Mujer amante de Rata Blanca. Propuesta por BlueSpring-JeagerJaques

Amor confuso

Daisuke y Kenyako

—Tienes que olvidarla, Daisuke.

Ken dejó una cerveza sobre las manos de su mejor amigo. Daisuke casi la vació por la mitad a base de tragos enormes y chorrearla por la comisura. Se limpió con el dorso de la mano.

—No lo entiendes, Ken. Esa mujer me vuelve loco. Me ha mostrado todo lo que sé y luego se marcha, como si nada.

Ken enarcó una ceja.

—¿Y eso no te dice nada?

Daisuke le miró como si por primera vez comprendiera, pero en seguida esa chispa desapareció.

—No es lo crees, Ken. Ella es una buena chica. Me quiere.

—Una chica que te quiere no te deja en la estacada.

—No entiendes el romanticismo femenino —descartó Daisuke en un suspiro —. A las mujeres les gustan que las persigan, que vayas tras ella como un héroe y las salves de algo.

—¿Eres consciente de que lo que estás diciendo es muy preocupante? ¡Pareces un acosador, por dios!

Daisuke hizo un gesto ofendido.

—¡Claro que no!

—Claro que sí. Mira.

Se volvió hacia atrás.

—¡Miyako!

La mujer apareció bostezando un minuto después.

—¿Qué pasa?

—¿Qué pensarías de un tipo que te persigue a todos lados, que va tras de ti creyéndose que hace el héroe?

—Que es un puto acosador al que le aplastaría mi bote de pimienta en la jeta con todas las de la ley —expresó con firmeza.

Ken se volvió hacia él y Daisuke bufó.

—No lo entendéis. De verdad que no.

—Claro que lo entendemos —intervino Miyako —. Estamos enamorados. Podemos entender tu necesidad de tener a la otra persona contigo, Daisuke. Pero no por ello has dejarte rebajar y que te pisoteen. Has dejado de lado hasta tu sueño y todo.

—Yo no quería ser tan duro —murmuró Ken mirándola a cuadros.

—Pues con este cabeza hueca siempre hemos de ser así. Si no, no aprende.

Daisuke suspiró, se terminó de beber la botella de cerveza y se levantó para marcharse.

—Iré a verla.

Y se marchó antes de que pudiera retenerla. Ken miró de reojo a Miyako que empezó a despotricar de todo.

—¿Eres consciente de quién pagará la fianza, verdad?

Ken bufó.

—No fastidies.

Miyako solo se marchó para encerrarse en el dormitorio. Ken maldijo a Daisuke y todas sus locuras. Cogió el abrigo y corrió para ir tras él.

Esa dichosa mujer lo tenía loco. Pero no iba a dejar que le vaciara la billetera a su causa.