos implantados robados a los miembros su Clan, ojos de sus primos, de sus padres y abuelos; ojos que le miraban implorantes desde la piel marchita de los brazos del que una vez fue Hokage de la Villa de la Hoja; ojos que deseaban descansar eternamente y cerrarse de una vez, para siempre.
Sasuke apretó los dientes en una mueca de ira, no podía dejarse llevar por la rabia.
Se enfrentaba a un enemigo formidable, al que ya había batido una vez, y necesitaba mantener la cabeza fría. Respiró hondo, blandió a Kusanagi y atravesó de parte a parte a un Raíz que había cometido la imprudencia de abalanzarse sobre él desde arriba.
Nada podía ocultarse a sus ojos caleidoscópicos.
El joven ninja sabía que Danzô, como la araña que era, había percibido su presencia, una mínima alteración en el ambiente de su inconfundible chacra Uchiha había lanzado señales, alertando al fundador de Raíz, a través de los hilos que conformaban la red. Y es que Sasuke no había podido ocultar su ira cuando cortó la cabeza al desgraciado que intentaba profanar a Sakura. El del sharingan no era imbécil. Sabía que se dirigía a una trampa y que el cebo era la discípula de la Quinta. También sabía que Danzô sabía que Sasuke iría hasta el mismísimo infierno si con ello existiera una sola oportunidad de ponerla a salvo.
Esta vez debía matarlo, si no lo hacía Sakura nunca estaría a salvo. Nadia con quién el Uchiha hubiera creado un vínculo lo estaría. Si él moría sin llevarse a Danzô consigo, habría fallado como ninja y como hombre. No se lo podía permitir.
El sudor empapaba su torso desnudo cuando finalmente alcanzó el nivel inferior de la espiral. Había bajado por la rampa de caracol que configuraba la fortaleza bajo tierra hasta alcanzarlo.
- El centro…
Sasuke detuvo su carrera. Una plataforma de suelo empedrado se extendía decenas de metros ante él. El Uchiha se maravilló de la amplitud de la fortaleza. Algo en esa zona le recordó a la guarida de Orochimaru en dónde se había reencontrado con Naruto y Sakura después de tres años de ausencia. Enfrente, excavada en las profundidades de la montaña, iluminada por varias antorchas insertadas en la piedra, había una enorme puerta de hierro abierta a una estancia sumida en la oscuridad.
Ni siquiera sus ojos pudieron penetrar más allá de la puerta, enseguida se percató de que las tinieblas en las que se hallaba sumida la estancia habían sido conjuradas mediante un jutsu del más alto nivel, especialmente diseñado para cegar los ojos Uchiha.
- Maldito obsesionado… - masculló entre dientes, apretando la mandíbula con fiereza, encaminándose hacia la puerta, mientras blandía a Kusanagi con la mano derecha.
Sin embargo, se detuvo, de repente alerta, cuando de la oscuridad de la estancia emergió una figura que, lentamente, se desplazó hacia él. El contoneo de sus caderas y la cadencia de sus pasos no dejaban lugar a dudas: se trataba de una mujer.
Sasuke sintió cómo se le erizaba el vello de la nuca y se le pegaba la lengua al paladar, al reconocer a la persona que tenía delante. Sintió arder sus orejas, mientras fijaba la vista en un rostro demasiado parecido al de Sakura como para ser casual.
Esta vez, la mujer no vestía un kimono, ni llevaba maquillaje, sino que ajustaba a su cuerpo el uniforme de ANBU Raíz. No llevaba el pelo recogido, sino que una melena rojiza le caía en cascada sobre los hombros, ondeándose en las puntas, dándole una apariencia falsamente infantil, mientras una máscara con la cabeza de un animal colgaba indolente del lateral de su cabeza. No usaba perfume, ni le miraba coqueta desde unas largas pestañas maquilladas, sino que blandía una katana de idéntica largura que Kusanagi.
En sus ojos verde oscuro brillaba una chispa de diversión.
- Hola Sa-su-ke-kun… - pronunció su nombre relamiendo las palabras.
Se trataba de la oiran que le había seducido en la prisión de Konoha.
