Treinta y ocho: Pistas.
Los campeones del Torneo de las Tres Partes no tenían fácil descifrar las pistas que se les habían otorgado para su segunda prueba. En primer lugar, debían superar las barreras de los idiomas y las rivalidades para hacer equipo, lo que a algunos les costaba trabajo.
—¿De verdad tenemos que hacerte caso? —espetó en voz baja Sam Weasley, estando en la biblioteca de Hogwarts con su primo Dean y con Isabelle Richelieu. Miraba a la chica con cara de pocos amigos —No entiendo porqué te pones terca en esta idea…
Los tres por fin habían podido ponerse de acuerdo para reunirse y trabajar en sus pistas y aquel día de diciembre, poco antes de Año Nuevo, Richelieu estaba empecinada en descifrar las pistas desde el punto de vista deportivo.
—No cgeo que nos hayan pedido atgapag una pelota voladoga sólo pogque sí —se defendía ella —Se paguece mucho a atgapag una snitch¿no?
—En eso ella tiene razón —tuvo que reconocer Dean —Aunque yo más bien creo que es por la naturaleza de la prueba. ¿Alguno pudo leer su pista?
Mostró un rollo de pergamino muy pequeño, el cual comenzó a desenrollar.
—Yo tuve que recurrir a unos libros de alfabetos antiguos que tenía arrumbados en mi baúl —Sam también sacó un diminuto rollo de pergamino —Aún no logro traducir todas las palabras y si me permiten decirlo, eso es frustrante.
—Estoy de acuegdo —Richelieu sacó su propio rollito de pergamino y lo desenrolló al tiempo que proseguía —Pego insisto: algo de quidditch hay en la siguiente pgueba.
—Si vuelves a decir eso, te echo un encantamiento silenciador —espetó Dean de mala gana, extendiendo su pergamino en la mesa —Pasando a otra cosa, lo que quiero decirles es que creí reconocer algunas de las letras de mi pista. Son letras griegas.
—¿Griegas? —se extrañó Sam —¿Y porqué nos harían leer letras griegas?
—Tal vez la pgueba contenga elementos de la cultuga griega —aventuró Richelieu con cautela, temiendo más reproches de Dean.
Pero inesperadamente, Dean le dirigió una ligera sonrisa.
—La primera cosa sensata que te he oído en todo este tiempo —le comentó.
—En ese caso, te alegagá sabeg que sé algo de guiego —continuó Richelieu, un poco más segura de sí misma —Tengo familia en Coguinto y la visito seguido.
Sam y Dean se miraron en son de triunfo.
Mientras tanto, la Parte Americana tenía sus propios problemas.
—No entiendo ni la mitad —se quejó Paulo Sabedoria Arantes en voz baja, al caminar por un pasillo desierto del castillo —Por favor, alguno dígame que entiende algo.
Leía un pergamino sumamente estrecho, o al menos lo intentaba. El mencionado pergamino estaba plagado de distintos caracteres y por lo que había averiguado, cada uno de ellos era de alfabetos distintos.
—Pues no, yo no entendí casi nada —le dijo Catherine Bruce con desaliento —Lo juro, busqué en todo el material que tengo; incluso le pedí ayuda a Phoebe, pero nada.
—Se supone que no debemos pedir ayuda para esto —recriminó Tonatiuh García Quezada, mirando a Catherine con suspicacia.
—No le dije nada, lo que pasa es que ella sabe mucho de idiomas —explicó la chica con calma —Su madre era experta en gramática mágica, igual que su padre. Ella tiene muchos libros sobre el tema.
—¿Era? —se sorprendió Paulo —¿Acaso la madre de tu amiga ya murió?
—Sí, el año pasado, en Navidad —respondió Catherine con brevedad, para luego cambiar el tema —De cualquier forma, lo importante es que Phoebe me prestó algunos libros, pero no los leí todos. Son difíciles y algunos son en idiomas que no comprendo. ¡Ah, hola, Sahel!
Catherine saludó al campeón de Almira, que en ese momento pasaba por ahí junto con Sakura Kiyota y Yue Lin Ming. Parecía que la Parte Asiática también había decidido empezar a trabajar para resolver sus pistas.
—Buenos días, Catherine —saludó Salomón Sahel con cortesía.
—Buenos días, Bruce–san —saludó Kiyota, inclinándose a la usanza oriental imitada en silencio por Ming —Igual a ustedes, García–san y Sabedoria–san.
