En cuanto escuchó el motor del Impala al detenerse frente a su casa, Bobby salió a recibir a los hermanos. Hacía días que no sabía nada de ellos, desde que habían compartido la última cacería que habían hecho juntos, los chicos no habían dado señales de vida y ya tenía ganas de saber que habían hecho durante ese tiempo.
Dean y Sam, bajaron del coche a un mismo tiempo y Bobby se dio cuenta que había algo diferente en ellos, una sonrisa en el rostro de los dos, que le pareció graciosa, al mismo tiempo que encantadora. Aunque le costara creérselo, parecían estar enamorados, aunque al ver que nadie más bajaba del coche, se le quitó esa idea de la cabeza.
"Hola Bobby, ¿Cómo a eso?"
"Vaya, si que debéis haber estado muy ocupados últimamente para no venir a ver a vuestro viejo amigo ni un día." Les dio un abrazo a los dos chicos y le sorprendió que Sam no hubiera dicho nada todavía. "Sam ¿estás bien muchacho?" Sam volvió a sonreír de esa forma tonta, pero se quedó mirando a su hermano antes de contestar a la pregunta.
"Bien, muy bien en realidad, por eso hemos venido. Hay algo que tenemos que contarte." El chico entró en la casa, seguido de su hermano de cerca, que no le quita la vista de encima.
El curtido cazador no comprendía el comportamiento de ninguno de los chicos. Los conocía desde que eran unos críos y hasta ese momento, estaba convencido que los conocía como si fueran sus propios hijos, pero se dio cuenta que estaba equivocado, los dos le estaban ocultando algo.
Cogieron cervezas y se sentaron en el sofá del salón, esperando que Bobby les acompañara. Durante unos momentos se quedaron solos, instantes en los que Dean no pudo rozar la espalda de Sam con su mano. Al verle sonreír lo hizo también él y acercándose al rostro de su hermano, le dio un beso rápido en los labios.
"Bobby podría vernos." Contestó Sam entre risas, como si se trataran de dos colegiales haciendo algo que su padre reprobaba.
"Se supone que vamos a contarle lo nuestro y que vamos a casarnos, no creo que después de eso importe mucho que te bese delante de él." Sam acercó el cuerpo de su hermano al suyo propio. "No estaba seguro de pedirte que te casaras conmigo, no sabía si aceptarías."
"Mira que eres tonto a veces. Me conoces demasiado bien, sabes muy bien que siempre diría que si." El ruido de una puerta al abrirse y cerrarse, les hizo separarse y dejar de hablar.
Bobby apareció en la habitación y se sentó frente a los chicos, mirándolos alternativamente, esperando una explicación. "¿Y bien, que os ha traído aquí, un demonio, un fantasma, el fin del mundo?"
"Vamos a casarnos." Sam se volvió hacia su hermano en cuanto escuchó la forma tan poco sutil en la que Dean le había dado la noticia a su amigo. Bobby no dijo nada, se quedó de piedra allí sentado, como si no en realidad no hubiera escuchado aquello. "¿Bobby?"
"¿Podrías repetir lo que has dicho? Creo que no te he entendido muy bien."
Antes que Dean pudiera decir algo, Sam se le adelantó, intentando explicarle la situación a Bobby de una forma más sutil de lo que lo había hecho su hermano. "Bobby, Dean y yo hace un tiempo que estamos juntos, un años y medio más o menos."
"Cuando dices juntos… te refieres a…" Sam siempre había tenido miedo a ese tiempo de reacción. No era la primera vez que se fijaba en un hombre, durante sus primeros años de adolescencia, en los que como todo crío, descubría el mundo sexual, había tenido unos fuertes sentimiento por un amigo.
Nunca se lo había dicho a su padre, nunca lo hubiera comprendido, o en el peor de los casos se hubiera cabreado mucho por algo así. Desde entonces, había temido tener que llegar a una situación similar con lo más parecido a un segundo padre. Ahora lo tenía delante, se lo había dicho y no sólo eso, le había dicho que estaba manteniendo una relación íntima con su hermano y que además pretendían llevarlo más allá.
