HAPPY LIFE: ICE AND GOLD
ANEXO 1
"El abrazo de una madre"
Aquella noche era fresca, con el viento moviendo las copas de los árboles del bosque cercano a la propiedad de los Usui-Tao y dejando escuchar un sonido susurrante en los alrededores, que servía para arrullar a cualquiera que pudiese percibirlo.
Al menos, los habitantes más pequeños de aquel enorme hogar dormían con placidez sin que nada perturbase la calma de sus sueños…
Pero no era lo mismo en todas las habitaciones
En la más grande y a la izquierda del segundo piso, justo enfrente de las enormes escaleras amplias y curvas que bajaban hacia el primer piso algunos sonidos ahogados se percibían en su interior, aislados en la parte externa gracias al grupo de pergaminos con encantamientos pegados en los marcos de la puerta occidental en su parte interna; y es que con niños en casa, las actividades que se llevaban a cabo entre los adultos, por regla impuesta por la cabeza de la casa (la esposa en este caso) debían de ser forzosamente discretas
Nadie quería a un pobre e inocente niño, viendo cosas… que no debían!
Sin importar que la edad de aquellos que llevaban a cabo dichas actividades no hubiera sido la más apropiada cuando comenzasen a realizarlas ni que el sitio de su primera vez hubiese sido de todo menos discreto.
Horohoro tenía capturado el cuerpo de su pareja contra la enorme cama en la cuál solían dormir mientras que mordía y chupaba el cuello de este, haciéndole soltar voces continuas y altas y clavar sus uñas en la amplia espalda del ainú que se movía contra este, provocando que el mueble se agitase de repente en golpes pesados y luego, en movimientos cortos; a ninguno parecía importarle el tener que cambiar cada cierto tiempo el sostén del colchón por terminar de arruinar este ante lo que hacían quizá no todas las noches pero lo suficientemente a menudo como para que en verdad hasta el suelo mostrase signos de resentirlo.
Y es que con cada año y día que pasaba, el deseo que sentían el uno por el otro no disminuía en absoluto
Por el contrario, era como que el cambio en sus rostros y el crecimiento de sus cuerpos solo les impulsase a explorarlos con asiduidad y a descubrir nuevos detalles en el otro, casi como si se tratase de la primera vez de ambos en la cama.
En un movimiento rápido, el joven de cabello claro volteó el cuerpo del más delgado sobre el colchón, tomándole de las caderas para comenzar a besar su nuca con deseo y de ahí, ir descendiendo hasta apoderarse de la piel oscurecida y marcada con el símbolo de los Tao, provocando nuevas voces y gemidos por parte del chico de cabello oscuro que enterró las uñas en la almohada donde se había apoyado
-Horo!
Se quejó Ren a pesar de que disfrutaba del calor agobiante que cruzaba en oleadas su cuerpo hasta endurecer más y más su miembro, producto del encantamiento de su padre que ni siquiera se había planteado el retirar al descubrir que en verdad, le había encontrado funcionalidad al ser poseído por el shamán de hielo que marcaba con sus dientes la piel delante suyo y arrancaba nuevos gemidos de su esposa, que se retorcía debajo de su cuerpo en desesperación
-Estás… tardando…- decía el Tao.
Y tampoco era una situación anormal, todos sus encuentros eran tortuosos para el disfrute del más alto que continuaba paseándose por el enorme tatuaje mientras que descendía una mano entre las piernas de su pareja, para comenzar a masajear con cuidado y cariño los testículos de este
-Sabes que adoro tenerte desesperado
Respondió el de ojos negros, sonriendo desde la parte posterior de Ren sin dejar de besar toda la espalda de este para luego, dar una larga lamida a la columna que sobresalía, consiguiendo un escalofrío más evidente en el chico de cabello oscuro
-No…
Dijo Ren separando las piernas y alzando levemente la parte posterior del cuerpo para luego, comenzar a moverse despacio para aumentar la sensación de la mano del chico sobre sus partes privadas
-Lo… ahhhh… lo que quieres…- se mordió los labios apretando los párpados para luego, verle por sobre su hombro- es verme supli…cando…
Tartamudeó con dificultad al percibir como el otro extendía sus dedos para empezar a acariciar de forma suave pero continua la piel de su miembro, sacándole más gemidos y temblores y provocando que agachase la cabeza para apoyar la frente en la almohada, abriendo la boca tanto como podía para respirar de forma adecuada; el ainú se rió divertido mientras que alzaba más aquella mano para empezar a frotar la punta de aquella parte de su pareja, intentando llevarle al clímax
-Si… no diré que no
Murmuró reclinándose sobre su oído para luego, al voltear nuevamente quien tenía debajo con expresión afiebrada y desesperada, besarle rápidamente, empujando su lengua al interior de la boca de Ren para arrancarle más gemidos y usar la otra mano para acariciar su pecho, buscando que en verdad las sensaciones aumentasen y lograr que se corriese en su mano; se acomodó levemente entre el trasero de su pareja y empezó a frotar su propio miembro entre las nalgas del joven debajo suyo para darse placer mientras que continuaba su labor, sintiendo como los temblores y los quejidos del de ojos dorados se habían más extensos y las gotas de líquido comenzaban a caer por entre sus dedos hasta las telas que cubrían el colchón de la cama…
Solo un poco más… y podría comenzar a prepararlo
-WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
Ambos dieron un respingo, abriendo mucho los ojos. Horohoro emitió un gruñido y se recargó en la espalda de su pareja, que cerró los ojos y suspiró con fuerza y paciencia. Aquel tipo de cosas, siempre eran como un balde de agua justo cuando se encontraban teniendo relaciones sexuales; adoraban ser padres, a pesar de los dolores que el Tao había tenido que pasar en sus dos partos (dado que el segundo había sido gemelar y natural, aún negándose a pasar por la cuchilla)… más sin embargo, a veces se preguntaban por qué era que no aislaban su habitación no solo para que no saliesen ruidos sino para que no entrasen.
