LARGO Y CALIDO VERANO
Hola a todos y todas. Espero que os guste el nuevo capítulo, aunque es un poco de transición. Hasta mediados de enero no voy a tener tiempo ni acceso a internet, así que este capítulo es mi regalo de Navidad y/o de Reyes para todos los lectores. Espero impaciente recibir vuestros Rews ¡Felices Fiestas!
LARGO Y CALIDO VERANO
La pareja de bola de fuego chinos habían instalado su nido en el límite físico de la propiedad de Prince Hall. En una cueva excavada en el desfiladero de desembocadura del río que recogía las aguas del valle escondido y las vertía en el Lago Negro. A escasos centenares de metros del inicio de las barreras que defendían y ocultaban mágicamente la propiedad. No sin disputas con las otras dragonas, que también codiciaban la misma parcela de tierra. Protestando, pero acatando la superioridad de la otra dragona, habían cedido el mejor puesto a la irritable amenaza roja. Los hocico-corto suecos se instalaron enfrente, al otro lado del lago en terrenos que técnicamente pertenecían a Hogsmeade, pero que estaban dentro de los límites del Bosque Prohibido. En el valle de Godric, se recolocaron los colacuerno húngaros, y en el refugio de Caza de Malfoy Manor los galeses.
Los mayores de los hermanos Weasley recibieron una generosa oferta. Como especialista en protecciones mágicas Bill era un buen candidato para crear nuevas barreras en los terrenos elegidos para instalar a los animales para su protección… y la de los demás. Y por su experiencia Charles estaba capacitado para hacerse cargo de dirigir, vigilancia y cuidado de los dragones. Cuyo número se iba a multiplicar en breve como era de esperar. La paga era buena, y no les obligaba a renunciar a sus trabajos actuales. Charley, tras negociar con la reserva, pidió parte de las vacaciones que le adeudaban. Y con él, algunos compañeros interesados en cambiar temporalmente de aires. Pese a que su padre y, especialmente su madre, no estaban muy conformes con una relación laboral entre sus hijos y "ese Snape", sus economías y la familiar necesitaban desesperadamente los ingresos extras. Eran tiempos amargos y duros para la familia, pese a que personalmente ellos tenían un pequeño remanso de felicidad en sus recién descubiertas parejas. Que tampoco contaban con la aprobación de su madre, aunque ahora Molly estaba demasiado ocupada llorando como para andar enviándolos a hacer "recaditos" donde siempre se encontraban "casualmente" con brujas casaderas de buena familia haciéndoles ojitos.
El funeral por Ronald Weasley se celebró poco después del final del curso. El pequeño cementerio cercano a la Madriguera acogió a una pequeña reunión de alumnos, -la inmensa mayoría de Griffindor aunque también estaba Cedric, Neville, Luna Lovegood y ambos hermanos Creevey acompañados de una enlutada Narcisa –acompañados de bastantes padres o guardianes, profesores, infinidad de primos Weasleys y otros parientes de la familia. Y por supuesto, los demás competidores en el Torneo, excluida la Srta. Florit. Evans dio calladamente sus condolencias a la Sra. y el Sr. Weasley, intentando en la manera de lo posible hacerles más suave el amargo trance de perder a un hijo. Era un trauma emocional que ni su empatía podía deshacer, pero podía darles un poco de esperanza, no? Con los ojos rojos y húmedos de lágrimas, Molly le abrazó sollozando murmurando que al menos él estaba a salvo, e ignorando rudamente a Severus. Arthur le palmeó y apretó el hombro, apretó la mano de Severus sin parpadear y tendió un pañuelo a su mujer. Hermione estaba muy rígidamente situada junto a Ginevra, las dos visiblemente tensas. Minerva creía que era bueno para todos que la jovencita pasara unos días con los Weasley, porque finalmente el Ministerio había otorgado su custodia a la que era su Jefa de Casa. Solo hasta que se librase del papeleo de fin de curso que Albus simplemente ignoraba por completo.
No era educado hablar mal de los muertos, así que ni Evans ni Severus se sumaron a los que dijeron unas palabras, optando por permanecer discretamente en silencio. Aunque más de un asistente torció el gesto cuando Albus continuo insinuando veladamente que tenían que buscar al "culpable en la oscuridad", responsable de todo aquello.
Retornaron a Phantom Creek Cottage, donde Sirius, Remus y los demás se estaban alojando de momento. Jacob y los suyos iban a regresar a Forks para pasar parte del verano y presentar a sus parejas formalmente a los ancianos de la tribu. Mientras recorrían en un tenso silencio el sendero de las verjas de entrada a la pequeña mansión los pasos de Evans se ralentizaron cada vez más, su ceño fruncido pensativamente. Mil ideas y contra ideas le bullían en la cabeza. Remus, por su naturaleza más en sintonía con las emociones de su cachorro que ninguno de ellos, dio un discreto codazo a Sirius; que asintiendo, ajustó el paso para situarse junto a Severus; incitándole a apretar ligeramente el paso para darles una semblanza de privacidad. Evans, volviendo los verdes ojos al notar el roce de Remus murmuró:
-¿Soy…soy una mala persona Athair*?