- Muérdeme… - susurró Karin en el oído de Sakura mientras le acercaba a la boca su brazo derecho. La kunoichi obedeció mientras aplicaba sus labios en el antebrazo de la Uzumaki, pero apenas se atrevió a rozar sus incisivos la piel de la integrante de Taka. Aún estando sumamente débil y al borde del colapso, Sakura no quería causarle dolor a Karin.
- No tengas miedo, no me harás daño – regañó la Uzumaki al comprender el por qué del reparo de la muchacha del pelo rosado a morder.
Sakura obedeció finalmente, no sin antes de dirigir una mirada de disculpa a la kunoichi pelirroja, cerró sus ojos mientras apretó los dientes contra la carne del brazo de Karin.
Inmediatamente, la energía curativa empezó a fluir por el cuerpo de Sakura, la sensación era igual de reconfortante que si hubiera tomado una taza de té caliente. Poco a poco, las fuerzas volvieron al maltratado cuerpo de la muchacha haciendo que se recuperara mínimamente de la tortura a la que le había sometido la Consejera de Konoha.
- No es mucho, pero algo es algo… – comentó Karin no tanto para Sakura, como para ella misma. Era una sensación rara, la de ser mordida por una mujer, pensó la chica.
Acostumbrada como estaba a los dientes de sus compañeros masculinos, la boca de Sakura era extraña, pero no desagradable.
– No quiero que te quedes totalmente sin chacra mientras te quito esa cosa – jadeó mientras le explicaba el por qué le había dejado usar sus poderes – Sasuke me mataría... Y esta vez, me apuesto el cuello a que lo conseguiría.
Sakura no respondió ante el humor negro de la Uzumaki, aunque la miró agradecida, mientras su energía se destilaba dentro de su organismo.
- Prepárate, ésto va a doler… - la pelirroja le obsequió con una sonrisa sincera que rara vez prodigaba, como intentando disculparse por lo el dolor que iba a causar involuntariamente - Intenta no moverte hasta que salga esa cosa…
Si Sakura hubiera sabido el peligro que corría Karin al intentar retirar el sello, jamás le hubiera permitido hacerlo sola. Pero la Haruno estaba al límite de su resistencia mental y física y su mente se hallaba nublada, siéndole imposible concentrarse debidamente y percibir lo que realmente estaba pasando a su alrededor.
La muchacha, ignorante como era de los riesgos de la retirada de aquel jutsu maligno, sólo pudo musitar unas débiles palabras de agradecimiento hacia la kunoichi.
- Gracias Karin… - susurró agotada. Una lágrima resbaló por la comisura de su ojo derecho – Yo…
- ¡Calla… Guárdate las fuerzas…! – Interrumpió abruptamente la Uzumaki. No quería ver llorar a Sakura, no lo soportaba…
Sacó un trozo de tela limpia que llevaba dentro de su bolsa y la colocó entre los dientes de la discípula de Tsunade.
- Cierra los ojos, muerde ésto e intenta mantener la calma…– añadió con algo de dulzura - Cierra los puños hasta sangrar, si es necesario… pero por todos los Dioses, intenta no gritar… Si nos encuentran, podemos darnos por muertas…
En realidad, Karin sabía que la única que corría un verdadero peligro de ser asesinada era ella. Sakura era el cebo para el Uchiha y lo más probable era que la mantuvieran con vida, por lo menos hasta que consiguieran acabar con Sasuke.
Pero ella… Una ruidosa Uzumaki, sin especiales habilidades excepto el manejo del chacra propio de su Clan, discípula de uno de los criminales más buscados del mundo ninja.
Karin no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir si era capturada, así que deshechó sus lúgubres pensamientos y se concentró en la importante tarea que le esperaba.
A su vez, Sakura intentó prepararse mentalmente, cuando se percató de que Karin comenzó a concentrar chacra entre las palmas de sus manos mientras murmuraba un mantra de sellos incomprensibles, la kunoichi del pelo rosa cerró los ojos y respiró hondo.