-Podemos seguir un poco más…
Dijo el ainú casi con suplica, acariciando un poco el cuerpo de su esposa que le gruñó con reprobación pero dejando en evidencia, que ansiaba tanto como el otro el continuar con aquella actividad
-Dejará de llorar en unos momentos… tal vez… solo se ha sentido incómodo… o ha mojado el pañal, no le matará esperar diez minutos…- trató de suplicar el de ojos negros, casi viendo como la idea cruzaba por la mente de su pareja y parecía que quizá y hasta iba a ceder…
Pero entonces…
-WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA WAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
Ren dejó salir un rechistido y empujó el cuerpo del Usui hacia un lado, para ponerse de pie y percibiendo la incomodidad de su propia humedad y de su miembro erecto; Horohoro dejó salir un quejido y se dejó caer de lado para luego rodar de espaldas sobre la cama, colocándose una mano en el rostro mientras que un poco más allá, el de cabello oscuro se colocaba un par de calzoncillos rápidamente y luego, se enfundaba una bata de estar en casa alrededor del fino cuerpo
Los ojos del ainú se quedaron viendo a su pareja hasta que este salió de la habitación
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Una vez en el largo pasillo que se abría por un lado con un barandal de madera y desde el cuál se observaba el primer piso, Ren se anudó mejor aquello que cubría su cuerpo y de ahí, avanzó con sus zapatillas en dirección de la habitación que estaba una puerta más allá de la suya hacia la izquierda si se colocaba de frente a la puerta para entrar; el llanto dolido y fuerte de los pulmones de aquel bebé resonaban por toda la enorme casa, pareciéndole aún increíble al Tao como algo tan pequeño podía hacer semejante ruido
Aún Xian habiendo nacido prematuro, no solía estallar en llanto de aquella manera ni cuando quería llamar la atención
Y sus hijos más recientes, no habían sido más grandes que su hermano mayor, debido a que habían sido dos y por ende, no habían logrado tener suficiente espacio como para crecer del todo; todo en sus bebés siempre terminaba por asombrarle y se preguntaba si ocurría lo mismo con todos los padres
-Mami?
Ren estaba a punto de entrar en el cuarto desde el cuál se escuchaba el llanto, cuando la delgada y fina voz de Usui Xian se dejó escuchar desde unas pocas habitaciones más lejos, en la zona donde el pasillo ya contaba con un muro y dejaba de dar hacia el primer piso; el pequeño de cabello largo hasta debajo de las orejas y ojos azules, se tallaba aquel que tenía cerrado dejando ver bastante sueño y su pijama completo le daban un aspecto casi de peluche
Xian emitió un suspiro, mostrando una pequeña lágrima en uno de sus ojos
-Puedo ayudarte?
El chino sonrió con ternura hacia su hijo mayor y suavizó la mirada
-No es necesario- respondió agradecido y con amabilidad- vuelve a la cama, ya lo hago callar- musitó
Con un nuevo suspiro de cansancio, el pequeñito dio una corta cabezada de mareo y se volvió hacia su habitación, cerrando la puerta detrás suyo; Ren volvió a sonreír un poco, conmovido por todo aquello que era su hijo y que le impresionaba con cada día que pasaba. Definitivamente no sabía de donde lo había sacado, ya que el pequeño Xian era muy educado y servicial, siempre queriendo ayudar a sus padres y comportándose de forma delicada pero fina, leyéndole a veces mientras que el chino se encontraba estudiando para terminar con la universidad desde casa (quizá no era una lectura perfecta, pero el niño se esforzaba en intentarlo… a pesar de ser tan pequeño ya mostraba ese tipo de dotes que le desconcertaban) o cuando estaba cumpliendo con sus labores de la casa que había decidido hacer por su cuenta, descubriendo alegremente que podía pasar sin sirvientes y sin zombies.
