Special chapter 36

En algún lugar de Las Bahamas, dos agentes del gobierno estadounidense se tomaban unas vacaciones, con las cuales esperaban reencontrarse mutuamente luego de una larga separación. Decisiones incorrectas, malos entendidos y sufrimientos varios eran las consecuencias de su actuar, y ahora se esforzaban al máximo por retomar de la mejor forma lo que tuvieron antes de tomar caminos diferentes.

– ¿Vamos al bar? – Inquirió Leon, acariciando los rubios cabellos de Noiholt, que se encontraba acostada a su lado en una enorme silla de playa.

– De acuerdo. Tú busca mesa, y yo pido los tragos – alzó medio cuerpo e inclinó su rostro hacia él, casi tocándolo con sus labios – ¿brandy? – Inquirió con un susurro seductor.

– Brandy – aceptó, tomando su cabeza por la nuca y besándola profundamente, aprovechando el ángulo y guiándola a sus brazos de nuevo, tocando sus pechos por encima del bikini celeste cielo que llevaba.

– Ah, Leon… – jadeó – no hagas eso… vas a hacer que te arrastre hacia una cabaña…

– No me importaría – dijo, mientras aumentaba la presión de su mano en el muy dichoso pezón.

Pero mientras lo hacía, abrió un ojo y se fijó que, a lo lejos, un guardia del bar les miraba con gesto claramente reprobador. Lo cerró de nuevo y suspiró, apartando a Noiholt con renuencia.

– Ve por esas bebidas, pero cuando vuelvas no te salvarás. – Se fingió serio.

– Serás tú – replicó, con una gran sonrisa y levantándose de su regazo.

Mientras caminaba hacia el bar, pensó en todas las cosas que habían ocurrido desde que eran pareja nuevamente. Primero viajaron por Alemania, visitaron la tumba del Sr. Maüser, luego recorrieron Austria, y ahora se encontraban en alguna isla de Las Bahamas, recuperando el tiempo perdido y mejorando lo que los llevó a estar separados. El amor contribuía en buena parte a conseguir éxito, aún cuando no era el único factor en juego.

Noiholt y Leon se dieron cuenta que, a pesar de todo lo acaecido, nada había resquebrajado su relación al punto de romperla, sino que con buena voluntad, de a poco volverían al ritmo que llevaban. Se conocían a la perfección y eso les facilitaba las cosas, aún cuando a veces tenían uno que otro roce. Por ejemplo, el de hace unas semanas.

« – Entonces, ¿me explicarás por fin qué rayos pasaba con el doctorcito ese? – Gruñó un día el agente mientras se encontraban en Alemania, concretamente en la casa de Noiholt.

Ya te dije que me da vergüenza hablar de eso. Manipulé una situación a mi favor, eso es todo. – Se encogió de hombros y continuó ordenando la habitación principal. Hace mucho que no estaba ahí, y se encontraba particularmente sensible tocando las cosas de su padre, que nunca se atrevió a quitar.

Noiholt, deja de hacer eso y mírame – separó su espalda de la pared y caminó hacia ella, tomándola por los hombros – necesito saberlo. No me gustan las mentiras, ya sabes cómo me ponen.

Sólo lo hice porque pensé que estabas con Ada y vi en tus ojos que me deseabas aún. No quería que la engañaras conmigo – respondió fríamente, mientras desviaba la mirada.

Aún así, merezco saberlo.

Noiholt frunció dolorosamente el ceño y entornó los ojos, apretando la boca, intentando retener las palabras que se negaba a decir. Sin embargo, la poderosa mirada azul mar de Leon no se iba de su rostro, y así, casi sin darse cuenta, comenzó a hablar.

Daniel Woodgate… – bufó con suavidad – bueno, sospechaba que yo iba de espía, aún cuando él no participaba en los experimentos de Umbrella. Creía que me habían contratado por algún otro motivo, tal vez conseguir que lo despidieran, no lo sé. Me odiaba. Por eso se comportó así. Recuerda todo lo que viste, y me encontrarás razón.