Cuando Karin grito "¡Liberar!", Sakua profirió un horrible alarido que quedó ahogado gracias al pañuelo que le tapaba la boca. Casi perdió el sentido. Un dolor lacerante, peor que ninguno que hubiera experimentado antes, la atenazó las tripas, provocándole fuertes náuseas. La muchacha pelirroja seguía con su letanía de sellos interminables, mientras imponía con fuerza las palmas de las manos contra su abdomen.
Era como si algo, algo viviente, algo con garras, dientes y uñas, se sujetara a sus intestinos y tirara de ellos, intentando arrancárselos.
Sakura no podía retener los gritos que salían del fondo de su garganta. Era un castigo terrible.
La muchacha, se obligó a pensar en Sasuke, en sus manos, en su pelo oscuro, en su piel de porcelana… Intentó olvidar el dolor imaginando los ojos del Uchiha, sus pupilas negras y en la extraña forma en cómo dibujaban caleidoscopios, cuando cambiaban del negro al rojo, en cómo giraban peligrosamente, hipnotizándola.
"¿Cómo sería verlos de nuevo…?"
Cómo sería acariciar su pecho desnudo otra vez, apresar sus labios en su boca, oírle pronunciar su nombre entre gemidos.
"Sasuke…Tenemos tantas cosas por hacer…"
El terrible dolor hizo que la mente de Sakura, con extraña clarividencia, le revelara a la verdad sobre el niño que un día fue Sasuke: arisco, huraño y resentido, pero a la vez, sensible y melancólico. Recordó cómo ella saltaba, juguetona, a su alrededor, en una extraña mezcla de timidez y osadía y cómo él intentaba mantener la compostura, intentaba no reír, intentaba no mirarla, evitando enfrentarse con sus ojos, ocultando los sentimientos que nacían en su joven corazón.
En ese doloroso momento de sufrimiento extremo, Sakura pudo ver, con claridad que Sasuke siempre la había amado.
Aquella revelación del subconsciente consiguió que la muchacha consiguiera controlar el dolor evadiendo su mente para desligarla de su cuerpo torturado, una extraña paz la invadió, permitiéndole mantenerse en un estado de duermevela próximo a la inconsciencia, pero extrañamente lúcido.
Mientras, Karin sudaba copiosamente, manteniendo la concentración.
El poderoso jutsu se negaba a abandonar el cuerpo de la discípula de Tsunade; parecía que aquel conjuro fuera un ente con inteligencia capaz de comprender que su desalojo del anfitrión, significara su extinción. Karin percibía algo maligno instalado en el interior de Sakura, que tiraba de ella con fuerza.
Karin ignoraba cuánto rato llevaba intentando extraer aquella malignidad de dentro de Sakura. Estaba agotada. Sakura gemía débilmente, pero parecía haberse calmado. La muchacha no sabía cuánto tiempo más podría aguantar.
Cuando empezaba a perder la calma, un hilo espeso y negro comenzó a deslizarse desde el ombligo hacia fuera del cuerpo de Sakura, que apretaba los puños contra el suelo, clavándose las uñas en las palmas de las manos, mientras gemía débilmente. El dolor debía ser espantoso.
- Venga… Sakura, aguanta un poco más… - musitó Karin renovando sus esfuerzos con un arranque de genio – Lo estás haciendo muy bien…
En un último empuje de su chacra, y ahogando un grito de triunfo, Karin consiguió extraer totalmente el hilo negro del cuerpo de Sakura, quién estalló en llanto al sentir cómo aquel engendro que habían depositado en su interior, se había ido.
Pero aún no se había acabado. El chacra oscuro que Karin había sacado cobró vida. Tomando forma de lombriz, se enroscó como una serpiente en las manos unidas de la Uzumaki, atándole las muñecas con fuerza. El extremo que simulaba la cabeza del gusano, parecía irritado, irguiéndose y moviéndose como si olfateara a la causante de su desalojo.
- ¡Mierda! – Karin supo que ese era el momento crucial. Si se descuidaba un solo segundo, el chacra de aquel jutsu se apoderaría de ella, sellándose en su interior para siempre.
