Quiero ser escritora
38º
No seas cruel en navidad
Kim había decidido que llegó la hora de tener ese encuentro con Omi. Sin prórrogas, salió a presentarse en el hogar de los Young a pesar de la llovizna. Sabía lo qué hizo, cómo lo hizo y por qué lo hizo, pero quería oírlo de la boca del propio Omi. No tenía miedo enfrentarse a la verdad. En alguna parte escondida en su interior lo había previsto y temía admitir que no era una teoría descabellada un día de estos. No obstante, si ella no se atrevía a confirmarlo perdería su amistad con Omi y eso sería un peso que su consciencia no podría liberarse ni perdonar a sí misma. Kim presionó el timbre y limpió las suelas de sus botas en el suelo de hormigón, luego de apoyar la punta del paraguas hacia abajo. El señor Dashi abrió.
—¡Buenos días, Sr. Young! —exclamó inclinando mitad de su cuerpo—. ¿Cómo está?
—¡Hola Kim! Estoy bien —observó las arrugas que se forman alrededor de la boca y en su frente cuando sus labios dibujan una cálida sonrisa en el rostro curtido por el cansancio. El hombre parecía diez años más joven al sonreír—. Adelante, por favor.
Ella asintió y pasó al frente. Sus ojos rastrearon a la esposa del padre de Omi, pero ella no permaneció ni un minuto más en el pasillo principal. Se retiró en cuanto llegó. El Sr. Young consiguió el número de un abogado y ambos se pusieron manos a la obra para introducir la demanda de divorcio. Querer a un hijo no es causal de separación, aunque si existen parejas que se distanciaron por una mascota tampoco es una idea extravagante. Dashi sabía que ella no tenía a dónde irse, sus padres murieron y estaba sola, le ofreció una de las habitaciones y convenir entre ambos un alquiler, pero por orgullo lo rechazó. Kim tenía ganas de averiguar si era cierto que estaba tramitando el divorcio, si bien, por no parecer entrometida y evitar una situación incómoda se abstuvo de preguntar y se engulló su curiosidad. Ustedes tienen la suerte que conocen ambas perspectivas. Kim no se sentó de inmediato, aguardó hasta que Dashi le indicara con un ademán que podía tomar asiento.
—¿Dónde está Omi? Me gustaría hablar con él —preguntó. Dashi se asomó por la ventana. El agua empañaban el cristal. La visión de lo que había fuera era borrosa. Intentó limpiar el vidrio con la manga.
—¿Omi? Yo le pedí que fuera a comprar pan, es parte de una cena que prepararemos juntos esta noche. Él no debe demorar mucho, ¿no te importa esperar o sí?
—No, está bien. No tengo prisa.
El hombre se apartó y entrecerró la ventana. Tomó aire y la exhaló por la nariz. Él torció la boca, como si quisiera sonreír, pero se reprime antes de completar el movimiento. Entonces brotaron nuevas arrugas junto a los rabillos de los ojos. Entornó los párpados pesados en tanto se acercaba. Kim no le quitó la vista de encima.
—Mientras esperamos hay algo que me gustaría conversar contigo sin la presencia de Omi.
—¿De qué se trata? ¿es un asunto serio? —preguntó intrigada.
—No, todo anda relativamente bien entre Omi y yo por ahora. Conseguí salir más temprano los jueves para llegar a cenar a tiempo con mi hijo y los fines de semana compartimos el día juntos —comenta con aire de suficiente. Suspiró—. Ayer volamos una cometa, no construía una desde que era niño.
—Me alegra, significa tanto para Omi, pero no entiendo ¿cuál es la emergencia?
—Bien —la nota en su voz alcanzó un tono agudo. Kim se estremece ante el sonido—. Ni Omi ni yo volvimos a mencionar el torneo, he querido abordar el tema, pero me interrumpe como si supiera ya de que quiero hablar. Conozco a mi hijo, sé que no me ha perdonado del todo que haya olvidado un acontecimiento tan importantísimo para él y no lo reprocho, en su lugar haría lo mismo, contaba conmigo y lo decepcioné. Para un guerrero su palabra vale el peso de la ley, sin ella somos iguales que nada, por ende es difícil que Omi lo comprenda de otra manera. Fue criado así —hizo una pausa. Le estaba costando respirar y mantener la firmeza, se tuvo que aferrar del brazo del mueble—. Esto no lo sustituirá ni lo indemnizará, pero es lo único que puedo hacer. El cumpleaños de Omi es este veinticinco de diciembre y me gustaría preparar una pequeña fiesta, que se divierta al menos en compañía de niños de su edad. Él finge que no necesita una fiesta, pero lo hace porque no quiere molestarme. Hay cosas que no puede hacer conmigo que sí podría con otros chicos y yo no deseo que por mi causa se limite en un día que se supone que sería especial. Mi primera esposa era quien se encargaba de estos eventos, ahora que no está pensé si tú podrías ayudarme a organizar esto si no estás ocupada. Te prometo pagarte el doble de lo que cobras como niñera.
—¡Yo no tenía idea de que Omi cumplía años en navidad! ¿Por qué nunca me lo comentó? Uhm, eso explicaría la razón de por qué reaccionó tan apático cuando vio mis adornos.
—No me lo ha dicho directamente, pero él tiene metida la idea absurda en la cabeza de que nadie recuerda su cumpleaños por culpa de la navidad.
—Sr. Young, con gusto asumiría la tarea, para mí no supone ningún contratiempo, aunque hay un obstáculo: Es navidad. En esa fecha todo el mundo está en sus casas celebrando con sus familias, la única opción sería o suspenderlo hasta enero o tener todo listo una semana antes, usted diga ¿está de acuerdo?
—No puedo posponerlo tan lejos.
—Una semana antes entonces —exclamó Kim— ¿lo conservamos entre nosotros como una sorpresa o le decimos?
—Yo creo que será mejor decirle —repuso sacudiéndose la gota de sudor que bajaba por la nuca—. Omi no se toma muy bien las fiestas sorpresas, podría comenzar a protestar y en el peor de los casos, echar groseramente a los invitados. Al contrario, si se le informa aparte la explosión no arremetería contra todo el mundo y me daría chance de persuadirlo en cambiar de idea. ¿No dicen que guerra avisada no mata a soldado?
