Hola queridos lectores aquí Halsenbert, bienvenidos nuevamente a un nuevo capítulo de Moonbeam. Espero sea de su agrado.
Sin más por el momento… ¡Coooomenzamos!
Nota del autor: MLP no me pertenece, así como tampoco sus personajes. Todos los personajes y OC's de esta historia pertenecen a sus respectivos autores, la presente historia fue hecha sin fines de lucro y con el único objetivo de entretener.
Advertencia: El siguiente capítulo contiene escenas violentas o de contenido sexual explicito, por lo que se recomienda discreción del lector.
Lean y comenten.
Moonbeam
Capítulo 38 – Arguments and Frienships
La princesa arribó al hospital poco antes del mediodía. Se llevó una enorme sorpresa al notar a una enfermera de pelaje mostaza y crin morena inmóvil frente a la habitación. La enfermera llevaba sobre sus cascos un par de mudas de ropa y sabanas nuevas.
Luna continuó aproximándose completamente invadida por la curiosidad, aquella yegua parecía indecisa, como si una gran batalla se librara en el interior de su mente para definir si debía o no entrar a la habitación que se hallaba frente a ella.
Estuvo a punto de dirigirle la palabra para preguntarle lo que sucedía cuando una voz con tono molesto la interrumpió. Conforme la alicornio índigo comenzó a aproximarse a la habitación aquellos murmullos y voces comenzaron a ser más claros. Ubicó rápidamente el tono de las tres voces que discutían acaloradamente en el interior, lo cual obviamente mantenía a la enfermera en aquel dilema.
-No puedo creer que no hallas tenido la confianza de contárnoslo- reprocho Alcor desde el otro lado de la puerta.
-Si no les dije nada fue porque no necesitaban saberlo más no porque no confiara en ustedes- respondió Épsilon.
-¿Y que parte de esto es lo que no necesitábamos saber? ¿La parte donde te has dado cuenta de que cada día que pasa estas más cerca de morir por culpa de tu propia sangre?- dijo Siegfried con cono sarcástico -¿O la parte donde casi te mueres a causa de tu imprudencia?-
-A todos nos llega la hora, eso ya lo deberías saber muy bien Siegfried, es una lección que nos ha enseñado la vida desde que éramos potros-
-Si pero eso no significa que debas ocultar tus problemas de nosotros- dijo Merak en un tono mucho más bajo y temeroso que el del resto.
-¿Cuánto tiempo llevan así?- La voz de la princesa sobresaltó a la enfermera quien apenas pudo evitar que las sábanas y ropa cayeran al suelo.
-Han estado discutiendo desde que la princesa Celestia se marchó- respondió la enfermera mirando a la princesa de la noche.
-Y que hubieran ganado si se los decía. Nada, nada hubiese cambiado. Al final ni siquiera los doctores saben cómo curarme- respondió Épsilon.
La princesa miró a la enfermera una vez más antes de tomar las prendas y sábanas por medio de su magia.
-Puedes retirarte nosotras hablaremos con ellos- dijo la monarca.
La enfermera asintió antes de retirarse tan rápido como pudo. Mientras la mirada de la princesa de la noche la seguía por el pasillo hasta que esta dio vuelta en una esquina. Posteriormente levantó el casco para golpear la puerta un par de veces.
TOCK TOCK
-Por favor Épsilon eso no es más que una excusa, lo que estamos discutiendo no es el hecho de que estés o no enferma, el problema es que nos lo ocultaras, ¿Tienes idea de lo que hubiéramos sentido si te viéramos colapsarte de pronto, sin tener idea alguna de lo que pudo provocarlo?-
Al no recibir respuesta golpeo nuevamente con el casco.
TOCK TOCK
-Siegfried tiene razón Épsilon, tu negligencia es preocupante. Siegfried dijo que te dio un ataque de tos en el cuarto de baño, dime ¿Qué habría pasado si eso hubiese sucedido a la mitad de un combate?- añadió Alcor -Tu necedad no solo te puso en peligro a ti sino también al resto de nosotros y lo que es peor puso en riesgo a las princesas. Eso te pudo haber ocurrido la noche que sacamos a Crisi de esa colmena-
-Yo…- La yegua cerro los labios. Ciertamente sus hermanos tenían razón.
El sonido de la puerta abriéndose llamó la atención de los presentes, quienes quedaron inmóviles tras notar a la princesa de la noche ingresar en la habitación.
Sus ojos de zafiro observaron la habitación con detenimiento viajando de poni en poni. Merak se encontraba sentado a un lado de la cama de Épsilon. Siegfried se encontraba paseándose por la habitación de un lado a otro mientras dejaba escapar un bufido. Recargado al otro lado de la habitación se encontraba Alcor, cuyos cascos frontales permanecían cruzados.
Cuando la mirada de la princesa se posó finalmente en Épsilon esta desvió la mirada. La yegua se encontraba sentada, su espalda recostada sobre los cojines de la cama, su cuerpo cubierto por las sabanas hasta su cintura.
