Escritora original: Bex–chan
Nombre original: Isolation
Traducción/adaptación: Sunset82
N/A: ¡Simplemente las canciones habituales! VNV Nation - Illusion, Sleeperstar - Soon, Scheer - Goodbye, Oh Laura - Release me (las dos últimas en particular son mi favorite). ¡Espero que funciones bien!
AISLAMIENTO
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Capitulo 38: Otra vez
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Draco estiró las piernas e inclinó el rostro hacia el sol de la mañana. Hoy sus pensamientos estaban bastantes mezclados; tal vez desde su comienzo temprano; y el calor de los rayos que lo alcanzaban parecía estabilizarlo por un momento.
Habían pasado cuatro días desde que Hermione había irrumpido en la cocina y le gritó a Potter, Weasley, Theo, y a él mismo, y aparte de algunos comentarios sarcásticos sin embargo inofensivos al día siguiente, las cosas se habían establecido notablemente rápido. Incluso Andromeda había tenido unas palabras privadas con él y lo elogió por su "madurez", pero el fondo de la cuestión era que todos parecieron darse cuenta que simplemente no había espacio para las peleas de patios de colegios cuando el mundo se caía a pedazos.
Y eso fue lo extraño.
Ellos se seguían juntando alrededor de la radio, escuchaban a las emisiones de interferencias de Pottervigilancia sobre Muggles siendo torturados, hijos de Muggles siendo asesinados, y el número de víctimas crecía y crecía. El ritmo y la brutalidad de la guerra parecía acelerarse todo los días, y sin embargo en la casa de Tonks, donde una vez habían sido enemigos habían logrado llegar a un voto silencioso de amistad, había una sensación bizarra de paz. Era desconcertante; casi se sentía como si estuvieran separados de todo, pero por supuesto que no lo estaban, y una mirada a Granger confirmaba eso.
En el último par de días, ella se había estado despertando al amanecer para practicar hechizos con Remus y Tonks, insistiendo que necesitaba acostumbrarse a la varita de Bellatrix. Él había decidido verla hoy, engatusado afuera por el sol y también intrigado de ver como ella manejaba la varita desconocida, y al parecer también lo estaban sus amigos. Ella estaba a una buena distancia desde donde él estaba sentado con Theo y Blaise cerca del frente de la casa; tal vez a quince metros o más de distancia; pero él podía ver la fina capa de sudor manchando su entrecejo mientras discutía algo con sus dos acompañantes y se quitó el suéter. Antes de que él tuviera la oportunidad de darse cuenta que la estaba mirando fijo, Theo hablo y lo saco de su trance.
—Es el último día de Abril.
Draco frunció el ceño. — ¿Y?
—Entonces recuérdame golpearte para el primero del mes mañana.
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Hermione asintió y levanto la varita de Bellatrix, encorvando los hombros a la defensiva mientras Tonks y Remus se alejaban unos pasos de ella.
— ¿Preparada? —pregunto Remus, y ella asintió otra vez. — ¡Vamos!
— ¡Desmaius! —grito ella.
Él lo bloqueo fácilmente, y ella torció su cuerpo para intentar esquivar el hechizo que Tonks le había disparado, pero ella seguía inestable de sus piernas. El momento que dio la espalda, sintió la magia escaldar su piel, y cuando ella giro hacia Remus, él ya estaba apuntando su varita para su próximo movimiento.
— ¡Espera, sólo espera un minuto!
— ¿Crees que un Mortífago va a darte una chance a que te recuperes? —replico él.
—No, ya sé eso, pero…
—Ellos van a saber que eres reticente a utilizar magia oscura, y probablemente van a reconocer la varita de Bellatrix —continuó él. —Encima de eso, estás recitando tus hechizos. Al hacerlo, le estás diciendo a tu enemigo cual va a ser tu próximo movi…
—Lo sé, pero la varita de Bellatrix se me está resistiendo, y…
—Puedes hacer esto, Hermione —dijo él firmemente. —La bruja más brillante de tu edad ¿recuerdas? Ahora vamos, ¡eres mejor que esto!
—Remus, dale un momento —suspiro Tonks. —Tal vez deberíamos sólo practicar uno a uno…
—No, él tiene razón —dijo Hermione. —Los Mortífagos difícilmente vayan a jugar limpio ¿verdad? Necesito estar preparada.
Remus le dirigió una mirada de aprobación. —Exactamente. ¿Lista?
Respirando y sujetando la varita de Bellatrix con más fuerza, ella se concentro en el calor que hormigueaba juntándose en los dedos. Su magia. Meneando la cabeza, se agachó un poco y doblo las rodillas, sus ojos fijos sobre Remus mientras él comenzaba a ladear su muñeca para un hechizo. Sin decir una palabra, extendió su brazo, y una luz brillante y violenta salió disparada de la varita de Bellatrix, y Remus se tambaleó hacia atrás, levantando la mano para protegerse los ojos. Girando alrededor, Hermione apenas esquivo el Desmaius de Tonks y rechazo un Hechizo Impedimenta que fue directo a su estomago, haciéndola volar hacia atrás varios metros.
Girando justo cuando Remus estaba comenzando a recuperarse, ella volvió apuntar su varita, y una soga salió disparada de la punta, envolviendo el brazo de Remus que sostenía la varita y la garganta, y con unos cuantos tirones él estaba de rodillas, su varita descartada a su lado, y ella tenía la varita de Bellatrix apuntando a su nuez de Adán. Convocando su varita en la mano y regresando a Tonks, le disparó un Expelliarmus silencioso.
