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Se había ido en silencio, sin despedirse de nadie…

El cuerpo de Sev reposaba en la cama del Hospital San Mungo, Mathew no había permitido que nadie se acercara, el doctor Snape finalmente había dejado salir todo su dolor ante la pérdida de su hijo.

Igual que cuando perdió a su esposa, Math lloraba en silencio sobre el cuerpo de Sev apoyando su cabeza contra el pecho helado… Cuando los medimagos y sanadores intentaron hablar con él los rechazó sin miramientos, Adeline fue la única que se quedó a su lado, los dos ya habían pasado por esto cuando Adele se había ido… La doctora Moore lo dejó desahogarse todo el tiempo que necesitara.

Cuando Adeline lo consideró pertinente volvió a colocar su mano sobre el hombro de su cuñado.

Math…- susurró con la voz ronca por su propio llanto.

Mathew ya había dejado de llorar desde hacía un rato pero seguía con su frente apoyada contra el pecho del niño, Adeline sabía que tenía la atención de su cuñado.

Puedo…- Adeline no tuvo la fuerza para continuar.

Afortunadamente Mathew lo entendió y después de lo que había parecido una eternidad se puso de pie para darle espacio a la doctora Moore de acercarse al cuerpo de Sev no sin antes darle un beso en la frente al pequeño. Después de que Mathew se hizo a un lado, Adeline se acercó al niño para a su vez darle un beso en la frente mientras las lágrimas volvían a correr libres por sus mejillas, lo primero que hizo la doctora fue abotonar la camisola de la pijama de su niño, su niño… mientras metía cada botón en su ojal Adeline no dejaba de pensar en todo lo que había sufrido el pobrecillo, ahora estaba lejos del dolor pero también lejos de ellos, se había ido a donde no podían acompañarle… los sollozos de la doctora llenaron la sala, el último botón estaba listo y Sev estaba vestido con una pijama que solo lo había ver como un niño todavía más pequeño, un niño profundamente dormido, en un sueño del que nunca más despertaría…

Ahora fue el turno de Math de consolar a Adeline abrazándola por la espalda. Adeline y Math seguían llorando cuando la doctora entrelazó las manos de Sev para que descansaran sobre su pecho.

Ninguno de los dos se dio cuenta de cuánto tiempo llevaban ahí sufriendo su pérdida velando a su hijo.

Silencio, solo había silencio en el corredor de la tercera planta del hospital mágico San Mungo. La directora McGonagall lloraba en silencio, los medimagos y sanadores que habían hecho todo lo posible por salvar al niño se habían retirado para atender a los demás pacientes en los diferentes pisos del hospital dejando solo al anciano medimago Basil con el grupo de Hogwarts.

Silver Wallace tampoco mencionaba palabra alguna, había sentido que algo andaba mal con la condición del niño pero en lugar de haber insistido solo se había conformado con la explicación que le habían dado los medimagos.

Si tan solo hubiéramos actuado antes…- rompió el pesado silencio el viejo Basil.

Harry estaba de pie junto a la directora McGonagall, realmente no sabía cómo consolarle, ahora él también era padre y no quería ni podía imaginar el dolor que estarían pasando los padres del niño del otro lado de la puerta. Además, en la breve explicación que le habían dado con la carta que recibió esa misma tarde, parecía que McGonagall sabía más sobre la condición del niño de lo que parecían conocer los medimagos de San Mungo.

Ahora no importaba, el niño había muerto y no había ninguna forma de traerlo de regreso, ni muggle ni mágica…

Adeline se había sentado en la cama muy cerca del cuerpo helado de Sev acariciando con delicadeza el sereno rostro del niño.

Mathew seguía de pie junto a la doctora permitiéndole apoyarse contra él. Era difícil saber quién estaba sufriendo más en ese momento. El doctor Snape revisó rápidamente su reloj de pulsera "Diez de la noche" había perdido la noción del tiempo y tampoco le importaba, se quedarían con Sev en ese horrible lugar toda la noche y por la mañana… no, no quería pensar en lo que venía, ya había pasado por esto antes y no quería volver a repetirlo… ¿Cómo explicarle a Sam lo que había pasado? Solo pensarlo se ponía enfermo…

Le habían contactado de San Mungo por un caso de un niño gravemente enfermo donde al parecer estaba involucrada una poderosa magia oscura, la medimaga Svetlava Vorobiov estaba acostumbrada a que le pidieran ayuda con casos de ese tipo por lo que no era extraño que siempre estuviera viajando de un lado a otro hasta llegar a los lugares más inverosímiles del planeta.