Kim estaba entusiasmada: ¡Una fiesta de cumpleaños! Había tenido su último cumpleaños infantil hace siete años y medio. Hasta entonces caviló que no montaría otra fiesta luego de que tuviera sus hijos. Y bueno las fiestas de las pequeñas personas no son tan diferentes a la de los grandes. Siempre está el niño que se siente mal y vomita su helado así como también el borracho en resaca que regurgita el almuerzo. En ambas se reparten invitaciones, juegos, regalos, ofrecen comida y la enorme torta traída de la pastelería. El juego de manteles, los globos y el tema de la fiesta ¡va a ser verdaderamente genial! Todavía si no es una sorpresa. Con lo que sentía debilidad por las sorpresas, no tanto como su amor por los zapatos, pero casi.
Omi y Dojo competían en una amistosa carrera para descubrir quién llegaba primero a casa. Venían de regreso de comprar pan a toda velocidad, sin importarles que hubiera lluvia. Para él el clima no le suponía una molestia si no una razón más para hacerlo divertido. Y cuando Dojo se escabulló a la grama a saltar de charco en charco. El niño no resistió la tentación de imitarlo. Pero a medio camino, Dojo se detuvo estrepitosamente y Omi se estrelló contra él por accidente. Se desplomó y soltó una risotada.
—¡Eso fue grandioso! —carcajeó él y golpeó el puño en el agua— ¿qué pasa, amigo? ¿por qué no me contestas?
Siguió con la mirada lo que estaba viendo Dojo. Era una señora "occidental", de la edad de su abuelo, que al parecer empujaron y todas sus compras rodaron por el suelo. A un ritmo lento, pero seguro intentaba volverlas a meter en sus bolsas. Omi se reintegró.
—Sí, lo sé, parece que necesita su ayuda... —Dojo ladeó la cabeza. Omi meneó la cabeza— ¡ah no, no señor! ¡Ni lo pienses, Dojo! No es nuestro problema, cada quien se ocupa de sus asuntos —Dojo le lanzó una mirada expresiva y Omi cruzó los brazos—. Lo siento, amigo, pero yo ya no ayudo a las personas. Eso fue otra época que nunca volverá —medio entornó los ojos y añadió en voz baja—. No me lo tomes a mal, ¿okey? Esto nunca se lo he dicho a nadie así que esto quede entre los dos: Sí he pensado volver a ser honesto, pero las cosas no me salen bien. Quise detener el robo y la policía me quería echar la soga al cuello. Salvé a Raimundo de caer en las trampas de Jack y por desenmascararlo en frente de todos, Kimiko me detesta. ¿A quién voy a engañar? El destino quiere que sea malvado y es lo único que sé hacer como debería, ¡¿quién soy yo para desafiar el destino que se me ha dado?!...
Un relámpago lo interrumpe. En un acto reflejo, subió las manos protegiéndose las costillas y el estómago, listo para combatir. Dio una vuelta completa asegurándose que sólo estaban él y Dojo. El rayo lo había dejado todo más iluminado por unos breves segundos. Entonces lo ve, detrás de un árbol estaba parado Jack. Sus ojos son negros como un pozo vacío, como una noche sin estrellas. Debajo hay dibujados unas sombras, su frente pálida brillaba por el agua que caía desde el cielo y sus labios estaban tensos, pero pese de todo consigue estirar una sonrisa tan horrible que inspiraba miedo de mirarla. Lo estaba observando ¿hace cuánto llevaba haciendo esa actividad? Y aunque él no podía hacerle daño porque una cuadra los separaba su corazón se aceleró. Un minuto luego un trueno asestó seguido de otro rayo, son signos de que una tormenta eléctrica se está desatando. El chico pestañeó, al volverse hacia donde había visto a Jack. Él no estaba. Desapareció. Se arrodilló en una pierna y acarició la cabeza de Dojo.
—Será mejor que nos movamos de aquí.
El dormitorio del interpelado estaba más apartado del resto de los otros cuartos. El espacio era muy cerrado y pequeño. La puerta estaba hecha de madera y papel, no se podía empujar ni jalar, se deslizaba oblicuamente. Con una cama individual recostada hacia la ventana, la mochila que Kim le había regalado descansaba sobre una silla volteada contra la pared de la esquina, había también una pila de trabajos para el colegio, consecutivamente una diminuta estantería en la que había una cometa y dos libros. No hay elementos decorativos ni tantos juguetes o siquiera una cómoda. Será que se cambiaba de ropa en otro cuarto.
Ella no se movió en el acto, se quedó de pie, desorientada, observándolo todo. Es increíble, como una pieza puede contener demasiado de una persona. Aquí es donde Omi tuvo que haberse arrodillado implorando a sus ancestros, exasperado, por la vida de su madre y en esta almohada debió haber llorado incontables veces. Si las paredes hablaran de seguro revelarían muchas cosas. Esta habitación había sido testigo de la evolución de Omi a través de los años desde que perdió a su madre hasta que su padre se casó de nuevo y ahora el divorcio, ¿Omi lo sabría? Demasiados cambios para el corazón de un niño. Kim, en vez de quedarse aguardando de brazos cruzados bajo el pecho, revisó los trabajos de Omi. Varios eran cuadernos que pertenecían a cursos anteriores.
El primero era de primer grado, en cada hoja había tachones de bolígrafo en señal de haber corregido todo y felicitaciones escritas por la maestra. Omi lo había usado fructuosamente. En la última puso: ¡Éxito en todos tus proyectos! ¡Fue un placer haber sido tu profesora! Y dibujó una cara feliz. Adentro había una carta dirigida al padre de Omi: Sr. Young, Omi es muy buen niño, disciplinado, amable y sonriente; siempre interviene en sus clases y entrega sus deberes impecable y puntualmente. Todos sus compañeros lo quieren. Déjenme decirles que tanto usted como su esposa deben estar orgullosísimos del hijo que tienen.
Kim rebuscó para encontrar el cuaderno de segundo, estaban desorganizados por lo que fue un poco más difícil dar con él pero lo obtuvo. Igual que su precedente estaba muy completo y por todas partes marcas de vistos buenos en tinta azul. Había numerosas cartas citando al Sr. Young, una de ellas decía: La repentina muerte de su madre fue un golpe muy duro para Omi. Aunque él es un alumno aplicado y nunca ha fallado respondiendo a sus tareas, le está costando bastante. Se separa de los demás niños. Su vida en casa le está afectando y si no se toman acciones rápidas las consecuencias podrían ser adversas. Señor Dashi, se le agradece que por el bien del niño, acuda puntual este miércoles a la 10:00 a una cita conmigo. Estoy segura que podremos llegar a una solución juntos.
