Título. Un amor como el invierno, o la historia antes durante y después de éste.

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IV. Sangre.

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Está en la sangre, está en la sangre

Conocí a mi amor antes de nacer.

Ella quería amor, yo probé el sabor de la sangre.

Ella mordió mis labios, y bebió mi guerra

De años atrás, de años atrás.

Amor como invierno...

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"Esa perra tiene a mi Sam."

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Eso fue lo primero que Dean pensó cuando la vio por primera vez luego de esa pelea con su hermano que le hizo volver a sentir algo de calor. Sacó un chiste sobre su camiseta de los Pitufos. De hecho, Dean ahora sacaba chistes por todo. Por qué si no lo hacía y fingía que reía, sentía que terminaría de morir congelado. Pero antes él no hacía eso, antes sacaba un chiste si se sentía feliz; sólo que cuando estaba con Sam siempre se sentía feliz, así que siempre hacía chistes. Sin embargo cuando Sam se fue, él se volvió un remedo de lo que era. John había notado eso, Dean lo sabía, y la manera en que el viejo Marine le dio a entender que estaba preocupado por él fue mandarlo a su primera cacería en solitario... no lo más ortodoxo, pero funcionó para darle algo en que concentrarse para no terminar derrumbándose.

Así, cuando John desapareció, Dean supo que esa era la luz verde que esperaba sin saber, era hora de volver por Sam y así lo haría. Porque Sam era suyo y de nadie más, de eso estaba seguro. Tan seguro que aun así se salió antes para no ver como esa rubia bonita se despedía de su hermano con un beso que le revolvió el estomago.

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En cambio. Cuando Sam vio a su Dean de nuevo, pensó "Maldito lazo", al sentir los restos en su sangre, el fuego en su interior se avivó y la estupida voz de chica volvió a gritar feliz por estar cerca de Dean otra vez. Así que besó a Jessica. Con fuerza. Pidiéndose a si mismo valor para no dejarse caer en ese calor tan rico y en esa dulzura en la mirada fría de Dean. Así probó por primera vez la sangre de Jess que logró un efecto parecido a la sangre de su hermano. Parecido pero muy distinto. Jessica logró hacerlo entrar en razón y recordarse que realmente el problema no era el mundo ni su padre ni Jess ni mucho menos Dean, él era el problema por la simple razón de que era su vida y él decidía como vivirla.

Como un vampiro, bebió de su sangre y se fue. Así de sencillo.

Volvió con Dean. Luego ella murió. Y él sonrió cuando Dean no lo veía. Ella había muerto, y le dolía mucho, sobre todo porque había podido prevenir su muerte. Sin embargo, ahora que Jess no estaba, ni tampoco John, él podía estar con Dean y eso si que lo hacía sonreír.

El volver a Dean, a sus manos frías y a sus besos cálidos era más de lo que podía pedir.

A veces pensaba que su hermano era como el invierno, el amar a Dean era como amar el invierno. Pero le hacía sentir valiente… tan valiente como los exploradores del Polo Sur que se aventuraban en las nevadas planicies dónde todo era de un blanco gélido que le congelaba cada partícula de su ser.

Estar con Dean le hacía sentir que todo el mundo se congelaba y que él podría ser todo lo que quisiera ser. Incluso humano. Aun cuando tenía esas visiones, aun cuando más tarde se diera cuenta que todo era parte de los planes de un demonio de ojos amarillos, incluso luego de que apareciera en un pueblo fantasma a jugar al American Idol para matar o ser asesinado. Aún así una parte de él saltó de júbilo en ese pueblo. Una parte de él le decía que finalmente tenía pretexto para matar, mientras que la otra parte preguntaba histérica por Dean argumentando la verdad: que Dean era su ancla al mundo real de los humanos puros que matan si quieren matar y aman si quieren amar, de los humanos que al cometer un error se arriesgan a si mismos, no de los demonios que al cometer un error terminan comprometiendo el futuro del planeta y su relativa paz.

Por eso se distrajo tanto al ver a Dean rescatándolo del pueblo fantasma. Por eso incluso el dolor cortante en su espalda le gustó, porque le dio el pretexto de caer sobre su hermano que lo abrazaba asustado. Palpó su espalda diseminando la sangre que salía de la herida.

Lo último que Sam supo es que al menos su sangre si era normal: roja y caliente.

Su sangre le bañaba el alma y su sangre era lo último que ambos hermanos compartían.

Sangre, siempre sangre. Y ese maldito lazo sanguinolento que los une.

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Y como le falta un no-se-que-que-que-se-yo, les añado un bonus que no está ubicado bien en el tiempo peeero que yo pondría antes de que empezara esta 4° parte cuando Deannie cazaba en solitario

BONUS:

Un abrazo.

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A Dean le gusta cruzar los brazos cuando está solo.

De hecho, su posición favorita es sentado en la cama que está pegada a la pared con los brazos y las piernas cruzadas y con una almohada sobre su vientre.

O bien, acostado de lado casi en posición fetal.

O boca abajo y con la frazada cubriendole la espalda.

Eso porque a Dean le gusta e incluso necesita sentirse y saberse dueño de algo, aunque sea de su cuerpo ya que no tiene nada más que sea suyo en verdad. Y también le gusta sentirse protegido, amado, e incluso abrazado, por eso se abraza a si mismo y se da la seguridad que un par de brazos sobre su pecho le pueden hacer sentir.

Un abrazo es mucho más de lo que él necesita.

Para Dean un abrazo es solo eso: un abrazo, cierto, pero "abrazo" significa más de lo que está dispuesto a aceptar.

Recibir un abrazo significa que le importas a alguien.

Y Dean a veces siente que no le importa a nadie.

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