-Podemos darnos una idea de lo que sucede, especialmente tomando en cuenta que su riña podía escucharse con claridad fuera de la habitación- los cuatro bajaron la mirada apenados.
La princesa se aproximó hasta colocarse a un lado de Merak. Depositando el cambio de ropa y las sabanas sobre la cama.
-Quisiéramos que nos dejaran a solas por un momento- mencionó la princesa posando sus flancos en el suelo de la habitación.
Los tres abandonaron la habitación sin decir palabra alguna, sin embargo, la princesa de la noche pudo notar la mirada decaída de los tres corceles antes de que las abandonaran.
-¿Puedo?- dijo la princesa extendiendo el casco hacia la yegua, que permanecía sobre la cama.
Épsilon dejo escapar un suspiro antes de asentir. Si bien no le agradaba la idea de que la princesa le ayudara a bañarse tampoco podía reusarse del todo ya que su cuerpo aún le dolía lo suficiente como para impedirle realizar varias actividades por su cuenta. Los doctores le habían dicho que aunque sus cuerpo parecía haberse curado con rapidez, la gravedad de sus heridas seguramente habían dañado varios nervios y posiblemente tardaría un tiempo en volver a recuperar su movilidad total. Las únicas extremidades que parecían funcionarle correctamente eran sus alas, las cuales habían sufrido un daño mínimo en comparación al resto de su cuerpo.
Aún así su mente entraba en un conflicto constante, cada vez que la princesa y alguna otra enfermera le ayudaban a lavarse el cuerpo. Se sentía vulnerable… expuesta y vulnerable… Eso la irritaba, siempre había sido la más fuerte del grupo, siempre se había considerado la más resistente y la que debía proteger a los demás. Pero ahora se sentía completamente inútil… frustrada e inútil… Verdaderamente le molestaba estar así, le molestaba depender de otros y en especial de la princesa… Después de todo era su trabajo proteger a su princesa, más ahora parecía que los papeles se habían invertido por completo.
Sintió los cascos de la deidad de la noche desabrochar su bata de hospital, antes de retirarle la prenda. Fue entonces cuando se percató de un pequeño detalle de proporciones gigantescas.
-¿Princesa?- preguntó, su voz ligeramente temblorosa.
-¿Si?-
Épsilon tragó antes de formular su pregunta.
-Emmm… ¿Dónde está la enfermera?- preguntó con un nudo en la garganta.
-Oh, lucia algo preocupada así que le pedí que se retirara, pero no te preocupes, soy completamente capaz de hacer esto por mi cuenta-
"Pero no sé si yo sea capaz de soportarlo" Pensó la yegua.
-Necesitaré que te recuestes boca abajo- pidió la princesa.
Con bastante dificultad y auxiliada por la deidad de la noche, la yegua se recostó sobre su vientre. Ahora que era consiente no solo de que la princesa y ella se encontraban completamente a solas, sino que además la princesa era quien le estaba dando un baño, no pudo evitar que su temperatura comenzara a incrementarse. Solo espraba que la princesa no notara las reacciones de su cuerpo.
"Maldición concéntrate, ella es tu amiga y además ya tiene a una poni especial" se reprendió mentalmente.
-Sabes que ellos tienen razón ¿cierto?- La pregunta tomo por sorpresa a la yegua quien de cierto modo se sintió aliviada de tener algo más en lo que pensar para evitar morir de vergüenza.
-Así que usted también se ha enterado. Veo que lo de la confidencialidad entre paciente y médico ya no es lo que era antes- comentó Épsilon.
-Créeme, muchos ponis suelen darme información, aunque no se las pida- comentó la monarca -Especialmente cuando saben que puedes causarles terribles pesadillas cuando no cooperan- añadió la princesa con una sonrisa maliciosa. Épsilon no quiso preguntar si aquello tenia fundamentos o si tan solo era algo que otros ponis asumían.
-Tiene razón- Épsilon dejó escapar una risita nerviosa.
-Pero realmente pienso que debes confiar más en nosotros y no cargar todo por ti misma-
-Podría decir lo mismo de usted princesa- comentó la yegua -Sabe que siempre contara con nosotros, no importa lo que sea, estaremos ahí para apoyarla-
-Lo sé- comentó Luna -Se que puedo contar contigo y con los otros siempre y es por eso que quería aprovechar la oportunidad para preguntarte hacerca de algunos cambios que estoy pensando hacer… Pero primero, necesito que me respondas una cosa…
La seriedad con la que la princesa habló hizo que el pelaje de su lomo se erizara.
"Espero que no halla notado nada" pensó la yegua al sentir su propio cuerpo reaccionar ante el tacto de la monarca especialmente su entrepierna, la cual cubrió usando su cola.
-Necesito que me digas con detalle. ¿Qué sucedió en el bosque esa noche?- añadió la princesa.
La pregunta de alguna forma no sorprendió al soldado. De hecho, Épsilon sabia que tarde o temprano la princesa se lo preguntaría. Y sin duda alguna era una pregunta mucho más fácil de responder que la alternativa.