Remus le rodeó los hombros y le atrajo levemente contra su costado, sus ojos chispeando ligeramente.
-Claro que no, Evans. Eres la mejor persona que conozco.
Mordiéndose levemente el labio, Evans susurró casi inaudiblemente con ojos llenos de dudas y tormento:
-Entonces…¿Por qué no puedo dejar de sentirme parte triste y en parte…aliviado por la muerte de Ronald?
Remus se detuvo en seco, exhalando bruscamente el aire mientras procedía a abrazarle con tanta fuerza que amenazaba dejarle moratones. Evans retornó el abrazo con idénticas ganas, enterrando la cara en el pecho de Remus, llenándose de su olor, a bosque y almizcle. Un olor que estaba grabado desde siempre en su memoria como fuente de confort. Remus le meció apenas, y finalmente, murmuró:
- Ron no era precisamente tu amigo, y su actitud…antagónica hacia quienes consideras familia no favoreció sentimientos positivos entre ambos. Es normal que tengas sentimientos encontrados.
Remus revolvió el pelo negro de Evans y añadió con un cierto tono ronco y primal en la voz:
-Evans, eso solo te hace…humano. Créeme…
Los ojos del licántropo fulguraron recordando con ira contenida que algunas de las acciones de Ron. Y la ojeriza con que Lunático consideraba un potencial agresor de su cachorro. Con la cara aun enterrada en el pecho de Remus, Evans murmuró casi sollozando:
-¿Entonces, porque me siento culpable?
-¡Oh, mo Cuilean*!
Remus aun envolvió mas al que era su cachorro,- su hijo en todos los sentidos, aunque no lo fuese biológicamente – entre la protección de sus brazos, el corazón galopándole en el pecho y aturdiendo con sus latidos sus sienes, mientras Evans sollozaba calladamente. El pelo comenzó a erizársele, y las mandíbulas comenzaron a doler con el aumento de tamaño de sus caninos. Sus uñas se convirtieron en garras- semirretráctiles como las de un guepardo- mientras los instintos de Lunático saturaban de adrenalina su sangre, aprestándose para luchar contra el enemigo que hacía llorar a su Cuilean. Pero…¿Cómo clavarle las garras a una idea? ¿O perseguir y atrapar un recuerdo? ¿Podían sus colmillos acabar con una emoción? ¿Detener una guerra? Con un ronco gruñido de frustración, el lado lobuno reconoció que como humano estaba mejor preparado para enfrentarse a este problema y dejó de intentar dominar, manteniendo los cambios y activamente atento, observando desde los ojos ahora completamente dorados con flecos verdes.
-Su muerte no ha sido causada por tus acciones u omisiones, recuérdalo siempre.
Remus continuó abrazando a Evans hasta que se calmó, murmurando afectuosas naderías, e ignorando a Severus y Sirius, que se habían prácticamente detenido unos metros más allá. Sirius parecía a punto de estallar, y aunque Severus aparentaba más calma, era evidente que los dos estaban muy preocupados por el repentino conflicto emocional, algo que Severus llevaba anticipando desde el principio. Tras secarse apresuradamente las lágrimas y dar un cariñoso abrazo a Remus continuaron andando; con el licántropo con un brazo protector sobre los jóvenes hombros.
Al acercarse, Evans aceleró el paso hacia su esposo- para profunda decepción de Sirius- esbozando una tímida sonrisa; y Severus, le deslizó perezosamente los pulgares por las mejillas, observándole cuidadosamente, con intensidad durante un rato. En silencio, se inclinó muy despacito y le besó la frente, y muy delicadamente, los ojos y por ultimo; y sujetándole y acariciándole las mejillas, dejando que sus ojos reflejasen parte del fuego interior y poniendo un delicioso tono rosado en sus mejillas; se inclinó de nuevo haciéndole cerrar lentamente los ojos con anticipación y entreabrir los labios…para recibir un frustrante beso en la punta de la nariz.
Abriendo los ojos y parpadeando sorprendido, Evans encontró el rostro de Severus a pocos cms de él. Cuando volvió a parpadear, una de las negras cejas se elevó mientras una semisonrisa completaba el gesto magistralmente. Haciendo un puchero, y cruzando los brazos, Evans rezongó:
-Encima engatusando…
Severus atacó como el rayo arrancándole un grito entrecortado. Evans se retorció como una anguila y Severus le liberó del cruel tormento de las cosquillas, dejándole jadeante y sonrojado. De nuevo con una chispita de desafío en los ojos, se inclinó para besar fugazmente los rojos labios entreabiertos sin previo aviso.
