CAPITULO 37

8 de Mayo de 1999

Veintitrés años de edad.

—¿Lista para irnos? —pregunta Jacob. Asiento y miro cómo me sonríe.

Las cosas han estado mejor entre nosotros, más que nada porque he estado intentando actuar como si quisiera estar en esta relación con él. La mayoría del tiempo creo que sí, pero algunas veces tengo el sentimiento que es por extenuación. Y soledad. Sólo quiero sentir algo, cualquier cosa, porque estoy cansada de sentirme sola todo el tiempo.

—Vámonos entonces —dice Jacob, sonriéndome—. Andando.

Meto mi brazo por el codo que me ofrece y le digo adiós a Emily y Sam antes de caminar fuera.

Sin discutirlo, comenzamos a caminar al apartamento de Jacob y sé que hoy, las cosas van a avanzar. Él nunca me ha presionado de frente para que duerma con él, se ha detenido todas las veces que he apartado sus manos, aun cuando sé que él quería más. Pero sé que él lo quiere, sobre todo últimamente, cuando las cosas entre nosotros han estado mejor que nunca.

Una parte de mi tiene miedo. No sólo de acostarme con él, sino de tomar la decisión equivocada. No recuerdo al último chico con el que me acosté, como era y supongo que sólo espero que al acostarme con el siguiente chico pueda sentir algo más de lo que estoy sintiendo en este momento. Lo cual es absolutamente nada.

No, eso no es verdad.

Siento algo, pero es más como pérdida. Pérdida y vacío, como si algo me faltara sólo que no sé qué es ni cómo empezar siquiera a tratar de buscarlo. Pero está allí, una molesta y constante sensación en el fondo de mi mente que a veces se disfraza como dolor en mi pecho. Me gustaría saber cómo deshacerme de él, o por lo menos la forma de averiguar qué diablos es este sentimiento.

He intentado todo lo que puedo, pero nunca desaparece. Estoy obsesionada constantemente por los sueños que no puedo recordar, pero que siento increíblemente reales y que quiero desesperadamente. Todo, mis amigos, mi vida, mi relación con Jacob, todo se siente mal y falso, como si todo estuviera fuera de lugar. Pero ahora me pregunto si esto es algo que sólo tengo que hacer. Tal vez dormir con Jacob, realmente tener este tipo de relación con él me ayudará.

Mi cuerpo se estremece ante la idea, pero no en el buen sentido.

—¿Estás bien, Bella? —pregunta Jacob, pasando un brazo alrededor de mis hombros.

Miro hacia él, me está mirando con nada más que preocupación. Me obligo a sonreír, sabiendo que Jacob es un buen tipo y nada de esto, lo que estoy sintiendo es su culpa.

—Sí, es sólo frio —digo, apoyándome en él.

Jacob sonríe cuando de repente el sonido de una sirena corta a través de la noche, un camión de bomberos rojo en exceso de velocidad pasa delante de nosotros. Unas afiladas lanzas de dolor me atraviesan, haciendo que me doble cuando todo el aire sale de mis pulmones.

—Bella, en serio —dice Jacob, empujándonos a una parada de autobuses—. Estás segura que estás bien, actúas un poco raro.

Raro ni siquiera comienza a describirlo, me digo a mí misma. ¿Qué diablos me pasó en ese momento con el camión de bomberos? No tengo absolutamente ninguna idea, la dejo ir porque no sé cómo explicárselo a él. Así que simplemente encojo los hombros y digo:

—Sí, estoy bien. Venga, vámonos de aquí.

Jacob se inclina para besarme y sus labios se sienten suaves, pero fríos contra los míos. Sus brazos se envuelven alrededor de mis hombros, jalándome más cerca y trato de hundirme en él, pero se siente extraño.

Eventualmente nos dirigimos a su casa y Jacob abre la puerta, mi estómago comienza a agitarse. Estoy empezando a preguntarme si esto realmente es una buena idea.

—Mierda —dice Jacob mientras caminamos a la sala, una luz lateral ilumina la enorme mochila que está puesta en medio del piso.

—¿Qué es eso? —pregunto, esperando que esta sea mi señal.

—Nada —dice, volviéndose hacia mí con un dedo en sus labios—. Mi compañero está aquí, esperaba que no regresara esta noche.

—Oh, ¿debo irme? —pregunto, pensando que esta es mi excusa perfecta.

—No —dice, negando—. Sólo estaremos callados y él ni siquiera se dará cuenta de que estamos aquí.

La sonrisa en el rostro de Jacob me dice algo más. No es sólo una cuestión de estar tranquila mientras furtivamente vamos hacia la habitación de Jacob como un par de adolescentes. Se trata de estar tranquila cuando empecemos a hacer lo que Jacob espera que hagamos, en el interior de esa habitación.

Siento una abrumadora ola familiar. Es algún recuerdo de escabullirse a una habitación, de todas las cosas maravillosas que luego sucedieron en esa habitación. ¿Por qué mierda no puedo recordar? Lo único que sí sé, es que no estaba con Jacob, el chico que sostiene su mano con la mía mientras me conduce tranquilamente a su habitación.

Echo un vistazo a la cocina a medida que pasamos, veo un chico alto con el cabello café que se coloca delante del refrigerador, de espaldas a nosotros. Él no nos nota porque la música que está sonando en la radio que está colocada en un banco de la cocina ahoga nuestros pasos. No puedo creer que Jacob no se detenga a saludarlo.

—A salvo —dice finalmente, cerrando la puerta detrás de nosotros.

Me recuesto contra la puerta sin sentir nada, pero segura, Jacob sonríe mientras se presiona contra mí y a pesar de que mi cuerpo se siente enjaulado y atrapado levanto mi boca a la suya mientras se inclina para besarme, forzando extraños y raros recuerdos.