El cuaderno del tercer grado con suerte tenía anotadas algunas clases. Estaba descuidado y las hojas del medio estaban rasgadas —se atrevió a adivinar que las usaba como pelotillas para lanzar—; ni la mitad de los ejercicios estaban resueltos. Citación tras otra. Encabezaba una así: Desde que empezó este año, el alumno Omi no ha parado en meterse en problemas, no muestra interés por las actividades escolares y, por consiguiente, sus notas son unas de las peores. Falta el respeto a sus maestros y compañeros. Estimado Sr. Young, debemos de hablar en persona sobre la presente situación, si usted está de acuerdo espero su respuesta en el espacio de abajo y envíemela a través de Omi.
Notas y quejas similares llenaban las páginas en blanco del cuaderno de cuarto grado: Omi no hace nada. Molesta a sus compañeros. Sr. Young, debe estar mañana en el colegio a las siete para conversar sobre la conducta de su hijo. Kim cerró bruscamente el cuaderno. Omi giró la perilla de la puerta y empujó. Para espantarse el agua y la nieve de encima, Dojo se sacudió todo el cuerpo desde la coronilla hasta la cola. Como era humano, no le saldría tan bien el truco, por tanto ni lo intentó.
—¡Eso fue tan raro! —jadeó Omi—. Como si me convencieras por un instante, Jack Spicer. Menos mal huimos de perillas —se llevó las manos en torno de la boca y gritó—: ¡Papá, ya volvimos!
Partió la punta del pan y la apretó entre los dientes, mordiéndola. Puso el resto en la mesa y se redirigió a su cuarto cuando reparó que había alguien adentro. Se sorprendió de descubrir que era Kim. Estaba husmeando sus cosas del pasado. En lugar de enfadarse y asumir una actitud feroz, Omi espiró hondo y las comisuras de sus labios tiemblan formando una semi-sonrisa nostálgica.
—¿Impresionante no? —su vocecita ronca llenó la habitación. Kim giró sobre sus talones, sobrecogida, y él cogió uno de sus cuadernos ojeándolo de soslayo—. Cuesta creerlo, pero antes de convertirme en un matón fui un nerd. Me gustaba sobresalir y de vez en cuando mi madre me ayudaba hacer mi tarea, recuerdo que una vez hicimos una bonita maqueta... un segundo, debe estar por... —arrojó el cuaderno sobre la mesa y se agachó debajo de la cama cuando de repente sacó la cabeza y brincó en la cama— no, ya recordé. La boté.
—¿Por qué?
—No quería guardar nada que me recordara a ella, me producía demasiado dolor regresar y ver esas fotos guindadas en la pared o tocar mi ropa recién doblada con olor a hierba limón, su olor. Me deshice de todo, excepto por unas fotos las cuales destruyó Wuya más adelante. Estaba enojado. Y ahora me arrepiento, no me queda casi nada —sintió sus manos temblar. No es bueno, cada vez que sentía deseos de romper a llorar solía temblar, en cambio si las apretaba contra su pecho las mantendría quietas. No sabía que había una presión acumulada dentro de sí mismo hasta que enfurruñó los dedos aferrándose a su camiseta— me pregunto si... de no haber muerto no habría cambiado yo y entonces seguiría siendo un nerd. Tal vez. —él hace una pausa—. Todavía tengo el DVD que me diste, lo escondí donde Wuya no lo encontrara —él sacó debajo de la almohada a Ninja Fred, en la espalda del peluche alguien hizo un corte y al abrirlo había un disco tapado por el relleno, metió la mano y lo mostró—. Siempre que puedo lo veo, el televisor está en la sala y me toca esperar hasta que Wuya no esté en casa o se duerma —observa con la mirada perdida el CD, luego lo coloca a un lado y se vuelve—. ¿Y a qué viniste? Creí que seguías enojada.
—Ya se me pasó. Ahora quiero hablar —repuso desplomándose a su lado.
—¿Y eso de qué servirá? —gruñe, parándose— ¿qué necesitas entender? Intenté apartarlos a ti y Raimundo. Me uní a Jack porque no me quedó otro remedio, además me había visto.
—¿Por qué? No lo hiciste porque sí, contesta con la verdad —pidió.
—Por miedo —dice sin volver la vista atrás, añade al otro minuto— de estar solito. Temía que si pasaban tiempo juntos se enamorarían y se harían novios, yo sabía que en el fondo te seguía gustando y pude darme cuenta que él estaba comenzando a sentir lo mismo por ti, no podía permitirlo porque si llegaba a suceder no podrías estar conmigo si estabas con él. Y para ser honestos "no tengo cómo competir". Mi padre también fue así, cuando se casó por segunda vez me hizo a un lado...
—¡Oh Omi! Eso es...
—¿Ridículo? ¡¿Me tomas por un tonto?! Eso no lo sabes. ¡No trates de engañarme! —cerró los ojos. Sólo veía la obscuridad del interior de sus párpados antes de volverlos abrir— lo siento, no quise decir eso —dijo suavizando el tono cuando se dio cuenta que había sonado demasiado duro—; después de la muerte de mi madre nadie creyó en mí como lo hiciste tú, me hiciste sentir alguien especial.
—¡Pero si tú ya eres especial! Sólo necesitabas que te lo recordaran.
—Reconozco que fui egoísta y muy estúpido —dijo girándose pero aun sin mirarla del todo a los ojos—. Es nada más que no podía aguantar que te fueras si podía yo impedirlo, ningún día sería igual sin ti: Y no soy muy bueno con las letras, tú muy bien sabes de eso, pero eres la segunda mujer más genial que conocí (la primera fue mi madre) —aposta él dejó la frase intermedia. Esta era la línea en que tenía que exteriorizar sus sentimientos y pedirle que se quedara con él; no tenía sentido se esforzaba por no manifestar su estado emocional y ahora la única forma de convencerla era haciendo justamente lo que evitaba. El chico apretaba los puños y extendía la mano, reuniendo valor para hablar: Vamos, tú puedes hacerlo, sólo dilo. Omi bajó los hombros y agachó la cabeza como si el cuerpo le pesara— y yo, bueno... yo...
Se lanzó sobre ella sin llegar a completar la frase. Kim le devolvió el abrazo. Unos círculos húmedos aparecen en las mejillas del niño, él apretaba su carita contra su blusa.
