Todos los personajes de Ranma ½ pertenecen a Rumiko Takahashi
Marido & Mujer
por
Freya & Sakura
Hola chicas! Como avisamos por el facebook y a algunas por mail, vinimos este sábado a actualizar… esperamos que la espera haya valido la pena! ;)
Segunda Parte
Capítulo 18: Knock out
Habitación del hotel…
En menos de quince minutos Ranma ya había cargado su mochila con lo necesario para el viaje: alimento en latas, ropa y otros enseres útiles. —¡Tenemos que apresurarnos, mi gran amigo! —sonrió falsamente Ranma palmeando la espalda del joven de la bandana—, sabes que a pesar de todo te aprecio mucho ¡je! —agregó con una sonrisa radiante.
El muchacho rodó los ojos, desde que les había contado lo sucedido con el mapa y que existía una sucursal de Jusenkyo cercana, la actitud de Ranma había cambiado mucho. — Deja de exagerar, idiota —masculló mirándolo por el rabillo del ojo—, tenemos que volver lo antes posible… seguro Ukyo está preocupada —añadió murmurando más para sí mismo las últimas palabras.
Akane frunció el entrecejo, desde que habían llegado al hotel se sentía algo ignorada por los hombres. —¿No estarás pensando en dejarme en el hotel, verdad? —preguntó mirando llamando inmediatamente la atención de su marido.
El muchacho de la trenza sonrió con ternura para luego acercarse a su esposa y besar su frente. —No tardaremos koishii, puedes esperar tranquila, prometo que mañana tu esposo será un hombre por completo —afirmó con una sonrisa radiante tomando sus manos.
Un escalofrío recorrió la espina de Ryoga, tenía el presentimiento que Ranma acabaría volando gracias a una patada de su dulce esposa y que ella acabaría acompañándolos aunque él se negara.
Akane arqueó levemente una ceja. —¿Es broma, no? Ni siquiera pienses que voy a quedarme aquí —bufó alejándose de él para arreglar sus cosas—, además tengo un asunto pendiente con Shampoo —masculló entre dientes.
—¡Akane! ¿para qué quieres ir? ¡Sabes que es muy peligroso! —exclamó acercándose a ella para tomar uno de sus brazos y hacerla voltear delicadamente hacia él—. No quiero que te arriesgues, te quedarás aquí, te lo ordeno como tu marido —afirmó convincente mirándola a los ojos como si aquel argumento fuera suficiente para convencer a la jovencita de cabellos azules.
Frunciendo levemente el entrecejo subió el rostro para dedicarle una fulminante mirada. —No voy a quedarme aquí sola, además como mi marido tu deber es protegerme si crees que no puedo hacerlo sola, entonces si voy con ustedes no correría ningún peligro ya que mi esposo me cuidaría —replicó desafiándolo con la mirada a rebatir su argumento.
—Je… no tienen que discutir… el camino no es peligroso —comentó Ryoga intentando evitar una discusión que estaba seguro podría durar horas.
Ranma prefirió ignorar el comentario del joven del colmillo. Le convenía mantener la amistad hasta que llegara al lugar que tanto deseaba. —Oe… koishii, creo que deberías considerar la idea de tu esposo —susurró por lo bajo en el oído derecho de la chica—, estoy seguro que podría protegerte, pero no sé si tu cumplirías tu parte de hacer lo que te ordenara… y además, es menos peligroso quedarte aquí, ¿no crees? —susurró ronco acariciando con sus manos la cintura de la muchacha ignorando por completo la presencia de Ryoga.
—Digas lo que digas no voy a cambiar de opinión —espetó seriamente—, no vas a conseguir nada coqueteándome… además… yo quiero estar contigo —finalizó sonrojada susurrando las últimas palabras para sólo fueran escuchadas por su esposo.
El muchacho de la bandana rió abiertamente. —Te va mejor coqueteando cuando te conviertes en chica, nenita —comentó burlesco.
Ranma lanzó el primer objeto que encontró cerca de su mano hacia la cabeza del joven de la bandana. —¡Vete al diablo, imbécil! —exclamó molesto— ¡Necesito privacidad con mi esposa! ¡o sales caminando o volando! —agregó amenazante mirándolo fijamente.
Antes que Ranma se lanzara sobre el otro muchacho, Akane decidió intervenir: —¿Ryoga-kun, podrías dejarnos a solas por favor? —preguntó dedicándole una dulce sonrisa consiguiendo inmediatamente que saliera— No voy a dejar que vayas solo —afirmó decidida—, además dijiste que cuando nos casarnos me llevarías contigo a todas partes —agregó sonriente.
—Diablos… parece que no vas a desistir —murmuró Ranma mirando a la muchacha de reojo con un leve matiz de rubor en sus mejillas ante la radiante sonrisa de su mujer.
Los labios de Akane se curvaron en un instante en una traviesa sonrisa. —No, pero de todos modos podrías intentar lo que pretendías hacer cuando echaste a Ryoga-kun de la habitación —pronunció suavemente subiendo el rostro para dedicarle una coqueta mirada—. ¿Pretendías intentar seducirme? —preguntó esperando que lo hiciera de todos modos.
El muchacho se acercó a su mujer para tomarla delicadamente de la barbilla. —Tal vez… pensaba que podría ser una buena arma a mi favor, pero veo que tú eres mejor en eso, lo admito —susurró ronco acariciando sus mejillas con ambos pulgares.
—Un momento… ¿quién dijo que te estoy coqueteando? —preguntó divertida mientras apoyaba sus manos sobre el torso de Ranma—. No tendría por qué hacerlo… ya conseguí lo que quiero —sonrió deslizando sus manos hasta apoyarlas sobre los hombros del muchacho.
El joven acarició los cabellos de la mujer, acomodándolos detrás de sus orejas. —Siempre lo consigues, diablos… soy muy débil contigo, también tengo que admitir eso, ¡je! —murmuró con una media sonrisa besando levemente los labios de la chica.
—Cierto…te has vuelto un poco más fácil que antes —comentó divertida una vez que dejaron de besarse—, pero… tú también logras convencerme de algunas cosas con mucha facilidad —murmuró sonrojada rozando levemente sus labios—. Tal vez durante la expedición… podamos… ya sabes… ir al bosque —balbuceó ruborizada depositando pequeños besos en su boca.
Ranma asintió entusiasmada abrazando a la chica por la espalda para pegarla a su torso. —Es un hecho, iremos al bosque luego de acabar con este asunto… tenemos que conocer esas termas vírgenes que te comenté, debe haber lugares fabulosos para que exploremos a solas, koishii —susurró gutural besando uno de los lóbulos de la mujer.
Una coqueta risita escapó de su garganta. —¿Solo quieres conocerlas o quieres ir a —Una fuerte tos proveniente desde el otro lado de la puerta interrumpió sus palabras—. Etto… tal vez deberíamos terminar de arreglar todo para partir pronto, ¿ne? —preguntó completamente ruborizada, había olvidado que Ryoga los esperaba al otro lado de la puerta.
Ranma frunció el ceño completamente irritado por la interrupción inoportuno del joven de la bandana. Quería seguir con aquella conversación y comentarle de todos lo que había imaginado en aquel bosque, pero su libido había bajado considerablemente gracias al maldito idiota. —¡Ahora mismo voy a deshacerme de él! —exclamó molesto yendo en dirección hacia la puerta. Había olvidado por completo el trato especial hacia Ryoga, ¡era el colmo!
—Oe… no tenías para qué enfadarte tanto —bufó Ryoga mirando de reojo a Ranma—, no podía esperarte toda la vida, idiota, deberías agradecerme —comentó mientras caminaba con la pareja en dirección al ascensor.
—Ryoga-kun tiene razón —comentó una ruborizada Akane—, es mejor partir antes que oscurezca y… bueno… si hubieses intentando convencerme… no… no habríamos salido a tiempo —comentó avergonzada. Estaba segura que si Ryoga no los hubiese interrumpidos ellos no habrían partido hasta el día siguiente.
—¡Diablos, pero debió esperar cinco minutos más! ¡Entrometido! —bufó aún molesto. Pero se había encargado de propinarle un par de golpes merecidos— Ryoga… ¿Dónde están los demás? —preguntó curioso olvidando por algunos segundos aquel asunto.
El muchacho de la bandana meditó durante algunos segundos mientras subían al ascensor. —A varios días de aquí, estábamos muy lejos de Kyoto… y aún no sé cómo logré llegar en sólo unas horas... je… soy muy rápido —espetó orgulloso de sí mismo.
Ranma oprimió el botón final luego que todos estuvieran dentro del mismo. —Diablos… estamos a diez minutos de Kyoto a paso lento, ¿Dónde está tu rapidez, cerdito? —preguntó con un ademán burlón.
—Eso no es posible —bufó frunciendo el entrecejo—, desde donde estaba el campamento, avancé varios metros y subí un par de colinas… tú no conoces nada —espetó convencido que el otro muchacho era un idiota que no sabía dónde estaba parado.
—¡Ja! Pobre idiota —sopló Ranma mirando con indiferencia a su eterno rival—, en unos pocos minutos vamos a llegar, entonces —afirmó—, tienes que mantenerte detrás de mí, recuérdalo —agregó mirando serio a su esposa.
—¡Ja! Ya verás que estás equivocado, idiota —afirmó convencido Ryoga, nadie conocía mejor cada camino y ruta de Japón que él.
—¿Mantenerme detrás de ti? —preguntó arqueando levemente una ceja—¿De qué demonios estás hablando? —bufó molesta.
Ranma rodó los ojos en respuesta al muchacho de la bandana. Luego tomó de uno de los brazos a su esposa. —Acepté que vinieras solo con la condición que aceptarías mi ayuda ¿no fue así? —preguntó mirándola fijamente.
—En realidad aceptaste que viniera cuando dije que quería estar contigo, baka —pronunció en un suave susurro provocando inmediatamente un intenso rubor en las mejillas de su esposo—, además no necesito tu ayuda dentro del hotel —comentó divertida.
Ryoga miró de reojo al sonrojado muchacho de la trenza. —Y pensar que cuando te lo pregunté por primera vez dijiste que no te gustaba Akane-san, mírate ahora… —comentó burlesco.
Luego de atravesar la puerta automática del ascensor Ranma le dirigió una mirada amenazante fallida al joven del colmillo: su rubor en el rostro lo delataba. No podía asustar a nadie. —¡Diablos! ¡Voy a acabar contigo antes que lleguemos a destino y eso no está dentro de mis planes! —murmuró molesto.