—Buenos días —respondieron Tonatiuh y Paulo al unísono.
Cada Parte siguió su camino, lo que aprovechó Tonatiuh para indagar.
—¿Porqué saludaste a Sahel, Catherine?
—Bueno, cuando invitó a Phoebe al Baile de Navidad, dijo que le caía bien —se limitó a decir la joven —Lo saludé porque quise.
—Ah, vaya —se relajó Tonatiuh —En fin, a lo que estábamos¿alguno tiene traducido algo de sus pergaminos? Yo tengo algunas palabras que estaban en rúnico.
—En ese caso, puedo pasarles las palabras que traduje del griego, fue todo lo que pude conseguir —Catherine mostró un pequeño rollo de pergamino.
—En ese caso, veré qué puedo hacer con las palabras restantes —Paulo hizo una mueca —Creo que están en un idioma que Sahel entendería. Son caracteres árabes.
Catherine y Tonatiuh hicieron un gesto de desaliento.
Mientras tanto, la Parte Asiática también discutía la dificultad de descifrar sus pistas. Era cierto, había caracteres árabes que Salomón Sahel había podido traducir, pero de los demás, ni él ni sus compañeras de Parte sabían su significado.
—Mi padre trabajó una temporada en Atenas, por eso sé que esto es griego —Kiyota señaló unas tres palabras que tenía subrayadas en su trocito de pergamino —Pero no he logrado traducirlo. Y si le escribo a mi padre para que me ayude, sería hacer trampa.
—Muy cierto —reconoció Sahel, haciendo una mueca —¿Entonces qué hacemos?
—Yo digo que preguntemos en la biblioteca por un libro de criaturas mágicas griegas —soltó de pronto Yue Lin Ming, viendo su pergamino con expresión distraída.
—¿Y para qué, Yue–chan? —quiso saber Kiyota.
—No sé, es una corazonada —Yue Lin se encogió de hombros —Nada perdemos con intentarlo. ¿Les importa si lo hago?
—Si quieres, hazlo —concedió Sahel.
Yue Lin se encaminó a la biblioteca, seguida por Sahel y Kiyota. Los tres entraron y mientras la campeona de Zen iba hacia el bibliotecario, Kiyota le señaló algo a Sahel.
—Europa a la vista —musitó.
Sahel observó lo que la campeona de Hoshikino señalaba y asintió. En una de las mesas de la biblioteca, estaba trabajando con ahínco la Parte Europea.
—¿Sabes qué? —soltó el campeón de Almira de repente —No es mala idea eso de ver cosas relacionadas con los griegos. Voy a pedir un libro sobre el tema.
—¡Oye, espera Sahel–san! —Kiyota lo siguió y resignada, musitó —Sí que los árabes son complicados.
Así las cosas, las Partes estuvieron muy ocupadas resolviendo aquellas enigmáticas pistas. Si la segunda prueba hubiera consistido en ver hasta dónde llegaba la paciencia de los campeones, la primera rendición la habría declarado Richelieu, que luego de conseguir descifrar las palabras griegas, mascullaba con disgusto que no les hallaba sentido.
—Sólo miguen lo que he conseguido —explicó la joven una hora después de iniciada su labor de traducción —Esto no tiene el menog sentido: chimaiga y tesogo.
—Disculpa¿podrías pronunciar un poco mejor? —pidió Dean, un tanto exasperado.
—Mejog se las escguibo —Richelieu se impacientó y tomando una pluma y un trozo de pergamino que le había sobrado, garabateó dos palabras y se las mostró a los pelirrojos.
Dean y Sam leyeron las palabras con detenimiento, las cuales eran chimaira, y tesoro. La única palabra que no comprendieron fue la primera.
—¿Qué significa chimaira? —inquirió Sam, intrigado.
—Es como llamaban antes a la quimega —respondió Richelieu sin darle importancia.
Dean frunció el ceño, pero Sam, luego de un titubeo, tomó todos los pergaminos diseminados por ahí, con las traducciones que habían hecho, y empezó a ordenarlas de acuerdo a qué palabra le había correspondido a cada quien en su mini–pergamino. Dean, al ver lo que se proponía su primo, decidió ayudarlo, ante la mirada atónita de Richelieu.
—¿Qué hacen? —preguntó la chica.
—Armar el rompecabezas —respondió Sam simplemente, concentrado en su labor.