Jacob descansa su cuerpo contra el mío, haciéndome sentir más atrapada. Mi corazón late con fuerza contra mi pecho y sé que no tiene nada que ver con el chico que me está besando contra la puerta de su habitación. Pongo mis manos en su cuerpo y las obligo a abrazarlo.

—¿Estás bien? —pregunta, sus ojos entrecerrados mientras mira fijamente hacia mí.

No.

—Sí —digo, sonriéndole—. Podríamos movernos, sin embargo —digo, señalando con la cabeza la cama detrás de él.

Jacob me sonríe ahora, guiñándome un ojo mientras se aparta de la puerta hacia su cama. Cuando estamos ahí, él se sienta, jalándome a sus piernas abiertas mientras sus manos se deslizan hacia arriba y abajo de mi suéter, tirando de él por encima de mi cabeza en un movimiento rápido. Queda atrapado por mi bufanda, Jacob ni siquiera parece darse cuenta, mientras trata de desnudarme. Todo acerca de esto se siente incómodo y raro, pero todavía no lo detengo.

—Ardiente —murmura Jacob, sus ojos en mi sujetador negro de encaje mientras mira fijamente a mis pechos. Sus dedos alcanzan uno y lo liberan de la copa. Él se inclina y lo lleva a su boca, sus dientes mordiendo y chupando de una manera que es casi dolorosa. Deslizo mis dedos en su cabello, no estoy segura si lo jalo más cerca o lo empujo.

Antes de que pueda decidir, Jacob desliza los tirantes por mis brazos, atrapándolos en mis costados mientras cae en la cama y me lleva con él. Termino encima de él, mis brazos clavados a mis costados mientras Jacob chupa mi cuello.

De pronto, esto se siente algo más que extraño.

Siento que esto es un error, una traición, un gran, gran error.

Forcejeo contra Jacob, sus brazos ahora alrededor de mi cintura mientras me sostienen contra sí. El piensa que es un estímulo, su boca sólo chupa más duro mi cuello.

—Jacob. —Dejo escapar, mi voz llamándolo—. Espera.

Él no me escucha o no le importa, su boca se mueve ahora más abajo en un intento de encontrar mis pechos que están al descubierto y empujo contra su pecho.

Trato de rodar fuera de él, me obligo a decir.

—Jacob. —Esta vez más fuerte.

—¿Qué? —dice, levantando el rostro para mirarme.

Puedo ver la molestia en sus ojos, la frustración de tener que parar… otra vez. Pero no me importa. Nada de esto se siente bien, no es mi posición en la que estoy, es el chico con el que estoy, ni las cosas que vamos a hacer. Nunca debería haber continuado con esta relación. No puedo explicar por qué, lo único que sé es que debo salir de aquí.

Ahora.

—¿Qué, Bella? —pregunta, impaciente—. ¿Qué hay de malo esta vez?

Forcejeo de nuevo con él, finalmente libre ruedo a un lado y levanto los tirantes de mi sujetador.

—No puedo —digo, rehusándome a mirarlo—. Lo siento, pero no puedo seguir con esto. No puedo hacer nada de esto. —Me apresuro a levantarme de la cama antes de que me pueda detener, agarrando mi suéter en el piso y tirando de él por encima de mi cabeza para ocultar mi pecho medio desnudo.

—Bella, ¿qué está pasando? ¿Hice algo malo? —pregunta Jacob, sentándose y dejando ver sus no tan discretos y ajustados jeans.

Niego, pero me niego a mirarlo.

—No, no eres tú, soy yo —le digo, con el cliché más viejo de un libro—. Lo siento. —Entonces agarro mi bolso del suelo y camino fuera de su habitación antes de que intente que cambie de opinión.

Cuando pongo una pierna fuera de la puerta, colisiono directamente con el chico que estaba de pie en la cocina cuando llegamos.

—Guau, mierda, lo siento —dice él, sus dedos agarrando mi brazo cuando casi tropiezo por el golpe.

Me alejo de él, mirando unos ojos azules cálidos y amables.

—No hay problema —digo—. Es mi culpa.

—¿Estás bien? —el extraño me pregunta.

Asiento.

—Sí, estoy bien —digo, caminando hacia la puerta principal. Tengo que salir de aquí antes de que Jacob salga de su habitación—. Ya me iba. Fue un placer conocerte —miento, sabiendo que nunca voy a ver a esta persona de nuevo.

—El mío también —dice en voz alta, justo cuando Jacob sale de su habitación—. Oh, oye, Jacob, ¿cómo te va? —le oigo preguntarle.

—Hola, Edward —dice Jacob cuando cierro la puerta detrás de mí, negándome a escuchar su intento de hacerme cambiar de opinión.

Porque en ese último segundo; no necesito saber nada más.

Porque en ese sólo segundo, con esa única palabra, el recuerdo del por qué esta noche se sentía tan mal, por qué los últimos años se han sentido tan mal, todo viene corriendo hacia mí.

Edward.

Edward fue el último chico con el que dormí. Edward es el chico con el que debería estar durmiendo esta noche, el chico con el que pensé que dormirá por el resto de mi vida.

Pero, así como los recuerdos de una noche de lluvia, un beso profundo mientras me presiona contra una puerta, un viaje tranquilo por las escaleras a una habitación llena de pasión, lujuria y amor, todo empieza a invadir mi cerebro, también las pesadillas.

Pesadillas de una traición, de otra mujer y de Edward, rogándome a que crea que no era nada.

Y con eso, inmediatamente me inclino y vomito. Todos los recuerdos y pesadillas caen sobre mí, consumiéndome y finalmente haciéndome entender por qué me he estado sintiendo de esa forma durante tanto tiempo.

¿Cómo diablos olvidé todo esto?