—Solo dije la verdad, nenita, no entiendo por qué te alteras tanto —afirmó relajado cruzando sus brazos detrás de la nuca.
Akane tomó la mano de su esposo antes que este pudiera lanzarse a atacar a Ryoga. —Si siguen discutiendo no lograremos llegar al campamento antes que anochezca —pronunció mirando de reojo a los encargados del hotel, por alguna razón que no comprendía no dejaban de observarlos.
—¡Akane-sama! ¡Desde hoy eres nuestra ídola! —soltó Yamato mirando a la muchacha y luego al par de jóvenes— ¡No sabía que tenías tanto poder hermos…! —se interrumpió algo sonrojado apreciando la figura frágil de la chica. Era increíble que una muchachita así pudiese con aquel par.
—Y nosotros pensábamos que teníamos que admirar a Ranma… ¡Qué equivocados estábamos! —exclamó un sonriente Takeru, estaba convencido que Akane era el sueño de todo hombre.
—¿Quiénes son estos tipos y de qué rayos están hablando? —preguntó Ryoga frunciendo levemente el entrecejo.
—¡Estamos diciendo que Akane-sama es muy fuerte para… para… para estar con los dos a la vez! —soltó el joven de cabellos rubios mirando furiosamente sonrojado a la muchachita que aparentaba ser frágil pero que en ese momento era su ídolo en asuntos de alcoba.
El muchacho de la trenza apretó los puños. Lo único que deseaba en aquel instante era pulverizar al maldito par de degenerados al pensar e imaginar a su esposa en esa situación. —¡Esto van a pagarlo! ¡Y no importa lo que digan! —exclamó molesto colocándose en posición de combate.
—¡Malditos degenerados! ¡Cómo se atreven a pensar mal de un ángel como Akane-san! —espetó un alterado Ryoga colocándose en guardia al lado de Ranma— Voy a ayudarte a dejarlos buenos para nada —masculló mirando amenazante a los dos muchachos.
Durante algunos segundos Akane miró perpleja a los muchachos sin entender muy bien de que demonios estaban hablando; cuando lo hizo rápidamente se abrió paso entre Ranma y Ryoga. —¡Ahora si voy a acabar con ustedes, pervertidos! —gruñó enfurecida.
Ranma se interpuso entre su esposa y el par de recepcionistas atemorizados. —¡Momento! ¡El que lavará nuestra honra seré yo, déjamelos a mí! —afirmó mirando con furia al par de jovencitos. Se encargaría de callar la boca de ese par de entrometidos de una vez por todas. Era la gota que derramó el vaso.
La amazona miró de reojo a una nerviosa Ukyo. —Shampoo no entender por qué tú estar tan nerviosa, chico-cerdo volverá… aunque tal vez tarde algunos meses —comentó entre risas—. De todos modos eso no importar, nosotras tenemos las tres partes del mapa —afirmó sonriente.
Ukyo miró de reojo a la jovencita amazona. —Como siempre tan simpática, Shampoo —murmuró mordaz para luego lanzarle una mirada amenazante—, algo me dice que llegará antes de lo que imaginamos —agregó para luego alejarse algunos pasos de la chica y comenzar a insultar por lo bajo el sentido de ubicación de su novio.
—¡No voy a esperar más a ese idiota! —espetó Mousse acomodándose los lentes—. ¡Si en media hora no aparecen nos vamos de aquí, Shampoo! —exclamó acercándose con las mejillas encendidas a la joven china. Inmediatamente tomó sus manos.
—Shimatta, estúpido Mousse, Shampoo estar aquí —bufó observando con el ceño fruncido a su esposo que sujetaba las ramas de un pequeño arbusto convencido que se trataba de ella.
—¡Shampoo, mis lentes no están funcionando! —exclamó lanzándose nuevamente hacia la muchacha consiguiendo abrazar nuevamente un árbol— ¡Maldición! —chilló frustrado luego de herirse con unas zarzas en el suelo.
—Tonto, Mousse, esta noche tú dormir con los arboles —bufó cruzándose de brazos volteando el rostro para ignorar a su suplicante esposo.
No habían pasado ni un par de minutos cuando de entre los arboles aparecieron un alegre Ryoga junto a Ranma y Akane que parecían algo molestos.
—Les dije que mi instinto era el mejor, sólo tardamos un par de horas en llegar —comentó radiante el muchacho del colmillo ignorando por completo el hecho de que habían partido del hotel varias horas atrás.
Akane miró de reojo a ambos muchachos aún molesta. —Habríamos llegado antes si me hubiesen dejado pelear con ese par de idiotas —bufó cruzándose de brazos.
—¡Oe! Yo no tengo la culpa que este maldito idiota no tenga el maldito sentido de la orientación desarrollado —se quejó lanzándole miradas asesinas al joven de la bandana—, etto… con respecto a lo que decías, koishii… no podías golpearlos, era mi deber como esposo defender tu honra —afirmó mirándola de reojo.
—Óyeme mi sentido de la orientación es excelente, tardamos sólo unas horas en llegar tan lejos de Kyoto —comentó algo distraído Ryoga buscando con la mirada a Ukyo, sólo veía a Shampoo con el idiota de Mousse a sus pies.
Algo ruborizada la muchachita observó a Ranma. —Hai, pero eso no quita que yo tuviera ganas de molerlos a golpes —afirmó frunciendo el ceño al recordar.
—No te preocupes, ya tuvieron su castigo merecido… si quieres cuando volvamos les daré uno más por ti —afirmó con una media sonrisa.
La muchacha arqueó levemente una ceja. —¿Y por qué no puedo hacerlo yo? —preguntó dedicándole una fiera mirada.
—¡Por qué soy tu esposo y debo defenderte yo mismo! —espetó mirándola fijamente.
—Nadie dijo que no lo hicieras, lo único que quería era golpearlos un poco antes que acabaran con ellos —espetó correspondiendo a su mirada.
—¡Je! entonces querías mi ayuda, koishii… —murmuró el joven de la trenza con una media sonrisa acercándose a su mujer para tomarla de la mano.
—¡Diablos! ¡Pensé que demorarían más! Es más… creí que llegarían en dos días —chilló la joven de las espátulas acercándose al grupo para abrazar efusivamente a su novio
El rostro del muchacho enrojeció en menos de un segundo, y no sólo por sentir cada una de las curvas del cuerpo de su novia pegado al suyo sino porque podía sentir perfectamente las miradas de los demás. —¿Po…por qué tardaría tanto? Conozco mu… muy bien esté lugar —pronunció con dificultad al sentir a la muchacha acercarse aún más a su cuerpo.
—Vaya, Shampoo nunca imaginar que chico-cerdo facilitarnos las cosas al traerlos con él —comentó observando a la reciente pareja de esposos.
—Si no lo hubiese ayudado no habríamos llegado en un mes —se quejó Ranma mirando de reojo al muchacho de la bandana que de un momento a otro expulsaría un chorro de sangre por su nariz por causa del abrazo poco inocente de su novia.
—¡Íbamos a irnos! ¡Maldito Saotome, siempre tienes que entrometerte en nuestros asuntos! —chilló Mousse buscando con desespero sus lentes.
—Mousse, no meterse en esto, ser importante que Ranma acompañarnos —afirmó la amazona provocando con sus palabras que Akane sujetara con más fuerza la mano del muchacho.
—De qué demonios estás hablando —masculló entre dientes Ryoga olvidando por un segundo a la muchacha que aún seguía colgada de su cuello—, estuviste todo el camino mirando como un idiota a Akane-san.
—¡Deja de decir estupideces, baka! —se quejó Ranma mirando de reojo a Shampoo. Todavía estaba molesto por lo que había sucedido noches atrás en la luna de miel.
Al notar la mirada del muchacho, los labios de la amazona se curvaron inmediatamente en una irónica sonrisa. —¿Ranma no agradecer regalo especial de Shampoo? —preguntó fijando su mirada en la furiosa muchachita de cabellos azulados.
Akane presionó con fuerza la mano de su esposo, con el aura totalmente encendida fulminó con la mirada a la otra chica. —Shimatta…maldita mujer —masculló entre dientes deseando con todas sus fuerzas lanzarse sobre ella para darle una buena paliza—. ¡No creas que tu estúpido truco funcionó! Tal vez debería agradecerte, recuperamos muy bien el tiempo perdido luego —espetó intentando soltarse de la mano de su esposo para cumplir sus deseos y darle las gracias de una manera muy especial a la amazona.
—Y vaya que lo recuperamos —murmuró para sí Ranma notablemente sonrojado por la afirmación de su esposa frente a la amazona y todos los presentes—. ¡Por qué diablos se te ocurrió colocar eso en mi maleta, Shampoo! —inquirió cambiando completamente de expresión al recordar la frustración de aquella noche y el trabajo que le costó convencer a su esposa. Aunque los frutos habían sido muy buenos. Su esposa ardía de la rabia, decidió que lo mejor sería tomar precauciones: con cuidado tomó una de sus muñecas para acercarla más a su cuerpo.
—Shampoo pensar que Ranma y Akane necesitar descansar luego de la boda —comentó fingiendo inocencia.
La rabia que sentía se vio levemente atenuada cuando su esposo se encargó de acercarla a su cuerpo para luego rodear con uno de sus brazos su cintura. Sólo después de algunos minutos logró asimilar las palabras de Shampoo. —¿¡Descansar? —exclamó sintiendo perfectamente como una pequeña vena latía en su sien.
El joven de la trenza ciñó aun más a su cuerpo a la muchachita de cabellos azules aunque en ese momento deseó darle su merecido a la amazona por su atrevimiento. —¡Chikuso! ¿aún sigues con tus juegos, Shampoo? —se quejó mirándola irritado.
—¡No hables con ese tono a mi amada Shampoo, baka! —chilló Mousse acercándose a Ryoga para amenazarlo con sus múltiples armas. El joven del colmillo se limitó a darle un pequeño puñetazo para alejarlo del grupo.
—¡Kuso, colócate tus gafas de una vez, estúpido cegatón! —protestó Ryoga mirando de reojo a Mousse que aún seguía en el piso producto de su puñetazo—. ¿En qué trampa de Shampoo caíste esta vez, baka? —preguntó volteando el rostro para mirar con curiosidad al chico de la trenza.