Realmente las que sufrían eran las lechuzas y los búhos que eran enviados en su busca, cuando la lechuza de San Mungo llegó hasta la granja donde se encontraba en ese momento la pobre estaba tan desplumada por el viaje que parecía un viejo plumero, solo leer la carta de Basil contestó inmediatamente y se preparó para ir a Londres pero antes de poder ponerse en camino, una madre muggle llegó con su hijito enfermo por el frío,

Vorobiov ayudaba tanto a magos como a muggles, no importaba quién pidiera su ayuda, además en esos olvidados campos rusos en los que ahora se encontraba no era de extrañar que los padres estuvieran desesperados por ayuda para sus pequeños enfermos.

El niño de San Mungo debería resistir solo un poco más en lo que ella atendía esas complicaciones imprevistas.

Cuando terminó con los niños enfermos de la granja y con el hijo de la madre llorosa por fin tuvo la oportunidad de ponerse en camino.

Lo más sencillo hubiera sido aparecerse en Londres para evitar la larga distancia que le separaba del paciente en ese momento, pero necesitaba algunos artilugios e ingredientes que solo tenía en su propia choza-consultorio y lamentablemente por la frágil naturaleza de todo aquello que debía transportar consigo no podría ni usar la aparición ni la red de polvos flu.

Medianoche, la última campanada del reloj de San Mungo indicó que era medianoche.

¿No deberíamos hablar con ellos?- preguntó Harry a los demás señalando hacia la puerta cerrada.

La directora McGonagall, el profesor Wallace y Harry Potter eran los únicos que continuaban en el corredor, el medimago Basil había tenido que ir a ayudar a un grupo de sanadores en la planta de abajo.

Lo haremos, tenemos mucho que explicar- habló el profesor de pociones viendo que la directora de Hogwarts seguía en silencio- pero aun no es el momento.

Harry asintió.

El padre se parece mucho a Snape- comentó casualmente- ¿Eran familiares?

Aun sin poder verla, Wallace se giro hacia la directora McGonagall pero ésta seguía guardando silencio.

El niño es el que tenía relación con Severus Snape- continuó el profesor

Wallace, por favor- habló finalmente la directora McGonagall- en este momento… no.

¿No?- El profesor frunció el ceño- ¿No? ¿Y en qué momento será indicado explicar todo esto, señora directora?

Harry se dio cuenta de que en ese tema el profesor se mostraba en desacuerdo con la opinión de McGonagall.

Aun no- continuó McGonagall dueña de sí misma- tanto los padres del niño como el señor Potter serán informados, esperemos un mejor momento.

¿Un mejor momento? ¿Mejor momento?- elevó la voz Silver- ¡Esos padres han perdido a su hijo! ¡Snape ha muerto! ¡Por Merlín, Minerva, era solo un niño!

¡Wallace, suficiente!- exclamó a su vez la directora elevando aun más la voz- ¡Los medimagos hicieron todo lo posible por salvarle pero su corazón no lo resistió!

Yo me mostré a favor de explicar tanto a los padres como al niño su situación- continuó el profesor de pociones remarcando su opinión- si hubiéramos hablado con ellos sobre la Palingenesia y la enfermedad del niño estoy convencido de que hubiéramos evitado esta tragedia…

McGonagall resoplaba como un dragón y Silver a pesar de estar ciego retaba con su mirada a la directora, la situación se ponía más tensa a cada momento por lo que Harry intervino para intentar calmar la situación.

¿Palingenesia?- repitió llamando la atención del otro mago y la bruja- Es broma, ¿cierto?

No es ninguna broma, señor Potter- se relajó el profesor Wallace- estamos seguros de que estamos ante uno de los pocos casos de Palingenesia documentados por los magos o los muggles…

¡Diez horas de viaje! Había tardado más de diez horas de viaje pero finalmente la medimaga Svetlava Vorobiov había llegado a San Mungo. El puntiagudo sombrero de bruja aun tenía nieve en la punta aunque el ala del sombrero estaba completamente mojado por la nieve que se había derretido durante el trayecto.

La capa de viaje también estaba empapada y la bruja estaba calada hasta los huesos por el frío, pero a pesar del frío se dirigió con andar lento por los años que cargaba encima hasta la recepción donde la bruja del mostrador le indicó en qué piso estaba el paciente del medimago Basil.