—No hay por qué temer, estas son cosas que pasan. Pero escúchame bien, no te voy a dejar nunca y puedes tener esa certeza: eres mi hermanito más consentido.
—Si tú no tienes hermanos...
—¡Por eso mismo! Tú eres un niño... a ver ayúdame un poco que mi mandarín está un poco oxidado, ¿cómo se dice "listo"?
—智能.
—Muy bien, también eres... ¿cómo se dice "simpático" en mandarín?
—有同情心.
—Y, por último eres... ¿cómo se dice "bonito" en mandarín?
—漂亮.
—¿Lo ves? Eres listo, simpático y bonito, lo que es lo mismo ¿cuál era la primera palabra? Está bien, no importa, el punto es ¿quién no iba adorar un pequeño tan adorable como tú? ¿No te he demostrado antes lo mucho que te quiero? Me decepciona un poco que no confíes en mí. Sin embargo, —se aparta lo suficiente para mirarlo a los ojos y sujeta su barbilla con un dedo—, no te voy a mentir, llegará un día en que sí "me compartirás" con alguien ya sea Raimundo o cualquiera. Y no puedes estar en esto siempre, ¿entiendes lo que digo?
—No soy bueno compartiendo y puede que tampoco me guste la idea...
—Estoy segura que podremos lograrlo juntos —sonrió Kim—. De todas formas, agradezco que hayas sido sincero. Sabes pudiste habérmelo comentado directamente en vez de meterte en tantos problemas, somos amigos ¿cierto? No existen secretos entre los buenos amigos.
—Sí, claro, iba a llegar a decirte: ¡Oye, Kim! No me gusta que Raimundo y tú sean novios. Me mirarías como un fenómeno.
—Lo sé —comentó riendo—, pero valdría la pena. Dime, ¿no te sientes mejor ahora que te has desahogado? —él asintió con la cabeza vagamente—. De acuerdo, me gustaría ver una vez más esa linda sonrisa en tu carita. Me entristece verte tan deprimido Omi, no quiero que sufras por mí.
—¿En serio lo prometes? ¿no vas a irte?
—¡Lo prometo!
Omi vacila un poco antes de sonreírle con la boca cerrada. Kim le acarició la coronilla de la cabeza y después lo besó allí mismo con afecto. Un escalofrío recorre la columna del niño y se extiende por sus brazos erizando los vellos, si bien la sensación es confortable. Por ende, no lo rehúye. Cuando ella se fue, él la acompañó a la puerta caballerosamente. La chica le aseguró que muy pronto los dos entrarían en contacto y se volverían a ver antes de que las vacaciones acabaran. Acto seguido, se metió en el interior de la casa y se tendió en el sofá, silbó llamando a Dojo y dio unos golpecitos en el hueco de al lado. Éste llegó deslizándose y se encaramó en el reposabrazos, desparramándose. Alcanzó el control remoto y encendió la televisión.
—¡Me encanta brincar en charcos de lodos, mamá!
—¡Aj! Solía robar el almuerzo de niños así en el recreo, ¡buuuuu! —Abucheó lanzando uno de los cojines del sofá a la pantalla—. Esta basura orgánica hace parecer a los niños idiotas —bufó cambiando de canal.
—Escupir no es libertad de expresión.
—De eso hablaba —carcajeó Omi— ¡ese niño amarillo es genial! ¡Oh hola papá! —saludó volviéndose momentáneamente por encima del hombro y remangándose las mangas. El Sr. Dashi se agachó a recoger el cojín.
—¡Hola hijo! ¿volviste? ¿Kim se fue?
—Se acaba de ir hace media hora —respondió pateando el aire con ambas piernas—el pan está sobre la mesa, ¿harás los emparedados? —preguntó dando una vuelta completa al otro lado del sofá e hincándose para mirarlo de frente.
—Sí, mi niño, en un instante ¿quieres ayudarme? —él se encogió de hombros, apagó la tele y brincó afuera. El hombre se clavó los dientes, tan fuerte, en el labio inferior que del dolor puso una mueca. Sintió un nudo en el estómago. Las palmas de las manos le sudaban— eh, Omi...
—¿Sí? ¿qué ocurre? —juntó las cejas, intrigado— ¿te sientes bien? Te noto medio extraño.
—Sí —se aclaró la garganta para bajar la bilis que subía a través—. Hablando en serio hijo, Kim vino a verte y yo le pedí su ayuda para organizar la fiesta de tu cumpleaños, lo estuve pensando muy bien y pensé que sería de utilidad. No soy tan bueno en estas cosas.
—¡¿Una fiesta?! —exclamó sin entonación a pesar de que debía hacerlo. La voz monótona en Omi sale tan antinatural que no parecía suya— ¡papá, te dije que no quería una fiesta!
—Lo sé, hijo querido. Entiendo que estés así. No obstante, Kim ya resolvió el problema: Lo podemos celebrar una semana antes. Sé que no es lo mismo, empero tiene un lado positivo: A diferencia de otros chicos tú puedes festejarlo dos días, ¿no es fantástico? —se pellizcó el puente de la nariz yendo hacia su hijo, él cruzó los brazos—. Estoy plenamente arrepentido.
También hago esto a causa de que quiero asegurarme de que tengas el día que no tuviste en el torneo.
—¡Ay tal parece que no entiendes! —gruñó frunciendo el entrecejo.
—¿Qué no entiendo?
—Padre, no me interesa ver a mis compañeros, a ellos los veo de lunes a viernes, en cambio a ti de vez en cuando. Eso me basta —el Sr. Young se agacha a su altura y le sonríe.
—Estaré en ambas fiestas, Omi, no lo arruinaré, casi te pierdo en la primera vez... no quiero volver a repetirlo. Sólo en la primera podrás compartir con otros niños cosas que no podrías hacer nunca conmigo. Sin embargo, piénsalo detenidamente esta noche. Y si tu decisión se mantiene, le diré a Kim que lo cancele —dijo.
—¡No, aguarda! —lo frena. Omi espera hasta que su respiración se acompasa para hablar— está bien: Invitemos a los niños, aunque dudo que quieran venir, he molestado a todos en el salón.
—Te equivocas. Te disculpaste con ellos ese día que leíste tu discurso —Omi rodó los ojos, desilusionado—. Y también invitaremos a las niñas.
—¡¿Qué?! —chilló— ¡¿por qué?! ¡Ay no! ¡Papá!