En verdad que adoraba a su hijo y este, siempre les hacía saber que también les devolvía la misma devoción
Definitivamente, se consideraba una persona afortunada al tener la suerte de tener un hijo así. Finalmente abrió la puerta de la habitación a oscuras y con cuidado, encendió la luz suave que habían colocado para que no lastimase los ojitos de los bebés casi recién nacidos a los que habían acomodado en aquel sitio; el llanto de uno de ellos continuaba con fuerza desde una de las dos cunas de madera labrada y adornada que habían preparado para este y el Tao se encaminó hacia esta.
-Shhhh shhh- comenzó a decir el de ojos dorados finalmente asomándose por encima de la reja protectora para después, alargar los brazos y tomar el diminuto cuerpecito del bebé que continuaba en llanto- ya, ya… no hay por qué llorar Dai…
Los sollozos del pequeño se fueron haciendo cada vez más espaciados y cortos a pesar de que gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas hasta que finalmente sus enormes ojos azules se clavaron en los dorados de su madre y su llanto se fue apagando hasta que después de unos momentos, Ren dejó salir un suspiro y le apoyó sobre su pecho, entrecerrando los ojos y comenzando a mecer el minúsculo cuerpo del bebé en contra suyo, dando unos pequeños pasos para pasearle lentamente por la habitación
Y entonces, al percibir algo más en aquel sitio, desvió su mirada hasta dar con el último de sus hijos que desde su cuna y con expresión seria, observaba lo que sucedía en completo silencio, enviándole un ligero escalofrío a su madre
En verdad… cómo era que ambos eran así?
Usui Tai Chi y Dai Chi habían nacido hacía poco, el primer día de Septiembre de aquel año y nuevamente, la genética parecía haber decidido jugar con el aspecto de los pequeños, dándole al menos a uno de ellos el aire de su madre… y a ninguno algo de su padre.
Aún más irónico había sido el hecho de que a pesar de que se suponía que eran gemelos idénticos… algo durante su formación había cambiado al grado de que no lo parecían
Dai Chi había sido el mayor de los gemelos en nacer, pesando un kilo y quinientos gramos y dejando ver desde un principio, que su forma y aspecto tiraban a ser similares a los de su hermano mayor, Xian; sus rasgos eran delicados aunque un poco menos acusados, su cabello era de un azul más opaco así como sus ojos y sonreía bastante a menudo, pareciendo encontrar fascinante el mundo a su alrededor y siempre estirando las pequeñas manitas hacia lo que tuviera a su alcance para llevárselo a la boca. Y al mismo tiempo, también parecía ser el más sentimental ya que lloraba fácilmente al ser asustado por algo desconocido y siempre deseaba encontrarse en los brazos de sus padres
Por otro lado, Tai…
Tai…
Tai Chi había sido el último de los gemelos en nacer y el que más había tardado en hacerlo. Su parto había sido bastante doloroso a pesar de que el pronóstico era de que sería el mayor por los esfuerzos que hacía el pequeño para salir, pero al final, había sido su hermano Dai el que se había abierto paso… y de ahí, todo el proceso se había convertido en un verdadero infierno; el bebé que aún permanecía dentro de su madre se había negado a moverse más, haciéndole creer que algo había sucedido e incluso, llegando a escuchar a alguna enfermera sugerir que quizá la criatura había fallecido en el parto.
Había llorado de terror al pensar en ello para después, saber que de hecho el bebé seguía bastante vivo… pero parecía negarse a nacer.
Horas y horas se dieron una tras otra y de alguna forma extraña, hasta que el médico decidió que lo llevaría a cirugía para extraer al niño por cesárea, este se había dignado a asomar la cabeza y venir al mundo; no había ocurrido el llanto al nacer, no había buscado los brazos de su madre… el médico a cargo, había reído mientras que decía que jamás había visto a un recién nacido con expresión de enojo y odio, encogido en sí mismo como si estuviese enfurruñado por el simple y sencillo hecho, de nacer segundo.
Pero después de un par de días, era evidente que ese era el carácter del pequeño
Y este no podía ser más diferente de su hermano mayor. No solamente era su aspecto, donde el tercer bebé era el único que había heredado la forma de ojos de su madre si bien no lo había hecho con el color, ya que el cabello de este era de un negro profundo y brillante, así como sus astutos ojos que lo veían todo con suspicacia y sospecha sino que además, el carácter que dejaba ver era completamente distinto al de los otros dos niños; el pequeño de expresión seria a pesar de ser un bebé reciente, siempre parecía analizarlo todo, pensarlo todo… y era terriblemente silencioso
Muy rara vez lloraba y si lo hacía, era por períodos extremadamente cortos y porque en verdad requería de algo, por lo regular, un cambio de pañal.