Tercera planta- indicó la bruja.

La medimaga Vorobiov se fue directo a los ascensores cargando un ancho maletín de viaje manchado por los años de servicio que llevaba con ella mientras su escoba de viaje se iba dando saltitos a un armario que servía para estacionar las escobas…

Al salir del elevador lo primero que vio Svetlava fue a un grupo de dos magos y una bruja que hablaban, bueno dos discutían y uno guardaba silencio, al principio no los reconoció pero al acercarse más hasta cualquier mago ciego hubiera podido reconocer a Harry Potter.

Por lo que había escuchado, al parecer había llegado tarde. "Una tontería- pensó la bruja- un mago nunca llega tarde, tampoco temprano. Llega a la hora que debe llegar" y esa era la regla de oro de Svetlava, siempre llegaba en el momento que la necesitaban, ni un minuto antes ni un minuto después…

El primero en girar hacia ella fue el mago que discutía con la bruja, un hombre joven… ciego.

¿Madame Vorobiov?- preguntó el mago ciego saludando con una inclinación de su cabeza.

Svetlava Vorobiov… era la primera vez que Harry la veía, de hecho, solo había escuchado una o dos veces a la señora Weasley hablar sobre ella. Se trataba de una bruja vieja, viejísima tan pequeña y rechoncha que con esa capa de viaje y su sombrero de bruja escurrido más parecía un hongo del bosque que una prestigiada medimaga. ¿Realmente sería tan buena como todos decían? Svetlava no solo era tan vieja como su cabello blanco indicaba sino que también era tuerta, solo podía ver con su ojo izquierdo, pues el derecho estaba eternamente cerrado.

Svetlava recorrió al grupo con su ojo bueno, como si solo eso necesitara para saber con quienes estaba tratando, Harry no pudo evitar recordar a Ojo loco solo ver a la bruja recién llegada.

¿Dónde estar Basil?- preguntó con un acento extranjero.

Esa bruja hizo recordar a Harry la manera de hablar de Víctor Krum y los demás miembros de Durmstrang.

Le llamaremos inmediatamente, madama Vorobiov- intervino en la conversación la directora McGonagall- pero me temo sus servicios ya no serán necesarios…- hizo una larga y dolorosa pausa- el niño… murió…

Eso…- dijo la bruja caminando hacia la puerta con el maletín entre sus manos-decidir yo…

Y sin darles oportunidad de decir nada más, abrió la puerta con un movimiento de su varita y entró.

Mathew escuchó que la puerta se abría pero no tenía ni las fuerzas ni las ganas de mandar al diablo al mago o bruja o quimera que hubiera entrado en ese momento por lo que ni siquiera giró a ver quién era el entrometido que se atrevía a molestarles en ese momento.

Adeline tampoco se giró, sus ojos no podían separarse del rostro inerte de Sev, como si con mirarlo con insistencia pudiera hacer que despertara.

Svetlava se acercó con sus lentos pacitos hasta donde estaban los padres del niño, la tristeza y la desesperación en el ambiente era tal que ni el alma más feliz y optimista del mundo hubiera podido soportarla.

Mathew y Adeline no reaccionaron hasta que tuvieron junto a ellos a la bruja dándoles un fuerte sobresalto al ver su extraña apariencia.

Sin preguntarles nada ni mencionar una sola palabra, la medimaga Vorobiov dejó su maletín en la mesilla de noche donde todavía reposaba el ópalo de cerezo completamente opaco, como si con la muerte del corazón de Sev también hubiera muerto el brillo del cristal.

Magia tenebrosa- murmuró la bruja solo ver el ópalo- poderosa magia tenebrosa…

Mathew y Adeline intercambiaron una rápida mirada sin entender de qué hablaba esa criatura.

¡Qué demonios!- exclamó Mathew.

La bruja se había acercado al cuerpo de Sev sin pedirles permiso para hacerlo, lo primero que hizo Svetlava fue desenlazar las manos del niño y dejar que los brazos laxos descansaran a los costados del cuerpo inerte ante la mirada aterrorizada de Adeline con un movimiento de su varita hizo que los botones salieran de los ojales de la pijama de Sev.

Una vez descubierto el pecho desnudo del niño la bruja se acercó tanto al torso de Sev que su nariz podía tocar la piel helada del pequeño.