Los momentos que pasaron hasta que Bobby reacción hubieran sido los peores de su vida si Dean no hubiera estado a su lado para apoyarle, si este no hubiera apretado su mano con fuerza, si no hubiera deslizado su mano por su espalda y le hubiera acarciado para hacerle sentir mejor.
"¿Estáis juntos, vosotros dos estáis juntos?"
"Si y esperamos casarnos en un par de meses si conseguimos falsificar los papeles necesarios para eso." Aunque Bobby todavía no había dicho nada, Sam ya se sentía mejor, necesitaba decírselo a alguien, pero tampoco tenían la suficiente relación con nadie para contarle algo así.
"Bueno la verdad es que no se que decir. Sólo decidme una cosa, hasta hace ¿Cuánto, año y medio, no había pasado nada entre vosotros dos?" Los dos hermanos se miraron, de todo lo que habían esperado que su amigo les dijera eso, no lo habían pensado.
"No, todo paso de la nada, sabíamos lo que sentíamos, pero no nos habíamos atrevido a hacer nada…" Dean no había dicho nada en todo el rato, prefería que Sam ejerciera del hermano diplomático.
"¿Entonces no os acordáis? No me lo puedo creer, no os acordáis de vuestro primer beso." Entonces Bobby se dio cuenta del gesto de Dean, el chico apartó la mirada, incluso creyó verlo enrojecer avergonzado. Sam por su parte, los miraba a los dos hombres, completamente sorprendido, sentía que se había perdido una parte de la película. "¿Dean?"
"Claro que me acuerdo, pero como Sam parecía haberlo olvidado, preferí empezar de cero." Dean se levantó del sofá y fue hasta la ventaba. Jamás hubiera pensado que el día hubiera llegado a ese punto, a esas confesiones que había guardado en su interior durante tanto tiempo.
Levantándose detrás de su hermano, Sam fue hasta Dean y sin importarle ya comportarse con total naturalidad delante de Bobby, rodeó su cintura y le besó en la base del cuello para llamar su atención.
"Dean ¿Qué ocurre? ¿Qué es eso del primer beso?" A Dean le costó unos momentos darse la vuelta, ahora sabía que tenía que contarle aquella primera vez a Sam. Su hermano volvió a besarle en el cuello y se quedó allí, apoyado en él, esperando que le hablara.
"Fue hace mucho tiempo y cuando te besé por primera vez pensé que lo recordarías. Fue nuestro primer beso, eso es cierto, pero en realidad, fue tu primer beso." Dean se quedó cayado, esperando a Sam hiciera memoria, entonces vio que los ojos de su hermano se iluminaban.
- o -
Había sido el verano del año en el que Dean cumplió los dieciocho años, cuando se había convertido en un adulto por fin. Su padre se pasaba todos los días cazando y a veces los dejaba solos durante largas horas. Los hermanos se habían convertido en uña y carne, pasaban todo el día juntos y Sam estaba aprendiendo todas las cosas importantes de la vida, gracias a su hermano mayor.
Un día, Sam decidió que era el momento de saber que se sentía al besar a alguien, al besarle de verdad, pero tan sólo era un niño de catorce año, aparentaba más por su gran estatura, pero las chicas lo consideraban un crío y no querían saber nada de él.
Estaba frustado, aburrido y encima el calor lo estaba ahogando por momentos. Dean estaba cerca de él, limpiando su arma, concentrado en sus pensamientos, como si no le hiciera caso a su hermano pequeño.
"Dean, ¿Qué se siente al darle un beso a alguien?" Dean se volvió hacia su hermano y sonrió. Por fin habían llegado a las cuestiones que Dean había estado deseando compartir con su hermanito. Por eso, dejó el arma en al mesa y se sentó al lado del pequeño Sam en el sofá.
"La primera vez es la más increíble, el descubrimiento, las sensaciones nuevas, son tantas cosas al mismo tiempo, que nunca las olvidas." Sam lo escuchaba con atención, quería guardar cada palabra en su mente y recordarla para cuando llegara el momento de dar el primer beso.
"Siempre me he preguntado si sabré hacerlo bien." Dean le revolvió el pelo, a lo que Sam contestó con un gesto de desagrado. Estaban hablando de algo realmente importante para él y desde luego no quería que se le continuara tratando como un niño. "Tengo catorce años Dean, podrías tomarme un poco más en serio."