Con un gruñido de rabia, Karin intentó separar ambos brazos, intentando desligarse de la atadura de aquella lombriz repugnante y negra, evitando que el gusano maligno tomara contacto con su piel. Y es que los brazos de Karin, con la piel perforada, cubierta de marcas de dientes y rasguños de la batalla que acababa de librar, eran la entrada perfecta para aquella cosa.
Estuvo a punto de conseguirlo, estuvo a punto de separar sus manos, de deshacer el terrible jutsu, pero el gusano no iba dejarla escapar fácilmente. De un tirón, se enroscó nuevamente en las muñecas de Karin, empujándola con fuerza, haciéndola caer de espaldas sobre el suelo.
La cabeza sin ojos husmeaba, intentando encontrar una abertura por donde penetrar en el cuerpo de la Uzumaki. Karin intentaba levantarse, concentrando sus fuerzas para poder soltarse del peligroso amarre, pero estaba agotada por el esfuerzo de haber extraído aquel ente del cuerpo de Sakura y no conseguía concentrar el suficiente chacra.
- ¡No! – la muchacha entró en pánico. Si aquella cosa entraba en su cuerpo, su destino quedaría sellado. Forcejeaba, intentando aflojar el amarre, pero la negra serpiente no la dejaba escapar - ¡Dioses! ¡Suigetsu!
Karin no supo por qué en aquel momento, había llamado al Hôzuki, que obviamente, no podía oírla. Imaginar la cara divertida de su compañero y sus dientecillos de tiburón le hicieron casi llorar. Quería verle, quería abofetear esa estúpida cara hasta convertirle en agua, por no estar allí con ella. Seguro que estaba buscando alguna de esas estúpidas espadas suyas mientras tanto ella estaba punto de ser sellada por una lombriz repugnante.
- ¡Dioses! ¡No!
El gusano no la dejaba escapar y se retorcía sobre sus manos intentando deslizarse hacia sus brazos, hacia las entradas de las marcas de dientes de la muchacha.
Sakura, aún sollozaba de dolor, pero estaba recuperando el ritmo de su respiración y su mente empezaba a aclararse, cuando escuchó a Karin ahogar un gemido.
La Haruno abrió los ojos para encontrarse a Karin, revolcándose por el suelo con las manos atadas por un gusano negro y repulsivo. Sin duda era el chacra que habían introducido en su cuerpo. Sakura estaba extremadamente débil, pero entendió inmediatamente lo que ocurría. La Uzumaki había puesto en riesgo su integridad para salvarla a ella.
Apretando los dientes, Sakura se arrastró hacia la Uzumaki, mientras era testigo de cómo Karin perdía las fuerzas por momentos. El gusano aprovechaba su debilidad para enroscarse más y más en sus muñecas.
Karin fijó por un momento sus ojos en los de Sakura, en muda súplica. Karin estaba agotada. Le era imposible reunir la fuerza suficiente para romper la ligadura de la lombriz.
Sakura se arrastraba hacia la muchacha que pataleaba desesperada, consciente de que su destino iba a quedar sellado.
- ¡Ug! ¡SHANNARRROOOOOOOOOO! –Sakura haciendo un esfuerzo titánico, se impulsó sobre sí misma, consiguiendo alargar el brazo y agarrar el tobillo de Karin, sujetándolo con fuerza e insuflándole sus últimas reservas de chacra.
Tuvo éxito.
Karin, recibiendo la súbita inyección de energía y ahogando un grito de triunfo, consiguió proyectarla hacia sus muñecas, rompiendo las ataduras y haciendo estallar a aquella lombriz en miles de fragmentos que se desintegraron al colapsar.
El silencio se cernió sobre ellas, sólo roto por sus jadeos agotados. Sus ojos entelados se encontraron y las sonrisas afloraron en sus rostros, mientras se miraban en mutuo reconocimiento de su fuerza.
- Me has salvado… Jodido monstruo… - murmuró Karin, algo conmocionada, esbozando una media sonrisa – Si no llegas a inyectarme tu chacra… Yo…
- Karin… Tú me has salvado a mí… - Sakura sonrió a su vez, jadeando. Sentía los ojos pesados. Sólo quería dormir –… Me has salvado Karin…. Me has quitado esa cosa…
- Hmpf… - la pelirroja no supo en qué momento empezaron a brotar las lágrimas de sus ojos.