—¡Omi, no hables así! No me gusta esa actitud discriminatoria que tienes, ¿quién te enseñó a ser machista? Conmigo no aprendiste eso y tu abuelo tampoco, en serio quiero creer que sólo es temporal y se te quitará dentro de unos años cuando te enamores.
—¡¿Enamorarme?! ¡Eso no le sucederá a este chico!
—Mejor no hables tan alto o podrás arrepentirte en el futuro; no puedes tomar la vida como si fuera una broma, es parte de madurar y algún día te convertirás en un hombre.
—¡Quizá no quiera crecer y prefiera ser inmaduro! —hizo una pausa— hasta que muera.
—Sí, ya sé —suspira resignado—. Ojalá fuera tan sencillo, pero no puedes controlarlo.
—Descubriré una forma… —a Omi se le tensa el cuerpo. Su padre le echa una larga mirada de desaprobación y él dejó caer los brazos a cada lado del cuerpo, rindiéndose—. Está bien, invitaremos también a las niñas.
—¡Ese es mi niño! —la sonrisa en el rostro de su padre se amplió. Se cepilló la calva con la mano—. Sabía que entrarías en razón, ¡ah! ¡Y Omi! No es que no confíe en ti, pero quiero que me prometas que te comportarás amablemente con nuestros invitados ese día.
—¡Papá, me obligas bastante! —se quejó.
—No es tan difícil. Verás que será agradable conseguir una sonrisa de otros —Dashi atrajo el puño al pecho—. Si te ayuda, di unas cuantas palabras agradables y sonríe en ocasiones. Cero caras largas, comentarios sarcásticos, términos groseros, ¡eso afuera! ¿Comprendes lo te que te digo? ¿Lo prometes? ¡Manos al frente! ¿Crees que no te conozco? Nada de cruzar los dedos.
—Bien —agitó los brazos, donde pudiera ver las manos y masculló entre dientes— ¡te doy mi palabra de guerrero! ¡Nomás te advierto que le estás quitando la diversión a la fiesta, eh!
Nunca había tenido ni convidado a una fiesta de disfraces, mas no por eso correría riesgos. Al punto que fue —en parte a la fuerza y en parte voluntariamente— con Kim a escoger los globos, los vasos y los platos desechables que se usarían. Al pie de la letra no quería ningún color que fuera demasiado de niñita o una imagen muy cursi. Rechazó la idea de los gorros, según él era una reverenda ridiculez desperdiciar dinero en algo que todos botarían después o se caería cuando corrieran. Por ahorrar el presupuesto emplearían los manteles que tenían en casa. Se elaboraron las invitaciones en el ordenador de Kim. Ambos estuvieron un largo rato discutiendo sobre el estilo. Para Kim, el concepto de Omi era bastante acerbo y para él, la definición de ella era suficientemente sofisticada. A la final llegaron a una resolución, de cualquier forma él se encargaría de repartirlas. Pues que eran varios niños para custodiarlos a todos en un espacio tan cerrado como el hogar de los Young, reservaron el salón de fiesta del edificio donde vivía su abuelo. Desde temprano tenían que acomodar todo para no tener que apresurarse y cuando llegaran los comensales estuviera listo.
A Kim se le ocurrió atar los globos al respaldo de las sillas, pero como el número de globos no alcanzaban a cubrir el total se armaron dos columnas altas a la entrada entre las enormes letras de cartulina metalizada colgantes que unidas completaban: FELIZ CUMPLEAÑOS. El repertorio de la música fue una mezcla de temas actuales y techno. No podía ser cien por ciento un clásico pop de los ochenta/setenta ni un estridente heavy metal, el género favorito del cumpleañero. El vecino —enamorado— de Kim los ayudó a montar unas cornetas para ello. En cuanto al problema de la comida, algunas fueron traídas hechas y otras preparadas por los anfitriones. El chico seleccionó su propia torta. La hora de la fiesta es en la tarde y terminaría un poco antes de las seis. En vista de que la temática de la fiesta era de disfraces para que todo el mundo se vistiera como quisiera y no de guerreros sin más, Omi escogió su conjunto para entrenar en el templo Shaolin como disfraz. Adentro y afuera de la escuela él seguía siendo un valiente Monje Shaolin, eso no cambiaba en absoluto.
Por si presentaban curiosidad, Dashi cumplió su promesa —hasta que por fin, Dios— y fue el primero en presentarse y ayudar con todo a su padre, Kim, Clay (es obvio, a él fue quien le pidieron permiso para usar el salón) y Raimundo, aunque el muchacho recibiría su regalo en su verdadero cumpleaños. De estos tres últimos recibió un carrito a control remoto, una lonchera y un mazo de cartas. Como siempre hubo disfraces más bonitos que otros. Todos súper creativos. Casi ninguno renovó. Por supuesto, nadie se atrevió a plagiar el diseño del cumpleañeros. Eso sería un escándalo, además de un agravio. Por cada niño que llegaba, se acercaban a la mesa en la cual estaba Omi reunido con sus mejores amigos Jermaine y Tiny lo saludaba, entregaba su obsequio y se congregaba al resto de sus compañeros. Los adultos se apiñaron a lo lejos para no estorbar a los niños.
—¡Hola chicos! —saludó Boris al trío—. ¡Están geniales sus disfraces! Aquí dejaré el mío, cuando lo vi me encantó ¡ojalá también te guste Omi! —estiró el brazo aceptando el regalo.
—Gracias de parte de todos por el cumplido —susurró—. El tuyo también está original, ¿de qué es?
—¿No es obvio? ¡Soy Superman!
—¿Superman? ¡Ah claro! Clark Kent, el tipo que usaba lentes y cuando se pone la capa se los quita. Está buena la referencia. Deberías quitarte los lentes más seguido, te da... estilo.
—¿De veras lo crees? —incapaz de comportarse tan empalagoso, Omi se obliga a asentir— ¡vaya, qué amable! ¡Bueno, me voy! ¡Nos vemos en un rato! —se despide con una mano, él acopia el presente junto a los otros en la mesa para abrirlo posteriormente. Quedándose en compañía nada más de sus amigotes.
—Eso fue... generoso de tu parte —comentó Tiny despacio.
—¡No puede ser! ¡Omi jamás actuaría de ese modo, debes ser un impostor! ¡¿Qué le hiciste a nuestro amigo, impostor?! ¡CONFIESA! —aburrido, se cubrió el rostro en tanto Jermaine ahogaba un grito de terror— ¡Tiny mira, el impostor desapareció! —Omi se descubrió.