Dean y él obtuvieron pronto algunos versos, repartidos en tres grupos. Aunque las palabras no tenían mucho sentido por sí solas, reunidas adquirían un nuevo significado. Por ejemplo, las líneas de Sam decían así:
Tu más preciada joya
te ha sido robada,
pero aunque no lo parezca
solamente está custodiada.
En esas líneas, la palabra joya tuvo que deducirla de su raíz latina, gaudia, mientras que los adjetivos robada y custodiada los había traducido del rúnico. De manera similar, Richelieu había tenido sus propios problemas con los versos de su pergamino, que decían:
En las cercanías del agua¿sabes?,
se encuentra tu más valiosa alhaja
pero cuidado con la bestial parte
que no sepas valorar como un quilate.
A Richelieu le habían resultado difíciles las palabras alhaja y quilate, dado que en su pergamino, estaban escritas en árabe las palabras alhacha y quirat; además de que agua, bestial y soportar estaban como aqua, bestiale y supportare. De hecho, el latín fue para ella un respiro, puesto que su idioma provenía de allí.
Y de igual alivio le resultó el griego, el cual encontró en los versos de Dean, que eran los más largos, numerosos y complicados.
La parte felina de la bestia
será feroz, despiadada y mortífera;
mientras que la parte con aspecto de cabra
será fácil de manejar, es por naturaleza tranquila.
Y la parte de dragón, la que le proporciona su más letal arma,
es aquella que mostrará de la bestia su esencia:
rescata a tu apreciado tesoro de la quimera,
porque luego de acabarse la solar vuelta
será para siempre de ella.
Además de las palabras en griego, que eran las que más le preocupaban a los tres campeones, en los versos de Dean había palabras en latín, lengua común en los tres pergaminos y que probablemente, fue la que causó menos apuros. Por una vez, estaban de acuerdo que por ser de carácter intrigante, las palabras griegas tenían que ver con la prueba más que las demás. De pronto, Dean se puso de pie de un salto y caminó a paso rápido hacia el mostrador del señor Milton, que en aquel momento atendía, para consternación del pelirrojo, a los campeones de la Parte Asiática.
—Lo siento, no tengo ni un libro que hable sobre el tema —les informaba el señor Milton a los jóvenes extranjeros —Al menos no de momento. Los que hay los sacó una alumna de sexto hace dos días. Los devolverá cuando comiencen las clases.
Los campeones de la Parte Asiática asintieron con pesar y despidiéndose con cortesía, se retiraron. Dean alcanzó a ver que en cuanto se hallaron fuera del lugar, cuchichearon entre sí con insistencia y luego de llegar aparentemente a un acuerdo, asintieron con la cabeza y se separaron. Dean, con un mal presentimiento, regresó a su mesa y les dijo imperativamente a Sam y a Richelieu.
—No me importa cómo le hagan, pero deben investigar todo lo que puedan sobre las quimeras. No creo que sean una simple referencia a una bestia.
Sam asintió de inmediato y Richelieu, luego de un segundo de duda, lo imitó.
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Una mujer de corto cabello castaño cenizo daba una vuelta por Frankfurt del Main, exactamente por Altstadt, la ciudad vieja. Esta pintoresca ciudad alemana de la zona occidental del centro del país es un importante puerto del río Main y destaca por ser la sede de varias industrias alemanas significativas. La mujer observaba precisamente el río, apacible en aquellos días, y se cubrió más con el largo abrigo azul oscuro que portaba, colocándose mejor una bufanda de lana azul sobre la nariz y la boca. Aunque el invierno no era muy crudo en aquellas latitudes, la mujer lo resentía.
—Espero que no tarde —murmuró en un inglés impaciente, contemplando las escasas embarcaciones que atracaban en ese momento.
Unos minutos después, distinguió a su derecha una mujer alta, delgada y morena, con el largo cabello oscuro y ondulado cayéndole por la espalda y que al igual que ella, portaba un abrigo largo, con la diferencia de que el suyo era negro, como el listón que estaba atado a su cuello.
—Llegas tarde —saludó la del abrigo azul, sin retirarse la bufanda de la nariz y la boca.
—Tú llegas demasiado temprano —respondió la mujer del abrigo negro en alemán, con tono frío y sin mirarla. Fijó sus ojos castaños en el río —Caminemos y a donde fueres, haz lo que vieres —recitó.