"¿De que estás hablando Sammy? Eres la persona más importante de mi vida además de papá, siempre te tomo en serio."
"Quiero saber que es el primer beso y tu crees que te pregunto como un crío todavía. Estoy deseando ser como tu, haber besado tantas veces como tu." Le costaba decir aquello, pero ahora que había empezado a hablar, lo terminaría. "Quiero que me enseñes a dar un beso."
Dean abrió los ojos de par en par. De repente su hermanito se había convertido en todo un adulto y aunque jamás se hubiera imaginado ese tipo de petición proveniente de Sam, se sintió orgulloso que fuera él a quien se lo hubiera pedido, aunque no estaba seguro de lo que hacer.
"Sam, eso no se explica, hay que sentirlo, vivirlo, para aprender." Por primera vez en su vida, los dos hermanos tuvieron el mismo sentimiento en su interior, aunque ninguno de los dos lo dijera en voz alta.
Dean sabía muy bien lo que Sam le estaba pidiendo, pero al fin y al cabo seguían siendo hermanos, por mucho que estuviera deseando darle un beso a ese niño que estaba a punto de ser más alto que él, al que el pelo le cubría los hermosos ojos castaños en los que le gustaba perderse y que le estaba cambiando la voz hacia algo que hacía que el corazón de Dean latiera a mil por hora.
Por su parte, Sam sabía perfectamente lo que había pedido y por mucho que tuviera catorce años, estaba seguro que Dean le había comprendido perfectamente y una parte dentro de él le decía que era lo correcto, que Dean no se escandalizaría y que comprendía perfectamente sus sentimientos.
Sam se mordió el labio y se inclinó ligeramente hacia Dean. Este se quedó quieto, mirando los lentos movimientos de su hermano. El menor de los hermanos, puso una mano sobre el muslo de Dean y este tomó su mano, suspirando.
"Sam, no podemos hacer esto, papá nos mataría si se entera." Sam apretó con fuerza la mano de Dean y continuó acercándose hacia él, sin estar muy seguro de lo que estaba haciendo. Siempre había sido un testarudo y Dean tenía muy claro que ahora que Sam había decidido hacer algo, no habría nada que pudiera hacer para detenerlo, lo cual le dio la excusa perfecta para lanzarse. "Espera…"
Liberó la mano de Sam y rodeó su cuerpo con una mano. Lo escuchó suspirar por lo bajo, mientras sus ojos pardos se clavaban en los suyos. Llevó su mano hasta el pecho de Sam y con un dedo lo recorrió de arriba abajo.
Tenía tan cerca el rostro de Sam, que podía notar su dulce aliento sobre su cara. "Sammy, creo que voy a ir al infierno por hacer esto. Deberías descubrirlo con otra persona, no con tu hermano."
Moviéndose sin pensar, Sam colocó sus manos sobre el pecho de Dean levantando la camiseta de su hermano para tocar su piel. Dean sonrió al notar su mano fría y temblorosa.
Puso una mano bajo la barbilla de Sam y acercando el rostro de su pequeño Sammy hasta el suyo, junto sus labios con los de su hermano. Al principio tan sólo se trató de eso, los labios de ambos juntos, Dean no quería forzar la situación por si su hermano se terminaba por arrepentir.
Pero entonces Sam abrió muy lentamente la boca, a lo que Dean contestó de la misma forma, internando su lengua en el interior. Sam suspiró con más fuerza y por fin cerró los ojos, concentrándose en las manos de Dean, en su boca, en su lengua, en su respiración, en ese momento, tan sólo existía Dean y nada más en el mundo, ni el más peligroso de los demonios le robaría esa primera vez.
Jamás había sentido nada parecido, era la primera vez que otra persona le excitaba, que respiraba con más fuerza por lo que alguien le estaba haciendo y que gemía al sentir la lengua de su hermano recorriendo su boca y jugando con su propia lengua.
Era su primer beso, el primer de su vida, el primero con un hombre y el primero con su hermano, que pese a guardarlo en su interior por miedo a que su padre descubriera lo que habían hecho, siempre mantendría el sentimiento por Dean, que esperaría el momento apropiado para volver a aparecer y volver a besar a Dean en aquel bar.