-…ommhh…
Evans volvió a parpadear de nuevo al terminar el corto, pero delicioso beso; y esta vez, le dio un manotazo fingido a Severus, que no reprimió una exagerada mueca y quejidos de dolor. Esbozando una sonrisa, Evans murmuró:
-Te lo tienes bien merecido…
Sirius, que contemplaba toda la escena con ojos abiertos como platos, asintió vivamente. Todavía estaba digiriendo a pequeños trocitos - muy, muy pequeños - la idea de que su niño, definitivamente ya no era un niño. Lo de ser abuelo con inminencia…bueno, ese era completamente otro tema diferente. ¡Gracias a Merlín por las pociones, aun podía evitar pensar en su nene haciendo "eso"!
-...mira que provocar con esa pizca de beso…
Dándole un leve empujón para poner en marcha a su bloqueado marido, Remus murmuró roncamente:
-Nosotros éramos más jóvenes cuando empezamos a meternos mano…
Sirius trató de encontrar palabras, fracasando varias veces en su intento, mientras Evans se alejaba confortablemente arropado por el brazo de Severus. Lunático aprobaba sin reservas la elección de compañero de su cachorro. Remus usó un par de dedos para cerrar la boca de Sirius. Le amaba con locura – tanto como para sacarle de Azkaban él solito- pero incluso para él era demasiado verle con esa pinta desencajada. Con ojos de perrito apaleado, Sirius dejó ir un gemidito más propio de su canina forma animaga, y nada varonil y Remus murmuró:
-Vamos, Siri…que no están teniendo sexo…todavía.
Con un nuevo lamento agudo y prolongado, Sirius sorbió levemente por la nariz como si estuviera conteniendo las lágrimas, y la sonrisa traviesa de Remus se ensanchó por un instante antes de volver a darle a su desoladísimo esposo unas palmaditas conmiseratorias.
HP&SS
Phantom Creek era una solariega casa de campo, amplia, sólida y sin demasiadas pretensiones arquitectónicas. Construida en piedra local desbastada en sillares, se elevaba sobre una pequeña colina artificial, rodeada en su pie por un amplio foso defensivo donde prosperaban peces y toda clase de aves acuáticas y rematada por un bajo, macizo muro de enormes piedras y argamasa. Y de nuevo estaba en uso, los terrenos agrestes de la finca cobijando ahora nueva fauna. El aparentemente salvaje parque ingles y los inusuales y caóticos jardines que rodeaban la casa contaban con generosos y variados árboles frutales desperdigados entre los sinuosos senderos, parterres de hierbas aromáticas alternando con flores, y un espacio atrás dedicado a hortalizas. La hiedra se enroscaba perezosamente por parte de sus muros, poniendo una nota verde en el gris rosáceo de sus piedras. Cerca de la entrada y algunos ventanales, retorcidos rosales trepadores sin espinas mezclaban sus flores rojas y amarillas. Construida como una cruz de cortos brazos con añadidos en torno a la torre central que se alzaba vigilante sobre los tejados -cuadrada y más antigua aun que el resto del edificios- se erguía fuerte y elegante en su simple sencillez. Ese era el hogar ancestral de los Potter.
Elfos muy limpios y con el escudo en la pechera de sus petos se afanaban en diversas tareas. Dobby les recibió con una bandeja con vasos de agua fresca con menta y limón, y tras refrescarse de la caminata, entraron a la estancia más disfrutada de toda la casa: la enorme cocina del semisótano, con sus ventanas alargadas a ras del techo. Hornos, fogones y espacio para trabajar, y una robusta y larga mesa de roble con dos bancos corridos con espacio para sentar a 20 por lo menos. Algunos elfos se afanaban en una mesa de trabajo, mientras comiendo magdalenas y bebiendo zumo de calabaza, Jacob y los suyos reían, y Nessie bebía un batido de sospechoso color rojo.
Yoshimi* –la mujer que estaba gestando para ellos su primer hijo- le dio con la espátula a Seth en la cabeza cuando fue a coger otro dulce. Con cara cohibida, Seth dio una mirada anhelante a la fuente y para contener la tentación, entrelazó los dedos sobre su regazo. A su lado Sorato* le pasó un trozo de su propia magdalena, y con una sonrisa radiante, mirándose en sus ojos ligeramente rasgados, Seth denegó ligeramente. No iba a quitarle su porción a su propia imprimada.
HP&SS
Evans estaba meditando; sentado en un claro pedregoso rodeado de un sotobosque bajo y ralo; cubierto tan solo por una capa sobre los hombros y a la sombra del único árbol de tamaño respetable. Sirius rondaba cerca, olisqueando por entre los matorrales, pero con una oreja puesta en vigilar a su hijo. Evans estaba intentando la transformación final de animago, y había guardado activamente el secreto de su forma para todos, Severus incluido. Finalmente, la madurez de su magia habia alcanzado el nivel suficiente como para que ni Severus, Seldom o Poppy pudieran objetar nada a su empeño. Jacob, que habia montado guardia en sus anteriores intentos parciales, tan solo denegaba y sonreía enseñando los dientes cuando Sirius preguntaba. Severus tenía tanta o más curiosidad que Sirius, pero lo disimulaba mejor…y sus intentos de extraer información sutilmente tampoco habían sido fructíferos.