—Un momento, Shampoo no tender ninguna trampa, solo ser una broma —afirmó la muchacha observando con diversión la furiosa expresión de Akane.
—Suéltame, Ranma —ordenó Akane, lo único que deseaba era borrar de un buen golpe la sonrisa que adornaba la cara de la amazona.
—¡Esa tramposa siempre está inventando locuras para atraer a Ran-chan! —exclamó Ukyo abrazando nuevamente a su novio—, todavía no se resigna ¡lo perdiste! —espetó mirando a la chica con un gesto burlón.
—Shampoo hace mucho que entender que Ranma tener mal gusto, por eso casarse con Akane —comentó dedicando una fulminante mirada a Ukyo—. El regalo de Shampoo ser sólo una broma, nunca imaginar que Ranma pensaría en comer en su noche de bodas —bufó cruzándose de brazos.
Akane frunció el entrecejo, una vez más volvió a sentir deseos de asesinar a su esposo por no poder esperarla ese día sin comer aquellos bocadillos.
—¿Te pusiste a comer en tu noche de bodas? —preguntó algo incrédulo el muchacho eternamente perdido. Sabía que Ranma era algo idiota, pero nunca imaginó que lo fuera tanto.
—¡Diablos! ¡No tengo por qué contarte los detalles de mi luna de miel, idiota! —se quejó Ranma totalmente sonrojado por la indiscreción del chico de la bandana.
—¡Ran-chan! ¡Debiste adivinar que era una trampa! —reclamó Ukyo mirando a su amigo de la infancia como si se tratara de un niño pequeño o un retrasado mental.
Ryoga rió abiertamente. —Siempre supe que lo que más querías en este mundo era la comida, pero no pensé que te gustara más que Akane-san —comentó burlesco.
—Sólo a ti se te pudo ocurrir ponerte a comer en ese momento, baka —masculló entre dientes Akane intentando soltarse del fuerte agarre de su esposo.
—¡Rayos! Es que demoraste mucho tiempo, koishii —murmuró por lo bajo mirando de reojo a su esposa sin dejar de ceñirla a su cuerpo. A pesar de que intentaba hacer aquello por un motivo serio el calor comenzaba a recorrer su anatomía.
—No me tardé tanto —bufó Akane frunciendo levemente el entrecejo—. ¿Qué rayos esperas para soltarme, baka? —preguntó comenzando a sentirse avergonzada al estar siendo observados por los demás.
—Ser mejor que Ranma armar campamento antes de anochecer… Shampoo cocinará está noche —comentó observando divertida a los muchachos que parecían estar seguros que pondría algo en la comida.
—Prefiero cocinar yo mismo la cena —murmuró Ranma mirando con desconfianza a la joven china.
—No se preocupen chicos, traje en la mochila de Ryoga okonomiyakis extras para todos, nuestra cena está lista —sonrió Ukyo—, deberíamos acompañar con un poco de ramen… necesitamos leña y agua —agregó.
—No creo que a Ranma le moleste, después de todo ya es la segunda vez que devora la comida especial de Shampoo —comentó esbozando una media sonrisa al notar con diversión como el entrecejo de Ranma se fruncía considerablemente—. Seguro necesitabas del mismo efecto que te provocó aquella vez en el Neko hanten —añadió cruzando sus brazos detrás de su nuca mirando de reojo al muchacho.
—¡Mierda! Deberías encargarte de cuidar de tus asuntos con Ucchan y dejar a los demás en paz —se quejó el joven de la trenza prácticamente abrazando a su esposa por detrás para evitar que se escapara y le diera una serie de golpes a la voluptuosa amazona.
La sonrisa en que se curvaban los labios de Ryoga desde hacía unos minutos atrás aumentó considerablemente. —Al menos yo no caigo en trucos tan fácil, idiota —comentó relajado rodeando con uno de sus brazos la cintura de su novia.
Frustrada la muchacha de cabellos azulados frunció el entrecejo, Shampoo estaba fuera de su alcance cocinando y dedicándole burlescas miradas de vez en cuando. —¡Ranma! —protestó cuando en un nuevo intento de fuga su esposo había optado por abrazarla con firmeza desde atrás— ¿Qué estás esperando para soltarme, baka? —refunfuñó intentando moverse. Al no conseguir una respuesta, ya que el muchacho parecía más interesado en la batalla visual que tenía con Ryoga, decidió darle un fuerte codazo en el estomago—. ¡Chikuso, suéltame!
Ranma frotó la zona golpeada, el agudo golpe había cedido levemente el agarre de la chica, pero no por completo. Totalmente empecinado la ciñó aun más a su cuerpo, aún adolorido. —¡Tienes que controlarte! Después de todo, resultó bien, piénsalo desde ese lado —murmuró lo último por lo bajo.
Volteando levemente el rostro miró a su esposo. —¡Maldita sea, estoy controlada! —protestó deseando golpearlo con todas sus fuerzas para poder luego ajustar cuentas con Shampoo— ¿Piensas que vas a poder estar todo el día pegado a mí? —preguntó arqueando levemente una ceja.
—¿Y no te parece una buena idea? —preguntó el joven de la trenza con una media sonrisa en su rostro. Sus manos viajaron a la cintura de la chica.
Un intenso escalofrío le recorrió la espina producto de la cercanía de sus cuerpos y las manos de su esposo que se movían posesivamente sobre su cintura. —¿Po… por qué de… demonios me parecería… bu… buena idea? —balbuceó sonrojada.
—Siempre es bueno estar al lado de quien amas, ¿na? —preguntó con una media sonrisa el joven de la trenza.
Ukyo dejó escapar una risita. —Recuerden que estamos aquí —comentó mirándolos divertida.
—Ukyo tiene razón, ¿no te bastó con babear por Akane-san todo el camino, necesitas estar pegado a ella? —preguntó Ryoga divertido por el intenso rojo que adornaba las mejillas del muchacho de la trenza.
—Baka, deja de avergonzarnos —bufó una ruborizada Akane propinando un fuerte codazo en el estomago de su esposo—. No entiendo por qué demonios tienes que… que… tenerme de esta forma —masculló hecha un manojo de nervios, el calor de su cuerpo comenzaba a causar estragos en ella
El joven de la trenza asintió levemente sonrojado. De la misma forma, la sangre de su cuerpo comenzaba a concentrarse en una zona sensible y prefería evitar ese tipo de espectáculos. Levemente soltó el agarre y se alejó unos centímetros de su esposa. —Es mejor que armemos la tienda, ¿no crees? —murmuró tímidamente intentando evitar las miradas curiosas del resto.
—¿La… la tienda? —preguntó sonrojada mirando de reojo a su esposo; por alguna razón sus deseos de golpear a Shampoo quedaron relegado a segundo plano bajo la perspectiva de lo que podría significar que Ranma quisiera armar la tienda tan pronto.
—Ha… hai, en unas pocas horas anochecerá, es bueno armar la tienda y que busquemos la leña y el agua para la cena, ¿no creen? —espetó tímidamente mirando hacia un punto indefinido.
—Hai, yo realmente prefiero comer algo preparado por Ukyo —comentó Ryoga mirando de reojo a Shampoo—, aunque ya sabemos que sus trucos están reservados para ti, baka —agregó burlesco palmeando la espalda del muchacho.
—Idiota —masculló Ranma auto controlándose por no darle su correctivo al muchacho que sonreía burlón.
La tenue luz proveniente de la lamparilla iluminaba la tienda compartida por la pareja. Afuera reinaba el más absoluto silencio.
—No… no te atrevas a ponerte pervertido —murmuró una sonrojada Akane, el calor que irradiaba su esposo comenzaba a provocar que sus ideas se volvieran demasiado creativas en un terreno en el que no podrían entrar aquella noche—, po… podrían escucharnos —musito estremeciéndose al sentir como el muchacho la acercaba más a su cuerpo logrando que su espalda quedara completamente pegada a su torso.
—¿Y si jugamos en silencio? —murmuró con voz gutural besando sus cabellos mientras acariciaba los hombros de la chica.
Con el rostro completamente sonrojado volteó para quedar frente a frente con Ranma. —¡Deja de pensar en eso, pervertido! —protestó hecha un manojo de nervios, a pesar de su queja no podía negar que por un instante había pensado en la posibilidad de aceptar la propuesta de su esposo— Ya… ya te dije que podrían escucharnos —balbuceó intentando ignorar aquellos brazos que la rodeaban y volvían a acercarla hacia el cuerpo de Ranma.
Ranma sonrió mirando a su esposa de arriba a abajo. A pesar de que estaba usando su pijama más infantil se veía graciosamente deliciosa. Levemente sonrojado acercó sus labios a la mejilla de la chica para rozarla. —Si lo hacemos en silencio y despacio dudo que lo perciban, además, ellos estarán ocupados en sus asuntos —murmuró ciñéndola más a su cuerpo.
—¿Si… si… si lo hacemos? —balbuceó sintiendo un intenso calor recorrer su cuerpo desde la cabeza a la punta de los pies—. Shimatta, Ra… Ranma, ya… ya te dije que no haremos nada —murmuró apoyando su rostro contra el torso del muchacho para evitar que notara el intenso rubor que cubría sus mejillas.
—¿Segura? ¿Ni siquiera intentarlo un poco? —insistió bajando por su cuello con sus labios húmedos para rozar suavemente sobre la piel perfumada de la chica lo cual comenzaba a enloquecerlo.
Una suave risita escapó de su garganta. —Ni un poquito —susurró suavemente antes de besar levemente el torso del muchacho—, ¿no puedes estar lejos de mí, ne? —preguntó subiendo el rostro para dedicarle una traviesa mirada.
—Pa… para… nada —tartamudeó ronco sintiendo un placer inmenso por el roce con su esposa y aquel delicioso aroma que emanaba—, creo que sería perjudicial para mi salud —agregó mordisqueando levemente su cuello y tirando de su piel con delicadeza.
—¿Y yo no debería hacer algo que afectara la salud de mi esposo, ne? —preguntó divertida deslizando una de sus piernas contra las del muchacho en una tentadora caricia—. ¿Qué debería hacer, anata? —susurró en su oído dejando que sus labios acariciaran levemente el lóbulo de la oreja izquierda de Ranma.
El joven de la trenza no pudo evitar sentir un intenso escalofrío que recorrió su cuerpo de pies a cabeza. —Creo que deberías aceptar la voluntad de tu esposo… es un buen comienzo —murmuró mórbido para luego lamer perezosamente uno de los lóbulos de la chica.