Leon alzó la vista al techo mientras pensaba, efectivamente ahora todo tenía sentido. Por qué los había mirado raro cuando conversaban mientras él se encontraba convaleciente, por qué parecía tan feliz cuando le dieron el alta médica, cada detalle parecía encajar sutilmente en un cuadro que antes le indicaba una realidad totalmente distinta. Suspiró, ya tranquilo con la situación, y un poco avergonzado por haber presionado así a su chica. Pero cuando volvió a mirarla, se dio cuenta que lloraba silenciosamente.

¿Qué te ocurre? – Inquirió, alarmado.

Odio recordar eso – sorbió la nariz, mientras gruesas lágrimas surcaban sus mejillas de porcelana – te hice daño intencionadamente, y yo te había jurado que eso no pasaría.

No seas tonta, Noiholt – la abrazó, acariciando su cabeza – yo te dejé, y te había prometido no hacerlo. Estamos aquí para reconstruirnos, no para hacernos reclamos de situaciones que no podemos cambiar. Entiendo por qué me mentiste, y sólo te pido que no vuelvas a hacerlo. ¿Está bien?

Ella asintió frenéticamente, abrazándolo por la cintura y entregándose a sus caricias. Habían dado otro paso adelante en que todo saliera bien para ellos. »

Noiholt se detuvo de golpe mientras terminaba de recordar. Las cosas habían mejorado bastante desde entonces, pues a pesar de lo mucho que se querían, el amor no es suficiente para recomponer todas las heridas que se produjeron por sus errores. Ahora que ya habían aclarado sus circunstancias, sentía que viajaban con viento a favor, sin duda. Llegó a la barra alegremente y pidió los tragos, cuando vio pasar una hermosa mujer. Alta, morena, piel dorada y ojos claros, Noiholt no pudo dejar de mirar cómo caminaba y movía su bien formado trasero, bamboleando las caderas mientras sus enormes senos bailaban al compás. Se sentía pequeña y apocada al lado de semejantes especímenes femeninos, pero todo eso se borró de un plumazo cuando la vio avanzar hacia la mesa que había tomado Leon. Apretó los puños y, al recibir los vasos, se mordió la boca para no arrojárselos por la cabeza a la mujer.

– Hola, guapo – ronroneó la morena despampanante – ¿te gustaría que te hiciera un tour por la playa que está más allá?

– No, muchas gracias – respondió Leon educadamente, sin siquiera mirarla.

– Oh, vamos… – apoyó una mano en su hombro – no seas aburrido, americano.

– Estoy acompañado.

– A mí me pareces muy solito – hizo una especie de puchero sexy.

– En serio, está por allá.

La morena miró hacia donde Leon apuntaba y soltó una carcajada explosiva, volviéndose hacia él de nuevo, sin parar de reír.

– ¿Te refieres a la enana rubia?, no creo que le moleste si te llevo un rato a vivir experiencias de adultos…

Leon inspiró profundamente por la boca, con los labios en forma de "o". Luego, meneó la cabeza y soltó el aire, con una expresión burlona en el rostro.

– Uy, yo le diría de esa forma a mi novia – chasqueó la lengua repetidamente, enfatizando sus palabras – será mejor que te retractes.

La mujer alcanzó a esbozar una nueva sonrisa, cuando fue violentamente estampada contra la mesa. No podía moverse ni liberarse, y con el rabillo notó que la "enana rubia" le hacía una llave terrible en el brazo derecho. Su cara era aplastada por un codo, y todo el bar parecía moverse en cámara lenta.

¡Verdammte schlampe! – Masculló Noiholt, con dientes apretados – ¡te romperé el brazo si vuelvo a verte!

Soltó a la morena en ese momento y la empujó hacia un lado, obligándola a largarse. Leon se tapaba la cara con una mano, entre divertido y avergonzado, cuando fue interrumpido en su carcajeo nervioso por su chica, que tomó los vasos que había dejado en la mesa contigua para poder pegarle a la mujer y le pasó el suyo casi con un aletazo. Lo tomó sin derramar una gota y se mordió los labios, para que ella no pensara que se burlaba de su estatura también.

– ¡Tú, te vas a poner una maldita burqa si quieres que salgamos! – Exclamó la pobre alemana, herida en su amor propio – ¡estoy aburrida de andarte espantando mujeres, joder!

– ¿Qué culpa tengo yo? – Inquirió, a punto de reírse nuevamente.