Por lo menos aquello le ayudaría a confirmar sus sospechas acerca de Crisi y saber si todo lo que le había dicho era verdad. Si bien ahora no sabia en donde se encontraba. Sabía que la changeling buscaba reunirse con la princesa de la noche. Así que entre más rápido pudiera disipar sus dudas sobre la princesa Changeling más rápido podría pensar en algún plan de acción.
Épsilon decidió relajarse mientras la princesa comenzaba a pasar la esponja húmeda por su espalda. La sensación era relajante y le ayudaba a contrarrestar los dolorosos recuerdos de aquella noche. El suave toque de la princesa la hacia sentir bien, por primera vez en mucho tiempo pudo sentir algo que normalmente no sentía. El toque delicado de otro poni.
-Todo comenzó cuando regresé de mi misión…-
El cambio en el orfanato era notable tras las remodelaciones y el incremento de los ingresos que recibía por parte de su patrocinador.
Las habitaciones nuevas eran mucho mas espaciosas y la decoración contaba con varios retratos de ponis importantes.
La entrada principal había sido modificada y lo que antes era una pequeña puerta de ahora tenia una enorme puerta de madera, en la parte superior tenia un acabado con varios cristales transparentes que permitían la libre entrada de la luz del Sol y la Luna, permitiendo iluminar de mejor manera el interior del edificio. La recepción contaba con dos pinturas de gran tamaño.
Del lado derecho se encontraba una imagen de Starswirl the Bearded, en ella el viejo mentor de las monarcas lucia su característica vestimenta adornada con cascabeles dorados y estrellas plateadas. Su enorme barba plateada, caía elegante mientras mantenía su mirada estoica.
Al lado izquierdo se podía observar una pintura igualmente majestuosa, en esta se podía observar a la gobernante del día y el Sol, su cabellera de colores pastel, ondeando elegante mientras la princesa mantenía una postura que hacia relucir su elegancia y porte en su máximo esplendor.
Debajo de cada cuadro se podía observar un par de estantes de madera en los cuales se habían colocado varios libros infantiles.
Por el umbral accedieron un par de yeguas, una de ellas vestía un hermoso vestido fabricado con tela de algodón, llevaba puesto un enorme sombrero con plumas de aves tropicales, su cuerno levitaba una sombrilla adornada con encajes. Tomando en cuenta que no estaba nevando fuera, Sweetcandy dedujo que la sombrilla era principalmente para protegerla del Sol. A su lado caminaba una yegua vestida con un elegante esmoquin de color negro hecho a la medida.
La anciana notó de inmediato algo poco común en ambas yeguas, no por el hecho de que ambas vistieran ropas elegantes o por que una de ellas luciera como un caballero más que una dama. No estaba completamente segura del porqué, pero tan pronto como las miro a los ojos pudo sentir un extraño escalofrió recorrerle el lomo.
-Bienvenidas al Orfanato SweetCandy, ¿en qué puedo servirles?-
-Buenas tardes- Respondió la yegua vestida con el esmoquin -Mi ama está interesada en adoptar a uno de sus pequeños- dijo la yegua señalando con su pezuña a la otra yegua quien simplemente comenzó a mover un pequeño abanico fabricado con tela y madera.
-Comprendo mi lady- dijo la anciana con una pequeña reverencia -Si gusta me gustaría que me acompañara primero a mi oficina, vera, es necesario que le haga algunas preguntas antes de dejarle ver a los niños-
-Por supuesto lo entendemos- dijo la guardaespaldas.
A pesar de aquel tono tranquilo, la anciana tenia bien entrenado su oído, no había pasado cuidando potros y potras sin haber aprendido a detectar ciertas diferencias en los cambios de voz y era seguro que a aquella guardaespaldas le había molestado la solicitud aun cuando era claro que la poni estaba bien entrenada para mentir.
-De acuerdo señoritas…- dijo meneando su casco para darle la palabra a la noble poni.
-Lady Jazmín, de la casa noble de los Jewell de Manehattan- respondió la yegua del esmoquin presentando a su acompañante.
-Muy bien, señorita Jazmín sígame por aquí-
Ambas yeguas siguieron a la anciana hasta su despache. El interior del despacho se encontraba tapizado por fotografías de varias decenas de infantes, todos ellos sonriendo de lado a lado. Las fotografías se encontraban enmarcadas en madera de roble y protegidas con cristal. En el centro de la habitación se encontraba un escritorio bastante nuevo, frente al cual se hallaba un par de sillas de madera.
-Me alegra que un par de ponis de la nobleza decidieran venir a adoptar a uno de mis niños, pero es necesario que realice una pequeña investigación para asegurarme de que son candidatos adecuados para cuidar a uno de ellos-
-Lo comprendemos, no tiene de que preocuparse, puede investigarnos con toda confianza. Una vez que este convencida le aseguro que el pequeño recibirá una mejor calidad de vida al lado de una familia que realmente lo valorará- comentó la yegua nuevamente tomando la palabra.
