Ep. 36:

No había rastro de Ino en el establo. Gaara había esperado lo contrario, sabía que adoraba los caballos. Contaba con que el hecho de haber visto tantos purasangre de Sunagakure la hubiera calmado, al menos un poco, para que escuchara lo que él tenía que decirle. Finalmente, uno de los jardineros mencionó que la había visto encaminarse hacia el lago. Gaara tuvo un momento de pánico, considerando el estado de depresión en que ella estaba, y salió corriendo a toda máquina por un sendero bordeado de árboles, hecho que no tenía precedentes para el kage de Suna.

La vio desde una distancia, sentada en un banco, cerca de la dársena de embarcación. Parecía una verdadera tunanta, sin la cofia y con el cabello suelto, formando una capa latinada sobre su espalda, que daba algo de vida al gris de su chaqueta de viaje. Se había levantado la falda hasta las rodillas y tenía un pie en el agua helada.

Quizá Gaara debió agradecer que el agua estuviera tan fría, lo que la habría disuadido de sumergirse si era eso lo que la joven había tenido en mente, pero ahora que la miraba descubrió que había sido un concepto ridículo por su parte. No era la clase de muchacha capaz de bañarse por estar deprimida. Era lo bastante consentida para preferir que sus antagonistas sufrieran el mismo dolor que ella.

No, quizás en eso no la habían malcriado. Últimamente Gaara mismo lo había hecho. Simplemente, Ino tenía una gracia especial para vengarse.

Se le acercó con cautela. Ino le escuchó y se puso tiesa, pero no se dio la vuelta para verificar quién perturbaba su tranquilidad. ¿Todavía estaba llorando? Kami-sama, ojalá que no. Gaara prefería mucho más el volátil temperamento de la joven antes que sus lágrimas, pues al igual que la mayoría de los hombres, se idiotizaba frente a ella. Con esa idea fija en la cabeza, le dijo la única cosa que la provocaría.

- ¿Te tropezaste?

El pelirrojo quiso morirse cuando la única respuesta que oyó fue un tranquilo "Sí". Se arrodilló a su lado, sobre el suave lecho de paja que había sobre el banco. Alzó las manos para estrechar a Ino contra sí pero se detuvo, temeroso de que en un intento por zafarse de él, la chica pudiera caer al agua.

- Lo lamento, Ino.

- ¿El qué?

- Haber puesto la pierna donde tú tenías el pie.

Ella le hizo esperar para darle una contestación, mientras se ponía la media y el zapato. Finalmente, le animó un poco con su tono obcecado:

- No te perdonaré por eso.

- ¿Y por mis palabras impensadas?

- Tampoco.

- ¿Y por haberme sorprendido tanto con tu comportamiento impecable?

- Tal vez por eso sí.

Aunque Ino no pudo verlo, Gaara se guardó su sonrisa de alivio.

- Te comportabas espléndidamente, paso a paso, y nadie te culpa por... haberte tropezado. Toda la censura recayó en quien debía. De hecho, mi mayordomo me aseguró que jamás me había visto cometer semejante estupidez.

- No estoy de acuerdo. Puedo recordar unas cuantas que...

- Una disculpa cada vez, ojou-san.

Al escuchar eso, Ino se puso de pie con tal ímpetu que su cabeza golpeó contra el mentón de su marido. Se volvió con un Oh de sorpresa, pero luego, con lo que él hubiese jurado que fue un toque humorístico, señaló:

- ¿No te parece un atrevimiento acercarte tanto a mí?

- En absoluto. El agua fría no sólo sirve para refrescar la lujuria, sino también para refrescar la furia de la gente.

Ino le sorprendió echándose a reír.

- No me arrojarías.

- Probablemente no. Con semejantes faldas, es probable que tuviera que zambullirme detrás tuyo para salvarte. Y prefiero no hacerlo, pues mi lago es mucho más frío que tu laguna.

- No recordaba que tenías un lago.

- Seguramente porque no habrás podido dejar de examinar en detalle el establo.