Había un algo en este, que a veces hacía sentir incómodo al Tao y le recordaba en cierta forma a su propio padre… pero al mismo tiempo, no podía dejar de amar a su hijo; fuese como fuese, había salido de sus entrañas y era hijo del amor de su vida, nunca podría sentir menos por aquel niño que un gran amor
Quizá cuando creciesen… tendría que tener una mano más dura con este que con el resto, pero no por ello, le querría menos
Tenía un aire, que aparte de su padre… le recordaba a él mismo
Quizá era eso, su hijo recién nacido tenía un carácter bastante orgulloso a pesar de su edad y por ello, se sentía extraño al estar cerca de este; se sentía reflejado y quizá, hasta temía ver algo de ello a futuro, lidiar con un chico que fuese como él lo hubiese sido y no saber qué hacer al respecto
Continuó meciendo al bebé en sus brazos y comenzó a andar por la habitación, intentando dormir al pequeño que ya empezaba a cabecear sobre su hombro y sin pensarlo, empezó a darle pequeñas palmaditas cariñosas en la espalda, moviendo su cuerpo de manera extraña hacia arriba y hacia abajo hasta que después de cerca de media hora, el niño ya respiraba en paz y flojo de manera que Ren dejó escapar un suspiro de alivio; en la otra cuna, su hermano ya había vuelto a dormir también lo que significaba que podía regresar a su habitación y quizá, si Horohoro aún no se dormía y seguía interesado podían tratar de "terminar" lo que habían dejado pendiente
Quizá se suponía que el ainú era el más pervertido y lujurioso de los dos… pero Ren no podía negar que también disfrutaba y quizá hasta demasiado el sentirse poseído por su esposo cuando las cosas sucedían, quizá por el hecho de haber sido forzado por tantos años por una persona a la que había terminado odiando
Con mucho cuidado, se acercó a la pequeña cuna que le correspondía a su bebé y le acomodó entre sus manos, descansando la cabecita de este en una de estas para bajarlo hasta el colchoncito y depositarlo con cuidado hasta que pudo alejarse muy lentamente y ver que seguía dormido; sonrió un poco y con la yema de los dedos acarició los delgados mechones de cabello de su hijo, moviendo a un lado aquellos que le molestarían en el rostro y finalmente, se dio la vuelta para salir de la habitación teniendo cuidado de no hacer ruido alguno.
Apenas y había apoyado una mano en la puerta… y entonces, el llanto del pequeño volvió a escucharse con fuerza… y esta vez, acompañado por el llanto de su hermano que al parecer, ya se había mosqueado bastante por ser despertado dos veces entre la noche
Ren Tao golpeteó suavemente su frente contra la puerta, emitiendo un gemido de frustración para luego, voltear un poco en dirección de las cunas desde las cuáles provenía el llanto
-Por favor…
Gimió cansino pero entonces, un nuevo golpe no muy fuerte le dio por un lado haciéndole emitir un grito de queja lo que detuvo el movimiento de la puerta al abrirse
-Lo siento!
Soltó de inmediato Horohoro que había ido hasta aquel cuarto al sentir que su esposa estaba tardando mucho y que quizá, necesitaba algo de ayuda para calmar al niño; el chino se apartó del camino gruñendo enojado mientras que el ainú ingresaba y entonces, Ren se encaminó hacia la cuna del pequeño Dai para volverlo a alzar en brazos
-Ya, ya…- dijo el joven de cabello oscuro volviendo a mecer al pequeño en brazos que lloraba nuevamente con bastante sentimiento- si ya te habías dormido! –añadió para luego, ver en dirección de la cuna donde el otro bebé lloraba también; cerró los ojos levemente frustrado hasta que su pareja se acercó para alzar con facilidad al bebé de cabello negro y colocárselo apoyado en el hombro
-Shhhh… Tai… tú no eres tan llorón y vas a hacer llorar a mamá- bromeó Horohoro empezando a mover la cadera de lado a lado para mecer a su hijo mientras que Ren le dirigía una mirada indescifrable- está bien…- dijo al de ojos dorados sonriéndole con suavidad- ya sabíamos que esto de tener bebés implicaba mucho llanto y noches en vela… pero si quieres, puedes regresar a la cama, ya me encargo yo
Le ofreció en un tono cariñoso, recibiendo una mirada irritada del Tao
-No me estoy quejando
Soltó Ren frunciendo el ceño mientras que intentaba calmar al niño en sus brazos que ahora, aferraba con sus deditos la bata de su madre como si quisiera permanecer clavado en esta y su llanto era todavía más sentido que el primero; el joven de ojos dorados dio un suspiro pesado y logró soltar las manitas de su hijo para colocarle de espaldas entre sus manos y empezar a mecerlo largo pero con suavidad para que empezara a calmarse. Por su lado, el joven de cabello claro parecía haber contado con más suerte puesto que el bebé de ojos negros había dejado de llorar y solo veía con expresión de sueño y molestia a su madre
Horohoro se rió
-Alguien está celoso de tu atención, Ren
Dijo el shamán de hielo acariciando con cuidado la cabecita del pequeño Tai, que comenzó a hacer varios ruiditos pequeños y se enfurruñó más en los brazos de su padre
-Quieres que cambiemos?