-Eso espero, porque no pienso dejar que estos niños terminen en un lugar incorrecto, ya han sufrido suficiente- Comentó la anciana mirando a las dos yeguas con cierta desconfianza.
Ciertamente no podía evitarlo, realmente sentía que había algo mal con ellas.
-Les entregaré un par de formularios para que los llenen, después hablaremos un poco- Las yeguas asintieron.
La yegua dejo su sombrilla a un lado de su silla y comenzó a completar el formulario mientras su guardaespaldas se mantenía a una distancia prudente.
Sweetcandy observó con detenimiento a la yegua que acompañaba a la noble, por alguna razón aquella extraña sensación de inseguridad era mucho mas fuerte en ella a pesar de que se trataba de un poni terrestre, su presencia comenzaba a poner extremadamente nerviosa a la anciana.
-¿Abuelita?- la dulce y temerosa voz de la pequeña unicornio de pelaje blanco y crin rosada llamó su atención.
-¿Freshmint, que haces aquí?- preguntó la anciana genuinamente confundida. Sin embargo, su mirada se suavizó al notar que sus pequeños ojos se encontraban ligeramente hinchados.
-Yo… yo solo quería pedirte que curaras a Fluffy…- respondió la pequeña aproximándose a la anciana para entregarle su conejo de felpa que llevaba abrazado a pecho.
Sweetcandy observó el peluche notando que una de sus patas se encontraba parcialmente desprendida. El peluche estaba lleno de lodo y un poco mojado, lo que lo hacía ligeramente más pesado de los normal. La vieja poni dirigió la mirada a la pequeña que la miraba con esos enormes ojos llenos de esperanza. Después miró nuevamente al peluche y le sonrió.
-No te preocupes, Fluffy se pondrá bien, lo repararé y quedará como nuevo- respondió la anciana revolviendo cariñosamente la crin de la potra.
La anciana notó entonces la mirada de la guardaespaldas quien no le apartaba la vista a la pequeña.
-Dime Fresh, como fue que fluffy se lastimó- preguntó la anciana a la pequeña mientras sacaba una cajita de madera de uno de los cajones de su escritorio.
-B-Bueno… Peppermint y yo estábamos jugando en el jardín… yo… yo no me fije hacia donde caminaba y choque con otro potro, pero… solté a fluffy y cayó cerca del sapito que escupe agua en el pasto- la anciana supuso de inmediato que se trataba del rociador de agua que se había instalado en el jardín para regar el césped.
-¿Entonces Fluffy se atoró con el sapito?-
-Mmm hhmm- respondió la pequeña mientras se limpiaba las lágrimas -Intente sacarlo, pero se rompió- respondió la pequeña.
-Entiendo- dijo la anciana mientras remendaba el peluche con extrema destreza.
-Cuando lo vi me puse triste y comencé a llorar y… y…- dijo entre sollozos.
-Tranquila Fresh, no fue nada grave- dijo la anciana cortando el hilo con los dientes antes de entregarle el peluche en sus cascos -Aunque Fluffy necesitará un baño- sonrió la anciana -Solo me alegra que ninguno saliera lastimado-
Sweetcandy notó entonces que Fresh había llegado sola a la habitación, algo en extremo raro, ya que normalmente era acompañada por su hermano Peppermint o por su amiga Cinnamon.
-Fresh, dime…- a voz de la anciana llamó la atención de la potra -¿Porque no te acompaño tu hermano?-
-¿Pepper?- dijo la potra girándose para mirar detrás de sí. Al notar que su hermano no estaba a su lado ladeo la cabeza confundida.
-Volvamos al jardín- dijo la anciana tomando el casco de la potra quien a su vez colocó el peluche sobre su lomo haciendo uso de su magia -Lo lamento mi lady no tardaré, le pido me esperen aquí- comentó la anciana mirando a la yegua que continuaba llenando el formulario antes de mirar a la guardaespaldas quien continuaba siguiendo a la potra son la mirada. Sin decir otra palabra la anciana se retiro cerrando la puerta tres de si.
-Bueno esto si es una sorpresa, parece que la nena desciende de sangre noble- comentó Viper.
-No importará o sí, todo lo que el amo desea es sustituir a su concubina- respondió la otra yegua en la habitación.
-Estoy segura de que esta le agradará, es de las que le gustan, estará complacido con nuestro hallazgo ya lo veraz Jazmín- comentó Viper -El problema es el hermano, no estoy segura de que el amo acepte a un potro en el clan- comentó la yegua.
-Bueno, podríamos criarlo y cuando sea mayor podremos disfrutar de su sangre, serpa como cultivar las uvas del viñedo del amo- comentó la concubina.
-Entonces está decidido- respondió Viper, mientras se relamía los labios.
Al escuchar los gritos la anciana apresuró el paso seguida por la potra que la acompañaba. Al abrir la puerta se encontró con una escena poco común.
-¡La hiciste llorar ahora discúlpate!- gritaba colérica una pequeña unicornio de pelaje color canela y crin ligeramente más obscura, su nariz lucia de un color más claro, mientras que sus orejas lucían un color café más oscuro al igual que el pelaje de sus cascos.