Sobre el corazón de Sev la piel aun estaba irritada por el sarpullido que el ungüento de dragón había provocado, la medimaga Svetlava se acercó aun más su nariz al pecho del niño olfateándolo como si fuera un sabueso.

¡Esto era inaceptable! Mathew abrió la boca para protestar pero Adeline lo hizo detenerse con un solo movimiento de su cabeza sin girarse para verlo.

Aun se podía percibir un ligero aroma a canela sobre la esencia que la muerte había dejado sobre la fría piel del niño.

Ungüento de dragón- siguió hablando consigo misma la bruja- No, no, estar mal… Basil, estar mal…- negó con la cabeza

¿Ungüento de dragón? Al fin reaccionó Math.

¿A qué se refiere?- fue lo primero que se le ocurrió preguntar.

Ungüento de dragón- comenzó Svetlava mientras abría su maletín- relajar corazón, aliviar dolor en poca cantidad… cantidad grande… explotar corazón…

Adeline se cubrió la boca con ambas manos, la doctora sentía que si hablan de eso sobre el cuerpo de su hijo era como volver a matarlo.

Un momento ¿Relaja al corazón y alivia el dolor? ¿Nitroglicerina? ¿Le dieron a mi hijo una sobredosis de nitroglicerina?- comprendió finalmente Mathew- ¡Le aplicaron a mi hijo una sobredosis de un medicamento vasodilatador! Mi hijo ya estaba bajo tratamiento, tomaba dosis diarias de betabloqueadores y warfarina…

También Adeline ya lo había comprendido, los medimagos no habían sido puestos al tanto de que el niño ya tomaba medicamento para su insuficiencia cardiaca y al desconocer la dosis del medicamento habían excedido sin saberlo la dosis de nitroglicerina en el ungüento que le habían suministrado ese día lo que había provocado que Sev no pudiera resistir semejante carga de fármacos, la más probable era que la sobredosis de nitroglicerina hubiera provocado un bloqueo cardiaco (lo que explicaría el ritmo cardiaco tan lento que presentó a lo largo de toda la tarde el niño) y una mortal alteración en el sistema eléctrico del corazón, el shock cardiógeno de esa noche finalmente había provocado que la presión sobre el corazón aumentara desgarrando el tabique entre el ventrículo izquierdo y derecho, y ya que el ventrículo izquierdo del corazón de Sev había quedado mortalmente dañado desde el último ataque cardiaco que el niño había sufrido en mayo éste finalmente había se había detenido cuando sufrió un infarto fulminante.

Lo mataron… ¡Ustedes lo mataron!- gritó Adeline desesperada.

La medimaga Svetlava siguió rebuscando en su maletín sin importarle el grito de Adeline, ella ya había escuchado eso un millar de veces, cierto que los medimagos de San Mungo primero debieron preguntar sobre la medicina muggle que tomaba el niño pero finalmente eso ahora no importaba.

¡Aquí estar!- exclamó orgullosa la bruja sin haberle importado las palabras de Adeline.

Svetlava se giró hacia los padres de Sev mostrando un diminuto cristal de color azul eléctrico que al momento se colocó entre los parpados de su ojo ciego como si se tratar de un monóculo. Mathew y Adeline intentaron detenerla cuando se acercó de nuevo a Sev pero una sola y peligrosa mirada de la bruja los hizo detenerse.

Lo primero que hizo la bruja fue apuntar su mirada vacía a través del lente azul eléctrico al pecho donde reposaba el corazón muerto del niño.

Maldición poderosa- comentó pasando sus manos arrugadísimas por todo el frío pecho de Sev.

Con el monóculo mágico podía ver como a través del cuerpo del niño, todo el interior del pecho de Sev se veía azul eléctrico salvo su corazón que parecía como un globo desinflado de color negro.

Depués de terminar la revisión del pecho de Sev, Svetlava sonrió.

Maldición poderosa- repitió con la sonrisa aun en el rostro- maldición estúpida…

Sin entender a qué se refería, Math y Adeline vieron como la bruja centraba ahora su atención en el brazo izquierdo de Sev como si fuera la primera vez que reparaba en que el niño tenía esa extraña cicatriz que ya hacia tiempo Sam había confundido con la que se hacen los adultos cuando intentan borrar con laser un tatuaje.