– ¡Todo el mundo cree que soy tu jodido adorno! – Gritó, con una atípica voz aguda – en estos malditos países caribeños parezco una cría. ¡Me da tanta…!

No pudo continuar, porque Leon eliminó la distancia entre ellos y, tomando su rostro con ambas manos, la besó apasionadamente para calmarla. Cuando sintió que se relajaba, la soltó y le sonrió con picardía.

– ¿Mejor? – Alzó una ceja, dándole un toque en la mejilla.

– Uhm – gruñó, desviando la mirada. – Tal vez – admitió, luego de un breve silencio.

– Ven acá – la obligó a tomar asiento en sus piernas y la abrazó por la cintura – ¿en serio quieres que me ponga una burqa para salir?

– ¡No te burles! – Chilló, avergonzada – tienes una cara tan linda que todas las chicas te desean – infló las mejillas, enfurruñada.

– No te pongas así. Lo que pasa es que tú eres demasiado celosa. ¿Te acuerdas del día que te enojaste porque la señora que hace el aseo en la oficina me miró mucho rato?

– ¡Ya… olvídate de eso!, me da vergüenza.

– Pero lo que no entiendo es por qué nunca reaccionaste así con Claire.

– Con ella es imposible, te ve como si fueras su hermano. Y te cuida como tal.

– Pero siempre me ves coquetear con Hunnigan, y tampoco dices nada.

– Es obvio el por qué no me importa – pestañeó varias veces.

– ¿En serio? – Abrió los ojos, sorprendido.

– Imposible, ¿no lo sabes? – Soltó una risa corta – algún día lo entenderás.

Leon se quedó mirándola, momento que Noiholt aprovechó para abrazarlo y continuar el toqueteo sensual que habían comenzado hace rato. Paseó sus manos por la enorme espalda de él, y se acurrucó en su cuello, canturreando.

Nobody said it was easy, no one ever said it would be this hard…

– Cantas como un pajarillo – se mofó cariñosamente.

– Como uno desafinado – rió ella a su vez, aceptando el beso que le quitó el aliento y renovó sus deseos de amarlo y ser amada por todo su ser.

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– ¡Ha llegado el equipo Delta! – Anunció con bombos y platillos uno de los administrativos del lugar.

Sam, que en ese momento firmaba unos documentos, apretó el lápiz con tanta fuerza que casi lo rompió. En ese equipo se encontraba David, su novio desde hace ya cerca de 5 años. Habían pasado por muchos altibajos como pareja, ambos eran de carácter difícil y tenían encontrones fuertes cada cierto rato, pero a pesar de eso en general se llevaban bien, trataban de entenderse y tenían gustos sexuales muy similares y pervertidos. Eso los mantuvo con la llama encendida en cada tormenta que enfrentaron. Lo cual no quita que rompieron en muchas oportunidades, amenazando con no verse nunca más y dejar la relación en punto muerto. Pero sus reconciliaciones eran tan pasionales como sus discusiones, lo cual hacía que sus compañeros nunca les tomaran en serio.

Para el mundo, la que llevaba los pantalones en ese noviazgo era Sam. Dominante, graciosa, mandona, ocurrente, parecía usar la batuta con elegancia y franqueza, mientras David le llevaba el amén constantemente y sus amigos le hacían burlas, tratándolo de "pollerudo", "calzonudo" y otros términos poco convenientes.

Pero lo que casi nadie sabía era el lado B de su relación. Atravesando la alcoba, quien llevaba la voz cantante era David. Y Sam se sometía a él como una muñeca, con total sumisión. Aunque a veces intercambiaban roles, Sam necesitaba que la dominaran, era parte de su deseo sexual. Y David era un experto en complacerla.

Mientras esperaba que su hombre apareciera luego de estar en misión, Sam recordó una ocasión en que ambos decidieron probar algo nuevo. Llevaban, en ese momento, alrededor de dos años juntos y muchos terremotos y tsunamis de por medio.

– Hay un nuevo club voyeur en la calle Corcoran – dijo David, mientras rodeaba su cintura cariñosamente – ¿vamos a dar una vuelta?, a ver qué tal. Si no nos gusta nadie, pues nos largamos.

– De acuerdo, cielo – y se agarró a su abrigo, abrazándolo mientras caminaban.