-Veamos –respondió el chino acercándose a su esposo para que pudiesen pasarse los bebés de un lado a otro; una vez que el shamán de la lanza tuvo a su hijo menor en brazos, le meció con cuidado sobre su pecho y pudo percibir con alivio, como empezaba a dormitar al tiempo que cerraba una manita cerca de su boca
Por su parte, el Usui le había hecho un pequeño cariño al bebé que ahora sostenía pero este, había empezado a sollozar en pequeños espasmos
-Noooo… shhhh Dai… vamos, soy tan malo para ser tu padre?- rió quedamente el nativo de Hokkaido, girando al bebé sobre uno de sus brazos para tenderle a lo largo de este y empezar a mecerle dándole palmaditas en la espalda
Finalmente y después de un par de horas, ambos adultos se encaminaban a su habitación, dejándose caer sobre la cama sin siquiera retirarse las batas de noche
-Adoro ser padre… pero no me gusta tanto llanto… -dijo Horohoro con un gruñido agotado, aplastado boca arriba con todo el cuerpo extendido mientras que a su lado, su pareja estaba boca abajo, casi encogido en sí mismo y con la boca hundida en las sábanas
-Esto es tu culpa- murmuró Ren con un tono de voz ahogado por aquello que le cubría, consiguiendo que el ainú frunciese el ceño
-Mi culpa?
-Tú me embarazaste, ahora hazte cargo- gruñó el Tao cerrando los ojos lo que hizo enojar levemente al de cabello claro que se enderezó un poco
-Si me hago cargo- soltó resentido Horohoro colocándose un poco de lado aunque el otro se había apoyado ahora sobre uno de sus brazos a modo de almohada, dándole la espalda- pero no es mi culpa que Tai y Dai sean tan apegados a ti y se sientan solos cuando no te perciben cerca…
Ren parpadeó un poco para luego, voltear hacia su pareja que continuaba con los ojos cerrados y el ceño fruncido; se enderezó un poco apoyándose sobre un brazo
-Qué quieres decir con eso?
-Uh? –Horohoro abrió un ojo y observó al chico a su lado que parecía intrigado e incómodo por lo que había dicho el otro; el ainú permaneció en silencio unos momentos antes de hablar- sí, bueno… leí que a veces los bebés como han pasado mucho tiempo dentro de su madre, una vez que nacen sienten extraño el no tenerla tan cerca… y por eso lloran mucho
Suspiró profundo y levantó la vista un poco hacia la cabecera de la cama
-Algo así pasó cuando Pirika era una bebé… solía llorar mucho porque mamá no estaba cerca y solo se calmaba cuando la envolvían apretada en uno de los tejidos que ella solía utilizar para cubrirse en invierno… algo tenía que ver con el aroma…
-Aroma… -repitió Ren componiendo un gesto pensativo, juntando ambos brazos un poco debajo de su cuerpo para apoyarse de forma más cómoda- crees… que ellos en realidad… quieran sentirme a su lado?
-Eres su madre- respondió con sencillez el de cabello azul claro, sonriéndole con cariño- claro que te quieren a su lado. Yo siempre te quiero a mi lado- dijo levantando el brazo derecho para tomarle de la cintura y estirarle hasta que el chino cayó sobre el torso del más alto y entonces, Horohoro buscó sus labios hasta que consiguió tomar los de su pareja, que cerró los ojos y suspiró en el beso, repitiendo durante varios minutos lentos aquel amor compartido con sus alientos
El joven de ojos negros le dio un último beso suave y lento al otro y de ahí, besó la punta de su nariz mientras que Ren después de ello, se acomodaba para apoyar la cabeza en el amplio pecho del otro, abriendo la bata de dormir de este para poder sentir su piel en el rostro
-A mi… también me gustaría poder abrazarlos siempre
Musitó el de ojos dorados comenzando a cerrarlos despacio mientras que sentía la caricia del otro sobre su cabeza y espalda
-Me gusta la idea… de que lleven una parte de mí, siempre con ellos- añadió en un susurro, para luego, hacer brillar sus ojos como los de un felino; había tenido una idea. Sonriendo suavemente, se acomodó mejor en los brazos de su esposo para poder retirarse al sueño, sintiendo una extraña emoción en su pecho a pesar de que un pensamiento como aquel, le traía todo lo contrario…
Pero la expectativa de ver las reacciones de los pequeños gemelos de alguna manera, le entusiasmaba
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Al día siguiente, Ren Tao se encontraba sentado delante de un gigantesco baúl negro con motivos dorados al tiempo que lo vaciaba sobre el suelo de uno de los sótanos que poseía en aquella casa.
Una vez terminado el asunto del torneo de shamánes y sabiendo que podría mudarse de forma definitiva al hogar que le había construido su esposo en Japón, le había pedido a su hermana que le ayudase a movilizar todo lo que habían sido sus pertenencias o al menos, aquellas que le importaba conservar; sin embargo Jun se había traído varias de sus cosas de China a pesar de las negativas del Tao, insistiendo en que "quizá algún día, podría encontrarle algo de uso a ello"
La verdad era, que no las quería
Aquello que poseía en China, fuera de su ropa que si había acomodado en su armario y que había ido cambiando con el tiempo por su cambio de estatura le traía recuerdos demasiado dolorosos, en especial al tratarse de objetos que habían estado presentes en sus memorias más oscuras cuando aquellas situaciones se diesen
"Por favor, para! Para! Duele mucho, yo no hice nada!"