-No tengo porque disculparme, ella fue la que no se fijaba a donde iba, no es mi culpa que se atravesara cuando estaba haciendo un troco tan asombroso- respondió el peqgaso.
-¡Tienes que disculparte con Fresh o haré que lo lamentes!- gritaba Cinnamon mientras trataba de zafarse del agarre de su hermano Chest.
-¡No lo Haré!- la desafío el pegaso quien era sujetado por Peppermint.
-¡Basta niños!- ordenó la anciana con un tono que rara vez usaba.
Rápidamente la multitud de infantes comenzó a dispersarse dejando solo a los involucrados. Tan pronto como el pegaso miró a la anciana pudo notar que uno de sus ojos tenía un color ligeramente más oscuro, al igual que Cinnamon tenía un moretón en el ojo contrario.
-Cinnamon… Featherwing…- dijo la anciana con tono serio -Ambos están castigados toda la semana ahora vengan conmigo para que atienda eras heridas- ordenó la anciana. Al instante ambos ponis avanzaron hasta ella.
-¿Cinnamon?- dijo la unicornio de crin rosada.
-Fresh linda ve con tu hermano yo cuidare de Cinnamon- dijo la anciana revolviendo con su casco la melena de la pequeña -En cuanto a ustedes dos… tendremos una charla muy seria acerca de su comportamiento- añadió Sweetcandy dirigiéndose a los dos otros dos ponis.
Cinnamon bajo la mirada, antes de mirar por un momento a su pequeña amiga. Freshmint lucia preocupada por ella. Sin pensarlo la unicornio color canela se aproximo a su amiga.
-Todo estará bien- le dijo sonriendo antes de darse media vuelta y seguir a Sweetcandy y Featherwing al interior del orfanato.
-Esta vez Cinnamon fue demasiado lejos- dijo Chest dejando escapar un suspiro.
-Quizá, pero ya sabes cómo se pone cuando hacen llorar a Fresh- comentó su amigo, un pegaso de pelaje azul oscuro.
-Eso lo hace más complicado Dream- respondió el hermano mayor de Cinnamon.
Freshmint continuó observando la puerta del jardín por la que había desaparecido la anciana seguida por los dos pequeños ponis. Hasta que sintió el cálido toque del casco de su hermano.
-No te preocupes por ella Fresh, sabes que la abuela es justa, no le hará daño, pero su comportamiento no ha sido el adecuado-
-No se que hacer hermano- dijo la potra apretando el peluche contra su pecho.
-Bueno lo mejor por ahora es estar ahí para ella, sabes lo mucho que disfruta de tu compañía, son mejores amigas después de todo- dijo el poni sonriéndole a su hermana menor.
Ella devolvió la sonrisa y posó sus flancos en el césped esperando el regreso de su amiga. Su hermano la imitó y permaneció sentado a su lado.
Una pegaso de color amarillo pálido y crin rosa pastel cruzaba el pasillo del hospital con paso tranquilo. Llevaba puesto un suéter de color morado claro y en su casco sostenía gentilmente un ramo de tulipanes. A su lado aleteaba una potrilla albina, su pelaje así como su crin y cola lucían un tono muy similar a las esponjosas nubes que sobrevolaban los cielos, especialmente su cola y crin ya que incluso lucían tan esponjosas como las regordetas nubes de invierno. Al igual que su madre vestía un suéter de color zarco y en sus cascos portaba una cajita de regalo envuelta en papel de colores y un enorme moño amarillo que la adornaba.
-¿Crees que le guste el regalo?- pregunto inocente la pequeña.
-Estoy segura de que estará encantada- le aseguró su madre con una sonrisa.
La pequeña miró la cajita abrazándola protectoramente contra su pecho.
-No tienes de que preocuparte Snow, sabes que la princesa apreciará cualquier regalo que le entregues- comentó su madre.
-No… Este no es para ella- dijo la potra con tono preocupado.
Primrose sonrió nuevamente acariciando la coronilla de su hija con las plumas de su ala.
-Puedes estar segura de que ella tampoco lo rechazará-
-Es solo que Luna parecía estar muy preocupada por ella en su carta- comentó la potra.
-Me sorprende que pudieras percibir algo así por medio de su carta- comentó su madre -Pero me alegra que sean tan buenas amigas, estoy segura de que tu presencia también le ayudará a relajarse un poco- ante estas palabras la potra dirigió una mirada de extrañeza a su madre, sus ojos pálidos fijos en la dirección se su madre -Ya veraz que todo estará bien- añadió Primrose con su tono maternal.
La joven potra dirigió su mirada al frente, sus oídos se movían alertas a cualquier sonido que percibían permitiéndole maniobrar sin golpearse con nada, sin embargo, su mente estaba ocupada en otra cosa. La última carta que había recibido de la princesa hace ya varios días no solo sonaba desesperada en comparación con las anteriores, sino que la superficie del papel tenía pequeñas arrugas las cuales se propagaban en pequeños círculos que habían adelgazado el pergamino en el área que abarcaban. Cualquier otro pony podría haber pasado inadvertidas aquellas texturas en un pergamino, pero no Snowdrop, su excelente tacto le permitió identificar aquello y asociarlo a la misma sensación que sintió la primera vez que tocó un trozo de pergamino húmedo. No tenía duda de que aquellas marcas presentes en la textura de aquella carta eran indicio de las lágrimas que la princesa había derramado sobre ella.