Con tres varitas en su posesión, Hermione sonrió para sí misma; no por orgullo o por un sentido de logro, pero porque se volvió a sentir en control.
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A quince metros, Draco sonreía casi con cariño mientras miraba a su amada sonreír con confianza y triunfo. Él sólo había visto esa sonrisa una vez, en el momento cuando ellos habían estado patinando sobre hielo en Navidad y ella había logrado mantener el equilibrio sin su apoyo, y el recuerdo se sintió más tibio que el sol.
Theo lanzo un silbido en voz baja. —No me jodas, recuérdame no molestar a Granger —murmuró. —Bueno, ya sabes… de nuevo.
— ¿En verdad estás sorprendido que ella sea bueno en hechizos? —pregunto Blaise. —Ella era la bruja más inteligente en nuestro año. Por supuesto que sabe lo que está haciendo con una varita.
—Una cosa es practicar algunos hechizos en un salón de clases. Es una cosa totalmente diferente utilizarlos efectivamente, y con la varita de otra persona, ni menos.
Alzando una ceja, Draco miro a Theo con escepticismo. —No es como si tú tuvieras que hacer un comentario razonablemente inteligente. Especialmente a esta hora de la mañana.
—Vete a la mierda —se mofó él, sonriendo de manera engreída. —No me envidies porque tengo un cerebro que va con este rostro hermoso y tú estás atrapado con esa cosa fea sobre tu cuello.
—Tú estás tomando bien su recuperación —remarcó Blaise, mirando perspicazmente a Draco.
— ¿Por qué no habría de hacerlo?
—Porque probablemente significa que pronto se va ir con Potter y Weasley.
Draco se tenso, mirando a su amigo con los ojos entrecerrados. — ¿De qué diablos estás hablando?
— ¿Qué? No pensaste que ella en verdad se iba a quedar aquí ¿verdad? —contesto él encogiéndose de hombros. —Granger y ese par difícilmente tengan una historia de quedarse sentados y ver como las cosas suceden. Te apuesto cualquier cosa que ellos ya han discutido planes sobre irse y hacer lo que jodidamente tengan que hacer para derrotar a Quien-Tú-Sabes.
Haciendo ruido con su mandíbula, Draco pensó en los últimos días, recordando que Hermione había desaparecido para hablar con Potter y Weasley al menos una vez al día, pero ni una vez había dado indicios de que estuvieran conspirando para irse. Y él se hubiera dado cuenta si algo estaba sucediendo. Sin duda, lo habría hecho.
—No —murmuró él, negando con la cabeza. —Estás equivocado, Blaise.
— ¿Lo crees? —contestó él, con un tono cínico. —Luna está planeando irse y no me ha dicho.
—Entonces ¿cómo demonios sabes eso?
—Sólo lo sé. Estoy bastante seguro que ella está planeando regresar a Hogwarts con Dean Thomas. Han estado charlando.
—No deberías suponer lo peor de esa manera —dijo Theo. —Tal vez sólo te está engañando con él.
Blaise le dio rápidamente un fuerte golpe al brazo de Theo, y su sonrisa socarrona dio paso a una mueca. —Haz otro comentario como ese, y apuntare a tu rostro…
— ¿Por qué castigarías a tantas chicas dañando esta magnifica obra de arte? De todas maneras, sólo te estoy tomando el pelo: En verdad; mis chistes graciosísimos e ingenio se desperdicien en personas como ustedes…
—Cállate —espeto él, regresando su atención a Draco. —El punto es, sé que Luna se va a ir pronto. No me lo ha dicho porque sabe que voy a intentar detenerla. Es por la misma razón que Hermione no te ha dicho nada.
Draco resopló y rodó los ojos. —No conoces a Granger lo suficiente para saber que es lo que harías.
—Tal vez no, pero ayer vi a Potter, Weasley y a ella saliendo de la habitación del Duende. ¿Por qué estarían hablando con Griphook si no estuvieran planeando algo?
Vacilando mientras intentaba armar una explicación, su ceño se frunció por la incertidumbre, y una semilla de duda creció como una burbuja en su cabeza.
—Mira —suspiro Blaise. —Sabes que tengo razón. Nuestras novias tienen ese maldito complejo de heroínas que es al parecer contagioso si terminan convirtiéndose en amigos de Potter. ¿Recuerdas que solíamos burlarnos de ellos por eso todo el tiempo? —Exhaló una risa corta sin humor. —Y ahora es también nuestro problema.
—Estoy bastante seguro que a eso lo llaman ironía —Theo bromeó. —O la ley de Murphy.
—Si estás tan seguro de la partida de Lovegood, ¿por qué no la confrontas sobre eso? —pregunto Draco.
—¿Y de qué serviría eso? Se iría de todas maneras, y tratar de detenerla sería como pedirle que no sea… ella —. Hizo una pausa y se masajeó el puente de la nariz. —Ellas van a luchar. No hay nada que tú ni yo, ni cualquier otra persona pueda hacer para detenerlas —. Poniéndose de pie, rozó casualmente la suciedad de sus pantalones como si todo lo que había dicho hubiera sido insignificante. —Voy ayudar a Andromeda a preparar el desayuno. Nos vemos en un rato.
Negando con la cabeza mientras miraba a Blaise marchar hacia la casa, Draco rodó los ojos y fingió indiferencia, reclinándose casualmente a su antigua posición. — ¿Crees que alguna vez va a pasar un día sin que arruine la diversión de alguien? —le dijo a Theo.
—Es poco probable. Incluso para uno de nosotros, es a veces un imbécil deprimente. Sin embargo podría tener un buen punto sobre Granger.