Ino detectó el humor perverso de aquellas palabras, pero decidió ignorarlas.

- En realidad, vi gran parte de tu casa. Una de tus mucamas lo pasaba muy bien tratando de impresionarnos a Sakura y a mí. Hasta nos enseñó tu suite privada... bueno, un rápido vistazo.

- ¿Y te impresionó?

- Oh, claro que sí. ¿Por qué crees que quería casarme con el kage de Suna?

Esa provocación le asestó un golpe rápido. Debió haberse imaginado que Ino no dejaría pasar tan fácilmente la cuestión de su incomodidad, que se las cobraría de una manera u otra. Sin duda escogió un punto bien débil para atacarlo.

- Recuerdo que dijiste que era por mis establos - contestó él con falsa humildad.

- Eso también - dijo ella con una sonrisa y después se alejó, sin advertir lo triste que le dejaba.

Gaara no intentó seguirla, pues estaba tan enfadado que no confiaba en lo que podría decirle. Durante una hora se quedó allí sentado, cavilando sobre su desgracia. Y ni por un instante siquiera se le ocurrió pensar que Ino pudo haber estado bromeando. El tema le sensibilizaba, le resultaba doloroso, de modo que pensó que para ella sería lo mismo.

- Me enteré de que te comportaste como un idiota cuando llegaste - comentó Temari sin ninguna clase de preámbulos cuando entró al despacho de su hermano - Lamento no haber estado presente, pero... Kami-sama Gaara, ¿qué has hecho? Pareces muy desdichado, en un estado calamitoso. Haz que tu mayordomo te corte el cabello de inmediato.

Gaara se recostó sobre la silla y con el dedo enroscó uno de los rizos de su crecida cabellera.

- ¿No te gusta? Esto es lo que sucede cuando uno se curte. ¿Quieres escuchar qué otras cosas más suelen ocurrir?

- Me da la impresión de que estás molesto conmigo, ¿cierto?

- Muy probable.

- Muy bien, hazlo a tu manera - y se sentó frente a él, muy dispuesta a escucharlo todo - Dime qué otras cosas suelen ocurrir.

- Uno puede volverse loco.

- No lo había pensado, pero creo que es factible. ¿Qué más?

- Uno puede casarse.

- ¿Entonces el mayordomo no estaba tomándome el pelo? ¿De verdad trajiste a casa a tu esposa?

- Podría llamarla de muchas maneras, pero esposa no es el calificativo ideal.

Temari Sabaku alzó una de sus rubias cejas.

- ¿Ya tenéis problemas?

- ¿Ya? - resopló él - Nunca hicimos otra cosa.

- Creo que será mejor que me forme mi propia opinión, ante el negro humor que tienes. ¿Dónde está la muchacha?

- En el establo creo - Gaara se encogió de hombros.

Su hermana alzó aún más la ceja, pues eran más de las diez de la noche.

- ¿A estas horas?

- La hora del día o de la noche no constituye un problema cuando ella quiere ir a la caballeriza.

Temari comenzó a decir algo pero se detuvo.

- Bueno, no me voy a meter en eso.

- No te culpo - le dijo Gaara ásperamente.

- Muy bien, ya me has intrigado bastante. ¿Quién es ella?

- La hija del cabeza del clan Yamanaka.

- Bueno, ¡quién lo hubiera creído! - dijo Temari con una amplia sonrisa que confirmó a Gaara lo que había estado sospechando.

- Maldita sea, ¿qué incoherente idea te llevó a pensar que yo aceptaría a esa platinada?

- ¿Y cómo podría haberlo sabido yo? - preguntó la fémina con perfecta inocencia.

- Pero esperabas eso.

- Supongo que sí.

- ¿Te importaría decirme por qué?

- La conocí hace algunos años - admitió ella.

- Eso me dijeron, a mi pesar.

- Entonces sabrás que su padre la trajo aquí para comprar uno de nuestros purasangre.

- ¿Y adivina qué nombre le dio a la yegua?