Con la imagen perfectamente fijada en su cabeza y dejando fluir la magia acumulada en su interior, empezó a cambiar. Primero fueron las manos, después los pies…con un progreso lento, las extremidades completas. Ascendiendo por su espina dorsal en lentas ondas apenas visibles y extendiéndose desde sus brazos a los hombros, pronto lo único que resto por cambiar fue la cabeza y el cuello. Esbozando una leve semisonrisa, Evans dejó que la última ola de magia creciera … Respirando con los ojos aun cerrados, reajustando sus sentidos y sensaciones a una nueva forma, simplemente yació en el pasto recobrándose. Tras unos momentos, abrió los ojos, explorando el mundo…los colores eran menos vivos, pero todo estaba mucho más nítido y definido. Con un gruñido y algo de esfuerzo, logro ponerse en pie sobre sus nuevas patas, la capa enredándose entre ellas, hasta que con bufido de frustración, la atacó sin remilgos, deshaciéndose de ella. Mayormente.
Impaciente por verse libre al fin, Evans dejó ir un bramido y meneó con agitación la cabeza. Aun hecha jirones, la testaruda capa aun se aferraba enganchada a él. Sirius saltó con un ladrido hacia el claro, deseando ver cuál era su forma. Incluso con su olfato o el de Remus, no habían sido capaces de averiguarlo. Sirius frenó en seco, ladeando la cabeza y olfateando con curiosidad. Con la cabeza gacha y tratando de deshacerse de lo que quedaba de su capa, Evans pateaba y se revolvía. Era …¿Qué demonios era? Un caballo … O algo muy parecido, porque estaba seguro de no haber visto nunca un pelaje igual. Un salto y nuevo gruñido hicieron moverse a Sirius, que aceleró el paso y recobró la forma humana exclamando:
-¡Hey! Calma, que vas a hacerte daño…
Se aproximó al evidentemente irritado Evans y murmuró:
-¿Evans?...Mmh…voy a quitarte eso, vale?
Resoplando desde debajo de los restos de la dichosa capa, Evans pateó el suelo, moviendo la cola de arriba a abajo, pero aquietando sus movimientos. Sirius tomó muy delicadamente los ofensivos restos de ropa y comenzó a sacárselos de encima. Evans resopló y sacudió la testa. Sus orejas se movían en todas direcciones, y la irritante sensación de la tela aplastándolas o rozando sus crines había desaparecido! Sirius le miraba boquiabierto, con los restos de tela colgando flojamente de una mano. Pateando imperiosamente el suelo, Evans demandó atención y Sirius murmuró, conjurando un espejo:
-Creí que eras un Ahetonan de color raro o un cruce con otro caballo, pero ahora no estoy tan seguro…
Acercándose al espejo, Evans se contempló cuidadosamente:
Sirius tenía razón. Podría pasar por un raro Ahetonan e incluso un Granian de color inusual, de no ser por un par de…detallitos. Un par especialmente. Dos pequeños y afilados cuernos de tres puntas que sobresalían por encima de la hirsuta crin y flequillo. Y de cerca se apreciaba que estaba armado de escamas, mucho más grandes e imbricadas sobre el lomo, pecho, costados y cuello. Con la constitución general de un caballo esbelto y fibroso de tamaño pequeño, orejas casi de ciervo y la cabeza draconiana de un threstal; sus largas patas estaban rematadas en afiladas pezuñas hendidas de color negro. El centro de sus crines y cola eran negras, al igual que el mechón de la pequeña barba. También tenía una raya negra recorriéndole el lomo, contrastando con el resto del pelaje. Las crines del exterior eran de un blanco nacarado al igual que unos pocos mechones del arranque exterior de la cola. Sus ojos seguían siendo verdes ...fijándose mucho, se podía apreciar que tenían unas rasgadas pupilas horizontales levemente más oscuras. El resto de su "pelaje" era de un gris plata ligeramente arrodelado, que se oscurecía gradualmente a negro en las extremidades, con un extraño reflejo metálico danzarín en torno a él que no podía ser meramente atribuido la luz que incidía en él.
Con cuidado, Evans se acercó más al espejo, contemplando como diminutas llamas como de fuego fatuo de un fantasmagórico color verde se concentraban en las nervaduras de sus patas al flexionarlas ligeramente. Con un a medias estornudo, a medias resoplido, un breve chorro de llamas y humo brotó de su hocico; sorprendiéndole y haciéndole saltar y agitar las súbitamente desplegadas alas por puro acto reflejo; elevándole un par de metros del suelo para sobresalto y consternación de Sirius, que acababa de caerse de culo. Con un gruñido, Evans aterrizó, meneando la cabeza y las largas orejas, replegando cuidadosamente las negras alas, hasta hacerlas desaparecer debajo de un pliegue de piel. Aun sujetándose el pecho medio despatarrado en el suelo, Sirius vio reaparecer a su muy desnudo hijo. Evans rodó los hombros, reacomodando los músculos, y tendió la mano a su padre. Aceptando la ayuda y levantándose sobre aun temblorosas rodillas, Sirius exclamó:
-¿Quieres matarme de un infarto?