Llegaron en unos 15 minutos caminando. No les gustaba tomar taxi, aprovechaban los momentos juntos al máximo, aunque fuera paseando de noche por las agitadas avenidas de Washington.

Lo primero que notaron era que el acceso, como en la mayoría de esos clubes, estaba restringido a personas VIP. David metió la mano al bolsillo de su camisa y buscó una identificación, la sacó y la mostró al guardia de la entrada, siendo de inmediato conducido con su chica al interior del establecimiento.

Era un lugar bastante estrafalario, que sin embargo tenía cierto estilo. Un enorme bar a la derecha, con bebidas a completa disposición de los presentes. Las paredes blancas, coloreadas en miles de tonos por las luces de neón que pendían del techo, hacia la izquierda diferentes taburetes y cortinas que separaban los ambientes… y al fondo, los lugares designados al sexo.

Sam paseó la vista por todo el lugar. Hombres y mujeres, de diferentes etnias y edades (pero todos adultos; el club llevaba un control muy riguroso al respecto) deambulaban buscando alguna diversión.

David centró la vista en una hermosa chica de piel ébano, y ojos azules como el océano pacífico. Ésta le miró también, relamiéndose despacio ante el galán latino. Sam se adelantó unos pasos y quedó frente a la mujer, reconociéndose mutuamente, entendiendo los deseos de la otra, fusionándose en un solo pensamiento. La de piel oscura como la noche acercó su rostro y la besó en los labios, saboreándola, pasándole las manos por el cuerpo trabajado, tocando sus senos y extasiándose de ellos. David se frotó la mandíbula, disfrutando de la escena.

Cuando las mujeres terminaron de besarse, Sam volvió la cabeza hacia su hombre. Se veía en sus ojos que estaba excitado, alucinado con el momento.

– ¿La quieres, mi amor? –Mezcló inglés y español en la frase, llevando la mano a su miembro duro como una roca.

– Sí – jadeó, aún con la emoción del ósculo en su cuerpo.

– Bien. ¿Cuál es tu alias? – Preguntó a la desconocida.

– "Ámbar" – contestó, con voz gutural y melodiosa.

– Hola Ámbar, yo soy "Moreno" y mi chica es "Rubí". Serás su ama hasta que yo te ordene detenerte.

Ámbar asintió, aceptando las reglas impuestas. David tomó a Sam por la cintura y la llevó hacia un taburete, en el cual la hizo apoyarse, quedando semi-sentada. Hizo un gesto a la mujer de color y abrió las piernas de su chica, apartándole las bragas y exponiendo su sexo a todos los presentes. Sam cerró los ojos, disfrutando de todas las miradas lascivas que recibía, percibiendo cómo se saboreaban al verla, sintiéndose lujuriosa y pervertida.

– Ámbar, dale placer al hermoso clítoris de mi chica, y procura que te vean – ordenó el latino, besando a Sam en el cuello y mordiéndola al mismo tiempo.

La mujer asintió en silencio, agachándose y besándola en la parte interior de sus muslos, avanzando cada vez más hasta el centro de su placer, dándole cosquillas y finalmente, llegando a su hinchado y anhelante clítoris, lamiéndola con rápidos movimientos y haciéndola gemir ruidosamente.

– Eso es, Ámbar – murmuró el hombre, masturbándose con la escena – Sam, déjate llevar.

Ella le hizo caso, jadeando y absorbiendo todas las sensaciones que esa hábil mujer le entregaba. Luego, David la detuvo y tomó su cara, besándola en la boca por un momento. La miró a los ojos, y luego se giró hacia la invitada, tomándola por el cuello y probando sus labios gruesos y carnosos. La saboreó, agarrando uno de sus pezones y apretándolo con experticia. Sam jadeó de nuevo con la escena, los ojos brillantes, las mejillas rojas.

– ¿Tienes acompañante, Ámbar? – Preguntó David, mientras bajaba una mano hacia su vagina y la tocaba despacio, apenas rozándole.

– Sí – murmuró ella, cerrando los ojos – se llama "Vikingo".

– Muy bien, dile que venga. Nos encontraremos allá – señaló hacia el fondo, donde se encontraban los "privados".