Sus labios se deslizaron en un lento recorrido hacia el cuello de Ranma el que mordió suavemente por algunos segundos. —Sería buena idea obedecerte… pero no te acostumbres… a que te obedezca en otras cosas —pronunció apartando levemente sus rostros para dedicarle una pícara mirada.
—¿En otras cosas como cuales? —preguntó acariciando con sus dedos la espalda de la muchacha para estrecharla más a su cuerpo. Sus labios se movieron en dirección a uno de sus hombros.
—Cuando me retienes en tus brazos para que no golpee a nadie —pronunció sintiendo como una intensa hoguera volvía a encenderse en sus entrañas al recordar aquella tentadora cercanía—, aunque… no puedo negarte que olvidé mis deseos de golpearla cuando me abrazaste… de esa forma —susurró en su oído mientras deslizaba sus manos lentamente por la espalda del chico.
El joven de la trenza suspiró larga y hondamente. —Y yo también… ni siquiera noté que estaba ahí desde que te abracé —murmuró ronco mordisqueando su blanca piel—, fue bueno que me detuvieras, koishii —agregó sintiendo su cuerpo estremecerse.
—Ha… hai, yo etto… también… fue me… mejor ya sabes —murmuró avergonzada al recordar la dirección que habían tomado sus pensamientos en ese momento—. Parecía que lo único que querías era… —La chica interrumpió sus palabras al escuchar unas carcajadas y un "quédate quieto, Ryoga, así no podemos hacerlo". Sonrojada y fingiendo no haber escuchado nada miró a su esposo—. Te… te dije que se escucharía todo —susurró abochornada.
El muchacho deseó con todas sus fuerzas enviar una happodaikarin a la carpa donde se encontraba el joven de la bandana. Aquellas risotadas y cuasi-gemidos provocaron un ligero sonrojo en sus mejillas y bajaron considerablemente su libido. —Diablos… ¿cómo son tan escandalosos? —se preguntó mirando en dirección a la tienda de los muchachos.
En la carpa de donde provenían las risotadas, el muchacho de la bandana miró sonrojado a la jovencita de ojos azules. —O…oye, Ukyo —pronunció tragando saliva con dificultad observando de reojo a la muchacha que no dejaba de mirarlo intensamente—, sabes que… que si… etto no, no… es decir podrían escucharnos —balbuceó intentando no prestar atención al generoso escote que lucía su novia.
Ukyo se sentó sobre el muchacho dejando escapar una risita casi taciturna. —¿Podrían oírnos? —susurró levemente sonrosada mientras acariciaba los pectorales del joven—Entonces deberíamos hacerlo con la mayor discreción posible… ¿te parece? —murmuró en uno de sus oídos para luego lamer el lóbulo izquierdo del chico.
Sus manos se movieron en menos de un segundo en dirección a su cintura la que ciñó acercándola hacia su cuerpo. —¿Ha… ha… hacerlo? —balbuceó sintiéndose súbitamente acalorado.
Risueña, la castaña acarició el cabello azabache de su novio. —Hai… ¿qué tiene de malo? —preguntó acercando que sus senos rozaran el tórax de su novio.
—¿Qu… qué tiene de ma… malo? —preguntó hecho un manojo de nervios, el delicioso aroma y la tentadora cercanía de la muchacha comenzaban a amenazar cualquier pensamiento coherente que pudiera tener—. Pu… pueden oírnos… y… ya… ya sabes… no… no me gustaría…etto… de… deja de hacer eso o yo… yo… —murmuró presionando con mayor deseo la cintura de la chica cuando ella comenzó a provocarlo rozando suavemente sus pechos contra su torso.
En aquel instante Ukyo apretó sus senos contra el chico. —¿No te gustaría qué,anata? Pensé que estabas loco por hacerlo —murmuró casi en un gemido mientras acariciaba los hombros del muchacho. Sus labios rozaron los del joven por algunos segundos de manera provocativa—, ¿crees que deberíamos dejarlo para otro momento? —preguntó separándose de él por algunos centímetros.
—¿Otro momento? ¿Quieres volverme loco? —preguntó en un ronco dedicándole una intensa mirada. El último movimiento de la muchachita había logrado que se olvidara por completo de cualquier duda que tuviese al respecto, provocando que en menos de un segundo se lanzara sobre ella para sellar sus labios en un apasionado beso. El calor dominaba hasta el último rincón de cuerpo, sofocándolo, despertando en él la creciente necesidad de apagar aquella hoguera en la que se debatía su cuerpo a punta de besos y caricias.
La joven de las espátulas correspondió ardientemente a aquel beso dejando sus lenguas juguetear por algunos segundos. El fuego que invadía su cuerpo y alma habrían superaba con creces al calor que se debía sentir en el mismísimo infierno. Repentinamente, Ukyo se separó algunos centímetros del cuerpo de su novio para mirarlo intensamente, sus labios se curvaron en una sonrisa provocativa. Mientras tanto, desató su blusa para dejar entrever el comienzo de sus senos. Estaba segura que esta vez podría lograrlo, iba a tener extremo cuidado para evitar que el joven de la bandana se desangrara nuevamente.
En la tienda más cercana una ruborizada Akane observó a su esposo. —Shimatta… tal vez debimos poner las tiendas más alejadas —murmuró algo avergonzada al escuchar las continuas risas y gemidos de los otros muchachos.
—¡Diablos! ¿acaso ese idiota no se da cuenta del escándalo? —masculló molesto por aquella interrupción que parecía no tener fin—, ¿acaso seguirán así por mucho tiempo? —se preguntó mirando irritado en dirección a la tienda del par de jóvenes 'exaltados'.
Akane miró de reojo al muchacho. —Nos hubiesen escuchado si yo… ya sabes te hubiese hecho caso, pervertido —comentó dándole un leve golpe en el pecho.
—¡O… oe! ¿tú crees que habríamos dejado escapar esas risotadas y esos… etto… ge… gemidos? —preguntó levemente sonrojado al escuchar suspiros vehementes del otro lado.
Sonrojada ocultó su rostro contra el pecho del muchacho esperando que no notara el súbito cambio de color en sus mejillas. —Yo… etto… no… no lo sé… en el hotel nosotros… ya sabes —balbuceó nerviosa recordando los comentarios de los empleados del lugar.
—En el… en el hotel nosotros… teníamos más privacidad —murmuró Ranma sintiendo sus mejillas arder al recordar aquellos días encerrados en la habitación—, ¿creo que nos habríamos controlado un poco más, na? —murmuró ronco mirando los labios de la chica.
Ella rió divertida antes de subir levemente el rostro para depositar un corto beso en los labios de su esposo. —No estoy muy segura de eso —susurró dedicándole una coqueta mirada al muchacho—. Creo que ya se calmaron —comentó al notar que todo volvía al más completo silencio.
Una gran sonrisa se formó en el rostro del joven de la trenza. —Creo que acabó… Ryoga debió desmayarse desangrado —rió tomando a la chica entre sus brazos para acercarla a su cuerpo—, ¿en dónde nos quedamos? —preguntó mirándola intensamente.
—No lo sé… tal vez en algo como esto…—pronunció en un suave suspiro rozando sus labios—. Deberías refrescarme la memoria, Ranma… —agregó en un seductor tono de voz mientras sus manos recorrían lentamente la espalda del chico.
El joven de la trenza gimió incitado. Rápidamente se lanzó a los labios de la chica cuando un grito estremecedor detuvo su movimiento. Parecía que Ryoga había muerto. —¿QUÉ… QUÉ SUCEDE? —exclamó asustado retrocediendo algunos centímetros de su esposa mirando espantado hacia la tienda de sus amigos.
La muchacha miró asustada a su esposo, por los gritos de Ukyo parecía que su amigo había muerto. —¡Vamos a ver! —exclamó empujando levemente a su esposo, una vez que ambos salieron del saco se encargó de arrastrarlo con ella en dirección a la tienda de Ukyo y Ryoga, una vez afuera estuvieron a punto de chocar con la otra pareja que observaba bastante aterrorizada en dirección al lugar.
—Shampoo estar segura que Ukyo acabar con chico-cerdo —murmuró la amazona sin atreverse a entrar al lugar.
En menos de un instante abrieron la carpa y se encontraron a un Ryoga semi desnudo mientras un hilo potente de sangre bajaba por su cara. —¿Qué… qué hiciste Ucchan? —preguntó espantado. Nunca había visto al joven eternamente perdido así. La muchachita tenía los cabellos revueltos y su ropa estaba mal arreglada, era obvio que se había vestido rápidamente para evitar que la vieran en paños menores.
Siguiendo a su esposo entró la muchacha de cabellos azulados, su mirada se paseó por el rostro de Ukyo y por el inconsciente Ryoga que yacía sobre el saco de dormir. —¿Qué… qué estaban haciendo para que lo dejaras así? —preguntó convencida por la expresión perdida del muchacho de la bandana que no sería muy fácil despertarlo.
—Shampoo entender que Ukyo estar algo desesperada, pero no servirte de nada acabar con Ryoga antes de tiempo —comentó la amazona observando divertida a la desarreglada muchacha de ojos azules.
—¡O… oe! ¡yo no estoy deses… desesperada! —chilló avergonzada la jovencita de ojos azules— ¡No te… no tengo la culpa que por pequeñeces Ryoga resuelva perder la conciencia! —se quejó notablemente preocupada observando al chico.
—Por como verse chico-cerdo, Shampoo no creer eso, Ukyo —espetó la amazona indicando las pocas ropas que aún cubrían al chico.
Ignorando la pequeña discusión entre las otras mujeres, Akane, se acercó al inconsciente Ryoga. —¡Despierta, Ryoga-kun! —exclamó agachándose a su lado para luego golpear suavemente sus mejillas.
—¡Di… diablos! ¿esc… escucharon algo? —preguntó furiosamente sonrojada la jovencita de las espátulas.
—¿Qué rayos sucedió aquí? ¡Interrumpieron un gran momento con mi querida Shampoo! —chilló Mousse llorando desconsolado.
Ranma miró al joven de lentes despectivo. ¿Qué rayos le importaba a los otros lo que estaba sucediendo con él?. Luego miró a su mejor amiga de la infancia algo nervioso. —Se… se podía escuchar muy bien —murmuró levemente sonrojado—, ¿será que despertará de nuevo? —preguntó.