La del abrigo azul asintió y ambas mujeres echaron a andar rumbo a Neustadt, la ciudad nueva. Esa división de Frankfurt se debía más que nada a la arquitectura que mostraba cada parte: Altstadt muestra diseños medievales en sus edificios, mientras que Neustadt tiene construcciones más modernas. Así las cosas, era más probable pasar desapercibido en Neustadt, donde se localizaban los principales comercios y edificios públicos. Las dos mujeres evitaron mirarse durante todo el camino y ni siquiera lo hicieron cuando la del abrigo azul comenzó en alemán.
—Gracias por la carta.
—De nada —respondió inexpresiva la del abrigo negro en alemán —Creí que no los encontraría, pero tuve suerte. A propósito¿porqué me mandaste buscar en primer lugar?
—Sabes porqué —la mujer de abrigo azul agitó la cabeza con desconcierto —Lo que no sé es porqué tardaste tanto en responder.
—Bueno, es que me quedé en shock cuando me contactaste, no lo esperaba.
—¿En serio?
Llegaron a una pequeña plaza, que a aquellas horas de la tarde se veía atestada de gente que salía de los establecimientos y de los edificios públicos. Se detuvieron en una parada de autobús, junto a un grupo bullicioso de jóvenes alemanes que conversaba con alegría, y la del abrigo negro soltó en inglés.
—No esperaba que me hablaras después de lo que hice, Isa.
La mujer del abrigo azul se sorprendió y al segundo siguiente, se encogió de hombros.
—Mejor dicho, tú dejaste de tener contacto conmigo por lo que hiciste, sin darme la oportunidad de negarte dicho contacto. ¿Crees que olvido fácilmente, Katrina¿Crees que por semejante cosa, iba a dejar de apreciarte?
La mujer del abrigo negro se llevó una mano al cuello y tocó el listón negro que lucía.
—No merezco que se me aprecie —musitó.
—Lo mereces, pero no te das cuenta —rebatió la otra en alemán —Te negaste esa posibilidad porque creíste que tus actos eran indignos, pero al contrario. Yo admiro ese valor tuyo y quien no lo haga, es un verdadero idiota.
—Gracias —musitó en alemán la del abrigo negro, con voz quebrada.
Uno de los jóvenes que esperaba en la parada de autobús se volvió hacia ellas, pero luego de ver por un segundo el listón negro en el cuello de la mujer de cabello largo, frunció el entrecejo con cierta extrañeza y dejó de mirarla.
—Cambiando de tema, quiero saber una cosa —la mujer de abrigo azul, a la que la otra había llamado Isa, se puso seria —¿Porqué no puedes decirnos exactamente dónde está?
—Porque nunca sé exactamente dónde está —respondió la otra mujer, a la que Isa había llamado Katrina —Si creo que está en alguna parte del país —indicó con un gesto a su alrededor, dando a entender que se refería a Alemania —resulta que solamente está su gente ocupada en algún asunto. Si creo que está en alguna otra parte, resulta que está aquí, preparando su siguiente asunto. Además, si digo un sitio preciso de los que él frecuenta, resultaría muy sospechoso. Enseguida sabría que yo lo delaté.
Isa asintió en el acto, bajándose un poco la bufanda para dejar al descubierto su nariz, un tanto enrojecida por el frío viento.
—Súbete esa bufanda, te puede hacer daño —regañó Katrina.
—No te preocupes, en Inglaterra el invierno es peor —aseguró Isa con tranquilidad —Y no hables así, que me recuerdas a…
—No lo digas, sé a quién te recuerdo —cortó Katrina, cerrando los ojos —Aún no logro sacar esa imagen de mi mente, y no como me gusta recordarla, sino cómo quedó —la voz se le quebró de nuevo y se cubrió la cara con las manos, enfundadas en negros guantes tejidos —No puedo evitar pensar que tuve la culpa de eso y me duele más cuando recuerdo con qué entereza lo soportó Anthony… ¡Fue mi culpa, Isa, mi culpa!
Isa le pasó un brazo por los hombros, pero no dijo ni una palabra.
—Llora —le susurró —Quién sabe desde cuándo no lo haces.
Katrina, sin quererlo, obedeció. Derramó unas cuantas lágrimas de manera silenciosa y cuando se sintió un poco más calmada, se descubrió el rostro y sacando un pañuelo de uno de sus bolsillos, se lo pasó por los ojos.
—Siempre tan atenta —le dijo a Isa, sonriendo con nerviosismo.
—Gracias —Isa inclinó levemente la cabeza antes de ver a Katrina a los ojos —Por favor, amiga, regresa a casa. Vuelve con quienes te quieren.