—¡Estoy aquí mismo! No me he ido —espetó con un tic en el labio, enlazó los dedos sobre el mantel con cuidado—. Mi padre me hizo jurar que sería amable con todos los niños, para asegurarse que no cruzara los dedos me obligó a mostrar mis manos así que... por este día... tengo que decir algo lindo para los demás.
—¡Okey, ajá continúa contándonos! Te reencontraste con el loco primo de Megan, ¿y luego qué pasó? —animó Tiny, dándole unas palmaditas en el brazo.
—Bueno, la verdad no bastaría describirlo en una palabra. Raro se queda cortísimo, ¿cierto Dojo? —el animal asintió inteligentemente—. Pues no hizo nada, se quedó allí mirándome a la distancia escondido, me pregunto si se dio cuenta que sabíamos que estaba espiándonos y por eso se fue... sí, debe ser eso, porque si no ¿qué otra razón tendría para irse? A lo sumo me las zampé como pude y salí volado.
—¡Uy, qué miedo! —comentó Jermaine estremeciéndose.
—Y qué sujeto tan extraño, ¿crees que será la última vez que lo verás?
—¡Oh no! De eso estoy seguro, los locos se cruzan más de una vez —chasqueó la lengua—. Algo que huele mal se está cociendo en esa cabeza chiflada y es su venganza, y de lo poco que pude reparar cuando trabajé con Jack Spicer es que es muy, muy rencoroso y no es para subestimarlo. Pero bueno, mañana nos preocuparemos de eso, muchachos, hoy disfrutemos de esta fiesta en honor a mí y recuerden estar preparados para la operación "bomba". A mí señal ustedes ya saben lo que tienen que hacer...
Los niños intercambiaron miradas. Omi se echó hacia atrás, alargó la pierna encaramándola encima de la mesa y cruzó los brazos. Se balancea de atrás hacia adelante. Parecía cómodo. Omi había prometido ser dulce y amable con el resto de los invitados, sin embargo su padre no dijo nada sobre no hacer travesuras y estaba tramando una muy grande y apestosa junto a sus dos amigos para el mejor momento de la fiesta. Lo planeó tan bien que dudaba que su padre, su abuelo o Kim llegaran a sospechar de él, podría interpretarse como un inofensivo accidente. ¡Ah! ¡Las bromas olorosas eran sus favoritas! Entonces el niño Robocop se bajó de la silla.
—Se me acaba de antojar una soda, ¿quieres venir Jermaine?
El gladiador romano alzó los hombros, se reincorporó y ambos se fueron juntos. El Monje Shaolin se quedó en la misma posición cuando una sombra apareció. Levantó la mirada.
—¿Megan? —la mayoría de las niñas habían venido con sus vestidos de Halloween del año anterior, o sea: de muñeca, princesa, bailarina y mosquito gigante (léase como hada), pero el disfraz de ella era diferente— ¿qué es eso?
—¡Mi disfraz! —exclamó extendiendo los brazos— ¡es de pirata!
—Sí, lo noté, pero ¿no se suponía que los piratas eran hombres?
—No todos, ¿no has visto las películas? —replicó ella sin perder la paciencia. El niño no se imaginaba a un grupo de mujeres tatuadas y barbudas saqueando botines, bebiendo cerveza y blandiendo espadas contra otros. De todos modos, él no dijo nada, respetando su promesa de ser agradable— ¿y tú...? ¡No hay ni qué preguntar! ¡Pero oye! ¿ese no es tu uniforme de artes marciales?
—¡¿Cómo puedes decir eso?! —gruñó escandalizado—. Esta es una investidura tradicional de los Monjes Guerreros de Shaolin, no es un simple uniforme, ¡mira la exquisitez de la tela tallada a mano! Cualquier experto distinguiría que es mucho más gruesa que la normal... —indicó estirando la manga para mostrársela.
—Como tú digas —Megan puso los ojos en blanco, se aproximó—. ¡Vamos a la pista!
—¡¿Qué?! —Omi abrió mucho los ojos— ¡¿tú y yo?! ¡¿Allá?! ¡¿Juntos?! ¡¿Bailando?! ¡Oh no! ¡No, no, no, no! ¡La respuesta es no! ¡Olvídalo mujer, búscate a otro niño! —se retorció en la silla, deslizándose hacia fuera y se escondió debajo de la mesa. Megan alzó el mantel.
—Pero yo no quiero bailar con otro niño, ¡yo quiero bailar contigo! —afirmó sonriente— y además, ¡será muy divertido! ¿Qué te cuesta?
—Me cuesta mi dignidad.
—¿Es que acaso los Guerreros Monjes de Shaolin no saben bailar? —se burló. Omi frunció el entrecejo.
—¡Sí sabemos bailar! —musitó irritado—. ¡Es que se supone que no es así! ¡Los hombres somos los que invitamos a bailar a las mujeres, nunca al contrario! ¡Ahora, ¿te quieres ir?! No me gustaría usar esa grosería que aprendí con una mujer, ¡qué deshonra!
—Bien, invítame tú entonces.
—¡De acuerdo, ¿quieres bailar conmigo?! —las palabras escaparon de su boca que apenas reparó en lo que dijo, que cuando se percató era demasiado tarde para detenerse. Se tapó la boca— ¡no, espera! ¡Eso no fue lo dije!
—A mí me pareció entenderlo muy claramente —Megan lo asió de la muñeca y lo jaló.
—¡Ay ancestrooooooooooooooooos!
Jermaine dio unas palmaditas en el hombro de Tiny señalando a la pareja en el centro de la pista. Éste se da la media vuelta. Una risa histérica se atasca en la garganta y por más que intenta reprimir la carcajada más forzadamente escapa un chorro de refresco a través de una de las fosas nasales. El otro lo sigue, pero con más mesura. Kim contempla su obra maestra desde cierta distancia.
—Felicitaciones —dijo Raimundo— has hecho felices a unos chiquillos. Podrías dedicarte a esto, ¿sabes?
—¿A qué? ¿planificar eventos? Puede ser... no sé por qué no se me pasó antes.
—Y oye, Kim —el hombre se aclaró la garganta— ¿has sabido más de Spicer? —preguntó lentamente. La última vez él había perseguido a los confines del club tratando de excusarse, pero Kim lo ignoró y se fue hecha una furia dejándolo con las palabras pegadas a los labios.