Descartando la dañada capa como medio de cubrirse, y recuperando su ropa interior de una bolsa, Evans comenzó a ponerse decente. Mascullando sobre la aparición prematura de canas, Sirius efectuó un diagnostico general, verificando que Evans estaba sano e indemne, mientras este terminaba de vestirse. Severus podía hacer más comprobaciones luego.
-¿Y qué demonios es tu forma?
Sonriendo con picardía, y levantándose del suelo, Evans murmuró:
-Soy un Quilín*…
Sirius pareció dar vueltas a la palabra, hasta encontrar alguna clase de referencia en su memoria. Sus ojos grises se dilataron cómicamente y susurró asombrado:
-…una clase de "unicornio" oriental... ¡Si no lo hubiera visto te diría que es imposible!
Con cierta ironía, Evans murmuró:
-Vamos papá…No sé de qué asombras. Tu eres un Grim, Jacob un lobo berseker.
Sirius parpadeó, y completamente en autopiloto, comenzó a caminar en un apabullado silencio de regreso hacia la casa. Evans rodó los ojos, ignorando las encontradas emociones de su padre, dejándole sortearlas por sí mismo. Estaban ya cerca de las huertas cuando Sirius miró de nuevo a Evans y murmuró dubitativamente:
-Bueno…ha sido un shock, desde luego...Pero es casi poético… ¡Bambi!
Y transformándose en el enorme y peludo Grim, echó a correr como alma que lleva el diablo hacia la casa, perseguido por un indignado Evans. Resbalando en el suelo de piedra de las cortas escaleras que llevaban a la enorme cocina; el Grim se escabulló por debajo de las patas de mesa y sillas, para acabar acurrucándose con la cabezota entre las piernas de un sorprendido Remus, con el rabo entre las patas. Bajando las escaleras de dos en dos, Evans alcanzó a su huidizo padre que le miraba con enormes ojos grises desde su refugio.
-¡Quítamelo!
El enorme collar rojo repleto de cascabeles dorados y rematado por un lazo que su bromista padre había conjurado en torno a su cuello armaba un escándalo tremendo y resistía todo intento de ser removido de su lugar o desvanecido. Remus contuvo las risas durante unos instantes, pero cuando Evans miró en dirección a Sirius cruzando los brazos y tamborileando el suelo con el pie, no pudo contenerse más. James había llevado el mismo adorno más de una Navidad. Y detrás de él, Yosimi trataba de esconder sus propias y comedidas risas entre los pliegues de su delantal. Incluso Evans acabó riéndose.
Atraído por el jaleo, Severus emergió de su laboratorio, para encontrar entre risas a los ocupantes de la cocina. Sus labios se curvaron ligeramente - los cascabeles dorados tintineaban jovialmente - y deslizó una mano en los hombros de Evans, depositando un beso en su mejilla. Con un exagerado morrito de enojo y una mirada falsamente venenosa, murmuró abrazándose a Severus:
-¡Mira lo que me ha hecho! Mi propio padre…
Severus golpeó levemente un cascabel y murmuró:
-Mhh…No está tan mal…quizás en otro color…
El rojo se convirtió gradualmente en verde y el oro en plata. Refunfuñando, pero acurrucándose mejor contra él, Evans le sacó la lengua a su padre. Con cautela, Sirius emergió de su refugio, asomando la negra nariz por encima de la mesa, evaluando si era seguro. Determinando que valía la pena arriesgarse, cambió de nuevo a humano y exclamó:
-¡Tenéis que verle! Es… ¡Precioso!
Remus olfateó más intensamente, con curiosidad. Con una sonrisa traviesa Sirius animó a Evans y Severus murmuró:
-Entiendo que el cambio ha sido exitoso…
Evans asintió, mirando a los ojos de Severus y susurró:
-Aun no puedo hacerlo con ropa, y me toma un tiempo pero ha ido muy bien. ¿Quieres verlo?
Severus asintió – su curiosidad iba por fin a ser satisfecha- y Evans agrandó un paño de cocina hasta convertirlo en una improvisada toalla. Con un gesto de su varita toda su ropa se ordenó en una pila, mientras la tela se enroscaba en torno a su cintura preservando su modestia. Sonriendo, se sentó en el suelo y cerró los ojos concentrándose, mientras las miradas de todos se apiñaban en él.
