38. Traidor

Hacía treinta años que Aro Volturi no pisaba el estado de Washighton.

El verde intenso, los bosques frondosos y las bajas temperaturas eran las mismas confiriéndole un aspecto misterioso y salvaje. Un coto de caza excepcional.

La décadas pasadas habían servido para cambiar el paisaje urbano que ahora se ergía con casas, hospitales, centros comerciales, institutos, carreteras y líneas ferroviarias. Genial pensó, mucha más comida que degustar.

Su contacto llegaría a los pocos minutos y era una suerte contar con apoyo pues los Cullen y sus aliados habían asestado un potente golpe a sus hombres. Habían caído miembros muy valiosos de su guardia como Jane y todavía sus rastreadores no habían dado con el niño mestizo de Edward. En fin, una lástima.

Aunque si era sincero, hay unos 200 años que no se divertía tanto. El poder absoluto conduce al tedio y uno puede terminar harto del propio éxito por lo que sus enemigos eran como una bendición del Cielo. Había estado tentado a matar a los cachorros de Carlisle y a la chica humana de la mente cerrada un par de años atrás pero la visión de Alice le había convencido.

En dicha visión, Bella aparecía como la vampira jefa de la guardia Vulturi. Hermosa y malvada, era la combinación más mortífera que había podido soñar.

Ahora resultaba ser un estorbo al que apartar, un mosquito pegajoso que junto a su familia y perros parlantes se creían con el derecho de desafiarle. Patéticos. Pero sin embargo, sabía que dichos perros podían ser muy valiosa utilidad. Lo sabía bien. No era la primera vez que veía uno.

La cosa había empezado unos pocos años atrás. Sin Uley nunca fue un buen padre por lo que nunca se ocupó bien de su Sam. Era un ser débil y codicioso que estaba ingenuamente convencido de que en esta vida había venido a disfrutar y que se merecía todo aquello que pudiera tomar. Era un personajillo con un atractivo irresistible para las tontas mujeres que pensaban que podían reformarlo. Después de pocas promesas y con los bolsillos llenos volvía a su elemento: los casinos de Las Vegas. Así que cuando Heidi hizo su trabajo y lo trajo a Volterra creyó que no aguantaría ni dos mordisquitos.

Se equivocó. Su sangre resultó ser lejía para los vampiros que quisieron alimentarse. Eso le llamó la atención y por tanto el individuo sobrevivió. Sin Uley no tenía mucha lealtad a sus raíces y el estilo de autoritarismo vampírico le encantó. Aro conocia a los hombres y sabía que éste se habría convertido en un Vulturi si hubiese sido posible.

Pero no lo era. La sangre mutada de los Quileutes no permitía muchos experimentos y eran terriblemente resistentes. Aunque Sin, no podía convertirse en lobo, les habló de esa cualidad y de cómo podían luchar. Sin, no sabía el porque y reconoció que nunca le importó. La curiosidad de Aro estaba desatada. Investigó y estudió pero no sabía donde encontrarlos. Necesitaba confirmación antes de creer a Sin.

Por fortuna, la memoria le trajo un pequeño recuerdo en la mente de Edward Cullen cuando éste quiso matarse. La de un joven con claro parecido a Sin Uley que había intentado ligarse a la novia del joven en un baile de instituto.

La mente de Aro empezó a funcionar y se puso a investigar estas cuestiones. De ahí salió el mandar una guardia a inspeccionar el lugar y conseguir un especimen de la reserva y allí estaba Jacob Black, justo en el momento y lugar adecuados. Y si todo iba según lo previsto, Aro poseería el híbrido más fiero que se podía imaginar, lo mejor de las dos especies.

El traidor apareció por la colina. Se le veía adusto aunque decidido a llevar a cabo el encargo. A su lado Sin sonreía con satisfacción.

Si, Sam había necesitado un poco de persuasión por parte de su padre para aceptar su misión. El amenazar y secuestrar a su prometida Emily junto con el rencor acumulado contra Jacob por ser el jefe de la manada y la reserva eran, lo que se dice unas potentes razones.

-Buenos días, señores-Aro se mostraba claramente jovial. Divertido frente a la perspectiva que se le avecinaba.

-Mi señor-Sin hizo una reverencia y el vampiro observó como la cirugía estética había emblanquecido sus facciones. Sin era un ferviente seguidor Volturi.

-¿Dónde está Emily?-La voz de Sam denotaba su desesperación por estar con ella, justo como Aro lo quería. Un hombre desesperado era más fácil de manipular.

-Está perfectamente y lo seguirá estando hasta que me traigas lo que te he pedido.-Señaló Aro como si hablaran ropa-Quiero al bebé.

-Jacob la tiene muy vigilada. No creo que ella coopere. Si la forzamos o la angustiamos perderá al niño.-Respondió Sam.

Aro suspiró y se frotó las sienes. Una complicación más.

-Quítaselo.-La voz de Sin era aburrida y en sus ojos se veía el deseo enfermizo de agradar.-Según nos has comentado está de ocho meses. El niño ya puede sobrevivir. Ella es la que nos molesta.

-¿Sugieres que la mate?-La idea horrorizó a Sam.-Por más que odie a Jacob o la odie a ella por ser un monstruo. No puedo matar a una embarazada y arrancarle al niño de las extrañas.

-Será ese niño o el tuyo.-Apuntó Aro.

-¿Mío?-La voz de Sam sonó débil.

-Ay hijo, supongo que Emily quería darte una sorpresa. Siento estropeartela.-Sonrió Sin.

Sam sintió una oleada de repugnancia... y de determinación. No iba a perder a su propio hijo.

-Hablé con Quil. Jacob y ella están en su casa. Hasta que pase todo.-Explicó Sam-Jacob está recuperándose de una herida. Necesito refuerzos. Morirá antes de que nos deje acercarnos a ella.

Aro movió delicadamente sus manos y luego sonrió.

-No hay problema. Calixta te ayudara. Digamos que Jacob dejara a Rennie para acudir a una cita... con su madre.

-Pero si ella murió...-Sam parecía desconcertado.

-Si tu lo dices.- Una mujer con copioso pelo negro y delicadas facciones nativo-americanas le sonrió. Estaba igual que él la recordaba pero mucho más pálida y hermosa.

Sam se quedó de piedra cuando la reconoció.

-¿Señora Black?