- No… No llores… - Sakura se enjuagaba las suyas con el dorso de la mano – Te abrazaría... pero no tengo fuerza…
- Hazlo y te mato… -rió la Uzumaki incorporándose.
Algo silbó, cortando el aire. Karin se quedó quieta, mirando a Sakura sorprendida, sin saber exactamente qué acababa de pasar. Dirigió la vista hacia su pecho, donde una mancha oscura ennegrecía su camisa malva. Era sangre, su sangre. El pomo de un kunai sobresalía de su esternón.
Sakura gritó cuando vio a la Uzumaki cerrar los ojos, palidecer y caer inconsciente en el suelo. Dirigió su mirada hacia la puerta y lo que vio, la horrorizó.
Utatane Koharu, la Consejera de Konoha, estaba en la puerta de la estancia, junto a Danzô Shimura.
- No, discípula de Orochimaru, yo te mato a ti – dijo con su voz rasposa.
- Lástima, parecía una ninja muy válida, ha conseguido deshacer ese jutsu tuyo… - Danzô se dirigió hacia Sakura que llorando, se había arrastrado hacia Karin, intentaba hacerla volver en sí sin conseguirlo. El kunai había perforado un pulmón y se hallaba peligrosamente cerca del corazón. Si no le prestaban atención médica inmediata, moriría.
- Bastardo… - gruñó la kunoichi – ¡Sois… unos bastardos…! ¡Karin!
- Sacad a esta basura de aquí… -dijo Utatane Koharu dirigiéndose a dos guardas que iban con ella y refiriéndose a la Uzumaki – Coged a la otra chica. Llevadla a la Sala de Ceremonias.
- No. – Danzô se agachó hasta Sakura, que en un vano intento por proteger a la discípula de Orochimaru la cubría con su cuerpo – La llevaré yo mismo. No toleraré ni un solo fallo más. La perra del Uchiha se viene conmigo.
Sakura le miró con odio y le escupió.
- Tú eres el único perro en Konoha… ¡Hijo de puta!
Danzô abofeteó a Sakura, partiéndole el labio, para después propinarle una patada en el estómago tan fuerte que le hizo perder el sentido. La cogió del suelo, como si fuera un saco de patatas y se encaminó hacia la puerta.
- Ya queda poco – dijo el Shimura – Al Uchiha no le queda mucho tiempo… Hemos esperado mucho tiempo para esto, vieja amiga, encárgate de la Uzumaki y reúnete conmigo en el Salón de Ceremonias. El muchacho va hacia allá.
- Está bien…. Pero no empieces sin mí. Va a ser un bonito espectáculo, Danzô… - cacareó la vieja.
- Mejor que el que dio su hermano… Sí… - asintió el que una vez fue el Hokage de la Villa Oculta de la Hoja.
Atravesó la puerta de la estancia con Sakura cargada en su hombro, apartando el cuerpo de Karin de un puntapié.
- No tardes.
Y sin mirar atrás, desapareció en las sombras hacia el interior de su guarida.
Sasuke sintió cómo en su pecho crecían a partes iguales la rabia y la vergüenza, mientras observaba la mirada burlona de la mujer que tenía enfrente. Respiró hondo, intentando controlar su ira cuando su enemiga alteró su rostro pareciéndose aún más a la kunoichi que él amaba, mientras le hacía un gesto obsceno con la lengua.
- ¿Quieres volver a derretirte en mi boca, Sasuke-kun? – preguntó la ANBU en un tono falsamente dulce - ¿Un poco de placer antes de que te abra en canal?
- No voy a caer contigo por segunda vez… – anunció Sasuke esbozando una semi sonrisa y poniéndose en posición defensiva.
- Ow… Qué seguridad… - rió la mujer – Hombres más duros que tú se han rendido a mis pies…
– Lo nuestro fue un error… - ironizó Sasuke entre dientes, sin perder a la asesina de vista. – No eres mi tipo…
- Ah… – preguntó la mujer sonriendo de forma siniestra - ¿No?