—Mousse callarse o Shampoo tomar medidas —espetó la amazona levemente ruborizada por la insinuación de su esposo.
Akane movió una de sus manos frente a los ojos de Ryoga intentando hacerlo reaccionar. —Está totalmente perdido… —comentó preocupada mirando de reojo a la sonrojada muchacha—, etto… parece que sufrió una emoción muy fuerte —balbuceó intentando no pensar en qué podría haber hecho Ukyo para conseguir que Ryoga quedara en ese estado.
Ranma se acercó molesto al joven para darle un par de cachetadas. —¡Shimatta, no reacciona! —exclamó algo irritado por el cuidado de su esposa hacia aquel cerdo degenerado—, ¿y si le doy otros golpes más? ¡estoy seguro que reaccionará! —sonrió haciendo tronar sus puños
Akane frunció levemente el entrecejo. —No es necesario exagerar… no deberías estar celoso —masculló entre dientes fulminando con la mirada a Ranma.
—Tal vez si Ukyo asustarlo nuevamente el reaccionar...hacer nuevamente lo que lo dejó así —comentó Shampoo luego de acercarse al muchacho y darle una leve patada en una de sus piernas sin conseguir resultados.
—¡No es necesario, voy a hacerlo yo! —exclamó Ukyo tomando al muchacho de la camisa para zamarrearlo de una manera muy poco delicada— ¡Despierta, Ryoga! ¡Tienes que resistir! —espetó con una expresión de desesperación en su rostro.
—U…Ukyo… —balbuceó con dificultad el muchacho reaccionando luego de algunos segundos—, tú… tú qui…quieres que yo… yo re… resista —balbuceó dejando volar su imaginación hacia un tipo de resistencia que le sería muy satisfactoria.
La ojiazul sintió un calor intenso subir de los pies a cabeza. —¡Cállate, baka! —chilló propinándole un golpe en la cabeza.
Una sonrisa nerviosa se dibujó en los labios de Akane. —Etto… creo que no volverá a reaccionar —comentó poniéndose de pie para acercarse a su esposo; sabía que Ukyo era algo brusca pero no esperaba que volviera a nockearlo antes de dejarlo reaccionar del todo.
—Shimatta, Ukyo ni siquiera dejar que chico-cerdo reaccionar —bufó la amazona tomando por la túnica a su esposo para arrastrarlo con ella hacia la salida—. Al menos Ukyo debió esperar que chico-cerdo hiciera lo que tenía que hacer —agregó provocando un intenso rubor en el rostro de la muchacha.
—¿Y si intentamos despertarlo con agua fría? —propuso Ranma notablemente irritado por aquella maldita espera. No tenía la culpa de que aquel idiota se le ocurriera desmayarse por cobarde.
—Eso sería muy cruel, tiene que despertar de algún otro modo —murmuró Ukyo asustada. Con delicadeza acarició las mejillas del joven, su rostro se acercó al del joven dejando que sus cabellos acariciaran el cuello del chico.
Un leve y gutural gemido escapó de su garganta y el hilo de sangre que escurrió por su nariz se convirtieron en la prueba concreta que la imaginación del muchacho de la bandana volaba muy lejos y que no sería fácil obligarlo a abandonar su actual estado de inconsciencia.
El joven de la trenza tomó al muchacho sangrante de la camisa para zamarrearlo. —¡Mierda! ¡Despierta de una buena vez, estúpido cobarde! —gruñó molesto por todo el tiempo que estaban perdiendo
Akane rodó los ojos. —No es necesario que lo trates de esa forma, Ranma, no creo que logres despertarlo —bufó mirando de reojo al muchacho que parecía más molesto luego de escuchar sus palabras.
—Shampoo estar de acuerdo, lo mejor ser dejarlo dormir para que chico-cerdo recuperarse del trauma —afirmó convencida que Ukyo tenía que haber hecho algo muy malo para dejar al muchacho en ese estado.
—¡Entonces deberíamos intentar de otra manera! ¿qué tal con uno de las pócimas que Shampoo suele tener en su bolso? —sugirió torpemente Mousse.
Ukyo lanzó una mirada asesina a la pareja china. —¡No van a hacer que mi Ryoga aspire o tome cualquiera de sus porquerías! —chilló indignada apretándolo contra su pecho.
—U… Ukyo…yo… yo… voy… voy… a…—balbuceó recuperando el sentido por algunos segundos. Sentía un intenso calor interno, y este ardor no dejaba de guiar sus pensamientos por un camino que estaba seguro sólo aumentaría la maldita hemorragia nasal de la que era víctima constantemente cuando su novia se ponía demasiado cariñosa.
La muchacha de cabellos castaños sonrió radiante para lanzarse inmediatamente a los brazos del joven prácticamente desplomado. Sin pensarlo dos veces unió sus labios a los de él pero lo único que escuchó como respuesta fue un ahogado quejido y un nuevo hilo de sangre goteando por la nariz del muchachito.
Apenas acababa de reaccionar cuando ella se lanzó sobre él incendiando nuevamente hasta la última fibra de su cuerpo. De forma inevitable su mente volvió a recrear escenas de Ukyo cuidándolo de forma demasiado 'amorosa'. —Tú… tú… kuso… U… Ukyo… —balbuceó dejándose llevar por aquellos pensamientos que amenazaban con enloquecerlo de deseo.
Con una gota en la sien y riendo nerviosamente Akane vio como Ryoga caía inconsciente nuevamente luego que la muchacha de cabellos castaños se lanzara sobre él con demasiada intensidad. —Tal vez lo mejor sería que se llevaran a Ryoga-kun lejos de Ukyo por algunas horas, Ranma —sugirió convencida que cerca de la demasiado efusiva jovencita sería difícil que Ryoga se recuperara.
Inmediatamente el joven de la trenza tomó al muchacho eternamente perdido de uno de los brazos. —Vamos a dejarlo afuera para que tome un poco de aire, es resistente… estoy seguro que en unos minutos más volverá a ser el cerdo de siempre —espetó con una media sonrisa.
—¡Eso es lo que le conviene! —agregó Mousse tomándolo del otro brazo para arrastrar al jovencito fuera de la tienda.
Ukyo inmediatamente saltó hacia la entrada de la carpa. —¡Voy a estar observándolos, no se atrevan a hacerle daño! —chilló mirándolos amenazante—, espero que vuelva a la consciencia pronto —murmuró sintiéndose levemente culpable por el estado del chico.
Cruzándose de brazos Shampoo observó con clara diversión a la jovencita. —No creer que ellos dejar a chico-cerdo peor de lo que dejarlo Ukyo —comentó dedicándole una media sonrisa.
—Ryoga-kun se veía muy mal… ¿qué fue lo que le hiciste? —preguntó Akane sin poder evitar que una traviesa sonrisa se formara en sus labios al notar la ruborizada expresión de la jovencita de cabellos castaños.
Furiosamente sonrojada Ukyo asintió nerviosa. —¡Diablos! ¡No no hice absolutamente nada! —exclamó apretando un pequeño almohadón—, solo aquello que es considerado normal… no más de eso —agregó en un susurro.
—Por el estado de chico-cerdo, Shampoo pensar que lo normal para Ukyo seguro ser algo muy pervertido —comentó entre risas la muchacha.
Akane miró de reojo a la amazona. —No creo que Ukyo te supere, Shampoo —pronunció con una clara mueca de desagrado, aún podía recordar perfectamente lo que había visto en el Neko- hanten hacia algún tiempo atrás.
—¡No recuerdes eso, Akane-chan! —espetó Ukyo recordando inevitablemente aquella imagen grotesca— Y no hice absolutamente nada, solo… solo… ¡solo lo abracé! —confesó a medias.
La amazona frunció el entrecejo sonrojándose levemente ante el recuerdo de lo que había sucedido aquella tarde. —Si él quedar así por un abrazo, Ukyo poder ir olvidando conseguir algo más sin matarlo —espetó burlesca.
—¿Estás segura que fue sólo un abrazo? —preguntó Akane arqueando levemente una ceja. Sabía que Ryoga podía ser muy intenso, pero no lograba comprender que el estado del muchacho se debiera solo a un abrazo.
Ukyo miró de reojo a la chica algo nerviosa. —Ha… hai, eso y algo más —murmuró por lo bajo acercándose un poco más a las muchachas—, tal vez mostré algo que no debía… o lo hice muy rápido —suspiró ahogada.
Shampoo arqueó levemente una ceja. —¿Eso significar que tú y chico-cerdo nunca aprovechar bien el tiempo? —preguntó mirando curiosa a la muchacha de ojos azules—. Ahora entender por qué Ukyo verse tan desesperada —comentó divertida.
—¿Muy rápido? —preguntó Akane arqueando levemente una ceja—. Ranma y yo los escuchamos desde nuestra tienda y no parecía que Ryoga estuviera asustado —añadió algo sonrojada al recordar las carcajadas.
—Esta… estábamos jugando… pero creo que se asustó cuando me quité la blusa —murmuró levemente sonrojada— ¿qué… qué escucharon, Akane? —preguntó sintiendo sus mejillas arder con vehemencia.
Akane dejó escapar una leve risita. —Lo suficiente para saber que no era buena idea… etto… ya sabes… con las tiendas tan cerca —murmuró lo último mientras sus mejillas se cubrían de un intenso color carmín.
—¿Ryoga ponerse así sólo porque tú quitarte la blusa? Shampoo pensar que Ukyo mejor buscar otro novio… él no aguantar nada —comentó comenzando a entender la desesperación de la otra muchacha.
Mientras tanto, fuera de la tienda…
—¡Mierda, al fin despiertas, baka! —exclamó sonriente Ranma luego de mojar al muchacho eternamente perdido. El pequeño cerdito sacudió su cuerpecito y enfadado saltó a una de las piernas del joven de la trenza para morderlo furioso.
—¡Cuic- cuic! —gruñó enfurecido Ryoga lanzándose de un ágil saltó hacia el rostro del muchacho de la trenza. Minutos atrás estaba pasándola muy bien con su novia, no entendía cómo de un minuto se había convertido en P-chan y terminado tan mal acompañado.
Ukyo miró por una leve abertura que el muchacho había despertado. Suspirando aliviada continuó: —Hai, pero creo que algo está funcionando mal… ¿no creen? ¿qué podría hacer? —preguntó a las muchachas.
—Shampoo seguir pensando que tú necesitar otro hombre —afirmó mirando fijamente a la chica.