Cuando el cambio terminó, los cuatro adultos se encontraron mirando un lomo gris marcado por una lista negra. Con movimientos lentos pero seguros, Evans afianzó las hendidas pezuñas de sus patas delanteras y se irguió entre ligeros tintineos. Aun vuelto de espaldas, y moviendo la cola bicolor, se giró lentamente, alzando el orgulloso cuello mientras sacudía ligeramente la cabeza, exhibiendo sus cuernos y haciendo repiquetear furiosamente los cascabeles del collar que se habia adaptado mágicamente a su cambio de forma. Yosimi reprimió un jadeó de sorpresa, y los ojos de Remus parecieron estudiar cada detalle. Severus estaba altamente impresionado. Siempre habia sabido que Evans era poderoso, pero ver la prueba palpable delante de él…
Avanzó un par de pasos, y tendió la mano, para rozar el negro hocico y deslizar una mano por la mejilla y el cuello. Volviendo sobre sus pasos, acarició la hirsuta pero suave crin bicolor y rozó las afiladas puntas de un cuerno, para acabar rascando la oreja de ese lado. Entrecerrando los grandes ojos orlados de espesas y largas pestañas, Evans inclinó la cabeza en pos de la caricia y olfateó el pelo de Severus con interés. Resopló, y retrocedió un tanto alarmado, notando el cosquilleo de un estornudo y con apenas tiempo para girarse a un lado, estornudó violentamente. La breve llamarada chamuscó inofensivamente las losas del suelo, y sus alas se liberaron de su repliegue con un chasquido. Mientras sacudía la cabeza y resoplaba una y otra vez para deshacerse del incomodo picor, Evans estiró las alas y las plegó sobre sus flancos, con diminutas llamitas danzando de uno a otro lado sobre su piel hasta que se calmó por completo y desaparecieron, reducidas a esporádicas chispas, apenas más que un reflejo.
Yosimi susurró algo en japonés, y tras un momento añadió con un ligero acento haciendo una reverencia:
-Esta familia está doblemente bendecida. Si más adelante los señores lo desean…seria un honor ser nuevamente madre y donante para uds.
Evans arqueó graciosamente el cuello, en salutación y Severus murmuró:
-Yosimi…es una oferta muy generosa. No quiero que te sientas presionada u obligada. Tanto tú como tu sobrina Sorato ya sois parte de la familia. Si realmente lo deseas, no veo problema alguno.
Yosimi se inclinó levemente, una ligera sonrisa flotando en sus labios y murmuró:
-Acepté ser madre subrogada y nanny porque aunque deseo vivir la experiencia de la maternidad, no deseo volver a casarme después de enviudar. Lord Prince, Lord Peverell, es un honor para mí.
La mujer se inclinó levemente de nuevo, y abandonó la cocina sus manos acariciando el abdomen prominente bajo sus ropas, susurrando que iba a descansar un rato antes de la cena.
Remus contemplaba sumido en reflexiones la sorprendente figura de su hijo, de su cuilean. Sirius sonreía como un loco, el orgullo rebosando de todos sus poros y Severus…Severus devoraba cada detalle, grabándolos en su memoria con la intensidad de una marca a fuego. Dejando que una de sus raras sonrisas flotase en sus labios, Severus murmuró:
-Una suerte que tengas la doble nacionalidad…registrándote en Estados Unidos habrás cumplido la ley…y no tienes que poner en manos del Ministerio información que no les interesa.
Remus rezongó audiblemente y murmuró:
-Al menos allí tienen el sentido común de entender que cierta información no puede ser de carácter público. Los animagos, metamorfomagos y cambiaformas solo tienen que informar de que lo son en su ficha de datos médicos, y sujeto a la más estricta confidencialidad medico/paciente. Literalmente, no pueden darle detalles de esas habilidades a nadie. Para que esos datos se difundan limitadamente hace falta que un juez lo ordene, con una acusación grave de por medio. Sirius está debidamente registrado.
-Y yo también…
Severus se contorsionó levemente sobre sí mismo, y en su lugar apareció un zorro plateado; muy oscuro, con un reflejo azulado negruzco y más grande de lo normal, del tamaño de un coyote. Su pelaje era sedoso, espeso y brillante, con las patas y las orejas completamente negras. Las típicas marcas blancas de hocico garganta y pecho eran negras, solo permanecía blanca la punta de la cola. Los inteligentes ojos eran color café, acentuados por diminutas, expresivas cejas negras. El animal se estiró perezosamente, bostezando y enseñando la afilada y blanca dentadura, enarcándose y desenroscando las colas… Si, las colas, porque Severus no era un zorro ordinario, no…era un kitsune que en ese momento exhibía orgulloso sus colas…Sirius parpadeó y volvió a contar de nuevo. Con un carraspeó murmuró:
-Hem…Severus...tienes tres colas…
El kitsune ladeó las susodichas colas hacia un flanco y las contempló por un instante antes de emitir un "yiip" y desplegarlas en abanico ligeramente por encima del lomo en orgullosa presentación. Excelente momento para que su forma manifestase un crecimiento y evolución. Evans resopló y acercó su hocico al de Severus y los dos se olfatearon mutuamente. Con deliberación, el kitsune se frotó contra la carrillada, cuello y patas delanteras; dejando que sus sedosas y peludas colas acariciaran los flancos y pecho del qilin, cuyas etéreas llamas se reavivaron por unos momentos.