—No empieces.
—Lo siento, amigo —suspiro, señalando a Hermione. —Mírala. Blaise tiene razón. No está probando una varita para mayor comodidad. Se está preparando. Para la guerra.
Draco se tensó tanto que su cuello hizo un chasquido cuando giro la cabeza, mirando a Hermione con atención mientras un hechizo surgía de la varita de Bellatrix y golpeó el brazo de Tonks. Ella giró, se agachó, esquivo, bloqueó, disparó; sus movimientos ágiles y calculados. Preparada. Él desvió la mirada y se mordió la lengua hasta que pudo saborear el metal, y pudo sentir los ojos de Theo observándolo expectante.
Con un gruñido tronando alrededor de su boca, levanto la cabeza y le frunció el ceño a su amigo. — ¿Por qué no te metes en tus propios malditos asuntos? —regaño él. —Lárgate. Ayuda a Blaise o algo. No me importa, sólo déjame en paz.
—Bien —dijo Theo, encogiéndose de hombros como si estuviera esperando esa reacción, y luego poniéndose de pie. — ¿Sabes? Si fuera un Ravenclaw, haría algún comentario sobre tú estando en negación…
—Theo, te estoy advirtiendo…
—Seh, entendí. Me largo.
Giró sobre sus talones y se dirigió hacia la casa, dejando sólo a Draco con su lengua sangrando y el ruido sordo de una dolor de cabeza que no lo perdonaba. Se quedó allí por algunos minutos, abriendo y cerrando los puños mientras observaba a Hermione y sus posturas cambiantes. Ataque, defensa, ataque, defensa, ataque, ataque, ataque. Ella ni si quiera lo miró una vez, demasiado absorta en la tarea en cuestión, así que él se levanto y se fue, sintiendo que si la miraba por un momento más, las palabras de Blaise comenzarían a sonar en sus oídos.
«Probablemente signifique que pronto se va ir con Potter y Weasley.»
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Cuando Hermione, Potter y Weasley no habían aparecido para el desayuno, Draco había apretado los dientes y empujaba su comida alrededor del plato, negándose hacer contacto visual con Blaise. No necesitaba otra mirada cómplice dirigida en su dirección, tampoco deseaba presenciar las miradas ansiosas de Blaise a Lovegood cada vez que ella se daba vuelta para hablar con Dean Thomas. Y cuando una transmisión irregular de Pottervigilancia había anunciado una larga lista de víctimas mortales, él no había levantado la cabeza, simplemente se quedo sentado allí en un silencio volátil con sus dedos golpeando sobre su rodilla irritado. Se había preguntado si Granger había escuchado la emisión, se preguntaba si le provocaría desesperación, y la tentaba a ella y a sus malditos amigos a abandonar el refugio y tomar acción.
En un esfuerzo por distraerse, obligo a su mente a desviarse a otro lugar y se dio cuenta que había tenido un pensamiento constante en su cerebro por los últimos días; había perdido su varita. Y por su vida no podía recordar la última vez que lo había utilizado, y Granger había estado tan entusiasta de practicar con la varita de Bellatrix que insistía en realizar cualquier hechizo antes de que él incluso pudiera pensar en localizar la suya.
Después del desayuno él se dirigió a su habitación, intentando de convocarla varias veces sin éxito. Razonando que debió haberse caído de la cama y estaba atascada bajo algo, comenzó a buscarla, registrando bajo la misma y controlando los cajones de la cómoda en caso de que Hermione la hubiera guardado. Cuando estaba de rodillas chequeando bajo la mesita de luz, la puerta se abrió de golpe y le golpeo fuertemente los tobillos.
— ¿Draco? —dijo Hermione, frunciendo el ceño cuando él decía una profanidad entre dientes. — ¡Lo siento! ¿Estás bien?
—Seh, genial.
— ¿Qué demonios estás haciendo en el suelo?
Resoplando el flequillo de sus ojos, Draco se puso de pie. —Buscando mi varita. No la puedo encontrar. ¿La pusiste en algún lugar?
—No, no la he visto —dijo ella, pasando junto a él para sentarse en la cama. —Le deberías preguntar a Andromeda. Quizás ella la tomo.
Entonces él la miro, y de inmediato deseo no haberlo hecho. Ella lo estaba observando con ojos suaves y tristes, parpadeando con dificultad como si estuviera intentando de resistir una lágrima o dos mientras lo miraba. A él le recordó de esa manera que desaceleraba el pulso que ella lo había mirado así la primera vez que se había despedido, cuando lo había Petrificado, metió un Traslador en sus manos, y lo envió aquí. En esta ocasión era sutil, oculto hábilmente con una expresión calmada que podría ser casi convincente si él no pudiera ver sus ojos. Sus ojos la delataban. Siempre lo hacían.
— ¿Hay algo qué quieras decirme? —pregunto él apresuradamente.
La pregunta parecía sorprenderla por un momento y se quedo inmóvil, con la boca entreabierta como si en realidad podría responder, pero luego suspiró, sonrió, y negó con la cabeza. —No. No, sólo estaba pensando en algo.
— ¿Por qué no estabas en el desayuno?
—Estaba con Harry y Ron —dijo ella. —Harry ha tenido… pesadillas…
—Por supuesto que las tiene —gruño él. —Los demás apenas tenemos una noche fácil de sueño…
—No, sé eso, pero sus sueños son… diferentes. Es difícil de explicar.