—Yo sigo sin entender qué fue lo que paso… es decir… no es común que un chico se desmaye sólo por verte sin blusa —afirmó mirando curiosa a Ukyo—, ¿estás segura que no hiciste nada más? —preguntó.
—Probablemente hice algo más —susurró en un hilo de voz la muchachita —, pensé que… que resultaría ¡no sé más qué hacer! —chilló de repente algo nerviosa.
Flash Back
Ukyo tomó del cuello a su novio para acercarlo más a ella y profundizar el beso. Sus labios recorrieron los del joven con avidez, deseaba ser suya y tenerlo para ella para siempre. Con urgencia atrapó al chico de la cintura con sus piernas. —Te amo —suspiró separándose unos milímetros de su boca.
Un intenso ardor se apoderó de su cuerpo volviendo su sangre en un verdadero torrente de lava ardiente que amenazaba con entrar en erupción en cualquier instante. —Ukyo… yo… yo también te amo —susurró enronquecido antes de mordisquear levemente los labios de la jovencita. Lleno de deseo y dejándose llevar por sus instintos, que le exigían llegar hasta el final en ese mismo momento, deslizó ávidamente sus manos por uno de los muslos de Ukyo, deseoso por hacer desaparecer aquella molesta ropa que le impedía el contacto directo con su piel.
La joven de las espátulas apretó sus pies en los muslos del chico para pegarlo a su cuerpo y sentir su incipiente erección en su bajo vientre. —Puedes quitarla, tienes permitido hacer todo lo que desees, Ryoga —suspiró mirando intensamente al joven de la bandana para luego lamer detrás de su oreja izquierda.
Las manos del muchacho se detuvieron en el acto, al borde del colapso miró a la chica antes de preguntar: —¿Qui… etto… qué co… cosa? —pronunció con dificultad mientras los latidos de su corazón se hacían cada vez más intensos al igual que el ritmo de su respiración.
—Puedes quitarme la ro… la ropa, tú sabes… para tener más libertad —suspiró sintiendo sus mejillas arder. Instintivamente mordió sus labios y miró expectante al joven.
Una idiota sonrisa adornó el rostro de Ryoga que a cada segundo que pasaba adquiría una tonalidad más intensa. —Entonces… ¿tú… tú quieres? —preguntó sin poder evitar que en su mente se reprodujera una escena donde su novia se encargaba de quitarse sensualmente cada una de sus prendas.
—Quiero… quiero ahora —gimió Ukyo quitándose de inmediato la ropa que cubría la parte superior de su cuerpo para que el muchacho pudiera observar con más libertad su sostén y parte de sus senos. Sin pensarlo tomó una de sus manos y la acercó a sus pechos para que él pudiera sentir su calor—, ¿quie… quieres verlos mejor? —preguntó con un hilo de voz ante el calor avasallante que la invadía.
Los ojos del muchacho se abrieron desmesuradamente mientras el calor interno se hacía cada vez más insoportable. —¿Me…me… mejor? —balbuceó con la vista fija en los senos de la jovencita. Comenzaba a pensar que estaba dormido porque no era posible que su Ukyo se comportara de una forma tan sensual.
La chica sonrió ante la timidez del joven. Con delicadeza se colocó sobre él empujándolo con ambas manos para que colocara su espalda en la bolsa de dormir. —Quiero saber si te agrada lo que ves… aunque creo que te comieron la lengua los ratones —sonrió chispeante. Con una sonrisa atrevida dejó caer su sostén desabrochándolo en unos pocos segundos con gracia infantil—. ¿Seguimos? Tienes que ayudarme ahora —recriminó con una risita tomándolo de las manos.
Todo su cuerpo se tenso y aquel río de lava que era su sangre se concentró en un lugar muy especifico de su cuerpo cuando ella llevó sus manos hacia sus pechos. Sólo podía estar soñando, no encontraba otra explicación para que todas sus fantasías se estuviesen volviendo realidad tan rápidamente. —Yo… ayudarte… to… todo lo que qui… quieras, Ukyo —balbuceó lleno de deseo aunque su cuerpo, o al menos no todo, no parecía responder con igual rapidez que sus pensamientos.
—Creo que sería bueno que estemos en las mismas condiciones, ne koibito? —sonrió mordiendo una de las mejillas del chico para tomar su camisa y deslizarla con rapidez hacia su cuello para retirarla por completo—, va mejorando —suspiró deseosa acercando sus labios húmedos al torso del joven para rozarlos apenas.
Todo su cuerpo se estremeció debido a los tentadores movimientos de la jovencita, aquella era sin dudas el mejor de sus sueños eróticos y no estaba seguro cuánto podría resistir sin despertar con una intensa hemorragia nasal. —Ha… hai —pronunció lleno de deseo mientras movía una de sus manos para sujetar la cintura de la muchacha.
—Soy tuya —gimió Ukyo tomando entre sus manos un par de dedos del joven. Con necesidad y deseo los acercó a su pantaleta para moverla algunos centímetros permitiendo que el muchacho pudiera observar por algunos segundos su monte de Venus.
Las palabras se atoraron en su garganta mientras toda su sangre parecía acumularse en un punto de su anatomía. —Uk…Ukyo…—balbuceó miserablemente, su cuerpo no le respondía y se sentía cada vez más sofocado por el intenso ardor que incendiaba sus entrañas.
—¡Ryoga! —espetó Ukyo preocupada al ver al joven desfallecer. Consternada lo tomó del rostro para acercarlo a su pecho—, ¿estás bien? —preguntó mirándolo asustada. Un grito ahogado escapó de su garganta cuando el muchacho se desmayó por completo y comenzó a expulsar sangre a borbotones de su nariz.
Fin flash back.
—Chico-cerdo tener muy poca resistencia —comentó Shampoo dedicándole una burlesca mirada a una sonrojada Ukyo.
—¿Antes le había pasado algo así? —preguntó Akane mirando con curiosidad a Ukyo— No… no creo que le hayas hecho algo fuera de lo… nor… normal, aunque fue un poco rápido —murmuró una sonrojada Akane recordando todas las veces que ella se había lanzado sobre su esposo de manera más intensa que lo relatado por Ukyo.
Ukyo suspiró algo resignada. —Sí, sucede siempre que lo intentamos… tú… tú sabes —comentó levemente sonrojada. —, quizás fue un poco rápido… es que hace tiempo que lo estamos intentando y nun… ¡nunca resulta! —se quejó sintiendo sus mejillas arder.
Shampoo rió abiertamente. —Seguro Ukyo estar tan desesperada que lanzarse como leona en celo sobre pobre chico-cerdo —comentó entre risas.
—¿Nunca? —preguntó Akane arqueando levemente una de sus cejas— Pero si Ryoga-kun siempre fue tan… bueno… ya sabes tan intenso para todo… —murmuró algo asustada por la fulminante mirada que le dedicaba Ukyo—, lo digo… so…solo porque una vez tuvimos una cita y él se veía algo… bueno ya sabes… intenso para todo —agregó intentando aclarar las cosas.
La jovencita arqueó sus cejas. —¡Oigan! Yo no… no estoy tan desesperada… ¡diablos! Dudo que ustedes estén diferentes ante algo así —se quejó lanzando miradas amenazantes para ambas jovencitas—, ¿qué… qué harían en mi lugar? —preguntó algo nerviosa.
Una autosuficiente sonrisa se formó en los labios de la amazona. —Shampoo no tener problemas, Mousse siempre estar dispuesto cuando ella querer, y si Mousse no querer Shampoo siempre encontrar métodos para conseguirlo —afirmó sonriente.
Las mejillas de Akane se sonrojaron furiosamente al sentir las miradas de las otras muchachas sobre ella. —Yo no… etto… con Ranma no hemos dejado de hacer…—Sus palabras se interrumpieron abruptamente cuando notó la magnitud de su confesión—. ¡No… no es lo que están pensando… es decir… nosotros no… no tenemos problemas! —exclamó hecha un manojo de nervios.
Ukyo sonrió divertida ante las experiencias de la muchacha aunque también sintió una ligera envidia por su realización. —Ha… hai, pero… ¿qué creen que esté mal? ¿Ryoga no se desmayaría si yo fuera más despacio? —preguntó consternada—, aunque creo que me resultaría difícil hacerlo, en el momento actúo de forma impulsiva, no lo pienso —murmuró lo último con un hilo de voz sintiendo sus orejas arder.
—Shampoo pensar que ser buena idea, aunque siempre quedarte opción de atarlo si las cosas no resultar como deseas —comentó relajada Shampoo sin tomar en cuenta el notorio rubor de las dos jovencitas.
—Deberías ir un poco más lento… es decir ir juntos al mismo tiempo… hasta que las cosas se vuelvan más apasionada s y… —La muchacha se detuvo sonrojada al notar las curiosas miradas sobre ella—, etto… yo… yo quiero decir que es buena idea… sí, eso —susurró avergonzada Akane.
—¿Más lento? ¡ja! ¿lo dices por experiencia propia? —sonrió la chica de ojos azules mirando divertida a la muchachita sonrojarse—, dudo que tú y Ran-chan se hayan tomado su tiempo —comentó con una mirada maliciosa.
Mientras tanto…
—¡Maldito cerdo idiota! —se quejó Ranma arrojando al cerdito hacia Mousse que traía una tetera de agua caliente para regresar a la normalidad al muchacho.
—¡Idiota! ¡Deberías tener más cuidado! —se quejó el cegatón buscando sus lentes por los pastizales sin éxito.
—¡Cuic-cuic! —chilló el cerdito furioso lanzándose sobre la cabeza de Mousse consiguiendo hacerlo caer de bruces al suelo. No estaba dispuesto a perdonarlos por haberlo sacado de la tienda de su novia.
—¡Kuso! No voy a traer otra vez la maldita agua para que vuelvas a ser normal, ¡baka! —se quejó el muchacho de las infinitas armas.
—¿Qué diablos sucede contigo? —espetó el joven de la trenza tomándolo del cuello con fuerza para evitar que lo mordiera—, no tenemos la culpa que seas un degenerado, estábamos intentando revivirte y así nos pagas —comentó con una sonrisa burlona.