—Lo usual —se encogió de hombros—. Insiste en querer hablar conmigo, satura mi correo enviando emails que sabe que nunca leeré, me llama a mi celular, mi contestadora no puede retener más sus mensajes.
—¿Es una actitud constante? —inquirió preocupado.
—Es muy frecuente. Sí. A menudo he sufrido la tentación de acudir a la policía y solicitar una orden de restricción porque hay días que no lo aguanto, pero luego pienso que hay que darle algo de tiempo para que se le pase. Algún día va a dimitir —Raimundo quería añadir que estaba en total desacuerdo con esa opinión, empero se guarda el comentario. No quería iniciar una discusión. Nadie dice nada. Se quedan mirando el uno al otro. Raimundo sube la mirada y apunta arriba.
—¡Mira eso de allá! Es muérdago ¿quién lo habrá puesto ahí? Bueno, sabes que significa.
Rodea su cintura con un brazo, acercándola a él y a sus labios. Kim decide no importarle y lo deja guiarla. Sus respiraciones irregulares se entremezclan, conforme ella iba entornando los párpados. Automáticamente sin pedirlo, pone una mano en su pecho. El ritmo acelerado de su corazón comienza a ir más pausado cuando se acostumbra a percibir el sonido de su respiración por encima de la música. Pero ni siquiera llegan a tocarse, una fila de niños que pasó corriendo entre ellos arruinó un momento casi perfecto. Omi regresó después de bailar una canción con Megan a buscar una cajita de perfume en la mesa y luego se dirigió hacia donde está Kim. Ella se metió el pelo detrás de las orejas mientras se inclinaba.
—¿Estás disfrutando?
—Sí —asintió. Se aclaró la garganta y le extendió el regalo— esto es para ti. Tanto mi papá y yo deseamos darte las gracias, en persona quería entregártelo. Perdona si no está envuelto —agregó en tono lastimero—. No tuve tiempo. Este regalo te lo debía desde hace meses y te puedo garantizar que no es una rata. Puedes rociarte con confianza, no le puse nada.
—No hay problema —aseguró. Lo aceptó; el perfume había sido usado anteriormente, pues sólo cubría la cuarta parte, fácilmente Kim podría apostar que perteneció a la madre de Omi y en cuanto a la marca era de segunda mano, pero no le importó que no fuera de Givenchy o cualquier otra patente reconocida—. ¡Es muy lindo, gracias!
—Feliz navidad, Kim.
—Pero Omi todavía no es navidad...
—¿Y eso qué? —le inquirió sonriente. Kim le devolvió la sonrisa y en respuesta, salpicó un poco del perfume en su muñeca. La sonrisa de él se torció a una media triste. Era el mismo olor a hierba limón que expelía su madre cuando vivía, pero no se sintió incómodo, le gustó la sensación.
—Feliz navidad, Omi —dijo ella. Omi asintió. Y cruzó los dedos detrás de su espalda, una señal que sólo entenderían Jermaine y Tiny.
Jermaine y Tiny soplaban la nariz de éste, el chorro de refresco que había sido divertido al inicio quemó sus entrañas y ahora le costaba respirar o hacer cualquier cosa. Jermaine sacó a Tiny del salón de fiesta, pensando que todo lo que necesitaba era aire fresco en un espacio más abierto. Cuando se sintió mejor estaban listos para ejecutar la misión que Omi les había encargado. Contaba con ellos, como cumpleañero iba a demorarse un poco en alcanzarlos, pues primero que nada debía despistar a los invitados. Nunca creyó que sería tan fastidioso ser el centro de atención. Pero se decía a sí mismo: Una fiesta de cumpleaños de Omi no es una fiesta de cumpleaños de Omi sin una buena broma, en contraste es una fiesta ordinaria. Omi había escondido su sorpresa hedionda en el apartamento de Kim. Era factible ocultarlo en un lugar tan desordenado como ése que en la casa de su abuelo donde en menos de cinco minutos lo encontraría. Ellos subieron hasta el cuarto piso. Omi les había indicado como entrar, por supuesto. Pero algo los detuvo. Jermaine se detuvo y Tiny se estrelló contra él. Tiny abrió la boca para hablar, empero Jermaine se llevó un dedo a los labios. Empujó a su amigo detrás de la pared y espiaron. En el apartamento frente al de Kim había un hombre quien estaba forzando la cerradura.
—¿Por qué nos escondemos? —susurró Tiny.
—¿No lo ves? —contestó entre dientes—. Hay un sujeto extraño.
—Ajá, no es nuestro asunto, él está en aquella puerta y nosotros vamos por la otra —gruñó fastidiado.
—¿Quién será...? —se preguntó a sí mismo, ignorando a Tiny— no logro verle bien la cara. ¿Será Jack? ¡Sé serio, Tiny, tú estás más cerca! ¡Dime!
—Espérate, está de espaldas...
—¿Crees que vaya a buscar a Omi? Sabría lo que hay que hacer.
—Nos las arreglaremos bien sin él, Jer. ¡Entró! —los dos amigos salieron de su escondite.
—Bien, ¿ahora qué hacemos? ¿Lo seguimos?
—¡No! —meneó la cabeza—. Es demasiado arriesgado. Mejor sigamos a lo que vinimos y se lo comentamos después al chino.
A/N: Les traigo el capítulo treinta y ocho, ¿no fue increíble? Sí, reconozco que estuvo largo, empero me rehusaba a que no terminara de otra manera que no fuera esta y no lo interrumpiría abruptamente pues que en el próximo capítulo tengo preparada otra cosa y no tendría sentido lo que vendría luego en relación con éste. Este capítulo sigue la línea de la historia de Omi mientras que el próximo, Kim repite como protagonista. Mi sexy idiota, así que no se preocupen si el beso bajo el muérdago no dio resultado, lo que viene es mucho mejor...
—¿La declaración de Kim?
¡No! Todavía mejor.
—Kim y Raimundo...
¡El doble de mejor! Es algo que han esperado durante mucho tiempo. Así que lo siento Raimundo pero no puedo llamarlo diferente, "romántico" se queda corto. Bien, varias cosas. Originalmente la plática en que Dashi le pedía ayuda a Kim estaba programada para el anterior capítulo y reservar para este sólo la fiesta pero como el otro se alargó. La mudé para este capítulo. Pensándolo bien, quedó mejor ya que la fiesta no contenía mucho. Aunque claro, traté de abarcar todos los detalles para "alargar la demora" y que no pasara algo como esto...