Él espero a que ella diera más detalles pero simplemente estaba mirándolo fijo otra vez. Suave, triste, y él pensó que podría ahogarse en ella. Hundiéndose sobre el colchón a su lado, junto las manos delante de él, sus muñecas golpeando las rodillas. Consideró sólo soltarlo ya, preguntarle si tenía la intención de irse, pero rechazo sus instintos, convencido de que simplemente estaba pensando demasiado en los comentarios de Blaise, y su testarudez se reprimió en su ya lengua hinchada.
— ¿Estás bien? —pregunto Hermione, estirando la mano para acariciar tiernamente su pulso con los dedos. —Pareces estar ansioso sobre algo.
—Estoy bien —dijo con firmeza. —Blaise y Theo me molestaron antes, es todo.
— ¿Qué hicieron?
—Nada importante. ¿Me vas ayudar con mi varita?
Ella le sonrió. — ¿Eso pretendió ser una insinuación de algún tipo?
—No —le regreso la sonrisa, ladeando la cabeza así podía besar la parte inferior sensible de su oreja. —Aunque si eso es lo que prefieres hacer, con mucho gusto lo haré.
—Draco, lo siento — susurro ella decepcionada, empujándolo suavemente. —Tengo que hacer algunas cosas que son necesarias.
Él gruño irritado y se aparto de ella. — ¿Cómo qué?
—Le prometí a Harry y a Ron que los ayudaría con algunas… cosas…
— ¿Hay alguna razón de que seas tan jodidamente imprecisa?
Ella se encogió. Sólo un poco, pero Draco lo vio. —Bueno, Ron necesita ayuda para ajustarse a la varita que le robo al Carroñero —explicó con incertidumbre. —Y luego quiero practicar más con…
—Lupin y Tonks —terminó él por ella, su tono cortante. —De acuerdo, bien.
—Lo siento, Draco, sólo tengo que hablar de estas cosas con ellos…
—Está bien. ¿Al menos vas a compartir una cama conmigo esta noche, o voy a tener que estar atrapado con tu gato infestado?
—No va a ser por mucho tiempo —le aseguro ella, estirando el cuello para dejar un beso en la comisura de su boca, que se quedó de una manera que le hizo recordar de su última noche juntos en Hogwarts. —Te amo.
Él cerró los ojos, y la imagen de ella llorando en la lluvia quedó plasmada en el dorso de sus parpados, como para torturarlo con el recuerdo. —Lo sé —murmuró, mirándola al marcharse.
Él regreso rápidamente a la tarea de buscar su varita antes de que volviera a pensar en las palabras de Blaise. Era sólo una corazonada que había nacido de la nada. Sólo palabras sonsas sin substancia o fundamento, sin embargo rebotaban en su cabeza de todas maneras, como avispas frenéticas, picando su cerebro.
«Ellas van a luchar. No hay nada que tú, yo, o cualquier otra persona pueda hacer para detenerlas.»
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Cuando Draco se despertó, sabía que ella no estaba allí; se pudo dar cuenta por el aire frío aferrándose a su hombro donde la piel de ella debería estar.
Probablemente no le hubiera prestado mucha atención al reloj si no hubiera sido exactamente medianoche, y algo sobre la perfección del tiempo dejó una sensación inquietante en sus entrañas. Dándose vuelta al espacio vacío junto a él, paso la palma de su mano por su hendidura, encontrándolo todavía tibio, y su almohada seguía húmeda por la ducha que tomo antes de ir a la cama. Se froto los ojos con las palmas de las manos, mirando alrededor de la habitación oscura como si pudiera contener una pista del paradero de Hermione.
La parte racional de su cerebro; normalmente la parte más fuerte; le dijo que lo más probable era que ella estuviera en el baño o en la cocina sirviéndose un vaso de agua, sin embargo había un pequeño pero firme picazón que lo convenció de dejar la cama, ponerse algunas prendas, y salir a buscarla. Frunciendo el ceño cuando recordó que no tenía su varita, se hizo camino hacia la puerta, agradecido por el resplandor deslumbrante de la luna, mostrándole sombras para que pudiera dirigirse alrededor. Pero cuando dejo el dormitorio y entro al pasillo, era completamente negro, la clase de oscuridad que te sofoca, como un ataúd o alquitrán.
Pasando sus manos contra las paredes, se guio a lo largo del pasillo y bajo las escaleras, y sus oídos se movieron nerviosamente cuando escuchó voces en un tono bajo saliendo de la cocina. Pudo escuchar a Potter murmurando palabras que no podía entender del todo, y acomodo sus pasos en pisadas silenciosas mientras se acercaba a la puerta de la cocina. La voz de Hermione se unió a la conversación, y luego la de Weasley, pero todo era demasiado apagado y tranquilo, y esperó en las sombras por… algo. Algo que quedara claro.
Y luego escuchó una palabra entre todos los susurros: Horrocrux. Fue fuerte y definido, como una marca de puntuación, y abrió la puerta de una patada antes de que pudiera darse cuenta.
Tres pares de ojos sorprendidos giraron de golpe hacia él, pero él sólo sintió los ojos avellanos. Los tres estaban parados alrededor de la mesa, papeles desparramados como si fueran planes de batalla, y algo en su pecho se hundió, dejándolo hueco y adolorido. Pero había rabia burbujeando dentro de él, aumentando en su garganta, y casi se ahogo en ella. Potter y Weasley parecían acercarse un poco más a su novia, con postura de protección y eso lo empujo al borde de la ira.
—Mierda —dijo Ron. —Tuve la sensación de que la varita no me dejo cerrar la puerta correctamente.
—Draco —exhaló Hermione, intentando inútilmente de ocultar alguno de los papeles. — ¿Qué estás hacien…?