Un fuerte escalofrío recorrió al chino sentado sobre sus talones mientras que sacaba un espejo octagonal y observaba su reflejo en la manchada superficie de plata; pasó sus dedos por aquella imagen mientras que su voz de infancia, en llanto y en gemidos de dolor volvía a su mente una y otra vez. Incluso, le parecía ver una imagen de todo aquello del otro lado de aquel objeto, una donde se observaba el enorme y desnudo cuerpo de ese monstruo que sin compasión penetraba y rasgaba el interior del cuerpo de un niño demasiado pequeño como para defenderse o para negarse a nada.
Aún había días en que le parecía percibir las malditas manos de En Tao recorrer su cuerpo y se sentía contaminado tan solo por ello
Bajó el espejo y se aferró un brazo con una mano, apretándolo e intentando concentrarse en la realidad. Esa donde por lo general, Horohoro solía salvarle de su propia mente y le resguardaba entre sus fuertes brazos, permitiéndole sentir su aroma y la seguridad que este le brindaba y le susurraba al oído, que nunca lo abandonaría y que nunca más tendría que pensar en aquello que le había hecho tanto daño.
Siempre encontraba consolador el percibir el perfume del cuerpo de su esposo
Su expresión de volvió una de comprensión entonces y redobló la búsqueda dentro de aquel enorme baúl con apariencia de féretro y tuvo que hundirse en este al menos casi por media hora de sacar pequeños juguetes, objetos tradicionales y ropas de niño muy pequeño hasta que finalmente, sus manos dieron con un par de objetos suaves y les hizo salir, hasta que volvió a sentarse sobre sus talones para ver aquello que sostenía; en su mano derecha, había un oso de felpa bastante curioso de enormes ojos y que aunque lucía muy maltrecho y con cortes, aún conservaba la mayor parte del relleno en el interior de su cuerpo.
Y en la otra…
Un tigre de peluche. Aquel que solía abrazar con fuerza desde que fuese un bebé y en el cuál solía llorar desesperado en aquellos días de miseria, sosteniéndose a este para tratar de sentirse seguro de alguna manera; cuando era un niño demasiado tonto para ver la realidad de las cosas, a veces imaginaba que aquel muñeco se volvía un animal real y le defendía completamente de todas las sombras que le hacían daño. Y sin embargo un día… en una ocasión, cuando la violencia de su padre le había llevado a caer en el hospital a punto de morir, había terminado por llegar al punto cúlmine de su oscuridad y odio.
Le había gritado a su mejor amigo, a aquella criatura inanimada que lo salvase… para recibir solo silencio de su parte y una mirada opaca de los botones negros en sus ojos
Para cuando pudo volver a casa, lo primero que había hecho, preso de la rabia y del dolor había sido destruir los objetos de su habitación. El oso y otros juguetes habían caído presas de su desesperación… pero el tigre… ese tigre…
Ese amigo que en aquel entonces, sentía que lo había traicionado…
Ese obtuvo un tratamiento especial. Con sus propias manos fue despedazándolo, sin terminar de desmembrarlo pero arrancando tanto de sus partes como podía al tiempo que gritaba y lo arrojaba y sacudía por todas partes, sintiendo como todo en su alma se separaba de forma cada vez más evidente y sin saber, que su abuelo en aquellos instantes estaba planeando algo para afianzar aún más, la desconexión entre el niño que debía de haber sido y ese monstruo en el que se convertiría, acercándose cada vez más a la imagen de En Tao.
Un nuevo temblor recorrió al joven adulto y este, bajó ambos juguetes clavando sus dorados ojos en la nada delante suyo.
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-Qué haces?
Horohoro entraba del patio de la casa, descubierto del torso y con un par de guantes gruesos cubiertos de tierra lo que indicaba que había estado trabajando nuevamente con sus plantas y que ahora regresaba debido a que se acercaba la hora de la comida; en la cocina donde estaba la entrada desde la parte posterior de la casa, Ren Tao se encontraba sentado en una silla con una pierna cruzada elegantemente sobre la otra pero de manera que pudiese apoyarse
A su lado, una canasta con diversos hilos y agujas aguardaba para ser usada y en una muñeca llevaba amarrado un cojín con alfileres
Y mientras tanto, el joven de ojos dorados se encontraba cosiendo aquel peluche de tigre, rellenándole con algo de algodón y corrigiendo varios otros cortes que tenía en diversas partes de su cuerpo de felpa; el ainú olfateó el aire, se percibía el perfume de los jabones y suavizantes con los que su pareja había lavado ambos juguetes y que los habían dejado no solo con los colores muy vivos sino que también, bastante esponjados del pelaje.