Se giró hacia Sam y le tomó una mano, bajándola del taburete. La guió a través de las personas y los excitantes gemidos del lugar, hasta que encontraron una tiendita vacía y perfecta para cuatro personas. Tenía un futón a modo de cama, con sábanas de seda y algunos instrumentos usados para sadomasoquismo. La pareja se miró emocionada, pensando en todas las cosas que podrían hacer, cuando se les unieron Ámbar y Vikingo. El nuevo joven era rubio, enorme de alto, ojos azules y barba espesa. Le hacía mucho honor a su alias. David silbó al verlo, y se acercó al oído de Sam.

– ¿Te gusta, mi amor? – Susurró.

– Sí – tragó saliva.

– Bien. – Se enderezó, y tomó posición al lado del enorme rubio. Tomó a Ámbar por la cintura y la acarició nuevamente en su sexo, ahora con más dureza que la primera vez. Vikingo de inmediato soltó un gemido de placer. – Quiero que seas el ama de mi mujer. Sométela, haz que se rinda a ti y luego entrégamela para que la tomemos nosotros.

La mujer de ébano asintió, con ojos brillantes de excitación. Se volvió hacia Sam y cambió la postura. Ahora, parecía más alta y su mirada era fría como el hielo. Tomó a la australiana por el cuello y la hizo retroceder hasta el futón, donde la tumbó de un solo movimiento.

– ¿Qué vas a hacer? – Desafió Sam, sonriendo torcido.

Y por respuesta, un bofetón monumental le dio vuelta la cara. Jadeó, de ira y placer, volviendo a mirar a su ama. Y recibió un nuevo golpe en el rostro, esta vez en la otra mejilla.

– No tienes permiso de verme a los ojos, maldita perra malcriada – masculló Ámbar, con la mandíbula tensa. – Voy a hacer que te entregues a mí, porque te volveré loca y no permitiré que te corras. Me vas a suplicar, y en ese momento tal vez pensaré si lo mereces.

– Tú no conseguirás que te ruegue – dijo bruscamente.

Gracias a esa frase, Sam hizo que Ámbar desplegara toda su experiencia en la dominación. Ésta última, con cara de póker, se acercó a la pared y tomó una enorme vara recubierta de terciopelo. Sam tragó saliva viéndola. La mujer de color se acercó y, luciendo su nuevo juguete, tomó a la rubia por el pelo y la azotó contra el futón.

– Zorra inútil – gruñó, con su grave voz teñida de excitación – ahora vas a entender que soy la dueña de tu placer.

Le quitó la ropa a tirones y luego, cuando la tuvo desnuda frente a ella, la azotó con la vara repetidamente en la espalda. Fue bajando hacia su trasero y le dio varios golpes en él, para luego llegar a las piernas. Giró la vara en su mano con asombrosa agilidad y miró rápidamente hacia uno de los muchos espejos que permitían ver a todos en el lugar. Su hombre y David se masturbaban suavemente viendo el espectáculo, lo cual la hizo sonreír. Volvió a coger a Sam por los rubios cabellos y la dio vuelta, acostándola de espaldas sobre el futón. Metió dos dedos dentro de su vagina y comprobó que estaba muy húmeda. Pero aún podía estarlo más. Masajeó su clítoris con rapidez, combinando movimientos de su pulgar y de sus dedos por dentro, alcanzando cierto pequeño órgano rugoso que, sin duda, era su punto G. Se encorvó y tomó uno de sus rosados pezones con los dientes y lo mordisqueó, acelerándola con rapidez hacia casi el abismo.

– ¡Oh, por dios! – Gritó, perdida entre tantas sensaciones.

– No puedes hablar – dijo Ámbar, quitando los dedos.

– ¡No! – Se quejó.

– Ruégame, entonces. Sólo puedes hablar para rogarme.

– ¡No quiero!

Ante estas palabras, Sam recibió nuevos golpes de la vara, ahora en su estómago y en sus muslos. Chilló de dolor y Ámbar volvió a introducir los dedos, torturándola además con sus pezones.

– Ruega – la apremió, deteniéndose cuando parecía que iba a correrse – ruega si lo quieres.

– ¡Ah! – Exclamó, recibiendo ahora una fuerte bofetada, mientras estaba a punto de llegar al clímax y frustrada por no conseguirlo. Finalmente, se rindió – ¡sí, por favor, dámelo…!