— ¿Qué mierda estás haciendo tú? —le replico. — ¿Qué diablos es esto? ¿Una pequeña reunión secreta de Gryffindor?
—Malfoy, sólo estábamos…
—Ni siquiera te molestes, Potter. No soy estúpido.
Ron resopló. —Bueno, eso no es del todo cierto…
—Cállate, Comadreja —espetó él, dándose vuelta a Hermione con una mirada acusadora. —Estás planeando irte de nuevo, ¿verdad?
—Draco —dijo ella suavemente, su tono casi suplicante. —No es… no es como…
— ¿Qué demonios sucede contigo? —pregunto él, olvidándose de los otros dos hombres en la sala por un momento. — ¿Por qué mierda no me dijiste?
—Malfoy…
— ¡Esto no tiene nada que ver contigo, Potter! —siseó él fríamente, mostrando sus dientes. — ¡Y no te pares jodidamente delante de mi novia de esa manera! ¡Como si haría algo que la lastimara! Ustedes dos no son sus malditos guardaespaldas y ¡yo no soy una amenaza!
— ¡Draco, sólo cálmate! —grito Hermione.
— ¡No me digas que me calme cuando estas tramando algo a mis espaldas! ¡Vamos hablar de esto ahora mismo! ¡A solas!
Hermione dejo escapar un largo suspiro y se paso los dedos por sus rizos caóticos. —Está bien —estuvo de acuerdo. —Está bien, vamos a hablar sobre eso. Sólo danos un momento para…
—Ahora, Hermione —se quejo. —Deshazte de ellos.
—Dos minutos —argumento ella desafiante. —Sólo espera afuera mientras limpiamos y vamos hablar. Lo prometo.
Él vacilo y al instante se arrepintió. Los rasgos de ella ya estaban suavizándose aliviada, como si él en verdad había hecho marcha atrás, y cubrió su gruñido frustrado con una exhalación aguda. Entrecerrando los ojos en forma de serpiente, mirándolos desde Potter a Weasley por si acaso, y reticente asintió con la cabeza.
—Bien —dijo forzado. —Dos minutos.
Él se dio vuelta tan rápido que hizo que se mareara, pero salió de la sala con pasos pesados y humeantes, golpeando la puerta detrás de él con suficiente fuerza que hizo que las paredes vibraran. De regreso en la oscuridad del living, se paseaba de un lado para otro como un dragón enjaulado, contando los segundos y escuchando el barajar y los susurros incoherentes en la cocina.
Cuando llego a un minuto y cincuenta y ocho segundos, estuvo a punto de estallar por la impaciencia, pero la puerta se abrió, y una luz entro al pasillo. Weasley salió sin prisa con un predecible fruncimiento de ceño en su rostro, y ni siquiera miro a Draco cuando paso como si nada a su lado y se dirigió a las escaleras. Luego salió Potter con una caminata más provisional, como si estuviera considerando detenerse y decir algo, y Draco frunció el ceño cuando el Niño-Que-Sobrevivió se detuvo frente a él para hacer precisamente eso.
— ¿Qué?
—Escucha, Malfoy —Harry se apresuro. —No intentes detenerla…
—Esto no tiene nada que ver contigo, Potter, vete a la mierda…
—Tiene que ver conmigo. Mira, no me gusta del todo, pero sé que ahora eres parte de la vida de Hermione, y tienes que reconocerme como parte de su vida también. Ella es familia para mí, como una hermana…
—Estoy totalmente consciente de su condenada relación —Draco lo interrumpió. — ¿Cuál demonios es tu punto?
—Mi punto es que la conozco, y sé que si tratas detenerla, ella te va a resentir por eso —dijo, lo suficientemente bajo para que sólo ellos escucharan. —Hermione no puede ser persuadida. Cuando pone su mente en algo, lo hace. No intentes cambiar eso, porque es lo que la hace brillante, y quien ella es.
Draco mantuvo los músculos de su rostro tensos, intentando no parecer afectado. — ¿Terminaste?
—Sí.
—Bien. Entonces lárgate a la mierda.
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Hermione estaba inquieta por los nervios después de que había lanzado un Muffliato, retorciendo las manos y haciendo nudos con los dedos mientras Draco regresaba a la cocina con el ceño fruncido arrugando sus rasgos. Ella pudo prácticamente sentir el enojo radiando de él, golpeándola en oleadas, y resistió la tentación de morderse el labio. Él dio una, dos, tres pasos hacia ella, sus ojos nunca dejándola de mirar, y la quemaba, estaba así de enojado. Pero ella se negó parecer influida, manteniendo su expresión firme y decidida hacerle frente como cualquier otro desafío; con una mente tranquila y lógica.
—Draco…
— ¿Estás planeando irte? —pregunto él, arrastrando cada palabra. — ¿Y bien? ¿Es así? ¡Vamos, Granger, dijiste que hablaríamos!
—Escucha, no es tan simple…
— ¿Sí o no, Granger?
Ella se rindió y se mordió el labio. —Sí.
La sombra oscura y dañada que se extendió por su rostro hubiera sido casi hermosa si no fuera tan desgarradora, y ella no sabía si quería estirar los brazos y abrazarlo o apartarse así no tendría que verlo. Se mantuvo quieta y espero para que reaccionara, ignorando la punzada de culpabilidad que le atravesó el corazón. Esto es exactamente lo que ella esperaba evitar.
— ¿Cómo mierda pudiste mentirme? —pregunto él.
—No mentí, sólo no te lo dije…
— ¡No te atrevas intentar con esa chiquilinada! ¡Me mentiste, así de simple! ¿Qué diablos sucede contigo?