– No. No me gustan las mujeres fáciles…
- Pero sí estériles… - las palabras envenenadas de la ANBU dieron de lleno en el objetivo. Sasuke se contrajo como si le hubiera picado una avispa, acusando el golpe verbal, físicamente.
- Maldita… - se obligó a no bajar la guardia, a mantener la cabeza fría, y no hacer caso de las palabras que buscaban provocarle para que cometiera un error.
- Míralo por el lado positivo, Sasuke-kun… Si sobrevivieras, podrías follar con Sakura Haruno las veces que quisieras sin preocuparte por nada más que por tu placer… - y añadió esbozando una mueca –… porque dudo que después de lo que le hemos hecho ella sienta el suyo…
Sasuke se obligó a pensar en las palabras de Karin. Podía revertir el sello impuesto en Sakura. Debía confiar en la Uzumaki y en su enorme capacidad como ninja. Sasuke gruñó, con el mangekyô sharingan activado, buscando un resquicio por donde atacar a la serpiente que tenía delante, intentando adivinar qué tipo de jutsu era el que dominaba esa mujer.
- Será como una muñeca de madera entre tus manos… Un trozo de barro, de carne… - prosiguió con malicia la asesina de Raíz. Ambos habían iniciado una danza en círculos, sopesándose, midiéndose. La mujer parecía experimentada en combate. No podía ser de otra manera, perteneciendo, como pertenecía, a la facción más oscura del cuerpo especial de asesinos de élite de Konoha – Cuando te cansaras de ella, podrías llamarme… Eres un hombre muy guapo…
- Me das asco… - le espetó Sasuke con una mueca, mientras sus ojos caleidoscópicos empezaban a girar peligrosamente.
- Oh… Qué rudo… ¿Siempre eres tan duro con las chicas? – la mujer empezó a mirarle a los pies – Tu sharingan no te servirá de nada conmigo, muchacho… Sé cómo luchar contra esos ojos… Danzô nos ha entrenado bien.
- …Con ojos robados… - dijo Sasuke escupiendo las palabras – Con los ojos robados de mi familia…
- Con los ojos de los traidores a Konoha… - aclaró la mujer – Es justo apoderarse de los doujutsus del enemigo cuando éste ha sido vencido…
- El único traidor a Konoha que hay aquí es Danzô… - Sasuke percibió que la mujer se ponía tensa – Danzô siempre ha actuado en beneficio propio, escudándose para ello en el bienestar de Konoha… Nos ha usado a todos… Y a ti también.
- Mientes… Danzô es un héroe que siempre ha protegido nuestra Villa… - espetó la mujer – Tu Clan… Tú… Tú eres el traidor… Abandonaste Konoha para acudir en pos de Orochimaru, buscando una rápida forma de alcanzar el poder…
- El mismo Orochimaru con quién Danzô pactó para destruir Konoha… - Sasuke esbozaba una cínica sonrisa al relatar la realidad
– El mismo Orochimaru que hizo el trabajo sucio de Danzô, matando por él al Viejo, al que siempre había envidiado.
- ¡Mientes! – la mujer se tensaba más y más, preparándose para una primera estocada de Kusanagi, que parecía vibrar y cobrar vida en las manos del Uchiha – Danzô jamás pondría en peligro a la Villa…
- Sí lo haría, haría eso y más… Contra las órdenes del Tercero, ordenó a mi hermano Itachi, masacrar a toda su familia… Tenía trece años… Todo por el bien de Konoha ¿verdad? – la sonrisa de Sasuke era una mueca de odio espantosa.
- ¡Mientes!
- Oh… Te aseguro que no… Yo mismo fui testigo de aquella masacre… Hombres, mujeres y los niños de mi Clan… Mis primos, mis amigos, mis padres… La sangre de los Uchiha mancha las manos de Danzô y el suelo de Konoha. Él dio la orden.
- ¡Mientes traidor! – la mujer estaba perdiendo los nervios - Itachi se volvió loco... Es la locura de los Uchiha.
- ¿Cómo crees que Danzô consiguió los sharingans? ¿Limpiamente en combate? – Sasuke rió sin alegría y sin hacer caso a las palabras de su adversaria– Oh, venga… Una mujer experimentada en batalla como tú, sabe que es prácticamente imposible que Danzô pudiera derrotar a tantos Uchiha él solito.