—Por el momento, no es conveniente —se decidió Katrina, guardándose el pañuelo —Estoy a punto de averiguar qué se trae nuestro loco favorito desde que odia a tu amor, así que no me pidas eso, por favor.
—En ese caso, solamente te pido que te cuides —Isa sonrió con pesar, sabiendo que no haría cambiar de opinión a Katrina —Sabes que aún hay gente que te quiere. Y que te está esperando con los brazos abiertos. Pero no seas mala¿no podrías darme una pista de lo que se trae nuestro loco favorito?
Katrina suspiró y sonrió, pero esta vez lo hizo con un vago destello de alegre nostalgia.
—De acuerdo, puedo darte una pista —reconoció Katrina, luego de pensarlo mucho —Son palabras que necesito saber todos sus significados. ¿Tú sabes qué es tian ming?
—¿Tian ming? —se extrañó Isa, frunciendo el ceño en actitud concentrada —No me parecen palabras conocidas, pero investigando un poco será posible averiguarlo.
—Te lo agradecería —Katrina esbozó una sonrisa de alivio —Y ya que estás en eso¿podrías ver qué significan citlalli y yehudi?
—Con mucho gusto —Isa asintió —Y cuando las investigue¿me dirás de qué se trata?
—Por supuesto.
Isa asintió con más convicción y le dio un abrazo.
—Por cierto¿has visto a lo que queda de los Turner?
Katrina logró dibujar una enigmática sonrisa.
—Los ruiseñores siguen vivos —declaró.
Minutos después, luego de hablar de trivialidades y dejar que los jóvenes alemanes tomaran su autobús, abandonaron la parada y buscaron una calle solitaria.
Como brujas que eran, necesitaban un sitio dónde aparecerse.
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El treinta y uno de diciembre, se anunció una fiesta en la tienda del SWI a las ocho de la noche, a la que todos estaban cordialmente invitados. Incluso los profesores, quienes se sorprendieron cuando alumnas entusiastas de esa escuela se les acercaron con radiantes sonrisas y les entregaron sobres de pergamino violeta con el escudo del SWI por sello.
—Suena interesante —comentó animadamente en un pasillo la profesora Brownfield, siendo escuchada por alumnos de Hufflepuff de cuarto que de inmediato se sorprendieron, pues nunca habían oído hablar con tal entusiasmo a la jefa de su casa.
Y no fueron los únicos, puesto que en Ravenclaw, al ver a Mara Kreisky con uno de esos sobres violetas en la mano y sonreír, pensaron que era una señal del fin del mundo.
—Es algo antinatural —rumoreó con saña un chico de quinto, mirando a la rubia con cuidado, pero al girar ella la cabeza y fijar sus ojos grises en él, el chico salió huyendo.
Mara tenía razones de sobra para sonreír: había recibido la invitación en presencia de Nigel Thomas y los mejores amigos de éste, Dean Longbottom y Janice Edmond. Iba a rechazarla, pero entonces Nigel esbozó una luminosa sonrisa y tomó la invitación de manos de la chica morena del SWI que la sostenía.
—Esta linda señorita irá a la fiesta encantada —alegó, asombrando tanto a Mara como a Dean y Janice, a quienes se les acercó entonces una rubia muy alta que les dio sobres violetas —¿Verdad, Mara?
A la chica no le había quedado de otra más que asentir y luego que las jóvenes del SWI se retiraron, Nigel le musitó algo de encontrarse en el vestíbulo a las ocho menos cuarto y salió corriendo antes que alguien pudiera detenerlo. Mara no creyó que lo hiciera porque en eso pasó por ahí Trixie Spencer, pero se percató que Dean y Janice, al ver a la prefecta, hicieron muecas de asco y se largaron de allí como si se hubieran desaparecido.
Al menos, esa fiesta de fin de año era un alivio para los campeones, que se apuntaron a ella de buena gana. Por una noche, querían hacer a un lado sus preocupaciones sobre la segunda prueba, que aunque ya todos tenían una vaga idea de lo que les deparaba, eso no dejaba de causarles cierta aprensión.
—Vamos, será fantástico —le decía Pedro a Pilar en la choza de ella del árbol de Orixá, cuando ya iban a dar las ocho —La fiesta será genial, amiga.
—No, gracias. Tengo sueño retrasado —como para demostrarlo, las ojeras de Pilar se notaron más que nunca —Vayan ustedes y diviértanse.