—Draco, es que no pude…
—Entonces ¿cuál es el plan? —la interrumpió de nuevo, resoplando ante su ceño fruncido por la confusión. — ¡Oh, vamos, Granger, ambos sabemos que siempre tienes un plan para todo! ¿Esperas qué crea que sólo vas a improvisar sobre la marcha?
—No creo que pueda…
— ¡DIME CUAL ES!
Ella se estremeció ante el volumen vibrante de su voz y luego suspiro, frunciendo los labios pensativa. Por supuesto que tenía un plan, ella era Hermione Granger, pero nunca había anticipado tener que revelárselo, y la idea de hacerlo era tan extrañamente desalentador. Considero negarse, pero al juzgar la forma en que sus uñas se estaban clavando en sus palmas, él estaba preparado para ir debilitando su reticencia por horas. Y ella no tenía horas.
—Está bien —murmuró ella, juntando un poco de coraje. —Sí, tenemos un plan.
Las fosas nasales de Draco se agrandaron. —Dime.
—Cuando estuvimos en la Mansión Malfoy, Bellatrix insinuó que ella podría tener un Horrocrux en su bóveda en Gringotts —explicó ella, y estaba sorprendida lo distante que sonaba. Su tono era calmado y severo, como si estuviera dando una clase muy similar a McGonagall. —Encontré uno de los cabellos de Bellatrix en mis prendas, y tengo intenciones de utilizar Poción Multijugos para hacerme pasar por ella para obtener acceso a su bóveda así Harry, Ron, y yo podemos examinar su contenido, y esperamos encontrar un Horrocrux.
Ella no se había dado cuenta que se había quedado sin respiración hasta que la última palabra había dejado sus labios. Observó a Draco con atención cuando su rostro paso de sorprendido a indignado, su entrecejo se frunció y su boca se abrió ligeramente, como si apenas la reconociera, o no pudo comprender lo que ella había dicho.
— ¿Te has vuelto completamente loca? —espetó él incrédulo. —Primero que nada, los Duendes van a ver directamente a través de…
—Griphook estuvo de acuerdo de ayudarnos con eso.
— ¿Estás confiando en un Duendes? ¿Tienes alguna idea lo astutos que…?
—Hemos hecho un trato con él —declaró con confianza. —Tenemos un seguro…
—Y no hay manera de que puedas lograr imitar a Bellatrix…
—Conozco suficiente bien sus gestos…
—Y van haber Mortífagos en Gringotts…
—Y vamos a ser capaces de manejarlo…
—Bueno, si es un plan a prueba de tontos, entonces porque no puedo…
—Sumar otra persona al plan ahora sería demasiado complicado, además, te pueden reconocer…
— ¡BASTA! —grito él furioso. — ¡Sólo basta! Basta de actuar como si esto fuera jodidamente sensato! ¡Van hacer que los maten!
Ella dejo caer los hombros. —Draco, ésta es la única manera.
Él brazo de él salió disparado como un látigo, golpeando unos cuantos vasos de la mesa, y haciéndose añicos a sus pies. — ¡PATRAÑAS! ¿Por qué tienes que hacer esto? ¿Por qué no simplemente dejan que la Orden se encargue? ¿Por qué tienes que jugar el papel de maldito héroe?
—Porque ellos no van a encontrar los Horrocruxes. Sólo Harry puede encontrarlos.
— ¿De qué diablos estás hablando?
— ¿Recuerdas que te dije acerca de los sueños de Harry? —dijo ella, mirando al charco de vidrios. —Son más que eso. Harry está de alguna manera… conectado a la mente de Quien-Tú-Sabes. Ve cosas, y puede sentir cosas, incluyendo los Horrocruxes.
Draco vacilo, pasándose los dedos por el pelo. —Bien, entonces ¿sabes qué? Deja que Potter lo haga.
—Sabes que no puedo hacer eso.
— ¿Por qué no? —le exigió. —Esta es su maldita guerra, deja que él se encargue de eso…
— ¡Esta es tanto mi guerra como lo es de Harry! —grito ella, apuntando contra su propio pecho. —Hija de Muggle ¿recuerdas?
—Eso no es…
— ¡Y también es tu guerra! ¡Y la de tu madre y de tu padre! ¡Y Tonks y Remus, y Blaise, y Theo, y Luna y todos los demás que conocemos! —estaba respirando agitada para el final de su feroz diatriba. —Y ni se te ocurra pensar por un momento que voy a quedarme sólo sentada a un lado y a observar…
— ¡Si ésta es también mi guerra, entonces no veo motivos por el cual no esté invitado a su condenado intento de suicidio!
—No —se quejo cansada. — ¡Te lo he dicho! Agregar otra persona al plan ahora sería demasiado peligroso, y alguien puede fácilmente identificarte! Sin mencionar que no te llevas bien con Harry y Ron, y ¡eso puede causar todo tipo de problemas! ¡Serías otra carga y otro riesgo que no podemos permitir!
Él arrojo los brazos en el aire irritado, su temperamento caldeando. —Siempre tienes que tener una respuesta para todo ¿verdad? Si no voy, entonces tú tampoco irás.
— ¡SÍ, LO HARE!
— ¡DOS VECES, HERMIONE! —le grito, y hubo algo sobre la forma en la que su voz se quebró que la hizo jadear. — ¡DOS MALDITAS VECES!
Ella le parpadeó, su pecho se entumeció mientras lo miraba cerrar los ojos con fuerza, como si estuviera con dolor. —Dos veces ¿qué? No entiendo.