El cerdito gruñó amenazante clavando en el rostro del muchacho de la trenza una inquisidora mirada. En menos de un segundo logró liberarse del agarre del muchacho, tomar en su hocico la tetera y huir en dirección al bosque. Con la misma rapidez volvió convertido nuevamente en humano. —¡A quién demonios le estás diciendo degenerado, nenita! —protestó enfurecido tomando a Ranma por la camisa— Que yo recuerde el único degenerado que hace cosas raras con esposas y luego pierde las llaves eres tú, idiota.
El joven de la trenza lo miró despectivo. —¡Mierda! ¿por qué tienes que entrometerte en los asuntos que no te interesan, cerdito aprovechado? —gruñó tomándolo también de la camisa clavándole una mirada amenazante—, además… yo tengo el derecho a hacer lo que quiera con mi mujer, no como otros que se aprovechaba de ciertos beneficios por hacerse pasar de mascota —agregó irritado recordando la risa cínica del animalito cuando estaba entre los brazos de su esposa.
—¿Aún sigues celoso por eso? —bufó dedicándole una burlesca mirada— De todos modos, el único problema aquí es que me separaron de mi novia y sigue sin entender por qué —masculló frunciendo el entrecejo.
—No estoy celoso, solo estoy recordando tus perversiones —bufó Ranma mirándolo de reojo. Inmediatamente una sonrisa iluminó su rostro ante lo pronunciado al final por el muchacho de la bandana—. ¿Acaso no lo recuerdas? —preguntó divertido.
—No puedo creer que seas tan inútil, cualquier idiota puede hacer feliz a su mujer —espetó Mousse carcajeando.
El rostro de Ryoga enrojeció repentinamente, de un segundo a otro todos los recuerdos se agolparon en su cabeza. —Ya… ya… recuerdo, Ukyo y yo… entonces nosotros no —balbuceó mientras su mente era invadida por el recuerdo de su semi desnuda novia intentando que él lograra tocarla—. ¡Kuso, ese no es su maldito asunto! —protestó enfurecido apartando a Ranma de un empujón mientras disimuladamente limpiaba el pequeño hilo de sangra que corría por su nariz producto de sus recuerdos.
—¡Ja! Deberías aprender de mí, mi esposa es muy feliz con mis habilidades —se vanaglorió el ignorante cegatón.
Ranma prefirió no comentar con respecto al comentario del muchacho de largos cabellos. Era mejor que siguiera viviendo su ilusión eterna. —¡Je! no lo es, pero tuvimos que rescatarte de allí o habrías muerto —rió divertido—, ¿qué te hizo Ucchan? ¡confiesa! —rió burlón.
Lanzándole una mirada asesina a Mousse comenzó a avanzar en dirección a la tienda de las chicas. —Tú que sabes de eso, Shampoo ni siquiera te deja dormir en su misma tienda, idiota —pronunció deteniéndose por unos segundos para voltear el rostro y observar al enfurecido cegatón—. Y no sé de qué rayos hablan, yo… yo estaba bi… bien —mintió miserablemente, luego de algunos segundos movió bruscamente la cabeza intentando controlar sus ardientes pensamientos.
El joven de cabellos largos gruñó ofendido por la intromisión del muchachito del colmillo saliente. —¡Qué mierda estás diciendo! ¡Es mentira! —chilló moviendo los brazos para luego dirigirse hacia él junto con Ranma para interceptarlo.
—¡No creas que te dejaremos ir allá de nuevo! ¡Vamos a controlarte! ¿o quieres morir joven sin poder conseguirlo? —sonrió Ranma con una sonrisa mordaz.
Ryoga se detuvo clavando una suspicaz mirada en el rostro de los muchachos, aquello sólo podía ser una broma de mal gusto. Recordaba haberse puesto un poco nervioso, pero estaba seguro que no había sido algo tan grave. —Kuso, ya dejen de bromear con eso par de idiotas —bufó cruzándose de brazos.
—No estamos bromeando, deberíamos haber tomado una foto para que supieras el estado que te encontrabas hace media hora —espetó Ranma mirándolo de reojo sin poder dejar escapar una pequeña risita.
—Pensamos que acabarías desangrándote… ¿qué te hizo Ukyo? —preguntó indiscreto Mousse.
El muchacho de la bandana se quedó en completo silencio durante un par de minutos mientras en su mente se volvía cada vez más vívidos los recuerdos. —¡Cierra la boca maldito cegatón si no quieres que acabe contigo ahora! —exclamó amenazante— Además no es su asunto, maldita sea —masculló frunciendo el entrecejo.
—Deberías tener cuidado con eso, mi querido amigo —pronunció irónicamente el joven de la trenza tomando al chico de la camisa con la ayuda de Mousse para arrastrarlo nuevamente al lugar donde estaban—, diablos… ¿tan poca resistencia tienes? —provocó sin poder evitarlo.
Mientras Ryoga se preparaba para moler a golpes a Ranma y Mousse, Akane no dejaba de mirar con el ceño fruncido a las dos mujeres que insistían en hacerle preguntas indiscretas.
—Ya… ya les dije que no voy a decirles na… nada de mi luna de miel —murmuró sintiendo un intenso ardor apoderarse de su mejillas.
—Estamos entre chicas, no tienes por qué ser timida —sonrió Ukyo curiosa—, si quieres puedes contármelo, somos amigas —agregó con una sonrisa pícara.
—Shampoo estar segura que Akane no tener mucho que contar… pobrecito Ranma seguro aburrirse —comentó mientras sus labios se curvaban en una burlesca sonrisa.
—¡Tú no sabes nada de eso! —protestó con el rostro completamente ruborizado—. Ranma y yo… Ranma y yo… nosotros —balbuceó dejándose llevar por el ardor que, como una explosión, nacía en su vientre cada vez que recordaba los apasionados momentos compartidos con su esposo.
—Creo que puedo adivinar algo de lo que sucedió… y parece que fue muy bueno —afirmó Ukyo con una radiante sonrisa—. ¡Pero cuéntalo más detallado! —espetó acercándose más a la jovencita avergonzada.
Unos gritos desviaron la atención de las muchachas. Al parecer los tres jóvenes estaban discutiendo por algo.
—¡Diablos! ¿por qué tienes que ser tan terco? ¡Tienes que quedarte aquí! —exclamó Ranma empleando toda su fuerza para retener al joven de la bandana que solo deseaba volver a la tienda para continuar donde había quedado.
Ryoga tomó por la camiseta al otro muchacho. —El terco eres tú y no tengo la culpa si no tienes nada mejor que hacer con Akane-san —masculló dispuesto a liberarse de aquel idiota con un solo y certero golpe—. Quítate de mi camino… te… tengo que hablar con Ukyo —finalizó sus palabras volteando levemente el rostro para ocultar su rubor.
—¡Ahora no es el momento! ¡Tienes que calmarte y buscar otro modo! —exclamó sin soltarlo de la camisa— ¿Acaso quieres acabar con tu reputación? ¡je! —espetó sin poder escapar una carcajada—, deberías aprender de mí, el encanto Saotome no falla —agregó en voz lo suficientemente alta para que escucharan las chicas desde la tienda.
—¿El encanto Saotome? —preguntó Ryoga antes de dejar escapar una carcajada— ¿Qué diablos es eso? De todos modos nada se compara con el instinto de los Hibiki —espetó ruborizándose levemente al recordar lo mucho que a Ukyo le gustaba cuando él se dejaba llevar por estos.
—¡Baka! Dudo que tu instinto Hibiki pueda superar mis técnicas —sonrió egocéntrico el ojiazul—, además tu instinto Hibiki te está llevando a la ruina, creo que deberías aprender a controlarlo —rió divertido.
—Ustedes dos son unos fracasados… dudo que sepan controlar a sus mujeres como yo lo hago con mi Shampoo —terció Mousse acomodándose los lentes.
—¿Controlar? —pronunció entre dientes una enfurecida Shampoo haciendo aparecer de la nada un par de bomboris— Shampoo tener lo antes posible seria conversación con tonto Mousse —afirmó dispuesta a dejarle en claro quién mandaba en la relación.
—Baka, siempre mencionando sus estúpidas técnicas —murmuró una avergonzada Akane. Inevitablemente rememoró en su mente aquellas habilidades del 'encanto Saotome' que la habían mantenido prácticamente en vela durante los primeros días de su luna de miel.
—Ese maldito instinto Hibiki ha hecho que me desespere hasta hace pocos minutos —murmuró por lo bajo la joven de las espátulas bastante nerviosa.
—Ya te dije que no es tu asunto, bakayaro —espetó enfurecido el muchacho eternamente perdido—. Y tengo todo bajo control, no sé de qué demonios hablas… —insistió tercamente ignorando lo que había sucedido en la tienda de su novia.
—¡Bajo control! ¡Qué cínico! ¡Te sacamos de la tienda desmayado y casi desnudo! —rió a carcajadas el cegatón.
—Creo que a Ucchan se pasó de la mano, eres demasiado sensible, cerdito —agregó divertido Ranma dejando escapar una sonora carcajada.
—¡No soy sensible, idiota! Es solo que yo no puedo dejar de imaginar y… ¡Kuso, no es su maldito asunto y si siguen con esto acabaré con ustedes! —protestó sintiendo enormes deseos de olvidar la expedición hacia la sucursal de Jusenkyo solo para golpear durante varios días al par de idiotas.
—¡Ja! ¿no puedes dejar de imaginar qué, degenerado? —preguntó Ranma divertido con las expresiones de furia y nerviosismo del chico de la bandana—, deberías relajarte… realmente, debo enseñarte algunas de mis técnicas… aunque mi talento es innato —sonrió egocéntrico.
—¡Qué patético eres, Ryoga! —observó Mousse acomodándose las mangas—, deberías utilizar tu imaginación para otros fines en vez de desmayarte —comentó con una sonrisa mordaz.
—Ya les dije que no se metieran en mis asuntos —masculló Ryoga soltando al muchacho de la trenza para luego cruzarse de brazos—. Estoy segura que ni uno de los dos tiene tanto éxito como pretenden hacer creer —afirmó observando con seriedad al par de chicos—. Je, uno se duerme en la noche de bodas y el otro no es capaz de hacer nada sin la autorización de su mujer —añadió sonriendo complacido por haber logrado revertir las cosas.
El joven de la trenza frunció el ceño irritado por el comentario indiscreto de su eterno rival. —Baka, eso no fue por mi culpa —masculló lanzándole una mirada asesina—, además que Shampoo colocó esa porquería en los dulces Akane demoró demasiado… —se justificó en voz media.