Dentro de la camisa de corte oriental que llevaba el Tao, podía verse sobresalir a la altura de corazón el oso de felpa, ya arreglado
El joven de cabello azul claro se acercó a su pareja y luego, se dirigió a servirse un vaso de agua para luego, regresar a su lado y apoyarse en una pierna, asomándose por detrás
-Y esos muñecos?
-Eran míos, de cuando era niño- explicó el de ojos dorados sin voltear a ver a su esposo, al tiempo que daba un nuevo movimiento a la aguja para cerrar correctamente una sutura- creo que antes habían pertenecido a mi abuelo pero mi madre me los dio cuando yo era un bebé
Dijo sin cambiar de gestos al tiempo que volteaba panza arriba aquel tigre sobre su rodilla para ahora, empezar a rellenar el vientre de este y coser el desprendimiento de hilos que lo habían dejado casi en pura tela
-Dijiste… que los niños necesitaban algo de mí, no?- dijo para luego, corregirse- algo con mi aroma o el hecho de que los bebés se calmaban, al estar con algo que tenga el aroma de su madre
Siguió diciendo el Tao lo que hizo que el Usui abriese un poco más sus ojos, dejando salir un breve "oh!"
Los ojos negros de Horohoro se posaron entonces, en el oso que su pareja mantenía pegado a su piel por dentro de sus ropas y finalmente aquello tuvo sentido; sonrió un poco y le dio un largo sorbo a su vaso con agua para después, colocarlo en la mesa cercana y de ahí, se inclinó para depositar un suave beso en la mejilla de Ren, que parpadeó una vez y le observó de reojo
-Yo creo… que va a servir- aseguró sonriendo de forma animada para luego, cerrar los ojos con agrado- al menos, a mí me gustaría tener algo tuyo
Dijo de repente en un tono bajo y ronroneante al tiempo que deslizaba una de sus manos por el espacio entre la prenda superior del Tao donde se encontraba el oso hasta dar con uno de los pezones del joven para frotarlo entre sus dedos; ello hizo que el de cabello oscuro emitiese un chillido fuerte y se erizase para al siguiente momento, haberle golpeado en el vientre lo que terminó haciendo caer doblado al suelo al shamán de hielo, al que ahora lo rodeaba una nube negra
-Maldito pervertido!
Soltó el Tao cruzando en algo las manos por encima de su torso, completamente rojo y ahora con ambos peluches apretados en contra suyo
-En serio no puedes tener las manos quietas ni siquiera por un par de horas!?
-Me… la he pasado… en el patio…
Gruño con un tono ahogado de voz el Usui, alzando muy apenas el rostro adolorido
-El golpe… era… innecesario…
-Entonces no me sorprendas así, imbécil! –volvió a soltar el de ojos dorados aún con el rostro caliente para después, dar un vistazo al muñeco que había terminado de arreglar para unos momentos después, meterlo entre sus ropas
-Ese lenguaje… no eres tú el primero que dice que no quiere hablar de esa manera frente a los niños?- inquirió Horohoro enderezándose nuevamente para después, ver alrededor- por cierto… dónde está Xi?
-Está cuidando a sus hermanos en la habitación- respondió Ren viéndole de reojo para finalmente, apoyarse mejor en el respaldo de la silla y cerrar los ojos; Horohoro se arrastró lo suficiente para acercarse a su pareja y entonces, apoyó la cabeza en el regazo de este, cerrando los ojos y abrazando un poco sus piernas
Diferente a su reacción de hacía unos momentos, el chino no dijo nada y tan solo alzó una mano para comenzar a pasar sus dedos entre los azules cabellos de su esposo; aquellos momentos de paz eran bastante bien apreciados y… Ren sonrió. La nueva memoria que crearía a partir de ese cambio… sería muy bienvenido
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-Muy bien! Vamos a ver qué tenemos el día de hoy!
En un par de pequeños portabebés, los gemelos Usui-Tao observaban a su padre que les hacía gestos con el rostro y las manos, intentando provocarles un poco de diversión a sus dos hijos, siendo al menos correspondido por el mayor de estos, que agitó las pequeñas manitas en el aire comenzando a dejar salir una pequeña risa aguda ante la boca abierta y la lengua de su progenitor que parecía tratar de tocar la punta de su nariz con esta; por su parte, el bebé de ojos negros tan solo observaba al adulto delante suyo con un gesto serio, las manitas cerradas en puños cerca de su pecho y con una expresión que parecía preguntar el porqué de aquellos actos tan raros en el de cabello claro
Horohoro reía y movía las manitas de su hijo de cabello azul a modo de juego, solo consiguiendo que este se entretuviese aún más. En cambio el otro niño, continuaba rumiando en sí mismo hasta que la atención del ainú se volvió hacia este
-Oh vamos… no seas un amargado- soltó el progenitor de aquellos bebés para luego, mover a la criatura de ojos negros que los abrió con sorpresa… hasta que su padre, empezó a sobarle la pequeña pancita y a bajar el rostro para soplar en esta, consiguiendo que el niño emitiese varios quejidos de protesta- quien es un pequeño amargado como su madre? Quién lo es, quién lo es?