-Snowdrop…- al notar que la pequeña se encontraba completamente distraída Primrose colocó su ala frente a los cascos frontales de su hija. El toque, aunque suave, cumplió su propósito indicándole a la potra que detuviera su avance.
La pegaso albina dirigió su mirada a su madre una vez más.
-Puedo ver que estas preocupada querida, pero debes tener cuidado o podrías golpearte con algo- comentó su madre.
-Lo lamento mama- dijo la pegaso apenada.
-Está bien, toma asiento iré a preguntar cuál es la habitación- comentó su madre guiando a la podrá hasta una de las sillas de la sala de espera.
Snowdrop tomó asiento obedeciendo la petición de su madre. Levantó la pequeña caja que resguardaba en sus cuartos delanteros pensando en la extraña sensación que había percibido preveniente de Luna durante su reunión en la noche de la fogata. Sabía que la amiga de la princesa había sufrido un accidente que había terminado poniéndola en una cama de hospital. Probablemente aquellas lagrimas tenían que ver con la preocupación de la monarca por su amiga hospitalizada. Era por ello por lo que había decidió hacer un regalo especial para la yegua que se encontraba enferma, después de todo, cuando ella se enfermaba la princesa siempre la visitaba para entregarle algún regalo. La mayor parte de las veces eran nuevos libros que le solía leer, aquello siempre la alegraba y le ayudaba a sentirse mejor. Suponía que la paciente también se alegraría si ella le entregaba algún regalo que pudiera levantarle el ánimo. No paso mucho antes de que su madre regresara y tomara asiento a su lado.
-No tardaran en venir por nosotras- comentó Primrose acariciando a su pequeña hija con su ala, a lo que la pequeña poni simplemente asintió con una sonrisa.
Pasaron varios minutos, mientras ambas esperaban pacientemente antes de que la voz de un corcel llamara su atención.
-¿Primrose?- preguntó el corcel llamando la atención de las dos pegasos.
Frente a ellas se encontraba sobre sus cuatro cascos un corcel de pelaje azul metálico cuya crin y cola lucían un color ligeramente más claro. A diferencia de otros ponis, el corcel tenía un par de alas negras similares a las de un murciélago y un par de ojos ambarinos que las miraban directamente.
El corcel no tardó en reconocer a la pegaso albina y a su madre por lo que simplemente les sonrió amablemente. Primrose al igualq ue su pequeña hija reconocieron al guardia nocturno al instante. Se trataba de uno de los dos guardias que las habían escoltado hasta su casa después de la celebración de la primera nevada de invierno.
-La princesa estará encantada con su visita- comentó el corcel.
-Te lo agradecemos Siegfried- respondió Primrose.
-Es un placer escoltar a tan hermosas señoritas- comentó el corcel tomando el casco de Snowdrop besándolo con gentileza logrando que la pequeña pegaso riera un poco.
Ambas siguieron al corcel por uno de los pasillos hasta la habitación de Épsilon. Primrose alzó su casco para dar un par de golpecitos a la puerta de madera, esperando pacientemente la respuesta del otro lado.
-¡Adelante!- se escuchó la voz de una yegua. Vo que Snowdrop reconoció de inmediato poniendo sus orejas erguidas y completamente atentas. La reacción de la potra no paso desapercibida para el guardia nocturno quien sonrió inconscientemente.
Primrose ingresó primero en la habitación seguida por Snowdrop.
-Nos alegra verlas nuevamente- dijo la alicornio índigo con una sonrisa.
-Al contario princesa estamos agradecidas de que aceptara vernos- comentó la pegaso de crin rosada.
-Princesa le traje un obsequio a su amiga- comentó Snowdrop volando hasta la monarca calculando su posición por el sonido de su voz.
-¿De verdad?, me alegra que le hallas traído algo- comentó mirando a la yegua que se encontraba sentada sobre el colchón de su cama de hospital justo a su lado.
Épsilon permanecía completamente inmóvil observando cuidadosamente los movimientos de las recién llegadas con sus ojos ambarinos. A Primrose le pareció bastante inofensiva aquella yegua envuelta en una bata de hospital y algunas vendas, especialmente tomando en cuenta el ligero rubor de sus mejillas. Sin embargo, por alguna razón el pelaje de su espalda se puso de punta cundo sus ojos se encontraron con los ojos ambarinos de la paciente. Aunque lucían inofensivos desprendían una extraña vibra. Sin embargo la falta de brillo en uno de ellos le hizo recordar a su amada hija. La cicatriz que recorría de arriba abajo aquel ojo le hizo comprender que aquella yegua no podía ver adecuadamente con aquel ojo.