—¡Mi mujer me permite hacer todo lo que quiero, es mentira! —chilló Mousse dejando asomar sus armas para amenazar al chico.
—Sólo excusas —comentó burlesco el muchacho de la bandana esbozando una media sonrisa—, y luego dicen que soy yo el que tiene problemas…
Dentro de la tienda una furiosa Akane se acercó un poco más a la entrada, tenía que escuchar mejor aquella conversación. —No fue mi culpa… él no debió ponerse a comer nada… Ranma no baka —pronunció algo ofendida.
—Shampoo encargarse que tonto Mousse recuerde como son las cosas —masculló una furiosa amazona acercándose a Akane, deseosa por conocer hasta el último detalle de la conversación de los muchachos.
—La imaginación de mi Ryoga vuela alto —susurró sonrojada Ukyo pensando lo que el muchacho podría imaginar en aquellos momentos en que acababa desmayado por tanta presión sanguínea. Curiosa por escuchar más se adelantó a las dos muchachas a uno de los costados de la tienda.
—Ustedes dejar de seguir hablando, Shampoo ya no escuchar y estar segura que ellos estar hablando de mí —afirmó mientras fulminaba con la mirada a las muchachas; segundos atrás había escuchado que su esposo pronunciaba su nombre en medio de tontas risitas.
Akane miró a la mujer arqueando levemente una ceja. —Estoy segura que mi esposo no está hablando de ti —espetó frunciendo completamente el entrecejo.
—¿Pueden hacer silencio? ¡necesito saber qué está diciendo Ryoga! ¡Quizás eso me ayude a poder lograrlo! —exclamó Ukyo subiendo el tono de voz.
—Para eso tú necesitar un milagro —pronunció entre risas Shampoo.
Akane intentó continuar escuchando la conversación a pesar de la cada vez más escandalosa conversación de las chicas. Estaba segura que había escuchado a su esposo pronunciar su voz con aquel tono de idiota egocéntrico que tanto odiaba en algunas ocasiones. —¡Kuso! ¡Dejen de hacer escándalo, no dejan escuchar y van a terminar atrapándonos! —protestó furiosa.
—¡Es mejor que te calles tú, eres muy ruidosa! —se quejó la joven de las espátulas empujando a la joven amazona a un lado logrando que la chica se desequilibrara al pisar mal una de las bolsas de dormir y cayera al suelo.
En menos de un segundo la amazona se puso de pie. —¡Shampoo acabar contigo ahora! —exclamó lanzándose sobre Ukyo.
En aquel momento Ranma escuchó un ruido poco delicado y observó la tienda moverse. —¿Qué sucede allí? ¿Estarán peleando? —espetó preocupado mirando la carpa.
Antes que alguien pudiera responderle, Shampoo y Ukyo salieron de la tienda rodando por el piso firmemente sujetas por el cabello. —Chikuso, estúpida Ukyo por tu culpa nosotras estar perdiendo mejor parte de la conversación —bufó una enfurecida Shampoo jalando aún más fuerte el cabello de su contrincante.
Ukyo apartó el rostro de la joven china con una de sus manos tomándolo con fuerza. —¡Baka! ¡Vete al infierno, es todo culpa tuya! ¡Deberías ser menos escandalosa! —espetó irritada.
—No ser mi culpa si Ukyo enfadarse por la verdad —espetó una divertida Shampoo apartando a Ukyo de un fuerte empujón.
Desde la entrada de la tienda Akane observaba ruborizada la pelea, desde hacía minutos atrás había notado la divertida expresión de los tres muchachos. —Ku… kuso, dejen de pelear… por su culpa nos descubrieron —masculló frunciendo el entrecejo.
—¿De qué estás habla…? —se interrumpió Ukyo al observar las expresiones divertidas de los muchachos al observarlas. —, ¡shimatta! ¿estaban escuchándonos? —preguntó algo sonrojada soltando a la amazona.
—Digamos que no son nada discretas —sonrió Ranma acercándose a las muchachas—, ¿cuál fue el motivo esta vez? —inquirió divertido.
—No sé de qué estás hablando —bufó una avergonzada Akane intentando fingir que no había pasado nada—, de todos modos no es su asunto lo que estuviéramos haciendo—añadió mirando de reojo a su esposo cuya sonrisa había aumentado con creces producto de sus palabras.
—¿U… ustedes escu… escucharon algo? —preguntó un nervioso Ryoga observando con disimulo a su novia.
—Shampoo tener que hablar algo muy serio con tonto Mousse —afirmó con seriedad la amazona, dedicándole a su esposo una mirada que dejaba muy en claro que lo haría pagar por sus osadas palabras.
—¿Qué quieres hablar conmigo mi querida Shampoo? —preguntó Mousse con una expresión parecida a la de un cachorrito abandonado lanzándose rápidamente a la chica sin éxito ya que la joven en el acto se movió haciendo que el chico cayera estruendosamente en el suelo.
—¿A qué te refieres con instinto Hibiki, Ryoga? —preguntó Ukyo con una risita acercándose al chico.
Shampoo dirigió una orgullosa mirada hacia su esposo que seguía en el piso. —Shampoo encargarse de que Mousse recordar todo —refunfuñó cruzándose de brazos.
—¿Ins…instinto? —balbuceó nervioso Ryoga evitando la mirada de Ukyo—. Se… seguro escuchaste mal —afirmó hecho un manojo de nervios.
—¿Así que la culpa fue mía, koishii? —preguntó Ranma con una media sonrisa acercándose a la chica para que solo lo escuchara ella.
—Escuchamos muy bien, ustedes tampoco son nada disimulados —sonrió la chica de las espátulas mirando fijamente a su novio.
—No fui yo quien tuvo un ataque de ansiedad y se comió todos esos dulces —rebatió Akane arqueando levemente una de sus cejas—, y no me tardé tanto —murmuró lo último ruborizándose levemente al recordar aquella noche.
—¡Oe! Pensé que esos dulces lo habías hecho tú, koishii —mintió descaradamente mirando de reojo a su mujer—, hai… demoraste unos mil siglos —murmuró con una media sonrisa guiñándole un ojo.
—¿Entonces querías comer algo cocinado por mí, anata? —preguntó arqueando levemente una de sus cejas—. Cuando volvamos a casa cocinaré todos los días solo para ti —afirmó dedicándole una media sonrisa.
El joven de la trenza dejó escapar una tos nerviosa. —¿Qué te parece si vamos a dormir? —preguntó cambiando drásticamente de tema—, está comenzando a hacer frío… y creo que Ukyo y Ryoga pueden solucionar sus problemas a solas —comentó mirando a la pareja que aún se miraba a cierta distancia prudente con las mejillas en llamas.
—Pero no pienses en algo más… so… solo a dormir —murmuró sintiendo un intenso ardor en sus mejillas—, no quiero que nos escuchen —agregó mientras entrelazaba su mano con la de su esposo.
Una media sonrisa se formó en el rostro del joven ojiazul. —No había pensado en absolutamente nada, mi querida —espetó fingiendo demencia mientras tomaba a la chica delicadamente del brazo—. ¿Vamos? —preguntó mientras observaba a la joven amazona arrastrar a su esposo hacia la tienda.
Sonrojada avanzó del brazo de su esposo. —Baka, no te creo eso —murmuró suavemente sin poder evitar que sus labios se curvaran en una sonrisa.
Las mejillas del muchacho de la bandana adquirieron un intenso tono rojo cuando se dio cuenta que habían quedado solos él y Ukyo. "Kuso, tengo que aprender a controlarme cuando estoy cerca de ella… maldita sea… tengo que dejar de pensarlo para po… poder…" La suave tos de su novia para llamar su atención lo hizo dejar de lado sus pensamientos.
—Yo…yo… ¿hace calor, na? —espetó intentando evitar a toda costa una conversación sobre lo que había pasado esa noche.
—Un… un poco ¿está todo bien contigo? —preguntó clavando su mirada en el suelo algo nerviosa por la situación.
El joven carraspeó nervioso. —Ha… hai, na… nada pasó —balbuceó mirando de reojo a su sonrojada novia—. Yo… etto… no quería que todo ter… terminara así —murmuró con un tono de voz apenas audible.
—Yo… yo tampoco, di… disculpa —tartamudeó furiosamente sonrojada al recordar lo sucedido un par de horas atrás —, debí ser más cuidadosa, no quería hacerte daño, Ryoga —agregó tímida.
Sonriendo nervioso observó a la muchacha. —No me hiciste daño y no es tu culpa… es mi maldita imaginación la que ya… ya sabes me hace pensar cosas —admitió avergonzado apartando la mirada de la chica.
—¿Vamos a entrar? —preguntó deteniéndose a un lado de la tienda aún algo avergonzada—, prometo que seré paciente —pronunció en un tono casi taciturno.
"Ella quiere ir a la tienda… entonces… ¡Kuso, tengo que hacerlo! ¡No voy a decepcionarla otra vez!" Pensó decidido sin tomar en cuenta las últimas palabras de Ukyo. Avanzando rápidamente hacia ella la tomó por la cintura. —Ukyo, yo… yo…si tú quieres podemos continuar ahora… ¡puedo lograrlo! —exclamó acercándola un poco más a su cuerpo.
—¡Ha… hai! Pero… con… con mucha calma, quiero que esta vez podamos lograrlo —susurró con una ligera sonrisa en sus labios acercándose suavemente al chico para abrazarlo con delicadeza. Estaba completamente segura que esa noche lo lograrían.
Continuará
Notas de las autoras:
¡Y otra vez comienzan los enredos entre los muchachos!
¿Qué opinan del incidente con Ryoga y Ukyo? Pobre muchacho… aunque podría ser un poco resistente (sí, vamos a defender a la pobre Ukyo. Ella no tiene la culpa de tener un novio tan débil… xD)
Esperamos que estén finalizando muy bien este año, feliz receso para los que están por comenzarlo!
Besos, el próximo capítulo en tres semanas…
Sakura
Palabras en japonés
Koishii: Mi amor, amada
Oe: Hey, oye
Etto: Interjección de duda (¿Uhm? ¿Ah?)
Ne: Pregunta que siempre requiere de una respuesta afirmativa (¿cierto? ¿No? ) Las chicas usan la partícula ne y los chicos el na.
Baka: Idiota
Shimatta: Maldición, maldita sea
Hai: Sí
Chikuso: Mierda
Koibito: Amante, enamorado
Bakayaro: Estúpido idiota