Recobrando su forma humana justo al lado del hermoso kitsune negro plateado, Evans murmuró:
-Las actividades para este verano acaban de volverse mucho más interesantes…
Y caminando con un cierto vaivén de caderas, descalzo y desnudo- salvo por un ostentoso collar y alguna inseparable pieza de joyería - abandonó la cocina entre delicados tintineos de cascabeles, observado muy atentamente por todos.
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Andrómeda Black contempló pensativamente a Xenophilus Lovegood, Erick Marchbanks, John Dawlish y Héctor Greengrass, mientras tomaba un sorbo de su té. Dora parecía sumamente incomoda, pero quizás no tanto como su padre. Los cuatro pretendientes a la mano de su hija eran muy diferentes. Los cuatro habían relatado sus expectativas generales si llegaba a celebrarse el matrimonio. Dos viudos en busca de un heredero varón y dos solteros a los que también les hacía falta empezar a tener descendencia urgentemente. Ahora todo dependía de la decisión de su terca hija. Xeno no parecía tener problema con que Dora siguiese trabajando cuando la etapa de crianza de hubiese finalizado. Aunque no en un puesto tan peligroso como el de auror en activo. No tenía intención de volver a quedarse viudo nuevamente. También esperaba cierta ayuda para su publicación. Y por razones semejantes y por otras completamente diferentes, Dawlish también coincidía en que no quería a Dora en el cuerpo de Aurores. Demasiado peliagudo que ambos trabajasen en el mismo departamento, y una tentación para el desastre. Erick, un académico dedicado a escribir libros y a la investigación y desarrollo de nuevos hechizos prefería que se dedicara por entero a la familia, aunque admitía que un trabajo tranquilo a tiempo parcial era admisible si Dora realmente lo creía imprescindible. Y para Greengrass era completamente inadmisible que su esposa trabajara.
Antes de conocer a Remus, Dora nunca había contemplado siquiera la opción de casarse. Su único sueño era ser Auror. Algo ya rematadamente difícil para una mujer. -¿Por qué tenía que haberse enamorado del que debía ser el único hombre lobo gay? ¿Y encima casado con su tío?- No había encontrado un candidato a marido en el año que su madre le había concedido, aunque tampoco puso mucho empeño en buscarlo, la verdad. Había desperdiciado meses dedicándole miradas dolientes a Remus y tratando de convencer a su padre de apoyarla. Y ahora…su madre había elegido por ella. O casi. Dora miró una vez más a los cuatro hombres - un excéntrico, un ratón de biblioteca, un auror y un comerciante - y apretó los puños. No quería ni contemplar los problemas añadidos de ser la madrastra de jovencitas adolescentes. Así que eso eliminaba a Lovegood y Greengrass. Entre Dawlish y Marchbanks … Tras una última mirada suplicante a su padre, susurró un nombre casi sin voz. Mientras Dora se aferraba a su taza de té como un salvavidas, carraspeando ligeramente Ted Tonks-Black murmuró:
-La joven dama ha elegido. Caballeros, espero que los demás no se sientan decepcionados.
Tras el intercambio de esperadas cortesías y congratulaciones; acompañando a los tres pretendientes rechazados y ofreciendo sus mejores disculpas, Ted abandonó la sala. El hubiera preferido a Lovegood. Superada su excentricidad, era el más abierto y tolerante. El más flexible y el que menos se ajustaba a las convenciones. Pero Dawlish era buen auror, recto y justo. Y en general un buen tipo. Uno con el que al menos podía uno irse a tomarse una cerveza después del trabajo. Ahora podían por fin empezar a negociar los detalles del contrato matrimonial.
HP&SS
Hagrid estaba como un niño atiborrado de chucherías y refrescos con cafeína haciendo cola en la entrada de la feria del pueblo. Charlie le habia avisado que una de las dos dragonas que tenían el nido en las inmediaciones de la escuela podía ser visitada brevemente. Después de esperar impacientemente a que Charlie ayudara a uno de sus compañeros a encauzar un pequeño rebaño de ovejas y un par de vacas en el recinto de los hocico corto - ignorando los repentinos bramidos y balidos de terror al otro lado de la colina, el estallido de fuego y el olor a pelo y carne quemados- Hagrid rebotaba sobre sus enormes pies. Cuando el pelirrojo apareció seguido de su amigo, solo las barreras que impedían el acceso a nadie no autorizado detuvieron su paso. Con aire asombrado y recogiéndose a si mismo del suelo donde repentinamente se habia visto lanzado, Hagrid manoteó sus brazos como aspas de molino y Charlie suspiró resignado.