Ámbar sonrió, triunfal. Miró a David, quien se adelantó unos pasos y se bajó los pantalones por el camino. Vikingo hizo lo mismo, y entre ambos se agacharon y tomaron a la pobre y desesperada Sam. El latino la besó apasionadamente en la boca, mientras el otro hombre tomaba sus piernas maltratadas y las besaba en el interior de los muslos. Se acostó en el futón y tomó su cintura, levantándola levemente y colocándola encima. Levantó la cadera y buscó su ano con un dedo, lubricándolo con su propia excitación. Y mientras David continuaba besándola, Vikingo la penetró por detrás con mucha suavidad, haciéndola gritar de dolor y placer. Se movió de a poco en su interior, haciendo círculos con la cadera, mientras David se ponía un poco encima y la penetraba también, al mismo tiempo, por la vagina. Sam se sentía tan llena que casi no podía respirar. En ese momento, Ámbar volvió a la carga. Se había quitado la ropa y tomó una de sus manos, llevándola a su clítoris.

– Mastúrbame – le ordenó – y si no me corro, te azotaré hasta que pierdas el sentido.

Sam intentó hacer algo, pero David y Vikingo se movieron al mismo tiempo, distrayéndola de su objetivo. Tanto placer, tantas sensaciones, era demasiado para ella.

– ¡Concéntrate, inútil! – Le gritó la mujer, tironeándole el cabello.

Pestañeó varias veces, ahora usando su palma para complacerla. Estaba completamente mojada, apretada por dentro, sabía que no le faltaba mucho para llegar al clímax. Así que se esforzó al máximo y movió la mano con agilidad, en círculos rápidos y efectivos. Ámbar gimió, comenzando a correrse en ese instante, de pie, sujetándose del cabello rubio de su sumisa. Vikingo y David aprovecharon para moverse con más fuerza, precipitando también el orgasmo de Sam, contenido por tanto rato, y fue tan intenso que gritó a todo pulmón, el cuerpo tenso y palpitante al ritmo de su clímax.

Casi sin fuerzas, fue cargada por David mientras el hombronazo rubio se quitaba el condón y se lavaba, para ponerse uno nuevo.

– Eres la mejor, mi hermosa nena – murmuró el latino, besando fervorosamente a su chica.

Vikingo chasqueó los dedos, señalándole a la mujer de ébano que se agachara y le hiciera una felación. Sam hizo lo mismo, y se introdujo el gran pene de David en la boca. Lo lamió y succionó fuerte, apretándole los testículos en el punto exacto que, sabía, le volvía loco. Efectivamente, su miembro se puso aún más duro con ese toque. Metió una mano entre medio de sus piernas y le obligó a separarlas un poco, alcanzando su perineo y presionándolo justo en el límite de su entrada trasera. Con ese movimiento maestro, David no pudo contenerse más y se corrió espesamente dentro de su garganta, casi dejándola al borde del ahogo. Sam tragó lo más que pudo, pero una buena parte del semen se le escapó por las comisuras. David alargó un brazo y tomó a la chica por la barbilla, ayudándola a respirar con eso. Limpió su boca con ternura y le dio las gracias con la mirada. Durante ese instante, Vikingo también pudo tocar el cielo maravillosamente. Ya todos satisfechos, de momento, se dirigieron juntos al jacuzzi para descontracturarse. Tendrían en muy poco rato una segunda ronda.

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Mucho más tarde, la pareja volvía a su departamento.

– Mañana iré por Steph – murmuró el latino, abrazando fuertemente a su chica.

– Me alegro. Ya la echaba de menos – comentó tiernamente.

Steph era la hija de Robert Blatstein, su antiguo compañero y mejor amigo por años. David nunca olvidó su promesa de cuidarla, y Sam le ayudaba con mucho gusto. Era una pequeña chiquilla de cabello oscuro y ojos color miel, alegre y de carácter liviano al igual que su difunto padre. La madre de la chica permitía la situación, pues era su deseo que la voluntad de Robert se cumpliera a cabalidad…

– ¡Sam!

El grito de David interrumpió sus recuerdos. Se levantó del escritorio y corrió hacia él, abrazándolo con un salto que emocionó a los presentes. Nadie se atrevió a decirles algo, al contrario, la gente se dispersó en silencio y les permitió que se reencontraran como solían hacerlo: apasionadamente.