-Sabes Snow. Épsilon ha tenido un muy mal carácter últimamente, le di un pequeño masaje hace unas horas pero creo que un regalo de tu parte es justo lo que necesita para alegrarse un poco- mencionó la monarca mirando con picardía a la yegua, esta ultima sintió la mirada de la princesa en ella por lo que de forma casi automática desvió su mirada al lado opuesto de la habitación.
-¿De verdad?- preguntó la pequeña poni alada.
-Por supuesto, ven conmigo- comentó la deidad de la noche colocando una de sus alas en el lomo de la pegaso para guiarla hasta la cama de la paciente.
Después del accidente con las jeringas, Épsilon había estado bastante a la defensiva manteniendo apartado a todo poni de su lado, con excepción de la princesa, le preocupaba que lo ocurrido con Sweetcare le ocurriera a algún otro poni, por esa razón al notar a la princesa aproximarse acompañada por la pequeña poni voladora, sintió como sus articulaciones se bloqueaban y su cuerpo se endurecía por instinto tratando de mantenerse completamente inmóvil para no causarle ningún daño a la pequeña.
-Vamos Épsilon lo menos que puedes hacer es darle las gracias ¿no lo crees?- comentó la monarca mirando a la yegua quien mantenía su mirada apartada.
Ciertamente Luna estaba disfrutando bastante de sus pequeñas provocaciones, lo sabía especialmente por el tono baso y casi seductor que le lanzaba a la apenada yegua.
-Aquí tienes Épsilon- comentó la pegaso albina estirando sus pequeños cascos para entregarle la cajita de regalo. Épsilon suspiro antes de mirar a la pequeña.
-Gracias- respondió la yegua mientras tomaba la caja con extremo cuidado como si temiera que un mal movimiento pudiera lastimar a la potra. Sabia lo especial que era aquella pegaso para su princesa, aún si la princesa le había perdonado el haber sometido y casi asesinado a su poni especial, estaba segura que no sería tan clemente si algo le llegara a pasar a Snowdrop. Era curioso en realidad, a pesar de conocerlos a ellos o a Chrysalis desde mucha antes, aquella poni siempre había tenido un lugar mucho más profundo en el corazón de su amada princesa.
Snowdrop sonrió débilmente mientras la yegua observaba el obsequio. No podía ver lo que sucedía pero los sonidos de los cascos de Épsilon acariciando el papel de colores, le daba una perfecta imagen de la situación.
-¿Puedo abrirlo?- Preguntó la yegua.
-Si- respondió la pegaso asintiendo una vez.
Épsilon comenzó a apartar el papel que envolvía la caja usando las puntas de sus alas para cortarlo con precisión sin maltratarlo. El interior contenía una caja de color beige que lucia bastante común.
Dirigió la mirada a la potra quien en ese momento se encontraba recargada sobre la cama soportando su mentón sobre ambos cascos. Sus orejas perfectamente alineadas y atentas a cualquier sonido que proviniese de su dirección, lucia realmente adorable. La yegua dirigió su mirada a la monarca quien la observaba con la misma expresión que la pequeña potra. Al notar aquel par de ojos profundos y azules como el mar no pudo evitar sonrojarse por completo antes de desviar la mirada.
La princesa sonrió ante el gesto de su amiga y estaba segura de que la pegaso albina seguramente lo habría hecho también. Primrose simplemente dejo escapar una ligera risita al notar la reacción de la soldado.
Épsilon sacudió su cabeza un par de veces antes de proceder a retirar la tapa de la caja para descubrir una hermosa estrella de invierno casi del tamaño de su casco, la estrella se encontraba resguardada en el interior de una esfera de cristal adherida a una base de madera bien trabajada. En la parte de atrás tenía una pequeña manivela para darle cuerda a lo que parecía ser un mecanismo.
La yegua giró la manivela un par de veces y después la soltó. Inmediatamente el obsequio comenzó a emitir una relajante melodía. Mientras la esferita de cristal que protegía la estrella de invierno se iluminaba alternando entre varios colores.
-Es… hermosa- murmuró la yegua.
-Me alegra que te gustara, Mamá y yo la hicimos con ayuda de algunos amigos en la fábrica del clima- respondió la infante -Pensé que te gustaría algo que te relajara al dormir, así podrás descansar mejor y reponerte más rápido. Mamá dice que uno debe descansar mucho cuando esta enfermo, para reponer fuerzas y recuperarse pronto- comentó la pequeña pegaso albina.
-Es realmente… un hermoso regalo… te lo agradezco- respondió Épsilon con honestidad.
Miró a la princesa que continuaba sonriéndole a la par de Snowdrop.
Celestia se encontraba en la sala de trono estudiando el libro que le había entregado Zephora, Conocía aquellas historias desde pequeña pero ese libro en particular tenia algunos cambios que si bien no parecían muy notorios si eran vitales en el desarrollo de estas.