La mujer enmudeció, sopesando las palabras del muchacho, ya que no era la primera vez que pensaba en aquello… No era la primera vez que se planteaba cómo su líder podía haber obtenido tantos sharingans.
Se mesó los cabellos en un gesto nervioso.
Ese fue el instante en que Sasuke aprovechó para atacar. El filo de Kusanagi, donde danzaban relámpagos azules, surcó el aire como el pico de un halcón dirigiéndose directamente al estómago de la asesina de Raíz. Sin embargo, la mujer pudo reaccionar a tiempo y la katana de Sasuke sólo le rozó el costado, rasgándole la ropa, provocándole un leve rasguño.
La mujer se abalanzó sobre él, intentando partirle el cuello de una patada que Sasuke bloqueó con facilidad. Lanzó un puñetazo bajo hacia al costado, en el lugar donde la mujer había recibido la herida, pero ella lo paró con la palma de la mano. Durante varios minutos lucharon cuerpo a cuerpo bloqueando y fintándose, el uno alrededor del otro. Sasuke era bueno en taijutsu, pero aquélla mujer no le dejaba atrás.
- ¡Katón! ¡Gokyakô No Jutsu!– finalmente, aprovechando un hueco, Sasuke lanzó su bola de fuego con la facilidad que le otorgaba la experiencia de años de conjurar esa técnica.
- ¡Uooooh!
Su enemiga saltó hacia atrás con rapidez y formó los sellos que el Uchiha reconoció como del elemento agua. Sasuke sonrió. Era demasiado fácil.
- ¡Chidori Nagasi! – el cuerpo de Sasuke se recubrió de un manto eléctrico de rayos cortantes que se proyectaron hacia la mujer a toda velocidad. La alcanzó de lleno en el pecho, aunque la sonrisa triunfante le duró poco al percatarse de que, en realidad, había atacado a un kage bunshin que se desvaneció en el acto.
- No está mal, niño… No está mal… Eres muy, muy bueno… Rápido de reacción y reflejos… Inteligente… - la mujer apareció detrás de él – Pero aún te falta mucho que aprender…
- ¿Y me lo vas a enseñar tú…? – le dijo Sasuke burlón, girándose hacia ella repentinamente y agarrándola por la tráquea.
La tenía donde quería. Mirándola directamente a los ojos la atrapó en sus pupilas caleidoscópicas, listo para aplicarle un gentjusu que la dejara fuera de combate. La mujer se quedó inmóvil por unos segundos, apresada. Sin embargo, la sonrisa de suficiencia de Sasuke se congeló en su boca cuando sintió un extraño calor recorriéndole por todo el cuerpo. Los ojos verdes de aquélla mujer, como la otra vez en la prisión de Konoha, se le clavaban en las pupilas y le inducían a entrar en un extraño trance que ponía en tensión todas las células de su cuerpo.
Sintió el calor abrasador del deseo recorrer su cuerpo y boqueó para respirar. El apetito sexual que el jutsu de esa mujer le despertaba era tan fuerte que bloqueó su mente, dejándosela en blanco.
"¡Mierda…!"
Luchaba contra el pensamiento de poseer a esa mujer, pero su cuerpo no reaccionaba. Era como si su alma y su físico se hubieran disgregado para convertirse en dos personas distintas: la racional y la carnal.
"No puedo… Dioses…"
- ¡Ah…! - Sasuke ahogó un gemido. Una parte de él estaba furiosa por haber caído en un genjutsu de ese tipo, siendo como era el tercer Uchiha capaz de despertar el mangekyô sharingan, era algo deshonroso.
Pero ella era muy buena.
- Te dije que el sharingan no me hacía ningún efecto… - la voz de la mujer le llegaba desde lejos, sofocada y extrañamente sensual – Te dije que caerías rendido a mis pies, Sasuke-kun…
- Sí... – dijo estúpidamente el Uchiha. Sus palabras salían solas de su boca, sin que su cerebro diera la orden para pronunciarlas. La parte de Sasuke que no había sido dominada y que luchaba por deshacerse del embrujo reconoció que las técnicas sexuales de su enemiga eran igual de poderosas que las suyas elementales de fuego y rayo.