La bruja parecía mucho más interesada en el brazo de Sev que en el corazón del niño, después en un rápido movimiento que ninguno de los dos adultos presentes hubieran podido imaginar la bruja fuera capaz de hacer con todos sus años de edad, ésta lanzó sus manos como viejas garras hacia el cuello de Sev donde se veían las marcas que Sam había tomado por la mordida de un vampiro el primer día que se conocieron.

Palingenesia…- musitó la bruja cada vez más sonriente- ¡Palingenesia!

¿Palinqué? Ni Math ni Adeline habían escuchado ese término médico antes, pero la bruja parecía radiante, como si hubiera encontrado la cura contra el cáncer revisando al niño muerto.

Finalmente la bruja dejó en paz el cuello de Sev y comenzó a pasar sus manos callosas por todo el sereno rostro del niño, hizo entreabrir los azulados labios del pequeño, después repasó su nariz tan parecida a la de Math, recorrió con la yema de sus dedos los parpados del niño, sus cejas… y al llegar a su frente una vez más el monóculo mágico mostró algo que por la cara de la bruja ya esperaba… Bruma, una espesa bruma oscura cubriendo toda la parte donde debería verse el cerebro de Sev.

Niño perdido…- murmuró la bruja inclinando la cabeza de Sev con ambas manos como si perforara con la vista el cerebro del niño-… en la oscuridad de la mente.

Ya es suficiente, señora- ordenó Math cuando la bruja sacudió con fuerza la cabeza de Sev- le pido que respete el cuerpo de nuestro hijo.

Alma no estar…- finalizó su examen la medimaga Svetlava aun mirando a Math y Adeline con su monóculo azul eléctrico.

¿Qué? ¡Esa mujer estaba loca! ¡Todos los magos y brujas estaban locos!

Se dice- susurró Adeline- que cuando uno muere… usted sabe, el alma abandona el cuerpo…

Svetlava negó con la cabeza enérgicamente.

No, no, no entender- repitió como si intentara hacerle entender a un niño pequeño que uno más uno es igual a dos- alma no estar… Alma fuera cuerpo…

No le entiendo- arrugó la frente Adeline- Sev está muerto, su alma debe estar en el cielo… Ahí están las almas de los niños.

Svetlava negó con la cabeza, ¡Estos muggles, era como tratar con niños!

Alma niño no estar en cuerpo niño- repitió palabra por palabra muy lentamente- Alma niño fuera cuerpo niño- Mathew y Adeline seguían sin entender, la medimaga Svetlava comenzaba a impacientarse- Cuerpo niño necesitar alma niño…

Quiere decir que…- susurró Adeline como si tuviera miedo de que la muerte le escuchara en algún rincón de la sala del hospital- que… puede traer de nuevo a Sev…

Mathew se le quedó viendo a Adeline como si ella también se hubiera vuelto loca, ¡Los muertos no podían regresar a la vida!

Cierto, no había magia que pudiera traer a los muertos a la tierra de los vivos, eso cualquiera lo sabía pero aun así, Svetlava sonreía radiante a los Snape.

Cuerpo niño necesitar alma niño…- repitió ahora dejando de sonreír- no mucho tiempo, si alma estar fuera cuerpo más tiempo, alma niño olvidar camino a cuerpo niño y perder niño por siempre…

Adeline y Math se abrazaron gritando como locos por la emoción, por fin lo habían entendido. Si querían que Sev regresara necesitaban que la bruja hiciera "su magia" para que el alma del niño regresara a su cuerpo. Iba en contra de toda lógica de todo lo que sabían pero en ese momento la lógica era lo que menos les importaba, lo único que querían era que su hijo regresara, que su corazón volviera a latir, que volviera a respirar, que abriera los ojos… que volviera a la vida…

Por favor, por favor, se lo suplicamos… devuélvanos a nuestro hijo Sev…-pidieron Math y Adeline a coro.

La bruja hizo aparecer un reloj de arena que observó con atención con su monóculo mágico.

No mucho tiempo… Si pasar la "hora de brujas" y alma niño seguir fuera cuerpo niño… Perder niño por siempre- les miró fijamente la medimaga Svetlava.

¿"Hora de brujas"?- preguntó Math.

Tres mañana- fue lo último que dijo la bruja.

¿Tres de la mañana? Y era medianoche… Tres horas y ellos no sabían si regresar el alma de Sev a su cuerpo sería un procedimiento largo ó corto, de cualquier forma si querían que Sev regresara no tenían mucho tiempo…

Continuara…