Entre la nerviosa charla del semigigante, cruzaron en una barcaza a la otra orilla del lago; que en ese punto era más un ancho rio que otra cosa; y se acercaron al territorio de los bola de fuego. Dándole el amuleto que le permitiría acceder temporalmente al recinto, Charlie abrió camino hasta una repisa de piedra en la pared opuesta del desfiladero por el que se escurría un curso de agua hasta unirse al lago. Hagrid pareció decepcionado, pero se animó enseguida. Los dos adultos rodeaban la carcasa de una vaca bien gorda, aun humeante. Y rasgaban delicadamente pedazos escogidos de carne que dejaban caer delicadamente en las hambrientas fauces de cinco escurridizos dragoncitos, que saltaban y se peleaban escandalosamente entre ellos para alcanzar la comida. Uno de los dragoncitos, el más pequeño, continuaba sorbiendo ruidosamente la sangre acumulada, mientras sus hermanos y hermanas estaban dando buena cuenta de los pedazos de vaca. Con la competencia distraída el dragoncito trató de abrirse paso, usando garras y dientes. Con un gruñido, su madre partió en dos de una dentellada el cadáver, y abalanzándose para agarrar el pedazo más grande posible de hígado, el dragoncito se escurrió detrás de una enorme garra para comerse su premio en paz.
Después de disuadir - una vez más - a Hagrid de la noción de visitas no supervisadas, o la remota posibilidad de hacerse cargo de uno de los dragoncitos, Charlie le acompañó de regreso a la escuela. El bonachón semigigante hablaba por los codos, lamentando que la Profesora Spring no hubiese podido quedarse con la colección de animales reunida para el torneo. Tigres y leones eran ciertamente "adorables gatitos" en su opinión, y otras muchas criaturas simplemente necesitaban cariño y un poquito de comprensión. Charlie prometió llevarle a ver los dragones más adelante, y entró en la escuela para hacer uso de la red Flu. El reinicio de las clases se acercaba y tenía que tomar una decisión.
H&S
Con Rufus Scrimgeour como nuevo Ministro tras el cese fulminante de Fudge- el fiasco con el Torneo habia sido la gota que colma el vaso- la lenta lucha de desgaste comenzaba a dar sus frutos. El Wizengamot había retirado formalmente su confianza a Dumbledore. Las numerosas acusaciones y las sentencias en su contra le habían expuesto demasiado. Lord Greengrass -conocido por su acérrima neutralidad – se había hecho con el codiciado puesto con una facilidad pasmosa. Y claro, aprovechando su momento de debilidad, la Confederación Internacional de Magos le había enviado una placa con una varita dorada, agradeciéndole los servicios prestados, relevándole como miembro activo y recomendándole "acomodar su carga de trabajo a su edad". -¡Y esa bruja de Yanghtse era por lo menos diez años mayor que él!- Fingiendo indiferencia aunque realmente estaba rabiando, Albus recogió velas en Hogwarts.
Mundungus había desaparecido como la rata que era. Sin su puesto en el Wizengamot, no podía sacarle las castañas del fuego cuando metía la pata. Shacklebolt parecía haberse distanciado…públicamente al menos. Un ministro exjefe de Aurores era más difícil de sortear, pero Albus confiaba en tener de su lado a Kingsley a la hora de la verdad. Y Dora...era evidente que no era su elección, pero había dejado de prestarle apoyo. Con los Weasley no podía contar de momento. Era de esperar con semejante pérdida. Los hijos mayores estaban bien relacionados con Harry, en buena posición, pero no parecían dispuestos a interferir para separarle de Snape. Dedalus le apoyaba, pero era virtualmente inútil. Al menos, Moody continuaba firme en sus convicciones. Sus finanzas estaban resentidas, y tampoco podía abrir puertas a base de sobornos y favores como antes.
Y el problema de cómo demonios empezar a poner a Potter en la senda adecuada para cumplir con su destino se estaba complicando mucho. Aunque con reticencias, Dora le había informado que Snape planeaba tener un hijo en breve. Eso era una completa temeridad. Y contraproducente para sus planes de moldear a Harry. Con los irresponsables de Sirius y Remus alentando la locura y dejando que el crio tontease entre vendas, calderos y pociones, ¿cómo iba a entrenarle? La profecía era clara…Harry era el destinado a acabar con Voldemort. El perfecto héroe solo tenía que seguir ciegamente sus indicaciones, lanzase a la carga sin miramientos y estar listo para sacrificarse por el bien mayor. Que tuviera que morir haciéndolo era simplemente su destino. Debía de estar orgulloso de ello. Un crio en la retaguardia no ayudaba a crear pequeños y leales mártires por la causa…Aunque quizás jugando bien esa carta…podía usar al renacuajo como foco para convencerle de auto inmolarse? ¿Siguiendo los pasos de su madre? ¡Esa sí que era una idea genial!. Perfecta. Claro que si, ¡Era suya! Albus sonrió frotándose las manos con satisfacción…Era estupendo ser él, las cosas siempre volvían a encaminarse. Recostándose en su butaca y cogiendo su bote de pastillas de limón favoritas, el hombre lanzó una al aire para cogerla al vuelo.