- Te lo preguntaré una vez más… ¿Quieres volver a derretirte en mi boca? – la mujer se había posicionado detrás del muchacho, soplándole en el oído las cosas que podía hacerle mientras blandía su katana cerca del cuello de Sasuke, preparada para dar el golpe de gracia.
- Sí… - Por una sola fracción de segundo, deseó derribar a su enemiga contra el suelo e introducirse en su interior, dejarse llevar, perder el sentido, como cuando hizo el amor con Sakura por primera vez en su vida…
"Sakura…"
Le asaltó el recuerdo de la cara contraída de deseo de la joven kunoichi, retorciéndose debajo de él, gimiendo apasionada mientras la penetraba con fiereza.
"Sakura…"
La suavidad de su cremosa piel, de sus labios, de sus pechos…
"¡Sakura!"
La manera en la que ella pronunciaba su nombre al llegar al orgasmo, como dejándolo caer suavemente de su boca…
- ¡Sakura! – gritando el nombre de la mujer a la que amaba, Sasuke se liberó de la técnica de la asesina de élite justo en el momento en que la mujer enarbolaba la katana para rebanarle el pescuezo. En un giro imposible, Sasuke agarró la muñeca izquierda de la mujer, lanzándola hacia el aire con fuerza, a la vez que él mismo se impulsaba para aplicarle el combo de patadas que una vez aprendió de su compañero Rock Lee.
- ¡Shishi Rendan no Kusanagi! – gritó el nombre de la técnica incorporando el de su espada.
La mujer estaba perdida. Con la fuerza de Sasuke, se precipitó al vacío a toda velocidad, rompiéndose la espalda al caer. El Uchiha no se paró a pensar si la ninja estaba o no estaba fuera de combate, porque sin misericordia, le clavó a Kusanagi en la garganta con tal violencia que casi separó la cabeza de su cuerpo.
- Tú y yo… ¡Hemos terminado…! - susurró Sasuke entre dientes a la asesina de Raíz, mientras los espasmos de la muerte agitaban sus piernas. El chico miró fijamente a la enemiga a la que había abatido. Su cara contraída en una espantosa mueca no se parecía ya a la de su amada Sakura.
El Uchiha levantó la vista hacia la puerta que se abría a la oscuridad. Jadeaba, recuperando el aire y el control de su cuerpo. Se había salpicado de sangre la cara y se pasó el dorso de su mano derecha para limpiársela, con una mueca de asco.
Se incorporó lentamente, con sus ojos en rojo y negro, intentando prever los ataques que le pudieran venir desde cualquier flanco y se dirigió hacia aquella nueva estancia que se abría a la oscuridad.
Danzô le esperaba dentro. No tenía ninguna duda. Quizá no saliera con vida de aquél lugar, quizá no volviera a ver a Sakura jamás, pero estaba claro que esta vez no iba a dejar al Shimura con vida, se lo debía a todos. A Itachi, a su madre, a su padre, a Sakura y a él mismo. Sonrió de forma terrible, medio enloquecido con la expectativa de poner a criar malvas a aquel ser infecto.
Quizá él muriera, pero Danzô no vería la luz del amanecer… Y es que matar a Danzô Shimura era su camino del ninja.
Notas: Espero que os haya gustado y os mantenga pegados a la pantalla. Ya queda poco y el próximo capítulo será terriblemente dramático y emocionante. ¿Se encontrarán por fin Danzô y Sasuke' ¿Morirá Karin? ¿Qué ocurre con Naruto, dónde demonios está? ¿Suigetsu encontrará el camino?
Todas estas preguntas, o quizá no, serán resueltas en el próximo episodio.
Ya sabéis: comentad, sugerid y criticad (y, por favor, tened paciencia, que tardar, tardaré, pero colgar el final, lo colgaré)
Gracias a todos por dejarme Rewies. Intentaré contestarlos todos en algún momento de mi atareada existencia.
Camfrica.