Pedro, que se encontraba de pie en la puerta junto con Paty (cuyas puntas del cabello habían vuelto a ser color rosa fosforescente), se encogió de hombros y se retiró, siendo seguido por Paty. Al estar al pie del árbol, se encontraron con Pedro.
—¿Pilar no viene? —quiso saber el campeón de Orixá.
—No, dice que tiene sueño —Paty dejó caer los hombros —Vámonos.
Los tres comenzaron a caminar rumbo a la tienda del SWI, que podía verse a la perfección dado que estaba rodeada de antorchas encendidas. Varios alumnos acudían a la fiesta con vestimenta muggle, ya que les habían dicho que era algo informal. Unos cuantos llevaban túnicas, pero eran de diseños bastante originales.
—Buena túnica —le dijo con cierta sorna una chica de Beauxbatons a Erica Radcliffe, que llegó luciendo una túnica de estilo oriental negra con estrellas amarillas.
—¡Esfúmate! —espetó Pía Visconti, saliendo en la defensa de su amiga y portando, como ella, una túnica oriental, sólo que la suya era de un rosa intenso con flores doradas.
No hubo contratiempos en la recepción de invitados, ya que la tienda del SWI estaba adaptada, por esa noche, para recibir a mucha gente. Al entrar, podía verse una enorme estancia con sitio para bailar y mesas pequeñas alrededor, lo que recordaba vagamente al Baile de Navidad. La única diferencia era una mesa llena de comida y algunas fuentes con ponche y otras bebidas, haciendo que a algunos asistentes les llamara la atención; y más cuando vieron que las chicas del SWI, cuando querían comer o beber algo, iban en persona a servírselo.
—¿No usan elfos domésticos? —se extrañó April Fisher, haciendo una mueca.
—No, ninguno quiso abandonar la escuela —dijo entonces Catherine Bruce, que pasaba por ahí con un vaso en una mano y un plato en la otra —En Estados Unidos, los elfos domésticos son criaturas mágicas con derechos. Reciben sueldos y todo eso y por esa razón, respetamos sus deseos.
April abrió la boca con incredulidad, pero no pudo hablar porque entonces su vista se topó con un espectáculo que la molestó no solamente a ella, sino a varias de las chicas presentes, entre ellas Erica Radcliffe.
Dean Longbottom acababa de llegar tomado de la mano de Janice Edmond. Ambos lucían enormes sonrisas.
—Buenas noches, Longbottom —saludó Catherine, que actuaba como una verdadera anfitriona —Tú y tu novia pasen a la fiesta. ¿Gustan servirse algo de beber?
Les indicó la mesa de la comida y la bebida y ambos, sin dar señas de que les incomodara que Catherine dijera que eran novios, fueron a servirse con agrado. Eso solamente desanimó más a las chicas que los miraban con sorpresa.
Tras Dean y Janice, Nigel y Mara lograron entrar sin causar tanto alboroto. Aunque claro, en cuanto los Ravenclaw's presentes identificaron a su compañera, comenzaron a cuchichear. Únicamente se calmaron cuando se fijaron que Nigel les dirigía una fría mirada que parecía decir que hechizaría a cualquiera que molestara a la rubia.
—Los ánimos son buenos —comentó Mara de pronto, mirando a su alrededor —Todos se ven muy contentos.
—¿Lo dudabas? —le preguntó Nigel con cierto sarcasmo.
—No precisamente. Lo que pasa es que cuando veo a un grupo de gente, nunca está sonriente. Siempre me está observando.
—¡Muy su problema! —soltó Nigel con enfado, dirigiendo otra de sus frías miradas de advertencia a un montón de Ravenclaw's de tercero.
Mara fijó su vista en él con extrañeza.
—¿Dije algo malo? —preguntó.
Nigel se apresuró a negar con la cabeza.
—A propósito, te queda bien el cabello así —comentó, admirando el cabello rubio de la chica, en aquella ocasión lacio, como en los últimos días, pero brillante.
—Lo he traído así todas las vacaciones.
—Sí, pero ahora brilla. No me lo tomes a mal, pero se veía… triste.
Mara soltó un suspiro.
—Bien dicen que las cosas se parecen a su dueño —musitó con desgano.
—¿Disculpa? —se extrañó Nigel.
Hubo un ligero alboroto en ese instante, puesto que llegaron Paulo y dos de sus amigos, seguidos de cerca por el campeón de Calmécac y sus amigos y tras ellos, Yue Lin Ming y Sakura Kiyota. Catherine los recibió alegremente, les indicó la mesa de comestibles y los dejó deambular por donde quisieran.