- Algún nombre tonto, sin duda. Sólo era una niña.

- Siempre pensé que mi segundo nombre era ridículo y tonto, por lo que nunca lo uso.

Temari arqueó ambas cejas.

- No me dirás... ¿Shukaku?

- Lo que te digo - contestó, y entonces su hermana soltó una carcajada - ¡No veo nada de gracioso en eso!

- Claro que no, porque eres tan malhumorado como era padre. Eso sucede cuando uno trabaja mucho y no tiene tiempo para otras cosas, que fue justamente lo que traté de demostrarte. Tu problema fue el haber estado demasiado tiempo bajo su influencia, pero yo estoy aquí para aclararte que si Kankuro pudo librarse, tú eres incluso más joven como para imitarle.

- No me considero malhumorado... e Ino tampoco.

- Me alegro, pero era una de las razones que alimentaban mi esperanza. Esa muchacha deja una impresión imborrable... al menos en mí. Muchas veces, a lo largo de los años, me he sorprendido evocándola.

- ¿Y qué habrá hecho esa loca? ¿Prender fuego a los muebles con su ardiente temperamento?

Temari se rió.

- Yo no advertí que tuviera tan mal carácter, pero sí que tenía mucho entusiasmo y un encanto precoz. Era una jovencita deliciosa, con un desenfado divertido. También aparentaba ser una auténtica belleza, ¿no es así?

- Sin igual - admitió Gaara de mala gana.

- ¿Entonces cuál es el daño? Realmente, no veo ningún mal en haberte puesto en su camino para que la conocieras y te dejaras influir por su vivacidad.

- Hacer de Cupido no va contigo, Temari. Conociste a Ino Yamanaka hace años, cuando sólo era una niña, y en ese único encuentro te basaste para arrojarme a mí, tu pobre hermanito menor, en boca de los lobos. Sinceramente, me decepcionas.

- Conque sí, ¿eh? ¿Lobos, Gaara?

- Zorras, entonces.

- ¿Debo asumir que, en tu modo ambiguo de hablar, me estás diciendo que la muchacha no es lo que pensé? ¿Que es de moral ligera igual que tu ex-prometida?

- No, en absoluto. Estoy seguro de que esa niña todavía existe y que muchos admiradores se aproximan a ella con bastante frecuencia por ese motivo, pero yo no soy uno de ellos.

La Sabaku suspiró exasperada.

- Ten la bondad de recordar que no fui yo quien creó la necesidad de que desaparecieras por un tiempo, sólo tomé ventaja de ello. El hecho es que has pasado lo que llevas de adulto esperando casarte con Matsuri, y por consiguiente, no esperabas que otra mujer se te cruzara en el camino. Pero ese matrimonio no tuvo lugar como se había planeado y en ese entonces, inmediatamente, debiste haberte buscado otra novia. ¿Lo hiciste? No. Estabas demasiado determinado en tus ideas y muy ocupado con tu trabajo, a pesar de que sabías muy bien que tienes la responsabilidad de casarte y tener un hijo.

- ¿Por qué todo esto me suena tan familiar? - preguntó secamente.

- Porque tengo la obligación de hacer hincapié en ello, y por lo menos yo conozco mis obligaciones.

- ¿Quieres decir que yo no cumplo con las mías?

- Lo que haces es dar demasiados rodeos - su hermana perdió la paciencia con él - Si no te gusta la chica, ¿para qué te casaste con ella?

- ¿Y quién dice que no me gusta? No, en realidad, sólo en este momento no me gusta, ¿pero qué cuernos tiene que ver eso con nada? Por cierto, que eso no me impide que me muera de deseo cada vez que la veo y hasta cuando no la tengo cerca... ¡Maldición! ¡En todo momento del día, en lo que a eso atañe!

- Haré de cuenta que no lo mencionaste.

- Perdón.

- Disculparte era lo menos que podías hacer - añadió ella indignada - Ahora, antes que termines de exasperarme del todo, ¿cuál es exactamente el problema, Gaara?

- Que Ino no me ama.