El sonido de la puerta del salón del trono abriéndose de par en par llamó su atención. Frente a ella caminaba un poni vestido con armadura dorada y un semblante sereno que claramente ocultaba la molestia del corcel, si bien era cierto que el capitán de la guardia real no era un pegaso muy explosivo y sabia mantener la calma con relativa facilidad, la princesa sabia que cuando el capitán meneaba sus alas de la forma en la que lo hacia en ese momento era porque era un reflejo de su nerviosismo o en este caso cierta frustración.
-Capitán no esperaba verlo tan pronto, ¿En qué puedo ayudarlo?- Preguntó la princesa colocando el libro a su lado.
-Lamento la intromisión princesa, pero hay algo que quiero preguntarle-
La princesa hizo un ademan para indicarle que continuara.
-Pido su perdón si esto suena… poco cordial de mi parte majestad, pero… Me gustaría saber en qué estaba pensando cuando aceptó esa propuesta de matrimonio- comentó el corcel.
-Supuse que no te agradaría la idea- comentó la princesa.
-No, no me agrada y si le soy sincero los nobles en general no son de mi agrado-
-Ciertsmente la mayoría tiene un carácter complicado, y muchos prejuicios de por medio-comentó la princesa.
-Entonces porqué aceptar la propuesta princesa. Ustedes han rechazado en incontables ocasiones las propuestas de otros nobles. ¿Que sentido tenía aceptarlas ahora? Sabe muy bien que esto no resolverá el problema de forma permanente con las familias nobles-
-No, no lo hará- asintió la princesa -Pero era la mejor manera de desviar su atención, el asesinato en masa no es una noticia fácil de recibir, mucho menos de olvidar, especialmente cuando el grupo de nobles al que atacaron es uno que estaba claramente en contra de la corona de Equestria-
-Así que es verdad… La princesa realmente dio la orden- dijo el corcel.
-Ella misma me lo confesó- Celestia miró a Caramel a los ojos -Dime, ¿quién te dijo lo que pasó?-
-Afortunadamente para mí, este tipo de cosas son de las que Hurricane me mantiene al tanto. También dijo que compararon las heridas con las dagas de Épsilon y estas coinciden a la perfección con el tipo de corte y potencia de ataque- añadió Caramel. Caramel permaneció en silencio un momento antes de continuar.
-Sabe bien que no puede seguir protegiéndola de esa forma- La princesa lo miro, en sus ojos magentas se podía observar con claridad el peso que aquella decisión aun presentaba en sus hombros -La princesa Luna no es una potra, es una yegua adulta y debe aprender a cargar con las consecuencias de sus propias acciones-
-Lo sé pero esto fue demasiado, si los nobles se hubieran enterado de la verdad, toda Equestria se dividiría por completo. No se habrían conformado con un castigo común, al ser ella una princesa estoy segura de que se habrían puesto totalmente en su contra y habrían pedido que fuera encerrada en el tártaro por traición. Y yo… aun con lo que hizo… no podría haberla encerrado en un lugar como ese-
-Las leyes son claras, princesa y su hermana quebranto una de gran importancia-
-¿Se supone que debí delatarla y encerrarla yo misma en lo profundo del tártaro como lo hicimos con Tirek?- dijo la princesa cabizbaja -No Caramel, no puedo hacerle eso-
-Entiendo que no desee hacerlo por ser su hermana, pero tiene que recordar que antes que cualquier otra cosa usted es la gobernante de Equestria, cada decisión que toma no solo la afecta a usted, sino a todo el reino. Lo que hizo la princesa Luna podría repetirse si no le pone un alto puede que la próxima vez ya sea demasiado tarde-
Celestia suspiro exhausta, miró entonces el libro que se hallaba a su lado y lo levantó. Por desgracia Caramel tenía razón Luna había cruzado una línea muy delgada, al haber tomado la vida de varios inocentes actuando a sus espaldas.
"Lo lamento Luna pero me estas dejando sin opciones" pensó la gobernante mientras tomaba un pedazo de pergamino y comenzaba a redactar un nuevo decreto. Sabia que su hermana se molestaría en sobremanera con ella, pero estaba dispuesta a aceptarlo si esto significaba mantenerla a salvo de si misma. Tenia que dejar de pensar en ella como la pequeña potra que fue en el pasado y comenzar a verla como una gobernante como lo era ella.
-Caramel, entrégale esto a mi hermana y dile que la visitare mañana por la noche- comentó la monarca entregándole el trozo de pergamino antes de sellarlo con su sello real.
Nota del autor:
Soy consiente de que la pintura que aparece en el orfanato en el video de "Duo Cartoonist" no es de Celestia, sin embargo no podía colocar a un alicornio adicional aquí y por supuesto que tendría que dar al menos una breve explicación de quien se trata, así que opté por sustituirla por una pintura de Celestia.
Como siempre agradezco su apoyo y dedicación a esta historia.
Por el momento es todo mis queridos lectores y no olviden comentar si les gustó el capítulo. Yo soy Halsenbert y con esto me despido, hasta el próximo capítulo … ALLONS-Y
En memoria de Victor Fidel Amado abuelo y mentor.
Marzo/1938 - Octubre/2018