—Miren nada más¡esto sí que me gusta! —comentó Lalo, el amigo de Tonatiuh, para luego exclamar —¡Vamos, Ton, hay que traer algo de tomar para las chavas!
Tonatiuh negó con resignación y se retiró con su amigo, dejando a Itzi en compañía de las campeonas orientales, quienes conversaban en voz baja, en un idioma que no alcanzó a identificar. Poco después, Kiyota se volvió hacia ella.
—Disculpe, Salais–san —dijo en inglés —Como comentamos un asunto referente a la segunda prueba, tuvimos que usar otra lengua.
—No hay problema —aseguró Itzi, escudriñando con la mirada el rostro de Kiyota —Perdón, pero… ¿vendrá su amigo de Beauxbatons a la fiesta?
—No sé, no he hablado con él últimamente —Kiyota se encogió de hombros, con las mejillas ligeramente rojas —Pero me gustaría…
Itzi asintió en señal de comprensión justo cuando Yue Lin Ming pidió.
—Vayamos a una mesa, por favor. No quiero estorbar el paso.
Las otras dos obedecieron al darse cuenta que estaban de pie justo en la entrada de la tienda. Al sentarse a una mesa, minutos después, vieron cómo entraba Norman Graves, la pareja de Richelieu en el baile, y los amigos de éste, todos de forma muy escandalosa.
—Ese tipo no me agrada nada —musitó Yue Lin Ming de repente —Yo que Bruce, vería que no le dieran licor. Si no, en una hora tendremos un incendio aquí.
—¡No exageres, Yue–chan! —a Kiyota le dio un ataque de risa —No creo a ese sujeto con suficiente cerebro para eso. Es decir¡fue al baile con Richelieu–san!
Ming se limitó a hacer un gesto de indiferencia, pero Itzi frunció el ceño.
—Ming¿vamos por algo de comer? —le propuso.
La oriental asintió y luego de decirle a Kiyota que volverían pronto, se acercaron a la mesa de comestibles, en donde se hallaron a Lalo y a Tonatiuh. Les pidieron que llevaran las bebidas a la mesa, pues ellas se encargarían de la comida.
—Pero no me traigas algo con cebolla, por favor —le rogó Tonatiuh a Itzi.
—Ya lo sé —respondió ella cansinamente y le explicó a Yue Lin —Ton es alérgico a la cebolla. Si come aunque sea un poco, se enferma.
—Comprendo —Yue Lin asintió con lentitud —¿No ha hablado con usted?
—¿Ton¿Sobre qué?
—Sobre sí mismo. Sobre sus sentimientos. Sobre sus secretos.
Itzi la miró con una expresión extraña, entre sorprendida e incrédula.
—¿Porqué habría de hacerlo? —se decidió a preguntar.
—No es que deba, pero eso ayudaría —Ming tenía un plato en la mano y estando a punto de servirse, inquirió —¿Qué clase de comida es ésta?
Señalaba una charola llena de salchichas condimentadas que descansaban en panes.
—Son hots dogs —contestó Itzi, un tanto confundida por el cambio de tema —Es una comida muggle, son sabrosos.
Ming miró con desconfianza los hots dogs antes de tomar uno. Al estirar su mano, rozó sin querer la de Mara Kreisky, que estaba de pie frente a ella.
Entonces ocurrió una cosa sumamente curiosa. Las tres chicas se miraron entre sí, directamente a los ojos, y cada una tuvo una reacción diferente: Mara entrecerró los ojos con frialdad, con la mirada desenfocada, mientras que los ojos de Ming se aclaraban hasta quedar casi blancos y por su parte, Itzi cerró los ojos de golpe. Y con eso, sintieron como si se hubiera detenido el tiempo, porque no escucharon nada. Y también fue como si les hubieran apagado las luces, porque no veían nada. Al menos, no algo de la fiesta.