"—Está bien, lo prometo.
Entonces llegó la hora de la fiesta.
—¡Hola chicos!"
¿Qué opinan de ese encuentro entre Omi y Jack? ¿y de lo que Kim le comunicó a Rai? ¿Se detendrá? ¿O evolucionará a algo peor? Sucedió un deja vu, al igual que cuando escribí Cicatrices, un día antes de subir el capítulo a internet se me ocurre una idea mejor y debo corregir todos los episodios que he escrito hasta ahora. Empero creo que valdrá la pena. Una de las mayores incógnitas que me estaba molestando porque yo no lo tenía bien definido, es que iba a suceder después de que se descubriera lo de Jack ya que inevitablemente antes de que culminara la historia Kim sabría que era un villano. Y yo no podía dejarlo a un lado como hice con Ashley, que no volvió a salir —es decir, Raimundo la ha visto en su trabajo, pero no ha vuelto a tratar más con ella— porque a diferencia de ella, Jack Spicer es el antagonista principal. Pensé al principio en dos soluciones: La primera mostrar a un Jack arrepentido que cometiera un error y la segunda mostrar a un Jack que fingiera arrepentirse y que buscara venganza. Si yo quería que Jack siguiendo siendo el chico malo de la novela tenía que decidirme por la segunda, pero no la tenía bien desarrollada y no estaba conforme hasta que me acordé del concepto que había manejado inicialmente para su personaje en los bocetos de esta historia y me gustó muchísimo más esta idea. Ojalá ustedes igual.
Una de las primeras cosas que pensé para esta novela era esa charla entre Kim y Omi cuando se descubriera el pastel, no lo anoté lo que sea que se me haya ocurrido —por tonta— y tuve que reescribir varias veces. No muy cursi porque Omi no es expresivo ni tan seco porque se supone que es una reconciliación, algo tierno indirectamente y me salió esta. Espero que haya sido satisfactorio el resultado. Yo tenía planeada esa conversación hacia el final de la historia, pero debido al orden en que están sucediendo las cosas lo dejé para acá. Yo no sé si Omi confía en Kim. Si todavía prometiendo a su padre que sería un buen niño planifica una broma, ¿interpretará bien que Kim no lo dejará por Rai? Ese Omi se las trae. ¿Alguien adivina a qué niño amarillo genial se refería Omi? ¡Mil puntos para Gryffindor quien lo averigüe! Okey no, es una broma. ¡Una broma!
"—¡Quizá no quiera crecer y prefiera ser inmaduro! —hizo una pausa— hasta que muera."
Sé que los sobresaturé de canciones, pero desde que escuché: I don't wanna grow up de Simple Plan, no he parado de reproducirla y cantarla tanto en inglés como en español. Es ideal para este chico rebelde, por lo tanto la guardaré para El rostro de la traición. Se las recomiendo. Está dedicada a los inmaduros amantes del rock y cuando yo creía que todas las canciones en inglés eran geniales, escucho Friday de Rebecca Black, ¿no la han escuchado? Si la respuesta es no, ¡jamás lo hagan! ¡La canción es un escupitajo a la cara, un dolor de tímpanos, un insulto! ¡Empezando por la letra que es horrible y sin sentido, luego que la chama canta es-pan-to-so y el vídeo que es una mierda! Y si no me creen, tal vez deberían hacerle caso a los críticos que la han catalogado como la peor canción de la historia. Y los fans, ¡ni les doy detalles de los insultos y no me gusta que hay en YouTube!
Centrándonos en nuestra novela consentida otra vez. Aquel baile entre Omi y Megan ya lo tenía previsto y me pareció tan tierno ponerlo... ¡ay!
¿Qué más? Ah sí, ¿a quién creen que estaba espiando los chicos? ¿Jack o se les ocurre alguien más? El apartamento de enfrente, lo que significa... ahí se los dejos. Eso es un preámbulo del pez gordo que se viene pronto. Quería planear esta escena con Omi y Megan, no pude, entonces con Omi y sus dos amigos. Pero como quería incluir a Omi regalando el perfume de su madre a Kim (no se monten historias locas en la cabeza, la relación entre ellos es fraternal igual que en la serie) entonces no y solamente fueron Tiny y Jermaine solos. Ya que Kim es quien narra en el próximo capítulo, obviamente no pueden saber que opina Omi al respecto, pero sí cuál fue la broma. Ya lo saben mis malvaviscos asados: No es que los obligo con una pistola en la cabeza, pero un comentario puede marcar la diferencia. Muy bien. ¡Nos vemos en el próximo capítulo de su novela consentida: Quiero ser escritora, Mi sexy idiota!
Mensaje para Isabel: ¡Saludos Isabel! ¡qué alegría volverte a leer! Te extrañaba. Me contenta que te guste a dónde se dirige el curso de la historia. Pues esa fue la intención del capítulo pasado: Romance por doquier. ¡Qué linda, me pone feliz leerlo! Entonces te parece que esta declaración fue la mejor de todas. Genial, eso quiere decir que me estoy superando. A mí también me parece muy bonita Yui Aragaki, ¡yo vi Koizora! Qué final tan malagradecido :( Yo lloro cada vez que veo esa película. En fin ¡muchas gracias por leer y comentar, preciosa! ¡Feliz martes y lo que queda del resto de la semana!
Mensaje para MexicanChurros: ¡Saludos!, ¿como para más o menos quieres una escena lemmon? Bueno, la pregunta no me sorprende conociendo las cabecitas pervertidas de algunos lectores. Para empezar; esta historia está clasificada con rated T, es decir, está dirigida a un público adolescente (13 años) en adelante y por ende no puede haber una descripción explícita. Máximo puede haber un limme. Pero eso me lleva a otro punto y es que la historia ya está planeada, no puede ser cambiada aunque quisiera, y si hay o no hay eso depende de lo que transcurra. ¿Acción? ¿acción te refieres a que haya una matazón u otra vez te refieres al lemmon? No te preocupes, está contemplado los dos aspectos. De uno se encarga Jack y el otro yo. Ya me encargué de eso. Raimundo está sujeto a las condiciones de Kim, ellos no son novios, ella está vacilante y él no puede hacer nada para forzarla a que haga lo que quiere y si lo hace, estaríamos causando una relación insana. Y no puedo permitir eso. ¡Claro que seguiré escribiendo! Gracias por leer y comentar. Nos leemos.