— ¡Tuve que perderte dos veces! La primera vez cuando me Petrificaste en Hogwarts, y la segunda vez cuando te trajeron de regreso aquí y ¡pensé que estabas muerta!
Seguía hablando en un tono fuerte, su voz resonando alrededor de los azulejos de la cocina, y había un murmullo desesperado y quebrado en su garganta que era devastador. Pero sus ojos, Dulce Merlín, sus ojos fueron lo que la arruino. Él apenas podía mirarla, pero ella vio el tormento plagados en ellos, el dolor, y eso la dejo sin habla.
—Dos veces —repitió él en voz baja. —Y me niego hacerlo otra vez —. Hizo una pausa y negó con la cabeza. —No puedo.
Hermione se humedeció los labios secos. —Draco, sabes que esto es duro para mí también.
— ¿Lo es? —siseó él, y el enojo regreso a su rostro rápidamente. —Fue lo suficientemente fácil para que me mintieras.
— ¿Fácil? —repitió ella, la ofensa intensa en su voz. — ¿Crees que esto es fácil para mí?
—Bueno, sin dudas lo manejaste como una profesi…
— ¡CALLATE! —le replicó ella, y pensó que él podría haber vacilado un poco. — ¡Cómo te atreves suponer que esto es fácil para mí! ¿Crees que fue fácil Petrificarte y enviarte lejos? ¿Crees que fue fácil enviarte a un lugar y no saber si te volvería a ver?
—Bueno, no fue exactamente una experiencia placentera para mí…
— ¡Déjame terminar! — golpeó la mesa con la última silaba. — ¡Tú viste lo difícil que fue para mí!¡Me rompió el corazón tener que hacer eso, y me niego hacer eso otra vez! ¿Entiendes eso? ¿Tienes alguna idea de lo duro que es decirle a una estatua que la amas, y luego enviarla lejos sin tener ninguna idea de que es lo que siente por ti? ¡Eso me destrozó!
Draco la estaba estudiando con atención desde el otro lado de la sala, mirando como su pecho estaba agitado y sus manos temblaban por la emoción. Se pregunto porque seguían tan apartados. —No tenías que Petrificarme —dijo lentamente. —Esa fue tu decisión.
— ¡Esa fue la decisión a la que me llevaste! —grito ella, y podía sentir que sus ojos le comenzaban a picar mientras intentaba sofocar un gemido frustrado con el dorso de su mano. —No quiero volver hacer eso otra vez. No lo haré. Eso fue… horrible, y sabía que tú intentarías detenerme otra vez, y… decir adiós simplemente no funciona con nosotros.
—Entonces qué, ¿sólo ibas a desaparecer? —pregunto él.
—No, por supuesto que no. Iba a dejarte una nota.
—Oh ¿una nota? —comentó con sarcasmo. — ¡Excelente! ¡Qué jodidamente considerado de tu parte!
—Maldita sea, Draco ¿qué otra cosa se suponía que debía hacer? —Ella podía saborear las lágrimas en las comisuras de su boca. —No puedo ganar ¿verdad? ¿Qué puedo hacer?
— ¡Quédate aquí!
— ¡NO! ¿Cuando se te va a meter en la cabeza? ¡ . ! ¡Y no hay nada que puedas hacer al respecto! ¿Por qué no puedes aceptar eso?
— ¡PORQUE TE AMO! —le espetó descuidadamente, su rostro arrugado en agonía completa, y Hermione quedo en un silencio pasmado.
Él se inclino hacia adelante y se agarro de la mesa, y ella pensó que él tal vez podría estar llorando, pero él estaba encorvado y el flequillo estaba ocultando sus ojos. Aunque ella pudo ver que sus hombros temblaban, como si su cuerpo estuviera intentando contenerse, y su mirada ausente bajo hacia las venas tensionadas que salían de sus brazos, y luego a sus nudillos blancos. Estaba respirando con dificultad; ella lo pudo escuchar succionando cada respiración entre sus dientes apretados, y cuando trago saliva, era más como a un sonido ahogado, como el sonido de un animal cercano a la muerte haría, y eso la desgarró.
Toda su energía parecía brotar de él, y se dejo caer al suelo, desmoronado, agotado y desanimado. Luego Hermione se estaba moviendo, sin importarle los fragmentos de vidrio punzante clavándose en sus pies antes de que se arrodillara delante de él e intento tomar su rostro con las manos. Él echó la cabeza hacia otro lado, pero ella persistió, sujetando su rostro con la suficiente firmeza que pensó que sus pómulos afilados podrían cortarle los pulgares. Llevando su rostro cerca al de él, busco sus ojos, frunciendo ceño cuando se dio cuenta que estaban rosados, sus pestañas húmedas, sus labios apretados, y su mandíbula tan apretada que se preocupo que pudiera romperse los dientes.
—Lo sé —le dijo ella suavemente. —Sé que lo haces, y te amo…
—Entonces no vayas…
—Draco, por favor —. Dejo caer su frente contra la de él y sintió como su entrecejo se arrugaba sobre el de ella. —Ya es suficiente.
Él negó con la cabeza con vehemencia. — ¿Por qué tú?
Ella suspiro y empujo los dedos en su cabello, apartando los mechones demasiado rubios de su flequillo de su rostro. — ¿Alguna vez piensas en un futuro para nosotros? —pregunto. —Yo lo hago, y no quiero que nos tengamos que esconder. O huir.
—Preferiría huir contigo que caminar solo —dijo él.