Ante ellas, había una escena. Se sintieron como en un extraño vacío que las tres compartían y la escena fuera una película que estuvieran viendo juntas. Esa escena les mostraba a una mujer de cabello corto un tanto despeinado, acostada en una cama con mantas blancas, que semejaba a una cama muggle de hospital. La mujer, pelirroja y con la cara llena de pecas, sostenía en brazos dos pequeños bultos envueltos en mantas y a su lado, un joven hombre rubio los contemplaba con infinito cariño. Y como si eso no fuera suficiente, la escena se puso borrosa para mostrar a otra mujer en iguales circunstancias, pero ésta con el rojo cabello largo y ondulado. Además, el joven hombre rubio que la veía a ella tenía el cabello de otro tono, aparte que sus ojos eran de distinto color que los del otro. Justo cuando creyeron que aquello no podía ser más insólito, el vacío se vio inundado de diminutos destellos y por instinto más que por otra cosa, las chicas lo compararon con un despejado cielo nocturno, cargado de estrellas, para luego ver a sus pies dos enormes piscinas llenas de agua.
—Es lo más extraño que he visto —musitó de pronto Yue Lin Ming en mandarín.
—Parece dejavú, esto ya lo había visto —susurró Itzi en español.
—Debe ser importante, hay que avisar sobre lo visto —murmuró Mara en hebreo.
Y lo más extraño de todo fue que se entendieron a la perfección, lo que provocó que volvieran a verse a los ojos entre sí. Eso hizo que el sonido y las luces regresaran, para hacerles ver que seguían en la tienda del SWI, celebrando el fin de año. Siguieron mirándose largo rato, tratando de comprender porqué habían entendido lo que cada una había dicho en diferentes lenguas, cuando se les acercó Dean Longbottom.
—Disculpen, señoritas¿me permiten servirme?
Las tres depositaron su atención en él, lo que hizo que Dean se sintiera algo incómodo. Y más incómodo se sintió cuando Mara, con los ojos todavía entrecerrados con frialdad y una voz más profunda y seria de la que usaba normalmente, le recitó en inglés.
—Alfa y Beta Geminorum están por llegar a tu familia, a la que provocarán desasosiego y alegría. Y después de ellos, dos piscinas azules, llenas de buenos deseos por quienes las crearon, arribarán a tu familia y los Geminorum los protegerán de la tiranía.
—¿De qué hablas, Kreisky? —inquirió Dean, confuso.
Mara abrió sus grises ojos por completo, sin retirarle la vista a Dean, para luego ver a Ming y a Itzi con expresión solemne.
—No me equivoqué¿verdad? —les preguntó.
Y ellas, misteriosamente, sabían que Mara había dicho lo correcto. Así que negaron.
—No los vi bien, pero los padres se veían contentos —comentó Ming con una imitación de sonrisa enigmática —Aunque eso después se verá.
—Yo creo que serán felices —rebatió entonces Itzi, pensativa —Por algo nacerán en la misma familia.
Mara y Ming la miraron con el entrecejo fruncido, para luego asentir con ganas y sonreír con alivio. Dean, simplemente, no entendía ni media palabra.
—Escríbeles a las Insólitas —aconsejó de pronto Mara, ladeando la cabeza y sin dejar de sonreír —Son los nombres completos de sus hijos.
—¿Qué cosa? —se sorprendió Dean.
Pero esta vez ninguna de las tres chicas respondió. Cada una siguió con lo suyo, dejando a un Dean bastante intrigado.
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Buen día tengan todos, mucho gusto en saludarlos. Soy Bell Potter, reportándome con esta historia que como ven, se pone cada vez más complicada.
Como pudieron darse cuenta, ahora el presente capi habla de pistas, pistas de toda clase. Primero, de las pistas sobre la segunda prueba, que según yo, dicen todo y a la vez no dicen nada¿o ustedes qué piensan¿Qué creen que les espere a los campeones¿Será algo difícil o simple? Algo simple, claro que no¡faltaba más! Es el Torneo de las Tres Partes. Les juro que el parque salvaje de la primera prueba parecerá juego de niños comparado con lo de la segunda prueba.
Además, algo increíble ha sucedido con Itzi, Yue Lin y Mara. Lo curioso es que no pudo haber pasado en otro momento, puesto que en ningún otro instante del fic habían estado las tres juntas, frente a frente. Y de repente va Mara y le suelta a Dean una serie de frases que bien parecen una profecía. ¡Como si la visión rara que tuvieron ella, Yue Lin e Itzi no fuera una profecía! Creo que me entienden, esto es complicado. Y quien crea saber a qué se refieren las palabras de Mara y la visión de ella y las otras dos, que me lo diga¡suerte y le atina!
Los dejo, seguramente tienen mucho qué digerir de este capi, que fue uno de los "medianos" del fic (apenas llegó a las catorce páginas). Cuídense mucho, sonríanle a la vida y nos leemos pronto.