– Elevador. Piso diecinueve. Sala cinco. Ahora. – Jadeó ella entrecortadamente.

– Piensas en todo, amor mío – sonrió, besándola sin parar.

– Te quiero, te quiero tanto… te he extrañado…

Caminaron sin soltarse, casi a tropezones, por el pasillo hasta llegar a su objetivo. Uno de ellos presionó el botón, tal vez los dos, porque eran un enredo de extremidades y besos, toqueteos por encima de la ropa y erecciones incontrolables.

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From: Leon S. Kennedy
Sent: Martes, 04 de Enero de 2006 11:18
To: Noiholt A. C. Maüser
Subject: (No subject)

Atraparon a Reynolds y Ortiz teniendo sexo en la sala de reuniones #5, la que está en el piso 19.

From: Noiholt A. C. Maüser
Sent: Martes, 04 de Enero de 2006 11:19
To: Leon S. Kennedy
Subject: RE: (No subject)

¡No! ¿De nuevo?, te dije que no pueden estar separados por mucho tiempo.

From: Leon S. Kennedy
Sent: Martes, 04 de Enero de 2006 11:21
To: Noiholt A. C. Maüser
Subject: RE: (No subject)

Pero ya es la milésima vez. Está bien que se extrañen, pero cada vez que alguno vuelve todos sabemos que en alguna parte estarán "reencontrándose".

From: Noiholt A. C. Maüser
Sent: Martes, 04 de Enero de 2006 11:23
To: Leon S. Kennedy
Subject: RE: (No subject)

No lo entiendo, ¿cómo es que a nosotros nunca nos han atrapado y a ellos sí? Se pasan de idiotas =/

From: Leon S. Kennedy
Sent: Martes, 04 de Enero de 2006 11:24
To: Noiholt A. C. Maüser
Subject: RE: (No subject)

Lo que yo no entiendo es cómo los jefes no los han amonestado. De acuerdo, son muy buenos en su trabajo, solamente tienen una libido imposible.

Oye, no nos compares con ellos, nosotros no andamos como animales en celo por todos lados, sólo ha ocurrido en un par de ocasiones.

From: Noiholt A. C. Maüser
Sent: Martes, 04 de Enero de 2006 11:26
To: Leon S. Kennedy
Subject: RE: (No subject)

Lo sé. Emocionante es la palabra. ¿Recuerdas cuando nos metimos al baño de hombres y uno de los jefes entró, y tú te subiste al inodoro conmigo en brazos?, creo que fue mejor que jugar twister.

From: Leon S. Kennedy
Sent: Martes, 04 de Enero de 2006 11:29
To: Noiholt A. C. Maüser
Subject: RE: (No subject)

Tengo que reconocerlo, eso fue muy entretenido. ¿Qué haremos hoy en la noche?

Ah, y ¿por qué te vestiste en el baño?

From: Noiholt A. C. Maüser
Sent: Martes, 04 de Enero de 2006 11:31
To: Leon S. Kennedy
Subject: RE: (No subject)

Pidamos comida thai. ¿Sí?

(Llevo las ligas que a mi señor tanto le gustan…)

From: Leon S. Kennedy
Sent: Martes, 04 de Enero de 2006 11:33
To: Noiholt A. C. Maüser
Subject: RE: (No subject)

¿Y me lo dices ahora, a las 11:32 de la mañana?, eso es maldad pura. Nos vemos a la hora de almuerzo.

From: Noiholt A. C. Maüser
Sent: Martes, 04 de Enero de 2006 11:35
To: Leon S. Kennedy
Subject: RE: (No subject)

Es tu culpa, me preguntaste. Le diré a Martha que me cubra por si nos atrasamos un poco.

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Aloha! :D ¿cómo están?, espero que les haya gustado este capítulo especial con el sexo más pervertido que he escrito HASTA LA FECHA, no sé después xDDDDD ajajajajajaj.

Y les cuento, que habrá un segundo capítulo especial xD ahora sí que con esto termino :P es que no alcanzaba a poner todo aquí aajajajajaja. Así que en el próximo, sí que sí, pongo los reviews XD ¡soy la peor!, lo lamento, pero he tenido mucho que hacer :(

¡Ojalá hayan disfrutado este cap! :D