Reía el shamán de hielo, terminando por conseguir que su hijo se pusiese bastante rojo y diese un quejido más largo, como si se resistiese a reír de ninguna manera
Al siguiente momento, un cojín de sillón había golpeado la cabeza del nativo de Hokkaido, haciendo que a este le brotase una gran arruga roja en la cabeza y que su hijo, aprovechase para agarrar su cabello y estirarlo como una forma de demostrar inconformidad
-Ou, ou, ou, ou, ou!… Tai, no hagas eso… -soltó adolorido el joven de cabello claro para luego, ver en dirección de su esposa que ya se acercaba con algo bajo el brazo y fruncía el ceño- a qué se debió eso, Ren!?
-A quién le has llamado amargado, zoquete?
Replicó el de ojos dorados con una pequeña arruguita de molestia al lado del rostro, mientras que su pareja finalmente se había soltado del agarre del bebé y seguía sentado en cuclillas, sobándose la cabeza
-Pues lo acabas de demostrar, amargado- respondió Horohoro mostrándole la lengua al otro joven, que le gruñó para luego, hacerle a un lado lo que provocó que por su poco equilibrio, el Usui terminase en el suelo- Ren!
-Vamos a ver…
Suspiró el shamán de cabello oscuro ignorando a su pareja que se cruzaba de brazos sentándose sobre su trasero y dejando salir un puchero; por su parte, tanto Tai como Dai ahora se intentaban enderezar a pesar de su corta edad, para ver qué era lo que su madre llevaba y el motivo por el cuál ahora era este quien se colocaba de cuclillas delante de aquel objeto donde estaban acurrucados; bajando la mirada, Tao Ren se sacó uno de los objetos que llevaba bajo el brazo y le tendió el pequeño oso de felpa con la playera que decía "Boo" al pequeño Dai, que abrió mucho los ojos al ver aquella cosa que era casi de su tamaño y al mismo tiempo, olía mucho a su mamá
-Pensé mucho en cuál quedaría mejor para quién
Dijo despacio el chino a pesar de que sus hijos aún no le entendían
-Y me parece que el oso es el más indicado para ti- sonrió un poco hacia el niño de ojos azules que ahora abrazaba con tanta fuerza al peluche, que casi se hundía en este mientras que daba pequeños gritos de felicidad- cuídalo mucho, Dai
Los ojos negros de su hermano se entornaron levemente mientras que veían al otro que se recostaba mejor hacia atrás y continuaba dejando salir balbuceos alegres, ahora chupando una de las patitas del oso ante la mirada de Ren que parecía bastante satisfecho con aquello… al menos hasta que volteó a ver a su otro hijo y enterneció la mirada por los gestos que este hacía
-No me olvidé de ti
Dijo hacia su tercer hijo que ahora, había volteado a verle con gesto de sorpresa mientras que el Tao finalmente, alzaba al pequeño tigre de peluche y lo colocaba frente a su hijo
-Este es Jian- dijo hacia el pequeño Tai que observaba atento aquel juguete delante suyo- fue mi mejor amigo y mi compañía cuando más lo necesitaba- dio una leve mirada cariñosa al tigre de peluche para después, colocarlo por delante del cuerpecito de su hijo que sostuvo aquel animal de felpa, aún con gesto de sorpresa- estará contigo también, así como papá y yo siempre vamos a estar para ustedes, no importa lo que pase- musitó para luego, acercarse a ambos niños y sostener sus cabecitas, colocando la suya entre ambos bebés para darles un abrazo suave
Los dos bebés que sostenían los peluches se apoyaron en su madre, sin saber qué sucedía pero sin embargo ambos disfrutando a su manera el contacto con aquella persona a la que amaban sin miramientos
Horohoro desde donde estaba sentado en el suelo, dio un respiro profundo y sonrió con suavidad
En verdad… que la conexión entre una madre y sus hijos, era algo que a él se le antojaba incomprensible pero admirable. Nunca lo hubiera pensado de Ren Tao y sin embargo, mientras le observaba besar a sus hijos y jugar un poco con ellos utilizando aquellos muñecos afelpados que ambos niños parecían disfrutar…
Sus párpados bajaron enternecidos
Su deseo en aquellos momentos… era que nunca, nunca, a sus hijos les faltase ese abrazo de madre que a él le había sido negado en su infancia.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: FIN DE ANEXO 1 ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Pervertida Yaoista
-Que alegría que te siga gustando esta historia! No te preocupes por nada, tómate tu tiempo que yo estaré feliz de saber que los capítulos han estado siendo de tu agrado... y si, Horohoro tiene unos cuantos fetiches respecto a Ren que quizá, se le cumplan en el ultimo anexo jojojo
Mil gracias por tu review!