—Lo siento —ella frunció el ceño. —Pero no es una opción para mí. Quiero más que eso, y creo que podemos ganar. Creo que Harry puede hacer esto, y tengo que ayudarlo. Necesito hacer esto. Es sólo… quien soy.
Draco apretó los dientes cuando la voz de Blaise invadió de nuevo su cabeza.
«Intentar detenerla sería como pedirle que no fuera…ella.»
Él succiono una larga y temblorosa respiración en sus pulmones, inflando tanto su pecho que lo presiono contra el de ella, y Hermione juro que pudo sentir el latido de su corazón, y se sintió más lento de lo que debería ser. Él se aparto de ella otra vez, mirando a un trozo de cristal que sobresalía de su rodilla, y él la arranco como un pétalo delicado. Y luego otro en su pantorrilla. Y luego otro. Y otro. Y ella pensó que era tan típico de ellos, temblando sobre una alfombra de vidrio triturado, sangrando y murmurando confesiones de temores y amor.
—Si la bóveda de Bellatrix se parece en algo a la de mi madre, habrá un estante en lo alto en la parte de atrás donde los objetos más valiosos son guardados —dijo él tan rápido que ella apenas lo capto. —Si el Horrocrux tiene que estar en algún lado, estará allí.
Ella quedo boquiabierta, con los ojos abiertos de la sorpresa y esperanza. — ¿Estás de acuerdo con esto?
—Por supuesto que no —resoplo él. —Odio jodidamente toda la idea.
— ¿Pero?
—Pero… —exhaló él, su voz tensa y reticente. —Te dejaré… desaparecer.
El calor que se precipitó en su cuerpo era una mezcla inmensa de alivio, gratitud, y amor, y envolvió los brazos alrededor de su cuello, fusionando su cuerpo con el de él, casi aplastándolo en un abrazo que esperaba expresar lo mucho que lo adoraba en ese momento. Ella sintió que sus brazos se deslizaron alrededor de ella, sus dedos clavándose a sus lados, casi dolorosamente. Retirándose un poco y llorando de nuevo, ella beso su barbilla, luego su mejilla, y luego finalmente sus labios tensos. Siguió besándolo hasta que se ablandaron y respondieron, vertiendo todo en su corazón en su boca, y tragando todo lo que él respiraba en la de ella, pero termino cuando un sollozo exploto desde su garganta.
— ¿Cuando? —pregunto Draco.
—Pronto —murmuro ella entre sollozos. —Muy pronto.
Él asintió distraído, sabiendo por experiencia que ella no iba a dar más detalles, y ahora él estaba demasiado cansado para discutir. Sin ni una palabra, se puso de pie, levantadonla en sus brazos y bajándola con cuidado lejos del charco de cristales con poco cuidado de sus propios pies destrozados. Ella lo ayudo a quitarse los fragmentos de sus tobillos, talones, y planta de los pies, y luego curo las heridas punzantes desparramadas con algunos movimientos de la varita de Bellatrix, todo en silencio, como si no hubiera más nada que decir.
—Fue en serio lo que dije —murmuró él después de que todo el vidrio y la sangre se había desvanecido de la sala. —De que te amo.
—Lo sé —dijo ella. —Te amo, y quiero que sepas que estoy… estoy muy orgullosa de ti…
—No necesito que estés orgullosa de mi, Granger —la detuvo. —Sólo regresa a casa.
—Lo hare —ella estuvo de acuerdo, como si pudiera prometer o predecir tal cosa, pero ambos sabían que ella no podía, y eso de alguna manera lo hizo bien. —Draco, no le puedes decir a Tonks ni a Remus…
—No lo haré —Otra promesa. La primera que él podía recordar. —No diré nada.
Ella forzó una sonrisa de agradecimiento y se paso los dedos por el pelo. —Deberíamos ir a la cama.
Ella quiso tomar su mano, pero él la esquivo, dirigiéndose a su dormitorio sin mirar atrás para ver si ella si quiera lo estaba siguiendo. Ella por supuesto que iba, aún así cuando entraron a la habitación y comenzaron a desvestirse para ir a la cama, él no la miro, no hablo.
Fue sólo cuando estuvieron en la cama que él pareció reconocerla, pasando los brazos alrededor de su cintura tan fuerte que él pensó que debió dolerle un poco, pero ella no protesto. No se resistió. Él beso el espacio entre sus cejas mientras que ella besaba su mandíbula, encerró los brazos alrededor de ella como un jaula e intentando con dificultad de no sucumbir ante la fuerza persistente del sueño.
Pero lo hizo, y cuando se despertó en la mañana, sus brazos estaban fríos y vacíos, y supo que ella se había ido. Otra vez.
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N/A : El comentario de Theo en el principio sobre golpear a Draco viene de una tradición donde pellizcas y golpeas a alguien el primero de cada mes. Lo hacemos en El Reino Unido, y algunas personas me dijeron que esto no era internacional, así que pensé que debía explicarlo, ¡por si acaso!
NdT: Bueno Feliz 2016… Espero que hayan comenzado un buen año, yo me atrase un poquito, pero acá estoy y vuelvo a repetir que no me voy a retirar hasta terminar esta historia. Juntos hasta el final.
No me voy a extender mucho, sé que es otro capítulo que te deja con las emociones a flor de piel y de esa manera única que Bex tiene para describir las escenas que lo hace… no sé… tan poético, lamentablemente otra despedida, pero es todo por una causa y todo por un futuro…¿cómo lo sintieron ustedes?
Esperando sus comentarios, las despido por el momento, deseándoles lo mejor de lo mejor. Un beso y un gran abrazo.
06 de Febrero del 2016
Sunset82 ;-)
